domingo, 20 de junio de 2010

También la arcilla se endurece















Usa tus fuerzas

La fortaleza es una manifestación de una firme voluntad. Invade el campo de todas las virtudes, porque con ella se resiste a todos los vicios, pone en práctica todas las virtudes, y armoniza todo el edificio. Es la que da consistencia a todas las perfecciones de mi arcilla modelada. A lo bello le dota de la cualidad de la perseverancia: que no sean perfecciones que aparecen y desaparecen, como ilusiones encendidas de fuegos artificiales, sino como el sol que calienta haciendo florecer y fructificar el campo. Sin esta virtud el edificio se desmorona.
La pieza de una máquina puede estar plenamente terminada: medidas exactas, pulimentación perfecta. Comienza a funcionar bien en su sitio adecuado. Al poco tiempo la pieza se afloja y se para la máquina. Su aleación era débil, y vino el desgaste y el desajuste.
Nuestras virtudes nos pueden dar el aspecto de hombres perfectos, pero en la prueba y en el trabajo, aparece la imperfección y flojedad.
"Trabajad varonilmente y sed fuertes", dice San Pablo. Así se sacude la debilidad del hombre y nos convertimos en nuevos seres. Con la fortaleza mi conducta no será un vientecillo variable.
Dios viste a las flores de colores, y al hombre de la virtud de la fortaleza.
La espada del Cid sería un hierro viejo, si no hubiera tenido un héroe que la manejara. La heroicidad es necesaria en la juventud para manejar la voluntad y no sucumbir ante las pasiones.
El que no fortalece sus trincheras, será rebasado, la arcilla que no se cuece perderá su forma.
No conseguirás ser fuerte, si en el período de tu formación, manos serviciales te allanan todas las dificultades, ahorrándote el propio esfuerzo.
El chopo crece rápido y airoso en la tierra blanda y húmeda de la ribera del río. La encina contorsiona su tronco y atormenta sus raíces, para buscar el alimento entre las piernas.
La madera del chopo solo se emplea para construcciones débiles. La de la encina para usos fuertes.
En el hombre que se crea en la molicie, tiene carácter blando, y el que lucha con la dificultad se hace resistente.
"El éxito -dice Lincoln- depende menos de las ayudas externas, que la de la confianza en sí mismos".
Sin la fortaleza nos hundimos en una lucha sin esperanza, imbuídos de una influencia maléfica nos movemos como si no manara luz del sol. Velas lacias de un navío. Todo se hace difícil en un alma donde solo reina el vació. Surge el espíritu de impotencia y le impulsa a volver atrás en la travesía. La falta de energía es la peor condición de la naturaleza humana.
La cuesta que te queda por vencer hasta llegar a la cumbre, no es más difícil que la vencida hasta ahora. Para el porvenir tienes la ventaja del entrenamiento por las dificultades vencidas.
Mira hacia arriba: te falta lo menos, y has superado lo más. Lo más o lo menos, no son los años que te quedan, sino lo arduo de esos años. Lo dificultoso no está en las lejanías de lñas llanuras de la vejez, sino en los declives de los montes de la juventud.
Te desanimas, porque crees que no van a tener éxito tus esfuerzos o porque este éxito lo quieres alcanzar sin molestias. La arcilla se endurece al sol de la verdad. La brisa acariciadora la seca, pero no la endurece.

La cobardía aumenta la dificultad.
Para vencer el miedo tienes que comenzar por no asustarte de tu propia estampa. Saca una fotografía de tus deformidades, y no te engañes con retoques y excusas.
Como la blandura aumenta la realidad del dolor, la cobardía amontona dificultades. Donde solo hay una fila de árboles, ves una selva.
La Peste camino de Bagdad se encuentra con un caminante, y le declara que va a la ciudad para matar a diez mil hombres. En realidad murieron cincuenta mil; y cuando después de la hecatombe se vuelven a encontrar, el caminante se admira de la mortandad. Yo, dijo la Peste, sólo maté diez mil, los otros cuarenta mil murieron de miedo.
Temes que se echen sobre ti calamidades que nunca vendrán, y ese temor mata tus energías estérilmente.
Si tienes miedo a la carga, nunca arrimarás el hombro: serás un estorbo para el mundo. "Nunca tengas miedo al día que no has visto". Somos débiles cuando nos abandonamos al instinto del miedo, sin conato para vencerlo. La vida noes un caminar por la llanura, sino un escalar cimas; y hay que avenirse a ello con gallardía.
El que tiene buenas espaldas lleva con garbo las calamidades. Si tienes la piel tersa de la juventud, y el alma arrugada por la vejez, eres fruta pasada antes de caer del árbol. Un bicho te ha picado y puesto en ti su germen de corrupción antes de cerrarse el cáliz de la flor en la primavera de tu vida. Tarda en matar ese gusano y verás cómo se pudre toda la fruta.
Si ves el remedio, para luego es tarde. El gusano come demasiado aprisa. Si aun no has caído, recuerda que es más difícil levantarse que mantenerse en pie.

No temas las derrotas
Haz con frecuencia lo que te parezca difícil de hacer. Sed constante en el quehacer de cada día.
No te detengas a contemplar el panorama encantador de la vida, cuando aun quedan alturas que escalar, o deberes que cumplir.
La voluntad revestida de fortaleza siempre lleva las obras hasta el fin, como un río puesto en movimiento, levanta y arrastra todo hasta la desembocadura.
Haz cada día dos cosas, por la sola razón de que preferirías no hacerlas, para que para cuando llegue la hora de la dificultad no te encuentres sin energías.
La dificultad no está en empezar, sino en volver a empezar...
Solo los que comienzan de nuevo, llegan al término.
No temáis las derrotas: "Los primeros fracasos son necesarios para la voluntad, los segundos pueden ser útiles, y si os reponéis del tercero sois un hombre".
Hay que poner el rostro frente al huracán, y coronar la cuesta con las mejillas encendidas por el ardor del esfuerzo.
Cuando se lucha con valentía se llega a la posesión de la paz, y cuando se entrega a la derrota la paz se pierde para siempre.
La fortaleza no es espíritu de violencia, sino resistencia y tenacidad. Es una fuerza espiritual que reside en la voluntad, no en los músculos. Enseña a sufrir, a resistir y acometer.
El esfuerzo en la edad juvenil, es la mejor contribución a la formación de tu personalidad.
El cultivo de la voluntad lleva consigo una poda constante de los brotes espontáneos. Hay que encauzar el ímpetu para que los esfuerzos dispersos no resten vigor; como un torrente desparramado pierde su fuerza motriz.
Los músculos no se consiguen mandando la barca como un patrón, sino remando como un galeote. La constancia del alma no se consigue con bellas teorías, sino dando rostro a la dificultad.

Lucha con sencillez
La fortaleza no es una "pose", o adoptar una línea exagerada, sino la actitud clásica que toma Jesús en el Evangelio: lo mismo alisa una tabla en el taller de Nazaret, que saca del sepulcro un muerto de cuatro días. El hombre de carácter procede con la sencillez del que no hace sino lo que debe, y con la constancia del que cumple un deber impuesto por Dios.
La fortaleza no es ademán externo. Hemos de luchar como los grandes guerreros, sin dar importancia al fragor de la lucha. Es el quehacer de todos los días. Como el Cid ponía "haldas en cinta" y manos a la Tizona.
El fanfarrón que contempló una sola escaramuza, narra su proeza en todas las conversaciones. El hombre aguerrido ve incluso las heroicidades como el pan cotidiano. El herrero que coge el martillo, y bate el hierro todos los días, lo hace con sencillez; el que rara vez lo toma, le gusta botarlo y campanillear sobre el yunque, para que los vecinos oigan que trabaja. Los soldados profesionales están en la trincheras y sobre las armas, como el mecanógrafo sobre el teclado de la máquina.
Las almas sencillas y fuertes, son las que se abren camino en la tierra y en el cielo.
Todo ser humano, y especialmente el joven, es un soldado en lucha personal con el diablo.
El buen trabajador busca el resultado de su trabajo, no que le juzguen laborioso.
Llamamos prudencia al miedo de violentar las pasiones; a esa prudencia San Pablo le llama muerte.
Hay una virilidad necesaria, esa que se hace poco a poco, en los encontronazos con la vida, golpes y arañazos en el cuerpo y en el alma, sin darle mayor importancia, ni querer que le curen con mimos. No busquéis solicitudes exageradas como si fuerais victimas de un terrible accidente. No te hagas el interesante por tan poca cosa.

Presiona sobre la arcilla
A medida que se van desplegando las actividades, van apareciendo y creciendo las nuevas aptitudes, porque toda aptitud crece con el ejercicio. Caminando sobre un terreno se adquiere experiencia del camino.
La voluntad como cualquier potencia se acrecienta con el ejercicio, como la memoria ejercitada se hace mas retentiva, y la inteligencia más ágil. Por eso la Providencia y tus educadores, te ponen obstáculos en el camino, con el único fin de que los venzas y no se atrofien tus facultades.
Las dificultades son las que hacen subir la presión de nuestras energías, habituándonos a una atmósfera de resistencia. El gato manoseado no caza ratones.
Por inercia declinamos a las formas cómodas. Séneca dice: "La blandura es un caudal inagotable de corrupción".
Nuestra naturaleza tiene mucho de plástico y maleable, no es una naturaleza yerta. La maleabilidad se acomoda a la dirección dada por la voluntad, mientras la rigidez hace saltar como el cristal ante una pequeña violencia. Presinona sobre tu maleabilidad para producir tu figura.
El hombre que no ha sufrido contradicción, es como un barco con el timón roto: va siempre a la deriva.
El hombre que no sabe lo que es sufrir, no llegará a poseer la virilidad. Parecerá un niño con la deformidad de muchos años en el rostro.
Un ciervo muy enorme fue criado en cautividad, bien cuidado y alimentado dentro de un alto vallado. Un venado salvaje de talla pequeña saltó la valla y dio muerte en una riña al que le doblaba en estatura. El pequeño y viril ciervo no experimentó sino durezas y privaciones en la lucha por la vida, utilizando sus fuerzas para escapar de los peligros, mientras el grande pasó todo el tiempo comiendo y chapuzándose.
Todas las conceciones tienen efectos desastrosos sobre el carácter. Y fortalecerlo no tiene importancia, ¿qué la tiene en el hombre? A los héroes no los encontraréis en los centros de diversión. Tribus indias, nobles y guerreras, se hicieron arteras e indolentes, al abandonar sus frugales costumbres.
Dice Charmot: "Mientras mas privaciones tengan los niños, más fuertes serán".
Los seres blandos en su vida síquica son como en su exterior: necesitan tener muchos puntos de apoyo para sostenerse en pie. Tronco desmazalado, piernas estiradas, con todo el cuerpo en ininterrumpida huelga de brazos caídos; como si dentro no tuvieran una armazón de hueso, que llamamos esqueleto. Carecen de una voluntad impulsora. Hombres exigentes con los demás, mientras ellos no dan nada de sí.
Tu divisa ha de ser como la de los medioevales, "a pesar de todo".
Temerlan en su primera batalla fue derrotado, y cubierto de vergüenza se oculta. Ve una hormiga que con un grano de trigo intenta superar un gran obstáculo, y cuando estaba a punto de coronarlo, era vencida con la carga. Lo intento, según cuenta la historia, hasta 69 veces. A la 70 lo consiguió. Tamerlan se puso de pie, y organizó su ejército, y conquistó un gran Imperio.
Hoy se juzga a Napoleón como un genio de la guerra, y perdió la tercera parte de sus grandes batallas.
Si tu no eres mejor, si en tu arcilla no hay plasmada una figura más esbelta, es porque no explotas todas tus posibilidades, desistes ante las dificultades, frente a una pequeña rebeldía. Muchas de tus cualidades están improductivas, porque no las mueves trabaja tu tierra y brotara con pujanza. Moldea la arcilla y tomará forma.

No te quedes a medio camino
Los primeros actos del día hacen que gran parte de tus acciones cotidianas, vayan con el sello de languidez, y con efecto retardado.
No serás decidido, discutirás todo contigo mismo antes de emprender cualquier actividad: rezar, trabajar, estudiar, todo queda aplazado para es e "luego" que nunca se convierte en un "ahora", y si alguna vez llega, viene en estado preagónico.
La primera acción del día debe ser briosa y alegre. Eso te ayudará para no ser vencido por una pequeña fatiga, como si fueras un cuerpo al que se le han roto las cuerdas de sus tendones.
No pierdas el equilibrio ante cualquier vientecillo sutil como el ala de una mosca, ni te creas excusado de cumplir con tu obligación ante cualquier pequeño justificante.
No se puede afirmar que la libido o las pasiones insatisfechas, sean el origen de tu inquietud. La verdad experimentada es otra: el origen de nuestra inquietud es nuestra tendencia innata e insatisfecha a la perfección. Hay en nuestra alma un desnivel, entre lo que es y lo que debe ser, que naturalmente busca su sosiego en la nivelación. Hasta que no consigamos este equilibrio, como la gota de azogue del aparato nivelador, no encontraremos reposo.
El dominio, como el potro de pura sangre, sólo lo encontraremos después de habernos domado.
Los más felices son los Santos, porque están más cerca de esta nivelación, y los más infelices los insaciados cuyas pasiones nunca dicen basta, los que se arrojan con ímpetu turbulento por pendientes pronunciadas y cenagosas.

Tanto vales cuanta voluntad poseas
En la vida nada en absoluto se obtiene sin lucha, y es la manera única para prepararse a llevar la cruz del cristiano.
Tu porvenir no se abrirá ante la palabra mágica del "abra cadabra", sino ante los ímpetus de la voluntad.
Demóstenes, a pesar de su voz cascada, de su salud enclenque, fue el primer orador en la patria de los oradores.
Todo se multiplica bajo el imperio de la voluntad. Los legionarios son valientes por su vida dura. Anibal fue vencido, cuando su ejército dejó la combatividad en las delicias de Capua.
Hombres que no podrían luchar, ganaron grandes batallas: la voluntad tiene un puesto primordial en las acciones de los hombres.
Ser valiente estriba en la voluntad, aunque el miedo haga sentir su presencia.
-Hamilton, estás pálido - le dijo en la batalla el rey.
-Si, majestad, y si su majestad sintiera el miedo que yo tengo, ya hubiera echado a correr.
Y permaneció en su puesto.
César, en ocasión semejante, alabó a un oficial pálido antes de la batalla.
La voluntad le sostuvo. La arcilla endurecida con la lucha no se deformó.
La naturaleza de las cosas se nos oculta muchas veces, pero el árbol lo conocemos por sus frutos, y al hombre por las obras que proceden de su voluntad.
Conocemos las energías de un volcán por las explosiones, y las grandes voluntades de la humanidad por sus grandes frutos.
Las flores y los frutos gigantescos no brotan de un tomillo; ni de un vaso de agua una tormenta, o un torrente impetuoso.
La voluntad es más potente después de cada acto realizado.
El proyectista del puente colgante sobre el Niágara, lucha para pasar un cable del uno al otro lado del río. Ofrece cinco dólares al niño que haga llegar una cometa a la otra orilla. Conseguido esto, con el hilo de la cometa pasó otra cuerda mayor, y con ésta un cordel, luego maromas, y finalmente cables de acero, que tendieron el puente sobre aquel abismo de espumas.
Así superada una dificultad, la voluntad queda dispuesta para arrostrar otro acto más dificultoso.

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