lunes, 2 de junio de 2014

LA VERDAD CONQUISTADORA

     De la falsificación sistemática con que los rojos engañaban a las gentes de dentro y de fuera —falsificación de que todavía nos han dado muestras increíbles nuestros "aéreos" huéspedes Vayo y Negrín—, encontramos rastros en lo vivido por José María Pemán.
     Va éste, con el general Varela, hacia San Martín de Valdeiglesias, que está tomándose el 8 de octubre de 1936:
     ''La primera noticia de que las tropas, con muy pocos tiros, estaban ya dentro, la tuvimos por un grupo de mujeres y niños que subían, afanosos, por una veredilla. Huían porque les habían dicho mentiras y calumnias de las tropas que llegaban. El general detuvo su coche y habló suavemente con ellas. Daba pena ver aquellas caritas de los niños, blancas como hostias, de un terror infame de malos cuentos metidos en su alma, y aquellos ojos de las mujeres, desorbitados, absortos, como si salieran a la luz desde un cuarto oscuro. El general les hablaba suavemente, casi evangélicamente. Las mandó volver al pueblo, les puso escolta y compañía, les aseguró alojamiento, les cedió un coche para una que iba enferma. Ellas le oían, abrían cada vez más los ojos... Ya se les irán haciendo los ojos a la luz y el alma a la verdad".
     El 18 de febrero de 1937, dispútase en duelo a muerte la posesión de La Marañosa, que por algo "tiene este nombre de hembra de rompe y rasga". Poco después empiezan a llegar prisioneros. El general (Varela), sentado en un repecho de la carretera, aplaudido de detonaciones de todas clases, improvisa un interrogatorio.
     "Una vez más desfila ante nuestros ojos, torpemente evocada por las declaraciones temerosas, la consabida película de la infamia roja: muchachos de dieciséis y diecisiete años, cazados la víspera en las calles de Madrid, llevados a luchar sin saber por qué ni contra qué. Como a todos, les habían dicho enormes calumnias de nosotros. Nos miran asombrados, abriendo los ojos lentamente a la insospechada verdad: ¡No matan a los prisioneros! ¡No les cortan las orejas!.
    "Llegan cuatro requetés, trayendo en una camilla a un rojo herido. Es un estudiante de Telégrafos, de rostro abierto y simpático. Departe también unos instantes con el general. Le habían dicho que nosotros rematábamos a los heridos. Cuando, llevándoselo ya para que lo curen, se entera que aquel que departió con él tan bondadosamente es el propio general Varela, quiere incorporarse para verle mejor. Un gesto de dolor agudo. No puede. Lleva las piernas atravesadas por un balazo. Y su mueca dolorida se resuelve en un solo comentario: "¡Si ésos supieran la verdad!"
     Y aquí el poeta da amplitud de símbolo y profundidad de historia a la expresión, y medita: Sí: “ese es todo el problema porque se lucha: la verdad. Tres siglos de sutiles mentiras sonoras han traído este horror. Ahora la ciudad envenenada y viciosa nos envía oleadas de niños pálidos, engañados, enloquecidos... Y al llegar a nosotros, chocan con la alegre y luminosa verdad, hecha carne sana de soldados morenos, que hablan de Dios y la Patria. . . Y así va la verdad conquistando paso a paso España".

     La ha conquistado ya. Y seguirá conquistando, poco a poco, desbordando las fronteras vernáculas, a todos los hombres de buena voluntad. Irán llegando testimonios, detalles, libros de que hemos padecido escásez. Mientras tanto, este breve y delicioso volumen de Pemán —hombre de firme solvencia ética, de alta distinción intelectual, de plena identificación con el movimiento—, nos pone en el corazón de la verdad aquella, y nos hace sentir cómo en él laten el Espíritu, la Hidalguía, el Amor.
Junio de 1939.

Alfonso Junco
EL DIFÍCIL PARAISO

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