martes, 30 de septiembre de 2014

LA HISPANIDAD EN PIE

Qué es Imperio
Falange Exterior
Ruben Dario
Panamá como símbolo

QUE ES IMPERIO
     Me parece que nadie puede creer En serio, a poco que en ello recapacite, el que la España Nueva pretenda reconquistar la América o mermar a las naciones de acá su autonomía. Es algo tan obtuso y ridículo, que el solo anunciarlo es refutarlo.
     Cuando en la España Nueva se habla de Imperio, se alude a una resurrección de pujanza y prestigio, que facilite y acelere el triunfo de la Hispanidad. Hasta suelen decir, puntualizando: "Imperio de la Hispanidad". Esta no será entonces una abstracción inoperante, sino un espíritu encarnado en una gran comunidad de pueblos -fraterna y libre, que pese en la balanza del mundo.

     El general Franco, hombre de eximia calidad moral, que usa las palabras para desnudar y no para encubrir lo que piensa, dijo en la jugosísima entrevista para La Prensa, de Buenos Aires, concedida al escritor argentino don Ricardo Sáenz Hayes:
     “Nuestra política internacional será de paz, amistosa con todos los países, de respeto para todos... Con los de América, nuestra intención y deseo es unirnos apretadamente, en hermandad de haz cuyas espigas salieron de la misma semilla y germinaron en el mismo surco".
     El periodista le interrogó explícitamente a Franco:
     "Tradicionalistas y falangistas me hablan de la restauración del Imperio Español. ¿En qué consiste ese Imperio?"
     He aquí, entera, la contestación del caudillo:
     “En restaurar el prestigio de una raza. En alumbrar, de nuevo, al mundo con los resplandores de nuestra cultura. En labrar la grandeza y poderío de nuestra nación. En extender por el universo el crédito de la Nueva España. En recoger y fundir, en un camino de exaltación a la Patria, los millones de españoles perdidos en el mundo. En dar a España la universalidad olvidada y en ofrecer a América, en el solar español, un orgullo de raza y una restauración de estirpe.
     "Hermanos de raza, hermanos, en la mayoría de los casos, de pensamiento, nuestro deseo de compenetración con los pueblos hispanos en este momento, es parte esencial de nuestro programa, de nuestra mirada hacia el futuro. Cuando termine la guerra, no intentaremos la empresa de redescubrir a América, sino de acercarnos a ella y tender nuestros brazos hacia las naciones salidas de nuestra entraña, como a hijas a quienes se ve luego del camino áspero y largo con más amor que antes, con una comprensión más viva y más abierta de los mutuos afanes, dolores e ideales.
     "España resurge. En España se levanta un nuevo sol. Yo sé que, formadas las naciones sudamericanas entre vientos de enciclopedia y liberalismo, tardarán algún tiempo en comprendernos. Pero la fuerza de nuestra lengua, el poder de la misma raza ha de derribar barreras, y cuando los pueblos americanos vean cómo se llega a la verdadera democracia sin verbalismos engañosos y sin explotación de ruines; cuando contemplen restaurado el prestigio español, y nuestros barcos y nuestros pensadores lleven nuestra tarjeta a aquellos mares, y se hable en España como se hablaba antaño, y nuestras clases medias y humildes disfruten de un bienestar real y de una legislación humana, entonces comprenderá la América española la gran epopeya nacional y conocerá el valor de nuestra lucha, que salva a Europa y a América de la más grave de las amenazas".
     ¿Quién podrá, ante palabras tan rotundas, tan luminosas y elevadas, insistir en la pobre insidia de que la invocación de Imperio incluye afrenta o agresión para los pueblos hispanoamericanos?

     A la luz de estas palabras de Francosuprema autoridad del Movimiento—, queda intergiversablemente esclarecido lo que apunta, con su modo sintético e impetuosoque puede prestarse a errónea interpretación—, el programa de la Falange:
     "Tenemos voluntad de Imperio. Afirmamos que la plenitud histórica de España es el Imperio.
     "Reclamamos para España un puesto preeminente en Europa. No soportamos ni el aislamiento internacional, ni la mediatización extranjera.
     "Respecto de los países de Hispanoamérica, tendemos a la unificación de cultura, de intereses económicos y de poder. España alega su condición de eje espiritual del mundo hispánico como título de preeminencia en las empresas universales". (Punto 3).
     ¿Qué es lo que se busca?
     Revivir la interior grandeza de España; reintegrarla a su sitio de honor en Europa y el mundo; poner en obra y valor el espíritu de la Hispanidad. Para esto último, intensificar el intercambio cultural y económico, apretar así, en lo espiritual y lo material, los vínculos con la América Española, y llegar a alguna manera de pacto, confederación o anfictioníade tanto tiempo atrás anhelada por varones preclaros y videntes—, que unifique y erija ante el mundo, como una fuerza actuante, esa enorme realidad que se llama el mundo hispánico. Realidad hoy amorfa, dispersa, disminuida por la zarpa del Norte, minada astutamente por la añagaza de Monroe y del panamericanismo.
     Esta unificación de poder de la hispana progenieunificación que no implica mengua sino precisamente grandeza y liberación para nosotros—, es lo que se anhela; "comunidad de esfuerzo para cumplir una tarea necesaria en el orden universal": la egregia tarea de la Hispanidad.
     Así, en septiembre de 1936, lo insinuaba Pemán a los portugueses:
     "Para nosotros, como para vosotros, Imperio no significa extensión material ni dominio político. Para vosotros, como para nosotros, Imperio es palabra generosa, que significa comunidad de esfuerzo para cumplir una tarea necesaria en el orden universal".
     Lo que en España llaman hoy voluntad de Imperio, es un recio propósito de afirmación de la estirpe, que nos congregue y alce poderosos, que nos liberte de lesivas tutelas y ponga en pie la Hispanidad.

LA FALANGE EXTERIOR
     La Falange española, desbordando las fronteras, abraza a todos los hermanos dispersos, los organiza y fortalece, vivifica en ellos el espíritu solidario y patriótico. Los españolesexclusivamente los españolesradicados en otros países, constituyen así la Falange Exterior.
     ¿Va en ésta el menor agravio o peligro para los países en que actúa?
     Expresamente lo contrario.
     Tengo a la vista un folleto ilustrado (Talleres Aldus, Santander, sin fecha), titulado precisamente La Falange Exterior, y dedicado a exponer a los falangistas cuál es el espíritu que debe alentarlos, cuáles sus normas y tareas.
     En los Principios básicos leo:
     "Con respecto a los países en que se encuentren constituidas nuestras Organizaciones, éstas actuarán siempre con una conducta de absoluto respeto para los Gobiernos respectivos y de entera obediencia a sus leyes.
     “Las Falanges Exteriores procurarán adaptar su organización, espíritu y estilo, a los de las formaciones residentes en nuestra Patria. No obstante, y teniendo en cuenta que su actividad ha de desarrollarse en países en los cuales nuestros afiliados son huéspedes, se abstendrán de manifestarse con carácter de milicias de cualquier clase que sea, quedando asimismo prohibido el uso de este nombre en sus formaciones, o de cualquier otro que pueda inducir a considerar nuestras Falanges como organizaciones de carácter militar...
     "Todos los afiliados del Exterior, conscientes del honor que les da su calidad de Falangistas españoles, serán ejemplo de una conducta, pública y privada, intachable y rígida...
     "Cumplirán fielmente las leyes del país bajo cuya hospitalidad estén acogidos, absteniéndose por completo de intervenir en sus cuestiones internas.
     "Junto al culto supremo de la Patria, nuestros camaradas de las Falanges Exteriores demostrarán su devoción por la Nación en que vivan, aportando generosamente su esfuerzo para su desarrollo y engrandecimiento.
     "Del mismo modo, habrán de sentirse unidos en estrecha hermandad en la alegría y en el dolor, con las gentes con quienes compartan el pan y el trabajo cotidianos".
     No pueden ser más rotundos estos Principios básicos, ni más delicado el respeto para los países en que los falangistas del exterior son huéspedes.
     A cada paso se reiteran las mismas terminantes instrucciones. Así, bajo el título de Misión de la Falange Exterior:
     "La posición de doctrina político-social de nuestras Organizaciones de Falange Exterior se refiere, exclusivamente, al régimen político de España, manteniéndose, en relación a los países extranjeros, en una posición de absoluto respeto y entera obediencia de sus leyes. Las Falanges del Exterior cumplirán siempre, estrictamente, las leyes del país que las albergue, absteniéndose en absoluto de intervenir en sus cuestiones internas”.
     Y en un Decálogo para los camaradas del Exterior, después del sexto mandato, en que, con la gloriosa preocupación que preside todas las obras de la actual España, se ordena: "Dar a todos los actos el decoro moral y la austera ejemplaridad que exige su calidad de españoles y de falangistas", viene el séptimo ordenamiento, que dice así:
     "Amar la Nación en que vivan. Respetar sus leyes y banderas y aportar generoso esfuerzo a su engrandecimiento, uniéndose en comunidad de alegría y dolor con las gentes con quienes partan el trabajo y el pan de cada día".
     Paréceme ocioso insistir en que todas estas órdenes, recomendaciones y consignas, están en pugna abierta con el más leve intento de herir o socavar la autonomía de los demás países. Evidencian, al contrario, un espíritu de respeto radical, de exquisito miramiento, de adhesión fervorosa y agradecida a los pueblos en que viven los falangistas del exterior.

     En el propio opúsculo, bajo este encabezado: “Lo que significa para nosotros la palabra Imperio", aparecen unos párrafos de Raimundo Fernández Cuesta, Secretario General entonces de la Falange. Coinciden con el pensamiento, que ya conocemos, del Caudillo. He aquí algunas frases definidoras:
     “Imperio es la expresión final de la unidad de destino... Nos eleva de lo local a lo universal. Imperio es la vocación decidida de realizar una empresa común, es la afirmación ardiente de una conciencia colectiva, íntima y arraigada entre varias naciones...
     Es vínculo de espíritus más que de cuerpos...
     "España, que ha recobrado su voluntad de potencia e imperio, no precisa, para tenerlo, de músicas bélicas, ni de una pulgada más de terreno...
     Categórico está. No guerra, no conquista, no sojuzgamiento de nadie. Unidad de destino, empresa común, "conciencia colectiva, íntima y arraigada entre varias naciones". Varias naciones: no pierden éstas su autonomía y personalidad al vincularse; fortifícanse para la empresa común, pesan en los destinos universales.
     Y esto es lo que conviene a los profundos intereses, a la vital defensamás apremiante cada díade los países hispánicos de América. Vigorizar su autenticidad, afirmar sus rasgos fisonómicos, levantar la bandera de su espíritu, su lengua, su religión, su arte, su estilo.
     Ahoray este ahora cuenta una centuria—, dispersos, alejados de una España en decadencia o debilidad, hemos gravitado en torno de los Estados Unidos: y hasta hemos llegado a la aberración de acatar un panamericanismo de comedia, en que hacemos el arrugado papel de comparsas de nuestro adversario natural. Este, que ha arrebatado a los pueblos de América todo el territorio y toda la autonomía que ha tenido a bien, hoy logra que postulemos, fraternalmente, en Panamá, una sarcástica defensa panamericana.
     Panamericanismo en Panamá. La sede es todo un símbolo. Merece y le daremos consideración separada.

RUBEN DARIO
     Es ápice del sinuoso programa sojuzgador, hacernos recelar de lo que constituiría puntualmente nuestra liberación y nuestra fuerza. Si España revive su pujanza y nosotros tenemos el sentido común, el sentido vital de estrechar nuestros vínculos culturales, económicos y políticos con ella; si trabajamos por realizar la gran Confederación Hispánica que nos defienda de la disgregación, de la absorción, de la deformación que a lo largo de un siglo hemos venido padeciendo bajo el influjo interesado y poderoso del Norte, habremos al fin corporizado, para grandeza y bien de todos, el alma de la Hispanidad.
     Eso es lo que en España llaman hoy Imperio. Eso es lo que soñaba y predecía, vidente sacudido de esperanza, Rubén Darío:
     Unanse, brillen, secúndense, tantos vigores dispersos; formen todos un solo haz do energía ecuménica.
     Sangre de Hispania fecunda, sólidas, ínclitas razas, muestren los dones pretéritos que fueron antaño su triunfo.

     La “Salutación del optimista" que podría llamarse el Himno de la Hispanidad—, estremecía y llevaba a las lágrimas a un gran amigo de Rubén: a Ramiro de Maeztu, ilustre pensador asesinado por los rojos, inspirador y mártir de la España Nueva, que en su extraordinaria Defensa de la Hispanidad dejó un semillero fértilísimo de profundas, dinámicas ideas.
     Y es digno de poderosa observación, que el nicaragüense Darío y el vasco Maeztu eran hombres muy viajados, muy abiertos al aire de fuera, muy saturados de experiencias e influjos universales. Su hispanidad no viene de cerrazón pueblerina, mas de anchurosa visión. Su hispanidad, por otra parte, supera los localismos recelososora de América, ora de Vasconia—, y postula, con amor comprehensivo, la grandeza de la unidad.
     ¿Quién será el pusilánime que al vigor español niegue músculos, 
y que al alma española juzgase áptera y ciega y tullida?
No es Babilonia ni Nínive enterrada en olvido y en polvo,
ni entre momias y piedras reina que habita el sepulcro, 
la nación generosa, coronada de orgullo inmarchito, 
que hacia el lado del alba fija las miradas ansiosas, 
ni la que tras los mares en que yace sepulta la Atlántida, 
tiene su coro de vastagos, altos, robustos y fuertes.
     La epopeya de España, su voluntad de gloria y resurgimiento, su anhelo de vinculación y anfictionía con las hijas de América, pone un escalofrío de inminencia en los vaticinios de Rubén:
la alta virtud resucita 
que a la hispana progenie hizo dueña de siglos...
Un continente y otro renovando las viejas prosapias, 
en espíritu unidos, en espíritu y ansias y lengua, 
ven llegar el momento en que habrán de cantar nuevos himnos....
¡Inclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda!

PANAMÁ COMO SÍMBOLO
     No hay en nosotros aversión ni prejuicio hacia el Coloso del Norte. Admiramos lo que tiene de admirable, deploramos lo que tiene de deplorable. La abrupta franqueza de nuestras palabras es sólo gusto por lo claro, por lo conciso y lo directo. Gusto recrecido por reacción ante insinceridades cautelosas. Pensamos que Méjico y los países todos de Hispanoamérica pueden y deben cultivar amistad con los Estados Unidos. Pero una amistad fincada en la verdad.
     Y el panamericanismo es una falacia.
     Empezando por el nombre: Pan-América sería, conforme a la raíz etimológica, Toda-América. Y en el panamericanismo no entra el Canadá, región importantísima de América, y pegada a los Estados Unidos, para que se advierta más.
     ¿Por qué no entra el Canadá?
     Porque en la razón de ser del panamericanismohegemonía yanqui sobre los países de América—, no tiene cabida, por ahora, el Canadá: no pueden los Estados Unidos, o no les conviene hasta hoy, enfrentarse con Inglaterra para enturbiarle las relaciones con su Dominio.

     El panamericanismo es una falacia.
Unirnos los países hispanoamericanos con los Estados Unidos, para darnos recíproco amparo ante presuntas agresiones europeas, es de un sarcasmo estrepitoso.
     Es la unión fraternal de las ovejas con el lobo, para el fomento de sus comunes intereses.
     Quienes nos han mermado territorio, quienes nos han agredido con guerra o diplomacia, quienes se han entrometido en nuestras cuestiones internas, quienes extienden su presión y su influjo político, económico, cultural o incultural en los países de América, son los Estados Unidos.
     ¡Y ellos encabezan el panamericanismo, para defendernos!
     ¿Quién nos defenderá del defensor?...

     La última reunión panamericana celebróse en Panamá.
     La sede fue escogida con un tino insospechado.
     Panamápor un fraude famosose ha convertido en popular sinónimo de engaño y estafa. Y está muy bien, en Panamá, el panamá del panamericanismo.
     Panamá era una provincia de Colombia, y el 3 de noviembre de 1903 los Estados Unidos patrocinaron una revolucioncita dizque de independencia que triunfó el mismo día, y apenas pasados tres reconocieron al nuevo Gobierno... Todo, naturalmente, para abrir el Canal que ellos querían y les daba la llave de ambos océanos.
     Teodoro Roosevelt, que era expeditivo, hizo con Panamá, a costa de Colombia, lo mismo que antes se había hecho con Tejas a costa de Méjico; pero mucho más pronto. Perfección del sistema. Y aquel Roosevelt, que aunque no se andaba por las ramas y empuñaba declaradamente el garrote (big stick), quiso al pronto vestir con hipocresías la verdad, acabó por decirla sin tapujos, algunos años más tarde (el 23 de marzo de 1911), hablando en la Universidad de California:
     "Si hubiera yo seguido los métodos conservadores tradicionales, hubiera sometido al Congreso un solemne documento oficial, probablemente de doscientas páginas, y el debate no habría terminado todavía. Pero cogí la zona del Canal y dejé al Congreso discutir: y mientras el debate seguía su curso, también lo seguía el Canal”.
     Exactamente el mismo sistema de Hitler, contra el cual hierven alarmas y protestas norteamericanas. Y contra el cual quieren hoy que, desde América, los despojados se solidaricen con los despojadores.

     Panamá: todo un símbolo.
     Sede estupenda para el panamá del panamericanismo.
     Sede estupenda para la "alianza defensiva" de los raptores y de los raptados.

     Yo me pregunto si alguien podrá tomar en serio ese monumento de hipocresía del panamericanismo. Y si no lo toma, yo me pregunto por qué los pueblos de Américaempezando por Méjico—, nos prestamos a la farsa que favorece a nuestros vecinos y a nosotros nos minimiza y deteriora.
     El año pasado, en la Conferencia de Lima, se suscribió una declaración inverosímil, cuyo primer considerando —base y justificación ideológica de la declaración—, excede toda fantasía. Escúchese:
     "Considerando:
     "Que los pueblos de América, merced a la analogía de sus instituciones republicanas, su deseo incontrastable de paz, sus profundos sentimientos de humanidad y tolerancia y su absoluta adhesión a los principios del derecho internacional, de igualdad en la soberanía de los, Estados y de libertad individual sin prejuicios religiosos o raciales, han alcanzado unidad espiritual''...
     ¡De suerte que nosotros, y con nosotros todos los pueblos hispánicos de América, hemos, alcanzado una perfecta unidad espiritual con los Estados Unidos!
     Unidad espiritual tan irrisoria como los hechos en que se finca:
     Instituciones republicanas:A despecho de los dictadores y tiranos que han pululado en América, del sufragio nunca efectivo, del atropello cotidiano e institucional, de la mentira del papel evidenciada todos los días por los hechos.
     Profundos sentimientos de tolerancia:—Como los del general Calles, apoyado por los Estados Unidos, en medio de su persecución sanguinolenta; como los de la actual imposibilidad de los padres de familia para educar a sus hijos según los mandatos de su conciencia y su derecho.
     Libertad individual sin prejuicios religiosos:—Patentizada, por ejemplo, en los artículos tercero y 130 de nuestra actual Constitución.
     Igualdad en la soberanía de los Estados:—Dígalo Méjico, reducido a la mitad y hace poco vejado en Veracruz y en Chihuahua; dígalo precisamente Panamá; díganlo Cuba, Haití, Santo Domingo, Puerto Rico, Nicaragua...
     ¿Cómo no se cae la plumay la caraantes de suscribir tal documento? ¿Con qué lealtad y qué sindéresis puede proclamarse nuestra unidad espiritual con los Estados Unidos?
     Fráguanse todas estas aberraciones para servir de sustentáculo a la aberración del panamericanismo.
     Que lo patrocinen e impulsen los Estados Unidos, es natural. Trátase de un instrumento suave, untuoso, melifluo de hegemonía. Pero ¿nosotros?
     ¿Cómo cerrar los ojos a nuestras conveniencias más profundas y patentes?
     No necesitamos frangollar nuestra unidad espiritual. La tenemos. La tenemos, maciza y espléndida. Es la Hispanidad. Común denominador, signo unitario que no borra, sino armoniza, las diferencias étnicas y las aportaciones locales. Voz de la historia, voz de la lengua, voz de la religión, voz de la estirpe, voz de la cultura.
     Tarea natural de quienes, so capa de amistad, quieren dominarnos, es hiperbolizar todo lo indígenaque ellos en su tierra aniquilaron—, y falsificar, desprestigiar, hacer que expulsemos con aversión o miremos con suspicacia todo lo hispano. Bien saben que en lo hispano está la unidad de nuestro espíritu, la razón de nuestro ser, el meollo de nuestra cultura, el único valladar contra la absorción.
     Por eso mismo, tarea natural de nosotros ha de ser fortificar lo que nos fortifica, amar y defender lo que nos da personalidad y valía.
     Hemos sido pupilos del ominoso patronazgo monroísta, zona de influencia, colonias más o menos camufladas de los Estados Unidos. Que lo seamos a despecho, pase; que colaboremos en la empresa, no.
     Incúmbenos ver claro, reaccionar, volver por los fueros de nuestra frustrada grandeza. Hemos minado nuestro futuro potencial; hemos traicionado nuestro destino.
     Incúmbenos apretar y vivificar la hermandad con todos los pueblos americanos de nuestra estirpe, con la España que hoy renace, impetuosa y magnífica. Nos incumbe unirnos, fortalecernos, intensificar nuestra vinculación cultural, económica y política. Integrar en un bloque poderoso y en un organismo actuante, la gran verdad de la Hispanidad.
     Entonces tendremos amistad auténtica con los Estados Unidos. Amistad de igual a igual: sin mermas serviles ni desplantes grotescos. Amistad con respeto y estimación; amistad con influjo recíproco de lo mejor de cada quien. No tutelas monroístas ni infundios panamericanos. Amistad fincada en la verdad: única amistad honrada y honrosa.
Octubre de 1939.

Alfonso Junco
EL DIFÍCIL PARAISO

No hay comentarios: