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viernes, 16 de mayo de 2014

EL SACRIFICIO DE LA MISA (34)

TRATADO II
PARTE I: LA ANTEMISA 
SECCIÓN I: EL RITO DE ENTRADA 
9. Kyrie eleison

     421. Más arriba ya hemos visto que los kiries son plegarias populares que precedían a la oración sacerdotal disponiendo a los fieles para oírla con la debida preparación y fruto. 

 Los problemas del «kyrie eleison» 
     Podríamos contentarnos con esta explicación, que en el fondo contiene lo más esencial. Con todo, es natural que, dada su forma griega y el papel notable que desempeña en toda la liturgia, ahondemos más en su origen. Particularmente interesa saber por qué se dicen en griego, por qué se repiten varias veces, precisamente nueve; por qué no piden nada en concreto y cómo se introdujeron en el culto. 

Origen oriental
     422. El hecho de que se recen en griego nos inclinaría a buscar su origen en aquellos primeros siglos en los que en Roma se usaba la lengua griega en la vida cotidiana y en las solemnidades del culto (esto hasta la mitad del siglo III). Con todo, hoy se admite unánimemente que el Kyrie eleison fué copiado de las liturgias orientales en época bastante posterior. Lo raro es que no se tradujesen ni en las liturgias latinas ni en otras liturgias orientales, como la copta, etiópica y la sirio-occidental. 
     A Roma no pudo llegar antes del siglo V, y debió adoptarse, juntamente con las letanías que se usaban en Oriente a partir del siglo IV, y que aun hoy se conocen en casi todas las liturgias orientales con el nombre de ectenias.
Modelos precristianos 
     423. No obstante, los principios del Kyrie eleison pueden remontarse a épocas mucho más antiguas. La súplica eleison, con invocación de la persona a que se dirigía o sin ella, debió ser familiar a los primeros cristianos por los cultos gentílicos. Todavía en el siglo V un predicador de Alejandría se vió en la precisión de reprobar la costumbre, observada por muchos cristianos, de inclinarse ante el sol que se levantaba, saludándolo en voz alta. Tenemos de los tiempos precristianos documentos en que aparece dirigido a los ídolos. Asimismo se conocía ya en los cultos paganos la costumbre de repetir esta aclamación determinadas veces. Por cierto no hace falta recurrir a la antigüedad pagana en busca de modelos para el Kyrie eleison. En la Sagrada Escritura del Antiguo Testamento se encuentra con frecuencia esta voz dirigida a Dios, principalmente en el libro de los Salmos, que a los primeros cristianos sirvió desde un principio de devocionario. 

El testimonio de Eteria
     424. Con todo, la historia de esta invocación como aclamación usada por los fieles en el mismo culto sólo empieza en el siglo IV. La peregrina española Eteria refiere que en Jerusalén por el año 390 un diácono pronunciaba hacia el final de las vísperas una serie de ruegos por personas determinadas y que «mientras decía los nombres de cada uno, estaban continuamente los niños respondiendo: Kyrie, eleyson, que decimos nosotros, «Señor, ten piedad», y sus voces eran infinitas». Eteria usa ya la transcripción eleyson, en lugar de eleeson. En otras horas rezaba el mismo obispo los nombres o las intenciones, y esto parece la costumbre más antigua. 

La letanía de las «Constituciones apostólicas» 
     425. El texto de tales intenciones se nos ha conservado en el libro octavo de las Constituciones apostólicas, que refleja la liturgia de Antioquía de finales del siglo IV. Las pronunciaba el diácono después del evangelio y antes de despedir a los catecúmenos. Una rúbrica después de la letanía dice que el pueblo, y sobre todo los niños, habían de responder: Kyrie, eleison (Const. ap., VIII, 6, 9. El mismo orden en las oraciones alternadas se supone también en la despedida de los demás grupos y en la oración de los fieles (VIII, 6-10) y asimismo al final de las vísperas (VIII, 35, 2); compárese la reconstrucción a base de textos de San Crisóstomo, en Brightman 471s 477s.). El orden y el contenido de tales súplicas variaba según las circunstancias. Generalmente se pedía por la Iglesia y el clero, pueblo y sus gobernantes, peregrinos y enfermos, bienhechores del templo y los pobres y finalmente por la paz.

Su transplantación a Occidente 
     426. Este modo de rezar en común que se llamaba letanía, fue trasplantada tal vez por los peregrinos de Jerusalén ya en el siglo V a Occidente, donde pronto se hizo muy popular. Sus ruegos eran a veces traducciones del modelo oriental, otras veces creaciones nuevas que obedecían a las necesidades diferentes del sitio en que se decían. La aclamación generalmente se conservaba en su forma griega, pero a veces se traducía (Traducciones del Kyrie eleison se encuentran también entre los pueblos germánicos convertidos al cristianismo. Existen testimonios de los vándalos del norte de Africa: «también en lengua barbárica se alaba a Dios y se pide su misericordia; incluso romanos rezaban el Fróya armes (Domine miserere). Como contestación del pueblo se encuentra el Kyrie eleison traducido al latín en España) o se ampliaba, o se substituía por otras fórmulas parecidas, como las que tenemos en la parte más antigua de nuestra letanía de Todos los Santos: Libera nos, Domine; Te rogamus, audi nos (Duchesne Q74s) y, siguiéndole, P. Alfonso (Oratio Fidelium [Finalpia 1928] 36-38) opinan que una letanía con semejantes respuestas del pueblo debió de usarse en Roma independientemente del modelo oriental. Para ello se recuerda que en la Roma precristiana se usaban ya semejantes oraciones en forma de letanías; p. ej., la oración que Licinio hizo rezar a los soldados el día de la batalla contra Maximino; cf. Lactancio, De morte pers., 46, 6: CSEL 27, 226: Summe deus, te rogamus, sánete deus te rogamos..., summe sánete deus, prec s nostras exaudí, brachia nostra ad te tendimus, exaudí, sánete, summe deus! De la misma tradición provienen las aclamaciónes fijadas en los Acta synodorum habitarum Romae. En uno de estos sinodos del año 499 se registraron las siguientes aclamaciones (MGH, Auct. ant.. XII, 403); Ut fiat, rogamus (dictum decies): ut scandala amputentur, rogamus (dictum novies); ut ambitus exstinguatur, rogamus (alctum auodecies). En cambio, la hipótesis de que el Kyrie nunca se usó en Roma como contestación o como invocación de letanía, difícilmente casa con las noticias que tenemos de Gregorio Magno, sobre todo del modo con que habla de las costumbres griegas).

La letanía en ritos occidentales
     427. El modelo griego determinaba incluso a veces el sitio dentro de la misa en que debía decirse esta letanía, y era después de las lecciones. En la liturgia milanesa, sin embargo, aunque limitada a los domingos de la cuaresma, encontramos la letanía al principio de la misa entre la ingressa (introito) y la oración, es decir, en el lugar que hoy ocupan los kiries. La aclamación se halla esta vez traducida al latín: Domine miserere, pero al final de la letanía se dice en voz alta tres veces el Kyrie eleison. Una letanía parecida debió de usarse por aquel tiempo y localizada en el mismo sitio en la liturgia romana. Ciertamente se conocía en Roma al principio del siglo VI alguna plegaria formada con el Kyrie eleison; pues el sínodo de Vaison decretó el año 529, en su tercer canon, que se rezasen en los maitines, misa y vísperas estas deprecaciones «con sentimiento profundo y contrición», dando como motivo de esta novedad el ejemplo «de las liturgias de las provincias del Oriente y de Roma, donde se repetían los kiries muchas veces. Ahora bien, de unas palabras de San Gregorio Magno se deduce que todavía en su época, al lado de la simple repetición de las aclamaciones, se conocía aún otro modo de rezar el Kyrie eleison, combinándolo con otro texto. Tal texto debió ser la letanía completa, o sea las Invocaciones a las que correspondían los Kyrie eleison, contestaciones del pueblo. Es verdad que entre los textos de los sacramentarios que permiten la reconstrucción de la misa romana en el siglo VI no se encuentra ningún formularlo de letanía. El Gregoriano dice solamente que la misa empezaba con el introito, deinde Kyrie, eleison. Pero no hemos de olvidar que los sacramentarios no eran misales, es decir, no contenían todos los textos de la misa, sino solamente aquellos que rezaba el celebrante. No nos puede sorprender, por lo tanto, que no contengan la letanía, pues ésta nunca se decía por el celebrante.

La «Deprecatio Gelasii» 
     428. Por otra parte, existen varias razones que avalan la hipótesis de que la llamada Deprecatio Gelasii representa la primitiva letanía de la misa romana, ya que varios indicios señalan a Roma como lugar de su origen y al papa Gelasio (492-496), de quien tiene su nombre, como su redactor. De él dice el Líber pontificalis que creó sacramentorum praefationes et orationes cauto sermone.
     No ignoramos que existen razones que hacen dudar mucho de que la liturgia romana utilizara en la misa una letanía con las aclamaciones Kyrie, eleison en una época en que ciertamente se decían aún las «oraciones solemnes» después de las lecciones, tan parecidas por su contenido a la letanía. Pero parece que la paulatina desaparición de estas «oraciones solemnes» por aquel tiempo, que iba acompañada por una ampliación de las oraciones deprecativas dentro de canon, fué consecuencia de la introducción de la letanía al principio de la misa, y que su adopción en el culto romano no fué otra cosa que una parte de la reforma más amplía del mismo.

     429. He aquí el texto de la Deprecatio Gelasii: 
Deprecatio quam papa Gelasius pro universali Ecclesia constituit canendam esse
Dicamos omnes: Domine exaudí et miserere
     Patrem Unígeniti et Dei Filiuvi Genitoris ingeniti et Sanctum Deum Spiriturn fidelibus animis invocamus.—Kyrle eleison.
     I. Pro immaculata Dei vivi ecclesia, per totum orbem constituía, divinae bonitatis opulentiam deprecamur.—Kyrie eleison.
     II. Pro Sanctis Dei magni, sacerdotibus et ministris sacri altaris cunctisque Deum verum colentibus populis, Christum Dominum supplicamus.—Kyrie eleison.
     III. Pro universis recte tractantibus verbum veritatis multiformem Verbi Dei sapientiam peculiariter obsecramus.—Kyrie eleison.
     IV. Pro his qui se mente et corpore propter caelorum regna castificant, et spiritualium labore desudant, largitorem spiritalium munerum obsecramus- Kyrie eleison.
     V. Pro religiosis principibus omnique militia eorum, qui iustitiam et rectum iudicium diligunt, Domini potentiam obsecramus.—Kyrie eleison.
     VI. Pro iucunditate serenitatis et opportunitate pluviae atque aurarum vitalium blandimentis ac diversorum temporum prospero cursu, rectorum mundi Dominum deprecamur.—Kyrie eleison.
      VII. Pro his quos prima christiani nominis initiavit agnitio, quos iam desiderium gratiae caelestis accendit. omnipotentis Dei misericordiam obsecramus,—Kyrie eleison.
     VIII. Pro his quos humanae infirmitatis fragilitas, et quos nequitiae spiritalis invidia, vel varius saeculi error involvit, Redemptoris nostri misericordiam imploramus— Kyríe eleison.
     IX. Pro hís, quos peregrinationis necessitas, aut iniquae potestatis oppressio vel hostilitatis vexat aerumna, Salvatorum Dominum supplicamus.—Kyrie eleison.
     X. Pro iudaica falsitate... aut haeretica pravitate deceptis vel gentilium superstitione perfusis, veritatis Dominum deprecamur.—Kyrie eleison.
     XI. Pro operariis pietatis et his, qui necessitatibus laborantum fraterna caritate subveniunt, misericordiarum Dominum deprecamur.—Kyrie eleison.
     XII. Pro ómnibus intrantibus in haec sanctae domus Domini atria, qui religioso corde et supplici devotione convenerunt, Dominum gloriae deprecamur.—Kyrie eleison.
     XIII. Pro emundatione animarum corporumque nostrorum et omnium venia peccatorum, clementissimum Dominum supplicamus.—Kyrie eleison.
     XIV. Pro refrigerio fidelium animarum, praecipue sanctorum Domini sacerdotum, qui huic ecclesiae praefuerunt catholicae, Dominum spirituum et universae carnis iudicem deprecamur.—Kyrie eleison.
     XV. Mortificatam vitiis carnem et viventem fide animam — praesta, Domine, praesta.
     XVI. Castum timorem et veram dilectionem — praesta, Domine, praesta.
     XVII. Gratum vitae ordinem et probabilem exitum — praesta, Domine, praesta,
     XVIII. Angelum pacis et solacia sanctorum — praesta, Domine, praesta.
     Nosmetipsos et omnia nostra, quae orta quae aucta per Dominum ipso aüctore suscipimus, ipso custode retinemus, ipsiusque misericordiae et arbitrio providentiae commendamus.—Domine miserere.  


La letanía en el oficio divino 
     430. Esta letanía u otra semejante debió gozar pronto de gran popularidad en Roma y en regiones por ella influenciadas. No se usaba solamente en la misa, sino también en las horas y otras funciones eclesiásticas. Según la regla de San Benito, pertenece la letanía o la supplicatio litaniae, id est Kyrie eleison a las oraciones finales de cada hora, donde precede al Pater noster, que hace las veces de la oración sacerdotal final. Es probable que en laudes y vísperas se usase la forma completa, como la tenemos en la deprecatio, mientras que en las demás horas se repetía únicamente el Kyrie eleison. En el oficio divino monacal de la liturgia mozárabe observamos una solución intermedia, que consiste en reducir la letanía a una sola invocación, a la que se contesta con tres Kyrie eleison. En la cuarta y quinta hora, que eran propias del oficio de los monjes, la letanía consta de tres invocaciones, y usa como contestación el Deus, miserere. Sin invocación se encuentran tres Kyrie eleison delante de la Completuria, o sea la oración preparatoria de la bendición. En los maitines encontramos una rúbrica que manda omitir los kiries desde el domingo de Resurrección hasta Pentecostés.

En el culto público, no eucarístico
     431. En el Gelasiano más antiguo se halla entre las ceremonias de las órdenes mayores una rúbrica que dice: Et post modicum intervallum mox incipiant omnes Kyrie eleison cum litania.
     Existe un relato de Gregorio de Tours (+ 594) sobre una procesión de penitencia que había ordenado San Gregorio Magno poco después de su elección, cuando en 590 la peste asolaba a Roma. De cada una de las siete basílicas señaladas como punto de concentración, debían salir siete procesiones de penitencia con dirección a Santa María la Mayor, cada cual acompañada por un grupo de sacerdotes, para Implorar la misericordia de Dios con una litania septiformis. El testigo ocular de esta procesión que facilitó al historiador franco estos datos, vió cómo veniebant utrique chori psallentium ad ecclesiam clamantes per plateas urbis Kyrie eleison. Es evidente que el Kyrie eleison no fué el texto entero que se rezaba en esta litania septiformis, sino que debió de ser la contestación del pueblo a las invocaciones pronunciadas por los grupos de sacerdotes. De este modo la letanía siguió siendo aun en tiempos posteriores e incluso en la actualidad la forma principal de plegaria en las rogativas. De ahi su nombre en latin (y castellano) de litania (letanía), sinónimo de rogativas


La carta de San Gregorio al obispo Juan
     432. La letanía de principios de la misa había sufrido algunas modificaciones ya antes de San Gregorio Magno o durante su pontificado, tal vez por intervención del mismo Santo. Pues se ve en la necesidad de defenderse en una carta, dirigida al obispo Juan de Siracusa, contra la acusación de haber introducido en Roma costumbres griegas. Entre otras cosas se trataba también del Kyrie. La argumentación del pontífice consiste principalmente en hacer resaltar las diferencias entre las costumbres romanas y griegas, lo cual debió de ser muy fácil para él. puesto que conocía perfectamente de su estancia en Bizancio los ritos griegos. Se alude principalmente a las siguientes diferencias: «Entre los griegos todos dicen los kiries a la vez. mientras que entre nosotros los dicen en primer lugar los clérigos y el pueblo contesta». Además, los griegos conocen solamente el Kyrie eleison, mientras que en Roma se reza el Christe eleison igual número de veces. Termina San Gregorio con la observación de que en días ordinarios se omiten algunas cosas que suelen decirse en otras ocasiones, además del Kyrie eleison y el Christe eleison, con el fin de poder insistir más en estas voces de súplica.


Reminiscencias de la letanía entera
     433. Lo que se suprimía en los días ordinarios no podía ser otra cosa que las invocaciones formando la letanía. Estas se usaban todavía en el culto solemne, pero con la particularidad de que o el mismo cantor o a lo menos la Schola, que inmediatamente entraba, le añadía la aclamación Kyrie eleison, que luego repetía el pueblo. A esto obedece el que en los días en que al culto estacional precedía la collecta con su letania larguísima, se suprimieran ya al principio de la Edad Media los kiries en la misa, lo mismo que en el caso de las órdenes mayores, por seguir una letanía. En la actualidad tenemos el ejemplo de la misa del Sábado Santo, en que la letanía, con Kyrie eleison que se cantan después de la bendición de la pila bautismal, motiva la supresión de los kiries de la misa. Sobrevive, pues, en todos estos casos una reminiscencia originaria de cuando los kiries se rezaban en forma de oración más completa.


Los kiries intensificándose se independizan
     434. El Kyrie eleison como oración de súplica concisa, cargada de tradición y momentos emotivos, y por la que se expresan sin apenas palabras las ansias de perdón y de ayuda del corazón humano, llevaba dentro de si la tendencia a independizarse y repetirse con redoblada frecuencia. Por otra parte, es cierto que aun antes de emplearse como elemento integrante de las letanías existió aisladamente. Se usaba ya en la antigüedad precristiana como aclamación. En forma de jaculatoria debieron rezarlo los primeros cristianos, que nombraban a Cristo principalmente con este título. No es extraño que el Kyrie eleison, a pesar de que debió su divulgación principalmente a la letanía, se independizase más tarde. En las liturgias orientales fue costumbre muy antigua repetir el Kyrie eleison muchas veces con creciente impetuosidad. En la liturgia mozárabe encontramos en el largo oficio de difuntos que se rezaba en la casa mortuoria la siguiente rúbrica: Statim omnes una voce simul conclamant Deo clamoren, ita: Kyrie eleison (prolixe). Más general, sin embargo, era la costumbre de repetir los kiries un determinado número de veces. Siguiendo tradiciones sagradas, cada hora de la liturgia bizantina comienza aún en la actualidad con doce repeticiones del Kyrie eleison, y las horas menores, con cuarenta. La ectenia ferviente después del evangelio de la misa bizantina repite tres veces el Kyrie eleison después de cada invocación. La repetición por tres veces aparece también al final de otras ectenias y aisladamente. Aureliano de Arlés (+ 550) mandaba a sus monjes empezar y terminar cada hora con tres kiries. En la liturgia mozárabe es regla fija rezar tres kiries antes de la Compluturia que precede a la bendición final y, más en general, antes de la oración sacerdotal. Las laudes de la liturgia milanesa contienen aún actualmente tres, y hacia el final doce Kyrie eleison. De un modo semejante, nuestras letanías presentan al principio y al final la triple súplica: Kyrie eleison, Christe eleison, Kyrie eleison.

Paralelismo entre el «Kyrie» y el «Alleluia»
     No podemos dejar de mencionar en este conjunto el perfecto paralelismo que existe entre el uso del Kyrie y el del Alleluia. Empleado en sus orígenes como estribillo con el que el pueblo tomaba parte en la salmodia responsorial, llegó a convertirse en exclamación autónoma de júbilo que podía repetirse indefinidamente. El actual breviario romano usa varias veces la triple repetición, y antes de la reforma de Pío X el Alleluia se repetía incluso nueve veces el domingo in Albis.

El «Kyrie» en los «Ordines Romani»
     435. El primer Ordo Romanus, a pesar de que describe el culto solemne, no conoce ya la letanía, sino únicamente el Kyrie aislado. Convertido en canto, se repite las veces que haga falta, hasta que el papa, que después de la veneración del altar está de pie delante de la cátedra mirando a Oriente, dé la señal. Muy pronto, es decir, todavía en el siglo VIII, el papa, para dar esta señal, tenía que observar ciertas normas, que nos explican otros Ordines, a saber: tres veces canta la Schola el Kyrie y tres veces lo repite un grupo de clérigos, luego da el papa la señal para que se cante el Christe eleison, que se repite del mismo modo tres veces, y otro para los últimos tres Kyrie eleison, y una última señal para terminar.



La triple repetición; interpretación trinitaria
     436. Esta combinación a base del número de tres es fruto de una antiquísima costumbre sagrada, que en los cultos precristianos de la antigua Roma revestía formas de expresión verdaderamente impresionantes 54. Era natural que al número de tres se le diera en el culto cristiano una Interpretación trinitaria, sobre todo en las esferas de la liturgia galicana, en las que la lucha antiarriana había dejado huellas muy profundas y persistentes. La encontramos, en efecto, ya en Amalario y desde entonces la repiten todas las explicaciones de misas: en los tres primeros Kyrie eleison se invoca al Padre; en los tres Christe eleison, al Hijo, y en los últimos tres Kyrie eleison, al Espíritu Santo 58. Tal explicación quiere encontrar una justificación, al menos aparente, en el Christe eleison del segundo grupo. La realidad, sin embargo, es que también las primeras tres invocaciones se dirigen a Cristo. Esto se acomoda no sólo al modo de hablar de San Pablo y de la Iglesia primitiva, para la cual Kyrios fue el nombre más general de Cristo, sino que se prueba, además, por la historia posterior de los kiries. Es verdad que en los primeros tiempos el contexto en que se encuentran los Kyrie eleison hace pensar a veces en Dios Padre. Otras veces queda el sentido indeciso, como parece muy natural en una sencilla invocación de Dios, Pero en la mayor parte de los casos, sobre todo en la letanía diaconal, que es la forma primitiva del empleo del Kyrie eleison, las redacciones de algunas invocaciones muestran a las claras que es Cristo a quien se invoca con este título. La misma idea domina, por cierto, en la letanía occidental, que en sus redacciones más antiguas viene a ser, desde el principio hasta el Agnus Dei, una invocación continuada de Cristo, aunque en ella se encuentran intercaladas las invocaciones de los santos.
     En los textos más antiguos de letanías faltan las invocaciones de las tres personas divinas y de la Santísima Trinidad después del Christe audi nos. En un manuscrito inglés del siglo VIII, la letanía empieza: Christe audi nos, luego siguen invocaciones de santos y, finalmente, el Agnus Dei (A. B. Kuypers, The Book of Cerne). Según el sacramentarIo de Gellone, escrito hacia 780, el Sábado Santo en la procesión a la pila bautismal se canta Kyrie eleison; al llegar se repite varias veces Christe eleison, siguiéndose invocaciones de santos y luego el Propitius esto, etc., Filius Dei, Agnus Dei, Christe audi nos, y se termina con tres Kyrie eleison (Martene). Según el Ordo de S. Amand, la letanía que se empieza a cantar al llegar a la iglesia estacional se compone de los siguientes elementos: Kyrie eleison (tres veces), Christe audi nos; luego, las invocaciones de san
tos; a continuación, Propitius esto, etc. (entre las que está la invocación, que claramente se dirige a Cristo, Per crucem tuam...), y finalmente, otros tres Kyrie (Duchesne, Origines, 494s). La letanía del misal de Stowe (s. IX), que proviene de un modelo grecorromano del final del siglo VII (Bishop. Litúrgica histórica), empieza con tres Christe audi nos, a las que sigue un Kyrie eleison y las invocaciones de santos (Warner, The Stowe Missal). Más ejemplos parecidos de los siglos IX y X véanse en H. A. Wilson, The Gregorian sacramentary: Gerbert, Monumento; H. Ménard, en las notas al Gregoriano (PL 78.); J. Mabillon, Analecta (PL 138, 885): Beck, Kirchliche Studien. En plena Edad Media se llega, por fin, a la redacción que corresponde a la interpretación trinitaria: Kyrie eleison, Christe eleison, Kyrie eleison, que tenemos aún en la actualidad al principio y al final de la letanía y al principio de las preces o también sustituyéndolas, así como el mencionado inciso de las invocaciones de las personas divinas y de la Santísima Trinidad: Pater de caelis Deus, etc. Por cierto, este miembro falta aún hoy en la letanía de los moribundos (Rituale Rom., V, 7, 3). Suárez (De oratione, I, 9, 12) trata de la objeción de que la invocación aislada de cada una de las tres personas divinas pone en peligro la fe en la unidad de su naturaleza; defiende estas invocaciones en el sentido de que en ellas se confiesa la diversidad de las personas y su consubstancialidad. De modo semejante. J. Maldonado (De caeremoniis, II. 12. A. Zaccaria. Biblioteca rit., II, 2 (Roma 1781)) sostiene que estas invocaciones propiamente no se dirigen al Hijo y al Espíritu Santo, sed ad Deum per enumeratas personas.

Canto de la «Schola» y del clero
     437. Esta súplica dirigida nueve veces a Cristo, es aún en su forma actual la preparación más conveniente para la oración sacerdotal, la cual, haciéndose eco de las plegarias de la comunidad, las presenta ante el trono de Dios.
     Mientras San Gregorio Magno, refiriéndose al modo de recitar los kiries, dice: a clericis dicitur et a populo respondetur, el primer Ordo Romanus menciona solamente la Schola cuyo oficio era cantar el Kyrie —tal vez diríamos mejor: entonarlo o cantarlo una sola vez para que otros lo repitiesen— Nunca se dice que su canto quede reservado exclusivamente a la Schola, y si que ella lleva la dirección, porque el prior scholae tiene que atender a la señal del papa que le manda terminar el canto. El Ordo de San Amando confirma esta interpretación y la completa diciendo que el repetir las invocaciones de la Schola era oficio de los regionarii, es decir, de los subdiáconos, organizados en Roma según regiones, barrios. El pueblo como tal ya no participaba activamente en la gran misa pontifical, lo que no Impide suponer que los fieles en 
otras circunstancias siguieran cantando los kiries. Esto vale sobre todo para los países del centro y norte de Europa, donde el Kirioleis, cantado a modo de estribillo, se consideraba durante siglos como elemento el más fundamental del canto religioso popular, y los Leise (en francés Lais) representaban una clase especial de tales cantos populares. Con todo, el canto de los kiries de principios de la misa había pasado a ser oración exclusiva del clero que formaba el coro por lo menos en las iglesias donde había suficiente clero, y a ellas se refieren casi todas las noticias que de aquellos tiempos tenemos sobre el particular. Así que no debemos suponer en todos los sitios una Schola cantorum como encargada de su canto, ni siquiera de su entonación, que por cierto, como parte del clero, poco se distinguía de los coristas.

Las maneras de alternar los kiries
     438. Estas Scholas formaban dos coros, conforme a la antigua tradición de alternar los kiries: un coro entonaba y cantaba todas las nueve invocaciones para que el segundo coro las repitiese después de cada invocación. Más tarde no se cantaban en total más que nueve veces, que alternaban los dos coros En ocasiones, para llenar el número de tres, el segundo coro repetía dos veces seguidas la invocación que el primero había entonado. Es quizás el modo que mejor va con la estructura de este canto, observándose actualmente tendencias a volver a ponerlo otra vez en práctica. La manera, sin embargo, que desde el siglo XII tuvo mayor aceptación fue el cantar los kiries nueve veces entre los dos coros, del mismo modo que se rezaban en el altar entre el sacerdote y el acólito.

Las melodías actuales; origen de sus denominaciones
     439. El canto gregoriano del Requiem, que repite ocho veces la misma melodía sencilla, ampliándola solamente en su última repetición, recuerda perfectamente su carácter primitivo de letanía. Y desde que la Schola se encargó de su recitado, su puesta en música hizo rápidos progresos. Las melodías del Kyriale romano pertenecen a la segunda etapa de florecimiento del canto gregoriano, a partir del siglo X. Los títulos que llevan recuerdan otro grado de su evolución, cuando el texto tan reducido de los nueve kiries experimentó en la Edad Media una ampliación considerable por medio de los llamados tropos, que convirtieron cada invocación en una estrofa de varios versos, de modo que cada sílaba correspondía a un tono de la melodía. Como precursor de la poesía de los tropos podemos considerar a Amalario, que hizo cantar a su coro: Kyrie eleison, Domine Pater, miserere; Christe eleison, miserere qui nos redemisti sanguine tuo; Kyrie eleison, Spiritus Sánete, miserere. Como se ve, se trataba de una simple paráfrasis. Desde entonces, o sea desde el siglo IX hasta el XVI, hubo una verdadera literatura de tropos del Kyrie. Cada iglesia poseía por lo menos una docena, de los que algunos eran exclusivos de la región, mientras que otros se encontraban en sitios los más diversos. Su colección en los Analecta hymnica comprende 158 números completos. La ejecución musical si; reducía generalmente a lo siguiente: mientras un coro de la Schola cantaba el Kyrie con todos sus melismas, el otro, con la misma melodía, cantaba el tropo, hasta desembocar ambos en el canto común del eleison. Como los tropos correspondían a las distintas melodías, al desaparecer aquéllos, las melodías siguieron llamándose por las primeras palabras del tropo. He aquí algunos de los nombres del Kyriale actual: Lux et origo; Kyrie Deus sempiterne; Cunctipotens genitor Deus; Cum iubilo; Alma pater; Orbis factor; Pater cuncta.


Texto de un «tropo».
     440. Como ejemplo de tales tropos damos el de la primera misa gregoriana, cuyo ritmo sigue perfectamente la melodía, mientras que otros emplean ciertos metros, por ejemplo el hexámetro.

1
a) Lux et origo                                                                    b) In cuius nutu                                                            c) Qui solus potes 
lucis, summe Deus,                                                        constant cuncta, clemens                                                 misereri, nobis  
eleison; Kyrie eleison.                                                  eleison; Kyrie eleison.                                                eleison; Kyrie eleison.

 
2
a) O mundi redemptor                                                     b) Per crucem redemptis                                           c) Qui es verbum Patris,
salus et humana,                                                                a morte perenni                                                             verbum caro factum,
rex pie, Christe,                                                                 spes nostra, Christe                                                       lux vera, Christe,
eleison; Christe eleison.                                                eleison; Christe elison.                                              eleison; Christe eleison.

3
a) Adonai, Domine                                                        b) Qui machinam gubernast                                   c) Quem solum laus et honor
Deus, iuste judex,                                                         rerum, alme Pater,                                                     decet, nunc et semper
eleison; Kyrie eleison                                                  eleison; Kyrie eleison.                                                eleison; Kyrie eleison.

     Es natural que cantos tan artísticos sólo pudieran ejecutarse por un coro bien adiestrado. Para algunos de ellos hubo ya en el siglo XIII composiciones polifónicas. Con la reforma de misal por Pío V desaparecieron otra vez todos los tropos. Descargados de este modo los kiries de sus múltiples adornos, su carácter monumental apareció de nuevo en su luz, reforzada más tarde por las composiciones polifónicas, que emulaban entre sí para dar expresión digna al contenido teológico y emocional de estas súplicas milenarias.

El alternar los kiries se aplica también a su recitación en el altar

      441. El celebrante no intervenía primitivamente en la recitación o canto de los kiries. Razón por la que su texto se halla ausente de la mayor parte de los ordinarios de la misa, y ni siquiera figura en aquellos que ya contienen todas las oraciones ante las gradas y del ofertorio. Sólo cuando a partir del siglo XIII se impuso el criterio de que el celebrante tenía que rezar todos los textos de la misa, aun las cantadas por el coro y los asistentes, los kiries, puesto que habían de alternarse, no se leían, como los demás cantos, en voz baja sino que se dialogaban entre el celebrante y su asistencia. Esta innovación, sin embargo, no se propago tan rápidamente de un modo general. El misal de la Capilla papal del año 1290, por ejemplo, no la menciona, y eso que manda ya que el sacerdote rece cum ministris suis el introito. No obstante, algunos decenios mas tarde se impuso también en el culto papal.     En cambio, para las misas privadas los escritos del archi-cantor Juan con ahínco recomiendan ya en el siglo VIII a los sacerdotes que recen, además del introito, nueve veces con profunda inclinación los kiries. No se menciona ni en esta ni en otras ocasiones posteriores expresamente el acólito. Ni en los casos en que más tarde intervenía en la misa solemne la asistencia es probable rezasen todos juntos las nueve invocaciones, porque no se encuentra ninguna alusión al rezo alternado. Si más tarde se impuso la costumbre de alternar las nueve invocaciones, en ello influyó seguramente el ejemplo del coro. En los documentos antiguos aparece aún otro modo de alternar, o sea el sacerdote decía tres veces seguidas los Kyrie eleison del principio y del final, dejando al clérigo la recitación de los tres Christe eleison.

EL SITIO
     442. Al igual del introito, el sacerdote rezaba los kiries en el lado de la epístola. Costumbre que se estila aún hoy entre los cartujos, carmelitas y dominicos y es norma en la misa solemne para todos los sacerdotes. El motivo principal de su traslado al centro del altar fué seguramente el deseo de hacer resaltar más su carácter de súplica: en el centro del altar el sacerdote está al pie del crucifijo, a quien eleva su plegaria.
P. Jungmann, S.J.
EL SACRIFICIO DE LA MISA

viernes, 28 de marzo de 2014

EL SACRIFICIO DE LA MISA (33)

TRATADO II
PARTE I: LA ANTEMISA 
SECCIÓN I: EL RITO DE ENTRADA 
8. El canto del introito

     401. Después de haber besado el altar o, dado el caso, después de su incensación, el sacerdote lee en el misal, según costumbre actual, el introito, o sea el texto del canto que entonaba el coro al principio de la entrada procesional en la iglesia.

Adaptación al lugar
     En la actualidad, debido a la construcción de los templos, que ha situado la sacristía muy cerca del presbiterio, tal procesión de entrada no se puede desarrollar sino cuando con el fin de alargar su recorrido se va en procesión por la iglesia. Pero tampoco en las sencillas construcciones de los primeros tiempos e incluso en las basílicas corrientes, que solían tener dimensiones modestas, podía haber una entrada solemne.
     En cambio, sabiendo que desde el siglo IV se fueron levantando en los sitios más céntricos de la Ciudad Eterna edificios eclesiásticos verdaderamente colosales, y teniendo en cuenta que el secretarium, donde se revestía el clero para la función religiosa, estaba situado generalmente junto a la entrada de la basílica, es decir, en el extremo opuesto al ábside se comprende sin dificultad que la procesión del clero al altar constituyera un acto de importancia, sobre todo dado el gran número de clérigos que, según los ordines más antiguos, aparecen en las funciones religiosas papales.

Ambiente emocional
     402. Comprendemos también que tal procesión no se iba a hacer en silencio, y como entonces no había órganos y los instrumentos musicales estaban prohibidos en la antigua Iglesia, quedaba para solemnizar este acto solamente el canto. El ambiente emocional de este canto se nos hace patente cuando pensamos en el único introito verdadero que se usa hoy en la liturgia, el Ecce, sacerdos magnus, a cuyos acordes entra el obispo, con ocasión de una gran solemnidad (Pontificale Rom., p. III, Ordo ad recipienaum processionauter praelatum), en el templo, ricamente adornado.


El texto, tomado de los salmos
     En la liturgia romana encontramos hacia el final de la antigüedad una forma bastante artística de cantar el introito, que más tarde se llamó officium (Solch, Hugo de St. Cher, 55s. Este término se encuentra, en el siglo X, en Pseudo-Alcuino (De div. off.). Se usa generalmente hacia el final de la Edad Media lo mismo en Normandia que en Inglaterra. Para el origen de esta denominación, consúltese H. Leclercq, quien lo busca en la liturgia mozárabe, en la que los formularios de misa llevan el título Ad missam officium) decir, que lo mismo que los cantos de las procesiones de entrega de las ofrendas y de la comunión se cantaba por un coro de cantores bien adiestrado, y varía según las fiestas, a tono con las oraciones y lecciones. Era norma en aquel tiempo tomar todos los cantos del salterio, pues la poesía hímnica anterior, de la cual tenemos un ejemplo en el Gloria in excelsis, había caído en desuso en la época de que datan los textos de estos cantos procesionales, sobreviviendo tan sólo unos pocos restos de la misma. Por otro lado, el florecimiento más reciente de la poesía religiosa de la época de San Ambrosio, que se sujeta al metro y divide sus producciones en estrofas, se mantuvo alejada de la misa romana durante más de quinientos años. En Roma se sostuvo entonces el principio de no usar más cantos que aquellos que el mismo Espíritu de Dios había dictado. Principio que se impuso como remedio contra la desenfrenada propaganda maniquea, que se servía insidiosamente de cantos.


El modo de cantar, antifonal
     403. El modo de cantar los salmos era antifonal (canto alternado. En la música griega significaba el modo de cantar la misma melodía por dos coros de octava diferente (hombres, mujeres o niños), sea alternando, sea cantando ambos coros juntos, de modo que vino a resultar un canto polifónico primitivo. Para la antifonía eclesiástica era esencial únicamente el canto alternado entre dos coros), es decir, se cantaba por dos coros que alternaban los versos. Un elemento siempre imprescindible en este canto alternativo o antifonal era el hacer preceder al salmo un verso que anunciaba la melodía del nuevo salmo. Este versículo previo, que llamamos hoy la antífona, debe probablemente su origen a razones de técnica musical, o sea que se empleaba para apoyar la entrada segura del coro, puesto que era costumbre en la música antigua insinuar antes la melodía por medio de un instrumento. Ahora bien, como los instrumentos, por ser cosa pagana, estaban prohibidos en el culto cristiano, la voz humana tenía que suplirlos; de donde resultó la actual antífona (H. Leclercq, Antienne). Antioquía fue la cuna del canto antifonal, que se introdujo precisamente como movimiento católico contra los arríanos. Cuando los superiores de los monjes católicos, Flaviano y Diodoro, futuros obispos, dieron en unir al pueblo para alzarse contra el influjo casi absoluto del arrianismo, echaron mano de este recurso del canto de los salmos para sus reuniones en los santuarios de mártires. De allí se difundió a todas partes el canto salmodiado, gracias principalmente a los monjes, que, además de poderse dedicar con más espacio al cultivo musical, tenían el suficiente conocimiento de los salmos. Contribuyeron también en gran medida las catedrales de las ciudades donde se habían creado grupos de cantores, Scholae cantorum.


La noticia del «Líber pontificalis»
     404. Según una relación muy comentada, fue el papa Celestino I (432) quien introdujo el canto antifonado en Roma, sobre todo para el canto de introito; de él dice el Líber pontificalis: constituit ut psalmi David CL ante sacrificium psalmi antephanatim ex ómnibus, quod ante non fiebat, nisi tantum epistula beati Pauli recitabatur et sanctum evangelium. Sin embargo, esta noticia no tiene valor histórico (llama la atención sobre el hecho de que esta noticia proviene de la carta apócrifa de papa Dámaso y San Jerónimo). Con todo, sacamos de ella la conclusión de que, cuando se escribió esta parte del Líber pontificalis, en la primera mitad del siglo VI, el canto del introito, compuesto de versículos de salmos, (G. Morin (Les véritables origines du chant grégorien [Maredsous 18901 54) propone la hipótesis de que lo mismo que en la Ingressa de la liturgia milanesa y en los cantos correspondientes de otras liturgias no se usan salmos, tampoco se usaban en Roma en una época anterior a la en que nacieron los textos actuales del introito. Es posible, pero no se puede probar, que los textos de las antífonas de los introitos de las fiestas más antiguas que no están tomados de los salmos provienen de este orden antiguo. Sin embargo, esto es lo que supone C. Callewaert (lntroitus: «Eph. Liturg.» [19381 487) y Righetti (III 165s). Pues siempre hay que tener en cuenta la dificultad que existía, aun en tiempos posteriores, de expresar bien el tema de una fiesta con palabras sacadas de los salmos), ya estaba en uso desde hacia mucho tiempo (Las palabras antephanatim ex ómnibus faltan en la redacción antigua del texto (Duchesne, I, 89); es decir, que tal intervención del pueblo en tiempos anteriores no se atrevía a afirmarla ni siquiera un documento tan despreocupado en cuestión de fidelidad histórica como el Liber pontificalis. Se trata, por lo tanto, de una intromisión tardía). En las primeras descripciones de la misa papal, que datan del siglo VII, encontramos también el introito muy gráficamente explicado como canto de la Schola.

El introito en el culto estacional
     Cuando el papa estaba preparado en el secretarium y a punto de entrar, hacía una señal a un clérigo, el llamado Quartus scholae, ut psallent. Este daba la orden inmediatamente al prefecto de la Schola, que se hallaba en doble fila, a la derecha y la izquierda, al pie del presbiterio. Esta división en dos coros obedecía a las exigencias del canto antifonal. En primera fila estaban los niños y detrás los hombres. El canto empezaba con la antífona, que se entonaba por el director, entrando en seguida toda la Schola para proseguir el canto hasta que pasase por delante de ella la procesión del clero y papa saludase con el ósculo de paz a los asistentes. A continuación daba el papa la señal para entonar el Gloria Patri. Al cantar el Sicut erat, se levantaban de dos en dos los diáconos para besar el altar. El papa seguía orando de rodillas usque ad repetitionem versus. Esta última frase se refiere, sin duda, a la antífona (Ordo Rom. I, n. 8: PL 941s. Con las mismas ceremonias nos encontramos también en el Capitulare eccl. ord. (Silva-Tarouca, 196): el papa espera rezando usque dum Clerici antiphonam ad in-troitum cum psalmo et Gloria et repetito verso dixerint), por lo cual vemos que se repetía al final del salmo. No se puede probar que en Roma se repitiera después de cada verso. 
     Con todo. Wagner (Einführunq, I, 66) se inclina a suponerlo; Considera la repetición de la antífona después de cada versículo como norma general para el canto antifonal antiguo. Apoya ésta opinión sobre todo en las fuentes carolingias a partir del siglo IX, así como en los documentos posteriores, que contienen ya las melodías. No se puede negar que en el canto del oficio se usaba a veces tal repetición de la antífona después de cada versículo, y además es cierto que existen testimonios del siglo VIII de que la antífona se usaba como estribillo aun en los cantos de la misa, pues en el mencionado Capitulare eccl. ord. (Silva-Tarouca) se ordena que en los casos en que la antífona está tomada del mismo salmo, se cante después de ella el primer verso, luego se repita y después se cante el Gloria Patri con otra repetición de la antífona y el Sicut erat con una tercera repetición. A continuación debía cantarse otro versículo (alio verso de ipso psalmo) y la antífona por quinta vez. Vemos evidentemente en esta disposición otra fuente en el mismo Capitulare distinta de la que antes representaba expresamente el orden romano de la misa papal. Debió de intercalarse aquí una costumbre particular de un convento que no era de origen romano; por cierto es evidente que el texto del Capitulare contiene también ritos de origen galicano; p. ej., la intercalación en la p. 206. lín. 21, y la nota en la página 219; cf. Baumstark, JL 5 (1925) 158. Por lo demás, el texto citado, después de mencionar el Gloria in excelsis Deo para los domingos y días de fiesta, sigue diciendo que en los demás días antephona tantum ad introitum psalmo et «Gloria», subsequente «Kyrie eleison» (205, lín. 14s). En esta línea aparece otra vez la fuente romana, que supone, como cosa general, el canto de un Salmo y no sólo de un verso de salmo
     Más bien parece oponerse a tal suposición el texto mencionado, porque no dice: usque ad ultimam repetitionem versus. Tal repetición después de cada verso es una de las modificaciones del modelo romano, introducida en territorio franco, que probablemente se debía a tradiciones galicanas.

El salmo se reduce a un versículo, convirtiéndose en canto inicial
     405. Los manuscritos más antiguos del antifonario romano del siglo IX, que contienen únicamente los textos sin los neumas, dan en los introitos todavía los salmos enteros (La edición de Hesbert demuestra que se apuntaba únicamente el principio del salmo. Falta la limitación a determinados versículos, como aparece en el ofertorio; p. ej., el domingo de Resurrección). La reducción del salmo a pocos versículos que observamos en los Introitos algo más tarde, debida a las condiciones diferentes de cada iglesia, se propagó muy irregularmente. En algunos sitios se hablaba aún en el siglo X de la señal que daba el obispo para terminar el salmo (incompleto) con el Gloria Patri, o se anotaba en los misales expresamente el segundo o tercer versículo del salmo. En otros sitios parece que la reducción a un solo versículo se hizo ya en el siglo VIII. Tal abreviación del texto es indudablemente, en parte, consecuencia de la mayor riqueza de las melodías que registran hacia el siglo X los manuscritos. Son ellas las que se encuentran en la actualidad puestas otra vez en uso por la edición vaticana del Gradúale romanum. Cantada con esta variedad de melodía, la antífona, sobre todo si se repite al final, ocupa por sí sola un espacio do tiempo considerable. Hay, con todo, otro hecho, y es que en las catedrales y colegiatas fuera de Roma no había espacio ni personal para una entrada solemne al estilo de la liturgia papal. Por esto se prescindió de los salmos enteros en los nuevos ordinarios de la misa. Por otra parte, el tiempo que antes se empleaba en esta procesión de entrada, ahora se invirtió en las oraciones y ceremonias nuevas al pie del altar y en la incensación del mismo. Natural era que con esto el canto del introito dejara de utilizarse como acompañamiento para la entrada solemne. Reducido a sus elementos más indispensables, se convirtió en un canto inicial, del que no se sabía, ni siquiera en la misa solemne, si se debía cantar antes de salir de la sacristía (A partir del siglo XI se encuentra a menudo la rúbrica que manda al sacerdote ir al altar cuando el coro empieza el Gloria Patri (Juan de Avranches, De off. eccl.; ordinario de la misa del cód. Chigi (Martene. J, 4. XII [I, 569 Bl). De los siglos XIII-XIV). También en el Ordinarium O. P. del 1256 (Guerrini, 235). El Liber ordinarius de Lieja limita la misma prescripción a las missae maiores. La costumbre pertenece también al rito cisterciense. En Lyón y Viena se cantaba este Gloria Patri primeramente con un tono más alto. Algunos ordinarios mandan al sacerdote salir de la sacristía cuando se empieza a cantar el verso del introito; así un sacramentado camaldulense del siglo XIII; cf. el ritual de Soissons (Martene, 1, 4 XXII XII [I, 6101). Semejante prescripción contiene ya en el siglo VIII el Breviarium eccl. ord. (Silva-Tarouca), pero se trata del primero entre varios versoso cuando el celebrante ya hubiera llegado al altar, como más tarde fue la costumbre predominante (Así en parte ya en el siglo XI. En la Missa Illyrica hay una serie de apologías que el celebrante tiene que rezar mientras el coro canta los versus ad introitum, asi como el Kyrie y Gloria, y esto después de haber besado el altar). Si la edición vaticana del año 1907 ha vuelto a poner entre las rúbricas la de empezar el canto del introito accedente sacerdote ad altare, es un homenaje de respeto al sentido primitivo del canto, recién descubierto entonces.

Lo que hoy queda del canto antifonal
     406. De su carácter primitivo de canto antifonal, que en la salmodia del oficio divino, cantado alternadamente por dos coros, había encontrado una expresión tan clara, no han quedado otros vestigios más que la antífona y el modo de cantarlo (El que el introito se cante por dos coros, lo mencionan e. o. Honorio Augustod. (Gemma an., I, 6) y Sicardo de Cremsna (Mitrale, III, 2) Solistas y coro alternan las dos partes del único versiculo que se ha conservado, así como también las de la doxología (Gradúale Vaticanum (1908), Ritus serv. in cantu missae La prescripción de que la antífona se ha de entonar por uno o varios solistas para continuarla hasta el fin el coro, recuerda a la antigua entonación de la antífona por el prior Scholae). Además, los libros litúrgicos siguen poniendo la sigla Ps. delante del versículo de salmo en lugar de la V que señala la parte que de la salmodia responsorial corresponde al cantor.

Ampliaciones posteriores
     407. Al lado de esta reducción se ven al mismo tiempo algunas ampliaciones sorprendentes del introito, que contribuyen a darle a veces nueva vida. Así, por ejemplo, se Intentó en la reforma carolingia que todo el pueblo cantase el Gloria Patri acomodándose al sentido originario de esta doxología. Todavía un siglo más tarde se seguía inculcando esta prescripción Hubo en territorio franco otra ampliación del introito poco después de adoptar los francos la liturgia romana, a saber: la introducción de la costumbre de repetir la antífona después de cada versículo, siguiendo en este punto el modo que en ciertas circunstancias se usaba en Oriente. Entre estas modificaciones nos encontramos con el enigmático versus ad repetendum, que se registra ya en los antifonarios manuscritos más antiguos, en los que, lo mismo en el introito que en la comunión, junto al salmo y su antífona se encuentra además otro versículo del mismo salmo con la rúbrica: Ad repet. (En la misa del miércoles de témporas de adviento el antifonario de Compiégne (Hesbert, n. 5) dice después de la antífona: Psalm. Caeli enarrant. Ad repet. In solé vosuit. De los cinco manuscritos más antiguos reproducidos en Hesbert. el de Rheinau y el de Corbie no conocen el versículo ad repetendum; el de Mont Blandin, únicamente en las grandes solemnidades. Los dos restantes no coinciden sino raras veces en la elección del versículo. No se puede tratar, pues, de elementos de tradición romana Wagner (I, 66, nota 4) enumera algunos manuscritos más. Hasta la fecha no se ve claro en lo de la naturaleza de los versas ad repetendum. En esta explicación no se tiene en cuenta la circunstancia de que el versículo aparece muy pronto (ss. VIII o IX) ni la probabilidad de que el Capitulare eccl. ord. ya se refiera a él con las palabras alio verso de ipso psalmo. Efectivamente, el Capitulare, con sus prescripciones acerca del versículo de la comunión, que corresponde perfectamente al del introito, nos abrirá el camino hacia otra solución, que en el introito en último lugar habla expresamente de un versus ad repetendum, que difícilmente se puede identificar con la otra expresión, paralela del mismo capitulare, repetito verso. Explicacion diferente tendría la misma expresión en el Ordo de S. Amand). Ambos fenómenos obedecen sin duda a un mismo plan, conforme veremos más detenidamente en otro sitio.

Los «tropos»
     408. En plena Edad Media llegan a tener cierta importancia otros dos modos de ampliar el introito, que menciona Juan Beleth (+1165). El primero consiste en que en días festivos se repetía total o parcialmente la antífona no sólo después, sino también antes del Gloria Patri, de modo que se cantaba tres veces. Costumbre frecuente, aunque no general, en los países de allende los Alpes (Parece que esta costumbre era general en Inglaterra. Dos ejemplos de misales españoles del siglo XVI, en Ferreres. Para Alemania se puede probar esta costumbre en las catedrales hasta el siglo XIX). La encontramos desde el siglo XI en adelante (Esta repetición de la mitad se encuentra también en los premonstratenses y en Hugo de S. Cher (+ 1263), que lo califica de cantar impertecte); los premonstratenses y los carmelitas han conservado este modo de cantar el introito hasta la actualidad. Se llama triumphare psalmis o triplicare. El otro modo consistía en ampliar el texto por medio de tropos. En el introito gustaba mucho el anteponer una frase introductoria (Por ejemplo, en Navidad: Laudemus omnes Dominum, Qui virginis per uterum Parvus in mundum venerat, Mundum regent quem fecerat: Puer natus... (Blume. 26). El tropo correspondiente a Pascua de Resurrección: Quem quaeritis in sepulcro fue, como se sabe, el punto de partida para los misterios medievales del domingo de Resurrección).

     409. El misal de Pío V ha quitado todos los tropos. Nuestro tiempo, que quisiera devolver su sentido pleno al introito, se muestra inclinado a hacer revivir el salmo entero con ocasión de algunas solemnidades extraordinarias. Así, por ejemplo, el año 1922 se cantó el salmo entero en la misa de coronación de Pio XI (Cf. A. Winninghoff, O. S. B. que regularmente indica en el introito algunos versículos más. Así en las misas dialogadas se hace recitar el salmo entero).

Interpretación de algunos introitos
     410. En las primeras épocas debieron dar más importancia al salmo, a juzgar por lo que consta en el formulario de algunas de las fiestas más antiguas. Se escogía aquel salmo que, según la interpretación alegórica de entonces, cuadraba mejor con el misterio del día. Así se explica que hoy, cuando por lo general conservamos de aquel salmo nada más que un versículoel primero, o el segundo si el primero sirve de antífona—, éste a veces no parezca guardar ninguna relación clara con la fiesta; en cambio, si seguimos un poco adelante en el salmo, pronto veremos por qué se le ha escogido. Por ejemplo, el miércoles de témporas y el domingo cuarto de adviento aparece el primer verso del salmo: Caeli enarrant glorian Dei. Difícilmente adivinaríamos en él relación alguna con el adviento. Sin embargo, la descubrimos en el salmo al que pertenece el versículo: Ipse tamquam sponsus procedáis de thalamo suo (Sal 18,6), que en aquel tiempo se interpretaba del sol que es Cristo. En la tercera misa de Navidad hallamos, como versículo de salmo, una exhortación general a la alabanza de Dios: Caritate Domino canticum novum; es el principio del salmo 97, que se aplica al misterio de Navidad por sus versículos 2 y 3: Notum fecit Dominus salutare suum y Viderunt omnes fines terrae salutare Dei nostri. En el introito de Epifanía está el versículo: Deus, iudicium tuum regi da, del salmo 71, palabras cuyo sentido pleno se comprende solamente si se tiene en cuenta que más tarde sigue el versículo de los reges Tharsis et insulae. En el primer formulario de misa de un confesor pontífice leemos como verso del introito las palabras: Memento Domine David..., del salmo 130; solamente los versículos que siguen a continuación: sacerdotes tui induantur iustitiam (v. 9; cf. v. 16), revelan la relación de este salmo con el tema de la fiesta. En otros casos, el verso característico se encuentra destacado como antífona. Ya tendremos ocasión de ocuparnos de ellos.

Origen del «Gloria Patri»
     411. Junto con el primer versículo del salmo se ha conservado el último, o sea el Gloria Patri. Este versículo, llamado doxología menor, acompañaba al canto antifonal de los salmos en Antioquía, y de allí pasó a todo el orbe, aunque no fue recibido siempre en seguida en todas partes. En su divulgación influyó mucho la lucha contra el arrianismo antioqueno. Los arríanos usaban como consigna la fórmula en sí ortodoxa, pero que se prestaba a interpretaciones torcidas: Gloria Patri per Filium in Spiritu Sancto, porque creían expresada en ella la subordinación del Hijo respecto al Padre, doctrina propugnada por ellos. A esta fórmula oponían los prohombres del campo católico, quienes al mismo tiempo solían propagar el canto antifonal de los salmos, la otra de antigua tradición entre los sirios: Gloria Patri et Filio et Spiritui Sancto la cual, siguiendo la fórmula del bautismo (Mt 28,19), inequívocamente expresa la consubstancialidad del Padre y del Hijo. Con esta fórmula, pues, debían terminar todos los salmos, como homenaje del pueblo de Dios a la Santísima Trinidad. La segunda parte, Sicut erat, por lo menos en esta redacción, es propia del Occidente, aunque tiene en épocas muy antiguas su equivalencia en Oriente, sobre todo Egipto En el sínodo de Vaison (529), que lo menciona por vez primera, aparece dirigido contra los herejes que negaban la eternidad del Hijo (Can. 5), es decir, una vez más contra los arríanos. De manera que se acentuaba sobre todo el erat in principium, y esto en relación con el Hijo y el Espíritu Santo, aunque con esta afirmación no hacemos otra cosa que atribuir al Dios trino y uno la glorificación que le corresponde desde el principio y le corresponderá siempre (Sicut erat sc. gloria. Asi ante todo en la suposición, enteramente posible, de considerar el Gloria Patri como afirmación de un hecho y no como expresión de un deseo. cf. Jungmann, Dic Stellung Christi, 165s).

La omisión del «Gloria Patri», resto del ceremonial antiguo
     412. ¿Por qué se omite el Gloria Patri durante el tiempo de la Pasión? Durando ve en esto la expresión de la tristeza por la pasión del Señor, y tal interpretación seguramente dio lugar a que se suprimiera también en las misas de Requiem. La realidad, no obstante, es que esta costumbre es una supervivencia manifiesta de los ritos antiguos que se usaban en Roma por aquella época, en la que el canto antifonal aun no comprendía el Gloria Patri. Es lo mismo que observamos en tantas otras ceremonias de Semana Santa, y que obedece al sentido tradicional, tan característico en la liturgia. En la misa del Sábado Santo, en la que falta el introito y los otros cantos antifonales del ofertorio y de la comunión, y en el Viernes Santo, que carece del rito de entrada, tenemos los ejemplos más característicos de este espíritu. Si no se podían conservar los ritos antiguos en todas las fiestas, por lo menos que sobrevivieran en las grandes solemnidades como nota distintiva de las mismas.

Introitos «regulares» e «irregulares»
     413. Desde el punto de vista musical, la antífona es la parte principal del introito. Ella es también la que mejor expresa el ambiente de la fiesta. Así cantamos, por ejemplo, en la misa del gallo el salmo 2 con su verso 7 como antífona: Dominus dixit ad me, Filius meus es tu. Es el que mejor ambienta la fiesta; por esto se le ha elegido como antífona. En la solemnidad de un confesor no pontífice es el salmo 91, con su versículo 13 como antífona: Iustus ut palma florebit. Estos introitos se llamaban en la Edad Media regulares, mientras los otros, cuya antífona no era versículo del mismo salmo, se calificaban de irregulares (Durando. IV, 5 5. Sube el grado de «irregularidad» si ni siquiera el versículo está tomado de los salmos, como, por ejemplo, en la fiesta de los Siete Dolores). Es fácil ver que precisamente en días y tiempos festivos se notaba la tendencia a romper con el esquema del introito regularis para anunciar con palabras claras el misterio de la fiesta. Pero también en estos casos se usaba en la mayor parte de las veces palabras de la Sagrada Escritura. Así pregona la antífona de la tercera misa de Navidad la Buena Nueva con una palabra del profeta Isaías: Puer natus est nobis et Filius datus est nobis...', y la de Pentecostés con el versículo del libro de la Sabiduría: Spiritus Domini replevit orbem terrarum... Llama la atención el que el verso de la Sagrada Escritura se tome preferentemente de la Epístola: Gaudete in Domino; Cum sanctificatus fuero; Viri Galilaei: De veníre matris meae; Nunc scio vere (En algunos casos, la epístola se ha substituido posteriormente por otra). A veces, no obstante, se prescinde incluso del texto bíblico. En algunas fiestas de santos se exhorta simplemente al gozo: Gaudeamus omnes in Domino diem festum celebrantes..., texto que probablemente es de San Gregorio Magno, que parece haberlo compuesto para la dedicación de la iglesia de Santa Agueda, el año 592. La misa en honor de la Santísima Virgen empieza con el alegre saludo del poeta Sedulio: Salva, Sancta parens...

Algunos ejemplos de introitos bien logrados
     414. Con sencillez, pues, pero con maestría se indica en la antífona del introito el motivo de la fiesta inspiradora de santa alegría en la asamblea litúrgica. Hay ejemplos de una doble alusión al sentido de la fiesta y, a la vez, la procesión de entrada, interpretando esta última como figura de una realidad más elevada y hermosa, encarnada en la solemnidad del día. Asi, por ejemplo, cuando se canta en Epifanía: Ecce advenit Dominator Dominus, o el miércoles de la semana de Pentecostés: Deus cum egredereris. En la semana de gloria, al saludar a los neófitos que habían entrado en el templo con sus vestiduras blancas, se canta el sábado: Eduxit populum suum in exultatione, alleluia, et electos suos in laetitia; el lunes: Introduxit vos Dominus in terram fluentem lac et mel; y el miércoles: Venite, benedicti Patris mei.

Los introitos de los domingos después de Pentecostés
     415. Puede darse el casoy se da en los domingos después de Pentecostésde que falte un motivo concreto y determinado. Entonces se toma de los salmos cualquier tema más general en que encuentren expresión los diversos estados espirituales del hombre ante Dios: confianza, fe, alabanza, petición. Y como no existe plan alguno, se sigue el orden numérico del salterio, pero sin sujetarse a regla fija, sino escogiendo al azar los versículos. Se conoce que quien escogió por vez primera estos versículos empezó con el salmo 12, y cada domingo iba tomando antes de la misa el libro de los Salmos, para abrirlo en el sitio donde lo había dejado el domingo anterior, siguiendo la serie de los salmos hasta encontrar un versículo que le gustaba. Eso no lo hizo solamente para el introito, sino también para el verso aleluyático, ofertorio y comunión; pero no solía escoger a la vez para todos estos cantos sus versículos tomándolos del mismo o siguiente salmo, sino que seguía para cada uno de los cantos una serie completamente independiente de los demás. Así hasta el domingo 17: después se nota la influencia del antiguo adviento.

Empieza el celebrante a leer el introito
     416. A pesar de que el introito por su naturaleza era un elemento propio de la misa solemne, pronto se extendió a otras misas, incluso a la misa privada. Podemos observar este proceso en un documento del siglo VII-VIII, el ya mencionado Capitulare ecclesiastici ordinis. Este documento franco-anglosajón del siglo VIII, compuesto a base del escrito del archi-cantor Juan, no parece conocer otro fin que el de imponer el uso del introito en todas las misas; pues el autor trata este punto dos veces con gran insistencia, afirmando que cada sacerdote tiene la obligación de decir el introtito con salmo (verso de salmo) y Gloria Patri en todas las misas, aun cuando las diga en conventos o en el campo o celebre él solo y en los días laborables, alegando que así es la ordenación de la sedes sancti Petri. Termina afirmando que quien, a pesar de saberlo, no cumple con ello, non recto ordine offert, sed barbárico. Esta norma que pide al sacerdote que lea él mismo el introito en cada misa, se extendió en la baja Edad Media también a la misa solemne, a pesar de que el introito se cantaba por el coro.

¿Por qué no hay introito en la misa del sábado santo?
     417. La única misa que actualmente carece de introito es la del Sábado Santo. Algunos de los más antiguos manuscritos del antifonario tienen en este día, lo mismo que en la vigilia de Pentecostés, la rúbrica Ad introitum letanía. La razón de la omisión del introito está, por tanto, en que a la entrada del clero desde el baptisterio se la acompaña con una letanía. En la antigua liturgia estacional encontramos también otro caso, aunque fuera de la misa, en que la letanía substituye al canto del salmo. Cuando en las letanías mayores una procesión de rogativas visitaba en su recorrido una Iglesia, entraba en ella, según el Ordo de Saint Amand, cantando una letanía que se entonaba un poco antes de llegar a la iglesia. Al final el papa rezaba una oración.

La primera palabra, nombre del formulario
     418. El introito es el texto inicial de las partes variables de la misa. Sus primeras palabras son, por lo tanto, las primeras en los formularios, y por esto sirven de nombre para el formulario, y muchas veces también el día. Así se habla de la misa de Requiem y del domingo Laetare.

La señal de la cruz
     419. El carácter del introito como rito de comienzo se expresa también por la señal de la cruz que se hace al empezar a leer el texto (Entre los primeros testimonios se cuentan los Statuta antiqua, de los cartujos. S. XIII). Difiere esta señal de la cruz de la otra que se hace al principio de las oraciones ante las gradas, por no ir acompañada actualmente de ninguna fórmula. En cambio, misales de la baja Edad Media registran con frecuencia tales fórmulas; por ejemplo, la corriente In nomine Patris (Así en Sarum. S. XIV) o los dos versículos Adiutorium nostrum y Sit nomen Domini o ambos juntos. También se encuentran a veces otras fórmulas de bendición (Según Bernardo de Waging (1462), en Alemania era costumbre decir antes del introito Domine labia mea o Deus in adiutorium. El misal de Augsburgo, de 1555, contiene Adiutorium nostrum y Domine labia mea. En el ordinario de Augsburgo, del siglo XV, se encuentra sólo el segundo versículo. A veces se decía también, además de estas fórmulas, el Spiritus Sancti nobis assit gratia. Sólo el Deus in adiutorium inicia el introito en el misal de los ermitaños paulinos, de Hungría). El carácter privado y preparatorio de todo lo que precede al introito se manifiesta además por la rúbrica de algunos ordinarios de misas medievales, que prescriben que se prepare el cáliz inmediatamente antes de empezar el introito (Rito cisterciense más antiguo. Misales húngaros).

El sitio
     420. El sacerdote lee el introito en el lado de la Epístola. Así como el obispo ocupa durante la antemisa su sitio en la cátedra, así todos los clérigos de rango inferior tienen su puesto al lado derecho del altar, según norma antigua que se remonta hasta los Ordines Romani del culto estacional. Allí debe el sacerdote no solamente esperar a que el coro termine el canto del introito, sino quedarse hasta después de la Epístola rezando las oraciones que le corresponden. El que se dijera más tarde el Kyrie Eleison, el Gloria y Dominus vobiscum en el centro del altar, se ha de considerar como excepciones que poco a poco se fueron imponiendo.
P. Jungmann. S.I.
EL SACRIFICIO DE LA MISA