domingo, 1 de diciembre de 2013

Sermón del Primer Domingo de Adviento


Lección de la Epístola de San Pablo Apóstol a los Romanos.– Hermanos: Sabed que ya es hora de que surjamos del sueño, pues nuestra salud esta ahora más cerca que cuando comenzamos a creer. Ha pasado la noche, ha llegado el día. Dejémonos, pues, las obras de las tinieblas y empuñemos las armas de la luz. Marchemos honradamente, como de día, no en glotonerías y embriaguez, no en liviandades e impudicias, no en contiendas y envidias; antes revestíos del Señor Jesucristo.
Continuación del Santo Evangelios según San Lucas (XXI, 25-33)..– En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: habrá señales en el sol y en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de gentes por la confusión del sonido del mar y de las olas, secándose los hombres por el temor y la expectación de lo que sucederá en todo el orbe, pues las virtudes de los cielos se conmoverán. Y entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube con gran poder y majestad. Cuando comiencen a realizarse estas cosas, mirad y levantad vuestras cabezas, porque se acerca vuestra redención. Y les dijo esta semejanza: ved la higuera y todos los árboles: cuando ya producen de si fruto, sabéis que esta cerca el verano. Así también, cuando veáis que se realizan estas cosas, sabed que el reino de Dios esta cerca. De cierto os digo que no pasará esta generación hasta que suceda todo esto, el cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. 


     Ave María Purísima
     Este Domingo, queridos hijos, hablaré sobre: 

EL JUICIO DE DIOS.

     "Dios no puede ser burlado" (Gal. VI, 7). 
     El dirá la última palabra. Convocará a sus enemigos en el juicio. ¡Ojalá, que tú no seas contado entre ellos! En el juicio el bandido quedará a veces triunfante. Muchos grandes aparecerán pequeños y muchos pequeños grandes. El que no es hallado por Cristo, estará contra El y será aniquilado. Habrá pasado el tiempo del perdón; habrá llegado el tiempo de las cuentas justas. ¡Que peso aquel y qué selección; qué proceso y qué examen! Mane! Tekel! Fares!... Contado, pesado, partido.

     I.—¡Qué peso!: Cada uno dará su verdadero peso, el de sus obras. ¿Qué es lo que hará inclinar el platillo de la balanza? Avaro, no el montón de oro. Acaparador, no el montón de trigo, de casas, de riquezas. Se puede tener todo ese peso grave, y sin embargo, ser dado por ligero. En la balanza de Dios, la limosna de 50 centavos, una Misa, una gota de la sangre de Jesús aplicada a tu alma en la Confesión y Comunión, pesará mucho más que todo el fausto del orgullo.
     II.—¡Qué selección! La cizaña quedará separada del trigo. En una parte los pobres, los puros, los mansos, los humildes; los pacientes ante los insultos y calumnias de sus enemigos, merecen recompensa porque fueron heroicos en medio de tantos hombres que iban por los caminos oblicuos. De otra parte los malos, los orgullosos, los cómodos, los calumniadores, los chismosos sembradores de división, los egoístas, los ricos a cuenta del pobre... todos los que vivían para este mundo y no se preocuparon de la eternidad, los que hacían su voluntad y no la voluntad de Dios: ¡Id a la izquerda! Es la separación definitiva entre los sinceros e hipócritas. Se acabaron las reputaciones; se acabó el engaño, la pompa mentirosa, se acabaron las comedias. "Serán descubiertos los pensamientos ocultos en los corazones". (Luc. II, 35). Se terminó el papel. Comienza el juicio.
     III.—¡Qué proceso!: La junta plenaria del género humano. Nadie se escapará a la pesquisa que harán los ángeles. Nada de defensores, nada de apelaciones, ni de recursos. Para esto había bastante tiempo en este mundo. Ha terminado el tiempo de la misericordia, se aplica la justicia absoluta. Ha sonado la hora de las cuentas. Ahí está el legajo, el libro de tu vida. Será leído todo en público. No hay modo de negar. En la escueta claridad de la eternidad, todo será evidente. 
     La evidencia no se discute, se impone, aplasta. Llenos de vergüenza clamarán los malos: "Montes caed sobre nosotros, y aplastadnos". Cada uno beberá y apurará el cáliz de su vida hasta sus heces... Y esto dirá el Señor Dios: "Porque te has olvidado de mí, y me has vuelto las espaldas, por lo mismo lleva tu también sobre tí tus maldades". (Ez. XXIII, 35, 36).  
     IV.—¡Qué revista!: ¡De pie los muertos! los de todos los siglos y de todas las razas. Ya ha sonado la trompeta. Cristo aparece enarbolando su Cruz como estandarte. Pasa revista a sus tropas. Tienen que desfilar los desertores, los cobardes que, sin ánimo para lanzarse a la lucha, suspiraban: "La virtud es muy difícil"; los orgullosos y rabiosos que se sublevaban contra Dios y su providencia, oponiendo el Derecho Humano al Derecho Divino, para no cumplir con la voluntad divina en estos momentos de crisis y confusión, oponiendo su "sabiduria" humana a Dios Sabiduria Infinita. Tendrán su degradación de soldados de Cristo a vista de todos; se arrancarán los galones al oficial indigno. Traidores de su uniforme con que Dios los vistió en el bautismo, en el sacerdocio, quedarán réprobos para siempre: ¡Apartaos malditos! ¡Dies Irae!
     Pero será también de recompensa. Porque si los malos tienen que desfilar avergonzados, los buenos desfilaran gloriosamente. Tropas victoriosas. El Señor que castigará a los felones, recompensará a los valientes. Entonces el Rey dirá: "Venid, benditos de mi Padre a tomar posesión del reino que os está preparado desde el principio del mundo" (Mat. XXV, 35)
      Por eso, hijos mios, es necesario tomar la Cruz de cada día. Pues, "Si queremos la corona, debemos de soportar la espinas".
     Pidamos a Nuestro Señor Jesucristo nos dé Sacerdotes Santos, Obispos Sabios y que nos dé al Papa.
     Finalmente pidamos a nuestra Santísima Madre Santa María de Guadalupe nos alcance la gracia de la perseverancia final y la gracia de algún día reinar con Nuestro Señor Jesucristo por toda la eternidad.
     Ave María Purísima

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