domingo, 23 de febrero de 2014

IMPERIO Y TRADICION

     Al hablar de la grandeza resurgente de España, ha sonado a menudo la palabra Imperio. Y no han faltado incomprensivos o insidiosos que den al vocablo un sentido de reconquista material, o de algún género de sojuzgamiento lesivo de la autonomía de las naciones hispanoamericanas.
     La interpretación es tan burda y tan absurda, que se rebate sola. ¿Quién puede seriamente pensar en una agresión bélica de España contra América? Se trata, obvio es, de un sentido espiritual, pacífico, fraterno, de integridad hispánica que reconstituya la opacada grandeza de nuestra estirpe. ¡Y qué falta nos hace recobrar la plenitud de nuestra propia fisonomía y exaltar los valores de nuestra esencia profunda, ante un panamericanismo artificioso e incoherente, que no es sino la sarcástica hermandad de las ovejas con el lobo!
     Qué se quiere al hablar de Imperio español, claro lo ha expuesto el general Franco. Claro se ve en mil voces de la España nueva. Claro lo encontramos en Pemán.
     Hablando en Lisboa, en septiembre de 1936, decía cómo el dolor de España en esta guerra era, primero, dolor de redención; después, dolor de alumbramiento. Y explicando esto último:
     "Sí, hermanos portugueses: tiene este dolor nuestro, hondura y conmoción de natividad. Las horas están encinta de algún enorme porvenir. Este no es dolor de traumatismo pasajero: este es dolor de alumbramiento de nuevas formas y modos de vida. ¡Este, hermanos de Portugal que sabéis comprender el sentido justo y espiritual que nosotros damos a esa palabra, este es dolor de Imperio!
    "Para nosotros, como para vosotros, Imperio no significa extensión material ni dominio político. Para vosotros, como para nosotros, Imperio es palabra generosa, que significa comunidad de esfuerzo para cumplir una tarea necesaria en el orden universal. Vosotros y nosotros somos, por esencia, emperadores: pero emperadores del espíritu y del amor. Nuestra corona imperial no está hecha de tierra tangible, sino de impalpable claridad".
     Y en el propio discurso se desliza una incidencia, de vital significación para los que temen o dicen temer, que lo de España sea transcripción del fascismo o del nazismo. Porque, sin la menor lisonja para éstos, he aquí lo que expresa, rotundamente, Pemán:
     "No hace mucho que la juventud universitaria de Coimbra se dirigía a la juventud española, proclamando que acaso la misión del mundo peninsular en esta hora, fuera la de superar las fórmulas nacionalistas, meramente materiales y utilitarias, que la urgencia del momento ha hecho florecer en muchos sitios, y trazar, sacándolo de nuestra Tradición, el perfil de un futuro nacionalismo, expansivo, universalista y católico, que dé fórmula y conciencia definitiva" a esos que hoy son "instintos reaccionarios y defensivos".
     "Esa es la misión nuestra, portugueses: de los que somos depositarios de la gran tradición cristiana. Lo que para el mundo es necesidad material y casi policíaca de esta hora, nosotros lo vamos a rellenar de espíritu, de doctrina y de verdad. Nosotros no somos unos improvisadores. Somos los pueblos más constantes que existen, más agarrados a soluciones de eternidad. No salimos nunca del paso con curanderías ni pragmatismos: exigimos los porqués y las causas...
     "Por eso ahora vamos a salvar al mundo, no improvisando nada pasajero, sino volviendo a las verdades eternas, al Espíritu, a Dios. Y por eso otra vez frente a los horizontes de la historia, preñados, como ayer los del mar, por la palpitación de un mundo nuevo, nosotros, como ayer gritamos:
     ¡Tierra!, hoy vamos a gritar ¡Cielo!: que de Cielo y no de Tierra han de ser los cimientos de ese Nuevo Mundo que anhela y presiente la humanidad.
Alfonso Junco
EL DIFÍCIL PARAÍSO

No hay comentarios: