viernes, 1 de junio de 2012

La Prudencia

     La prudencia es una virtud tan necesaria al cristiano como la fuerza, porque sin la prudencia, la fuerza se vuelve impotente: la fuerza cae en los invisibles lazos que le son tendidos.
     El Hércules de la fábula era fuerte; era fuerte también el Sansón de la Biblia; pero esos dos héroes faltaron a la prudencia y los dos perecieron encadenados en vergonzosos lazos.
     No digas: ¡mi voluntad está, sólidamente templada y domina sobre mi espíritu, sobre mi corazón y sobre mis sentidos! Cuando tú dices esto, mientes a ti mismo o te engañas.
     La verdad es que tú eres débil y sería necesario muy poco para derribar el coloso de la virtud que tú crees poseer.
     La prudencia para el cristiano consiste en desconfiar de los enemigos de su alma, en huir de las ocasiones y no arrojarse voluntariamente al peligro. El cristiano prudente tiene presente siempre en la mente la palabra del Espíritu Santo: "Quien se expone al peligro, en él perecerá".
     La prudencia es el ojo siempre abierto; es el centinela siempre alerta y siempre sobre las armas; es el vigía que, sobre la nave agitada, no cesa de día ni de noche de sondear el mar para descubrir los escollos escondidos bajo las olas.
     La prudencia es necesaria en toda edad, pero es aún más indispensable en la juventud, porque la juventud no carece tan sólo de fuerza, carece sobre todo de experiencia.
     Por otra parte, la seducción se enseñorea del joven imprudente con una rapidez tan inesperada como irresistible. En la vida moral como en todas las cosas, la prudencia es madre de la seguridad.
     Rafael, en un fresco alegórico, representó la Prudencia. Le puso dos caras, una de joven y otra de viejo. El joven lleva una antorcha, como para alumbrar su camino; el viejo se vuelve a un espejo, como para ver si no está amenazado por detrás.
     ¡Hijo mió, el enemigo ronda al rededor de ti, está delante de ti y detrás de ti; para no ser sorprendido por sus repentinos ataques, imita al joven y al viejo de la pintura inmortal!
     "¡Si eres sabio y si la ciencia de Dios place a tu alma, está escrito en el libro de los Proverbios, seguirás los consejas de la prudencia, y la prudencia te guardará y no entrarás por el camino de la perdición!"

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