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martes, 12 de noviembre de 2019

Estado de emergencia: afianzado en cemento… o, después de todo, Extra Ecclesiam salus est? por Eberhard Heller


Comentario de San Agustín a Juan 15, 4-7:  «Porque aquel que opina que puede dar fruto por sí mismo, ciertamente no está en la vid: el que no está en la vid no está en Cristo, y el que no está en Cristo no es cristiano» (San Agustín, in Ioannem tract., 81).
Observación preliminar 
 
En el último cuaderno había anunciado que me detendría de nuevo en la situación específicamente eclesiástica que ha resultado a causa de la sedevacancia, y que indicaría soluciones para resolver esta crisis. Hay que considerar también posibles deficiencias teológicas. 
 
Favorecida por las circunstancias externas, para muchos creyentes y clérigos que, al menos, se hacen pasar por sedevacantes convencidos, la situación se presenta hoy de modo que sólo podría emprenderse lo que se da en llamar medidas de emergencia para satisfacer las obligaciones pastorales que todo sacerdote tiene. A causa del desastre general, ya no puede garantizarse una vida eclesiástica normal… y añado, para llevar a su final este razonamiento: tampoco se la puede reconstruir. Parece haberse olvidado que un clérigo, en general, sólo puede actuar como sacerdote, es decir administrar sacramentos y proclamar los contenidos de la fe, por encargo de la Iglesia y encomendado concretamente por ella. Si se olvida esta conexión entre mandato y autorización de actividades sacerdotales, y se insiste sólo en el estado de emergencia (que no cabe negar), todo clérigo se arroga  la decisión de lo que en la situación respectiva haya que hacer o lo que haya que enseñar. (Un ejemplo craso de proclamación solitaria de la doctrina lo dejé caer en mis últimos “Comunicados de la redacción“.) 
 
No necesito enfatizar expresamente que obstinarse en tales “resoluciones solitarias“, por una parte, encierra en sí enormes riesgos de decisiones teológicas equivocadas y de arrogarse una autoridad que falta. El caso de Pivarunas, que se ha arrogado sin escrúpulos incluso derechos papales, lo muestra más que claramente (cfr. EINSICHT XXXIV/4 de abril 2004, p. 122 ss.). Por otra parte, significa perder de vista la referencia con la Iglesia, que es quien encomienda, y con su autoridad, y éste es el punto que más pesa: soltarse de la sociedad eclesiástica para degenerar así en sectarismo. Si quiere evitarse ello, entonces hay que empezar finalmente a ocuparse del problema de la restitución de la Iglesia como institución de salvación, y ponerse en activo en su realización concreta mediante la reconstrucción de estructuras e instituciones eclesiales… ¡prioritariamente! 
 
De muchos modos he señalado ya este contexto, así como la urgencia de la realización de estas medidas, y he exhortado con toda premura a llevarlas a cabo. Lo vuelvo a intentar, ya que, al parecer, ciertas circunstancias no se entendieron o fueron malinterpretadas. Para una comprensión más fácil, trato de mostrar estos problemas en conexión con su surgimiento concreto. 
 
Necesidad de la restitución 

 
La necesidad de ocuparse de la restitución de la Iglesia como institución de salvación, comenzó en el momento en que se hizo claro que, las llamadas reformas tras el Vaticano II, eran en realidad falseamientos dogmáticos de la doctrina de Cristo y de la Iglesia, y que el promulgador Pablo VI se daba a conocer con ello ipso facto como hereje. Porque, además, la parte predominante del episcopado, pero también del clero con la mayor parte de los creyentes, aprobaron en el tiempo posterior estas decisiones, la Iglesia estaba en peligro de perder no sólo su autoridad y sus estructuras institucionales, sino también su visibilidad. 
 
Trato de mostrar este proceso de aquella época desde el punto de vista de un creyente que intentaba responder a sus habituales deberes religiosos, en lo que, inicialmente, se trataba entre otras cosas de si y de cómo podía demostrarse y documentarse la pertenencia a la verdadera Iglesia y a su apoyo. (Nota bene: a través de nuestra revista, aconsejamos a los creyentes en Alemania, que, al fin y al cabo, en calidad de cristianos católico romanos trabajadores tienen que pagar impuestos eclesiásticos obligados, salirse de la sociedad de impuestos, Iglesia católico-romana“, pero no de la sociedad eclesiástica, y hacer llegar los impuestos eclesiásticos pagables a los sacerdotes vinculados a la tradición, es decir, sacerdotes que aún celebraban la misa antigua“. 
Criterios para la verdadera pertenencia a la Iglesia 
 
Pero como la situación se siguió desarrollando rápidamente y cada vez se hizo más claro que no se trataba de una disputa de ritos, sino de una revolución general contra la Iglesia, partiendo de arriba, también se hizo cada vez más claro que el criterio de la “antigua misa“ no podía bastar para mostrar las condiciones que definían la pertenencia a la Iglesia verdadera con una claridad suficiente. En la respuesta a la carta de un lector expuse sobre ello lo siguiente -aquí brevemente resumido (cfr. EINSICHT XXVIII, Nr. 3. agosto 1998, pp. 69 ss.)–: 
 
„A la pregunta de a quién se debe pagar impuestos eclesiásticos –el deber de pagar impuestos eclesiásticos vale en la forma tal como se regula en Alemania, no en todas partes– se puede responder teóricamente de modo claro e inequívoco: a la Iglesia fundada por Cristo. En el nivel de la aplicación, es decir, del enjuiciamiento de dónde, pues, puede hallarse hoy esta Iglesia que está autorizada a exigir legítimamente estos impuestos, resultan sin embargo muchas dificultades. 
 
Con toda seguridad, la llamada “Iglesia conciliar“ no puede reivindicar la determinación de ser la Iglesia fundada por Cristo. Por qué, lo hemos expuesto una y otra vez: aunque, tras la aprobación del nuevo CIC, es una comunidad de fe totalmente consolidada con una estructura clara, también social, que posee muchos rasgos de la Iglesia verdadera, sin embargo no tiene nada decisivo: ha perdido la fe verdadera, los sacramentos válidos, la moral cristiana, pronto también la sucesión apostólica, y desde hace ya tiempo el mandato de Cristo. En relación con el problema de la sede apostólica vacante, Su Eminencia Dr. Katzer (+) había aducido los criterios de cuándo la silla de Pedro está vacante: en el caso de herejía o apostasía y en el caso de la muerte física de un Papa. En relación con la herejía, Katzer hablaba también de “muerte espiritual“ (a diferencia de la física). La “Iglesia conciliar“ está en cierta manera espiritualmente muerta […] y este cadáver, pese a todos los esfuerzos, no podemos resucitarlo. […] A un cadáver sólo se le puede enterrar. (Aunque es posible que un grupo mermado, pero sano, pueda volver a integrar “células“ aisladas que sólo están infectadas pero no muertas, que, por así decirlo, han llevado a cabo una conservación de vuelta a la vida, y deberíamos rezar por ello.) 
 
[…] En la historia de la Iglesia, se llegó con frecuencia a la apostasía de Iglesias parciales: con Arrio en el siglo IV, en Inglaterra con Enrique VIII, en Alemania con las reformas de Lutero. Pero, al mismo tiempo, la Iglesia era muy activa en otras partes, ofrecía una resistencia enérgica contra apostasías tales. Pero lo decisivo era que en todas estas crisis la jerarquía permanecía por lo general intacta. (E incluso Roma vivió a mitades del siglo III el «Cisma novaciano“.) Pero una apostasía en estas dimensiones, cuyos testigos hemos venido a ser nosotros hoy, jamás la hubo en la historia de la Iglesia. Excede la imaginación de muchos creyentes, no puede ser lo que uno no puede imaginarse o no quiere imaginarse. […] 
 
Aun cuando se ha hecho claro que no hemos de pagar impuestos eclesiásticos a la “Iglesia conciliar“, motivo por el cual tenemos que salir de la sociedad de impuestos “Iglesia católico-romana. –¡no de la comunidad eclesiástica!–, sin embargo estamos obligados a apoyar económicamente a la Iglesia y a sus servidores. ¿Pero dónde está ella, la Iglesia, quién la sirve? (Nota bene: por desgracia, la “Iglesia conciliar“ puede seguir llevando en Alemania el título de “Iglesia católico-romana“, que está protegido por el derecho onomástico, aunque el nombre propiamente nos correspondería a nosotros, que representamos a la verdadera Iglesia y queremos seguir continuándola.) […] 
 
Antes, suponíamos ingenuamente que sacerdotes que leen la antigua misa, también son o quieren ser miembros de la Iglesia verdadera, y que también poseen la actitud correcta en cuanto a su decisión: ya simplemente porque proceden contra las reformas y las rechazan. Los que se habían salido de la sociedad de impuestos “Iglesia católico-romana“ hacían llegar sus impuestos eclesiásticos a estos sacerdotes. Desde el punto de vista actual, es decir, desde el conocimiento de que las reformas no fueron un “accidente“ teológico, sino una remodelación consciente en una “Iglesia“ distinta, y que los enemigos de las reformas tenían que acostumbrarse a pensar en una reconstrucción de la Iglesia, en su restitución como institución de salvación, el criterio de “vieja misa“ ya no es suficiente. Menciono sólo a aquellos clérigos que prestan el llamado “servicio al cliente“: leer, según se desee, ora la “nueva misa“; ora la “vieja misa“. Es seguro que ellos no forman parte de nosotros en las filas de los sedevacantistas. Asimismo, tampoco aquellos que leen la “misa de indulto“ por encargo de la “Iglesia“, o que, aunque son permanentemente “desobedientes“, reconocen a Monseñor Wojtyla [Nota de Sededelasabiduria: hoy a Ratzinger o a Bergoglio] como Santo Padre, por ejemplo los econistas, los des-laurieristas en Savoya di Verrua, es decir, el grupo en torno a la revista “Sodalitium“.  
 A su vez, otra corriente de sacerdotes tradicionalistas lee la vieja misa sin preocuparse de la legitimación ni del problema de la falta de mandato eclesiástico. La pregunta por la autorización es justificada por ellos simplemente con el concepto difuso de una situación general de emergencia, con lo que están siguiendo más bien fines sectarios. 
 
¿Quién queda entonces todavía? ¿Qué sacerdotes pueden considerarse miembros y representantes de la Iglesia verdadera, que tienen derecho a nuestro apoyo económico (impuesto eclesiástico)? 
Son aquellos: 
– que trabajan por la restitución de la Iglesia, es decir, cuyos esfuerzos van más allá de la simple administración de sacramentos. 
– que son conscientes de que los sacramentos sólo pueden administrarse por mandato de la Iglesia, y que justifican (que pueden justificar) de modo correspondiente su intervención
– que tratan de resolver el actual dilema de la jerarquía
– que tienen contacto con las otras comunidades eclesiásticas. 
– que están dispuestos a someterse a una jerarquía restituida. […] 
P.S. Evidentemente que, este paso de separarse formalmente de la “Iglesia conciliar“, también tienen que darlo aquellos que no tienen que pagar el impuesto eclesiástico, para mostrar que han seguido siendo ortodoxos y que no quieren ser miembros de esta sociedad eclesiástica reformista.“ 
 
Aplicación de estos criterios 

 
Estos criterios, que expusimos hace seis años, de una acción sacerdotal legítima bajo las circunstancias dadas, no han perdido nada de actualidad y también hoy pueden seguir aplicándose así. 
 
Las dificultades residen en la realización de estos postulados. ¿Cómo puede reconstruirse una Iglesia cuyas estructuras visibles, y junto con éstas, su autoridad para los poderes plenos, no sólo de mandatos pastorales a obispos y sacerdotes, o a los creyentes para someterse a este clero, sino también la base para la reconstrucción, están rotas? Con la falta de autoridad y la falta de mandato, ¿hay que refrenar entonces la intervención pastoral de los sacerdotes? ¿Han de esperar a intervenir hasta que –según las ideas del fallecido obispo Des Lauriers– el “Papa materialiter“[ Bergoglio, hoy], merced a su “conversión“, se haya transformado de nuevo en un “Papa formaliter“, el cual luego –según la idea de Des Lauriers–, en calidad de Papa legítimo, también podría volver a asignar mandatos? Así pues, como no tienen mandato, ¿deben interrumpir por completo sus actividades como pastores, como exige toda una serie de legalistas que sólo miran con malestar y rechazo a las actividades sectarias en torno de ellos? ¿Cómo se puede evitar entonces el dilema entre obligación pastoral del sacerdote y la falta de mandato? 
 
Una nueva declaración 
 
El Padre Krier, el Sr. Jerrentrup y yo, en nuestra Declaración de febrero de 2000, que enlaza con la DECLARATIO de Su Eminencia el Monseñor Pierre Martin Ngô-dinh-Thuc del 25 de febrero de 1982, trata de mostrar una solución, sabiendo que en toda la historia de la Iglesia no ha habido una situación comparable que muestre un grado semejante de destrucción y de desorden. 
 
A causa de insuficiencias personales, justamente también entre los obispos a quienes se confió este mandato, y a causa también de una tendencia registrable a nivel mundial de reducir la Iglesia como institución sagrada a un mero negocio de administración sacramental, existe el peligro de que los miembros de la verdadera Iglesia católica deriven hacia el sectarismoEsta tendencia sectarista trajo entre otras consecuencias la infiltración de “clérigos“ vagos, pero también su irresponsable integración en comunidades originalmente no sectarias, con lo cual en algunos casos se ha planteado la macabra situación de que la “antigua misa“ válida es leída por “sacerdotes“ consagrados de modo inválido. Con este desarrollo global, el mandato original de Monseñor Thuc se habría trocado en su opuesto, y, dicho en términos humanos, se habría sellado el hundimiento de la Iglesia que Cristo fundó como institución sagrada. 
 
Para poner término a este desarrollo fallido y para colaborar en la reconstrucción de la Iglesia como institución sagrada, declaro lo siguiente: 
La Iglesia, según la definición del Doctor de la Iglesia Bellarmino, es “la comunidad de todos los creyentes que, confesando la misma fe y participando de los mismos sacramentos, están unidos bajo la guía de los pastores ordenados y en especial del representante único de Cristo en la tierra, el Papa romano (De eccles. milit., c. 2). Esta comunidad concierne de modo particular a los obispos y sacerdotes: Para que el mismo episcopado sea uno e indiviso y para que, bajo los sacerdotes estrechamente unidos entre sí, se guarde a la totalidad de los creyentes en la unidad de la fe y de la comunidad, poniendo a San Pedro a la cabeza de los demás apóstoles, instauró en él un principio duradero de esta […] unidad.“ (Concilio Vaticano, constitución Pastor aeternus, DS 3051). Pero también los creyentes tienen que estar unidos entre sí: „[…] la Iglesia [tiene que] llamarse un cuerpo sobre todo porque crece conjuntamente a partir de una mezcla y unión acertada y coherente de partes, y porque está provista de diversos miembros que están en armonía recíproca.“ ) Pío XII, encíclica Mystici corporis, 29 de junio de 1943, DS 3800). Con ello se quiere decir que uno de los criterios de la pertenencia a la Iglesia es también la intención de fomentar la comunidad de los creyentes entre sí. Esta unidad universal también tiene que mostrarse hacia afuera de modo visible: “De ahí se sigue que se encuentran en un error grande e igualmente fatal quienes se representan y proyectan la Iglesia conforme a sus propios propósitos como si fuera algo oculto y no visible […]“ (León XIII, encíclica Satis cognitum, 29 de junio de 1896, DS 3301). 
 Con la apostasía de la jerarquía tras el Vaticano II, que Monseñor Thuc documentó en su “Declaratio“, la Iglesia como institución sagrada visible se ha desmembrado gravemente. Ya no existe una “comunidad visible de todos los creyentes“, aun cuando por todo el mundo sigue habiendo comunidades y grupos que profesan la verdadera fe. 
 
Pero Cristo fundó la Iglesia como institución sagrada –y no sólo como mera comunidad de fe– para custodiar de modo garantizado la transmisión segura de su doctrina y sus medios de salvación. Por consiguiente, 
la reconstrucción de la Iglesia como institución sagrada es exigida por la voluntad de su fundador divino. 
 
Con la restitución de la Iglesia como institución sagrada visible se corresponden: 
– Asegurar los medios de gracia. 
– Custodiar y transmitir la doctrina de la Iglesia. 
– Asegurar la sucesión apostólica. 
– Restablecer la comunidad de los creyentes en un nivel regional, suprarregional y en el nivel global de la Iglesia. 
– Restitución de la jerarquía. 

– Restablecer la silla papal (como principio de unidad). 
 
Pero aquí surge un dilema. Por un lado falta por ahora la jurisdicción eclesiástica necesaria para el cumplimiento de estas tareas, puesto que la jerarquía ha apostatado, mientras que por otro lado el cumplimiento de estas tareas es el presupuesto necesario justamente para el restablecimiento de esta autoridad eclesiástica. Pero el restablecimiento de la autoridad eclesiástica es exigido por la voluntad de salvación de Cristo. En mi opinión, el dilema sólo puede resolverse si todas las actividades precedentes quedan bajo la reserva de una legitimación posterior y definitiva a través de la jerarquía restablecida
. Con ello, la celebración de la misa y la administración de los sacramentos, por ejemplo, entre tanto sólo pueden justificarse si se consideran bajo el aspecto de la restitución global de la Iglesia como institución sagrada y se someten al enjuiciamiento posterior a cargo de la autoridad restablecida y legítima [ al Papa]. 
 
La administración y la recepción de los sacramentos (incluida la celebración y la visita de la Santa Misa), al margen de su validez sacramental, no estarían por tanto autorizadas si se realizaran sin referencia a esta justificación que es la única posible. 
 
Desde estas consideraciones, y bajo las circunstancias dadas, puede definirse ya la pertenencia a la Iglesia verdadera como el cuerpo místico de Cristo. Los cuatro criterios que Pío XII expuso en la encíclica Mystici corporis“:  
1) Recepción del bautismo,  
2) Confesión de la fe verdadera,  
3) Sometimiento a la autoridad eclesiástica legítima, y  
4) Estar libre de penitencias graves (DS 3802), tienen que modificarse en el punto 3) en el sentido de que, debido a la falta de la autoridad eclesiástica legítima, los esfuerzos para la restitución de la autoridad eclesiástica (es decir, hasta su reconstrucción completa) ha de valer provisionalmente como criterio sustitutivo.“ 
 Solución del dilema 
 
Así pues, el dilema indicado entre falta de mandato –dejo aquí sin tratar que hay o que podría haber aún diversos clérigos viejos que aún podrían apelar a un mandato legítimo bajo Pío XII– y el cumplimiento de la voluntad de Cristo, a nuestro parecer, sólo puede resolverse si en y durante el proceso de restitución, la autoridad que (todavía) falta sea anticipada hasta que haya vuelto a ser instalada, para luego hacer legitimar por ella este modo de proceder. Es decir, todas las medidas concretas de reconstrucción quedarían entre tanto bajo una reserva de legitimación, ya que, sólo mediante la consecución del restablecimiento de la autoridad, es decir, con la elección de un nuevo Papa, tendrían que ser bendecidas por aquélla como proceso global, y reconocidas como legítimas. 

 
  
Problemas especiales de realización en la reconstrucción 

 
Como un obstáculo especial se consideró la insistencia en una elección Papal. Pero la declaración de sedevacancia sólo tiene sentido si con ella se enlaza la intención de volver a ocupar la silla vacante. Aun cuando las preguntas teológicas y los problemas de aplicación aún no han sido suficientemente discutidos a fondo, sin embargo debería ser claro que la elección Papal, al menos, tiene que plantearse como exigencia. Obedece sólo a la continuación del mandato de Cristo que la Cathedra Pedro tiene que (debe) volver a ser ocupada, aun cuando el cómo aún no ha sido aclarado del todo. Al menos tenemos un modelo según el cual podría producirse una reconstrucción. Aun cuando hasta ahora no se han respondido del todo todas las preguntas, una realización podría haber tenido lugar hace tiempo, puesto que la finalidad –la plena restitución de la autoridad, la construcción de estructuras eclesiásticas en los niveles de la comunidad, la diócesis, la Iglesia mundial– está claramente perfilada. 
 
La descripción de la situación concreta 

 
Pues bien, ¿qué aspecto ofrece la realidad? ¿Se perfilan esfuerzos reconocibles por conseguir este fin, es decir, la reconstrucción de la Iglesia? ¿Cómo se presenta predominantemente con vistas a la situación actual la conducta de los sacerdotes que pretenden trabajar para la verdadera Iglesia católico-romana, o que apelan a llevar a cabo en su nombre una práctica pastoral? 
 
Comencemos con nuestra investigación en los países de habla alemana, pues es donde la mayoría de los lectores pueden ver y valorar mejor la situación. Al margen de diversos clérigos que, como vagos, van de un lugar a otro para leer la misa en instalaciones privadas aisladas –en este círculo se encuentran a menudo los ex-econistas ( ex lefebvristas)–, y que, por así decirlo, ofrecen un servicio sacramental al cliente como “Yo Sociedad Anónima“, hay diversos centros de misas que se pueden considerar ya como instalaciones comunitarias y que son llevadas por clérigos, aunque su trabajo se limita en lo esencial a la lectura de la Santa Misa. La pastoral y la catequesis se escriben más bien “con minúscula“. La mayoría de las veces, estos clérigos no hablan entre sí. ¿Intercambio y aconsejamiento recíproco? ¡Resultado negativo! Pregunten ustedes, queridos lectores, a “su“ sacerdote. Sus contactos se limitan al intercambio de funciones sacerdotales o a aplicar poderes plenos sacerdotales, casi siempre episcopales, para hacer administrar la confirmación o escuchar confesiones. 
 
La fusión de los centros de misas y de los creyentes que se reúnen en ellos bajo la guía de los clérigos que los conducen en el sentido de una comunidad de salvación eclesiásticamente estructurada, no sólo no se realiza, sino que ni siquiera se intenta. Demostración: después de más de 35 años de “estado de emergencia“, en Alemania y en los países y regiones limítrofes de habla alemana no hay ni una congregación de clérigos ni una fusión de creyentes guiada por ésta. (Nota bene: aun cuando nosotros no compartimos la posición de Econe [ lefebvrismo], que reduce la lucha eclesiástica a una disputa de ritos, una cosa hay que reconocer a los econistas: que por vía de disciplina se han construido a nivel mundial un sistema de centros con un trabajo comunitario que funciona.
 
El estado de emergencia, que en su momento lo hubo realmente, se declara caso normal y se estiliza como tal, para abusar de él como coartada para particularismos pastoralesCon todos los peligros que resultan de ello: errores en la liturgia, en la interpretación de determinados contenidos doctrinales –cfr. los pasajes correspondientes en los ”Comunicados de la redacción“ del número de noviembre–, arrogancia de derechos, excedencia de las competencias, pero también actitudes fallidas en la disciplina: estoy pensando en la tristemente célebre orden sobre vestimentas en algunas comunidades, que aún tiene preferencia sobre la aclaración de convicciones dogmáticas fundamentales. Además hay expulsiones de la Iglesia que se ha declarado como casa de Dios católico-romana, sin que el sacerdote responsable tuviera para ello ningunos poderes plenos jurisdiccionales. 
 
A mi modo de ver, en otros países y continentes sucede de modo similar. En Italia, el grupo en torno a Abbé Ricossa hace que la pertenencia a su comunidad dependa de la aprobación de la teoría del „Papa materialiter, non formaliter“, que, como se puede demostrar, es absurda y teológicamente insostenible. En los Estados Unidos, aunque el obispo Pivarunas tenga tantos sacerdotes “bajo sí“, como él mismo escribe, sin embargo, en esta subordinación, no se trata de la reconstrucción de estructuras eclesiásticas, sino de puras relaciones de poder, pues Pivarunas sólo se ve en competencia con la „Hermandad sacerdotal“ de los econistas.  

Las situaciones precarias y las actitudes o posturas fallidas que hemos mostrado, pueden reducirse a dos puntos decisivos: 
1- El encapsulamiento y aislamiento de los otros miembros de la Iglesia (restante) –desde el punto de vista de los que llevan los centros de misas: limitación a la clientela dada (apostolado: una palabra desconocida)–, según el lema: “cada uno para sí y Dios para todos nosotros“; 
2- Al rechazo voluntario de la reconstrucción de la Iglesia como institución de salvación y comunidad de salvación
 (comunidad eclesiástica). 

Falta de voluntad para formar comunidades  ¿Cómo hay que juzgar estas posturas desde la fe católica? ¿Son legítimas? 
Por cuanto respecta al encapsulamiento y el escudamiento, la Iglesia se ha pronunciado inequívocamente. Excepto en los tiempos de la persecución, cuando esto era impedido por circunstancias externas, los creyentes no deben construirse “catacumbas“ para esconderse, sino que tienen que estar vinculados entre sí:  “La Iglesia [tiene que] llamarse un cuerpo, sobre todo por el motivo de que crece conjuntamente a partir de una mezcla y enlace correcto y concordante de miembros, y está provista de miembros diversos en consonancia.“ (Pío XII, Encíclica Mystici corporis, 29 de junio de 1943, DS 3800). Con ello se quiere decir que entre los criterios de la pertenencia a la Iglesia se encuentra también la intención de fomentar mutuamente la comunidad de los creyentes. Esta unidad omnilateral también tiene que hacerse visible hacia fuera:  “De ahí se sigue que se encuentran en un error grande e igual de perjudicial quienes se representan y proyectan la Iglesia según su propio albedrío, por así decirlo, como oculta y en modo alguno visible.“ (León XIII, Encíclica Satis cognitum del 29 de junio de 1896, DS 3301.) 
 
Concepto protestante de Iglesia 

 
El rechazo de la reconstrucción eclesiástica, y vinculado con ello el rechazo y el desinterés por la Iglesia como institución de salvación, corresponde al concepto de Iglesia del protestantismo. Pues según la doctrina católica, la Iglesia es la institución de salvación que constituye una  “comunidad misteriosa de gracia con Cristo como cabeza“ (cfr. Heribert Holzapfel: Katholisch und Protestantisch. Eine leidenschaftliche Klarstellung, Friburgo de Brisgovia 1931, p. 30), por lo que Pío XII habla de la Iglesia como un  “cuerpo místico de Cristo“ (cfr. también su Encíclica Mystici Corporis del 29 de junio de 1943). Por eso San Pablo puede expresar también la exigencia:  “un Señor, una fe, un bautismo“ (Ef. 4, 4). Y en Juan se dice que los discípulos de Cristo  “han de ser uno con él [con Cristo], así como él es uno con el Padre“ (Jn. 17, 11). Por eso, el desgarramiento de la unidad o el desinterés por buscarla de nuevo una vez que se ha perdido, significa una inobservancia de la voluntad expresa de Cristo. Esta unidad interna la causa, entre otras cosas, que la Iglesia esté dotada de medios de gracia (sacramentos), que Cristo aplicó y cuya transmisión institucionalizó objetivamente, por lo cual la Iglesia no sólo existe como Iglesia espiritual, sino también como comunidad visible. A la comunidad interna de gracia se le suma la organización visible, para mantener cohesionado este  “cuerpo místico“. Ambos momentos se condicionan mutuamente. La visibilidad de la Iglesia está fundamentada en última instancia en la encarnación del propio Cristo, que ha venido como hombre para entrar en contacto concreto con nosotros los hombres y sellar de nuevo con nosotros la Nueva Alianza. 
 
En oposición a ello, el concepto protestante de Iglesia se basa en la idea de que la Iglesia no es una institución de salvación, sino una comunidad de ideas comunes de fe. Por eso, según la comprensión protestante, la Iglesia es  “objeto de la fe“ („Apostolicum“), a lo que se suman ciertos signos externos, sensiblemente perceptibles, que reciben una acuñación diversa de las diversas comunidades. Por ejemplo, para el protestantismo luterano, del acuñamiento visible forma parte: 
–la doctrina de los Evangelios; 
– la administración de los sacramentos que les corresponde. 
 
El protestantismo reformatorio (Calvino) conoce aún un tercer momento: la  “disciplina“. Con ello, Calvino dotó a su iglesia de una organización junto con un orden disciplinario. 
 
Los anglicanos dan aún otro paso: transfieren la administración de los sacramentos y la dirección de la doctrina a los obispos (cfr. H. Holzapfel, op. cit. pp. 49 ss.) Pero el orden eclesiástico externo no se basa en su institucionalización a cargo de Cristo, sino en la prescripción humana, para la que se reivindica fundamentalmente libertad para sus formas. (Sobre la definición del concepto protestante de iglesia, cfr. J. Kunze: Symbolik, Leipzig 1922; asimismo, Ph. Bachmann: Unterricht in der christlichen Religion, Leipzig 1927.) 
 
En el rechazo de la Iglesia como institución sagrada con sus estructuras claramente definidas –motivo por el cual también se habla de la Iglesia como societas perfecta–, 
nuestros clérigos, que igualmente rechazan la institución, en tanto que se niegan a reconstruirla, nolens volens se aproximan al concepto protestante de Iglesia. Con ello, su obrar obtiene una dimensión dogmáticamente valorable que ya no puede ocultarse detrás de algún tipo de situaciones forzosas. 
 
¿“Sine Ecclesia salus est“? 

 
Pero esta negativa a volver a construir la Iglesia, contiene aún otra grave actitud fallida: invierte el axioma de San Cipriano  “extra Ecclesiam nulla salus est“,  “fuera de la Iglesia no hay salvación“, en su contrario:  “extra Ecclesiam salus est“, o más concretamente:  “sine Ecclesia salus est“,  “salvación también sin Iglesia“, en lo que los jóvenes clérigos quieren apoyar su acción pastoral. Tales esfuerzos están condenados al fracaso
 
Apelación final 

 
Ya es tiempo de volver a abordar las medidas que el fallecido obispo Carmona (recuerde el el lector que el artículo es de hace 19 años) introdujo para el establecimiento de la unidad eclesiástica.


martes, 29 de octubre de 2019

Habemus Papam? Tomado del blog "sededelasabiduria.es"

LA ESCALERA EN EL ÁRBOL EQUIVOCADO
             
             Aunque no tenemos muchos lectores, queremos disculparnos ante ellos por haber tenido esta web sin actividad durante 28 días. La razón ha sido que carecíamos de internet hasta el pasado día 25, debido a que hemos trasladado nuestra sede a un sitio rural, que se está convirtiendo en un convento-seminario y casa de ejercicios espirituales. Reanudamos hoy nuestra actividad en la web, gracias a Dios, con un tema de actualidad: la elección del hereje Viganò como falso papa por el Patriarcado “Católico” Bizantino.

            Había una vez un grupo de hombres que llevaban 61 días hambrientos perdidos en un páramo en el que había dos árboles; el primero era más alto y tenía unas pocas frutas, mientras que del segundo pendían numerosas frutas rebosantes de color con una apariencia muy apetitosa. Los dos árboles eran muy altos, con un largo tronco desprovistos de ramas, por lo que les era imposible esquilar hasta éstas sin una escalera. Discutieron las alternativas posibles y dieron con las dos siguientes: La primera esperar hasta que las frutas se desprendieran de los pedúnculos y cayeran al suelo, con lo cual podrían saciar con facilidad la flaqueza que sentían en sus estómagos. La segunda fabricar una escalera y subir a ellos. Luego de reflexionar cuál de las dos sería más apropiada prefirieron la primera, pero luego de pasar mucho tiempo, al ver que nada caía de los árboles, mientras el hambre aumentaba hasta hacer peligrar sus propias vidas, probaron con la segunda. Buscaron ramas y lianas para fabricar la escalera por todos lados, y luego de concluir su tosca fabricación y casi agotados  la pusieron sobre el árbol más bajo y que ofrecía frutas más atrayentes, deslumbrados por sus colores. Pero he aquí que al alcanzar la primera fruta comprobaron que sólo tenía brillo la parte que ellos observaban, y que la otra mitad estaba llena de gusanos; la fruta estaba enteramente podrida, aunque osaron comer de algunas pocas. Probaron con otras del mismo árbol y el resultado fue el mismo: no había ninguna fruta comestible, de manera que si trataban de saciar su hambre con ella morirían sin duda.
           
            Bajaron, pues, del árbol y trataron de subir al otro algo más alto, pero teniendo necesidad de una escalera más larga para alcanzar sus frutos, y necesitando para ello de más tiempo para alargar la que habían ya fabricado, les sobrevino en esa tarea la muerte por inanición y por infección de la fruta podrida.

            El modo de saciar el hambre acuciante fue correcto, pero..¡ Pusieron la escalera en el árbol equivocado¡, y esto último les causó la muerte.

            Este cuento ilustra sobre el recientemente conocido acto por el que el Patriarcado “Católico” Bizantino ha elegido como “papa” al “Arzobispo” Carlo Maria Viganò.

            Ciertamente no sólo el patriarcado tiene hambre de que haya un Papa en la Iglesia, sino que también algunos en la Iglesia Católica de rito latino  tenemos un inmenso anhelo de que se elija un Papa, porque una sociedad perfecta como la Iglesia no puede carecer de Cabeza ya que es indefectible.

            Sin embargo, habiendo elegido los obispos del patriarcado el camino correcto, o sea, elegir un Papa cuando la Sede de Pedro está vacante, pusieron la escalera en el árbol equivocado eligiendo a un hereje; fueron a buscar la fruta de moda, la más deslumbrante del momento. Porque por muy loable que sea el esfuerzo de Carlo Maria Viganò por denunciar la corrupción que haya en la secta conciliar, no deja él mismo de ser tan hereje como Bergoglio, Wojtila, Ratzinger o Montini ¿Acaso no ha secundado él mismo las herejías del Conciliábulo Vaticano II? ¿Acaso no ha suscrito él mismo todos los errores y doctrinas heterodoxas proclamadas por el “magisterio” postconciliar? ¿No es verdad que también Viganò celebra la “misa” novus ordo inválida que tanto ofende a Dios? ¿Es incierto que el mismo Viganò participa en actos ecuménicos con infieles, tal como han hecho los falsos papas últimos? ¿No se vé que hasta en sus propios argumentos para denunciar a los hermanos de su secta usa del Código de Derecho Canónico falso aprobado por Wojtyla en 1983? ¿Estamos tan ciegos que no se aprecia que en sus amarillistas manifiestos arguye con frases del magisterio herético?

            Aplaudimos haber hecho lo correcto, condenamos haber elegido a un hereje. Elogiamos haber usado la escalera- elegir al Papa en tiempo de Sede vacante- reprobamos haberla colocado en el árbol de frutos envenenados- elegir a un hereje-. ¡Una verdadera lástima! Nos parece aquel dicho de la fábula de Esopo que tanto se ha vulgarizado hasta en nuestro día, con el nombre del Parto de los Montes.

            No cabe duda, a tenor de la Bula Cum ex Apostolatus Officio del Papa Paulo IV, que esta elección hecha por el Patriarcado católico Bizantino en la persona de Viganò es inválida y nula de pleno derecho, no por el acto en sí, sino por el sujeto elegido.

            No podíamos esperar otra cosa de ese Patriarcado Bizantino, porque aunque tengan toda la razón en los anatemas lanzados contra Bergoglio, sobre ellos mismos penden varios anatemas; diremos sólo dos: el primero por haber rehabilitado al hereje condenado por la Iglesia Católica, Juan Hus (+1415), un precedente de la reforma luterana; y no sólo lo rehabilitararon, sino que también, llenos de un osadía cuasi diabólica, lo “canonizaron”. El segundo es porque este Patriarcado reconoce como válida la nueva “misa” protestante del Novus Ordo, que ha hecho que tantos católicos hayan perdido la fe.

            Condenamos, pues, haber probado la fruta llena de gusanos, rehabilitando y canonizando a Juan Hus y reconociendo la validez de una “misa” que ofende a Nuestro Señor Jesucristo. Condenamos haberse desviado del magisterio de la Iglesia eligiendo a un hereje de titulares de portadas.

            No obstante, aprobamos no haberse quedado esperando a que la fruta cayera del árbol, luego de más de 61 años de hambre desde la muerte del último papa católico: Pío XII. En eso no quisieron seguir la suerte de otros que esperan temerariamente un milagro del cielo, para que Cristo, La Virgen María, San Pedro o un Arcángel hagan lo que ellos se niegan a hacer cumpliendo con su obligación de elegir un Papa. En esa espera, a que el Señor les saque las castañas del fuego, están muchos obispos, sacerdotes y fieles sedevacantistas. Pobre de ellos, ya decía San Juan Crisóstomo que era muy improbable la salvación de un obispo; por esa razón San Alfonso María de Ligorio se negaba rotundamente a ser consagrado obispo. ¿Acaso, no tienen temor del juicio de Dios?

            El diablo anda suelto como león rugiendo buscando a quién devorar. Y no podemos dudar de que muchos han caído ya en sus garras, porque sea conscientemente o de forma atolondrada, de forma rauda, no son pocos los que se han prestado a ser sus instrumentos, tratando de ridiculizar la única posición verdaderamente católica: el conclavismo, a tenor de lo sucedido en el Patriarcado Bizantino “católico”. Apresuradamente algunos han prestado sus plumas para servir a los fines del diablo, tratando de generar la decepción en las almas católicas cuyo sensus fidei les dice infaliblemente que la Iglesia no puede estar sin cabeza visible permanentemente. Y qué más quiere el diablo  que los que tienen un peso en la opinión de los fieles, blogueros varios, secunden su plan para que no se elija un legítimo Papa en la Iglesia Católica, escribiendo insensateces e incluso anunciando en la práctica que la Esposa Inmaculada de Cristo está totalmente desprovista de los medios ordinarios de la gracia: los sacramentos. ¿Pero ya no creen que Cristo es fiel, y su Esposa Inmaculada, y que su desposorio jamás terminará?  ¿Ya no creen que la Iglesia es una sociedad perfecta, y que para ello es estrictamente necesario la elección de un Papa? ¿Ya no creen que la Iglesia es santa porque, en otras razones, posee los medios de santificación: los sacramentos?

            El diablo encuentra a quién devorar y nos asombramos que entre sus dientes se encuentren hoy ya aquellas columnas de las que jamás sospechábamos que sucumbieran. ¿Por qué cayeron los pilares de la tradición que tanto nos enseñaron? Hemos meditado mucho sobre ello, y sólo se nos ocurre una explicación: Pusieron sus esperanzas en triunfos terrenos de la Iglesia, y en ocasiones en los suyos propios, y no en la Cruz. Si durante los años de su vida, algunos ya octogenarios,  sólo hubiesen esperado en esta tierra la cruz, las burlas, ser ridiculizados, el fracaso total aparente, muy probablemente jamás se habrían decepcionado, ni sucumbido ante el enemigo infernal. No es probable que quien al Señor pide la cruz se sienta abatido si esta sobreviene, ni es fácil imaginar que sea presa de Lucifer. Quién quiere la Cruz no se escandaliza, y sobrevenida ésta la abraza y pone su mira propia de dicha completa y para la Iglesia en el cielo, y nunca en el siglo.

            En definitiva, tratar de confundir a las almas equiparando esta elección del Patriarcado “católico” Bizantino, con la única y verdadera posición católica conocida como conclavista, es un intento vano de Satán e inútil, aunque no dudamos, a tenor de lo leído, que arranque a Cristo algunas almas despistadas por leer lo que no deben, por beber en fuentes contaminadas, por comer de fruta envenenada, por asistir a celebraciones de clérigos tradicionalistas herejes, cismáticos y acéfalos,  o por temerariamente esperar que la fruta caiga sola del cielo sin cumplir su deber.

            Satanás odia al Vicario de Cristo en la tierra, del cual viene la autoridad a la Iglesia, siendo el signo eficaz de la unidad, por lo que no cejará de impedir que se elija un legítimo Papa. Contemos con ello para no caer en tentación, y roguemos cada día al Esposo que convierta los corazones de los obispos, sacerdotes y fieles para que se unan para elegir al dulce Pedro en la tierra a quien Dios dará la autoridad.

Sofronio

domingo, 22 de septiembre de 2019

MISAS CATÓLICAS EN ESPAÑA




Si desea asistir a la Santa Misa Tradicional, aquí le informamos de los días y horas del hasta hoy único sitio, donde hay Misa católica en España, al menos que sepamos(*).
(*) Es decir, Misa católica tradicional, sin manifestar comunión con ningún hereje; pues es de fe divina  y católica que el hereje sale fuera de la Iglesia ipso facto, sin necesidad de declaración; el hereje no es, pues, miembro de la Iglesia, menos cabeza, es decir no puede ser Papa ni medio papa, ni formaliter ni materialiter, ni arzobispo, ni clérigo con oficio, y la recepción de los sacramentos de mano de herejes no está permitido en la iglesia, salvo peligro de muerte
Información: Editores de esta página 650475658 y 680644102; 
Zurita. CANTABRIA

Las misas son oficiadas todas por el P. José Vicente Ramón González, cuyas órdenes recibió de Monseñor Juan José Squetino. 
Las Misas a diario de lunes a viernes
En el Barrio San Julian nº 37, en el convento y casa de ejercicios Sedes Sapìentiae, en la  localidad de Zurita, Cantabria, a las 19 horas.
El Sábado 
Dedicado al culto de hiperdulía de la Bienaventurada Virgen María, Sedes Sapientiae
Misa a las 19 horas.
Precedida a las 18 horas de : Vísperas del Breviario Romano, seguidas de las Vísperas del Oficio Parvo de la Bienventurada Virgen María, Santo Rosario  y jaculatorias indulgenciadas y oración para que con el auxilio divino los que conservan la fe católica elijan un Papa, al que Dios dará la autoridad sobre toda la Iglesia.
Domingo
Misa a las 11 horas.
Adoración Eucarística y exposición del Santísimo sacramento
Todos los primeros jueves de cada mes a las 19, 45 horas.
Hora Santa
Todos los sábados a las 21 horas

Todos los que profesan la fe católica como se expresa en nuestros principios, escritos más abajo,  serán bienvenidos. Los que aman la verdad, pero aún no profesan la fe católica, antes de la recepción de los sacramentos- porque los sacramentos son para los católicos- también son bienvenidos a las catequesis previas antes de poder recibir los sacramentos salvo en peligro de muerte.
Ritmo conventual
El resumen de nuestra vida religiosa se puede hacer en tres palabras: Orar, evangelizar, estudiar.
Si se quiere hacer en menos, lo haremos en dos: Hablar con Dios, y de Dios. Lo demás es vanidad.
7:00Levantarse
7:15Maitines
Laudes
Prima (Los monjes que salen a evangelizar no están obligados a hacer las horas intermedias en coro)
Tercia
9:00Desayuno
9:15Descanso
9:30Oración mental
10:15Estudio
12:00Sexta
12:15Estudio/trabajo
13:15Almuerzo
14:00Descanso
15:00Nona
15:15Estudio/trabajo
17:00Vísperas
17:30Estudio/trabajo
18:15Vísperas y Santo Rosario
19:45Oración mental
20:15Cena
21:00Capítulo
21:15Completas
21:30Lectura espiritual
21:45Descanso
22:15Acostarse
22:45Apagar luces
Declaración de principios católicos
Sapientiae Sedei Filii es una Pía Unión de sacerdotes, seminaristas y religiosos católicos, a la que también pueden pertenecer seglares que sigan una regla específica para ellos, distinta de los clérigos,  que tiene como superior a Monseñor Juan José Squetino, con el que mantienen la comunión y al que se sujetan. El fin principal de la asociación es luchar por la preservación de la fe tridentina, contra las herejías del Vaticano II y del «magisterio» postconciliar, y la búsqueda de la unidad entre sacerdotes y obispos que conservan la Fe de la Santa Madre Iglesia contenida en los Concilios anteriores al Vaticano II, y la elección de un Papa válido.
Profesamos y adherimos, pues, a la Fe Católica tal como ha sido enseñada durante más de 20 siglos desde que Nuestro Señor Jesucristo fundó su Santa y Romana Iglesia, hasta  la muerte de S.S. Pío XII, y aceptamos todo el magisterio universal ordinario de la Iglesia y todos los Concilios hasta el Vaticano I, inclusive, y  de todos los Papas hasta Pío XII, y porque la Iglesia no puede estar sin cabeza visible, siendo doctrina infalible declarada en la Constitución Pastor Aeternus del Concilio Vaticano I que ha de haber Vicarios de Cristo a perpetuidad.
Rechazamos, pues, por heréticos, el conciliábulo Vaticano II y el «magisterio» surgido de él en estas últimas décadas, así como la modificación de los ritos de los sacramentos, la «misa» novus ordo, y el derecho canónico de 1983. Así mismo, rechazamos como heréticas las falsas posturas lefebvrianas de reconocer y resistir  y la rabínica tesis casaciacum o del papa materialiter  non formatiler, e igualmente repudiamos la postura de los sedevacantistas acéfalos que bajo diversas falacias argumentales se niegan a que la Iglesia Católica elija un Papa, porque contradicen la divina Constitución de la Iglesia fundada por Nuestro Señor Jesucristo.
Postulantes
Los varones que crean tener una llamada al sacerdocio o a la vida religiosa pueden ponerse en contacto con el P. José Vicente Ramón, bien telefónicamente al 650475658, bien por email a unionpia@sededelasabiduria.es, para concertar un periodo de prueba antes de ser aceptados al postulantado, previa profesión de la fe católica conforme a la declaración de principios precedente- condición sine qua non para ser aceptado- y de un estudio de su curriculum.