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sábado, 1 de octubre de 2011

EL LLANTO DE JESÚS (2)

Por Mons. José F. Urbina A.

CONTEMPORANEIDAD DE LOS TIEMPOS SEÑALADOS CON "1260 DIAS".

La importancia tan grande de la supresión del Sacrificio Perpetuo del profeta Daniel, que en San Pablo es evidentemente el impedimento que detiene la manifestación del Anticristo, pues éste no puede reinar habiéndolo, en el profeta Isaías el rompimiento del Pacto y en los Evangelios, varias veces mencionada, la instalación de la abominación de la desolación en el lugar santo, es también para el Apocalipsis el inicio de grandes acontecimientos escatológieos, muy grandes y también muy ignorados por casi todo el pueblo.
Pareciera que en Apo. Cap. X, v. 10, el ángel le dice a San Juan: es necesario que profetices nuevamente las cosas amargas que se te darán a conocer. Parece que lo prepara para la revelación de las terribles cosas anunciadas para el final de los tiempos. A continuación le revelará la profanación del Santuario, la Apostasía final, total, la prostitución de Roma, la vacancia de la Sede de San Pedro, el Anticristo, la lucha infructuosa de los fieles que son arrinconados y expulsados a oscuras catacumbas, la división entre ellos mismos, el fracaso de la elección papal de Asís (Cap. 12), las últimas plagas, la vendimia, la destrucción de la "puttana" apocalíptica y el Juicio. Y San Juan, queda sumamente "atónito".
Parece ser que la medición del Templo de Dios, el Altar y los que adoran en él (Apo. Cap.11, v. 1 y 2), es el anuncio de la supresión del Sacrificio Perpetuo, que en la Iglesia se ha llamado Misa. Claramente se dice que el atrio exterior, será entregado a los gentiles para que lo profanen por cuarenta y dos meses, o lo que es lo mismo, 1260 días, o también tres años y medio, o un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo.
Desde este momento, se narran en el Apocalipsis varios acontecimientos, todos marcados con la misma cantidad de tiempo. Unas veces con 42 meses, otras con 1260 días y otras con "un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo", que todo viene a ser el mismo lapso exactamente.
Es imposible que diversos acontecimientos distintos, históricamente se den en un mismo lapso tan exacto, por lo cual se me hace correcto interpretar que son ellos cohetáneos, esto es comenzando todos ellos al mismo tiempo para concluir en la misma forma. Además, es un grave error creer que el libro del Apocalipsis es una crónica seguida, rectilínea, y no una descripción espiraloide, recapitulatoria, muchas veces narrando acontecimientos que se han de dar al mismo tiempo. Este es el caso de los señalados con 1260 días.
Así parecen ser después del Cap. X, v. 8 a 11, comenzando en el Cap. XI, v. 1, todos los acontecimientos hasta que comienza el Cap. XIV, en el que se describe la visión de los que no se mancharon con el adulterio y siguieron al Cordero, "donde quiera que vaya".
Después de la visión de la profanación del atrio exterior dado a los gentiles, que significa el reducidísimo número que ha de mantener el Sacrificio, pero escondido, se habla de los dos testigos, que aunque se ha interpretado que sean Elias y Enoc, o Elias y Moisés, o el poder civil y el eclesiástico, lo cual como están las cosas se me hace cada vez más imposible, o el espíritu de Elias y Enoc, etc., pueden no ser ninguno de estos, por dos razones: no se menciona a ninguno de ellos en el texto, a más de decirse que "harán oficio de profetas", es decir, se ve con claridad, que no lo son como lo fueron Elias y Enoc, y, nuestro Señor Jesucristo al hablar de San Juan Bautista dijo que Elias ya había venido, dando a entender tal vez, que en su momento vendrían dos haciendo el oficio de profetas, para preparar a los hombres a los acontecimientos por venir.
Se me hace más lógica la interpretación que habla de dos jefes religiosos prominentes. Leonardo Castellani dice que esta es la interpretación de muchos, sin mencionarlos. De todas formas, ¿merece la generación actual materialista y descreída la evangelización de estos dos personajes para que crea por la evidencia indiscutible y no meritoria desde luego, o es mejor la predicación de dos "que hagan el oficio de profetas" para que solamente los elegidos, es decir, todos aquellos que Dios sabe que son suyos, crean por la Fe y por la Palabra y así, en forma meritoria?.
Pues bien, el oficio de profetas que harán estos dos testigos, ha de durar 1260 días, dice el texto (Apo. Cap. XI, v. 3), es decir, la misma cantidad de tiempo que durará la profanación del Templo por los gentiles de Apo. Cap. XI, v. 2. Se afirma esto, pues claramente leemos que el Anticristo, o sus poderes, los vencerá y los matará. Estarán, pues, presentes, desde la supresión del Sacrificio, hasta el tiempo final del Anticristo, que habrá aparecido por haberse quitado el impedimento anunciado implícitamente en Apo. Cap. XI, v. 1 y 2.
Entre tanto, la Iglesia huye al desierto, del mundo vacío de Dios, dice el Padre Bernardo Siebers, M. S. C., donde Dios le ha preparado un lugar para ser sustentada por espacio de 1260 días, dice el texto. Este es exactamente el mismo tiempo de duración de la profanación del Templo y del destierro del Sacrificio de los templos del mundo. Es la misma duración del testimonio de los dos testigos, y el mismo tiempo de la permanencia de la mujer en el desierto de Apo. Cap. XII, v. 14, aunque esta vez se le asigna "un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo". Después de parir a su hijo varón.
No se trata, pues, de una segunda huida al desierto, dice Buzy con otros, sino que estos versículos 13 y 14 vuelven a tomar el versículo 6, y lo desarrollan, ratificando el mismo lapso.
Pienso que esta común y tradicional interpretación, nos está demostrando con mucha claridad que el tiempo de la huida del Cap. XII, v. 6 y la de los versículos 13 y 14, es decir, 1260 días y "un tiempo, dos tiempos y la mitad de un tiempo", es el mismo.
Hay sin embargo, una plena identificación de la verdadera Iglesia de Cristo, con aquella mujer del Cap. XII que ha dado a luz un hijo varón.
Viene después la visión de las bestias, el Anticristo, al que se le dió facultad de obrar durante cuarenta y dos meses, dice el Apo. Cap. XII, v. 6. Y poder también para hacer la guerra a los santos y vencerlos, y se le dió potestad sobre toda tribu, y lengua, y pueblo y nación. Y todos los moradores de la tierra lo adoraron.
En la gran tribulación desencadenada por el Anticristo, no perecerán todos los fieles, sino que pequeños grupos permanecerán hasta la Parusía. La gloria y el poder del Anticristo, le será dado por Satanás que fue precipitado a tierra (Apo. Cap. XII, v. 9), pero este poder le será dado, opina Mons. Straubinguer, cuando adore al Diablo, en la forma que Jesús le negó a éste como se lee en San Lucas Cap. IV, v. 4 a 8. Pero solamente por un tiempo.
Pero no solamente San Juan en el Apocalipsis utiliza este lapso en sus anuncios desde el Cap. XI, v. 1, hasta el Cap. XIV, v. 1, sino que el profeta Daniel, lo utiliza igualmente en el Cap. XII, v. 7. El texto de Daniel dice: "¿Y cuándo se cumplirán estas cosas?. Y oí a aquel varón de las vestiduras de lino, que estaba en pie sobre las aguas del río, el cual, habiendo alzado su diestra y su izquierda hacia el cielo, juró por Aquel que siempre vive, y dijo: En un tiempo, y en tiempos, y en la mitad de un tiempo. Y cuando se habrá cumplido la dispersión de la muchedumbre del pueblo santo, entonces tendrán efecto todas estas cosas".
En hebreo, esta última frase dice: "cuando se haya acabado de quebrantar la fuerza del pueblo santo". Al respecto dice Fillión: "El oráculo sólo recibirá, pues, su realización total, cuando el pueblo de Dios haya llegado al colmo del infortunio".
No es tan importante realmente saber la duración real de esta misteriosa cifra repetida varias veces, ya sea como 42 meses, o como 1260 días o en otras formas. Lo importante es saber que todos esos acontecimientos del Apocalipsis y de Daniel, son contemporáneos, es decir, que durarán el mismo tiempo y al mismo tiempo.
Sin embargo, habiendo cifras parecidas registradas en todas estas profecías escatológicas, se han prestado a mucha confusión, pues los 1290 y los 1335 días de Daniel del Cap. XII, v. 12, se han identificado con los mismos tres años y medio, pero una cifra y otra son distintas y están marcando acontecimientos distintos. Las cifras coincidentes para una serie de sucesos, y las otras, para acontecimientos periféricos o inmersos incluso en el lapso representado por los 1260 días, lapso que desconocemos.
Ya sabemos, por ejemplo, que los 1290 días de la supresión del Sacrificio Perpetuo hasta la purificación del templo, corresponden a domingos, o días de guardar en los que el pueblo asistía al santo Sacrificio de la Misa, que comenzó a computarse desde el 30 de noviembre de 1969, para terminar veinte y cuatro años y medio después, pero este es un tiempo inmerso en el cómputo de 1260 días, cuya duración en tiempo real desconocemos, como antes dijimos. Una cosa es, por cierto, el destierro del Sacrificio de todos los altares del mundo, que coincide con la introducción de la desolación abominable en el lugar santo; otra cosa es la reinstalación oficial, canónica, del Sacrificio en la Iglesia remanente y para la Iglesia remanente que se imponía por razón del "Pacto" (San Lucas, Cap. XXII, v. 20) de tal forma que esta verdadera Iglesia de las catacumbas no fuera afectada por la Apostasía de la Iglesia del Vaticano; y otra cosa muy distinta es el regreso del Sacrificio de la Misa, a todos los altares del mundo, en manos de la Iglesia de la Apostasía predicha por San Pablo.
No hay ninguna forma de saber con anticipación el significado de los anuncios proféticos de las Sagradas Escrituras, pero es posible después de su cumplimiento. Así dice Santo Tomás, Bossuet, Newman, Pascal. Y Philipp Dessauer en "Bionome Geschichtbild" dice: "Una profecía se hace inteligible cuando el suceso se aproxima o existen de hecho elementos de su contenido". Sólo que con respecto a estos acontecimientos del fin, muy pocos son los que podrán descubrir, haberse cumplido o estar a la puerta, pues escrito está que el día llegará ante la ignorancia de todo el pueblo. Mons. Straubinguer dice: "Los verdaderos fieles, entenderán los misterios de esta profecía cuando vean su cumplimiento". Pero ciertamente ni uno más.
Inmerso en ese misterioso lapso de 1260 días, así como están las 1290 semanas, están todos los acontecimientos del Cap. XII que tantas veces se ha interpretado mal, visto sobre todo, después de su cumplimiento. El Padre Bernardo Siebers, M. S. C., en su libro Comentarios del Apocalipsis, dice refiriéndose a este capítulo: "Hoy todos los intérpretes están de acuerdo, en que no se trata de la Santísima Virgen que da a luz al Mesías; sino de una madre alegórica". Con respecto al hijo que dió a luz la mujer vestida del Sol, dice: "A pesar de la descripción del niño recién nacido que nos hace pensar en las profecías del Antiguo Testamento relativas al Mesías, hay que decir, que no se trata de El, en el Apocalipsis, sino que se trata de seres de los últimos tiempos". A mayor abundamiento, el Padre Bernard Kramer, escribió The Book of Destiny en 1934, en el que dice claramente que el capitulo 12 del Apocalipsis se refiere a la elección de un papa del final de los tiempos.
Hay una mezcla de aciertos y falsedades, porque no se tienen elementos, entre las interpretaciones antiguas y las actuales, informadas por sucesos que van coincidiendo. Algunos han llegado a concluir que no se habla de la Sma. Virgen en el Cap. 12, negando que allá se refiera al portal de Belén. Pero el texto bíblico es exacto y no se puede negar que las interpretaciones antiguas tengan mucho de verdad, pues siendo la Sma. Virgen Madre de Cristo, y la Iglesia Cuerpo místico de Cristo, el hijo que se va a concebir por la Fe y lo van a dar a luz con grandes dolores por el público apego a la Palabra, "esos seres de los últimos tiempos", es también obra no solamente de la Iglesia sino de la Virgen María, cuya intervención fue patente. Y así aparece la Iglesia atribulada pronta a dar a luz a un papa después de nueve meses de gestación que comienzan en Fátima y terminan un 29 de junio, día de San Pedro y San Pablo, en la ciudad declarada muchos años antes, "Ciudad hermana de Belén": Asís, y al cumplirse las 1290 semanas de Daniel. Así, de todos los continentes y de toda condición, se reúnen esas doce "estrellas" para elegir, como también sucede después el arrebatamiento "a Dios y a su trono", es decir, a su trono papal. Y así también el Demonio abre sus fauces para tragarse al hijo, pues propios y extraños prorrumpen en críticas y condenas, antes y después del acontecimiento, a más de la acción represiva que ejerció el Vaticano al día siguiente de la elección a las puertas de San Juan de Letrán, catedral del Papa.

EL ARREBATAMIENTO DEL CAPITULO DOCE DEL APOCALIPSIS.
Todas las versiones de las Sagradas Escrituras, en el Cap. 12, v. 5 del Apocalipsis, apuntan: "Este hijo que arrebatado para Dios y para su trono". Excepto la Biblia Nácar-Colunga que dice: "Este hijo fue arrebatado a Dios y a su trono".
Hay una diferencia de fondo entre las dos versiones apuntadas, porque si yo quiero regalarle algo a un amigo, con propiedad puedo decir: le mandé a mi amigo, o digo, mandé para mi amigo. Pero, si yo quiero arrebatarle a mi amigo el regalo que le di, puedo decir: le arrebaté a mi amigo, pero ya no podría yo emplear correctamente el vocablo "para".
Este es el caso del v. 5. El hijo varón no fue arrebatado para Dios, como parece que han interpretado muchos, es decir, como llevado a Dios, y al Trono de Dios, sino que se trata de cosa completamente a la inversa.
Sería grandemente irreverente creer que Cristo ha sido "arrebatado", porque según el diccionario de la lengua española, arrebatar es arrancar con violencia, tomar las cosas precipitadamente, lo cual repugna también con los hechos narrados en las Sagradas Escrituras. La Ascensión no fue un arrebato. ¿Quién "arrebata" a Cristo que es Dios?. Arrebatado fue Elias en el carro de fuego, del cual por cierto, dijo nuestro Señor: "...ya vino Elias, y no lo conocieron, antes hicieron con él cuanto quisieron". (Mat. Cap. XVII, v. 12).
El hijo varón de Apo. 12, no fue arrebatado para Dios, sino que fue arrebatado a Dios. Se le quitó a Dios, y él mismo, ese hijo varón, fue arrebatado a su trono. A su trono de él. Y esto puede suceder sólo si es un rey o un papa. No es el primer caso, es evidente que se trata de un papa fugaz, válido, legítimo. Por eso a Dios se lo arrebatan y por eso pierde su trono. Y de esto hay responsables.
A la luz de los sucesos se pueden ahora encontrar elementos lógicos en el texto apocalíptico que antes no se conocían sin esas referencias. Sorprende la exactitud con que todo va coincidiendo en sus mínimos detalles. Sobre la importancia mística de la elección de este papa, escribí con más amplitud: "El Cónclave de Asís", y "Los Detractores de Asís". Un obispo, amigo mío, me dijo: "Es el único cónclave profetizado en las Sagradas Escrituras".

EL APOSTOLADO DE "LOS DOS TESTIGOS".
En el principio del Cap. XI del Apocalipsis, se habla de la medición del Templo de Dios, del Altar y de los que adoran en él. A los gentiles se dará el atrio exterior para que lo profanen así como la Ciudad santa. Entre tanto, es decir, al mismo tiempo que sucede todo el tiempo de la profanación, "Yo daré (orden) a los dos testigos míos, y harán oficio de profetas, cubiertos de saco (es decir, pobres, sin dinero ni medios), por espacio de 1260 días..." (v. 3). Dice el texto que saldrá fuego de la boca de ellos, que devorará a sus enemigos.
Cuando San Agustín interpreta la figura del fuego, dice lo siguiente en La Ciudad de Dios: "Aquí bien podemos entender por este fuego que baja del cielo la misma firmeza de los santos, con que han de resistir y no ceder a sus perseguidores, para hacer la voluntad de éstos. Pues firmamento es el cielo, cuya firmeza los aflijirá y atormentará con ardentísimo rencor y celo, por no haber podido atraer a los santos de Cristo al bando del Anticristo. Y éste será el fuego que los consumirá, el cual lo enviará Dios, pues por beneficio y gracia suya son invencibles los santos, por lo que rabiarán y se consumirán sus enemigos". Habla San Agustín de la firmeza de los santos en los últimos tiempos, lo cual se puede aplicar a los dos testigos con toda propiedad.
Tienen poder para cerrar el cielo para que no llueva y tienen potestad sobre las aguas para convertirlas en sangre, es decir, contaminarlas y para afligir la tierra con plagas. Todo esto puede referirse a los acontecimientos que han de suceder durante el tiempo de su testimonio.
"Mas después que concluyeren de dar su testimonio, la bestia que sube del abismo, moverá guerra contra ellos, y los vencerá, y les quitará la vida. Y sus cadáveres yacerán en las plazas de la grande ciudad...y los que habitan la tierra se regocijarán con verlos muertos y harán fiesta. Se enviarán presentes los unos a los otros, a causa de que estos dos profetas habían molestado a los que moraban sobre la tierra".
Cuando los partidarios del Anticristo destruyan a los dos testigos, la Iglesia de las catacumbas se llenará de júbilo porque éstos eran molestosos, porque nadie podía soportar sus afirmaciones, porque atormentaban a todo mundo (Scio de San Miguel) con sus doctrinas, con su insistencia, con las cosas que hacían o pretendían.
Después de la muerte de los dos testigos, escribe San Juan la dramática narración de un suceso o varios sucesos que llenan de grande temor a las gentes pero que evidentemente, abre los ojos a muchos porque, dice, "dieron gloria al Dios del cielo". No podemos saber cuáles sean estos acontecimientos o uno sólo tal vez. Pero parece que sean decisivos y de gran provecho para la Iglesia remanente que por causa de estos se unan para elegir un papa y guerrear contra las huestes del Anticristo. Son conjeturas lógicas basadas en lo que leemos en el texto y en los acontecimientos que estamos viendo, pero lo que parece más claro, es que el fracaso aparente del testimonio de los dos testigos, fructificará después de que hayan muerto.
El suceso o los sucesos anunciados en Apo. Cap. XI, v. 13, de gran provecho para la Iglesia de las catacumbas, se entiende por el final del mismo versículo, es sin embargo de un profundo dramatismo y de un efecto impactante por los resultados que se predicen. Muchos expositores creen que en este lugar se está tratando del triunfo de Cristo sobre el Anticristo. Tampoco podemos olvidar la vigencia de acontecimientos que en Fátima no se han cumplido. Tenemos una opinión que hemos de dejar en el tintero, con la segura convicción de que la humanidad está en el umbral de graves acontecimientos. La aparente calma actual, es el pródromo y alguien dijo que podía ser el silencio de media hora.

ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LOS DOS TESTIGOS.
Hay sin embargo, otras consideraciones que no me parecen fuera de lugar sobre estos dos personajes anunciados por San Juan. Dice el Apocalipsis, que cuando los dos testigos concluyan de dar su testimonio, "la bestia que sube del abismo", ha de mover guerra contra ellos, y los vencerá y les quitará la vida. Y sus cadáveres "yacerán en las plazas de la gran ciudad" por "tres días y medio" porque no permitirán que se les sepulte, mientras se intercambian regalos y hacen fiestas porque ellos "molestaban a los que moran sobre la tierra".
Parece evidente que el testimonio de los dos testigos se reducirá al ámbito de la Iglesia remanente, dividida y desorientada. Algunos autores llegaron a decir que los dos olivos irían por todas las ciudades visitadas por el Anticristo para destruir su obra, pero esto, aparte de imposible e ilógico en nuestro siglo XX, supone abandonar a la Iglesia remanente desorientada y angustiada, que debe ser consolada y unificada. Siendo este "resto fiel" tan pequeño y privado de todo poder o totalmente quebrantado como dice la Biblia, no puede dañar en nada la poderosa estructura de la Ciudad del Anticristo, y mucho menos estos dos personajes, "vestidos de saco", es decir, sin recursos para nada y además con enemigos internos en la Iglesia remanente. Pienso que es ilógico por tanto, decir que habrá un enfrentamiento entre las fuerzas del Anticristo y los dos testigos. Las Sagradas Escrituras, dicen que quien les hará la guerra es "la bestia que sube del abismo" y los vencerá.
San Agustín en La Ciudad de Dios, nos aclara cuál sea esa "bestia" que sube del abismo para luchar contra los dos testigos: "... y del abismo donde le encerraron no se acabó al morir los que había cuando comenzó a estar encerrado, sino que sucedieron otros a aquéllos, naciendo, y hasta que fenezca este siglo se sucederán los que aborrezcan a los cristianos, en cuyos ciegos y profundos corazones cada día, como en un abismo, se encierra el demonio...saldrá, esto es, de los ocultos escondrijos, de los odios y rencores... Así, que son las gentes en quienes, como dijimos arriba, estaría encerrado el demonio como en un abismo" (X, 8 y 11).
Por eso, parece más cierto, que estos dos personajes se han de enfrentar "a los odios y rencores" que se suscitarán dentro de la Iglesia remanente, por su testimonio, la cual Iglesia estará esparcida después de la Apostasía, por toda la tierra. Esas son las gentes de las tribus, y pueblos, y lenguas, y naciones que harán fiestas y se enviarán regalos después de su muerte, porque parece iluso imaginar que siendo tantos y por toda la tierra esparcidos los partidarios del Anticristo, a la muerte de los dos testigos se intercambien tantos miles o millones de regalos y hagan otra cantidad de fiestas.
Tampoco se me hace ilógico decir que no es muy seguro que los maten materialmente. Hay muchas maneras de matar. Un asesino con un cuchillo puede matar el cuerpo. El pecado mortal mata el alma, y si induzco a otro al pecado, mato su alma. La incomprensión, la miópía de otros, la sordera, la lucha infructuosa que agota el cuerpo, la traición, la tristeza, la soledad, el rencor y el odio de los envidiosos, la impotencia para actuar o avisar a los dormidos que pudieran despertar, son cosas que pueden matar el espíritu. Se puede también matar la fama, la honra, el buen nombre. ¿Cómo serán matados los dos testigos?, no podemos saberlo, pero se me hace extraño que sus cuerpos estén sin sepultura por tres días y medio en las plazas, y que alguna autoridad en el mundo lo permita. ¿No será que desprestigiados, condenados, expuestos a la burla general estarán en todo lugar donde exista un "islote de la Fe"?. Avala esto la nota de Nácar-Colunga: "Era la mayor calamidad que podía acaecer, ser privado de sepultura", por lo cual se puede interpretar que San Juan anuncia una gran desgracia o tribulación para los testigos. No precisamente la muerte física, pero, ¿pueden ser las dos cosas?
Y así estarán, dice el Apocalipsis, por tres días y medio. San Juan utiliza el número "tres y medio" nuevamente, tal vez para significar que este acontecimiento está inmerso también entre los acontecimientos contemporáneos, pero su duración es mucho menor, es decir, solamente "tres días y medio" y no 42 meses.
Sodoma y Egipto, son figuras del mundo enemigo de Dios: corrupción, idolatría, esclavitud. Sus cadáveres estarán en las plazas de la gran ciudad. Puede ser en los lugares en donde esté la verdadera Iglésia. Se les odiará porque ellos "molestaban" con sus doctrinas y "atormentaron", dice la Biblia de Scio de San Miguel, a los que moraban sobre la tierra.
¿Qué cosa puede provocar el odio de los hombres hacia estos edificadores del Templo o de la Iglesia, así dice la Biblia de Jerusalén, al grado que se alegran de su muerte y hacen fiestas y se intercambian regalos?. Evidentemente se trata de algo que parece locura, algo que perturba la paz de la Iglesia, algo que nadie quiere aceptar, porque ya no se soportará la sana doctrina, o porque en los últimos tiempos los hombres no querrán reconocer las señales del fin. Nuestro Señor se refirió a Lot y a Noé. Dijo que así como en el tiempo de ellos nadie los creyó, así también sucedería en el fin de los tiempos. Es evidente, pues, que ellos dirán verdades las cuales a veces ofenden, y predicarán la proximidad del Juicio que nadie cree.
Y estos enemigos que ellos tengan dentro de la misma Iglesia remanente, le harán el juego al Anticristo, por lo cual es propio también decir, que se enfrentaron con él, pues así la bestia que sube del abismo como el mismo Anticristo que estará reinando, son instrumentos de Satanás para destruir a la Iglesia.
En todo este pasaje del Apocalipsis, mucho de lo que se describe parece ser narrado en sentido metafórico, pero puede no ser así, pues después de su cumplimiento se ha visto cuán exacto es en sentido real, lo que se creyó en otro.

EL COMBATE FINAL ENTRE SAN MIGUEL Y EL DRAGON.
Luego, siguiendo el orden del Apocalipsis, se describe un gran combate entre San Miguel y el Dragón que se decía ser la lucha de los ángeles antes de la creación del mundo. El Padre Siebers al respecto dice: "De lo que hemos expuesto, se sigue que el versículo siete, se refiere a un combate futuro". Efectivamente, no existe ningún relato de la caída de los ángeles en todas las Sagradas Escrituras. Lo único que se puede encontrar es una frase suelta de nuestro Señor: "Vi a Satanás caer del cielo como un rayo".
Satanás sabe que le queda poco tiempo por lo cual ha de emplear todos sus recursos contra la Iglesia y los fieles del final de los tiempos. En esta lucha tremenda escatológica, no solamente participan los fieles, sino también los ángeles que desempeñan elevadas misiones respecto de los hombres. Está por llegar el desenlace de la historia de la salvación y todas las potencias de la tierra, del Cielo y del Infierno se conmocionan en una batalla decisiva de la cual el Dios eterno sale victorioso con todos los suyos.
También esta lucha parece incrementarse durante los acontecimientos que hemos analizado, pues el texto dice: "Entre tanto, se trabó una lucha grande en el cielo"-. Porque si el texto quiere significar muy especialmente la lucha de estos tiempos, es cierto también que siempre ha existido desde la caída de nuestros primeros padres.
¿Y después de esto?. Aquella tercera campaña de Antíoco contra Egipto, que la historia desconoce completamente, por lo que se piensa que saltando Daniel él profeta, de Antíoco al Anticristo, en el final de los tiempos, nos habla de la destrucción del gran perseguidor, cuando "alce la tienda de su palacio entre los mares y el monte glorioso y santo"; la hora de segar y la hora de la vendimia durante la cual el Señor, reúne por todo el orbe de la tierra al pequeño remanente que fue disperso después de la grande Aposta-sía, y que a manera de un gran cernidor, define los campos entre los buenos y los malos, porque de muy diversas formas podrá descubrirse con claridad el lado al que se pertenece; las últimas plagas que bien pudieran también ser contemporáneas entre ellas y a todos los acontecimientos desde la supresión del Sacrificio, sujetas a un devenir graduado que se agrava hasta el final; la caída de la gran ramera y el triunfo de Cristo con todos aquellos que por la Palabra y no confiados en señales especiales, sino iluminados por la Fe, permanecieron hasta el día final.

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