lunes, 10 de febrero de 2014

Predicación del domingo Quinto de Epifania

     El Evangelio de este domingo, es de San Mateo Apóstol y nos dice: En aquel tiempo, Jesús les propuso otra parábola, diciendo: El Reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena simiente en su campo: Pero al tiempo de dormir los hombres, vino cierto enemigo suyo, y sembró cizaña en medio del trigo y se fue. Cuando hubo crecido la yerba y se hubo espigado, apareció también la cizaña. Entonces los criados del padre de familias acudieron a él y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena simiente en tu campo? Pues ¿cómo tiene cizaña? Respondióles: Algún enemigo mío la habrá sembrado. Replicaron los criados: ¿Quieres que vayamos a cogerla? A lo que respondió: No; no sea que arrancando la cizaña, arranquéis juntamente con ella el trigo. Dejad crecer uno y otro hasta la siega; que al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Coged primero la cizaña, y haced gavillas de ella para el fuego, y meted después el trigo en mi granero.

     En el evangelio de este domingo, nos habla de la cizaña que siembra el enemigo en el campo de la buena simiente.
     El enemigo, el maligno, hace lo mismo desde del principio de la creación. Este al ver la felicidad de nuestros primeros padres, lleno de envidia, siembra la desobediencia en nuestros primeros padres.
     Este padre de la mentira, siembra la cizaña en el corazón del pueblo elegido y hace que se convierta en el pueblo Deicida.
     A través de la Historia de la Iglesia observamos esa constante de la siembra de errores, en la humanidad que provocan las persecuciones a la Iglesia, cismas y divisiones. El Demonio al ver que la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos, decide infiltrar la Iglesia, por eso después de las persecuciones siembra la cizaña dentro de la Iglesia; que provoca cismas y herejías, que provocaron los primeros divisiones de la Iglesia; y después, con el tiempo, la terrible revolución protestante.
     Después del Santo Concilio de Trento, el demonio al ver los grandes frutos que se siguieron, lleno de envidia, siembra la cizaña dentro de esa Iglesia fortalecida  y siembra las ideas liberales de corte masónico en los integrantes de la Iglesia, ya vemos pues a partir del siglo "de las luces" con la famosa Revolución Francesa, que de francesa solo tiene el nombre, sembrar la cizaña dentro de la Iglesia por medio de la infiltración judio-masonica y comunista.
     Tanto que a principios del siglo XX ya están fuertes y buscan poner en la cátedra de San Pedro a uno de sus agentes, en ese tiempo en Cardenal Rampolla.
     Por lo cual San Pio X, dicta su enciclica "Pascendi" y establece el juramento anti-modernista.
     Juramento, que la nueva cizaña logra derogar; esa cizaña moderna representada por Roncalli, Montini, Luciani, Wojtyla, Ratzinger y Bergoglio; que ya con el control busca destruir la Iglesia. Pandilla que nunca fueron verdaderos Papas y que por lo tanto no pertenecen a la verdadera Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo.
     Pero esto ya todos lo sabemos.

     Viene esa terrible división de modernistas y tradicionalistas (División "profetizada" por los iluminati). Pero el enemigo, no se conformó con todos estos triunfos, sino que también sembró la cizaña en el remanente fiel, y sembró,  a Lefebvre, el más importante entre otros, para neutralizar la reacción católica en todo el orbe. Generando la división entre los católicos que reconocen a un hereje como papa y sedevacantistas. El enemigo mira el campo donde se ha sembrado la buena simiente y ahí entre los sedevacantistas (Católicos) siembra la mala cizaña (algunos sacerdotes de salidos de la Fraternidad de Lefebvre, que conservan la formación lefebvrista, que predican el reconocimiento a un "papa hereje", y otros salidos de Mons. Guerard que le llaman al hereje "papa material").
     Pero el enemigo no descansa y en el campo que se mantenía católico (Aprovechándose de la soberbia, necedad e ignorancia de Obispos y sacerdotes), siembra la cizaña que llega negar la necesidad del Papa para el rebaño de nuestro Señor Jesucristo. Y opone el Código Canónico al Magisterio de la Iglesia. Oponen el Derecho positivo humano al  Derecho divino. Y esto los lleva a la acefalía perpetua.
     Ya lo decía Mons. Vida Elmer: "El demonio puede destruir la Iglesia con el Código de Derecho Canónico en el mano".
     El Código de Derecho Canónico fue legislado para el bien de la Iglesia y no para dejar a la Iglesia indefensa, sin medios para la solución de sus problemas. Parecería que estos se empeñan por contradecir el dogma: "Pedro tendrá perpetuos sucesores", ahora bien, si Pedro debe tener perpetuos sucesores, entonces debe de tener "perpetuos electores". O también Las palabras de San Pio X que nos dice: del "deber más grave y santísimo" a la falta de Papa. Aun hay muchas partes del Magisterio que es negado por el "Magisterio Laico".
     Acaso el Código de Derecho Canónico es más importante, y lo podemos oponer a los dogmas, a las palabras del Magisterio de los Santos Papa. El Código de Derecho no es fuente de fe, mientras el magisterio infalible de la Iglesia si lo es. Hay mucho que hablar pero esto es un poco de toda la cizaña que el enemigo ha sembrado en el pequeño rebaño de nuestro Señor.
     Pidamos a María santísima que nos alcance de su Divino Hijo la gracia de la perseverancia final.
Ave María Purísima.

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