jueves, 11 de septiembre de 2014

UN ERROR "TOTALITARIO"

EX ABRUPTO DE BERNANOS
EL CARDENAL, EL FUERO Y LA FALANGE
CLARIDAD DE JOSE ANTONIO
FRANCO Y LA DEMOCRACIA

EX ABRUPTO DE BERNANOS
     Suelta un insostenible ex abrupto Georges Bemanos al afirmar: "Se maldice al ídolo totalitario en Berlín, se lo tolera en Roma, se lo exalta en Burgos".
     Es, sencillamente, que no hay ídolo totalitario en Burgos. Es que lo de España constituye, radicalmente, otra cosa. Y claro que a otra cosa corresponde otra calificación.
     Aquí, una vez más, la imprecisión de la palabra nos roba la exactitud de la entraña. El adjetivo totalitario es, de por sí, indiferente: puede infundírsele sentido vitando o sentido loable.
     Lo de totalitario suena algunas vecespocas veces—, en lenguas representativas del Estado español. Pero ¿quiere ello decir, como en otras partes, que el Estado absorba y suplante al individuo, a la familia, a la corporación? ¿Quiere ello decir que el Estado se proclame fuente única del derecho? De ninguna manera. Eso, que es lo condenable del totalitarismo, ni se postula ni se practica en el Estado español.
     Palabras decisivas del Fuero del Trabajo, del programa de Falange, de José Antonio Primo de Rivera, del generalísimo Franco, evidencian esta verdad.
     Es lamentable —y convendría evitar radicalmente— el uso de términos que dan pie a confusión. Pero es indispensable —para el que quiera entender y juzgar rectamente— traspasar la corteza del vocablo y adueñarse de la medula del pensamiento.

EL CARDENAL, EL FUERO Y LA FALANGE
     ¿No hemos visto la censura enderezada al movimiento español y al cardenal Goma, por haber éste dado testimonio del respeto que el nuevo Estado mostraba para sus orientaciones doctrinales?
     Pues el cardenal Goma, en su magnífica pastoral de febrero de este año —o sea en plena guerra, y sin otro oportunismo que el de la intrépida verdad—, condena rotundamente el totalitarismo reprobable, denunciándolo en otros Estados entonces en bélica alianza con el movimiento español:
     "Se proclama hoy un principio que es incompatible con nuestra doctrina: "Todo para el Estado; nada contra ni fuera del Estado". No. La persona humana tiene derechos inalienables que el Estado no puede desconocer.
     El catolicismo "es el que salva la trascendencia del bien común, amenazada por el trabajo tenaz del nacionalismo exagerado y del Estado absolutista; al tiempo que salva la libertad individual, que tiende a ser absorbida por el despotismo de las dictaduras".
     El catolicismo "admite una trascendencia del Estado, que puede condicionar, amparar, fomentar y dirigir toda actividad del orden temporal en cuanto lo requiera el bien común; pero declara intangibles las instituciones de orden natural, cuyos derechos pueden ser superiores y anteriores a los del Estado, como la familia, o independientes del Estado, como la legítima libertad de asociación".

     Esta clara y granítica doctrina, que es la católica, es profesada abiertamente por el nuevo Estado español. Al emplearse, pues, la palabra totalitario, se le da, ciertamente, otro sentido.
     Veamos, por primer ejemplo, la cláusula inicial del Fuero del Trabajo —código defensor del obrero, que nada tiene que Pedirle a lo más avanzado de que aquí nos queramos gloriar—:
     "Renovando la tradición católica, de justicia Social y de alto sentido humano, que informó nuestra legislación del Imperio, el Estado —Nacional en cuanto es instrumento totalitario al servicio de la integridad patria, y Sindicalista en cuanto representa una reacción contra el capitalismo liberal y el materialismo marxista—, emprende la tarea de realizar, con aire militar, constructivo y gravemente religioso, la Revolución que España tiene pendiente, y que ha de devolver a los españoles, de una ves para siempre, la Patria, el Pan y la Justicia".
     Aquí se ve por una parte, la profesión católica que excluye toda estado-latría. Por otra parte, que lo de totalitario aparece para indicar que no se trata de un Estado faccional o sectario, sino entero, completo, "Nacional, en cuanto es instrumento totalitario al servicio de integridad patria".
     Esa expresión está calcada del espléndido programa de la Falange: veintiséis puntos incisivos, intrépidos, generosos, cristianamente radicales, como el espíritu del admirable fundador, José Antonio Primo de Rivera:
     “Nuestro Estado será un instrumento totalitario al servicio de la integridad patria.
     "Todos los españoles participarán en él al través de su función familiar, municipal y sindical. Nadie participará al través de los partidos políticos". (Punto 6).
     Y el punto 7 empieza así: "La dignidad humana, la integridad del hombre y su libertad, son valores eternos e intangibles".
     Pues claro se ve que un Estado que de tal modo exalta y reverencia la dignidad y libertad de la persona humana, y que quiere, con inspiración genuinamente democrática, que "todos los españoles" participen en él —no a través de los partidos artificiales que parten y disgregan, sino a través de las agrupaciones naturales que unen y solidarizan—, no es un Estado tiránico.
     No es un Estado que se cree dios, sino que se confiesa una cosa humilde: "instrumento". Instrumento puesto "al servicio" de algo superior: "de la integridad patria". Esta integridad, esta totalidad —enemiga del regionalismo separatista, enemiga de la escisión y lucha de clases, enemiga de lo parcial y faccional de los partidos—, es la que explica el adjetivo: "instrumento totalitario".

CLARIDAD DE JOSE ANTONIO
     En los estupendos discursos de José Antonio recogidos en elegante volumen de las Ediciones Jerarquía (Santander, junio de 1938)—, salen a cada paso expresiones y referencias que desnudan su pensamiento sobre esta cuestión.
     Hablando del comunismo ruso, "que es nuestra amenazadora invasión bárbara”, repasa los remedios ensayados, y, nombrando expresamente a Italia y Alemania, dice:
     "Otra pretendida solución” —nótese bien: pretendida solución—, "son los Estados totalitarios. Pero los Estados totalitarios no existen. Hay naciones que han encontrado dictadores geniales, que han servido para sustituir al Estado: pero eso es inimitable..."
     Y más adelante, con palabras definitivas:
     "Cuando el mundo se desquicia, no se puede remediar con parches técnicos: necesita todo un nuevo ordenY este orden ha de arrancar, otra vez, del individuo.
     "Óiganlo los que nos acusan de profesar el panteísmo estatal: nosotros consideramos al individuo como unidad fundamental, porque este es el sentido de España, que siempre ha considerado al hombre como portador de valores eternos. El hombre tiene que ser libre, pero no existe la libertad sino dentro de un orden”. (Conferencia en Valladolid, 3 marzo 1935).
     En otra ocasión habla de "los Estados totales, los Estados absolutos", para afirmar:
     "Su violento esfuerzo puede sostenerse por la tensión genial de unos cuantos hombres, pero en el alma de esos hombres, late de seguro, una vocación de interinidad"; ellos saben que aquello sólo puede ser provisional y transitorio, "que a la larga se llegará a formas más maduras" en que no se anule a la persona, "sino en que vuelva a hermanarse el individuo y su contorno, por la reconstrucción de esos valores orgánicos, libres y eternos que se llaman el individuo, portador de un alma, la familia, el sindicato, el municipio: unidades naturales de convivencia".
     Y añade, categórico: "Tal misión es la que ha sido reservada a España y a nuestra generación”. (Discurso en Madrid, 17 noviembre 1935).
     Trátase, pues, de una cosa diferente, que no imita ni acepta el totalitarismo italiano o alemán, sino que pugna por la reconstrucción de los "valores orgánicos, libres y eternos".
     Y ya el año anterior había dicho José Antonio, tajantemente, hablando en Valladolid (4 marzo 1934):
     "Todos saben que mienten cuando dicen de nosotros que somos una copia del fascismo italiano”.
     Ahora es en Madrid, el 29 de octubre de 1933. Discurso de fundación de la Falange. He aquí unos párrafos a cuyo término José Antonio habla, para lo español, de "Estado totalitario". Por su contexto se ve, de modo fulgurante y decisivo, cómo tal expresión no tiene en sus labios el sentido reprobable de absolutismo o estadolatría, sino el sentido de totalidad e integridad, por oposición a cuanto implique fraccionamiento, parcialidad, escisión de la patria.
     ''Nuestro movimiento por nada atará sus destinos al interés de grupo o al interés de clase que anida bajo la división superficial de derechas e izquierdas.
     "La Patria es una unidad total, en que se integran todos los individuos y todas las clases; la Patria no puede estar en manos de la clase más fuerte ni del partido mejor organizado. La Patria es una síntesis trascendente, una síntesis indivisible, con fines propios que cumplir; y nosotros lo que queremos es que el movimiento de este día y el Estado que cree, sea el instrumento eficaz, autoritario, al servicio de una unidad indiscutible: de esa unidad permanente, de esa unidad irrevocable que se llama Patria".
     ¿Qué quiere la Falange?
     "He aquí lo que exige nuestro sentido total de la Patria y del Estado que ha de servirla:
     "Que todos los pueblos de España, por diversos que sean, se sientan armonizados en una irrevocable unidad de destino...
     "Queremos que España recobre resueltamente el sentido universal de su cultura y de su historia...
     "Queremos menos palabrería liberal y más respeto a la libertad profunda del hombre. Porque sólo se respeta la libertad del hombre cuando se le estima, como nosotros le estimamos, portador de valores eternos; cuando se le estima envoltura corporal de un alma que es capaz de salvarse y de condenarse. Sólo cuando al hombre se le considera así, se puede decir que se respeta de veras su libertad, y más todavía si esa libertad se conjuga como nosotros pretendemos, en un sistema de autoridad, de jerarquía y de orden...
     "Queremos que no se canten derechos individuales de los que no pueden cumplirse nunca en casa de los famélicos, sino que se dé a todo hombre, a todo miembro de la comunidad política, por el hecho de serlo, la manera de ganarse con su trabajo una vida humana, justa y digna".
     ''En una comunidad tal como la que nosotros apetecemos, sépase desde ahora, no debe haber convidados ni debe haber zánganos"...
     ''Queremos que el espíritu religioso, clave de los mejores arcos de nuestra Historia, sea respetado y amparado como merece, sin que por esto el Estado se inmiscuya en funciones que no le son propias; ni comparta —como lo hacía tal vez por otros intereses que los de la verdadera religión—, funciones que sí le corresponde realizar por sí mismo".
     Tras de enumerar estos magníficos objetivos, concluye, con su radiosa valentía habitual, José Antonio:
     "Pero nuestro movimiento no estaría del todo entendido si se creyera que es una manera de pensar tan sólo; no es una manera de pensar: es una manera de ser...
     "Tenemos que adoptar, ante la vida entera, en cada uno de nuestros actos, una actitud humana, profunda y completa. Esa actitud es el espíritu de servicio y de sacrificio, el sentido ascético y militar de la vida.
     "Así, pues, no imagine nadie que aquí se recluta para ofrecer prebendas; no imagine nadie que aquí nos reunimos para defender privilegios. Yo quisiera que este micrófono que tengo delante llevara mi voz hasta los últimos rincones de los hogares obreros, para decirles: sí, nosotros llevamos corbata; sí, de nosotros podréis decir que somos señoritos. Pero traemos el espíritu de lucha precisamente por aquello que no nos interesa como señoritos; y venimos a luchar porque a muchos de nuestras clases se les impon- gan sacrificios duros y justos, y venimos a luchar porque un Estado totalitario alcance con sus bienes lo mismo a los poderosos que a los humildes".
     Patente está que lo de "Estado totalitario" tiene aquí una acepción generosa —hermanada con la libertad y la justicia—, sin el más leve parentesco con la deificación del Estado.

FRANCO Y LA DEMOCRACIA
     Rebuscando en las declaraciones de Franco para hallar alguna en que salga a relucir la palabreja que estudiamos, encuentro (octubre de 1936):
     "España se organizará dentro de un amplio concepto totalitario, a través de aquellas instituciones naturales que aseguren su nacionalidad, unidad y continuidad".
     Bien se advierte el sentido, coincidente con el de citas anteriores. Y lo comprueba el contexto.
     Respetándose las "instituciones naturales" —primera cosa que incomoda a los déspotas—, se quiere un régimen "en cuyo armonioso funcionamiento han de desenvolverse todas las capacidades y energías de la Patria". Aquí está la preocupación de totalidad, alerta, asimismo, ante los amagos separatistas:
     "La personalidad de las regiones será respetada en sus peculiaridades, respondiendo a la vieja tradición nacional en sus momentos de máximo esplendor, pero sin que ello suponga merma o menoscabo de la más absoluta unidad nacional".
     Pero dentro de este "concepto totalitario", de unión y continuidad hispánica, habrá “amplias libertades" para "asociaciones e individuos'', y la democracia asegurará su célula más genuino: "El municipio español, de abolengo histórico, se revestirá de todo el vigor que precisa para el cumplimiento de su misión celular como entidad pública".
     Y además:
     "Fracasado el sufragio inorgánico, que se malversó, primero, por acción de los caciques nacionales y locales, y más tarde, por la opresión tiránica del sindicato puesto al servicio de intereses políticos, la voluntad nacional se manifestará oportunamente a través de aquellos órganos técnicos y corporaciones que, enraizados en la entraña misma del país, representen de manera auténtica sus ideales y necesidades".
     No se desdeña, sino se estima y respeta, la voluntad nacional: por eso se quiere que su expresión sea autenticidad y no farsa.
     Por eso decía el Generalísimo, en el segundo aniversario de su jefatura (octubre de 1938):
     "Clara y terminante es nuestra doctrina, pero carecería de valor si no estuviera avalada por el pueblo y refrendada por una juventud heroica que la siente y la mantiene... Esta doctrina nacional no es caprichosa. Otras veces dije que es la esencia de nuestras tradiciones, el sentido espiritual de nuestra historia y la concepción católica de la reforma social, que anidan en los corazones de toda nuestra España''.
     Doctrina, pues, no caprichosa ni importada ni impuesta, sino brotada de los limpios hontanares de la estirpe, "avalada por el pueblo'' y viviente en los corazones hispanos.
     Porque Franco —lo dijo en otra ocasión— quiere "un Estado para el pueblo, no un pueblo para el Estado''.
     Todo lo cual concuerda con la declaración hecha por el propio Generalísimo en entrevista para "La Prensa", de Buenos Aires—, de su rotunda confianza en que los pueblos de América, superadas posibles incomprensiones del momento, verán en el ejemplo español "cómo se llega a la verdadera democracia sin verbalismos engañosos y sin explotación de ruines".
     "Verdadera democracia": he aquí este ideal, proclamado a boca llena por Franco. No le tiene él miedo ni aversión a la profanada palabra.
     Verdadera democracia: que no se identifica claro está con el mero sufragio inorgánico ni con cualquiera otra fórmula externa o mendaz, sino con el aliento profundo, humano, cristianísimo e hispanísimo que respeta la dignidad de la persona, escucha y sirve al pueblo, impulsa la integral elevación de las postergadas mayorías, y busca y facilita la colaboración de todos en la empresa del bien común.

CONCLUSIÓN
     Queda evidente e indiscutible para toda persona de capacidad y buena fe; que cuando en la España Nueva se habla de totalitarismo, no se entiende ni aplaude con ello ningún género de opresión, absolutismo o esta-dolatría.
     Yo deploro y evito en lo que alcanzo, y querría que todos evitaran—, el uso de palabras que se presten a confusión o equívoco; pero hay que examinar honradamente lo que de veras quiere significarse, y no irse a ciegas tras el puro ruido del vocablo.
     La reprobación, en suma, para el totalitarismo reprobable, no alcanza, ni en la doctrina ni en la práctica, al nuevo Estado español.
Creerlo totalitario, en el mal sentido que habitualmente se da al término, es un error totalitario.
Octubre de 1939.
Alfonso Junco
EL DIFICIL PARAISO

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