viernes, 9 de julio de 2010

La Abstinencia

El motivo general de la abstinencia es el de mortificar los sentidos y dominar las pasiones. Bien conocidas son las consecuencias naturales de la gula. Según Buffon la mortificación más eficaz contra la lujuria es la abstinencia y el ayuno (Hist. Nat., tom. III en 12º, cap. 4, 105). Después de haber criado Dios a nuestros primeros padres les señaló para su alimento las plantas y frutos de la tierra, sin hablarle de la carne de los animales. (Gén. I, 29). Más habiendo visto los excesos a que se habían entregado los hombres antes del diluvio, no parece probable se abstuviesen de ningún género de alimentos que les agradasen. Después del Diluvio permitió Dios a Noé y a sus hijos que comiesen la carne de los animales prohibiéndoles al propio tiempo tomar su sangre (Gén. IX, 3 y sig.). Por los términos en que está concebida esta prohibición se infiere ser la causa el inspirar a los hombres cierto horror al asesinato. La costumbre de degollar los animales y beber su sangre conduce infaliblemente al hombre a ser cruel. Moisés en sus leyes a los judíos comer carne de los animales llamados impuros.
Al principio del cristianismo, los judíos querían someter a los paganos que se habían convertido a todas las observancias de la ley judaica, y a todas las abstinencias que los judíos practicaban. Los apóstoles reunidos en Jerusalén decidieron que bastaba a los fieles convertidos del paganismo abstenerse de la sangre, de comer carne de los animales ahogados, de la fornicación y de la idolatría. San Pablo ha dado en sus cartas sobre este punto varias reglas muy sabias. Pero no pasó largo tiempo sin que la abstinencia presentase varios inconvenientes; Tertuliano nos dice que los paganos para probar a los cristianos les presentaban comer sangre y manteca de cerdo (Apol. cap. 9). Los Apóstoles tuvieron autoridad para prohibir a los cristianos el uso de beber la sangre y comer la carne de los animales ahogados, ¿por qué no la han de tener para prohibir el uso de toda clase de alimentos en ciertos días y tiempos?
Como dice San Agustín "Los católicos practican la abstinencia para mortificar las pasiones". Luego cuando la Iglesia nos ha encomendado la abstinencia y el ayuno, no se ha propuesto mas objeto que la mortificación, ni se ha fundamentado en las prohibiciones judías, ni en los delirios de algunos herejes; y mitiga la severidad de sus leyes, siempre que se presenten razones suficientes para poder usar de indulgencia.
En la abstinencia hay dos excesos que debemos evitar, siguiendo un término medio. El primer exceso es de los herejes encratitas, montanistas, maniqueos, etc., que sostenian que el uso de la carne es impuro, prohibido y malo en sí mismo. El segundo es el de Joviniano y de los protestantes que pretendían que la abstinencia de la carne no tiene mérito alguno, que es cosa supersticiosa, judaica, absurda, etc. La Iglesia Católica ha seguido un buen medio, diciendo que esta abstinencia puede ser laudable, meritoria y aun la recomienda en ciertos casos por excelentes causas. Tal es el espíritu del Canon 43, o 51, de los apóstoles que dice: "Si un clérigo se abstiene del matrimonio, de la carne y del vino, no por mortificación sino por horror, y blasfemando al mismo tiempo contra la creación, sea corregido o degradado". Es pues absurdo alegar al presente, contra la abstinencia practicada por mortificación, lo que los apóstoles y antiguos Padres han dicho contra los herejes.
Si se nos pregunta la razón de ser laudable mortificarse con la abstinencia, responderemos con San Pablo (Galat. V, 24): "Los que están dedicados a servir a Jesucristo han crucificado su carne con sus vicios y concupiscencia".
Desgraciadamente, hoy en nuestros días, se han ido suprimiendo un numero considerable de días de abstinencia y ayuno, por que la ley que los ordena, no es respetada, y ha llegado a ser una ocasión continua de transgresión; citándose con ese motivo el pasaje de San Pablo en la Epístola a los Romanos VII, 10: "El mandamiento que debía haberme dado la vida, ha servido para darme la muerte".
Si esta razón fuese sólida, no solamente seria necesario concluir con quitar algunos días de abstinencia, sino suprimir enteramente toda cualquier ley de abstinencia. No se ha tenido pues en cuenta, que San Pablo hablaba del precepto de la ley natural cuando decía: tú no codiciarás, etc. ¿Es necesario abolir la ley natural porque se quebranta frecuentemente? Cuando las costumbres públicas están relajadas no se respeta ley alguna; entonces es llegado el caso, no de abolir las leyes, sino de darles mayor fuerza, si se puede.

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