martes, 19 de agosto de 2014

"EL MUNDO NO SABE LO QUE DEBE A FRANCO"

     Algunos católicos notables —sobre todo franceses, que en su misma nacionalidad hallan ingredientes históricos y políticos de cierta incomprensión y recelo ante lo español— se han equivocado lamentablemente al enfocar el movimiento de Franco. Pero no han faltado, por fortuna, en la propia Francia, católicos eximios, como Paul Claudel, Henri Massis, Louis Bertrand, que han visto con plena lucidez. Si al argumento de autoridad acudimos, ¿qué género de comparación cabe entre los pocos engañados, junto a la muchedumbre de los que han percibido diáfanamente, poniendo a su cabeza nada menos que a los Sumos Pontífices Pío XI y Pío XII, que han hablado con clarísima decisión, y al episcopado español que ha vivido en su carne y en su espíritu la verdad auténtica?
     Repertorio de las habituales tergiversaciones tendenciosas es Le Christ chez Franco —en que Gringoire, como muchos, ha tropezado—, y cuyo editor en París, Denoel, ya dice bastante para clasificar el intento de la obra.
     Pero la verdad va abriéndose paso.
     El Dr. Luis Lara Pardo, hombre más bien de izquierda —que en La Rusia que yo vi tuvo benevolencias y coqueteos con el bolchevismo—, va a indagar a España y envía al diario Excelsior, de Méjico, amplios reportazgos en que, por sobre salvedades y reticencias, queda un testimonio favorable.
     El Padre Ledit —francés que habla el español y el ruso—, director de la revista internacional Cartas de Roma, publica en el número de junio de este año las impresiones de su viaje a raíz de la ocupación de Madrid: vio las checas científicas y otras vergüenzas de los rojos; rectificó muchas versiones falsamente acreditadas; admiró la obra estupenda de Auxilio Social, que sirve a todos sin mirar el color; conoció la organización penitenciaria que, contra el socorrido prejuicio, le obliga a decir: "la justicia de Franco es noble, humana y cristiana"; pudo atestiguar el gran impulso de reconstrucción y de espiritualismo que sacude a la España Nueva.
     Y nuestro gran don Carlos Pereyra, que con estoicismo inverosímil se aguantó en Madrid —al lado de la dulce María Enriqueta— el largo infierno rojo, puede hoy irnos diciendo en El Universal, cuanto auténticamente palpó y sabe, poniendo en ello la poderosa exactitud de su información, la madurez egregia de su crítica y la incisiva concisión de su prosa.
     Por ejemplo:
     ''Lenin redujo la doctrina bolchevique a un manual de acción. Para obtener los fines que se buscan, hay que destruir, esto es, quemar y matar. Para destruir se emplea el terror, basado en principios. No sólo se incendia, sino que se quebranta la moral de los perseguidos. No solo se mata, sino que se atormenta. Y no solo se atormenta a los que han de perecer, sino a los que sobreviven, deudos y amigos. Se practica un sadismo fecundo en variantes. La institución fundamental del sistema es la checa. Allí está toda la Rusia bolchevique transportada a la España roja. Es lo más siniestro de la siniestra parodia. Aun después de haberlo visto, parece inverosímil. El mundo no sabe lo que debe a Franco" (El Universal, de Méjico, 11 sept. 1939).
     Es lo que, tarde o temprano, acabarán por decir todos los hombres rectos y conscientes:
     "El mundo no sabe lo que debe a Franco”.
Septiembre de 1939
Alfonso Junco
EL DIFÍCIL PARAISO

No hay comentarios: