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lunes, 3 de octubre de 2011

EL FACTOR MORAL DE LAS ENFERMEDADES

III. - LAS CURACIONES SOBRENATURALES
Entramos ahora en un campo fecundo, en el cual el médico encuentra las más hermosas enseñanzas para su ciencia, tanto religiosa como médica. Su conocimiento de la patología y de la terapéutica le permite reconocer la intervención de Dios, cuando se manifiesta; por otra parte, su conocimiento de la acción divina posible le evita conclusiones equivocadas acerca de la evolución de las enfermedades o sobre el poder de tal o cual medicamento. Un médico ateo, al final de una curación en Lourdes, llegó a esta conclusión: "Yo no diré más que esta enfermedad es incurable". Otro declaró: "Dado que se curó, es evidente que nos hemos equivocado de diagnóstico". Rectificaciones de ideas de pronóstico y de sintomatología completamente erradas, si la curación ha sido realmente milagrosa.
Ahora bien, se trataba de curaciones durante una peregrinación, en condiciones que llamaron la atención, y, en tales casos, un médico sin prejuicios hubiera reconocido la intervención sobrenatural. Mas, generalmente, la curación ocurre en una casa, en la cama de un hospital o de un sanatorio, sin que el médico se preocupe del elemento divino posible: él mismo registra la evolución favorable, corrige sus ideas sobre la enfermedad, se complace de la técnica empleada y hasta envía una comunicación a las sociedades académicas. Se discuten sus afirmaciones, se experimenta, se discute apasionadamente, a veces; luego el descubrimiento se hunde en la nada, no sin haber podido causar antes lamentables consecuencias en el tratamiento de otros enfermos: se ha olvidado el factor Dios.
Hay el derecho (y el deber) de atribuir una gran frecuencia al elemento sobrenatural en la curación de enfermos. En primer lugar, dado que gran número de trastornos de salud se deben al pecado, como hemos visto, ¿cómo no acordaría Dios a menudo la salud a un arrepentimiento sincero? Pero, sobre todo, Cristo, que ha sanado tantos enfermos en su vida sobre la tierra, que está con nosotros hasta la consumación de los los y que dijo: "Pedid y se os dará", ¿cómo no concedería muchas de las curaciones pedidas? La Iglesia avala con toda su autoridad esta idea: ha edificado toda una liturgia en beneficio de los enfermos; aprueba una cantidad de prácticas piadosas tendientes a pedir al Cielo la salud; acepta y aun recomienda celebrar Misas para los enfermos. ¿No habría, pues, un verdadero sacrilegio en ofrecer ese holocausto para un fin imposible?
Los actos y las palabras de Cristo, la liturgia y el uso de la Iglesia, nos garantizan, pues, que las oraciones de los enfermas o para los enfermos, tienen muchas probabilidades de ser escuchadas. La historia y la observación de cada día demuestran que Cristo, siempre presente en nosotros, responde a menudo al enfermo: "Ve, tu fe te ha salvado", o, como en el raso del servidor del centurión, sana a la persona que se lo ha pedido con la oración.
Los "ex-votos" que cubren las paredes de nuestras iglesias, las innumerables observaciones presentadas a las sociedades médicas, publicadas en los periódicos científicos, en los libros, en opúsculos y tesis, y finalmente los millares de casos de curaciones sobrenaturales reconocidas milagrosas por las ciencias medicas y teológicas, conjuntamente, y admitidas como pruebas de la santidad de los siervos de Dios, atestiguan la incesante intervención divina en la vida de la humanidad.
Algunos autores se extrañan por la semejanza de las curaciones obtenidas en el Cristianismo y en las religiones no cristianas de la Antigüedad o de nuestros días. Para ellos, si las curaciones no cristianas son verdaderas, resulta que todas las curaciones presumiblemente milagrosas, comprendiendo las del Cristianismo, se deben no ya a un Dios para el que valen todas las religiones en el mismo grado, sino a un proceso natural verisímilmente sugestivo; si las curaciones no cristianas son falsas, no hay razón —dada la semejanza de algunas con las del Cristianismo— para que éstas sean más exactas.
Como lo hemos visto al tratar del éxtasis, tal confusión de los fenómenos cristianos y no cristianos, procede de una consideración superficial de los hechos.
En primer lugar, es necesario reconocer que muchas de las curaciones atribuidas a una intervención sobrenatural, tanto en el Cristianismo como en las religiones no cristianas, no presentan al respecto otras pruebas que el sentimiento de los interesados o de personas poco competentes. Escapan a toda apreciación.
En segundo lugar, existen innegablemente curaciones por sugestión que pueden imputarse por parte de los interesados a la acción de la divinidad. Advirtamos a este respecto, que en los Santuarios católicos como Lourdes, son notablemente poco frecuentes, a pesar de la gran masa de enfermos; además, esas curaciones no se registran en las Oficinas de Comprobaciones médicas y las autoridades eclesiásticas las excluyen cuidadosamente de todo documento oficial. Las reglas dictadas a este respecto por Benedicto XIV, son formales. En cambio, sabemos que en los santuarios de la antigüedad y en muchas religiones no cristianas, se realizaba o se realiza voluntaria o involuntariamente todo un conjunto de condiciones aptas a exaltar el sistema nervioso y a implicar un efecto de sugestión. Las manifestaciones nerviosas son más buscadas que reprobadas. Hay en eso una considerable diferencia entre el Cristianismo y las demás religiones.
Finalmente, a medida que la civilización se desarrolla, los "milagros" desaparecen de las religiones no cristianas; mientras que en el Catolicismo resplandecen más abundantes que nunca. La ciencia sirve sólo para comprobarlos mejor, y la Iglesia no tiene más que la molestia de la elección, para apoyar sus canonizaciones, de curaciones controladas por todos los métodos más perfectos de la ciencia moderna. El catolicismo se halla en una situación especialísima, a este respecto.

Las curaciones milagrosas de Nuestro Señor
Las hemos estudiado en el Capítulo VIII. Nuestro Señor las ha realizado explícitamente como pruebas de su misión, de su divinidad y nos ha instruido de este modo acerca de las curaciones innumerables que acordará en el curso de los siglos. Sin duda, se compadece de las penas que martirizan los cuerpos; sin duda, se compadece del sufrimiento humano, pero sobre iodo posee una solicitud ardiente, una solicitud que lo ha llevado hasta la muerte en la Cruz, por las almas que ha querido y quiere arrancar a la esclavitud del pecado. Por eso, las curaciones milagrosas llueven alrededor del misterio de la Eucaristía, alrededor del culto de la Virgen, alrededor del culto de los Santos, confirmando sin tregua la autoridad, la doctrina de la Iglesia, afirmando las almas en la Fe.

Las curaciones probatorias de la Santidad
También los milagros que demuestran la santidad de una persona, son casi siempre de carácter médico. Desde el momento mismo de su vida terrenal, Nuestro Señor había delegado ya su facultad de curar, en primer lugar en los doce apóstoles:
"Jesús, reunidos sus doce apóstoles, les dió la virtud y el poder sobre todos los demonios, con la facultad de curar las enfermedades.
"Y los envió a predicar el reino de Dios y a devolver la salud a los enfermos...
"Ellos partieron, pues, y fueron de aldea en aldea evangelizando y sanando por doquiera" (Lucas, IX, 1-6).

Lo mismo ocurrió con los setenta y dos discípulos:
"Luego el Señor designó de ellos a otros setenta y dos y los envió... Y les dijo: "...curaréis a los enfermos". Y los setenta y dos volvieron con alegría, diciendo: "Señor, los demonios mismos nos están sometidos en vuestro nombre" (Lucas, X. 1-17).
Finalmente, en el momento de la Ascensión, Nuestro Señor dijo a los apóstoles: "Id por todo el universo, predicad el Evangelio a todas las criaturas. El que creyere y se bautizare se salvará... Y he aquí los milagros que harán los que creyeren... impondrán las manos sobre los enfermos y los enfermos se curarán..." (Marcos, XVI, 15-18).
Ahora bien, los que creerán plenamente, son en el curso de las épocas aquellos que la Iglesia proclama Santos y coloca en sus altares. En virtud de la promesa de Cristo, tanto en vida, como después de muertos, son reconocibles por los milagros que realizan.
Tomamos del doctor Le Bec el resumen de uno de los milagros reconocidos para la Beatificación de Santa Teresa del Niño Jesús:
"Ulcera de estómago de forma hemorrágica fatal: — Regina Laura, en religión Sor Santa Germana, de las Hijas de la Cruz, entró en el Convento de Ustaritz (Bajos Pirineos) en 1911, a la edad de 23 años. Tenía entonces una salud excelente.
"En 1911-12, trastornos digestivos durante su noviciado, dolores de cabeza, vómitos alimenticios ocurrían generalmente dos horas después de las comidas y vaciaban el estómago de un solo golpe. En 1913, a la edad de 25 años, aparición de sangre en los vómitos y aumento del dolor. En mayo, el dolor se ubica en las costillas, a la derecha de línea mediana. Los vómitos se tornan cotidianos, aparecen a veces inmediatamente, pero más a menudo dos horas después de la comida. Vacían siempre el estómago de un golpe, haciendo imposible por esta causa la alimentación y contienen a menudo sangre roja. La enferma, atendida por el doctor Goyeneche de Ustaritz y Souberbielle de Bayona, es sometida a una dieta severa; no toma más que leche y agua helada durante 25 días. En noviembre aumento de los dolores y vómitos frecuentes de sangre pura. Se comprueba la presencia de melena en las deposiciones. El dolor se fija adelante en la región gástrica y atrás en el medio del dorso, entre los homóplatos; la enferma tiene la sensación neta de una punta de hierro que atravesara su pecho. Este dolor es característico de la úlcera gástrica.
"En 1914, en febrero, segunda crisis violenta: los vómitos contienen a veces sangre roja, a veces sangre negra. Hasta el agua helada es vomitada. En agosto, cuarta crisis violenta, seguida de varias más livianas. La enferma es mantenida a dieta de agua y leche helada, durante 32 días. Se habla entonces de someterla a una operación quirúrgica, para resecar la úlcera gástrica, pero la operación fue suspendida, porque apareció una sensible mejoría.
"En 1915. En mayo, recaída grave. Vómitos alimenticios, ni el agua helada es tolerada. Se mantiene el hielo en la cabeza y en el estómago. En agosto, recaída muy seria, seguida por crisis menores, que dejan a la enferma muy agotada. Esta entonces se dirige a la pequeña Hermana Teresa del Niño Jesús, cuyo renombre se difundía por el mundo.
"1916. En setiembre, última crisis violenta, que resulta casi fatal. Los vómitos se producen dos veces por día, durante toda una semana; la paciente no tolera ya ni el agua helada.
"El 10 de setiembre la enferma fue favorecida con una visión de Sor Teresa, que ya le había aparecido en 1915 y que le dice: "Tened confianza, mucha confianza, curaréis pronto".
"El 21, alrededor de las ocho de la noche, exacerbación del mal, con enorme vómito de sangre roja, que el médico, llamado de inmediato aprecia en un litro aproximadamente; la enferma cae sin conocimiento en su lecho.
"El médico se aleja, pensando que la Hermana fallecerá durante la noche, agotada por esa sangría extraordinaria. Y es entonces que ocurre la curación milagrosa.
"Sor Santa Germana se duerme: estuvo en perfecta calma durante toda la noche, y por la mañana, 22 de setiembre, se despertó sin sentir dolor alguno, pidió alimento y tomó una gran taza de café con leche con pan. Se levanta y va a la capilla, para agradecer esta milagrosa curación. En el corredor, encuentra al doctor Goyeneche, que la mira con asombro, sin creer casi en una curación que considera inverosímil. Durante el día, la Hermana siguió todos los ejercicios de la Comunidad e hizo cinco comidas abundantes, sin tener el menor vomito y sin ningún dolor de estómago. Desde ese día, su salud se consolidó y nunca más estuvo enferma.
"He tenido el honor de ser encargado del examen de la hermana Santa Germana, dos años después de su curación: Comprobé su excelente salud. Nada queda de su antigua enfermedad y establezco que no hay nada de neurótico en ella, lo que por otra parte ha sido demostrado por los médicos del peritaje.
"En seguida después de su curación, sin convalecencia, la hermana santa Germana reanudó sus cansadoras funciones de maestra y fue encargada de la delicada tarea de maestra de las novicias de una gran Comunidad...
"Por la paciente, no se tomaron precauciones; no hubo convalecencia. La curación ha sido instantánea y total. Por eso, ha sido aceptada por la Congregación de Ritos y examinada minuciosamente, como se verá.
Los médicos peritos. El Tribunal Eclesiástico nombró en primer término dos peritos, luego en seguida un tercero, a pedido del Promotor de la Fe, que no hallaba los dos peritajes precedentes muy persuasivos.
"Los tres médicos peritos fueron unánimes en el reconocimiento de todos los signos característicos de la úlcera gástrica, ya que los sintomas observados imponían ese diagnóstico, con exclusión de cualquier otra enfermedad. Llaman la atención sobre la extrema lentitud la curación natural, para afirmar que la instantaneidad de la curación de Sor Santa Germana, la ausencia del factor tiempo es la cacterística de lo sobrenatural. Insistieron en declarar que la relación del doctor Le Bec, presentada por el Postulador, sirvió como base de su peritaje y debía ser conservada en el proceso, a pesar de la oposición del Promotor de la Fe. Finalmente se rebelaron contra las deposiciones de dos médicos hostiles, que habían declarado no haber hallado nada de anormal en esa curación, sin haberse tomado la pena, siquiera, de examinar a la enferma, ni las piezas médicas que les fueron ofrecidas. Lo que indicaba su mala fe. Los tres peritos llegaon sin vacilación a declarar que, por lo observado, la curación era de orden sobrenatural.
El Promotor de la Fe. En su argumentación, parecería que se sintiera impotente para luchar contra la exposición exacta de los peritos y las deposiciones de los testigos, y se dejó llevar a la descripción de enfermedades distintas de la de Sor Santa Germana. Comenzó por reclamar el rechazo del informe del doctor Le Bec, por no haber sido pedido por el Tribunal de acuerdo con las reglas canónicas; lo que no fué concedido. Halló que las descripciones clínicas de los peritos eran insuficientes para demostrar la realidad del morbo, e hizo largas descripciones de otras afecciones distintas de la que padeciera Sor Santa Germana, para desviar la atención del Tribunal. Después de haber obtenido un tercer perito, dado que el tercer peritaje le resultara desfavorable, exigió otros dos, los que tampoco le fueron acordados así los peritos hubieran sido cinco. La argumentación del Promotor de la Fe era muy sutil y muy hábil, pero no pudo destruir los argumentos de los médicos peritos, ni las descripciones de los médicos de cabecera, que demostraron, todos, sin excepción, lo sobrenatural de la curación en forma evidente.
Los Defensores. La tarea de los abogados defensores no fue muy ardua. Comenzaron por demostrar que ninguna ley canónica se oponía a la conservación de la relación del doctor Le Bec, cuyo rechazo hubiera permitido anular todo el trabajo de los peritos. Les fue fácil demostrar que los peritos habían demostrado la existencia de una úlcera gástrica muy grave, que había colocado a la paciente en peligro de muerte y cuya curación había sido subitánea, es decir, contraria a la marcha natural de esa enfermedad. Agregaron que era inútil seguir al Promotor en su desviación sobre enfermedades distintas a la úlcera gástrica y que Sor Santa Germana no había padecido. Luego, volviendo a las declaraciones de la Hermana, demostraron que esa curación repentina había sido obtenida después de las novenas y gracias a la intercesión de la Hermana Teresa del Niño Jesús, que es la única a la que hay que atribuir todo el mérito de la misma.
"Diez años después, la curación se mantenía perfectamente, sin haber experimentado la menor recaída".

El segundo milagro aceptado para la Beatificación de Santa Teresa del Niño Jesús, fue la curación de una tisis pulmonar de forma galopante, en un seminarista. Para la Canonización se aceptó, por un lado, un tumor blanco de rodilla y un mal de Pott concomitante, por otro lado, una enteritis tuberculosa.
La Canonización de Santa Juana de Arco se apoyó en dos milagros: uno, la curación de una tuberculosis pulmonar y peritoneal con lesiones cardíacas, sobrevenida al parecer en el período agónico; el otro, la curación de una enfermedad plantal perforante, de la que tomamos los datos de la relación resumida por el doctor Le Bec:
"María Antonia Mirandelle, de 53 años, casada, con tres hijos. La enfermedad, que fue objeto de la curación sobrenatural, comenzó a la edad de 52 años. La paciente experimentó al principio una sensación de entorpecimiento y pesadez en la pierna izquierda. De pronto, el 25 de diciembre de 1908, sintió un dolor agudo en el talón izquierdo, en el momento de poner el pie en el suelo, al levantarse del lecho. Desde ese momento el dolor permaneció constante, durante la marcha y aun cuando la enferma estaba acostada. Sin embargo, se levantaba y caminaba fatigosamente a través de la habitación. Observó que su pie se cubría de sudor.
"La enferma permaneció mucho tiempo sin consultar a un médico. Al cabo de seis meses, en junio de 1909, consultó al doctor Raynaud, que sospechó una neuritis y aplicó un tratamiento de corriente eléctrica, continuado durante seis meses. Poco a poco el talón se hinchó, y se deformó hasta tener el largo de una mano, según decía la enferma. Al mismo tiempo tomó un color violáceo y la epidermis alcanzó un espesor considerable. El tratamiento no lograba calmar los dolores.
"En enero de 1910 la paciente vió que su media se había pegado al talón y al retirarla notó que se había formado una llaga. Tomó un espejo y vió lo que sigue: al centro del talón la epidermis tenía un gran espesor y apariencia córnea, al medio se veía un agujero, por el cual fluía un pus amarillento, espeso, en gran abundancia, que atravesaba el vendaje y el algodón que colocara alrededor del talón.
"El agujero tenía las dimensiones de una moneda de diez centavos, es decir, un diámetro aproximado de un centímetro. El pie tenía un color violáceo hasta el nivel del tobillo y algo hinchado en la cara dorsal.
"Después de esa abertura repentina, los dolores persistían al caminar, pero disminuían cuando la enferma descansaba.
"El 29 de enero de 1910, el doctor Raynaud llevó a la paciente al hospital de Orleáns, para tener la opinión de sus colegas, el doctor Halmagrand, cirujano del hospital, y el doctor Touche, que diagnosticaron sin vacilar un morbo plantal perforante y aconsejaron a María Mirandelle quedar en asistencia. Ella rehusó, para no abandonar al esposo, y fue confiada a los cuidados del doctor Desrouets. Este último confirmó el diagnóstico de sus colegas, y no queriendo desanimar a la enferma, advirtiéndole que ese morbo es casi incurable, se limitó a decirle que el tratamiento duraría semanas y aun largos meses.
Novena a la Bienaventurada Juana de Arco. La enferma, muy afectada, teniendo poca esperanza de sanar, se decidió a rezar una novena a la bienaventurada Juana de Arco, sin renunciar, empero, a los socorros médicos.
"El 2 de febrero de 1910, el doctor Desrouets comenzó el tratamiento. Resecó una masa espesa de epidermis córnea, limpió la llaga, y con una sonda comprobó que llegaba hasta el hueso calcáneo, que estaba ya sin periostio y atacado de osteítis. El canal de la llaga tenía cerca de un centímetro de diámetro y algo más en profundidad. Se aplicó como vendaje tópico, una pomada antiséptica de óxido de cinc, sin mayor valor terapéutico. Una Hermana Hospitalaria se encargó de renovar todos los días el vendaje.
"El 3 de febrero de 1910, la Hermana que realiza el vendaje no observó ningún cambio en la llaga.
"El 4 de febrero, el estado es el mismo. "El 5 de febrero, durante el vendaje de la mañana, se establece que el canal de la llaga está cerrado por la mitad. "El 6, por la mañana, la cicatrización es completa, el ducto fistuloso está llenado, la piel unida sin depresión. Al mismo tiempo se comprueba que el tobillo que estaba tumefacto y morado, tiene de nuevo su color natural y su volumen normal. "Grande fue la sorpresa del doctor Desrouets, cuando llegó de vista, viendo que todo estaba curado; y declaró que todo vendaje era inútil, que la enferma tomara solamente algunas precauciones y que no se fatigara.
"La curación fue firme, como comprobaron más tarde los dóctores Geffrier y Fauchon. La sensibilidad táctil era idéntica en ambos pes; la enferma caminaba sin acusar dolor alguno y, cosa muy notable, no se veía rastro alguno de cicatrización, cuando toda fístula osea deja una cicatriz hundida y adherente al hueso. "La curación había sido radical".
La discusión en la Sacra Congregación de Ritos fue muy severa. Los dos primeros peritos, los doctores Pelagallo y Nori discutíeron el diagnóstico de morbo perforante y se inclinaron a uno de osteitis tuberculosa, llegando a la conclusión de que la curación, así como había ocurrido, no podía ser más que sobrenatural. Los abogados apoyaron esa conclusión, pero el Promotor de la Fe, fundado en las contradicciones médicas, pidió un nuevo peritaje, que fue concedido. De los dos nuevos expertos, uno, el doctor Cochetti, vuelve a afirmar el morbo perforante, el otro, el doctor Fabiani, emitió la hipótesis de un saco seroso supurado, con ataque del calcáneo; de cualquier manera la curación no podía ser natural. El Tribunal solicitó entonces la opinión de un quinto perito, el doctor Prolj, que se inclinó hacia la hipótesis del doctor Fabiani, sin excluir la posibilidad de un trastorno trófico. Como los demás peritos, llegó a la conclusión de que la rapidez de la curación no podía ser natural. Después de nuevos cambios de opiniones entre los abogados y el Promotor y de nuevas explicaciones solicitadas a los peritos, la curación se consideró como milagrosa.

Cabe observar la severidad aplicada por la S. Congregación de Ritos en el examen de los hechos de presunción milagrosa sometidos a su apreciación: no se trata de un simple "rito". La Congregación no vacila en rechazar los casos que le parecen insuficientes; así descartó dos hechos que la misma halló poco probatorios, durante el proceso de Canonización de San Juan Bosco y de Santa Luisa de Marillac y hubo que proponer otros más evidentes. El culto de los Santos en la Iglesia se funda, por lo tanto, en las más sólidas garantías científicas.

Curaciones sobrenaturales corrientes
Son todas aquellas que, sin reconocimiento oficial de la Iglesia, van desde las curaciones célebres y controladas de Lourdes y otros santuarios, a las curaciones silenciosas, de las que tal vez apenas el interesado sospecha el origen extraordinario. Como ejemplo de las curaciones ocurridas en Lourdes, resumiremos la observación publicada por el doctor Goret con el título: Une observation medícale presque en forme d'expérience faite á Lourdes en 1920-21 par un anclen Interne des Hópitaux de París:
En 1916, el doctor Goret, durante su paso por Lourdes, leyó un libro del doctor Boissarie y el del canónigo Bertrin, sobre las curaciones de Lourdes. Encuentra en ellos curaciones que parecían tener un carácter milagroso innegable:
Las dos señoritas Renaud con atrofia de un miembro inferior; La señora Biré con atrofia pupilar; Kersbilck con su certificado de ceguera total e incurable, por atrofia pupilar y firmado por el doctor Delapersonne; El doble pie torcido congénito de la hija del doctor Aumaitre; Y otros muchos... Sin embargo —pensó el doctor Goret— quisiera ver yo mismo estas cosas. En 1920 se puso en comunicación con la dirección de las peregrinaciones, en la avenida de Breteuil, que le permitió hojear los certificados de los enfermos inscriptos para la peregrinación nacional. Y fue a visitar a 12 de esos enfermos tanto en hospitales, como en sanatorios y domicilios particulares. Los acompañó a Lourdes. Ninguno curó.
En 1921, examinó a 35 enfermos, entre ellos a la señorita Emilia Cailleux, atacada de paraplejía de Pott, en tratamiento en el servicio del profesor Lecéne. Nacida en París. Padre y hermano fallecidos por tuberculosis. Infancia enfermiza. Bronquitis frecuentes. Sujeto poco desarrollado. En noviembre de 1918 un ataque de gripe. Desde entonces "va tirando". "En mayo de 1919 (a los 25 años de edad), es recibida en el sanatorio de Villepinte, con el siguiente certificado del doctor M. Ravaillon; de Flacy (Yonne); "Lóbulo superior derecho con disminución del murmullo vesicular y submatidez. Fiebre vespertina y sudores nocturnos. Enflaquecimiento de 5 kilogramos desde noviembre".
Examinada a su llegada por el doctor Lafevre, su ficha reza: "Ruidos secos en los dos costados, predominando a la derecha. Análisis de los esputos del 28 de mayo de 1919: presencia de bacilos". Durante el primer mes de su hospitalización, fiebre muy elevada, sudores nocturnos, tos expectoración. Permaneció quince meses en Villepinte. Mas no estaba curada, porque después de una breve permanencia en Drancy, los accesos febriles se novaron y en septiembre de 1920, fue admitida en el hospital Lariboisiere, en la sala Mauricio Reynaud. Poco después, pasó a Vésinet. una erisipela determinó su internación en Bastión 29, donde se quejaba vivamente de dolores dorsales, al nivel de una pequeña joroba que, segun ella, había aparecido pocas semanas antes. Se examinó la columna vertebral y se llegó al diagnóstico de mal de Pott el 21 de octubre de 1920. Fue enviada entonces a cirugía, en el hospital de San Luis, a la sala del profesor Lecéne.
El profesor Lecéne la examinó a su entrada, el 18 de noviembre, confirmó el mal de Pott y a una pregunta de uno de sus asistentes, contestó: "No vale la pena tomar una radiografía. La enfermedad está a la vista". Y mostró la pequeña joroba asentada en el nivel de las últimas vértebras dorsales. Desde fines de septiembre la paciente experimentaba vacilación en las piernas, con fuertes dolores en el territorio de los dos ciáticos, pero podía caminar todavía. "El 1° de diciembre, primer enyesamiento. La paciente puede mover las piernas en su lecho, pero siente que las fuerzas disminuyen. "Segundo enyesamiento el 15 de febrero. "A fines de abril, los movimientos de los miembros inferiores cesaron por completo. La paraplejía de Pott se fue instalando progresivamente y llegó a ser completa. "Tercer enyesamiento el 4 de mayo. A fines de julio aparecen trastornos esfintéricos.
"En julio, se notan contracturas en los dos miembros inferiores. Además la paciente sufre dolores abdominales en forma de círculo. La fiebre es irregular. La anorexia completa. El enflaquecimiento se acentúa. Los trastornos esfintéricos se agravan: pérdida de orina, siete u ocho veces en las 24 horas, luego incontinencia completa. Constipación, o mejor, ausencia de deposiciones espontáneas, necesidad de medios mecánicos. "La agravación de la paraplejía es manifiesta: a los trastornos motores se han agregado trastornos sensitivos y esfintéricos, al mismo tiempo que el estado general declina". El profesor Lecéne examinó a la enferma el 18 de julio. . . y ordenó colocar bolsas de arena para levantar el antepié y luchar contra la flexión forzada. Examinó los reflejos, la sensibilidad de los miembros inferiores y palpó la fosa ilíaca para buscar allí un absceso de congestión. Ese día, el profesor Lecéne redactó el siguiente certificado: "Yo, el abajo firmado, cirujano del hospital San Luis, profesor de la Facultad de Medicina, declaro que la señorita E. Cailleux, de 26 años de edad, está atacada de mal de Pott dorso-lumbar, con paraplejía que imposibilita la marcha. — 18 de Julio de 1921".
Este es el certificado que leí en la avenida de Breteuil y que me llevó el 10 de agosto a la sala Denonvilliers, cama 13 bis. Examiné a la señorita Cailleux y, como de costumbre, tomé una pequeña anotación al lado de la enferma. Comprobé: "Impotencia funcional completa. La paciente no puede efectuar ningún movimiento de los miembros inferiores que, durante el examen, recaen de acuerdo con las leyes de la gravedad. "Gran exageración de los reflejos rotulares y aquíleos (sensación de cuerda tendida), clonus real, persistente. Las sacudidas son iguales y persisten indefinidamente; buscando el signo de Babinski: extensión del dedo gordo a la derecha, esbozo de abanico hacia la izquierda.
"La sensibilidad es comprobada por el método de mi maestro Babinski: anestesia táctil de los pies y piernas y de la cara posterior de los muslos, de las regiones esfintéricas, de la parte interna de las nalgas y de la región sacra. La parte exterior de las nalgas y la cara anterior de los muslos están indemnes. Se trata, pues, de una anestesia con distribución radicular que se extiende de la zona de la tercera raíz lumbar hasta el cono terminal. Esta anestesia existía tanto al tacto como a la pinchadura. Una búsqueda prolongada del signo de Babinski hizo sangrar la planta de los pies, sin que la enferma experimentara el menor dolor. Además, esta anestesia era térmica. Careciendo de lo necesario para explorarla, comprobé rastros de quemaduras recientes en el dorso de los pies, causadas por agua hirviendo, que la paciente declara no haber sentido. La sensibilidad ósea y el sentido de las aptitudes musculares no se buscaron. "Comprobé, además, que las aplicaciones de vendas estaban empapadas de orina, prueba objetiva de sus trastornos esfintéricos. Amiotrofía de los miembros inferiores muy marcada... Ninguna escarificación.
"Por la ventana de la enyesadura veo y toco una pequeña joroba angular mediana, con dolor vivo a la presión y a la percusión débil. Empastamiento de las goteras laterales, a la altura de la novena vértebra dorsal. "Micropoliadenitis, especialmente cervical. Alimentación casi anulada". Conclusión. — "Mal de Pott dorso-lumbar, que comenzara unos diez meses antes. Paraplejía espasmódica, con signos de organicidad desde unos ocho meses, y actualmente en vía de agravación. Estado general muy afectado. Es una tuberculosa por herencia, que presenta lesiones pulmonares en evolución desde unos dos años atrás, con bacilos en los esputos".

Dejé el hospital San Luis después de haber verificado el diagnóstico del profesor Lecéne. Nueve días más tarde el 19 de agosto de 1921, en la Oficina médica, en Lourdes, vi a una enferma levantarse por sí misma de la camilla que se acababa de colocar en el suelo, dar unos pasos y llegar a sentarse sobre una silla. Sonreía. Era la señorita Cailleux ... El mismo día a las 14 la habían llevado a la Piscina y le habían colocado paños mojados sobre las piernas (sin inmersión). Luego la trasladaron en camilla a la Gruta. "A la tercera decena del rosario (hacia las 15:30) sentí una fuerza, como si algo pasara en mí, algo que me levantó... La fuerza estaba en todo mi cuerpo y sobre todo en las piernas. Era algo que me decía que podía caminar..." Se sentó en la camilla y, del brazo de una dama, dió la vuelta a la Gruta. (Se levanta sola y camina un poco vacilando sobre las piernas, que echa demasiado adelante a cada paso que da). Se le sacó la enyesadura. "Examen del 19 de agosto entre 16 y 17: Movilidad de los miembros inferiores, normal en todos los segmentos. Los movimientos son ejecutados con bastante energía.
"Sensibilidad normal. Las contestaciones son muy netas. Reflejos rotulares y aquíleos todavía fuertes, pero mucho menores que hace nueve días. No hay ya clonus verdadero. Insistiendo, se llega a provocar un clonus falso, que se disipa rápidamente. "Búsqueda del signo de Babinski: Flexión de los dedos gordos en ambos lados. La amiotrofia ha quedado idéntica. "Busco el dolor de la joroba y no lo hallo. Las goteras laterales estan muy limpias, pero la joroba existe aún. "Liberada del yeso, ofrece la columna vertebral rígida en chato en todos los movimientos del tronco que ejecuta sin dolor ni temor. Es el aspecto habitual de un tórax que se saca de la enyesadura. La pequeña joroba es absolutamente indolora a la presión y a la percusión hecha con martillo. En los movimientos forzados se llega a obtener alguna participación de la columna vertebral en los movimientos de flexión, de inclinación, de rotación del tronco..."
"Al día siguiente, 20 de agosto, nuevo examen: alimentación normal, nada ya de trastornos esfintéricos, nada de clonus ni de seudo clonus. Columna flexible: la joroba subsiste". Cuatro médicos, los doctores Pineau, Gony, Coulange y Goret redactaron el informe de examen y respondieron al cuestionario habitual de la Oficina de Comprobaciones: —"¿Ha existido realmente la enfermedad? —Sí. —"¿Hay curación absoluta o sólo mejoría evidente? —Mejoría evidente. —"Esta mejoría puede atribuirse a un proceso natural? —No". Nueve días más tarde, el 28 de agosto, el doctor Goret vuelve a ver a la señorita Cailleux en Drancy y la examina. Todo se ha vuelto normal; la joroba ha desaparecido totalmente. Esta desaparición había sido establecida el 23 de agosto (cuarto día desde la curación) por el doctor Boeldieu, de Drancy.
"Nunca, que yo sepa, escribe el doctor Goret, una joroba de Pott, muy neta, bien saliente, desaparece totalmente, aun con el tiempo, en el curso normal o natural de las cosas. Y en la señorita Cailleux ha desaparecido completamente. Una curación natural nunca hubiera realizado esa desaparición, aun andando el tiempo. No hay en la naturaleza supresiones tales, netas y simples. Siempre hubiera quedado un saliente atenuado, pero reconocible, sino en posición erguida, de pie, en la de flexión forzada. (Y se trataba de la región vertebral inferior y no de la región lumbar o sacra, donde el examen es más difícil). Sin embargo, en este caso, el médico mismo (el doctor Boeldieu), prevenido de su existencia anterior, no logró encontrar el asiento...
"He logrado lo que apetecía. La observación personal de un milagro de Lourdes me llevó necesariamente a admitir que en los otros casos estudiados por colegas, pudo haber milagro...
"Desde entonces, hasta hoy, abril de 1922, la señorita sanada milagrosamente, goza de buena salud y continúa aumentando de peso.
"La radiografía tomada después del milagro señaló rastros de las lesiones pulmonares y óseas.
"El examen mental, corroborado por las declaraciones de los familiares, ha establecido que se trata de una sirvienta de inteligencia normal, bien equilibrada y de carácter muy tranquilo.
"En todas las fases de esta observación, hubo varios médicos, para realizar las mismas comprobaciones, sin la menor divergencia de opinión.
"El autor de este trabajo, pues, se funda en lo que ha visto, estudiado, manejado cómodamente, para decir lo que afirma acerca de lo sobrenatural médico católico".

Al lado de estas curaciones que coronan el esfuerzo y el acto de fe cumplido con el viaje a santuarios famosos (1), hallamos las que se realizan no importa dónde, hasta en la habitación del enfermo. Así el doctor Ausems, cirujano del hospital San Antonio de Utrecht, publicó en el R. K. Artsenblad ("Journal des médecins catholiques romains de Hollande") de octubre de 1926, la observación siguiente:
"Corioepitelioma maligno, con propagación en la vagina y metástasis pulmonares, curado después de dos novenas a Santa Teresa de Lisieux.
"La señora O. H., de Windschoote, de 29 años de edad, madre de cuatro niños, tuvo a comienzos de abril de 1926 un aborto de dos meses aproximadamente, que en principio parecía evolucionar normalmente. Mas la pérdida de sangre, que se había detenido al cabo de algunos días, se repitió en forma continuada. En este momento vi a la enferma en consulta (a comienzos de junio). Una carta de su médico me indicó que el aborto fue en realidad molar, de modo que cuando examiné el útero y lo hallé grande y reblandecido, presentí un corioepitelioma, e hice quedar a la enferma en mi servicio del hospital San Antonio de Utrecht.
"Algunos días después la examiné más cuidadosamente. Tenía ya mal aspecto, pero mis temores aumentaron aún más cuando ella me confesó que desde hacía unos días tenía esputos de sangre y sospeché una metástasis pulmonar. A mi pedido, un especialista, el doctor Boekelman, la examinó desde el punto de vista pulmonar y halló en muchos puntos soplos y zonas de oscuridad pulmonar. El examen radioscopio hecho el mismo día acusó a la vista sombras difusas extendidas en los dos pulmones.
"Se practicó un curetaje del útero, entonces un poco más abultado que una gruesa naranja, y se pudo retirar de su cavidad gran número de gruesas yemas sangrantes. Temiendo una perforación uterina, y considerada la seguridad del diagnóstico, no se vació completamente el útero. Otro hecho contribuyó a agravar el pronóstico: se notó en la entrada de la vagina un tumor del tamaño de una castaña de la India y de color pardo negruzco.
"Se trataba, pues, de un corioepitelioma, con raigambre vaginal y anchas metástasis pulmonares. El diagnóstico preveía el fracaso de cualquier terapéutica y el pronóstico era fatalmente la muerte rápida en pocas semanas o unos meses a lo sumo. Por otra parte, una vez diagnosticada la afección pulmonar, el estado se agravó claramente y durante los 8 ó 10 días que la enferma permaneció en el hospital, esa mujer que era joven y se hallaba en buen estado de salud, relativamente, en el momento de su recepción, enflaqueció a ojos vista, perdió todas sus energías y presentó todos los días una temperatura elevada.
"En este triste estado, la enferma volvió a su casa, previniéndose del sombrío pronóstico al médico de cabecera, el doctor Bougard, de Windschoote. La familia también fue informada y esperaba para muy pronto la crisis fatal: la enferma se debilitaba cada día más.
"Sus parientes próximos comenzaron entonces una novena de oraciones en honor de Santa Teresa de Lisieux. Al noveno día, cuando la enferma ya no tomaba desde hacía tiempo remedio alguno, el agotamiento dejó de aumentar y el estado general permaneció estacionado. Ese comienzo favorable determinó a la familia a rezar una segunda novena, lo que se hizo, y aun antes de terminarla, había desaparecido la pérdida de sangre de origen uterino; la familia comprobó que la joven se sentía notablemente mejor.
"Una o dos semanas más tarde, recibí de su médico, que no era un católico práctico, una carta en la que me decía que el estado de la paciente mejoraba día a día, que las pérdidas cruentas habían desaparecido y que los esputos de sangre comenzaban a espaciarse. Declaraba no comprender nada, me pedía mi opinión y solicitaba que examinara nuevamente a la enferma.
"Este examen no tuvo lugar inmediatamente, sino sólo el 20 de septiembre de 1926.
"En ese momento tuve frente a mí a una hermosa joven, fresca, con todo el aspecto de la buena salud y que parecía robusta y fuerte. Ella misma hacía los quehaceres de su casa, sin fatigarse, había ganado mucho en peso, no tenía ya esputos de sangre, ni esputos de alguna naturaleza. Las pérdidas cruentas no habían reaparecido más. Había tenido nuevamente su período en forma regular 15 días antes, por primera vez desde su último parto. El útero se hallaba en anteflexión y era absolutamente normal en tamaño, forma y consistencia. Al nivel de los anexos, no se encontraba nada de particular: el tumor vaginal había desaparecido por completo. El examen clínico de los pulmones, repetido por el doctor Boekelman, no acusaba nada patológico.
"Por descargo de conciencia, se repitió la radioscopia y los pulmones aparecieron normales".
El doctor Ausems trata en seguida de la gravedad tan fatal y tan conocida del corioepitelioma, insiste en la severidad de la observación y declara formalmente que esa curación no puede ser atribuida más que a un milagro realizado con la mediación de la pequeña Sor Teresa.
He aquí el resumen de una observación personal que hemos presentado al Comité del Franco Condado de la Sociedad médica de San Lucas, el 1 de julio de 1925, y donde la intervención sobrenatural nos ha parecido más que probable. Se trata de una curación de granulosis.
"Joven de 18 años; buena salud, generalmente; carencia de antecedentes. El 17 de noviembre de 1924, inapetencia; el 19, escalofríos; el 20, pequeño resfrío de cabeza; el 22 temperatura a 39,5, el resfrío ha pasado, pero queda una tos seca, submatidez en la base derecha, nada a la auscultación. El 23, fiebre a 40,8, euforia completa, auscultación negativa. Diagnóstico: neumococcia probable. Dienol, luego septicemia. Quinina. Aspirina. Baños. Hemocultivos en caldo peptonizado y en caldo ascítico, negativos.
"El 26 de noviembre y el 2 de diciembre, consultas con el doctor Roñad, profesor de clínica médica, y el doctor Henri Roland, de Besanzón. Se encuentra matidez circunscripta en la base derecha, silbidos al toser y algunos ruidos a ese nivel. Bazo aumentado en volumen. Sordera muy acentuada. Se prevé el diagnóstico de granulosis. De hecho, la situación se agrava, con alteración rápida del estado general, grandes oscilaciones térmicas, escalofríos; fotofobia, disfagia, disnea con cianosis, somnolencia, tinta amarilla.
"El 5 de diciembre nueva consulta: silbidos en la parte trasera en el pulmón derecho, en la delantera en ambos pulmones, ruidos en la zona de matidez. Tos seca sin expectoración. Diarrea.
"Sueroreacción de Besredka positiva. Ligera mononucleosis. Suero-diagnóstico negativo de Eberth y paratífico. El diagnóstico de granulosis resulta, pues, evidente. Se administra zomina y criogenina.
"Desde el 8 de diciembre, a pesar de la persistencia de la temperatura que llega a los 40 y más, y de la misma auscultación, el estado general parece mejorar, la tos es menor y algunos esputos son espumosos. Cesación de los grandes escalofríos y de los sudores profusos. El día 9, examen de esputos negativo.
"Una nueva consulta, el día 11, comprueba algunas mejorías en la auscultación, pero la diarrea líquida persiste, la fusión muscular es considerable, la evolución fatal parece continuar. El 13, a los veinticuatro días de enfermedad, la temperatura llega a 41,2'. Del 13 al 14, no hay esputos. En la noche del 14 al 15, numerosos esputos en los que se encuentra el bacilo de Koch. Luego, ni uno solo más desde entonces.
"Por primera vez, el 15 por la noche, la temperatura baja de 39". El 16, auscultación negativa, excepto la matidez. El 17, cesación de la diarrea. La temperatura describe dos curvas de 7 u 8 días, en descenso, para llegar a ser el 31 de diciembre 36,7 por la mañana y 37,4 por la noche.
La enfermedad ha terminado. Algunos años más tarde, la enferma se casará, tendrá tres hermosos niños, y en 1935 seguía siempre en perfecta salud".

Por cierto, esta curación no ofrece los caracteres de instataneidad absoluta o relativa, exigida por la S. Congregación de ritos o por la Oficina de Comprobaciones de Lourdes, para ser considerada como milagrosa. Sin embargo, médica y lógicamente, ella pareció a los médicos de la enferma como de origen sobrenatural.
En realidad, una novena había pedido la curación a Nuestra Señora de Lourdes para el 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción. Ahora bien, como ese día transcurra sin cambios, un pariente de la enferma dijo: "Si la curación se hubiera realizado, hubiera quedado una duda acerca de la intervención de la Santísima Virgen. La curación podría cumplirse el 15, tal vez, en la octava de la Fiesta, después de la demostración de la naturaleza de la enfermedad, mediante la presencia de los bacilos de Koch, porque esta prueba de la enfermedadconfirmaría la ayuda de Dios". De hecho, hemos visto que solamente en los esputos emitidos aisladamente el 15 se hallaron los bacilos que establecían formalmente la enfermedad, cuya gravedad habitual se conoce, juntamente con la difícil curación en raros casos favorables.
Si en una curación de esta naturaleza, lo sobrenatural, sin ser evidente, se deduce lógicamente de la gravedad de la enfermedad, de la orientación imprevista y feliz de su evolución, de la coincidencia de una novena, de las fiestas religiosas y de una intuición anunciando el aporte de una certeza de diagnóstico que confirmase el socorro divino; hay, en realidad, casos en los cuales solamente en el terreno puramente espiritual se hallan los pormenores que establecen la gracia acordada:
"Se trata de una pariente nuestra. Tifoidea muy severa durante más de un mes. Hemorragias intestinales repetidas. Miocarditis consecutiva, en corazón ya lesionado anteriormente por reumatismo. Escaras; asistolía tan grave que una consulta de tres médicos declara un desenlace fatal inminente: el 15 de agosto los médicos (45 días después de declararse la enfermedad) declaran que la enferma no pasará el día. La madre de la enferma hace un voto, implorando la curación a la Santísima Virgen y telegrafía la noticia de la situación a una santa religiosa. La enferma, que se consideraba ella misma perdida, después recibir el Viático, tiene la intuición que se curará. Ella comunicó su sensación a la madre, de quien ignoraba totalmente la iniciativa, y la madre recibe de la religiosa avisada un telegrama anunciando la curación segura. Y realmente, desde ese día, posibilidad de suprimir el oxígeno, mejoría lenta, hasta el restablecimiento completo".

En este caso, del punto de vista material, no tenemos más que la curación inesperada de una enfermedad, al parecer, llegada a su estado extremo, por el cual cabe pensar que las oraciones en favor de la enferma fueron escuchadas. Evidentemente, esto no basta absolutamente para dar una certidumbre cualquiera a este respecto. Puede considerarse como una hipótesis, es una posibilidad o apenas una probabilidad. Pero todos nosotros encontraremos la coincidencia de una fiesta de la Santa Virgen, de una oración particularmente ardiente, de un voto, y sobre todo de la intuición parecida, formal, en dos personas a 400 kilómetros de distancia, intuición que ofrecía una seguridad tan grande que, en lugar de animar simplemente, influye para que la enferma y una religiosa afirmen la curación. La asociación de la curación inesperada, de los actos de piedad y de dos intuiciones concordantes, asumen el valor —me parece— de una verdadera prueba a favor de la acción sobrenatural prometida, no lo olvidemos, por Cristo a quienes creyeran.
De este modo la promesa de Cristo se difunde en toda una escala de modalidades correspondientes a las necesidades más diversas. Son los milagros que resisten al análisis, a las críticas más severas, y permiten a la Iglesia manifestar la asistencia de Dios y dar inagotablemente al mundo nuevos ejemplos. Son las curaciones públicas y controladas, que incitan a la virtud a enteras poblaciones. Son las curaciones de una cualidad material suficiente para convencer al grupo en el cual se realizan, acerca de la particular generosidad de Dios a su favor. Son, finalmente, las curaciones que desconciertan las previsiones del hombre, pero sin ruido, y donde la certeza de su acción es impresa directamente por Él en las almas.
De esta manera, se torna visible y accesible a nuestro ser material, a nuestras facultades de hombres de la tierra, la acción incesante de Dios, que crea sin cesar los nuevos seres humanos, de Cristo que en el bautismo se infunde a los cristianos, que se ofrece a cada instante en el Sacrificio perpetuamente renovado bajo todas las latitudes, que vive en forma permanente en el tabernáculo de los altares. La acción de Cristo en nuestro ser que sufre, nos torna tangible esta perpetua y personal solicitud, que nuestra fe concibe, y a cada paso de su existencia, el médico se halla así llamado a ser el testigo de Dios.

La fisiología de las curaciones sobrenaturales
Mas el testimonio del médico alcanza su valor solamente en las comprobaciones científicas que él mismo deba hacer. "La Oficina de Comprobaciones médicas de Lourdes vale lo que una basílica", dijo Pío X al doctor Boissarie. "Los médicos tienen necesidad, es cierto, de la Santísima Virgen, pero la Santa Madre a su vez tiene necesidad de los médicos para el reconocimiento de sus milagros", dijo Pío XI al doctor Vallet, e n diciembre de 1933. La comprobación de una curación sobrenatural no es asunto del sentimiento, sino de la ciencia: Cristo no hacía los milagros para complacer a sus discípulos, los hacía para convencer a los incrédulos de su misión. Es el hecho, el examen exacto del hecho, lo que lleva a la noción de lo sobrenatural; y debe advertirse a este respecto, que lo sobrenatural es desconocido o negado solamente por autores incompletamente documentados o que descuidan ciertos pormenores.
Sin embargo, aunque es suficiente hacer "medicina" seria para comprobar la intervención de lo sobrenatural en muchos casos, es conveniente conocer ciertas nociones que el estudio y la práctica de la medicina materialista pueden hacer perder de vista. Es lo que el doctor Le Bec llama muy justamente la Fisiología de lo sobrenatural, en su notabilísimo libro acerca de las Preuves medicales du miracle.
En primer lugar es necesario saber que los teólogos distinguen el milagro en tres clases, según los hechos sean:
a) supra naturam — sobrenaturales,
b) contra naturam — contranaturales,
c) praeter naturam — preternaturales.

El milagro de la primera clase es aquel que excede en modo absoluto las fuerzas naturales; su ejemplo sería la resurrección de un difunto. El milagro de la segunda clase es aquel cuyo efecto es contrario al que debe producirse de acuerdo con las leyes naturales, por ejemplo, los tres jóvenes que permanecieron sanos y salvos en la hoguera. El milagro de la tercera clase es el que excede las fuerzas de la naturaleza sólo en forma relativa y en cuanto al modo de la operación; a esta clase pertenecen todas o casi todas las curaciones sobrenaturales, porque muchas enfermedades pueden curar naturalmente, si se aplican los remedios adecuados y media el tiempo necesario, mientras que si la lesión es curada sin remedios e improvisadamente, la curación no podría ser natural.
Cuando se examinan de cerca los fenómenos vitales, se ve que pueden resumirse o sintetizarse en la vida única de la celula. Esta vida está sometida a leyes naturales, y cada vez que la vida celular prosigue, a pesar de la inobservancia de las leyes, cabe deducir la intervención de fuerzas fuera de las leyes... Se puede construir el esquema siguiente, que todo lo subordina al hecho único de la célula y a los fenómenos biológicos que ocurren en su protoplasma:
MILAGRO "supra naturam"
Ej.: Resurrección de un difunto.
Efecto de la muerte sobre la célula:
Coagulación del plasma celular.
Detención de los fenómenos de asimilación.
Detención de la desasimilación.
Descomposición del protoplasma por las bacterias.
Eliminación de los gases.
Descomposición de los principios minerales.
Déficit total por el detenimiento de la vida.
Ninguna vida celular.

MILAGRO "contra naturam"
Ej. Los jóvenes en la hoguera.
Ejecto del calor sobre la célula:
I estado: Eliminación del agua en la composición del protoplasma. Precipitación de las sales que ya no se disuelven.
II estado: Gases en libertad.
III estado: Oxidación de los elementos minerales. Formación de cenizas.
Déficit por ausencia de condiciones físicas que permitan la vida.
Ninguna vida celular.


MILAGRO "praster naturam"
Ej.: Formación instantánea de callo o cicatriz.
Efecto de la ausencia del factor tiempo sobre la célula:
Los fenómenos de asimilación en la célula no han tenido tiempo de producirse.
Nutrición y evolución naturales imposibles.
Déficit por ausencia de condiciones fisiológicas que permitan la vida.
Ninguna vida celular.


Pruebas de lo sobrenatural
"El examen minucioso de las curaciones —dice el doctor Le Bec— lleva a admitir que se puede y se debe suponer invariablemente una curación sobrenatural cierta, cuando en el mismo caso concurren las tres conclusiones clínicas siguientes:
1. La existencia demostrada de una alteración grave de los tejidos o de una pérdida de substancia. Por ejemplo: una llaga, una caries ósea, tubérculos, etc.;
2. La existencia comprobada de una cicatrización efectuada en un tiempo manifiestamente demasiado breve para una una curación médica natural, o, mejor dicho, instantáneamente;
3. La persistencia de la curación y el restablecimiento funcional, comprobado en un tiempo bastante largo para que no se trate de una simple mejoría.
Estas son las condiciones absolutas exigidas para el reconocimiento oficial de las curaciones milagrosas.
Debemos agregar algunas condiciones relativas, que pueden bastar para hacer admitir la probabilidad de una intervención sobrenatural.
4. La gravedad extrema de una lesión o de una enfermedad que excluye normalmente la posibilidad de una curación espontánea: es raro que un médico con cierta experiencia pueda ser sorprendido por la muerte de su enfermo; a menudo, muchos días, muchas semanas y aun muchos meses antes del período agónico, el médico sabe que ha perdido la partida. Fuera de la naturaleza misma de la enfermedad (cáncer, meningitis tuberculosa, enfermedad del sueño, etc.), simples síntomas: elevación o, a la inversa, caída de la temperatura, disociación de la temperatura y del pulso, anomalías respiratorias, carfología, etc., permiten pronósticos prácticamente seguros.
5. La respuesta biológico-religiosa, ya concordancia particularmente exacta de un acto religioso preciso con el comienzo de la curación, ya manifestación biológica determinada correspondiente al acto religioso. Así nos aparece nuestro segundo caso personal.
De todos modos, una condición es esencial:
6. La eliminación del factor nervioso. El papa Benedicto XIV, en su tratado De la Beatificación, no quiere que se consideren milagros las curaciones que se pueden explicar mediante la influencia del sistema nervioso. No admite más que por xcepción el milagro en los histéricos, los epilépticos, los paraliticos. Con un sentido clínico extraordinario en una persona que no ha hecho especialmente estudios médicos: dice: "Cuando se trata de histeria, no hay que hacer consistir el milagro en la desaparición de las crisis, sino en la cesación del estado mórbido general, que las ha producido. Se debe observar que las mujeres histéricas están sujetas a crisis naturales que pueden causar una perfecta liberación de su enfermedad. Será, pues, muy difícil considerar dichas curaciones como milagrosas. Si a veces el Postulador de las causas de Beatificación lo ha intentado, nunca lo vi triunfar". En Lourdes, a la menor sospecha de un elemento nervioso, se excluye toda comprobación y todo reconocimiento oficial.

fenómenos clínicos especiales de las curaciones sobrenaturales
Al lado de los elementos de prueba del milagro, se colocan caracteres particulares que acompañan a menudo las curaciones milagrosas.
a) Dolor improviso. — Puede ser local o general:
Los enfermos, dice el doctor Duret, acusan sensaciones de angustia, de decaimiento, de intenso frío. A veces son sacudidos por escalofríos, caen hasta en síncope, con miedo mortal; se les ve palidecer hasta presentar aspecto cadavérico. De repente sobreviene una sensación de calma, de aplacamiento, de bienestar. ¡El enfermo tiene la sensación física de haber sanado! La Señora Augault, después de la resorción de su fibroma, el 21 de agosto de 1926, tuvo la sensación de que le "arrancaban las entrañas" (Doctor Bitterlin). Numerosos son los casos análogos.
b) Ausencia de convalecencia. — En muchos casos, cualquiera sea la gravedad del mal, cualquiera sea el agotamiento del enfermo, el retorno a la salud es total y repentino.
Pedro de Rudder, nos dice el doctor Le Bec, que estuvo más de ocho años sin caminar, padecía en forma cierta de rigidez articular tibio-tarsiana, como las que comprobamos cuando el cirujano no ha previsto esta forma de anquilosis fibrosa, combatiéndola con aparato apropiado. Había también rigidez en las vainas de los tendones y retracciones enérgicas de los grupos de los músculos anteriores y posteriores de la pierna. Todo este estado patológico implica una impotencia funcional grave, que puede vencerse solamente con un tratamiento de masaje y de movimientos metódicos. El tratamiento dura a veces dos o tres meses, antes de que el enfermo pueda caminar cómodamente. Ahora bien, todas estas complicaciones inevitables desaparecieron tan íntegramente, que algunas horas después de la consolidación subitánea de la fractura, de Rudder pudo correr para alcanzar el coche que debía llevarlo a la estación del ferrocarril. Y el doctor Le Bec cita numerosos ejemplos análogos.

Fisiología patológica de la curación sobrenatural
a) Curación de fracturas y de mal de Pott. — El caso típico es el de Pedro de Rudder, que presentaba a los 8 años una fractura abierta supurada de la tibia y del peroné izquierdos, con alejamiento de 3 centímetros de los fragmentos óseos, sin tendencia a sanar, y que curó súbitamente en forma total y sin acortamiento, el 7 de abril de 1875, durante la peregrinación belga de Oostakker. Fue necesaria:
1. una reviviscencia o una resorción casi instantánea de las extremidades óseas que —como se sabía— estaban atacadas por la necrosis: se conoce bien la lentitud habitual de tales procesos;
2. la formación igualmente casi instantánea de cerca de 5 gramos de hueso. Si se piensa que la sangre contiene cerca de 32 centigramos de fosfato de cal por litro, que los capilares sanguíneos tienen de 5 a 20 milésimos de milímetro de diámetro y que la velocidad de la sangre se calcula en unos 57 centesimos de milímetros por segundo, en los chicos, se comprueba la imposibilidad absoluta del aporte en menos de muchos días, y hasta de muchas semanas, de la substancia adecuada para la reconstrucción del hueso que faltaba.
En las curaciones de mal de Pott, pasa igual cosa: hay generalmente una asociación de procesos de resorción, de reviviscencia y de aporte de nuevos materiales, absolutamente desproporcionados a las posibilidades de la circulación y de las actividades celulares al nivel del punto lesionado.
b) Curación de cáncer.— Cuando el cáncer está ulcerado, hay evidentemente un proceso de reparación que plantea los mismos problemas de circulación y de actividad celular, pero lo que predomina en el cuadro, es la importancia de la resorción realizada. Se conoce la toxicidad de los productos de resorción de los tumores. "Los trastornos tóxicos —escribe el doctor Philibert— debidos a la resorción de los tejidos destruidos, llamados enfermedad de reparto o de los rayos, derivados de la acción de los rayos X y del radio, consisten en náuseas y vomitos, que ocurren durante las sesiones y se prolongan a veces durante algunos días". Los beneficiados con milagros de la naturaleza, recobran inmediatamente la salud sin el menor fenómeno tóxico.
c) Formación de cicatrices.— En numerosas curaciones sobrenaturales, el cierre de llagas es realizado por una cicatriz parecida a la que se produciría normalmente, en varias semanas, en el decurso de una evolución favorable. Parece, pues, que tal sea el proceso natural, pero con una rapidez de varios millares de veces mayor de la que se haya efectuado nunca. Se concibe que el doctor Carrel haya encontrado muy interesantes las cicatrizaciones que estudió en Lourdes. Lo mismo ha de ocurrir en las curaciones de tuberculosis, úlceras de estómago, lesiones diversas, etc.
d) Curación de várices. — El doctor Le Bec nos dice:
"En el caso de curación comprobado por mí, las venas que habían perdido toda su flexibilidad patológica, habían recobrado su forma rectilínea.
"Para que ese retorno al largo normal pudiera ocurrir en mi enfermedad, era necesario el cumplimiento instantáneo de toda una serie de fenómenos muy complicados: desaparición de las células endoteliales que formaban la túnica interna de las venas, desaparición de las fibras musculares lisas de formación patológica, que habían aparecido en el espesor de la túnica media; resorción del tejido celular que mantenía la rigidez de las paredes varicosas.
"Es imposible dar la menor explicación de tal fenómeno. La desaparición total de un segmento vascular no se vió nunca en medicina, y este fenómeno no puede realizarse por vía experimental".
e) Corrección de deformaciones.— En la enferma del doctor Goret, hubo la corrección de una joroba de Pott; en diferentes casos de curaciones de fracturas, hubo supresión del acortamiento y de las desviaciones. El proceso de curación no es, pues, solamente histológico, sino ortopédico, lo que implica actividades biológicas no solamente dinámicas en grado inverosímil, sino también dirigidas por una inteligencia, por una voluntad creadora.
La fisiología de lo sobrenatural plantea, por lo mismo, innumerables cuestiones biológicas y abre una cantidad de campos al espíritu del sabio. Si recordamos que gracias a la ley de economía del milagro, admitida por los teólogos, la acción de Dios empleará en medida máxima los procesos naturales, conformándose con el mínimum de intervención sobrenatural, se concibe que importantes enseñanzas científicas puedan deducirse de la observación exacta de una curación milagrosa. Los fenómenos biológicos, presentándose con un ritmo distinto del habitual, brindan puntos de comparación de enorme valor. Recordemos finalmente que el diagnóstico exacto de una curación sobrenatural evita atribuir a la enfermedad una evolución y a los medicamentos un efecto, que no concuerdan con la realidad.
Las curaciones sobrenaturales son uno de los más hermosos terrenos de investigación médica que puedan hallarse; es amplio y se nos ofrece a todos, sin cesar: los ciegos ven, los sordos oyen, los estropeados caminan... ¡Cristo está allí!
Notas:
(1) A propósito de santuarios y lugares de peregrinación, es conveniente conocer aquí un decreto de la S. Congregación del Concilio, del 7 de junio de 1932 (Acta Apost. Sedis, del i° de julio), que demuestra cómo la Iglesia, fiel a Cristo que echó a los mercaderes del templo, duda de todo lo que puede parecer afectado por el lucro o la simonía: "La S. Congregación comprueba que a menudo los diarios católicos, especialmente los editados por los santuarios más célebres del universo, relatan las gracias obtenidas, para incitar la piedad de los fieles, hacia los santos invocados y citan las donaciones hechas en ocasión de esos favores. Si es plausible divulgar esos hechos y recoger limosnas para la construcción de santuarios o el mantenimiento de obras de caridad, no pueden aprobarse las relaciones que a menudo se presentan de manera inadecuada y sin ningún carácter de autenticidad, sobre todo si la gracia recibida parece depender de la ofrenda hecha. Hay en ello una apariencia de vergonzoso comercio, que no deja de escandalizar a hombres imbuidos de prejuicios contra el culto católico. Para obviar estos abusos, la S. Congregación del Concilio, de acuerdo con la S. Congregación de los Religiosos, y apoyándose en la aprobación del Soberano Pontífice, ordena a los Ordinarios de las diócesis y a los Superiores religiosos:
1° Hacer cumplir los cánones 1261 y y 1386 del Codex juris canonici. (Código del derecho canónico);
2° Someter a la censura eclesiástica los relatos manuscritos de los favores obtenidos y no permitir su publicación si no están revestidos de la aprobación expresa y escrita del Censor nombrado de acuerdo con las reglas de la Encíclica Pascendi de Pío X, del 8 de septiembre de 1907. El Censor vigilará para que los relatos de gracias obtenidas lleven esos signos de credibilidad, para que se le pueda prestar fe razonablemente y se evite toda sospecha de vínculo o relación entre la ofrenda hecha y la gracia recibida;
3° Prohibir la publicación de los relatos desprovistos de los caracteres citados, salvo la mención bajo la indicación general de gracias recibidas, sin otro pormenor".
Dr. Henri Bon
MEDICINA CATOLICA

domingo, 2 de octubre de 2011

De los que sanó San Vicente de gota coral

Poco después de la muerte del Santo hubo un mancebo de dieciséis años, llamado Robín, el cual estuvo siete años muy enfermo de gota coral y muchos días le tomaba tres veces. Pero cierto día, movidos de piedad sus parientes, hicieron por él un voto al maestro Vicente, prometiendo de enviarle a su sepulcro. Hecho esto, nunca más se sabe que le volviese la pasión, sino fue de allí a quince años cuando murió.
Simón Maído, ciudadano de Vannes, tenía un hijo al cual le dió una gota coral; y a los primeros días que la tuvo, caía una o dos veces cada día. Afligido el padre con tan recia enfermedad del hijo, encomendóle mucho a San Vicente, que no había muchos años que era muerto y a quien él había muy bien conocido. Hizo, juntamente con esto, voto al Santo de ofrecerle una imagen de su hijo y pagar cada año a la iglesia de Vannes veinte sueldos, durando la vida del hijo. Con esto le envió enfermo a visitar el sepulcro del Santo, y nunca después le volvió la gota en más de treinta años que vivió.
Una mujer estuvo cinco años con la mesma enfermedad, y cuando le venía, perdía el juicio totalmente, y a veces caía en el fuego, que fue gran merced de Dios no quemarse alguna de ellas. Buscó muchos médicos para salir de trabajo, y nunca pudo curar. Mas, entre otros halló a un buen médico que claramente la desengañó, diciéndole cómo su enfermedad no tenía remedio natural, y que se encomendase con buena devoción y lágrimas al maestro Vicente, que por ventura así curaría. Salióse con esto la mujer a un huerto, y estando sola púsose de rodillas mirando hacia la iglesia mayor de Vannes, y rogando al Santo la quisiese remediar, que ella cada año visitaría su santo sepulcro y ofrecería algunos dineros. Fue tanta la fe que tuvo, que nunca más sintió la enfermedad sobredicha.
A otra mujer llamada Catalina Fran, queriendo calentar un hijo suyo, que pocos días antes había parido, le tomó súbitamente dolor de corazón de tal manera que arrojó a su hijo lejos de sí y ella se cayó cabe el fuego, atormentando su persona con los golpes que se daba. Fue esto día de los Reyes; y el Viernes Santo siguiente, del año 1453, otra vez le volvió la mesma pasión. Después de consejo de algunos, que bien la querían, hizo un voto a San Vicente y fue libre de aquel trabajo.
En el sobredicho año, en el mes de junio, estuvo tan cargado del mesmo mal un Gil Tomasón, que cada día salía de sí, y echaba espuma por la boca y estaba como muerto. Al fin del mes prometió a San Vicente, en caso que le sanase, de visitar su sepulcro y ofrecer allí un dinero, u otra cosa semejante. Mirando, pues, San Vicente a la fe más que a lo que se prometía, le alcanzó de Dios la salud por él tan deseada.
Año 1452, una niña de cuatro años vino a la muerte por causa de la pasión de que ahora tratamos, y encomendándola a San Vicente una tía suya, y prometiéndole una candela, y ciertos dineros y de llevarla a su sepulcro, luego convaleció y dentro de ocho días estuvo del todo sana.

Fray Justiniano Antist O. P.
VIDA DE SAN VICENTE FERRER

NO LE DIGAIS



(Parodia de "Solo Entonces")

Antes que me llevéis al Camposanto
si dispone el Señor que aquí me muera,
llevadme, por piedad, al templo santo
Donde besé llorando, mi Bandera. . .

Donde canté a mi Virgen hechicera
de tez morena y estrellado manto;
donde también mi Madre es extranjera
como su esclavo que la quiere tanto...!

Ponedme frente a Ella. Abrid la tapa
de mi negro ataúd y. . . si un gemido
de mi rígido pecho no se escapa...
¡No digais a mi madre que yo he muerto!
Decidle que su "Indito" se ha dormido
bajo la única palma del desierto.

Mons. Vicente M. Camacho
12 de Julio de 1928 E. U. de A.

DOMINICA DECIMOSEXTA DESPUES DE PENTECOSTES

LA ENVIDIA
"Habiendo entrado Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, en día de sábado, le estaban observando. Había delante de El un hidrópico. Y tomando Jesús la palabra, habló a los doctores de la Ley y a los fariseos, diciendo :
"—¿Es lícito curar en sábado, o no?
"Ellos guardaron silencio.
'"Y, asiéndole, Jesús le curó y despidió.
"Dirigiéndose después a ellos, les dijo:
"—¿Quién de vosotros, si su hijo o su asno cayere en un pozo, no le saca al instante en día de sábado?
"Y no podían replicar a esto.
"Decía a los invitados una parábola, observando cómo escogían para sí los primeros puestos :
"—Cuando seas invitado a una boda, no te sientes en el primer puesto, no sea que venga otro de más distinción que tú, invitado por el mismo, y llegando el que al uno y al otro os invitó, te diga:
"—Cede a éste tu puesto.
"Y entonces, con sonrojo, te veas obligado a ocupar el último lugar. Cuando seas invitado, ve y siéntate en el postrer lugar, para que, cuando venga el que te invitó, te diga:
"—Amigo, sube más arriba.
"Entonces tendrás gran honor en presencia de todos los comensales, porque el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado." (Lc., XIV, 1-11.)

* * *

Los escribas y fariseos odiaban al Señor porque no podían tolerar su doctrina ni la santidad de su vida, ya que constituía una acusación de su maldad y condenaba su hipocresía. Por eso, llevados de la envidia, trataban siempre de cogerle en fallo con el fin de desacreditarle ante el pueblo.
¡Qué vicio más feo es la envidia! Pero no la tenían sólo los fariseos, porque este pecado, que es uno de lo siete capitales, lo vienen cometiendo también muchos cristianos.
Para que sintáis horror hacia él y procuréis no cometerlo, os hablaré: 1.° De su malicia. 2." De sus efectos.

I.— Naturaleza y malicia de la envidia.
1. ¿Qué es la envidia?-La envidia es un pesar por el bien de otro, y una complacencia por el mal ajeno.
Un chico siente pesar, por ejemplo, porque el maestro y los demás compañeros aprecian a otro más que a él, debido a que es más callado, aplicado y trabajador. Con ello demuestra tenerle envidia, y achaca a injusticia las preferencias de que se le hace objeto.
Pepito ve que Paquito es más rico y listo que él, y no puede verle. Si algo malo le pasa a Paquito, se alegra Pepito, evidenciando que le tiene envidia.
Los envidiosos querrían ser los únicos poseedores de cuanto bueno y apetecible existe en el mundo, y les contraría ver que otros poseen las buenas cualidades y los bienes o virtudes de que ellos carecen.

2. Representación de la envidia.— Los antiguos representaban la envidia en figura de una vieja pálida y delgada, echando espumarajos por la boca, con los ojos ceñudos y lacrimosos, los labios lívidos y rechinándole los dientes. En una de sus manos tenía su propio corazón, que iba royendo una serpiente venenosa, y en la otra llevaba un bastón espinoso, sobre el que se apoyaba, y cuyas púas se le clavaban en el cuerpo.
Pintaban la envidia vieja, porque es un vicio tan antiguo como el mundo; pálida y delgada, porque los envidiosos están tristes y se quedan delgados. La lividez de los labios significaba la que es característica del alma de los envidiosos. Los ojos ceñudos y lacrimosos querían significar que la envidia quita la serenidad del semblante, impide pensar bien y hace llorar de rabia. El rechinar de los dientes indicaba que la persona envidiosa no cesa de tramar venganzas. El corazón devorado por la serpiente indicaba que el envidioso es roído interiormente por el pesar del bien ajeno, y el veneno arrojado por el reptil, que se complace del mal del prójimo. Por último, el bastón lleno de púas, en el que se apoyaba la vieja, indicaba que el envidioso siempre tiene clavadas unas espinas que lo hieren y lastiman de continuo.

3. ¿Es pecado la envidia?—¡Y tanto que lo es! ¿No ha de ser pecado entristecerse por el bien ajeno? La envidia hace parecerse al demonio a quien la tiene, porque fue precisamente el diablo el primero que alzó la bandera de la envidia, cuando, arrojado del Paraíso celestial, no podía ver la felicidad del hombre, y, por envidia, le hizo prevaricar en seguida. Ahora continúa tentando a los hombres, porque, como él es un desgraciado, quiere que lo sean también todos los seres humanos.
San Pablo pone la envidia entre los pecados que excluyen del Paraíso. Hablando de los delitos de envidia, de homicidio, de embriaguez, etc., dice: "Os prevengo que quienes los cometen no heredarán el reino de Dios" (Gálat., V, 21).
El vicio de la envidia lo aborrecían los paganos, y fueron ellos —el poeta Ovidio en primer lugar— quienes la representaron en forma de la vieja que hemos descrito. Los cristianos debemos aborrecer mucho más que ellos este vicio, por ser contrario a la caridad para con el prójimo. Dios nos manda amar al prójimo como a nosotros mismos, y, por consiguiente, debemos querer el bien de los demás, alegrarnos —como dice San Pablo— con quien se alegra y llorar con quien llora: Gaudere cum gaudentibus, flere cum flentibus (Rom., XII, 15). Y el envidioso hace todo lo contrario: tiene torcida la mirada, duro el corazón y viperina la lengua... Es peor que las fieras, como dice San Juan Crisóstomo.

II.—Los efectos de la envidia.
La envidia es fuente de otros vicios y pecados, tanto internos como externos.

1. Pecados internos.-El envidioso tiene oculto en el corazón un fuego que le consume. Los demás no ven este fuego, pero Dios sí. También se halla oculta en él una víbora dispuesta a envenenar a todo el que se acerque.
Un buen maestro vio que entre sus alumnos había uno dominado por la envidia, y le dijo: "Has dado entrada en tu cuerpo a una serpiente que te roe el cerebro y te corrompe el corazón." Efectivamente, aquel muchacho veía con malos ojos el bien de los demás, los odiaba, sentía deseos de venganza, pensaba mal de todos, formulaba juicios falsos, injustos y perversos. Sin embargo, no quería que nada de esto se supiera, y por eso se ruborizó cuando el maestro le reprochó vicio tan nefasto.
Esos son los pecados internos que lleva consigo la envidia y que tenían ciertamente los fariseos, puesto que juzgaban mal, incluso a Jesucristo. Si el Salvador curaba algún enfermo en sábado, decían que transgredía la ley de Moisés; si visitaba a los pecadores y hablaba con ellos, decían que era su amigo, a pesar de que lo hacía por convertirlos; si arrojaba los demonios, lo achacaban a virtud de Belcebú...
¡Cuántos pecados internos hace cometer la envidia! Por eso dice el Espíritu Santo: "El corazón apacible es vida del cuerpo, y la envidia es la carie de los huesos" (Prov., XIV, 30). Y un poeta italiano escribió: "La envidia a sí misma se macera" (Sannazzaro).

2. Pecados externos:
a) De lengua.—Los envidiosos tienen siempre a flor de labios la maledicencia y la calumnia. ¡Y cuánto mal hacen!

* La venganza de un estudiante.—Viendo un estudiante francés que el profesor distinguía en su estimación a un alumno sobre los demás, quiso vengarse de él y llegó hasta acusarle de un grave delito. La infame calumnia se descubrió, aunque con alguna dificultad, y brilló la inocencia del profesor. El estudiante fue obligado a retractarse públicamente; pero no se atrevió a dar la cara: lo hizo por escrito, y luego se suicidó.
¡A qué extremos conduce la envidia! ¡Cuántas palabras, mordaces provoca! ¡Cuántos susurros y risitas maliciosas! ¡Cuántos falsos informes da!

b) De obra.—La Sagrada Escritura nos refiere muchos actos delictivos causados por la envidia.
* Caín se dejó cegar por la envidia y decidió matar a Abel porque al Señor le agradaban las ofrendas de su inocente hermano, y llevando a la práctica sus criminales intenciones, lo invitó cierto día a dar un paseo por el campo, y aprovechó el primer descuido de Abel para lanzarse sobre él y matarle. (Cfr. Génesis, IV, 5-8.)

* Los hijos de Jacob veían que su hermano José era el preferido de su padre, más que nada por la bondad, docilidad y piedad de que daba muestras el virtuoso joven, y, en vez de quererlo y pensar en imitarle, sintieron despecho y envidia, lo miraban de mala manera y maquinaban el modo de deshacerse de él. Un día que se hallaban en el campo entregados a apacentar el ganado, lo metieron en un pozo sin agua y luego lo vendieron a unos mercaderes ismaelitas, dando a entender a su padre que alguna fiera debía haberlo devorado. Jacob se creyó el cuento, sin saber que la fiera que le había arrebatado al hijo predilecto había sido la envidia que le profesaban sus hermanos. (Cfr. Génesis, XXXVII) (1).

La envidia es la raíz de muchos males. Por ella se cometen injusticias y crueldades, se persigue a los santos y se mata a mansalva. Por envidia acusaron falsamente los fariseos a Cristo y fue condenado a morir crucificado nuestro divino Maestro (2).

3. Los castigos de la envidia.-Dios aborrece la envidia y la castiga aun en esta vida. Dice el Espíritu Santo: "El que se goza del mal ajeno no quedará impune" (Prov., XVII. 5).
a) Los envidiosos no conocen la paz, y eso es ya en sí un buen castigo. Los envidiosos son los más desgraciados de los mortales, porque la envidia es un verdugo que hace probar el infierno con anticipación. Recordemos a Caín y a Saúl.
b) Pero hay otros castigos. Los envidiosos terminan siempre mal y ellos mismos se procuran la ruina. ¿Qué le sucedió a Saúl en castigo de su envidia? Que le abandonó Dios y se abatieron los males sobre él y su reino. Al fin, viéndose descubierto por los arqueros enemigos y en gran aprieto, dijo a su escudero: "Saca tu espada y traspásame, no me hieran esos incircuncisos y me afrenten." El escudero no obedeció por el gran temor que tenía; y, cogiendo Saul su propia espada, se echó sobre la punta de ella (1 Sam., XXXT, 4) (3).

Conclusión.—¿Habéis visto, queridos niños, qué mala es la envidia? ¿Quién de vosotros ha de permitir que le domine tan fea pasión? Debéis examinaros cuidadosamente para conocer si ha empezado a infiltrarse en vosotros la serpiente venenosa de la envidia; y si así fuese, tenéis que procurar corregiros por todos los medios. La caridad exige que todos los humanos nos deseemos el bien.
Cuando algún hermano, hermana o compañero sean preferidos por vuestros padres o maestros y reciban algún premio o distinción, debéis pensar que se lo han merecido, y alegraros, por consiguiente, no tomándolo nunca a mal. En vez de envidiar a los premiados, debéis estimularos a aventajarlos en la diligencia, virtud y bondad. Así daréis gloria a Dios, os procuraréis méritos para la otra vida y seréis ampliamente recompensados por el Señor.

EJEMPLOS
(1) Las malas intenciones de los envidiosos.—Saúl y David—David, joven pastorcillo de excepcional fuerza y valentía, se ofreció al rey Saúl para luchar con el gigante Goliat. Saúl lo acogió con simpatía y accedió gustoso a lo que le pedía David. Pero cuando el joven guerrero venció al descomunal gigante filisteo y le aclamó el pueblo de Israel, en vez de regocijarse por las merecidas aclamaciones de que se le hacía objeto, dio entrada en su corazón a la envidia y ya no quiso verle más. Tanto se dejó dominar por la maldita envidia, que se enfureció y quiso matar al valeroso joven, que hubo de huir para ponerse a salvo y librarse de la persecución de Saúl. (Cfr. 1 Sam., XIX.)

(2) El envidioso y el avaro.—Cuenta San Antonio que en la corle de un príncipe siciliano había dos soldados que no se podían ver, avaro el uno y envidioso el otro. Un día los citó a ambos el soberano y les dijo:
—Quiero haceros un regalo. El primero de vosotros que me pida algo, obtendrá lo que pida, y el otro, el doble.
Los dos se quedaron como mudos, porque ninguno de ellos quería ser el primero en manifestar su deseo. El envidioso decía entre sí: "¡No quiero que éste reciba más que yo!"
El príncipe esperó un poco; pero, para salir de aquella embarazosa situación, dijo al envidioso que pidiera. Este reflexionó unos instantes y dijo en alta voz:
—Quiero que me saquen un ojo, y así tendrán que sacarle los dos a mi compañero.
El príncipe dejó al envidioso con los dos ojos intactos; pero lo sacó a la pública vergüenza por su cruel intención.

(3) Los castigos de la envidia.Apeles y el rey Ptolomeo.—El célebre pintor Apeles no gozaba de la confianza y preferencias del rey Ptolomeo por culpa de los envidiosos. Un personaje de la corte, que lo sabía y tenía mucha envidia al pintor, le dijo cierta noche que acudiese a cenar a palacio por expresa invitación del soberano.
Apeles se presentó en el real a la hora convenida. Cuando Ptolomeo le vio se enojó y le preguntó quién le había invitado a ir a aquellas horas a su palacio.
Apeles quedó muy mortificado; mas no sabía cómo excusarse, porque desconocía el nombre del cortesano engañador, que no se hallaba tampoco allí. El consumado artista tomó entonces un carbón y trazó en la pared la figura del cortesano envidioso, con tanta propiedad que el rey quedó asombrado e hizo que Apeles se quedara a cenar con él.
El malvado ministro cayó en desgracia de Ptolomeo y fue despedido de la corte. En cambio, Apeles fue tenido en gran estimación por todos y desde entonces gozó de las preferencias del rey y de los cortesanos.
El envidioso cae con frecuencia en las mismas redes que tiende a los demás.

sábado, 1 de octubre de 2011

EL LLANTO DE JESÚS (2)

Por Mons. José F. Urbina A.

CONTEMPORANEIDAD DE LOS TIEMPOS SEÑALADOS CON "1260 DIAS".

La importancia tan grande de la supresión del Sacrificio Perpetuo del profeta Daniel, que en San Pablo es evidentemente el impedimento que detiene la manifestación del Anticristo, pues éste no puede reinar habiéndolo, en el profeta Isaías el rompimiento del Pacto y en los Evangelios, varias veces mencionada, la instalación de la abominación de la desolación en el lugar santo, es también para el Apocalipsis el inicio de grandes acontecimientos escatológieos, muy grandes y también muy ignorados por casi todo el pueblo.
Pareciera que en Apo. Cap. X, v. 10, el ángel le dice a San Juan: es necesario que profetices nuevamente las cosas amargas que se te darán a conocer. Parece que lo prepara para la revelación de las terribles cosas anunciadas para el final de los tiempos. A continuación le revelará la profanación del Santuario, la Apostasía final, total, la prostitución de Roma, la vacancia de la Sede de San Pedro, el Anticristo, la lucha infructuosa de los fieles que son arrinconados y expulsados a oscuras catacumbas, la división entre ellos mismos, el fracaso de la elección papal de Asís (Cap. 12), las últimas plagas, la vendimia, la destrucción de la "puttana" apocalíptica y el Juicio. Y San Juan, queda sumamente "atónito".
Parece ser que la medición del Templo de Dios, el Altar y los que adoran en él (Apo. Cap.11, v. 1 y 2), es el anuncio de la supresión del Sacrificio Perpetuo, que en la Iglesia se ha llamado Misa. Claramente se dice que el atrio exterior, será entregado a los gentiles para que lo profanen por cuarenta y dos meses, o lo que es lo mismo, 1260 días, o también tres años y medio, o un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo.
Desde este momento, se narran en el Apocalipsis varios acontecimientos, todos marcados con la misma cantidad de tiempo. Unas veces con 42 meses, otras con 1260 días y otras con "un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo", que todo viene a ser el mismo lapso exactamente.
Es imposible que diversos acontecimientos distintos, históricamente se den en un mismo lapso tan exacto, por lo cual se me hace correcto interpretar que son ellos cohetáneos, esto es comenzando todos ellos al mismo tiempo para concluir en la misma forma. Además, es un grave error creer que el libro del Apocalipsis es una crónica seguida, rectilínea, y no una descripción espiraloide, recapitulatoria, muchas veces narrando acontecimientos que se han de dar al mismo tiempo. Este es el caso de los señalados con 1260 días.
Así parecen ser después del Cap. X, v. 8 a 11, comenzando en el Cap. XI, v. 1, todos los acontecimientos hasta que comienza el Cap. XIV, en el que se describe la visión de los que no se mancharon con el adulterio y siguieron al Cordero, "donde quiera que vaya".
Después de la visión de la profanación del atrio exterior dado a los gentiles, que significa el reducidísimo número que ha de mantener el Sacrificio, pero escondido, se habla de los dos testigos, que aunque se ha interpretado que sean Elias y Enoc, o Elias y Moisés, o el poder civil y el eclesiástico, lo cual como están las cosas se me hace cada vez más imposible, o el espíritu de Elias y Enoc, etc., pueden no ser ninguno de estos, por dos razones: no se menciona a ninguno de ellos en el texto, a más de decirse que "harán oficio de profetas", es decir, se ve con claridad, que no lo son como lo fueron Elias y Enoc, y, nuestro Señor Jesucristo al hablar de San Juan Bautista dijo que Elias ya había venido, dando a entender tal vez, que en su momento vendrían dos haciendo el oficio de profetas, para preparar a los hombres a los acontecimientos por venir.
Se me hace más lógica la interpretación que habla de dos jefes religiosos prominentes. Leonardo Castellani dice que esta es la interpretación de muchos, sin mencionarlos. De todas formas, ¿merece la generación actual materialista y descreída la evangelización de estos dos personajes para que crea por la evidencia indiscutible y no meritoria desde luego, o es mejor la predicación de dos "que hagan el oficio de profetas" para que solamente los elegidos, es decir, todos aquellos que Dios sabe que son suyos, crean por la Fe y por la Palabra y así, en forma meritoria?.
Pues bien, el oficio de profetas que harán estos dos testigos, ha de durar 1260 días, dice el texto (Apo. Cap. XI, v. 3), es decir, la misma cantidad de tiempo que durará la profanación del Templo por los gentiles de Apo. Cap. XI, v. 2. Se afirma esto, pues claramente leemos que el Anticristo, o sus poderes, los vencerá y los matará. Estarán, pues, presentes, desde la supresión del Sacrificio, hasta el tiempo final del Anticristo, que habrá aparecido por haberse quitado el impedimento anunciado implícitamente en Apo. Cap. XI, v. 1 y 2.
Entre tanto, la Iglesia huye al desierto, del mundo vacío de Dios, dice el Padre Bernardo Siebers, M. S. C., donde Dios le ha preparado un lugar para ser sustentada por espacio de 1260 días, dice el texto. Este es exactamente el mismo tiempo de duración de la profanación del Templo y del destierro del Sacrificio de los templos del mundo. Es la misma duración del testimonio de los dos testigos, y el mismo tiempo de la permanencia de la mujer en el desierto de Apo. Cap. XII, v. 14, aunque esta vez se le asigna "un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo". Después de parir a su hijo varón.
No se trata, pues, de una segunda huida al desierto, dice Buzy con otros, sino que estos versículos 13 y 14 vuelven a tomar el versículo 6, y lo desarrollan, ratificando el mismo lapso.
Pienso que esta común y tradicional interpretación, nos está demostrando con mucha claridad que el tiempo de la huida del Cap. XII, v. 6 y la de los versículos 13 y 14, es decir, 1260 días y "un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo", es el mismo.
Hay sin embargo, una plena identificación de la verdadera Iglesia de Cristo, con aquella mujer del Cap. XII que ha dado a luz un hijo varón.
Viene después la visión de las bestias, el Anticristo, al que se le dió facultad de obrar durante cuarenta y dos meses, dice el Apo. Cap. XII, v. 6. Y poder también para hacer la guerra a los santos y vencerlos, y se le dió potestad sobre toda tribu, y lengua, y pueblo y nación. Y todos los moradores de la tierra lo adoraron.
En la gran tribulación desencadenada por el Anticristo, no perecerán todos los fieles, sino que pequeños grupos permanecerán hasta la Parusía. La gloria y el poder del Anticristo, le será dado por Satanás que fue precipitado a tierra (Apo. Cap. XII, v. 9), pero este poder le será dado, opina Mons. Straubinguer, cuando adore al Diablo, en la forma que Jesús le negó a éste como se lee en San Lucas Cap. IV, v. 4 a 8. Pero solamente por un tiempo.
Pero no solamente San Juan en el Apocalipsis utiliza este lapso en sus anuncios desde el Cap. XI, v. 1, hasta el Cap. XIV, v. 1, sino que el profeta Daniel, lo utiliza igualmente en el Cap. XII, v. 7. El texto de Daniel dice: "¿Y cuándo se cumplirán estas cosas?. Y oí a aquel varón de las vestiduras de lino, que estaba en pie sobre las aguas del río, el cual, habiendo alzado su diestra y su izquierda hacia el cielo, juró por Aquel que siempre vive, y dijo: En un tiempo, y en tiempos, y en la mitad de un tiempo. Y cuando se habrá cumplido la dispersión de la muchedumbre del pueblo santo, entonces tendrán efecto todas estas cosas".
En hebreo, esta última frase dice: "cuando se haya acabado de quebrantar la fuerza del pueblo santo". Al respecto dice Fillión: "El oráculo sólo recibirá, pues, su realización total, cuando el pueblo de Dios haya llegado al colmo del infortunio".
No es tan importante realmente saber la duración real de esta misteriosa cifra repetida varias veces, ya sea como 42 meses, o como 1260 días o en otras formas. Lo importante es saber que todos esos acontecimientos del Apocalipsis y de Daniel, son contemporáneos, es decir, que durarán el mismo tiempo y al mismo tiempo.
Sin embargo, habiendo cifras parecidas registradas en todas estas profecías escatológicas, se han prestado a mucha confusión, pues los 1290 y los 1335 días de Daniel del Cap. XII, v. 12, se han identificado con los mismos tres años y medio, pero una cifra y otra son distintas y están marcando acontecimientos distintos. Las cifras coincidentes para una serie de sucesos, y las otras, para acontecimientos periféricos o inmersos incluso en el lapso representado por los 1260 días, lapso que desconocemos.
Ya sabemos, por ejemplo, que los 1290 días de la supresión del Sacrificio Perpetuo hasta la purificación del templo, corresponden a domingos, o días de guardar en los que el pueblo asistía al santo Sacrificio de la Misa, que comenzó a computarse desde el 30 de noviembre de 1969, para terminar veinte y cuatro años y medio después, pero este es un tiempo inmerso en el cómputo de 1260 días, cuya duración en tiempo real desconocemos, como antes dijimos. Una cosa es, por cierto, el destierro del Sacrificio de todos los altares del mundo, que coincide con la introducción de la desolación abominable en el lugar santo; otra cosa es la reinstalación oficial, canónica, del Sacrificio en la Iglesia remanente y para la Iglesia remanente que se imponía por razón del "Pacto" (San Lucas, Cap. XXII, v. 20) de tal forma que esta verdadera Iglesia de las catacumbas no fuera afectada por la Apostasía de la Iglesia del Vaticano; y otra cosa muy distinta es el regreso del Sacrificio de la Misa, a todos los altares del mundo, en manos de la Iglesia de la Apostasía predicha por San Pablo.
No hay ninguna forma de saber con anticipación el significado de los anuncios proféticos de las Sagradas Escrituras, pero es posible después de su cumplimiento. Así dice Santo Tomás, Bossuet, Newman, Pascal. Y Philipp Dessauer en "Bionome Geschichtbild" dice: "Una profecía se hace inteligible cuando el suceso se aproxima o existen de hecho elementos de su contenido". Sólo que con respecto a estos acontecimientos del fin, muy pocos son los que podrán descubrir, haberse cumplido o estar a la puerta, pues escrito está que el día llegará ante la ignorancia de todo el pueblo. Mons. Straubinguer dice: "Los verdaderos fieles, entenderán los misterios de esta profecía cuando vean su cumplimiento". Pero ciertamente ni uno más.
Inmerso en ese misterioso lapso de 1260 días, así como están las 1290 semanas, están todos los acontecimientos del Cap. XII que tantas veces se ha interpretado mal, visto sobre todo, después de su cumplimiento. El Padre Bernardo Siebers, M. S. C., en su libro Comentarios del Apocalipsis, dice refiriéndose a este capítulo: "Hoy todos los intérpretes están de acuerdo, en que no se trata de la Santísima Virgen que da a luz al Mesías; sino de una madre alegórica". Con respecto al hijo que dió a luz la mujer vestida del Sol, dice: "A pesar de la descripción del niño recién nacido que nos hace pensar en las profecías del Antiguo Testamento relativas al Mesías, hay que decir, que no se trata de El, en el Apocalipsis, sino que se trata de seres de los últimos tiempos". A mayor abundamiento, el Padre Bernard Kramer, escribió The Book of Destiny en 1934, en el que dice claramente que el capitulo 12 del Apocalipsis se refiere a la elección de un papa del final de los tiempos.
Hay una mezcla de aciertos y falsedades, porque no se tienen elementos, entre las interpretaciones antiguas y las actuales, informadas por sucesos que van coincidiendo. Algunos han llegado a concluir que no se habla de la Sma. Virgen en el Cap. 12, negando que allá se refiera al portal de Belén. Pero el texto bíblico es exacto y no se puede negar que las interpretaciones antiguas tengan mucho de verdad, pues siendo la Sma. Virgen Madre de Cristo, y la Iglesia Cuerpo místico de Cristo, el hijo que se va a concebir por la Fe y lo van a dar a luz con grandes dolores por el público apego a la Palabra, "esos seres de los últimos tiempos", es también obra no solamente de la Iglesia sino de la Virgen María, cuya intervención fue patente. Y así aparece la Iglesia atribulada pronta a dar a luz a un papa después de nueve meses de gestación que comienzan en Fátima y terminan un 29 de junio, día de San Pedro y San Pablo, en la ciudad declarada muchos años antes, "Ciudad hermana de Belén": Asís, y al cumplirse las 1290 semanas de Daniel. Así, de todos los continentes y de toda condición, se reúnen esas doce "estrellas" para elegir, como también sucede después el arrebatamiento "a Dios y a su trono", es decir, a su trono papal. Y así también el Demonio abre sus fauces para tragarse al hijo, pues propios y extraños prorrumpen en críticas y condenas, antes y después del acontecimiento, a más de la acción represiva que ejerció el Vaticano al día siguiente de la elección a las puertas de San Juan de Letrán, catedral del Papa.

EL ARREBATAMIENTO DEL CAPITULO DOCE DEL APOCALIPSIS.
Todas las versiones de las Sagradas Escrituras, en el Cap. 12, v. 5 del Apocalipsis, apuntan: "Este hijo que arrebatado para Dios y para su trono". Excepto la Biblia Nácar-Colunga que dice: "Este hijo fue arrebatado a Dios y a su trono".
Hay una diferencia de fondo entre las dos versiones apuntadas, porque si yo quiero regalarle algo a un amigo, con propiedad puedo decir: le mandé a mi amigo, o digo, mandé para mi amigo. Pero, si yo quiero arrebatarle a mi amigo el regalo que le di, puedo decir: le arrebaté a mi amigo, pero ya no podría yo emplear correctamente el vocablo "para".
Este es el caso del v. 5. El hijo varón no fue arrebatado para Dios, como parece que han interpretado muchos, es decir, como llevado a Dios, y al Trono de Dios, sino que se trata de cosa completamente a la inversa.
Sería grandemente irreverente creer que Cristo ha sido "arrebatado", porque según el diccionario de la lengua española, arrebatar es arrancar con violencia, tomar las cosas precipitadamente, lo cual repugna también con los hechos narrados en las Sagradas Escrituras. La Ascensión no fue un arrebato. ¿Quién "arrebata" a Cristo que es Dios?. Arrebatado fue Elias en el carro de fuego, del cual por cierto, dijo nuestro Señor: "...ya vino Elias, y no lo conocieron, antes hicieron con él cuanto quisieron". (Mat. Cap. XVII, v. 12).
El hijo varón de Apo. 12, no fue arrebatado para Dios, sino que fue arrebatado a Dios. Se le quitó a Dios, y él mismo, ese hijo varón, fue arrebatado a su trono. A su trono de él. Y esto puede suceder sólo si es un rey o un papa. No es el primer caso, es evidente que se trata de un papa fugaz, válido, legítimo. Por eso a Dios se lo arrebatan y por eso pierde su trono. Y de esto hay responsables.
A la luz de los sucesos se pueden ahora encontrar elementos lógicos en el texto apocalíptico que antes no se conocían sin esas referencias. Sorprende la exactitud con que todo va coincidiendo en sus mínimos detalles. Sobre la importancia mística de la elección de este papa, escribí con más amplitud: "El Cónclave de Asís", y "Los Detractores de Asís". Un obispo, amigo mío, me dijo: "Es el único cónclave profetizado en las Sagradas Escrituras".

EL APOSTOLADO DE "LOS DOS TESTIGOS".
En el principio del Cap. XI del Apocalipsis, se habla de la medición del Templo de Dios, del Altar y de los que adoran en él. A los gentiles se dará el atrio exterior para que lo profanen así como la Ciudad santa. Entre tanto, es decir, al mismo tiempo que sucede todo el tiempo de la profanación, "Yo daré (orden) a los dos testigos míos, y harán oficio de profetas, cubiertos de saco (es decir, pobres, sin dinero ni medios), por espacio de 1260 días..." (v. 3). Dice el texto que saldrá fuego de la boca de ellos, que devorará a sus enemigos.
Cuando San Agustín interpreta la figura del fuego, dice lo siguiente en La Ciudad de Dios: "Aquí bien podemos entender por este fuego que baja del cielo la misma firmeza de los santos, con que han de resistir y no ceder a sus perseguidores, para hacer la voluntad de éstos. Pues firmamento es el cielo, cuya firmeza los aflijirá y atormentará con ardentísimo rencor y celo, por no haber podido atraer a los santos de Cristo al bando del Anticristo. Y éste será el fuego que los consumirá, el cual lo enviará Dios, pues por beneficio y gracia suya son invencibles los santos, por lo que rabiarán y se consumirán sus enemigos". Habla San Agustín de la firmeza de los santos en los últimos tiempos, lo cual se puede aplicar a los dos testigos con toda propiedad.
Tienen poder para cerrar el cielo para que no llueva y tienen potestad sobre las aguas para convertirlas en sangre, es decir, contaminarlas y para afligir la tierra con plagas. Todo esto puede referirse a los acontecimientos que han de suceder durante el tiempo de su testimonio.
"Mas después que concluyeren de dar su testimonio, la bestia que sube del abismo, moverá guerra contra ellos, y los vencerá, y les quitará la vida. Y sus cadáveres yacerán en las plazas de la grande ciudad...y los que habitan la tierra se regocijarán con verlos muertos y harán fiesta. Se enviarán presentes los unos a los otros, a causa de que estos dos profetas habían molestado a los que moraban sobre la tierra".
Cuando los partidarios del Anticristo destruyan a los dos testigos, la Iglesia de las catacumbas se llenará de júbilo porque éstos eran molestosos, porque nadie podía soportar sus afirmaciones, porque atormentaban a todo mundo (Scio de San Miguel) con sus doctrinas, con su insistencia, con las cosas que hacían o pretendían.
Después de la muerte de los dos testigos, escribe San Juan la dramática narración de un suceso o varios sucesos que llenan de grande temor a las gentes pero que evidentemente, abre los ojos a muchos porque, dice, "dieron gloria al Dios del cielo". No podemos saber cuáles sean estos acontecimientos o uno sólo tal vez. Pero parece que sean decisivos y de gran provecho para la Iglesia remanente que por causa de estos se unan para elegir un papa y guerrear contra las huestes del Anticristo. Son conjeturas lógicas basadas en lo que leemos en el texto y en los acontecimientos que estamos viendo, pero lo que parece más claro, es que el fracaso aparente del testimonio de los dos testigos, fructificará después de que hayan muerto.
El suceso o los sucesos anunciados en Apo. Cap. XI, v. 13, de gran provecho para la Iglesia de las catacumbas, se entiende por el final del mismo versículo, es sin embargo de un profundo dramatismo y de un efecto impactante por los resultados que se predicen. Muchos expositores creen que en este lugar se está tratando del triunfo de Cristo sobre el Anticristo. Tampoco podemos olvidar la vigencia de acontecimientos que en Fátima no se han cumplido. Tenemos una opinión que hemos de dejar en el tintero, con la segura convicción de que la humanidad está en el umbral de graves acontecimientos. La aparente calma actual, es el pródromo y alguien dijo que podía ser el silencio de media hora.

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LOS DOS TESTIGOS.
Hay sin embargo, otras consideraciones que no me parecen fuera de lugar sobre estos dos personajes anunciados por San Juan. Dice el Apocalipsis, que cuando los dos testigos concluyan de dar su testimonio, "la bestia que sube del abismo", ha de mover guerra contra ellos, y los vencerá y les quitará la vida. Y sus cadáveres "yacerán en las plazas de la gran ciudad" por "tres días y medio" porque no permitirán que se les sepulte, mientras se intercambian regalos y hacen fiestas porque ellos "molestaban a los que moran sobre la tierra".
Parece evidente que el testimonio de los dos testigos se reducirá al ámbito de la Iglesia remanente, dividida y desorientada. Algunos autores llegaron a decir que los dos olivos irían por todas las ciudades visitadas por el Anticristo para destruir su obra, pero esto, aparte de imposible e ilógico en nuestro siglo XX, supone abandonar a la Iglesia remanente desorientada y angustiada, que debe ser consolada y unificada. Siendo este "resto fiel" tan pequeño y privado de todo poder o totalmente quebrantado como dice la Biblia, no puede dañar en nada la poderosa estructura de la Ciudad del Anticristo, y mucho menos estos dos personajes, "vestidos de saco", es decir, sin recursos para nada y además con enemigos internos en la Iglesia remanente. Pienso que es ilógico por tanto, decir que habrá un enfrentamiento entre las fuerzas del Anticristo y los dos testigos. Las Sagradas Escrituras, dicen que quien les hará la guerra es "la bestia que sube del abismo" y los vencerá.
San Agustín en La Ciudad de Dios, nos aclara cuál sea esa "bestia" que sube del abismo para luchar contra los dos testigos: "... y del abismo donde le encerraron no se acabó al morir los que había cuando comenzó a estar encerrado, sino que sucedieron otros a aquéllos, naciendo, y hasta que fenezca este siglo se sucederán los que aborrezcan a los cristianos, en cuyos ciegos y profundos corazones cada día, como en un abismo, se encierra el demonio...saldrá, esto es, de los ocultos escondrijos, de los odios y rencores... Así, que son las gentes en quienes, como dijimos arriba, estaría encerrado el demonio como en un abismo" (X, 8 y 11).
Por eso, parece más cierto, que estos dos personajes se han de enfrentar "a los odios y rencores" que se suscitarán dentro de la Iglesia remanente, por su testimonio, la cual Iglesia estará esparcida después de la Apostasía, por toda la tierra. Esas son las gentes de las tribus, y pueblos, y lenguas, y naciones que harán fiestas y se enviarán regalos después de su muerte, porque parece iluso imaginar que siendo tantos y por toda la tierra esparcidos los partidarios del Anticristo, a la muerte de los dos testigos se intercambien tantos miles o millones de regalos y hagan otra cantidad de fiestas.
Tampoco se me hace ilógico decir que no es muy seguro que los maten materialmente. Hay muchas maneras de matar. Un asesino con un cuchillo puede matar el cuerpo. El pecado mortal mata el alma, y si induzco a otro al pecado, mato su alma. La incomprensión, la miópía de otros, la sordera, la lucha infructuosa que agota el cuerpo, la traición, la tristeza, la soledad, el rencor y el odio de los envidiosos, la impotencia para actuar o avisar a los dormidos que pudieran despertar, son cosas que pueden matar el espíritu. Se puede también matar la fama, la honra, el buen nombre. ¿Cómo serán matados los dos testigos?, no podemos saberlo, pero se me hace extraño que sus cuerpos estén sin sepultura por tres días y medio en las plazas, y que alguna autoridad en el mundo lo permita. ¿No será que desprestigiados, condenados, expuestos a la burla general estarán en todo lugar donde exista un "islote de la Fe"?. Avala esto la nota de Nácar-Colunga: "Era la mayor calamidad que podía acaecer, ser privado de sepultura", por lo cual se puede interpretar que San Juan anuncia una gran desgracia o tribulación para los testigos. No precisamente la muerte física, pero, ¿pueden ser las dos cosas?
Y así estarán, dice el Apocalipsis, por tres días y medio. San Juan utiliza el número "tres y medio" nuevamente, tal vez para significar que este acontecimiento está inmerso también entre los acontecimientos contemporáneos, pero su duración es mucho menor, es decir, solamente "tres días y medio" y no 42 meses.
Sodoma y Egipto, son figuras del mundo enemigo de Dios: corrupción, idolatría, esclavitud. Sus cadáveres estarán en las plazas de la gran ciudad. Puede ser en los lugares en donde esté la verdadera Iglésia. Se les odiará porque ellos "molestaban" con sus doctrinas y "atormentaron", dice la Biblia de Scio de San Miguel, a los que moraban sobre la tierra.
¿Qué cosa puede provocar el odio de los hombres hacia estos edificadores del Templo o de la Iglesia, así dice la Biblia de Jerusalén, al grado que se alegran de su muerte y hacen fiestas y se intercambian regalos?. Evidentemente se trata de algo que parece locura, algo que perturba la paz de la Iglesia, algo que nadie quiere aceptar, porque ya no se soportará la sana doctrina, o porque en los últimos tiempos los hombres no querrán reconocer las señales del fin. Nuestro Señor se refirió a Lot y a Noé. Dijo que así como en el tiempo de ellos nadie los creyó, así también sucedería en el fin de los tiempos. Es evidente, pues, que ellos dirán verdades las cuales a veces ofenden, y predicarán la proximidad del Juicio que nadie cree.
Y estos enemigos que ellos tengan dentro de la misma Iglesia remanente, le harán el juego al Anticristo, por lo cual es propio también decir, que se enfrentaron con él, pues así la bestia que sube del abismo como el mismo Anticristo que estará reinando, son instrumentos de Satanás para destruir a la Iglesia.
En todo este pasaje del Apocalipsis, mucho de lo que se describe parece ser narrado en sentido metafórico, pero puede no ser así, pues después de su cumplimiento se ha visto cuán exacto es en sentido real, lo que se creyó en otro.

EL COMBATE FINAL ENTRE SAN MIGUEL Y EL DRAGON.
Luego, siguiendo el orden del Apocalipsis, se describe un gran combate entre San Miguel y el Dragón que se decía ser la lucha de los ángeles antes de la creación del mundo. El Padre Siebers al respecto dice: "De lo que hemos expuesto, se sigue que el versículo siete, se refiere a un combate futuro". Efectivamente, no existe ningún relato de la caída de los ángeles en todas las Sagradas Escrituras. Lo único que se puede encontrar es una frase suelta de nuestro Señor: "Vi a Satanás caer del cielo como un rayo".
Satanás sabe que le queda poco tiempo por lo cual ha de emplear todos sus recursos contra la Iglesia y los fieles del final de los tiempos. En esta lucha tremenda escatológica, no solamente participan los fieles, sino también los ángeles que desempeñan elevadas misiones respecto de los hombres. Está por llegar el desenlace de la historia de la salvación y todas las potencias de la tierra, del Cielo y del Infierno se conmocionan en una batalla decisiva de la cual el Dios eterno sale victorioso con todos los suyos.
También esta lucha parece incrementarse durante los acontecimientos que hemos analizado, pues el texto dice: "Entre tanto, se trabó una lucha grande en el cielo"-. Porque si el texto quiere significar muy especialmente la lucha de estos tiempos, es cierto también que siempre ha existido desde la caída de nuestros primeros padres.
¿Y después de esto?. Aquella tercera campaña de Antíoco contra Egipto, que la historia desconoce completamente, por lo que se piensa que saltando Daniel él profeta, de Antíoco al Anticristo, en el final de los tiempos, nos habla de la destrucción del gran perseguidor, cuando "alce la tienda de su palacio entre los mares y el monte glorioso y santo"; la hora de segar y la hora de la vendimia durante la cual el Señor, reúne por todo el orbe de la tierra al pequeño remanente que fue disperso después de la grande Aposta-sía, y que a manera de un gran cernidor, define los campos entre los buenos y los malos, porque de muy diversas formas podrá descubrirse con claridad el lado al que se pertenece; las últimas plagas que bien pudieran también ser contemporáneas entre ellas y a todos los acontecimientos desde la supresión del Sacrificio, sujetas a un devenir graduado que se agrava hasta el final; la caída de la gran ramera y el triunfo de Cristo con todos aquellos que por la Palabra y no confiados en señales especiales, sino iluminados por la Fe, permanecieron hasta el día final.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Confirmación. Sus efectos. Cómo se administra.

¿Se puede probar por la Biblia que la Confirmación es un sacramento distinto del Bautismo? ¿Qué pasaje nos dice que fue instituido por Jesucristo? La imposición de las manos (Hech VII, 17), ¿no era para conferir gracias y dones especiales, como el don de curar, el don de lenguas, etc.?
Aunque es cierto que no hay en la Biblia un texto que diga expresamente que Jesucristo instituyó este sacramento, los católicos creemos firmemente que fue instituido por Cristo como los demás, y que es totalmente distinto del bautismo (Concilio de Trento, sesión VII, De Sacr, canon 1; De Confirm, canon 1). Jesucristo prometió que los que creyesen en El recibirían el Espíritu Santo (Juan VII, 37-39; 14, 16; 16, 7).
Los apóstoles "fueron llenos del Espíritu Santo" el día de Pentecostés (Hech II, 4), y tanto San Juan (VII, 38) como San Pedro (Hech II, 38) declararon que este don de Pentecostés era para todos los cristianos. En efecto, "cuando oyeron los apóstoles en Jerusalén que los samaritanos habían recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y Juan a Samaría, los cuales, apenas llegaron, hicieron oración por ellos para que recibieran el Espíritu Santo, que aún no había descendido sobre ninguno de ellos, pues solamente estaban bautizados en el nombre del Señor. Entonces les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo" (Hech VIII, 14-18).
Tenemos aquí dos ritos diferentes, con efectos asimismo diferentes. Los samaritanos habían sido bautizados, y ahora, al imponerles los apóstoles las manos, recibieron visiblemente el Espíritu Santo con aquella plenitud que Cristo había prometido para los creyentes y que no se da con sólo recibir el bautismo. Luego el bautismo y la imposición de las manos son dos cosas distintas, con efectos también distintos. Ahora bien: a esa imposición de manos la llamamos confirmación.
San Jerónimo, en sus Diálogos contra los luciferianos, nos habla de la Confirmación, y dice que era administrada por los obispos. Cita luego el lugar de los Hechos de los apóstoles para probar que es un sacramento, como lo había hecho doscientos años antes San Cipriano (Epíst 73; Ad Jubian 9).
Tampoco es cierto que la imposición de manos no tenía otro fin que conferir gracias, gratis datas, como el don de lenguas, don de hacer milagros, etc., pues estas gracias se daban a veces sin imposición de manos y sin rito alguno externo (Hech X, 44) y no siempre se daban a los que recibían la Confirmación (1 Cor XII, 30).

¿Cómo se administra el sacramento de la Confirmación? ¿Es necesario para salvarse? ¿Lo puede conferir un sacerdote?'. ¿Cuáles son sus efectos?
El sacramento de la Confirmación es administrado por el obispo. Las ceremonias son éstas: Una oración con las manos extendidas sobre los que van a ser confirmados, pidiendo a Dios que envíe sobre ellas el Espíritu Santo; luego, con el dedo pulgar de la mano derecha, los va ungiendo uno a uno con crisma, haciéndoles una cruz en la frente.
El crisma es una mezcla de aceite de oliva y bálsamo, que ha sido especialmente bendecido por el señor obispo el día de Jueves Santo.
Mientras hace la cruz en la frente al que se confirma, dice el obispo: "Yo te signo con el signo de la cruz, y te confirmo con el crisma de la salud, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo."
Hay al principio otras ceremonias que no hace al caso recordar.
Según el Concilio de Florencia, "en la Confirmación recibimos aumento de gracia y nos robustecemos en la fe".
En la Confirmación se dan al alma los siete dones del Espíritu Santo, especialmente fortaleza para profesar la fe y para vencer a sus enemigos (San Ambrosio, De Myst 7, 42).
Aunque la Confirmación no es necesaria para salvarse, como lo es el bautismo, sin embargo, ningún cristiano debiera dejarla si puede recibirla. Como dice el catecismo del Concilio de Trento: "Ninguno debiera omitirla; y ya que es un sacramento tan santo, en el cual se nos dan tan liberalmente los dones divinos, todo el cuidado que se ponga para evitar cualquier negligencia será poco."
Algunas veces el Papa concede a algunos sacerdotes el privilegio de administrar este sacramento, especialmente tratándose de Misiones de infieles, así como a los que custodian el Santo Sepulcro en Jerusalén; pero el ministro ordinario es el obispo.

BIBLIOGRAFIA.
Bilbao, Novísimo Catecismo, con ejemplos.
Devine, Los sacramentos, explicados.
Dianda, El Catecismo mayor, explicado.
Plat, Explicación del Catecismo romano de San Pió V.
Spirago, Catecismo popular explicado.
Rojo, Los sacramentos y su liturgia.