¡MUCHACHA! ASI...
Monseñor Dr. Tihamer Toth
I.- FORMA TU CARACTER
II.- SÉ PROFUNDAMENTE RELIGIOSA
III.- SÉ VERDADERAMENTE MUJER
IV.- PREPARA TU PORVENIR
Nihil obstat
N. M. Negueruela, Censor
Imprimatur
+ José María, Ob. Aux.
Vicario General
Primera edición: agosto de 1957
Impreso en México
A VOSOTRAS...
muchachas de hoy, os brindo este ramillete de lecturas escogidas con un solo fin: el de llamaros a ser así, esto es, como se debe, para llenar vuestra vida a fuer de
Jóvenes de carácter,
Cristianas,
Verdaderamente femeninas
Y dueñas de su porvenir.
Estas páginas orientarán con seguridad vuestros caminos entre tantas erróneas opiniones del mundo acerca de cómo ha de ser la joven.
A través de ellas veréis claramente que toda muchacha ha de ser ASÍ, como os la he presentado.
María Rosa
ADVERTENCIA
¡Muchacha! Así... es una selección de las principales enseñanzas dadas a las jóvenes en los manuales de monseñor Tihamér Tóth, adaptados a las muchachas por María Rosa Vilahur.
Para apreciar mejor el alcance de las variaciones introducidas, advertiremos:
1° Los números o párrafos, cuyo titulo no va precedido de asterisco, reproducen el texto de monseñor Tóth, salvo ligeras modificaciones gramaticales.
2° Un asterisco (*) indica que aquel número, conservando la doctrina del autor, ha sido adaptado a las muchachas.
3° Son de la adaptadora los párrafos o números precedidos de dos asteriscos (**).
Confiamos en que esta selección será del agrado de nuestras jóvenes a quienes la ofrecemos.
FORMA TU CARÁCTER
I. EL CARÁCTER NO ES UN REGALO, SINO UN ESFUERZO
El carácter no es un apellido de alta alcurnia que se hereda sin trabajo.
El carácter es el resultado de la lucha ardua, de la autoeducación, de la abnegación, de la batalla espiritual sostenida con virilidad. Y esta batalla ha de librarla cada uno por sí solo, hasta que venza.
Magnífico resultado de la lucha será tu carácter. Lo que significa esta palabra quizá no lo comprendas por completo en este momento. Pero llegará el día en que se descubra ante el divino acatamiento la obra cumbre de tu vida y se muestre, en su sublimidad sin par, tu alma en que tanto has trabajado; entonces se te escapará el grito de entusiasmo, como a Hayden cuando oyó su obra intitulada Creación: «¡Dios mío!, y ¿soy yo el autor de esta obra?»
“Homines sunt voluntates”, dice con frase lapidaria y admirable San Agustín: «El precio del hombre es su voluntad».
De día en día crece el número de convencidos de que la escuela actual dedica cuidados excesivos a la cultura de las jóvenes y olvida demasiado la formación del carácter, de la fuerza de voluntad de la joven. Triste realidad: en la sociedad de las mujeres maduras abundan también más cabezas adornadas y emperifolladas que temples de acero; hay más vanidad que carácter. Y, sin embargo, el basamento de un Estado, su piedra fundamental, no es la belleza, sino la moral intacta; no es la riqueza, sino la honradez; ni la veleidad, sino el carácter.
Hoy, la enorme y casi única enfermedad de la humanidad, semillero de todos los pecados, es la consunción aterradora de la voluntad; hoy, el no tener carácter pasa, en el sentir de muchas, como virtud de prudente adaptación a las circunstancias, y la negación de los propios principios es bautizada con el nombre de discreción, y el perseguir el interés individual se llama interés por el bien común; hoy, la mujer, que con sentimentalismo exagerado se ofende a cada paso, alardea de dignidad personal, y la envidia se viste con la careta de amor a la verdad; hoy se evita todo trabajo y molestia, so pretexto de imposibilidad, y sólo se persigue la comodidad y los goces.
Sin embargo, aunque pululen muchachas de alma quebrada, sin lastre; muchachas que no sienten interés por ningún problema espiritual; cuya única preocupación es cómo se peinarán y qué traje elegirán, cómo escamotearán un día al estudio, y saber quién es la nueva «estrella» de la pantalla y dónde se dan los más agradables saraos, espero que tú no seas de ésas, amada joven.
Este libro quiere demostrarte que, a pesar de todo, las que parecen tan alegres, ¡tan despreocupadas!, éstas han de surcar con duro trabajo el camino del carácter si quieren alcanzar la vida digna de una mujer.


