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jueves, 13 de octubre de 2011

"BUSCO LO QUE NO TIENE"

En tiempo de la guerra de 1915 un regimiento de infantería se detuvo a descansar en las retaguardias.
Antes de reanudar la marcha, algunos soldados fueron a una aldea cercana para hacer algunas compras.
Entre ellos, uniformado militarmente, se hallaba el capellán.
Todos entraron a una tienda para comprar cada quien lo que necesitaba. Algunos compraron papel para escribir, otros navajas para afeitarse. . .
La dependiente, ataviada de una manera descarada, atraía sobre sí la atención de todos.
El sacerdote observó la mercancía sin determinarse por nada. La joven, después de haber despachado a todos los soldados, viendo que faltaba él, le preguntó:
—¿Y usted, qué desea? ¿Un peine? ¿Una navaja? ¿Un espejo?
—No -respondió el sacerdote—, yo busco una cosa que usted no tiene.
—¿Qué cosa, pues?
—Un poco de reserva y de modestia.


¡A cuántas de nuestras jóvenes modernas de ciudad, o de pueblo, les falta la modestia y la reserva que aquel capellán buscaba en vano en la joven dependiente! Jóvenes que suscitan la compasión y el desprecio.
¡No se trata aquí de ideas anticuadas, ni de aversión por los adornos y la moda!
No. Los adornos y la moda — cuando se mantienen en los justos límites — contribuyen a dar belleza y gracia a la mujer.
Entonces son permitidos porque, estando la mujer destinada para ser compañera del hombre, ella puede cultivar el arte del bien vestir en cuanto esto sirva para hacerla más agradable.
Son, sin embargo, de reprobarse los excesos y extravagancias porque, menospreciando las exigencias del pudor, la mujer ya no es el ángel de la casa, sino una llama que vierte en las fantasías y en los corazones chispas de dolorosos incendios.
¡Hay que reconocer que actualmente se desprecian lastimosamente las exigencias de la modestia! Lo demuestran ciertos adornos que se ven por dondequiera: en casa, o fuera de ella, en los camiones, o por las calles, en las playas, o en los montes y sobre todo en los lugares de diversión.
Y no faltan jóvenes que llegan a hacerse instrumentos de Satanás hasta el punto de profanar, con su moda licenciosa, el lugar sagrado de la iglesia donde los ángeles están extáticos en torno del Rey divino.
Otras se atreven a acercarse al altar y ofrecen morada al Cordero Inmaculado en el propio corazón encerrado en miembros que son instrumentos de escándalo y de pecado.
¿Cómo podrá habitar en tales corazones profanados el Redentor divino, el Lirio de los valles que prefirió ser tratado como loco, a proferir una palabra en presencia del deshonesto Herodes?
El que, en vida, ardió de ira por la profanación del Templo y que, a golpes de látigo, expulsó a los mercaderes, no dejará ciertamente de descargar su ira contra los que, en la iglesia santificada por su presencia real hacen un mercado más torpe que el de las palomas y corderos; contra las que, por la propia impudicia suscitan pensamientos innobles, robando a Dios mentes y corazones, para atarlas al sentido.
Si nos fuese dado a conocer el motivo de ciertos castigos infligidos a personas, a familias y a naciones enteras, en la lista de las causas que los han provocado encontraríamos, ciertamente, la moda deshonesta.
Y si preguntáramos a personas sensatas él motivo por el cual se encuentran descontentas a la vista de ciertas jóvenes casquivanas responderían: "Porque queremos en ellas una modestia y una reserva que no tienen".

*

Jovencita, ¿quieres correr la suerte de la dependiente de la tienda y aquella reservada a la joven que sigue su ejemplo? No, ¿verdad?
Pues sé celosa de tu dignidad y no te dejes arrastrar por la moda indecente.
Sé coherente y está alerta para que se pueda decir siempre de ti lo que Droineau dice de la mujer digna: "¡Bendita la joven sin mancha! Ella pone en sí misma un límite a sus deseos. En su corazón se lee como a través de un cristal. Una gracia ingenua tienen sus movimientos, hay pudor en su semblante. Se conmueve a todos los sufrimientos; consuela al afligido. . . sencillos son sus gustos; la modestia es su más bella vestidura; la dulzura toda su ciencia. . . Su característica es la gentileza. Para ella entonaron himnos celestiales los poetas. De ella cantaron eternamente los trovadores. A su paso exhalan su perfume las selvas, murmuran los arroyuelos, florece la tierra".
Tal es la joven en la mente del Creador y así la quisieran en la familia y en la sociedad, todas las personas de buen criterio y moralmente sanas.

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