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miércoles, 5 de octubre de 2011

Nuestros Defectos

No hay un solo defecto que sea invencible y que no pueda pronto ser reemplazado por una virtud en el corazón del que quiera sinceramente corregirse. Así es como, gracias al trabajo de las abejas, el jugo amargo de las flores se convierte en exquisita miel.
Pon manos a la obra, y sin cansarte, trabaja para destruir tus malas inclinaciones, para limpiar de toda esa maleza estúpida que acaba con la savia de tu alma: tu vigor moral será así multiplicado.
¿Eres conducido a la indolencia al dejarte llevar de la inerte y muelle pereza? Dominate, trabaja. El trabajo llegará a serte fácil y encontrarás en tu actividad misma un verdadero placer.
¿Eres inclinado al malhumor, llevado por estúpidos y violentos transportes de cólera? Domínate; cálmate. Y pronto tu dulzura que encantará a los otros, te encantará a ti también.
¿Eres empujado por la naturaleza o por el hábito, a los goces deshonestos de la sensualidad? Contente; sobriedad y pureza te darán alegrías mil veces más profundas y más vivas que todas las embriagueces de perversión.
No escuches a los que te dirán que el carácter con sus vicios y sus virtudes es cosa de fatalidad, de herencia de los ancestros lejanos, contra le cual la voluntad personal es impotente. Esta es la teoría de los fatalistas y de los débiles, contradicha en todas las páginas de la historia por los grandes hombres y por los santos.
Nosotros somos libres y podemos manumitirnos, elevarnos, mejorarnos, ennoblecernos, y cada uno, por el uso de su libertad, puede llegar al dominio de si mismo; quiero decir, al imperio de los nobles sentimientos y de las ideas morales sobre las inclinaciones instintivas de la abyecta animalidad.
Sólo se necesita querer, querer con fuerza y constancia, no un día sino siempre, sin fatiga ni desmayo, escrupulosamente atento a lo que pase en el fondo del alma.
El joven que quiere corregirse debe parecerse al tallador de diamantes, el cual, paseando el lente de cristal sobre la piedra brillante y sumamente dura, acaba, sin embargo, por pulirla.
El pintor también es su modelo: a golpes sucesivos de pincel, con frecuentes retoques, el artista acaba por transformar un bosquejo en una obra maestra.
Asi, por los esfuerzos repetidos, disminuyendo los defectos, aumentando las virtudes, podemos corregir al ser imperfecto que somos y hacer de él —con la gracia de Dios— un hombre, un cristiano, un santo.
La continuidad del esfuerzo hace milagros y facilita el camino, aún con pasos lentos, si es que no se detiene nunca.
Multiplica, pues, más y más los actos que contrarían tus malas inclinaciones. Gradualmente victoriosa en esas tendencias funestas, tu fuerza aumentará en proporción al debilitamiento de las malas inclinaciones, y la libertad del alma será tu recompensa.
Un filósofo lo escribió con mucha razón: —"Entre las naturalezas superiores, una injuria no puede provocar la cólera, pues la resignación es pronta en ellas y sincera. Y la castidad no les causa la menor lucha, pues las incitaciones sensuales que abrasan a los cerebros de seres moralmente inferiores, están aniquiladas, vencidas, expurgadas, en esas naturalezas superiores". (Payot.—La Educación de la Voluntad) En esas naturalezas la pasión ha muerto.
¡Así serás tú si aprovechas los consejos que la sabiduría te da!
Valor, pues, hijo mío; combate tus defectos; entrégate al combate todos los días, todas las horas, todos los instantes.
Gracias a tu implacable y santa obstinación, no tardarás en triunfar, y habrás ganado con los aplausos de Dios, de tu conciencia y del mundo mismo, todas las victorias, la más difícil y la más gloriosa.

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