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domingo, 14 de julio de 2013

EL ANTICRISTO SE REVELARA ASI MISMO. LA SUPRESIÓN DEL SACRIFICIO PERPETUO (3)

Por Mons. José F. Urbina Aznar

LA APOSTASIA, LA SUPRESION DEL SACRIFICIO Y LA MANIFESTACION DEL ANTICRISTO REVELADOS POR PAULO VI. 

     A veinte y cinco años de distancia de la aparición de los Tenebrum Oscurus que devoran con avidez los despojos últimos del resto fiel en las neocatacumbas, que diluyen la resistencia combativa contra la impiedad y contra esa opereta en la que ha sido convertido el Sacrificio, llegó a la ciudad de Nueva York un oscuro personaje, para anunciar por primera vez en la historia y en la palestra internacional de la O. N. U., la necesidad de implantar un gobierno mundial: el "papa" Paulo VI llamado Juan Bautista Montini.
     Cuando Pío XII enviaba en secreto a obispos católicos para ordenar sacerdotes detrás de la cortina de hierro a fin de que atendieran las necesidades espirituales de los fieles aterrados, escondidos y perseguidos, el "obispo" Juan Bautista Montini informaba de todo a la K. G. B. vía Togliati, prefecto de Roma. Esto me lo dijo el obispo Malachi Martin, enviado en alguna ocasión a esta misión, quien caminando por la calle y con todo el rito de ordenación grabado en su mamoria privilegiada, ordenó sacerdotes para este fin. La mente de Montini, -judío de Brescia- sucia y traidora fue descubierta por Pío XII quien lo manda a Milán sin hacerlo cardenal para cerrarle así a su pandilla -así pensó-, el sumo pontificado. Juan XXIII lo llamaría a Roma ¡como el primero de la lista! para hacerlo cardenal y abrirle las puertas de par en par al Trono de Pedro.
     Su blasfemo y traidor discurso pronunciado en la Sede de las Naciones Unidas ante los líderes DEL MUNDO, que debió haber alarmado y enfurecido, a los católicos del mundo entero, no solamente no causó ninguna inquietud, sino que despertó vivas alabanzas y grandes calificativos como "el papa misionero". Callaron los grandes conocedores de la Doctrina. También callaron esos laicos que se creen jueces de horca y cuchillo dispuestos siempre a "defender" la Fe despedazando todo lo que otros hacen y fulminándoles excomuniones. Ya el Magisterio ha advertido sobre los peligros del "magisterio laico" que a veces llega a lo estúpido. Callaron tambien los ignorantes. Pero todo este panorama triste y aterrador, era que ya por el horizonte se veían los barruntos de la tempestad que se avecinaba y que caería sobre la Iglesia y sobre el mundo. Las masas humanas, ya estaban preparadas y baboseadas para llevarlas por donde se quisiera.
     Por los altares del mundo, celebrábase todavía el santo Sacrificio de la Misa y nadie se imaginaba -excepto los de la pandilla-, que como una gelatina putrefacta y ablandadora, que penetra suave, que casi no se siente, porque está a la temperatura ambiente, que penetra profundo por todas las venas, los cimientos de la Iglesia eran ablandados y destruidos en la asamblea universal que en aquel momento se estaba celebrando en el Vaticano, corazón de la Iglesia Católica, llamada Concilio Vaticano II. Mientras los padres conciliares estaban cambiando las doctrinas y se disponían a entregar al pueblo piedras y escorpiones, Paulo VI, el llamado en Italia "el atormentado", anuncia abiertamente la meta final que se proponían comenzando sutilmente en aquel momento.
     La ultra-progresista revista Informaciones Católicas Internacionales decía en su número del 22 de octubre de 1965: "¿No resulta impresionante simbólico que esta imágen (la de Paulo VI en la Sede de la O.N.U), haya sido visible directamente gracias al satélite Pájaro Madrugador para decenas y seguramente centenas de millones de tele-espectadores de América y Europa?...qué lejos estaba Paulo VI del ceremonial romano que hace al papa un personaje inaccesible".
     Esto quedaba muy claro, porque en aquel momeno se estaba asesinando la figura de todos los papas anteriores que ya no tendrían nada que decir a las generaciones del tiempo anticrístico el cual iba a ser anunciado por Paulo VI. ¡¡¡Ni ellos tendrían oidos para oir!!!.
     La masonería mundial debe haber celebrado en grande. "El césar papal -dijeron- es una hostia para el sacrificio". ¡Lo lograron.
     Tomemos algunas palabras del discurso de Paulo VI en aquella magna asambles: "De hecho, NO TENEMOS NADA QUE PEDIR, NINGUNA CUESTION QUE PLANTEAR; a lo sumo un deseo que formular, un permiso que solicitar: EL PODER SERVIROS; en lo que está a nuestro alcance, con desinterés, humildad y amor" (¡¡¡). ¡El papa de la Iglesia de Cristo, arrodillado ante sus peores enemigos en cuya Sede se mantiene un templo llamado "templo de la meditación" dedicado al culto del Ojo que Todo lo Ve satánico. Y continúa Paulo VI más adelante: "...convencidos como estamos de que esta Organización REPRESENTA EL CAMINO OBLIGADO DE LA CIVILIZACION MODERNA Y DE LA PAZ MUNDIAL". Para Paulo VI no es ya la Iglesia el único camino para la paz de los hombres y tampoco la paz de Cristo que ella anuncia. Ahora es la O. N. U. Y sigue después: "Escuchad ahora la continuación de nuestro mensaje. Se refiere íntegramente al porvenir. El edificio que habéis construido no debe caer jamás en ruinas: debe ser perfeccionado y adaptado a las exigencias que representa la historia del mundo. Vosotros construís una etapa en el desarrollo de la humanidad; en lo sucesivo es imposible retroceder, hay que avanzar... los pueblos se vuelven a las Naciones Unidas como hacia LA UNICA ESPERANZA DE CONCORDIA Y DE PAZ...no se puede concebir NADA MAS ELEVADO en el plano natural para la construcción ideológica de la humanidad... es la mayor belleza de las Naciones Unidas,su aspecto humano más auténtico; ES EL IDEAL CON QUE SUEÑA LA HUMANIDAD, en su peregrinaje a través del tiempo...lo que vosotros proclamáis aquí son los derechos y deberes fundamentales del hombre, sú dignidad y su libertad y, ante todo, LA LIBERTAD RELIGIOSA. Sentimos que sois los intérpretes de lo que la sabiduría humana tiene de más elevado, diríamos casi, su carácter sagrado... osamos decir: ES EL REFLEJO DEL DESIGNIO DE Dios, para el progreso de la sociedad humana en la Tierra, reflejo en que vemos EL MENSAJE EVANGELICO convertirse de celestial en terrestre". "GRACIAS A VOSOTROS, GLORIA A VOSOTROS"... "¿Quién no ve la necesidad de llegar así progresivamente a establecer UNA AUTORIDAD MUNDIAL que esté en condiciones de actuar eficazmente en el plano jurídico y político?...HA LLEGADO EL MOMENTO DE LA CONVERSION".     La imágen de Paulo VI observada por centenares de millones de hombres por todo el mundo, porque ahora lo hace posible el satélite Pajaro Madrugador que en esos días se inaugura.
     Claudicaba de su misión sagrada, confirmaba todas las barbaridades que la humanidad debe a esa Institución y anunciaba un gobierno mundial pero NADIE entendió esta gran señal de lo que estaba pasando, y a la luz de los textos bíblicos de lo que pasaría después. Nadie protestó, ni se alarmó nadie, y cuando mucho algunos lo llamaron antipapa y surge la doctrina de que el papa como doctor privado puede caer en herejía. Pero aun así y en general, sucedía lo que los grandes iniciados habían "profetizado" desde el siglo XIX: Que un día obtendrían un papa que vendría a los suyos que ya prostituidos lo recibirían con agrado. También se oyeron comentarios sobre la "audacia" del mensaje papal, pero indudablemente acorde a los tiempos. La historia impone cambios ineludibles a la Iglesia que debe progresar.
     Ya estaba en la Sede de Pedro 1a Bestia, y el camino expedito para la eliminación del Sacrificio Perpetuo. ¿Quién podría impedirlo?, ¿a quién se revelaría la Bestia?.
     Se cumplían con precisión matemática los anuncios de San Pablo y la visión todavía más lejana, penetradora y asombrosa del Profeta Daniel, de hace dos mil quinientos años que anuncia que las huestes anticrísticas le harían la guerra al pueblo de los santos con buen éxito. Sobrevendrá una intensa oscuridad pues el sol no dará su luz, pero esto será visto por muy pocos.

EN 1969, PAULO VI ELIMINA LA MISA.
     Dejemos que el mismo Paulo VI, nos aclare con sus palabras si hubo realmente un cambio o no lo hubo. En su audiencia general del 26 de noviembre de 1969, es decir, dos días antes de que entrara en vigor la nueva misa, dijo:
     "Una vez más, deseamos invitar a vuestro ánimo a dirigirse hacia LA NOVEDAD LITURGICA DEL NUEVO RITO DE LA MISA, el cual será instaurado en nuestras celebraciones del santo Sacrificio de la Misa, comenzando el domingo próximo, primer domingo de Adviento, 30 de noviembre". "Este NUEVO RITO de la Misa, es UN CAMBIO QUE AFECTA A UNA VENERABLE TRADICION SECULAR y por eso interesa a nuestro patrimonio religioso hereditario QUE PARECIA DEBER GOZAR DE UNA INTANGIBLE INMOVILIDAD, y deber llevar a nuestros labios la plegaria de nuestros antepasados y de nuestros santos, y proporcionarnos el consuelo de una fidelidad a nuestro pasado espiritual, que hacíamos actual para transmitirlo después, a las generaciones futuras". Más adelante dice: "Afecta este cambio al desarrollo ceremonial de la Misa, y nos daremos cuenta, INCLUSO CON CIERTA MOLESTIA, que las cosas en el altar no se desarrollan con aquella identidad de palabras y de gestos, a la cual estábamos tan acostumbrados... ESTE CAMBIO AFECTA TAMBIEN, A LOS FIELES... APARTANDOLOS DE SUS ACOSTUMBRADAS DEVOCIONES. Nos debemos preparar a esta MULTIPLE INCOMODIDAD, QUE ES JUSTAMENTE LA DE TODAS LAS NOVEDADES".
     Esta no es UNA incomodidad. Son "MULTIPLES". Los fieles se van a incomodar, se van a disgustar, PERO SE TIENEN QUE AGUANTAR porque se les impone, se les obliga, se les ve la cara de retrazados mentales. ¡Lo dice el papa! que los arroja a un desierto árido.
     "Y podremos notar, -sigue Paulo VI-, que las personas piadosas son las que más sientan estas molestias, porque teniendo un modo propio de oir Misa, se sentirán apartadas de sus acostumbrados pensamientos y obligadas a seguir los pensamientos de otros...". Los maestros de la mística y de las almas considerarían estas palabras como escandalosas. Y sigue: "¿Qué hacer, pues, en esta histórica ocasión?, ante todo prepararnos, PUES NO ES POCA COSA ESTA NOVEDAD: NO DEBEMOS DEJARNOS SORPRENDER DEL ASPECTO, Y ACASO DEL DISGUSTO DE SUS FORMAS EXTERIORES". ¿No es esto increíble?. Este viejo sucio se atrevió a meter sus manos y sus garras en lo intocable, respetado por toda la Tradición. Pío XII en la Encíclica MEDIATOR DEI, dice que "la Misa es la PRINCIPAL acción del culto divino, y debe ser tanto la fuente como el centro de la piedad cristiana".Entonces, se estaba golpeando con furia el corazón de la Iglesia ante la indiferencia y estupidez de una sociedad apóstata adoradora de la materia y de la carne. Barruntos de tempestad, ¡tan poco conocidos!...
     Paulo VI dice que está "instaurando". Instaurar es establecer, fundar, hacer de nuevo, erigir, implantar, sentar. No hay duda, que Paulo VI "INSTALÓ" un nuevo rito (palabra de Jesucristo) arrojando al exterior la Misa católica. Y es tan cínico Paulo VI que se atreve a decir que ese rito "parecía deber gozar de una intangible inmovilidad" pero aun así lo va a cambiar (¡¡¡).
     No es necesario analizar mucho las palabras de este "papa" pelele de la Masonería para asegurar que esta es una imposición violenta sobre los fieles, un cambio completo, una substitución NUNCA antes acontecida y no un perfeccionamiento del rito que ya existía como muchos estúpidos nos quieren hacer creer. Está claro que se trata de una novedad. ¿No la palabra "novedad" denota algo "nuevo"?. En una palabra, según las palabras de Paulo VI, todo cambia, todo es nuevo y desconocido que entró en vigor dos días después del escandaloso discurdo con el nombre de Nuevo Ordo, ¿no el mismo nombre propagandea ese orden mundial que los judíos quieren imponer y que tanto cacarean?.
     Pero también, esta fatídica fecha corría el velo del misterio de profecías que estuvieron veladas por siglos. Todo aquel que se ha conservado en la fidelidad de la Doctrina, y exclusivamente desde esa ubicación, puede averiguar y despejar el misterio que da como referencia la supresión del Sacrificio Perpetuo, imposible hace apenas cincuenta años.

UNA INTERPRETACION DE LA PROFECIA DE DANIEL.
     En el Cap. XII del libro del Profeta Daniel, al que refiere nuestro Señor cuando predice que la abominación de la desolación será "instalada" en el lugar santo, al fin de los tiempos, encontramos unos textos que es interesante recordar y reflexionar: dice Daniel: "será aquel un tiempo de angustia -se está refiriendo a los últimos días del mundo-, como no habrá habido hasta entonces otro desde que existen las naciones... Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra se despertarán, unos para la vida eterna y otros al oprobio y para el horror eterno -evidentemente se está refiriendo a la resurrección de la carne-. Los doctos brillarán con el fulgor del firmamento y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas por toda la eternidad", "...guarda en secreto estas palabras y sella el libro hasta el tiempo del fin -es decir, que en los tiempos próximos al fin, podrán interpretarse-. Muchos andarán errantes y la iniquidad aumentará", "...todas estas cosas se cumplirán cuando DESAPAREZCA AQUEL QUE APLASTA LA FUERZA DEL PUEBLO SANTO". Debemos vol ver más adelante sobre esta frase de Daniel. Daniel preguntó: "¿Cuando será la última de estas cosas?", dijo -el ángel-, "anda Daniel, porque estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin. Muchos serán lavados, blanqueados y purgados: los impíos seguirán haciendo el mal; ningún impío comprenderá nada. Sólo los doctos comprenderán". Y añadió el ángel: "CONTANDO DESDE EL MOMENTO EN QUE SEA ABOLIDO EL SACRIFICIO PERPETUO E INSTALADA LA ABOMINACION DE LA DESOLACION: mil doscientos noventa dias. Dichoso aquel que sepa esperar Y ALCANCE MIL TRESCIENTOS TREITA Y CINCO DIAS".
     Daniel nos da una referencia segura para calcular los tiempos. El día de la supresión del Sacrificio que hace apenas cincuenta años, no se conocía. Ahora sí y con toda exactitud.
     Es famosa la profecía de las Setenta Semanas de Daniel. Para ocultarla, el juega con los tiempos. Los días los hace años, o viceversa; los meses semanas. La profecía de las Setenta Semanas eran en realidad setenta semanas de años hasta el advenimiento del Mesías y otros hechos de Su vida. Eran en realidad 490 años, y la profecía se cumplió al pie de la letra.
     Esta que ahora nos ocupa, era inexplicable sin la fecha de la eliminación del Sacrificio Perpetuo. Inútilmente los exégetas se devanaron el cerebro para tener alguna luz. Llegaron a pensar que los 1290 días eran tres años y medio del reinado anticrístico -lo cual se hizo muy popular-, pero en realidad todos erraron.
     En nuestro día, ya tenemos algunos factores seguros inimaginables hace apenas cincuenta años. Sabemos que el Sacrificio Perpetuo fue quitado en 1969. Tenemos la cifra bíblica de Daniel: 1290 días y tenemos a nuestro favor el tiempo transcurrido desde 1969.
     Con estos tres datos seguros podemos llegar, si no a una conclusión infalible, -sólo Dios-, por lo menos a algo que sea lógicamente próximo.
     Daniel habla de 1290 días. 1290 días son tres años y medio y por el tiempo transcurrido, sabemos ya que nada pasó, además de que era ilógico pensar que en sólo tres años y medio eran suficientes para extender la abominación desoladora a todo el mundo con todas sus ramificaciones. La demolición mundial de la Iglesia y los cambios de ritos no podían hacerse y consolidarse en tres años y medio como casi todos los exégetas pensaron. A más de que ahora sabemos que el Anticristo, ha reinado mucho más. Hay que desechar esta interpretación como imposible.
     Tampoco el número 1290 puede representar años, porque entonces la profecía diría que el Sacrificio Perpetuo estuvo ausente una cantidad de años superior a la mitad de la vida de la Iglesia, lo cual es una gran tontería. Desechado entonces.
     Nos queda, entonces, ver si Daniel está representando en los "días" de la profecía, semanas o meses.Aunque parezca increíble, los 1290 días de Daniel, representan SEMANAS Y MESES al mismo tiempo, como lo veremos a continuación.
     Si dividimos los 1290 días en semanas, obtenemos 1848. Obtenemos 24 años, punto ocho que sumados al año de 1969, arroja el año exacto en que se celebró el Cónclave de Asís que está registrado en el Cap. 12 del Apocalipsis. ¿Por qué es tan importante este acontecimiento?.

LA NUEVA IGLESIA MONTINIANA (14)

Pbro. Dr. Joaquín Saenz Arriaga
pág. 143-152
 
CARTA CONFIDENCIAL A LOS EMINENTISIMOS CARDENALES, EXCMOS. SRES. ARZOBISPOS Y OBISPOS DE ESPAÑA, PORTUGAL Y AMERICA LATINA. 

     Excmo. y Revdmo. Señor:
     Con el debido respeto y sumisión a la Iglesia y a su Jerarquía, buscando únicamente el servicio de Dios y la salvación de las almas, me permito poner a la consideración de Su Excelencia Reverendísima una información y unos razonamientos sobre temas vitales para el futuro de los pueblos y de la misma Iglesia.
     Al intentar prestar este servicio a la Iglesia de Dios, debo manifestar a Su Excelencia Reverendísima que cuento con la aprobación de varios Obispos mexicanos y las bendiciones de algunos Prelados europeos.
     Me he visto en la necesidad, por las circunstancias en que me encuentro, de imprimir esta información y estos razonamientos, ya que de otra manera hubiera sido punto menos que imposible el hacer todas las copias necesarias. La impresión, además de discreta, está debidamente vigilada.
     Besa su anillo pastoral y la bendición humilde le pide, su affmo. en Cristo,

EL PELIGROSO VIRAJE DE LA POLITICA VATICANA.
     En un reportaje de la Prensa Asociada, desde Ciudad del Vaticano, fechado el 28 de junio, dos días antes de la coronación del nuevo Pontífice, leí asombrado la siguiente oficiosa comunicación:
     "Se tiene entendido que el Papa Paulo VI estudia la forma de concertar un arreglo con los gobiernos comunistas, para mejorar la suerte de los 60 millones de católicos romanos, que viven allende la Cortina de Hierro. Desde que fue elegido al trono de San Pedro, hace una semana, el Pontífice ha preparado el terreno para el restablecimiento de las antiguas relaciones del Vaticano con las naciones comunistas... Infórmase que el Papa Paulo está más interesado en restablecer los vínculos interrumpidos después de la segunda guerra mundial, que en mantener latentes las antiguas pugnas con los comunistas.
     "Con ello sigue las normas iniciadas por el Papa Juan XXIII, quien propugnó la salida del Cardenal Jozef Mindszenty, de la legación de los Estados Unidos en Budapest, para venir al Vaticano, a cambio de la suavización de las restricciones impuestas por el gobierno húngaro a la Iglesia.
     "En fuentes diplomáticas se hizo hincapié en que el Vaticano se opone, como siempre a la ideología comunista, pero que el Papa Paulo se enfrenta a la realidad política de la época y, para lograr la meta de la Iglesia de atender a su rebaño, se verá en la necesidad de promover mejores relaciones entre la Santa Sede y los países del bando comunista". (ULTIMAS NOTICIAS, viernes 28 de junio de 1963. Año XXVII, Tomo III, Núm. 8,688).


     Y, confirmando las anteriores palabras de la Prensa Asociada, en el mismo periódico leí el efusivo y significativo mensaje de Su Santidad a Nikita Krushchev, como respuesta a la felicitación que el jefe soviético había enviado por su elección al Pontífice:  
     "Nos expresamos nuestra leal y sincera gratitud a Vuestra Excelencia por vuestros plácemes y buenos deseos. Vuestro mensaje trae a nuestra alma una imagen del pueblo ruso y recuerdos de su historial humano y cristiano. Rogamos a Dios porque este pueblo, en su prosperidad y vida social organizada, pueda realizar una importante contribución al verdadero progreso de la Humanidad y a una paz justa en el mundo".
     Todavía, en la misma página del mismo pariódico, como una crítica mordaz de esta política, mi vista tropezó con el breve comentario de Pomares Monleón: "Se unen en Italia marxistas y demócratas cristianos. La cruz y el diablo del brazo y por la Vía Apia".
   Pocas veces, quizá ninguna como ésta, he sentido tan honda, tan intensa conmoción en mi espíritu. Como si, en un momento, la luz que siempre ha guiado mis caminos se hubiera extinguido; como si mi misma fe hubiera sido violentamente sacudida; como si la misma existencia hubiera perdido para mí su interés, su misma razón de ser. ¡Qué horrible es sentir que falta el suelo, que no hay base estable e inconmovible en nuestra vida, que a los que ayer combatíamos con toda la entereza y lealtad de nuestras convicciones católicas —porque eran enemigos de Dios, porque eran la negación militante de todo lo que creemos, de todo lo que somos— ahora les tendemos amigables la mano y los invitamos a sentarse a nuestro lado!
     Las sutiles distinciones de la casuística moderna no pueden acallar el torrente de objeciones y la vehemente y airada protesta, que brotan de mi mente y de mi corazón sacerdotal y creyente.
     Es evidente que ha ocurrido un cambio radical entre la actitud definida, precisa, contundente de Pío XI y Pío XII y el ablandamiento desconcertante y manifestó de Juan XXIII y Paulo VI.
     Aldo Baroni escribe ("EXCELSIOR", 18 de julio de 1963) estas palabras impresionantes, que nos revelan cómo han juzgado los seglares y los pensadores no católicos la nueva política vaticana:
     "Llega a mis manos con gran retraso, el retraso de la correspondencia que viaja por la más económica de las vías, que es la del mar, un comentario de Prezzolini, el gran compañero de Papini, sobre la Encíclica 'Pacem in Terris'. Dice: 'La Encíclica PACEM IN TERRIS ha suscitado gran ruido. Es natural que así sea, particularmente en Italia. El Papado es la sola organización política que haya sobrevivido desde el Imperio Romano hasta hoy en Italia. En la formación de esa democrática aristocracia y de esa monarquía absoluta y electoral, que es el Papado, los italianos han llevado lo mejor de su sabiduría política y han expresado sus más altas capacidades de organización. Además la Encíclica tiene un eminente contenido político y social. Los comentarios, que sobre ella he leído, giran especialmente alrededor de ese aspecto: EL GRAN VIRAJE DE LA IGLESIA, la cual, para sobrevivir, se ha puesto siempre de acuerdo con los vencedores políticos y parece demostrar ahora que habiendo de prevalecer las formas socialistas de gobierno, es mejor abrir el diálogo con ellas, para ver si se puede encontrar una fórmula de adaptación. Las preocupaciones de muchos consisten en el hecho de que esta vez no se trata del clero gálico o de la monarquía francesa, o de las veleidades de independencia de la República Veneciana, o del pasajero imperio de Napoleón, sino de Rusia, es decir, un Estado que es también una religión, opuesta netamente a cualquier otra religión que no sea la del propio Estado.
     "También del lado religioso la Encíclica es muy importante. Su Santidad sostiene en ella que todo hombre tiene dentro de sí la razón y que con esa razón tiene igualmente la capacidad de darse un orden internacional razonable, mediante el cual podrá lograr el más grande de los bienes de la tierra, o se a la paz. No se hace mención en la Encíclica del hecho de que el hombre ha perdido, por lo del pecado original, la capacidad de perseverar en las buenas obras, hasta el punto de alcanzar el máximo bien terrestre, que es la paz, sin la ayuda de la gracia de Dios.
     "La Encíclica se encuentra, más o menos, en la posición de aquel Pelagio, que, en el siglo cuarto después de Cristo, sostenía que el hombre puede salvarse con la sola razón y moralidad. Igualmente está en lugar parecido al pensamiento racionalista del siglo XVIII, en el cual, el hombre honesto, aunque no fuera creyente, podría tomar asiento al lado de los santos, así como Sócrates puede sentarse al lado de Jesús. No veo que la Encíclica haga mención del pecado original y de la gracia de Dios. Son conceptos éstos que mucho molestan a ciertos católicos de la nueva ola, los cuales parece que quisieran librar a la religión de ese, como ellos lo llaman, 'lastre de la Edad Medio'. Eso me recuerda una novela reciente del Señor Saviene, en la cual se narra la historia de un obispo que muriendo sueña que es Papa y anuncia infaliblemente que el infierno no existe.
     "Lo que he venido leyendo sobre la nueva ola juvenil sacerdotal italiana, encabezada por un vesánico despilfarrador que se llama La Pira y de Mons. Capovilla, me hace pensar en que el nuevo Papa ha de tener mano bien dura para encarrilar a los descarriados. Mirada severa, sí tiene, aspecto robusto también, y eso permite tener buena esperanza. Y, por lo demás, el Salmista ya lo dijo: 'ET PORTAE INFERI NON PRAEVALEBUNT'. Y que así sea".
     No es el único comentario, que, sobre ese manifiesto y gran viraje de las autoridades eclesiásticas, hemos leído. En "PERIFONEMAS" de ULTIMAS NOTICIAS (México 9 de Agosto 1963) vimos estas palabras desconcertantes y aterradoras para nuestra fe católica:
     "En estos tiempos, en que hasta en el clero europeo, en espera de pasar su veneno a las Américas, van presentándose brotes de marxismo católico, en ciudades tan excepcionalmente consagradas por la religión, el arte y la civilización occidental, como Florencia, convendría que fuerzas aglutinantes actuaran, para evitar que nuestra vida sea despedazada, destruida por los factores eminentemente disolventes del facismo rojo. Este perifoneador de turno hoy tiembla ante el peligro de infecciones-rojas, que amenazan al mundo, en partes tan delicadas y peligrosas como la propia Roma, donde reside la Jefatura Suprema de la Religión Cristiana. Ante ciertos deslizamientos increíbles de altas personalidades católicas y el peligroso abrazo con el extremismo izquierdista del porpio Presidente del Consejo de Ministros de la República Italiana, un agudo escritor acaba de terminar un interesante artículo con estas palabras agoreras: 'Es necesario saber si la Iglesia sigue estando con el Mundo Libre y contra los ateos comunistas o si marca el paso hacia el comunismo en la creencia de que más tarde podrá convivir con el triunfador. Quisiéramos saber si en la Catedra de Pedro está sentado el Vicario de Cristo o un temeroso heredero de Poncio Pilato'. Nuestros amados lectores nos creerán seguramente cuando confesemos que tales palabras nos han llenado de sobresalto y temor".


     Motivo sobrado tiene el perifoneador para estremecerse al escribir estas palabras, en un diario de tanta circulación en toda la República Mexicana. Yo mismo he sentido indescriptible sensación al transcribirlas para dar completa información a los Prelados de habla española, que así podrán darse cuenta mejor de la confusión que hoy reina en el mundo.
     Hay otro artículo interesantísimo, escrito por M. I. Sr. Canónigo Lic. Don Rafael Rúa Alvarez, cuyo título sugestivo da la impresión de que el autor pretende defender piadosamente la nueva política que, en modo arrollador, parece imponérsenos desde arriba. "La Iglesia no puede ser comunista": así reza el encabezado del escrito.
     Después de describirnos, concisa y magistralmente, las insospechadas y abrumadoras sorpresas científicas, sociales, económicas y políticas del siglo XX, pasa a hablarnos de las mundanzas eclesiásticas:
     "Y, en el torrente de la lógica de la historia, escribe, no podía faltar la Iglesia: se rompió el duro tradicionalismo de veinte siglos que sirvió de base granítica a la enseñanza de la verdad sin componendas, de la justicia sin demagogias, del bien sin quebrantos, de la libertad sin atropellos, de la paz sin destructoras convivencias".
     Es, pues, innegable, evidentísimo que un cambio vertiginoso y casi diríamos radical se ha obrado en la actitud pontificia respecto al comunismo internacional. Se afirma que, en el orden especulativo, platónico, el antagonismo permanece invariable; pero, en el orden práctico, en el orden de las relaciones humanas, se admite que "para mejorar la suerte de los 60 millones de católicos romanos, que viven allende de la 'Cortina de Hierro', es preferible preparar el terreno para el restablecimiento de las antiguas relaciones del Vaticano con las naciones comunistas...". ¡Con razón afirma Prezzolini que este es el gran viraje de la Iglesia! Yo diría mas bien "el gran viraje de la política vaticana".
     El fin de ayudar a los 60 millones de hermanos nuestros, que viven esclavizados y vejados tras la Cortina de Hierro, es ciertamente apostólico y laudable; pero no dejan de pesar enormemente las preocupaciones de muchos "en el hecho de que esta vez no se trata del clero gálico, o de la monarquía francesa, o de las veleidades de independencia de la República Veneciana, o del pasajero imperio de Napoleón, sino de RUSIA, es decir, un Estado, que es también una religión, opuesta netamente a cualquier otra religión, que no sea el propio Estado". Y yo añadiría que esa doctrina nihilista y pulverizadora sostiene, como uno de los postulados básicos y de los puntos centrales de su programa intensamente proselitista, el ataque a Dios, porque Dios es un mito funesto y anticientífico; y la destrucción de toda religión dogmática y positiva, porque la religión es el opio del pueblo.
     He aquí el problema vital que estamos viviendo y cuya solución escapa a nuestra lógica. Escribe en su artículo, ya citado, "La Iglesia no puede ser comunista", mi admirado y llorado amigo el M.I. Sr. Canónigo Rúa: "La precitada dinámica papal reconstructiva (yo diría más bien: reformista), empero, ha causado lamentables equivocaciones que han formado dos corrientes de opiniones: la de la derecha y la de la izquierda".
     "La corriente de la derecha está alarmada y considera que la blandura moral del Vaticano provocará el rompimiento de la estructura moral del mundo, por la convivencia pacífica de la verdad con el error, de la justicia con la injusticia, del bien con el mal, de la libertad con la esclavitud, de la paz inerme, atada de manos, con la aparente paz armada y dispuesta a la destrucción.
     "Hay modernos pensadores analíticos, profundos conocedores de la lógica y de la historia, filósofos, sociólogos, que captando las noticias de la prensa al desgaire encuentran, en el proceso mencionado, una destrucción conceptual del orden filosófico, de catastrófica dimensión: los términos esencialmente disparados se unen, lo universal y lo particular se identifican, el ser y el no ser se igualan". Y alguien añadiría: la afirmación y la negación parecen reconciliarse en la casuística flexible, gelatinosa y acomodaticia de las humanas conveniencias. Como si el fin nobilísimo e imperioso justificara ampliamente los medios nebulosos que pueda emplear la política desconcertante de la "mano tendida".
     Y no es falsa información o torcidas interpretaciones de la malicia liberal, ni es desconocer la historia de la Iglesia, su estructura canónica, las bases inquebrantables de su fe probada en el martirio, ni es Ignorancia de Teología y otras muchas diciplinas eclesiásticas, como piadosamente explica mi amigo, lo que ha creado esta crisis espiritual, esta espantosa desorientación, esta oscuridad de las conciencias.
    Porque conocemos la Teología, porque estamos al tanto de la Historia de la Iglesia, porque hemos leído, meditado y vivido los documentos pontificios, por eso sentimos este vértigo; por eso levantamos nuestra voz impotente; por eso buscamos afanosos la luz.


Precisemos posiciones.
     No quisiera yo que mis palabras fueran interpretadas como una falta del debido respeto que yo debo al Vicario de Cristo, al sucesor de Pedro, al representante de Dios en la tierra, ya se llame Pío, Juan o Pablo. Gracias a Dios, mi adhesión al Pontificado ha sido y es profunda y sincera, porque se apoya y sostiene en mi fe católica. Sin embargo, para entender mi actual desconcierto, que es el desconcierto de otros muchos, conviene tener presentes los siguientes puntos:
    a) El Papa solamente es infalible, "cuando habla ex cathedra, es decir, cuando funje su oficio de Pastor de todos los cristianos, al definir con su suprema autoridad apostólica la doctrina de la fe o de las costumbres, que debe ser creída por toda la Iglesia... y, por lo mismo, sus definiciones por sí mismas, no por el consentimiento de la Iglesia, son irreformables". (Conc. Vat. I, sess. IV, c. 4). De esta definición del Vaticano I se sigue en primer lugar que el Papa goza del privilegio de la infalibilidad; que este privilegio no significa una infalibilidad personal, sino una infalibilidad didáctica, y que para que se dé, para que nosotros aceptemos como verdad de fe lo que el Papa define infaliblemente, se necesitan cuatro condiciones:
     1) Que el Papa hable ex cathedra, como Pastor y Maestro Supremo de la Iglesia, y así nos lo haga ver con palabras expresas e inequívocas.
     2) En la doctrina de la fe o de las costumbres.
     3) Que defina, es decir que nos diga que una verdad precisa y concreta está comprendida en el Depósito de la Divina Revelación.
     4) Que nos imponga a todos los católicos el deber de creer lo que ha definido, como cosa de fe, bajo la pena de eterna condenación.

     De la definición del Vaticano I también se sigue, contra las pretensiones del Cardenal Suenens y otros progresistas, que esas definiciones papales no necesitan el refrendo de los eclesiásticos o fieles de la Iglesia para ser irreformables, para adquirir su valor de una verdad dogmática. Con las cuatro condiciones expresadas por el Vaticano I, esas definiciones papales son por sí mismas irreformables, son artículos de fe, son dogmas inalterables de nuestra religión católica.

     b) El Papa, no solamente cuando define ex cathedra, en la doctrina de la fe o de las costumbres, que debe ser creída por la universal Iglesia, goza indiscutiblemente de la asistencia del Espíritu Santo, sino también en el cumplimiento de sus altísimos deberes. Pero esa habitual asistencia no hacen al Papa personalmente ni infalible, ni impecable. Esa ordinaria asistencia divina presupone y exige la personal y libre correspondencia de la libertad humana.
     Y el Papa, como hombre, puede fallar en esa correspondencia.
     c) En el Magisterio Ordinario de los Sumos Pontífices, el Papa es infalible cuando expone verdades que han sido ya definidas o por anteriores Pontífices o por Concilios Ecuménicos, o cuando enseña y repite la doctrina "Quam semper et ubique tenuit Ecclesia", que siempre y en todas partes ha sido aceptada y creída por la Iglesia universal. Porque la Iglesia no puede universalmente caer en el error, contra las promesas infalibles de Cristo.
     d)  El Papa, como hombre particular no es siempre infalible, puede errar, no sólo en cuestiones puramente humanas, sino aun en asuntos relacionados con la fe; puede incluso (según el sentir de preclaros teólogos y según las lógicas consecuencias que se siguen de la naturaleza y restricciones de la prerrogativa de su infalibilidad didáctica) incurrir personalmente en la herejía. Sin embargo, la "inerrancia" de la Iglesia nos garantiza que, aún en estas circunstancias excepcionales, el Papa no podría definir, como verdad revelada y de fe, un error por él privadamente profesado.
     e) Como Pontífice Supremo, pero no definiendo algo, en virtud de la plenitud de su autoridad apostólica, cuando habla de doctrinas que no deben ser creídas como dogmas por la Iglesia universal, su juicio no es dogmático ni definitivo. No podemos considerar estas enseñanzas pontificias como infalibles ni obligatorias para la fe católica, aunque —mientras no se opongan a la doctrina de la fe o nuestra sumisión debida a Dios sobre todas las cosas— debamos los católicos prestarles nuestra sumisión externa, nuestro "obsequium religiosum".
     f) El Papa, además de ser Maestro Supremo e infalible de la Iglesia, es también Jefe de una sociedad, aunque espiritual, también humana y visible, que está en íntimo contacto con las otras sociedades meramente humanas y, en especial, con las naciones y los gobiernos qué las rigen. Por este motivo, los Papas han reivindicado su independencia política; han luchado por la conservación y defensa de sus Estados Pontificios; han firmado el Tratado de Letrán, en el que Italia reconoció la completa soberanía y autonomía de la Ciudad Vaticana; por ese motivo también, en sus relaciones internacionales, los Papas han tenido su política, que unas veces formó alianzas bélicas y otras veces aceptó pactos de paz, según lo exigían, no sólo los altísimos intereses del Reino de Dios, sino las conveniencias de los propios intereses del Papado o de los Pueblos y Gobiernos, que eran sus aliados.
     g) Así como en el ejercicio de su Magisterio, Ordinario o Extraordinario, los Papas utilizan los servicios de teólogos especialistas, y auscultan el sentir y opinión de los Obispos y de las escuelas teológicas principales, que en la Iglesia florecen, para preparar así los caminos de Dios, antes de emitir ellos, con su autoridad suprema, su juicio definitivo e inapelable; así también, como Jefes de esta sociedad visible, en el gobierno de la Iglesia, en su política administrativa y práctica, utilizan necesariamente, no sólo los consejos y direcciones de hombres eminentes y especializados, que ellos asocian a su gobierno, sino actúan muchas veces por presiones extrañas de gobiernos no solamente católicos, sino aun heréticos, cismáticos y, tal vez, enemigos secretos o descarados de la Iglesia de Dios. Y he aquí el gran peligro y la explicación manifiesta de los errores innegables que el Vaticano haya podido tener en su política internacional:


NO SIEMPRE LOS CONSEJEROS HAN SIDO LEALES NI ACEPTADOS.
     Es público, en el ámbito internacional católico, el nefasto influjo que connotados teólogos del Vaticano II, llamados ampulosamente "sus expertos", Monseñores de la Curia Romana y del Cuerpo Diplomático Vaticano han ejercido, en sospechosa conivencia con los grupos políticos, que han favorecido el avance del comunismo, con la apertura a izquierda. Así mismo, sus ideas y sus acciones han permitido transacciones injustificables con los enemigos de Dios, y han impedido que las fuerzas genuinamente católicas, en su lucha nobilísima y necesaria, se interpongan en defensa de la doctrina y de la existencia misma de la Iglesia. Parecen que más pesan para ellos los consejos del régimen masónico que gobierna en la Casa Blanca, que las enseñanzas milenarias de la tradición cristiana.
     El Presidente Roosevelt, en un despacho personal que envió a S.S. el Papa Pío XII, por medio de su representante ante el Vaticano Myron Taylor, escribía al Papa:
     "Sin embargo, estimo que la dictadura rusa es menos peligro sa para la autoridad de los demás países, que la forma de dictadura alemana. La única arma que la dictadura rusa utiliza, fuera de sus fronteras, es la propaganda comunista, la cual, reconozco, como es natural, que se ha orientado en el pasado a derrocar las formas de gobierno de otros países, sus convicciones religiosas, etc. Pero Alemania no sólo ha utilizado, sino que está utilizando este tipo de propaganda también y, además, ha procedido a todo género de agresiones militares, más allá de sus fronteras, con el propósito de conquistar el mundo por la fuerza de las armas y la propaganda".
     Para terminar, decía el Presidente americano:
     "Yo creo que la supervivencia de Rusia es menos peligrosa para la religión, para la Iglesia como tal, y para la humanidad en general, que la supervivencia de la forma dictatorial alemana. Más aún, creo que los jefes de todas las iglesias de Estados Unidos deberían estar de acuerdo con mi punto de vista y no cerrar los ojos a estos problemas fundamentales, ni ayudar a Alemania en los objetivos que se propone con su actitud".
     Pío XII y sus consejeros no podían tomar en serio esta declaración, intencionada y malévola, del presidente judío de los Estados Unidos. La experiencia de la Iglesia con el comunismo, tanto en su aspecto doctrinal como militar, había sido excesivamente amarga, para que ahora se dejase influir por promesas halagadoras para el futuro, pasando por alto las crueles realidades del presente. Por eso la actitud del gran Pontífice, del salvador de Roma, fue la misma de sus predecesores Pío IX, León XIII y Pío XI.

sábado, 13 de julio de 2013

Ad pacem tibi

Para tu paz
     Llora Jesús sobre Jerusalén.
     Había querido tantas veces salvarla de la ruina y de la destrucción..., y ella no había consentido en hacer caso ninguno a aquellas voces amorosas... Et noluisti. Y no quisiste—dice con amarga tristeza el divino Maestro.
     ¡Oh dolorosa prerrogativa la de poder resistir a los llamamientos y al amor de un Dios!
     Jerusalén no había querido reconocer en Jesús al Mesías por el que durante tantos siglos había suspirado.
     Se había dejado cegar para no ver las cosas que Él le ofrecía y le traía para su paz.
     No había querido aceptar sus dones preciosos.
     Por eso llora Jesús.
     Señor, mi alma es también para Ti una Jerusalén.
     Por ella bajaste desde el cielo.
     La buscas con el amor más tierno y delicado, con el sacrificio más doloroso.
    La llamas hacia Ti con las voces más amorosas.
     Ella también -como Jerusalén- cierra muchas veces los ojos para no ver lo que Tú le traes. Y cierra también sus oídos para no dejarse persuadir por tus palabras. Y ¡ay, dolor!, cierra también sus puertas para que tus divinas inspiraciones -que son para su paz- no encuentren entrada.
     ¿No has tenido también que llorar sobre ella?...
     ¿No has tenido también que decir de ella, como de Jerusalén: Et noluisti? No has querido aceptar el don que te ofrecí.
     Y es, Señor, que quiero poner mi paz donde ni está ni puede estar.
     Y como me equivoco lastimosamente en la apreciación de las cosas que podían darme la paz -que me parece desear sinceramente-, las busco ansiosamente, y abandono aquellas que Tú me ofreces.
     Pongo mi paz en satisfacción de mi propia voluntad; en no tener nada que sufrir; en no encontrar oposición en mis caminos; en que nadie contraríe mis caprichos...
     Pongo mi paz en que se haga todo lo que yo quiero; en sentirme siempre triunfante y alegre; en que los demás se me sujeten y me sirvan...
     Y en eso no está mi paz.
     Mi paz, la paz verdadera, la traes Tú, Tú solo.
     Aun en medio del sufrimiento y del dolor, Tú sabes dar esa paz.
     Aun entre los fracasos y las dificultades, Tú traes la paz, y Tú la conservas.
     En medio de las persecuciones y de las calumnias y de la envidia, Tú sabes dar el secreto para mantener en mí esa paz.
     Todo está en que yo quiera y sepa conformarme con tu divina voluntad, siempre santa y siempre adorable.
     Ahí está mi paz: en el cumplimiento de tu voluntad soberana. «¿Quién resistió a Dios y tuvo paz?»
     Sólo entonces tendré la verdadera paz, la paz duradera, la que Tú viniste a traer al mundo, cuando me ponga completamente en tus manos.

Alberto Moreno S.I.
ENTRE EL Y YO.

viernes, 12 de julio de 2013

EL GRAN ORIENTE DE LA MASONERIA SIN MASCARA (X)

Por Mons. George F. Dillon
XVIII
LA GUERRA DEL PARTIDO INTELECTUAL

     Durante lo que podemos denominar como el reinado de Palmerston, la guerra del partido intelectual contra el cristianismo, intensificada en los oscuros conciliábulos de la Alta Vendita, se acentuó aún más y se generalizó a través de Europa. Esta guerra consistía primordialmente en la propaganda de la inmoralidad, de la voluptuosidad y del naturalismo entre todas las clases sociales, y luego, en la difusión de las ideas ateas y revolucionarias. Durante la época de la influencia de Palmerston no se permitió ni un tilde ni una jota de los consejos de la Alta Vendita fueran desperdiciados. Donde, por lo tanto, fuera posible avanzar con el programa trazado en la "Instrucción Permanente" de la carta de Piccolo Tigre y en los consejos de Vindex, se lo hacia así y con resultados. Es así que vemos en Francia, Italia, Alemania, España y América y el resto del mundo inundados con ovelas inmorales, impresos escándalosos y estatuas y cuadros inmodestos, y aún vemos que se invita a las Legislaturas a legalizar un sistema de prostitución, bajo la excusa de su conveniencia, que diera seguri a los pecadores, y cierta clase de reconocimiento social a las mujeres degradadas. Encontramos que allí donde la masoneria puede llevar su plan a efecto, estas malas influencias se hacen sentir en las universidades, el ejercito, la armada, las escuelas de oficios, los empleados de gobierno y la población en general. "Haced corazones corruptos y no tendréis más católicos, decía: Vindex y fielmente, y con éxito, las sociedades secretas de Europa han seguido este consejo.
     Y así es que en Francia, bajo el Imperio, París, bastante mala ya, se convirtió en un  verdadero pandemonio de vicios e Italia, justo en proporcion a las conquistas revolucionarias, se hizo sistemiticamente corrupta de acuerdo con las lineas determinadas por la Alta Vendita. En el próximo paso se consiguió que en cada país se aprobaran leyes contrarias a la moralidad cristiana, bajo, desde luego, los más plausibles propósitos. Estas leyes fueron primero la del divorcio, luego, la abolición de los impedimentos para contraer matrimonio, tales como la consanguinidad o relación cercana, la union con la hermana de la esposa fallecida, etc. Bien sabian los infieles que la medida en que las naciones se apartaran de las sagradas restricciones de la iglesia, y en que la santidad e inviolabilidad del lazo matrimonial se debilitara, más rápido entraria el ateismo en la familia humana. 
      Aún más, las pocas instituciones cristianas de naturaleza pública que todavia quedaban en los paises cristianos debian ser removidas una despues de otra con alguna excusa hábilmente preparada. El dia dedicado a Dios, que tanto en el Antigua como en el Nuevo Testamento; probó ser tan ventajoso para la religión y para el hombre -para las naciones tanto como para los individuos- fue marcado como despreciable. La tolerancia de la Iglesia, que permitió ciertos trabajos necesarios en domingo, fue propiciatoria, y el dia del Señor se convirtió en un dia de comercio común en todas las grandes ciudades de la Europa continental  catolica. Los infieles, debido a una determinacion previa a la que se habia arribado en las logias, clamaron por permisos para que se abrieran museos y lugares  de público esparcimiento en los dias consagrados a los servicios religiosos, con el objeto de distraer a la población de la obligación de escuchar misa y adorar a Dios. Y no es que les importara nada de los infortunados trabajadores. Si cesara el día del Señor mañana mismo los trabajadores serían tan esclavos el domingo como los hacen ser el resto de la semana. El único día de descanso les sería arrancado y todos ellos acercados un poco más que antes a la absoluta esclavitud que iempre existió y que volverá a existir bajo cualquier forma de idolatria e infidelidad.
     Mientras esperan la reducción de la humanidad al socialismo, el conclave secreto que dirige a toda la masa del ateismo organizado ha tornado sus precauciones para que, con el objeto de impedir que los trabajadores atiendan los servicios religiosos y escuchen la palabra de Dios, teatros, cafes, jardines de esparcimiento, bares y otros medios de amenidad popular todavía peores, hagan sentir la  mayor influencia sobre ellos. Esta triste influencia se está comenzando a sentir, entre nosotros. Luego, además de la supresión  del reconocimiento de la Religión por el Estado, los Capellanes de el ejercito, de la armada, de los hospitales y de las prisiones debian ser retirados so pretexto del gasto o de que  eran innecesarios. Las Cortes de Justicia y las asambleas públicas iban a ser privadas de todos los símbolos cristianos.

     Se iba a hacer esto bajo la excusa de que la religión era una cosa demasiado sagrada como para que se le permitiese entrar en tales lugares. En la corte, en la sociedad, en las cenas, etc., los hábitos cristianos tales como la oración de gracia antes de las comidas, etc., o cualquier reconocimiento social de la presencia de Dios, iba a ser eliminada coma una cuestión de mal gusto. La compañia de eclesiásticos iba a ser evitada, y cien hábiles estratagemas iban a ser planeadas para borrar el aspecto cristiano de las naciones hasta que

estas presentaran una aparicncia más vacia de religión que aquella de los mismos paganos.
     Pero de todos los ataques hecho por los infieles durante el reinado de Palmerston, aquél contra la educación primaria, secundaria y superior fue el más marcado, el más determinado y decididamente, cuando tuvo éxito, el más desastroso. Debemos recordar que desde el comienzo de la guerra del ateismo contra la critiandad, bajo Voltaire y los enciclopedistas, este medio de hacer el mal fue el más recomendado por los lideres principales. En ese entonces acomularon ellos inmensas sumas con el objeto de difundir su propia mala literatura entre todas las clases. Bajo el Imperio, el más desastroso golpe asestado por el archimasón Talleyrand fue la formación del monopolio de la educación para los herejes en la fundación de la Universidad de Paris.

     Pero se dejó a los conspiradores de este siglo el perfeccionar el plan de arrancar de las manos de la Iglesia y de la influencia del cristianismo la educación de todas las clases y de los dos sexos de las generaciones jóvenes. Este plan fue aparentemente elaborado ya en 1826 por la masoneria intelectual. Cerca de esa época apareció un diálogo entre Quintez y Eugenio Sue en el cual a la manera de la carta de Vindex a Nubius todo el programa de la guerra de la educación, ahora ya en progreso, estaba ya delineado. En éste, las esperanzas que tenía la masonería con respecto al protestantismo en los países donde la población era mixta, estaban claramente expresadas.     

     Los celos de las sectas rivales debían ser excitados y cuando no pudieran coincidir, el Estado debía ser inducido a acabar con toda clase de religión "en aras de la paz", y a establecer escuelas sobre una base puramente secular y que fueran completamente libres del "control clerical" las que debían ser entregadas a maestros laicos a quienes seguramente el ateismo podria llegar a controlar. Pero en los países puramente católicos, en los cuales no se podían aducir argumentos tales como las diferencias entre sectas, el grito de guerra iba a ser enseñanza clerical contra. enseñanza laica. Los maestros religiosos debían ser apartados con mano fuerte, como ocurre actualmente en Francia, y luego se aduciría que los maestros laicos no eran competenes o no deseaban dar instrucción religiosa, la cual, a su debido tiempo, también podía hacerse desaparecer.

     Monseñor Dupanloup, ya fallecido, publicó, en 1875, un valioso pequeño tratado en el cual dio pruebas, extraídas de las expresiones de los más famosos masones de Francia y de otras partes, de las resoluciones tomadas en las logias principales, y de las opiniones de sus principales órganos literarios, de que lo que aquí se afirma es correcto. Los siguientes extractos con respecto a la educación demostrarán lo que la masonería ha estado haciendo con respecto a esta muy vital cuestión.

     Monseñor Dupanloup dice: En la gran logia llamada "La Rosa del Perfecto Silencio" se propuso en cierto momento a la consideración de los hermanos: '¿Debería suprimirse la educación religiosa?' Esta pregunta fue contestada así:

     "Sin ninguna duda lo principal de la autoridad sobrenatural, es decir la fe en Dios, quita a un hombre su dignidad, es inútil para la disciplina de los niños, y también tiene en si el peligro del abandono de toda moralidad... el respeto debido especialmente al niño, prohibe enseñarle tales doctrinas, que perturban su razón."

     Pera demostrar las razones de la actividad de los masones a través de todo el mundo con respecto a la difusión de la educación irreligiosa, será suficiente citar los puntos de vista de Monde Maconnique sobre el particular. Dice, en su número del 1° de mayo de 1865: "Un inmenso campo se abre a nuestra actividad. La ignorancia y la superstición pesan sobre el mundo. Busquemos crear escuelas, cargos para profesores, Bibliotecas". Impedida por el movimiento general de esta manera infundido en su cuerpo, la Convención Masónica (Francesa) de 1870, llegó unánimemente a la siguiente decisión: "La Masonería de Francia se asocia a las fuerzas activas en el país para obtener que la educación sea gratuita, obligatoria y laica".
     Todos hemos oído cuan lejos ha llegado Bélgica persiguiendo estos objetivos masónicos de educación infiel. En uno de los principales festivales de los francmsones belgas, cierto hermano Roulard exclamó, en medio de un aplauso general: "Cuando los ministros salgan a anunciar que intentan regular la educación en el país, yo gricaré fuerte: "A mi, un masón, a mi sólo se me debe dejar la cuestión de la educación; a mí la enseñanza, a mi los exámenes, a mi la solución."
     Monseñor Dupanloup también atacó el proyecto masónico de tener escuelas profesionales pera las niñas, tales como las que son recomendadas en las colonias australianas actualmente, como así también en todas partes en los países de habla inglesa. En aquella época, el movimiento estaba apenas siendo iniciado en Francia, pero él no se engañó. En un panfleto al que se adhirieron todos los obispos de Francia, y que fue por lo tanto llamado La Alarma del Episcopado, demostró claramente que estas escuelas tenían dos caras, en una de las cuales estaba escrito "Instrucción profesional para niñas", y en la otra "Acabemos con el cristianismo en la vida y en la muerte", "Sin la mujer", había dicho el hermano Albert Leroy en un Congreso Internacional de Masones, en París, en 1867, "todos los hombres unidos no pueden hacer nada" -nada para descristianizar al mundo con efectividad.
     Pero como hemos visto, la mayor aspiración de la Alta Vendita era corromper a la mujer. "Como no la podemos suprimir", le había dicho Vindex a Nubius «corrompámosla con la Iglesia". El metodo mejor adaptado, para esto era extrañarla de la Iglesia por medio de una educación infiel.

     Aquí podríamos traer a la mente el hecho de que fue mientras; Lord Palmerston dirigía la masonería como Monarca, y la politica inglesa como Ministro, que un insidioso intento de introducir el secularismo en la educación superior en Irlanda, por medio de los Colegios de la Reina, y en la educación primaria por intermedio de ciertos actos del Consejo Nacional de Educación, fue llevado a cabo.        

     La fidelidad del episcopado irlandés y la siempre vigilante mirada del papado desconcertaron ambos planes, o al menos los, neutralizaron en gran medida. Intentos de la misma clase se están, haciendo en Inglaterra. Allí, gradualmente, internados con casi ilimitados fondos provenientes de impuestos han sido en primer lugar hechos legales, y luego alentados en la forma más hábil. Las escuelas religiosas han sido desalentadas sistemáticamente y han alcanzado ahora una situación peligrosa. Esto ha sido llevado a cabo primero por la masoneria de Palmerston en lugares clave y en segundo lugar por la masoneria de Inglaterra en general, no en verdadera conspiración con conocimiento de causa en cuanto a las fuerzas secretas de las que he hablado, sino influenciada sin quererlo por los bien planeados clamores por la difusión de la luz, por la difusión de la educación entre las mesas, por que se acabara con las discordias religiosas, etc. Nunca se mencionó, desde luego, que todas las ventajas por que se clamaban podian ser obtenidas, junto con las todavia mayores ventajas de una educación cristiana, produciendo una futura población cristiana. Se mantenia deliberadamente oculto el hecho de que la gente que usaria con seguriaad de estos internados, era aquella que jamás concurria a la Iglesia y que jamas pensaria en dar instrucción religiosa a sus hijos. Nada puede mostrar el poder de la francmasoneria mejor que la estolidez que se las arregló para producir en los hombres que proyectan las leyes en ambas camaras del Parlamento Inglés y que fueron de esta manera burlados haciendoles entrenar hombres adecuados pare quitarles a ellos mismos sus posiciones, riquezas, y aim el pan, como asi el de sus hijos; y que se las arregló para subordinar a las clases adineradas de Inglaterra al grupo que hizo caer a otra enceguecida "clase adinerada", en Francia, durante el siglo pasado. 
     En Inglaterra los francmasones tuvieron, desafortunadamente, como aliados a los disidentes. El odio por las escuelas de la Iglesia causó que estos últimos hicieran causa común con los ateos contra Dios, pero la destrucción de la Iglesia de Inglaterra -ellos no tienen la esperanza de destruir la vigorosa Iglesia Catolica del país— nunca compensará ni aun a los socimanos. Porque un espiritu de irreligión instruida en Inglaterra podrá, en una generación, intentar nivelar por el ateismo pare su propio beneficio, y por cierto que no para beneficio de los ricos disidentes, o de los disidentes que todavia tengan algo qua perder.

     Las mismas influencias ateas eran poderosas, y por las mismas razones, en todas las legislaturas australianas. Alli, la influencia de la francmasoneria continental es más fuerte que en Inglaterra, y las influencias conservadoras que neutralizan los movirnientos ateos de naturaleza demasiado democrática en Inglaterra y Escocia, son más débiles. Por lo tanto, en todos los Parlamentos australianos se votan las leyes, con solo débiles objeciones por parte del partido de la Iglesia, que permitiran la abolición de toda clase de educación religiosa y que harán toda la educación del pais "secular, obligatoria y libre". Es decir, sin religión, obligatoria para todas las clases y mantenida por el Estado. Y hete aqui que después de pagar los impuestos completos, el Catolico y el cristiano conciente de la Iglesia de Inglaterra, tienen que sostener en todas aquellas colonias su propio sistema eaucativo, y esto, al mismo tiempo que están pagando por el otro sistema y que estén soportando el peso adicional de la competencia de las escuelas del Estado, ricas y completamente subsidiadas para tener todo lo necesario, y con lujo, a expensas de los impuestos generales.
     Una caracteristica final en la guerra de la educación del ateismo contra la Iglesia especialmente y contra el cristianismo en general; es el intento de proporcionar educación superior sin religion a las jóvenes. Los gastos que ellos han inducido a ejectuar a las legislaturas con este propósito son sorprendentes; y cómo es que las naciones toleran tales gastos es igualmente sorprendente. Esto no es sino llevar a cabo a pies juntillas el consejo de Vindex: "Si no podemos suprimir a la mujer corrompamosla junto con la Iglesia."

     Ese, es el proposito de esos infames nidos del mal vicio, las "logias de adopción", las logias para mujeres, y las "andróginas" -logias para masones libertinos y mujeres- que fueron establecidos por los "illuminati" de Francia en el siglo pasado.

     Con el mismo propósito es que hoy en dia se planean escuelas de educacion superior para las niñas. Esto lo sabemos por las abiertas declaraciones de los lideres masones. Estos establecimientos fueron introducidos en Francia, Bélgica, Italia y Alemania con el propósito de sustraer a las jovenes de clase media y superior del bendito y seguro control de las monjas en los conventos, y con el propósito de guiarlas a un positivo ateísmo por su contacto con maestros infieles y compañías infieles.
     Este designio de las logias está teniendo éxito en su misión de maldad terrible; pero, gracias a Dios, no entre las hijas de respetables cristianos, quienes valúan la castidad, el honor, o la futura felicidad, aquí y después, de sus hijas, las que necesitan de mayor cuidado y delicadeza en su educación.
     En el extracto de la intrucción permanente de la Alta Vendita se ha visto cuán astutamente los ateos organizaron la corrupción de la juventud en las Universidades. Es notorio desde entonces que en todas las escuelas secundarias sobre las cuales, han podido influir, los estudiantes han sido privados de la religión, han sido enseñados a odiarla y a hacerle burla, han sido tentados a seguir cursos viciosos, y han sido colocados bajo profesores sin religión ni moral. ¿Cómo nos podemos sorprender si las Universidades del Continente se han convertido en nidos de vicio, almacigos, de revolución y de ateísmo? Aun más, cuando la masonería gobierna, como en Francia, Italia y Alemania, el único camino de obtener un medio de vida para los jóvenes pasa por afiliarse a la masonería; y la única forma de asegurarse él progreso personal es siendo devotos a los principios, intrigas e intereses de la secta.
     Los continuos esfuerzos de la masonería, ayudada por una literatura atea e inmoral, por una opinión pública corrupta, por una celosa propaganda de descontento contra la Iglesia, contra sus ministros y sus sacramentos, y por una vigilancia alerta de parte de un Directorio dedicado a la consecución y al avance de todos los fines viciosos, son suficientes a todas luces para arruinar al cristianismo si éste no fuera divino. Pero, adicionando a sus esfuerzos intelectuaes, la masonería ha tenido desde el principio otro poderoso medio de destruir el orden social cristiano existente en el mundo en beneficio del ateísmo.    

jueves, 11 de julio de 2013

COMULGAD BIEN (13)

HAY QUE SABER Y PENSAR EN LO QUE SE VA A RECIBIR

Discípulo.—Padre, para comulgar bien, ¿se quiere algo más, a parte de no tener pecado mortal?
Maestro.—Ya lo creo, pues todos saben que para comulgar bien se requieren tres cosas. Primera: Estar en gracia de Dios. Segunda: Saber lo que se va a recibir y pensar en ello. Tercera: Estar en ayunas. Lo que se ha dicho hasta aquí se refiere a la primera condición; lo de la segunda y tercera te lo diré después.
D.—Entonces, ¿puede haber Comuniones mal hechas por lo que se refiere a la segunda disposición?
M.—Sí. Hay muchos cristianos que, por Pascua o en otras solemnidades, se acercan a comulgar sin saber ni pensar en lo que hacen o van a hacer. Cuántos son, particularmente mujeres, los que se acostumbran a frecuentarla, y recibirla aún diariamente, solamente por hacer lo que hacen los demás. Amigo mío, es conveniente sepas que no puede haber mayor ignorancia que la que se refiere a la religión, particularmente en este aspecto de la Comunión.
     Muchos, muchísimos son los cristianos de hoy día que, o no lo han aprendido bien o tal vez no han llegado a saberlo aún, y de aquí la ignorancia tremenda sobre la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía; por esto no es extraño vayan a comulgar como si se acercaran a besar una reliquia o a recibir cualquier otro sacramental.
     Muchos, demasiados son los cristianos de nuestros días que aún no han aprendido bien estas cosas y que, por tanto, no saben nada con solidez sobre la esencia y sustancia de este Sacramento. También son muchos los que ignoran los efectos admirables que produce la Sagrada Comunión, y las disposiciones necesarias para recibirla. Si se les pregunta, contestarán que reciben a Jesucristo, a Nuestro Señor, pero lo dicen como niños que lo han aprendido de labios de sus madres, y nada más. Instruidos así sobre la Sagrada Comunión, ¿será posible que comulguen bien? 
D.—Creo que no.
M.—Figúrate, pues, cuántas serán las Comuniones mal hechas.
D.—¡Qué calamidad! ¡Estos tales deberían dejar de comulgar!
M.—Al revés: ni se abstienen ni se instruyen, en su interior creen saberlo todo y que son tan dignos como los demás, sobre todo, como ya te dije, si son mujeres y de las de pico largo.
D.—¿Y entonces?
M.—Entonces hay que predicar e instruir sobre este punto, y alzar la voz bien alta contra los abusivos, y vigilar constantemente, examinándoles con cordura y prudencia, pero con rigor.
D.—Esto está bien en cuanto a saber lo que se va a recibir: pero ¿y en cuanto a pensar?
M.—Dice el Catecismo que hay que pensar también en lo que se va a recibir; por esto comulgan mal los que se acercan en forma indecorosa.
D.—Se ven algunos, niños sobre todo, que ríen en la Iglesia, charlan y están distraídos, y, llegado el momento de comulgar, se precipitan ante el altar o ante el comulgatorio.
M.—Hacen mal, muy mal. Y siendo aún niños tienen disculpa, pues Dios mirará la edad y el poco criterio; pero los adultos que así proceden no tienen derecho a compasión ni excusa de ninguna clase.
D.—¿Y las muchachas y señoritas que se acercan a comulgar girando la vista a una parte y otra, haciendo muecas, jactándose de sus gracias, haciendo ostentación de vanidad y vestidas con poca modestia?
M.—Hacen muy mal. Todas éstas comulgan mal.
D.—Entonces, ¿son cosas serias? 
M.—Muy serias, pues se trata nada menos que de pisotear el más augusto de los Sacramentos. Son pobres desgraciadas, cristianas sin fe.
D.—¿Y qué hacer para impedir tales abusos?
M.—Vigilarlas, corregirlas, afear su conducta, y si esto no bastara, privarlas de la Comunión.
D.—Pero la gente ¿no lo extrañará?
M.—Cuando se acostumbren a ver cómo se aparta de la Comunión a los indignos, y nadie se extrañará, antes sentirán contento al ver respetado el Cuerpo adorable de Nuestro Señor, y restablecido el decoro debido a tan augusto Sacramento.
D.—Y con esto, ¿no habrá peligro de alejar a muchos de la Comunión?
M.—No hay que temer; y hay que sentir más celo por el decoro debido al Sacramento más augusto. Habrá bajas, ¿quién lo duda?, pero disminuirán los sacrilegios, y los más aprenderán con esto a comulgar dignamente.
     Este es un mal como los otros; si no se le aplica el remedio, progresará siempre más. "Fuera los perros", gritaba San Agustín. "Fuera los perros", decimos también nosotros, y procuremos echarlos fuera de verdad. Así, y únicamente así, lograremos que Dios bendiga con más efusión las ciudades y los pueblos.

Pbro. Luis José Chiavarino
COMULGAD BIEN

EL SACRIFICIO DE LA MISA (13)

 PARTE I
LA MISA A TRAVES DE LOS SIGLOS
11. La misa en la época del gótico (B)

Tema central: la pasión
     157. A pesar de todas estas fluctuaciones, durante toda la Edad Media quedó la pasión o, en general, la vida y pasión de Nuestro Señor como tema fundamental para la explicación alegórica de la misa. El mandato del Señor: «Haced esto en recuerdo mío», no solamente nunca se perdió de vista durante todos estos siglos en la devoción popular de la misa, sino que, al contrario, se cumplió con ello, a su modo, de una manera ejemplar. Buena prueba de ello es el cuadro de la Misa de San Gregorio, reproducido tantas veces por los pintores medievales: mientras celebra, se le aparece al papa San Gregorio, encima del altar, el Señor como varón de dolores, con los atributos de la pasión. En cambio, la idea del sacrificio como tal, y en concreto del sacrificio que aquí es ofrecido de nuevo, y en que participa la Iglesia, queda casi en la penumbra, a pesar de que la enseñanza de los teólogos se atiene en todo este tiempo a la doctrina tradicional (La poca importancia que durante el siglo XII se dió en la concepción de la misa a la idea del sacrificio, la demuestran las razones que Honorio Aucustod. (Gemma an., I, 36: PL 172, 555) da para la celebración diaria de la misa; para que: 1.°, los obreros en la viña del Señor (es decir, los sacerdotes) pueden comulgar; 2.°, los neófitos se incorporen (por la comunión después del bautismo) a Cristo (cf. A. Landgraf: ZkTh 66 [1942] 119-131), y 3.°, para que entre los fieles se mantenga viva la memoria passionis) sobre el sacrificio de Cristo en la cruz y en la misa. Es verdad que se sigue practicando en muchas ocasiones la presentación de las ofrendas, pero muy contadas veces se habla en los comentarios de la intervención de la comunidad en el sacrificio, que ofrece con Cristo sus dones o, por lo menos, que se une a su alabanza y homenaje divino. Por las ofrendas que presentan los fieles, más bien «se compra y se beneficia uno de los sufrimientos de Cristo y de los méritos de su pasión, conmemorados en la misa». Es decir, que la misa se considera casi exclusivamente como un medio de que Dios se vale para santificar al mundo. En el desarrollo litúrgico de la misa ya no se ve, como en los primeros siglos, la acción de la Iglesia, su acción de gracias y sus ofrendas, sino principal y casi exclusivamente la obra redentora de Dios. El único que de parte de los hombres participa en la acción es el sacerdote. 

«Los misterios de la misa», de calderón
     En todo lo que hace, se les revela a los fieles, como en una representación misteriosa, la vía dolorosa del Señor. No es casual que Calderón de la Barca, con su obra Los misterios de la misa, haya resumido la herencia de las alegorías medievales en una obra dramática en la que hace reflejarse, a través de la misa, toda la historia de la redención, desde la caída de Adán hasta el fin del mundo. En cambio, no habla en ningún sitio de la participación del pueblo, ni en el ofertorio ni en la comunión. La Eucaristía se ha transformado en una epifanía, en la venida del Señor, que aparece entre los hombres y les distribuye sus gracias. Los hombres se han reunido en torno al altar para participar de estas gracias. Es una concepción de la misa, a la que correspode el deseo que ahora se manifiesta de asistir al sacrificio cada dia todas las veces que fuera posible. 

La alegoría crea nuevas ceremonias 
     158. No es de extrañar que estas alegorías, que dominaron durante siglos, hayan dejado sus huellas también en la misma liturgia, o sea, en ceremonias que la Edad Media añadió para hacer más clara la representación sagrada. Entre ellas está, como luego veremos, la de guardar en el ofertorio la patena debajo del corporal, para simbolizar la ocultación del Señor antes de la pasión; la inclinación de la cabeza al acabar el memento de los difuntos, como alusión a la muerte de Cristo; el mantener la costumbre de levantar la voz al Nobis quoque, cuando ya no había motivo intrínseco para ello, como recuerdo de la exclamación del centurión al morir Jesús; las cinco cruces de la doxología final del canon, como representación de las cinco llagas; el adelantar la conmixtión, como símbolo de la resurrección, para que con esto el saludo de paz Pax Domini pudiera presentarse como saludo del resucitado; la elevación de las manos y de los ojos antes de la última bendición, en imitación del Señor antes de su ascensión.
     La concepción de la misa como epifanía que aparece en la explicación alegórica, subió de punto decididamente cuando a fines del siglo XII se introdujo la elevación de las sagradas especies en la consagración. Verdad es que lo que vemos nosotros con los ojos no es más que el velo sacramental de su cuerpo y sangre; con todo, el hombre medieval, cuando por diversas circunstancias la Eucaristía pasó al plano preferente en sus devociones, ardió en ansias de clavar fervorosamente su mirada en las especies. 


Presencia sacramental de Cristo
     159. El rumbo de las consideraciones eucarísticas venía cambiando hacia siglos, desde que con Isidoro, y más aún con las controversias del siglo IX, se hizo normal ver en el Sacramento, con omisión absoluta de todo simbolismo, casi exclusivamente la idea de la presencia real. Los teólogos ahondan ahora y profundizan en esta presencia y en el modo de verificarse. Desde Anselmo de Laón (+1117) y Guillermo de Champeaux (+1121) es afirmación evidente a la luz teológica que está presente en el Sacramento no sólo el cuerpo y la sangre, sino totus Christus, y esto en cada una de las especies. Con esto se encontró una fórmula que armonizaba con la concepción que el pueblo venía oyendo en las explicaciones alegóricas de la misa, en las que se había acostumbrado a la masa a acompañar con el pensamiento la persona del Señor por los caminos de su redención, más bien que a ofrecer en oración o recibir en la comunión una cosa, a saber, el cuerpo y la sangre de Cristo, como don y manjar sacrifical. De este modo, la meditación del Cristo histórico como modelo ejemplar de nuestra vida, aspecto que desde San Bernardo se fue imponiendo cada vez más en la conciencia del pueblo cristiano, pudo combinarse ahora con la meditación de la Eucaristía, ganando así el interés por esta devoción.     
     En el lenguaje de la Iglesia seguía por de pronto la antigua terminología. Se habla de festum Corporis Christi. En los nuevos himnos de la consagración se le saludaba a Cristo Ave verum Corpus (cf. II, 289). Véanse, en cambio, las fórmulas con que se enseña el sacramento más tarde antes de la comunión, p. e., en el rit. 1 del obispo Enrique I de Breslau (más adelante, II. 532 =8). En la baja Edad Media fué muy general la costumbre de llamar a Cristo en la Eucaristía sencillamente «Dios». También Bertoldo de Ratisbona (+ 1272) habla con preferencia del «Gottesleichnam», cuerpo de Dios; cf. sus sermones, ed. Pfeiffer, II, 87ss. 

Reacción contra la herejía
     160. Al mismo resultado condujo la lucha contra los movimientos heréticos de la época. Una ocasión más lejana fue la herejía de Berenguer de Tours (+ 1088), cuya negación racionalista de la presencia real fue condenada en varios sínodos. Pero esta controversia, originada entre teólogos, apenas traspasó sus círculos y los del clero. Es cierto que entre ellos, y más en los conventos, se introducen formas las más reverentes hacia el sacramento; por ejemplo, las prescripciones sobre la selección y preparación de las materias de pan y vino, la costumbre de juntar los dedos, que se purifican de modo especial después de tocar el sacramento; las reglas concretaa sobre la ablución de los dedos y la limpieza de los Vasos sagrados después de la comunión.
     Reconozcamos, con todo, que tales delicadezas y costumbres sólo trascendieron a sectores más amplios cuando entre la riqueza de una iglesia feudal se encendió en el siglo XII la herejía neomaniquea de los albigenses, que con la negagación de la jerarquía y de los sacramentos negaron también la fe en la Eucaristía. Se trataba entonces realmente de una lucha por el alma del pueblo, que estaba profundamente amenazada. La palabra cataros (los puros) con que se llamaba un grupo de estos sectarios, es ya una prueba palpable de ello. La nueva doctrina atraía tanto por el ideal de una
Iglesia pobre como por el primitivismo de sus afirmaciones. Explicaban el sacramento del altar sencillamente como mero pan, purum panem, y la desnuda bendición del pan la consideraban como suficiente para la Eucaristía. 


Milagros obrados por la hostia
     161. Por el lado católico surgieron todavía en el siglo XII las narraciones sobre los milagros de las sagradas formas. Se deducen y multiplican los casos de quienes han visto visiblemente en las especies la aparición corpórea del Salvador. Aunque estas narraciones no resisten, por lo general, un examen critico, de todos modos son una profesión de fe popular. Tanto más pura cuanto más realista es su lenguaje. En ellas asoma claramente el ansia por contemplar lo que está oculto en el sacramento. Y sí el cristiano ordinario sabe que él es indigno de la gracia especial de ver al Señor de modo tangible, por lo menos quiere clavar fervorosamente su mirada en los velos exteriores bajo los que se oculta. Y esto le sirve al mismo tiempo como de comunión sacramental, que tan raras veces se le permite entonces. 

La elevación de la forma
     Contribuyó a fomentar este deseo de fijar los ojos en las especies el antiguo rito por el que el sacerdote, imitando al mismo Señor, al llegar a las palabras accepit panem, tomaba el pan en las manos y lo levantaba un poco. Como por instinto se concentraba entonces de modo particular la atención de los fieles sobre esta ceremonia, y los sacerdotes satisfacían esta ansia del pueblo procurando dar más realce a la misma. Pero como el interés de los fieles, más que a la ceremonia de la oblación, se dirigía a la presencia del Señor, y en la oblación todavía no se daba esta presencia, algunos obispos, a imitación del de París, para evitar que se adorase un simple pan no consagrado, comenzaban a dar poco después de 1200 una serie de prescripciones que trataban de substituir esta elevación antes de la consagración por otra después de la misma, exigiendo al mismo tiempo que en ésta la forma consagrada se levantase hasta tal altura que la pudieran ver y adorar todos. 

Ansia de ver la forma
     162. Con esta ceremonia, la consagración, como centro de la misa, consiguió una expresión adecuada, que absorbe toda la atención de pueblo. Ver el misterio sagrado es también la suprema aspiración en la leyenda del Santo Grial, en la que por entonces encuentran su expresión poética los anhelos de la Edad Media.
     La procesión del Santo Grial constituye un apogeo en la obra más antigua de este género, de Cristiano de Troyes (entre 1169 y 1190). En ella aparece el Grial como el vaso misterioso, lleno de piedras preciosas, en que se lleva la Eucaristía al rey enfermo (v. 3220ss; cf. v. 6423). Despide tal resplandor, que a su luz palidece la de las velas con que se le acompaña, así como palidece la luz de las estrellas ante la del sol o de la luna. Cf. K. Burdach, Der Gral: «Forschungen zur Kirchen und Geistesgeschichte». 14 (Stuttgart 1938 415ss. Mientras en Cristiano los efectos milagrosos se atribuyen a la hostia, que contiene el Grial. en la poesía, un poco más reciente, de Roberto de Borrón (hacia el final del siglo XII; Burdach. 466s) y en Wolfram de Eschenbach se atribuyen al mismo Grial y se experimentan sólo con verlo (Burdach. 456s 476 516). A a la tesis de Burdach que explica los elementos principales de la leyenda del Santo Grial de la liturgia griega habrá que decir lo mismo que M. Lot-Borodine escribió acerca de las afirmaciones mucho más concretas de E. Enitschkof en tres artículos de Romanía 56 (1930 hasta 59 (1933); cf. el relato en JL 13 (1935) 402s.9. Y como en la leyenda, se esperan siempre de la contemplación de la sagrada forma efectos sobrenaturales (Las afirmaciones sobre los efectos milagrosos de la contemplación de la Eucaristía empiezan en los primeros decenios del siglo XIII; vease Dumoutet. Le désir de voir l'hostie, 18s. Existe, pues, también en ésta un sorprendente paralelismo. La opinión de que estas creencias pasaron del Grial a la Eucaristía, con razón es rechazada por Dumoutet). El aprecio por la contemplación de la hostia llegó al extremo de equipararla casi con el acto de la comunión. Hasta se llegaron a ocupar en serio con la cuestión de si no constituiria pecado el que un pecador mirase la sagrada forma.
     Dumoutet, 18-25; Browe, Die Verehrung der Eucharistie im mittelalter, 56-61. Desde luego, los teólogos niegan que se corneta nuevo pecado; con todo, se prohibió a veces a los castigados por la excomunión o el entredicho que mirasen la sagrada hostia, prohibición que a veces indujo a los excomulgados a que hiciesen agujeros en los muros de la iglesia (Browe, 61s).     
     Durante la baja Edad Media, para muchos lo esencial en la aistencia a la misa era únicamente ver la sagrada hostia. Solo por haberla logrado ver quedaba satisfecha su devoción. En las ciudades se dió el caso de que la gente corría de iglesia en Iglesia para ver el mayor número de veces posible alzar la hostia, prometiéndose abundantes frutos de esta devoción (Un manuscrito de Graz del siglo XV dice. p. ej., que en el mismo día no se perdería la vista, no habría que sufrir hambre, uno no se moriría de repente, que se perdonarían las murmuraciones, etc. Franz. 103; cf. 70). Hubo procesos ante los tribunales por la posición de un asiento en la iglesia, de donde se pudiese contemplar bien el alzar (Dumoutet, 67s. En Inglaterra no fué raro el caso de que al celebrante que no levantaba lo suficiente la hostia se dijese en voz  «¡Más alto, señor Juan, más alto!». Fortescue, The Mass.). Como existen testimonios del abuso de no entrar en las iglesias sino inmediatamente antes de la elevación y salirse después atropelladamente («Salen atropelladamente de la iglesia», quasi diabolum vidissent, se queja el franciscano Miguel de Hungaria (Sermones dominicales THagenau 1498], serm. 74; Dumoutet, 69). Asi también predicador vestfaliano. Franz. 18). 

Fomentada por los predicadores
     163. Desde luego se reprobaron estos abusos, pero su verdadera raíz, el ansia de ver la sagrada forma, fué cultivado por teólogos y predicadores (Con cierta reserva tratan el asunto algunos teólogos a partir del final del siglo XIV. Después del siglo XVI también el pueblo pierde el interés en este ejercicio). Por otra parte, los grandes predicadores sabían exponer bien el verdadero valor de esta ceremonia. En uno de sus sermones sobre la misa explica Bertoldo de Ratisbona que el sacerdote quiere decir tres cosas con la elevación del sacramento: he aquí el Hijo de Dios, que por ti presenta sus llagas al Padre celestial; he aquí el Hijo de Dios, que por ti fué clavado en la cruz; he aquí el Hijo de Dios, que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos. Por esto se tenía interés en que la elevación de la sagrada hostia no fuera un momento fugaz, sino se prolongase por algún rato, mientras la comunidad con sus cantos sagrados rendía homenaje y adoraba el cuerpo del Señor. La ceremonia se podía repetir también en otros momentos de la misa, al final del canon (De este modo, la antigua elevación del cáliz y de la hostia se transformó en una simple acción de enseñar las especies, que se unió muchas veces con el Pater noster; cf. más adelante, II. 408) y después del Agnus Dei (Así se hizo algún tiempo en los dominicos (Browe, 63). Se trataba de una parte de la costumbre, que aun se conserva, de sostener desde el Agnus Dei hasta la comunión la hostia encima del cáliz, cf. más adelante, II, 471, 500. En contra de tales costumbres, pide el Officiarium curatorum, impreso el 1503 en Autún, que no se enseñe la hostia más que una sola vez, porque Cristo sólo una vez fué crucificado, pero añade: quamvis secundum aliquos trina fíat ostensio propter crucifixionem linguarum iudaeorum dicentium: Crucifige. Dumoutet, 55) ni debía faltar el Viernes Santo (Browe, 64. Esta costumbre se ha mantenido hasta la actualidad). Es verdad que, por otra parte, hubo que prevenir también los excesos, por la indiscreción de algunos sacerdotes, que no conocían en esto límites (Browe, 63s. Hubo también sacerdotes que cobraban por una elevación más prolongada (Dumoutet 70s). 

La misa ante el Santísimo expuesto
     164. La presentación al público de la sagrada hostia no tardó mucho en formar rito distinto fuera de la misa. Con la introducción de la custodia comenzó a frecuentarse pronto también en otras funciones religiosas. A principios del siglo XIV se hizo costumbre llevar el Santísimo descubierto por las calles en procesión solemne, en la fiesta del Corpus, instituida el año 1246 como consecuencia del nuevo movimiento eucarístico. Luego se dejó expuesto el Santísimo en la misa mayor de la fiesta, lo mismo que durante toda su octava, y no sólo el tiempo que duraba la misa, sino también durante el rezo del Oficio divino. En el mismo siglo XIV se introdujo la costumbre de tener expuesto el santísimo aun en la misa de otras fiestas del año, principalmente todos los jueves, en que se decía una misa votiva del santísimo Sacramento.
     Browe, 141-154. En Klosterneuburg se fundó el año 1288 una misa votiva semanal cantada en honor del Santísimo Sacramento (Schabes, 71).
     La misa ante el Santísimo expuesto, que entonces se divulgó tanto y que, juntamente con el culto de la exposición, cobra nuevo empuje contra la herejía, nos pone de relieve el interés y entusiasmo que sentía el pueblo por el momento solemne de la elevación dentro de la misa, queriendo prolongar aquella manifestación visible durante el tiempo que durara el sacrificio (El
pensamiento de que toda la liturgia de la misa no es más que el marco que ha de adornar la consagración del sacramento, lo expresó sencillamente el canónigo de Beromünster Rodolfo de Liebenegg, (+ 1332) en su Pastorale novellum Missa sacramento servit specialiter isti, Cuius ad ornatum patres hanc constituerunt, Praecipue Iacobus et Basilius venerandi (Franz, 488). En la Legislación romana se advierte bastante reserva frente a estas tendencias de especial incremento en el sur de Alemania y en España. 

     Codex Jur. Can., can. 1274, con las numerosas fuentes allí citadas. Cf J. Kramp, Eucharistia (Freiburg 1924) 81-110. Nicolás de Cusa, cuando estaba de cardenal-legado en Alemania (1450-1452), en muchos sitios se declaró, no sin acritud, adversario de las exposiciones continuas y misas ante el Santísimo expuesto si no era en la fiesta del Corpus (Browe. Die Verehmng, 170-172).

La genuflexión ante el Santísimo
     165. Hacia finales de la Edad Media, de la misma raíz, es decir del celo por la adoración del Sacramento del Altar, nace otro rito, que en seguida se propagó por todas partes, dando un sello especial a la liturgia de la misa, entre la consagración y comunión. Nos referimos a la genuflexión de antes y después cada vez que se tocan las sagradas especies. Esta genufliexión no se conoce antes del siglo XIV, y por ella, en una época relativamente tardía, se aplica al Santísimo Sacramento una prerrogativa que, lo mismo que el empleo de la luz y el incienso, trono y baldaquino, proviene del ceremonial de la corte imperial, de donde había pasado a la liturgía, hacia ya muchísimo tiempo, como una manifestación del respeto debido a los obispos (Como es sabido, aun se les manda a los clérigos por el Caeremoniale episc. (I, 18, 3) la genuflexión al obispo).     Con esta concepción de la misa, transformada, en gran parte, en representación viva y teatral que habla a los sentidos de los asistentes, riman perfectamente las tendencias a enriquercer la parte musical para la acción litúrgica.

Secuencias y «tropos» 
     166. El canto gregoriano habia conseguido en el siglo VIII, sobre todo dentro de Roma, una respetable altura. No pocos viajes a Roma de clérigos francos y anglosajones se debían al deseo de adquirir en la Ciudad Eterna libros y, sobre todo, maestros del canto litúrgico. Se trataba de un canto artístico con ricas melodías, para el que se necesitaba una Schola adiestrada, pero que, si prescindimos de la octava alta de los tiples, se mantenía estrictamente en los límites de la homofonía. Al final de la época carolingia apareció ya la primera tendencia a enriquecer el canto, aun limitándose únicamente al texto. Las largas entonaciones con una sola sílaba de texto parece que no satisfacían al gusto germano. De ahí que se creasen nuevos textos en los que cada silaba correspondiera a una nota de la melodía. Es la forma primitiva de los llamados tropos, que se cantaban por una parte del coro adornando el texto, mientras la misma melodía era cantada por el resto de la Schola. En el siglo X los encontramos propagados por todas partes como acompañamiento en las fiestas, pero acomodándolos a cada canto del propio del tiempo, y luego también del ordinario de la misa, en la que se cantaba desde el Introito y el Kyrie hasta el final de la misa, con inclusión a veces del Ite, missa est. Posteriormente se Intercalan en el texto, con la melodía tradicional, frases cortas o, como ocurre en el Introito, se le anteponen. Un caso especial lo tenemos en las secuencias, que se formaban poniendo texto a las larguísimas melodías del aleluya, y que luego en toda la Edad Media dieron una floración de cantos independientes en centenares de poesías. Es notable que Roma, y en general Italia, así como había mostrado una gran reserva frente al arte gótico, también miró con indiferencia a las secuencias, por las que por vez primera entraban en la misa creaciones poéticas. Como se trataba generalmente de textos nuevos, tal enriquecimiento sólo beneficiaba la devoción de los clérigos.

Las primeras melodías gregorianas
     Del mismo modo se crearon nuevas melodías, a partir sobre todo del segundo milenio, para los textos del ordinario. Hasta entonces habían tenido el carácter sencillo de una recitación semejante a los cantos del sacerdote, de los que algunos no eran sino una continuación (De esta clase es la misa gregoriana n. 18. que se usa en el adviento y la cuaresma y en el Requiem). A veces tenían un aire con las aclamaciones y contestaciones del pueblo, del que se diferenciaban sólo por su mayor extensión (Efectivamente, no solamente el Kyrie, sino también el Sanctus, Benedictus y Agnus Dei, tienen carácter de aclamaciones, en sentido más amplio; incluso el Gloria se compone en parte de aclamaciones). Se trataba, pues, de un género algo más solemne de recitación, con algunas cadencias, en la que todos podían participar.

Canto del clero
     167. Esto explica el que tales textos, sólo por excepción, fuesen ejecutados por la Schola. Por otra parte, fuera del sanctus, ya en la época carolingia dejaron de recitarse por todo el pueblo, interpretándose en esta época, y generalmente también en los siglos XII y XIII, por los clérigos, presentes en el presbiterio. Por esto en los países del norte de los Alpes se llama aún hoy día coro. Entre estos clérigos existiría un coro de cantores especialmente ensayado, que se encargaría de los cantos del propio y tomaría en general la dirección del canto. Y esto con más razón, a medida que se iban enriqueciendo las melodías de los textos del ordinario. Tal fue el caso del Kyrie en los siglos X y XI. Asi, los cantos de la antemisa fueron imponiéndose en cierto modo sobre los de la misa sacrifical. Para el Sanctus y el Agnus Dei se compusieron sólo posteriormente melodías más variadas. El Gloria y el Credo conservaron en sus nuevas tonadas el carácter recitativo de la salmodia. Con todo, el adorno musical en las melodías del ordinario era ya en la época de San Bernardo tan refinado (+ 1153), que en la reforma del canto religioso, llevada a cabo con su colaboración, parecía necesario desterrarlo. Hay que reconocer, a pesar de todo, que los cantos del ordinario no formaban ni aun entonces un verdadero conjunto. El ejemplo más antiguo en que aparecen por vez primera como tal, es la misa de Angelis, compuesta a fines del siglo XIII y tan frecuentada en la actualidad.

El «chorus»
     168. Fué entonces cuando la palabra chorus adquirió una nueva coloración semántica, a saber, la del coro de los cantores, que, separado ya del clero, admite hasta seglares, llegando a independizarse, incluso por lo que se refiere al sitio en que actúa, al retirarse primeramente hacia el lectorium (Lettner, la tribuna elevada para la lectura o canto de la epístola y el evangelio, que en las antiguas iglesias góticas separa el presbiterio de la nave en lugar de las verjas), y más tarde al coro en el fondo de la iglesia, encima de la entrada principal. En el canto litúrgico empieza ahora, además, a aparecer la polifonía. Los primeros ensayos del siglo IX se hicieron para los cantos del propio. Consistía entonces la polifonía en que una segunda voz, utilizando a veces un tropo como texto, acompañaba la melodía en una diferencia de una cuarta o quinta; acompañamiento para el que se podia emplear también un instrumento músico (voz organal).

Los motetes
     169. En el siglo XII, la catedral de Notre-Dame de París asumió la dirección de esta evolución. En ocasiones solemne se fueron juntando, con preferencia en algunos pasajes del gradual y aleluya, a la melodía gregoriana una segunda y pronto una tercera y cuarta voz con melodías más libres, a las que se asignaba un texto especial, a veces en lengua vulgar, si se prestaba para ello la abundancia de las melismas (Son los así llamados motetes; véase el cuadro en Ursprung con ejemplos de los manuscritos de los siglos XIII-XIV. Un manuscrito de Klosterneuburg de 1551 ofrece un ejemplo alemán; en él se encuentra la misa de Pascua de Resurrección puesta en música polifónica, en la que el soprano acompaña el texto latino con la canción alemana «Christ ist erstanden». Schabes, 150). Del mismo género, aunque de categoría inferior, fue seguramente el canto de los trovadores, de los que oímos que se ofrecían a cantar sus versos en la misa super Sanctus et Agnus Dei. Tales cantos entraban en la corriente de la época, gustadora de este floreo ligero, pero que eran en detrimento del canto religioso. Pronto se alzaron voces de alerta para defender la seriedad del canto litúrgico tradicional, estimulando la intervención de la autoridad eclesiástica.
     Para ello se cita con frecuencia, pero no con mucha razón, una disposición del segundo concilio de Lvón (1274), const. 25, que prohibe e. o. publica parlamenta (Mansi, XXIV, 99 A); una disposición acerca del canto (quod... ars cantus melius docerctur) se encuentra en los apéndices III, 1 (1. c., XXIV, 130 B). Más claro habla una decretal de Juan XXII de 1324-25 que, sin reprobar enteramente la polifonía, prohibe que las melodías gregorianas se acompañen triplis et motetis vulgaribus Corpus lur. Can., Extrav. comm., III, 1; Friedserg, II, 1256). Cf. Ursprung, 138s. >29 Ursprung, 141s. i'» L. c., 163s.).

Primeros principios de la polifonía
     Efectivamente, el arte musical eclesiástico volvió en los últimos siglos de la Edad Media a limites más sobrios, contentándose, sobre todo en Alemania, con revestir los días festivos las sencillas melodías del gregoriano y las de los textos del ordinario con una polifonía sencilla a modo del falso bordone, como se usaba en la salmodia y todavía se practica hoy en varias iglesias. Hacia el siglo XIV, el órgano estaba lo suficientemente perfeccionado como para poder usarlo en las iglesias mayores de acompañamiento del canto, siempre que no se opusieran a ello decisiones más severas. En Francia aparecieron ya en el siglo XIV los primeros ejemplos de composiciones polifónicas, en el sentido moderno, para las partes del ordinario desde el Kyrie hasta el Agnus Dei, y ya no se sujetan a las melodías gregorianas, aunque les gusta incluirlas. Cuando bajo Gregorio XI volvió de Aviñón a Roma la curia pontificia en 1377, trajeron los cantores del coro papal a Italia la polifonía, propagándose de allí a todas las naciones. No encontró en todos los sitios la misma acogida entusiasta; en los monasterios suecos, por ejemplo, fue rechazada y en San Galo quedó excluida del culto divino hasta 1560. Pero podemos afirmar que se había inaugurado un nuevo periodo en la historia de la música eclesiástica y con ello en el ornato externo de la liturgia de la misa.
     Lo profundo que fue este cambio se nota también en la substitución de los antiguos patronos por otros. Durante el florecimiento del canto gregoriano se tenía por patrono a San Gregorio; al principio de la época de la polifonía, a San Juan Bautista (que en su nacimiento devolvió la voz a su padre;; ahora pasa el patrocinio a Santa Cecilia, por las palabras del oficio cantantibus organis. Cf. B. Ebel, Die Kirchenmusik ais sinnoiiaucner Ausaruck. aer Gemeinschajt der Heiligen im Wandel der Zeiten: «Lilurg. Leben», 5 (1938) 223-233, especialmente 230ss.

Valoración de la polifonía 
     170. Para épocas siguientes hay que decir que, mientras se adornaban con toda pompa de la polifonía las frases sencillas de carácter aclamatorio en las que el pueblo había expresado originariamente sus súplicas y alabanzas, o los cantos entonados por el celebrante y continuados por el pueblo —función en que le podía substituir el clero—, los cantos del propio con sus textos, formados por trozos líricos de los salmos, y que habían sido insertados en la misa para rellenar artísticamente sus pausas, seguían conservando la majestuosa sencillez arcaica de las melodías gregorianas tradicionales. Es verdad que, con excepción del Credo, introducido en el culto como consecuencia de las controversias sostenidas en Oriente contra la herejía y compuesto en su mayor parte de afirmaciones dogmáticas sencillas y sobrias, los demás textos del ordinario, por las expresiones solemnes de su estilo hímnico, se prestaban a la creación artística. Llevaban, con todo, un peligro: el alejarse de su función principal precisamente por su elevación artística, que impide la participación del pueblo. Por otra parte, por estar redactada la liturgia en lengua extraña, y como no se podia pensar en la creación de textos nuevos, el ponerlos en música fué una buena solución. La existencia de diversas melodías gregorianas para los mismos textos facilitó la formación de otras nuevas, aun cuando en ellas se abandonara el estilo antiguo. La invariabilidad de los textos no solamente los hacía más accesibles al pueblo, que no sabia latín, sino que justificó al mismo tiempo la preponderancia que precisamente por la música habían adquirido sobre los demás. Todas estas causas facilitaban su ejecución. Y la circunstancia de que el Sanctus y el Benedictus se extendían cantando a lo largo del canon, pudo hacer creer, por lo menos al oído de la comunidad, que se restablecia el carácter originario de la Eucaristía como acción de gracias, cuando pareció haber desaparecido definitivamente, desde que el canon se recitó en voz baja y se añadieron otras oraciones en forma de súplica.

P. Jungmann S.I.
EL SACRIFICIO DE LA MISA