domingo, 6 de octubre de 2013

Dominica Vigésima Después de Pentecostés

Ave María Purísima
(Evangelio según San Juan. IV, 46-53)
     El milagro que hoy nos refiere el Evangelio tuvo lugar en Caná de Galilea en los primeros meses de la predicación del Salvador. Cuando el Señor vino a este lugar, atravesando por Samaría, ya la fama de sus milagros y doctrina se había extendido mucho. Habiendo tenido noticia un oficial que estaba de guarnición en Cafarnaum y estaba al servicio de Herodes Antipas, tetrarca de Galilea, de que un personaje extraordinario, poderoso en curaciones sobrenaturales y prodigiosas, teniendo un hijo gravemente enfermo, hizo viaje y le pidió la curación de su hijo. ¡Cuán provechosas son las pruebas, las desgracias, las desventuras para despertar el alma, aun de los grandes y poderosos; cuán útil el pensamiento de Dios y recurrir a El, a la vista de nuestra impotencia y miseria, para pedir ayuda y consuelo! Pero la fe de aquel militar, era débil, imperfecta, pues estimaba que era necesario el viaje de Jesús y muy pronto, antes que muriera el hijo, (como si después no pudiese resucitar muertos) Por lo que el Salvador le echó en cara su poca fe. Sin embargo, el Redentor premia aquella poca fe y cura a su enfermo y a vista del portento, el oficial no sólo creyó que Jesús era el Mesías sino que procuró que toda su casa se iluminara con la luz de la fe.

I. — LA FE DE MUCHOS CRISTIANOS
     De muchos cristianos de nuestros días también nuestro Señor puede lamentarse de que tienen poca fe. Personas cultas en nuestros tiempos profieren tales disparates y errores en materia de religión, que apenas serían explicables en los turcos y gente que no han nacido en un ambiente cristiano. Otros bautizados hay que dudan de todo lo que explica el Sacerdote, que hay un juicio después de la muerte, un infierno para los réprobos: y otros, materialistas para quienes todo concluye en este mundo. Para otros bautizados todas las religiones son buenas, hasta la de los sacrificios humanos en honor de aquellas horrorosas divinidades y otros cultos ridículos e indignos del hombre, otros como los modernistas le quitán con su manera de pensar el derecho a Dios de ser venerado de la manera que El lo ha revelado, y hacen inútil la venida de Cristo. Otros bautizados sí tienen como cierto todo lo que la Iglesia enseña y propone, pero su fe no es perfecta, es muerta, como si no creyeran. Sabemos que el pecado ofende a Dios, que mancha el alma, que Dios lo castiga y así lo cometemos con facilidad; ¿tendrá fe en el infierno quien vive en el pecado y sabe que si la muerte lo sorprende en ese estado, como a muchos los ha sorprendido, inmediatamente caerá en él? Hay muchos católicos que creen como católicos y viven como paganos

II. — LA FORJA DE LOS HIJOS
     Digna de elogio es la solicitud del oficial, en procurar la salud de su hijo: pero más de alabarse fue el celo que desplegó en instruir y convertir a su familia y criados. Es un modelo que puede proponerse a padres, patrones y superiores. Hablemos algo sobre los deberes de éstos, para con sus hijos.
     Los padres tienen deberes con respecto al cuerpo y al alma de sus hijos: en cuanto al cuerpo, deben alimentarlos, vestirlos y ocuparlos en trabajos adecuados a su edad y fuerzas. Toda crueldad es vituperable. ¡Desdichado el padre que por el vino, el juego, y malas relaciones, priva a sus hijos de lo necesario! 

     No fomentar en ellos el ocio, el afeminamiento, el lujo. Si caen enfermos, recurran a todos los medios naturales para restituirles la salud, sin vanos lamentos contra la Providencia, que bien sabe lo que hace; ni mucho menos recurrir a supersticiones, brujerías, espiritismos y demás artes de charlatanes. En cuanto al alma, deben los padres corregir los caprichos, ir podando los defectos que vayan apareciendo.
     ¡Qué triste ejemplo dan los padres de familia, que por miedo o mimos condesciendan con las malcriadeces y desórdenes de la familia! Si se encuentran sumergidos en el vicio, ora, llora, exhorta como lo hacía Mónica con su Agustín. La instrucción religiosa sea lo primordial: hablarles de las cosas de Dios, que se respire en casa, un ambiente religioso, enviarlos al catecismo, al culto, a los sacramentos, auxiliarse de los grupos de Acción Católica de la Capilla (Para toda la familia, la inscripción a la asociación de la "Sagrada Familia"; A la "Cofradia del Rosario Perpetuo"; Los señores y jóvenes adultos "Legión Mariana": Los jóvenes universitarios "Grupo San Pedro y San Pablo". Los Niños al catecismo, al "Grupo San Juan Bosco" para formar, como decian de San Juan Bosco "Cuerpos de hierro, para soportar con fortaleza los ataques de los enemigos, y corazones de oro, para saber amar y proclamar a Dios"; a las Señoritas y Madres del Grupo Santa Teresita; y a los niños con vocación al grupo de formación).  

     No confiarlos a maestros ateos, que se mofan de las enseñanzas cristianas, justifican sus apetitos desordenados, les inyectan ideas disolventes, socialistas. Es terrible la "deseducación" que nos administra el Estado. (Educación, laica, gratuita y socialista). Además, la educación que ahora se enseña en los colegios religiosos, están en el error modernista, y enseñan las mismas materias disolventes de la moral cristiana; Cierto día uno de los fieles me habló alarmado de que en el colegio de los Salesianos (Modernista) estaban enseñando cosas de biologia en civismo, trabajos escándalosos y de tendencia lujuriosa. 
     Por este motivo, es de necesidad urgente, construir nuestros propios centros de educación, e imitar a los fieles de Tlajomulco, ya que ellos ya cuentan, con la gran ayuda de Mons. y las hermanas, con el "Colegio Santo Niño Jesús de Praga". Para lo cual contamos con su apoyo para iniciar un colegio aquí en Guadalajara, que sea de educación primaria y secundaria.
     También les recuerdo, padres de familia, que hay que proceder en todo con el buen ejemplo, porque el alma del niño es como blanda cera que es fácil a la imitación.  Para esto es necesario el restaurar el espíritu cristiano en nuestros hogares, inscribirse en la asociación, aprobada por Mons. Squetino, de la Sagrada Familia, y que su imagen y espíritu llege a cada una de las familias. Para formar "Cuerpos de hierro y almas de oro". 
     Conclusión: — Pidámosle a Dios, que nuestra conducta esté de acuerdo con nuestra fe, y no olvidemos de San Pablo: «uno que no tenga cuidado de los suyos y especialmente de los de su casa, es peor que un infiel».
R.P. Manuel Martinez H.

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