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domingo, 2 de octubre de 2011

De los que sanó San Vicente de gota coral

Poco después de la muerte del Santo hubo un mancebo de dieciséis años, llamado Robín, el cual estuvo siete años muy enfermo de gota coral y muchos días le tomaba tres veces. Pero cierto día, movidos de piedad sus parientes, hicieron por él un voto al maestro Vicente, prometiendo de enviarle a su sepulcro. Hecho esto, nunca más se sabe que le volviese la pasión, sino fue de allí a quince años cuando murió.
Simón Maído, ciudadano de Vannes, tenía un hijo al cual le dió una gota coral; y a los primeros días que la tuvo, caía una o dos veces cada día. Afligido el padre con tan recia enfermedad del hijo, encomendóle mucho a San Vicente, que no había muchos años que era muerto y a quien él había muy bien conocido. Hizo, juntamente con esto, voto al Santo de ofrecerle una imagen de su hijo y pagar cada año a la iglesia de Vannes veinte sueldos, durando la vida del hijo. Con esto le envió enfermo a visitar el sepulcro del Santo, y nunca después le volvió la gota en más de treinta años que vivió.
Una mujer estuvo cinco años con la mesma enfermedad, y cuando le venía, perdía el juicio totalmente, y a veces caía en el fuego, que fue gran merced de Dios no quemarse alguna de ellas. Buscó muchos médicos para salir de trabajo, y nunca pudo curar. Mas, entre otros halló a un buen médico que claramente la desengañó, diciéndole cómo su enfermedad no tenía remedio natural, y que se encomendase con buena devoción y lágrimas al maestro Vicente, que por ventura así curaría. Salióse con esto la mujer a un huerto, y estando sola púsose de rodillas mirando hacia la iglesia mayor de Vannes, y rogando al Santo la quisiese remediar, que ella cada año visitaría su santo sepulcro y ofrecería algunos dineros. Fue tanta la fe que tuvo, que nunca más sintió la enfermedad sobredicha.
A otra mujer llamada Catalina Fran, queriendo calentar un hijo suyo, que pocos días antes había parido, le tomó súbitamente dolor de corazón de tal manera que arrojó a su hijo lejos de sí y ella se cayó cabe el fuego, atormentando su persona con los golpes que se daba. Fue esto día de los Reyes; y el Viernes Santo siguiente, del año 1453, otra vez le volvió la mesma pasión. Después de consejo de algunos, que bien la querían, hizo un voto a San Vicente y fue libre de aquel trabajo.
En el sobredicho año, en el mes de junio, estuvo tan cargado del mesmo mal un Gil Tomasón, que cada día salía de sí, y echaba espuma por la boca y estaba como muerto. Al fin del mes prometió a San Vicente, en caso que le sanase, de visitar su sepulcro y ofrecer allí un dinero, u otra cosa semejante. Mirando, pues, San Vicente a la fe más que a lo que se prometía, le alcanzó de Dios la salud por él tan deseada.
Año 1452, una niña de cuatro años vino a la muerte por causa de la pasión de que ahora tratamos, y encomendándola a San Vicente una tía suya, y prometiéndole una candela, y ciertos dineros y de llevarla a su sepulcro, luego convaleció y dentro de ocho días estuvo del todo sana.

Fray Justiniano Antist O. P.
VIDA DE SAN VICENTE FERRER

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