Páginas vistas en total

martes, 11 de octubre de 2011

EL LLANTO DE JESUS (3)

Por Mons. José F. Urbina A.
LA DESTRUCCION TOTAL DE LA CIUDAD CATOLICA
Nos hemos alejado ya, en forma impresionante de nuestra Ciudad Católica, al grado de hoy, apenas podemos encontrar algunos indicios muy tenues en el seno de algunas familias, en alguna legislación o en alguna otra institución a veces sin trascendencia.
Es evidente que las cosas en el mundo actual empeoran constantemente y es absolutamente general, que esto parece normal a todo mundo. Nos dicen que todo debe ser cada vez más difícil, todo cada vez más caro, todo cada vez más malo, todo cada vez más inmoral, todo cada vez más peligroso, todo cada vez más agresivo. Se prepara a las nuevas generaciones para esta idea falsísima desde que nacen y en el seno de las familias existe una constante preocupación por la integridad de los hijos constantemente amenazada y fuera completamente del control de los padres, como la existe también por preparar a los hijos para un mundo cada vez peor. ¡Y todo esto es sencillamente aberrante!, porque lo que se está logrando es la desintegración profunda de la familia y la corrupción de toda la sociedad que se ha convertido en una masa putrefacta de vociferantes libertinos camino a la destrucción total.
El santo Concilio de Trento, no dice que el pecado original se nos contagia por generación. Dice que es por "propagación". Esto, claro, implica también generación. Dios le ha permitido así al hombre, eliminar poco a poco con su esfuerzo, lo que le viene por contagio social, y esto permite consecuentemente que nuestra sociedad cada vez pueda ser mejor, si está informada por la moral y por la doctrina católicas. Y hubo tiempos en la historia, aunque no muy avanzados tecnológicamente, en que esto se acercó a una realidad, claro, perfectible, que de haber continuado prosperando, hubiese hecho de este paraíso terrenal impedido por el pecado de nuestros primeros padres, algo muy aceptable y cultivo para preparar a los hombres para la vida eterna.
La situación actual del mundo y el horizonte tenebroso que se levanta delante de nosotros es la prueba indiscutible para valorar, cuán alejados estamos de nuestros ideales cristianos. La sal ha perdido su sabor, y esta corrupción dolorosa que sólo Dios en persona puede remediar es causada por la corrupción irremediable. Y si a veces las oleadas de agua sucia y torrentosa se calma un poco y las cosas se nos pueden presentar momentáneamente optimistas en algunos aspectos, nadie puede negar que la tónica general es descendente y es obvio el alejamiento de las ideas cristianas y es obvio también que esas aparentes mejorías no obedecen más que a ciertas modulaciones históricas, que incluso pueden convenir a los enemigos del orden cristiano.
La humanidad ha dejado de adorar a Dios, y ha caído en la adoración de su físico, de su poder bélico, de su Estado, de su Constitución, de su raza, de su avance tecnológico, de su libertad, de su ego, de su razón. Porque no sabiendo dónde está Dios en cualquier parte se ha arrodillado. Pero con todo esto que considera un progreso, ha convertido la tierra en una cárcel, pues ha entregado todo el poder en manos de unos cuantos que manipulan las naciones que se aterrorizan constante y mutuamente con el pretexto de la coexistencia y de hermandad entre los pueblos.
Sería por tanto, extrañamente afectado, que a estas alturas, los líderes cristianos no vieran esto y se dejaran engañar por falsas prudencias antes que tomar medidas extremas, que si bien pudieran no solucionar nada en razón del inmenso enemigo al frente, y en razón de la profecía sobre el tiempo que estamos viviendo, por lo menos para conservar lo que se ha podido construir y protegerlo de la infección del ambiente y fortalecerlo con los auxilios espirituales que serán necesarios para la lucha definitiva y ya definida que pronto se ha de dar. Porque la opción por Cristo o por el Anticristo se hace ya universal e ineludible. Pero lo que sería más extraño, es que los pastores del resto fiel, enfrascados en una fría terquedad, en la prudencia estúpida, cobarde además, influidos por una manga de opinadores y de teólogos improvisados y en una supuesta conciencia que no se acaba nunca de convencer de lo que está pasando, y de lo que tienen obligación de hacer según las normas de la Iglesia, a pesar de las más graves contingencias, y sin ninguna preocupación por las almas que se están perdiendo o pudieran perderse, se conservaran en la inacción más completa conservando con seguridad y comodidad sus pequeñas iglesias episcopales antes de procurar la unidad que sólo puede venir por la elección del padre común. Un día tendrán que dar muy estrechas cuentas a Dios, todos quienes hubieran podido contribuir a esta causa y se han negado o la han saboteado.
Actualmente, sólo hay un camino. Doloroso y peligroso, pero único. Del hombre depende caminarlo con la ayuda de Dios, o rechazarlo. Porque si con todo lo que estamos viendo, si con toda la experiencia de quienes se dicen tan expertos, todavía esto no se ve con claridad, es cierto entonces que la profecía se está cumpliendo cabalmente, y es cierto que ya nada va a convencer a nadie, y entonces el fin, está a la puerta.
Habrá pasado el tiempo de la acción humana iluminada por la Fe. Veríamos que no sólo la Fe de Roma se ha extinguido, sino que para ser más extenso y aterrador el anuncio, los fieles tampoco tendrán fe aunque de dientes para afuera la confiesen, y habrá llegado el minuto de Dios. El actuará ciertamente pero no para hacer milagros que nos regresen a las épocas y a la sociedad que como cobardes no defendimos. Lo hará para terminar con la corrupción mundial, para reparar lo irreparable y para purificar lo sucio, y lo hará para demostrar a esa caterva de opinadores, orgullosos y prudentes, que El sigue siendo el Señor de la historia, y que Su voluntad no puede estar sujeta al concenso humano generalizado, y que si bien, no se encontró a nadie capaz de defender Su causa arriesgando lo que creyeron tan preciado, incluso, en un momento decisivo, no por eso Sus planes van a ser alterados en forma tan dramática. Habrá llegado por voluntad humana sólo, el momento de Su presencia y del fin.

VENDRA INESPERADAMENTE EN LO MAS PROFUNDO DE LA NOCHE.
Son innumerables los textos que en las Sagradas Escrituras nos invitan a estar atentos y preparados para el momento de la Parusía. Se insiste también repetidas veces que las señales serán conocidas por muy pocos. Todo esto no es con el objeto de anunciar una general ignorancia y después condena, sino que la intención de Dios, nuestro Señor, al repetir tantas veces estas cosas, es que nadie se pierda, que todos abran bien sus ojos para conocer los tiempos de los acontecimientos que El anunció. La Iglesia debería ser la menos desprevenida, pero desgraciadamente ha sido invadida por la incredulidad en estas cosas a pesar de haber sido protegida de la gran Apostasia que abismó a la Iglesia del Vaticano.
Bien decía El que "hasta los justos se perderían". Bien sabemos, que después de las señales, principalmente espirituales, Su presencia será en un día que pudiera ser para nosotros común y corriente. Es meta-historia, no historia. La Parusía no está sujeta a un proceso, no hay acontecimientos que desembocan en ella como el acercamiento de un ciclón. Puede ser en cualquier momento sin previo aviso, aunque nos anunciaron avisos que significan su proximidad. Los hombres se estarán casando, construyendo, haciendo negocios. Dos en una cama, uno será tomado y otro dejado. Dos en el campo labrando, uno será tomado y otro dejado. Unos duermen, otros trabajan, es decir, al mismo tiempo en todo el mundo como una red que cae de momento. Sucede y ya. Así ha de ser, pero no lo creemos, porque si no creemos en las señales ni tenemos ojos para verlas, tampoco tenemos por qué creer que sucederá el acontecimiento que anuncian. Ni tampoco nos tenemos que preocupar por prepararnos para estar delante del Juez. Porque para el vicio y para el pecado y para la vida cómoda, tenemos poco tiempo y no queda nada para Dios. Pero para las cosas buenas, para la oración, para el arrepentimiento y para la penitencia, hay mucho tiempo. Tememos que de obrar según Dios quiere, represente esto mucho tiempo de vida sacrificada y de renuncia.
Jesucristo viendo a lo lejos Jerusalén, lloró no solamente la destrucción de Su patria, sino la destrucción final del mundo, la que también veía obligada por la extrema descomposición.

JESUS LLORO A LA VISTA DE JERUSALEN.
Las pasiones son naturales y por lo tanto son buenas. Todo depende, sin embargo, que estén ordenadas a un fin bueno y regido por la razón.
Las pasiones desordenadas nos condenan, pero dirigidas por la razón, el buen sentido y las leyes de Dios, son una fuente inagotable de energía, de inspiración y de salvación.
Aunque en Dios no existen las pasiones, Jesús nuestro Señor sí las tuvo por ser verdadero y completo hombre, pero en Su caso no hubo desorden alguno en ellas. Por eso las Sagradas Escrituras bien dicen que se hizo igual a nosotros en todo, menos en el pecado. Jesucristo, quiso conocer nuestras debilidades: nuestros trabajos, nuestras fatigas, la pobreza, la oscuridad, el silencio, el miedo, la traición, la soledad, el hambre, la sed, la incomprensión, la condena, el dolor, la muerte. Todas nuestras miserias fueron por El conocidas, menos el pecado y ciertos desórdenes morales que vienen por el pecado, y no pudiendo tomar en Sí esta flaqueza, tomó su semejanza y llevó su pena.
Sería formarse una idea falsísima de la santidad en confundirla con la apatía, con una espiritualidad perezosa, "puritana", que se niega a la acción violenta cuando ésta es necesaria, y creer esa santidad incompatible con las pasiones del alma como la alegría, la tristeza, la ira y otras semejantes.
El llanto, que es expresión profunda de una pasión, es más fácil en la mujer que en el hombre. Las lágrimas en el hombre, manifiestan serenidad y fortaleza y siempre son vertidas por causas sumamente graves y profundas.
Jesús, que es el Verbo de Dios encarnado, ha bajado a la tierra, y en la tierra ha llorado. Esto es lo más sorprendente: Dios ha llorado, y Su llanto evidentemente tiene motivos gravísimos. Las Sagradas Escrituras nos narran con claridad estos momentos en los que Jesús, agobiado por la tristeza, llora amargamente.
En el Huerto de los Olivos, ante la inminencia de Su Pasión, conociendo por Su Visión divina lo que sucedería, sin embargo, no llora. Se levanta y afronta el tormento, la burla, la más horrenda humillación y la muerte.
Pero ante la tumba de Lázaro, se conmueve y llega a las lágrimas. Está en Su Mano remediarlo, y resucita al amigo. Ante el pecador endurecido, cuya figura es Jerusalén, llora amargamente y no puede evitar el castigo que habrá de aplicar. Se siente impotente ante la voluntad del hombre cuyo libre albedrío lo condena.
Debemos reflexionar que Jesús, no llora por causas propias, sino por causas ajenas, enseñándonos así a ser justos y misericordiosos. Nos muestra la malicia de nuestros pecados que hacen llorar a Dios. Y frente a Jerusalén, llora no tanto por la próxima devastación, que es figura de la horrenda devastación del fin del mundo, sino por el origen por el cual ha de venir esa devastación. En aquel entonces por los pecados de Israel, y en el fin, por la inmensa e increíble depravación de toda la humanidad, por la gran Apostasía, por el destierro del Sacrificio de todos los altares del mundo, por la indiferencia y por el desprecio de todos cuantos en la historia del Cristianismo, Lo han de perseguir, pero especialmente por la inmensa muchedumbre que al final se harían Sus enemigos, todo lo cual en conjunto habría de provocar el anunciado Día de la Ira.

JESUS LLORA ANTE LAS DESGRACIAS DE SUS AMIGOS.
Los sucesos de Betania son harto reveladores para todos nosotros, pues allí descubrimos los secretos de la amistad en el Corazón de Jesucristo. Evidencia Su sentimiento cuando ve la congoja de Sus amigos a pesar de que sabe que han de durar poco tiempo. El ha de resucitar a Lázaro, pero los momentos de tristeza que habían pasado ante la muerte del hermano y su dolor actual, así como el llanto de los demás amigos y parientes, dicen las Escrituras, que Lo conmovieron y Lo turbaron hondamente. No se humedecen Sus Ojos por las lágrimas, sino que llora en tal forma notoria, que los asistentes exclaman: Ved cómo le amaba.

JESUS LLORA POR LOS MALES DE LA PATRIA.
A la vista de Jerusalén, llora ante el pecado y ante la destrucción de Su propia patria. A través de toda la Sagrada Escritura, es muy evidente el amor de Jesús por el pueblo judío al que tantas veces intentó reunir como una gallina reúne a sus polluelos, y en todo el Antiguo Testamento encontramos por todas partes ese canto de amor de Dios por Su pueblo. Es obvio por tanto, que el amargo llanto de Jesús, poco antes de Su entrada triunfal a Jerusalén, eran por el inmenso mar de gracias derramadas tan grandes y por tantos siglos, que al ser rechazadas, abrumarían al pueblo que tanto amaba, y lo lanzarían a la más abyecta perdición.
Nos enseña así Jesús nuestro Señor, que la religión, antes que destruir los sentimientos patrios, los robustece evitando toda exageración perniciosa. La patria de la tierra, es la figura de la Patria celestial a la cual todos estamos llamados.
Jesús llora por la destrucción de la patria, por la usurpación de sus poderes en manos de quienes son enemigos Suyos, que utilizando toda clase de recursos, la desvirtúan, corrompen a sus hijos, los explotan y los orillan al barranco. Esta corrupción, esta degeneración, esta apostasía general, impone castigos que El no puede evitar, porque así como Su misericordia es infinita, también lo es Su justicia, y ésta no puede ser burlada.

JESUS LLORA POR LOS PECADOS Y SU CASTIGO.
Sin embargo, el motivo principal del llanto de Jesús, como se hace evidente, es por el pecado que comete Jerusalén despreciando Su gracia, por lo que será terriblemente castigada. Ese es el motivo más fuerte, porque las pasiones bien dirigidas son actuadas por el objeto principal que debe excitarlas con más intensidad, según los dictámenes de la razón. Por eso, las lágrimas de Jesús, manan amargamente, principalmente por esa causa, y es lógico, porque el pecado, tiene motivos suficientes como son la maldad y la ingratitud.
Y siendo los dos motores principales de Jesús, la gloria del Padre y el amor de los hombres, y manifestándose Sus pasiones correcta y firmemente dirigidas a esos dos fines, no puede actuar mas que en esas dos direcciones, con suma potencia. Y así, cuando por el libre albedrío conferido al hombre se reniega o se ofende a Su Padre santísimo, entonces la respuesta y el castigo no puede dejar de operar, para así manifestarse Su infinita justicia, con toda potencia.
Cabe decir aquí que así como los dos motores de Jesús son la gloria del Padre y el amor a los hombres, así también los dos mandamientos más grandes son el amor a Dios sobre todas las cosas, y el amor al prójimo. En esta forma somos imitadores de Jesús.
Vale la pena abrir un paréntesis, para alertar sobre los acontecimientos que se pueden desencadenar sobre el mundo, en el momento de suceder una supuesta visita al Monte Sinaí y a Jerusalén, en abierto reto a Dios Padre, al ir a declarar todos los jefes de distintas religiones, la fraternidad humana y la igualdad entre todas ellas, lo cual significa que el error puede convivir con la verdad y que lo que Dios ha hablado es igual a lo que ha hablado Satanás, y tiene los mismos derechos.

ES NECESARIO GUARDARSE DE ENTRISTECER EL ESPIRITU DE DIOS.
Es muy claro y lógico, que el que dá, tiene derecho a exigir, y el que lo da todo, también tiene derecho a exigirlo todo. Exige agradecimiento, y si no lo recibe, tiene derecho a exigir suplicios, porque Dios no pierde Sus derechos.
Porque no son los ultrajes dirigidos a la santidad de Dios los que lo afligen y contristan tanto, sino la violencia que padece Su amor cuando es despreciado y Su buena voluntad es frustrada por nuestra testaruda resistencia. Por eso, el Deuteronomio, Cap. 8, v. 63 dice: "Así como se goza Yavé en vosotros, haciéndoos beneficios y multiplicándoos, así se gozará sobre vosotros aruinandoos y destruyéndoos". Por eso, el amor rechazado, el amor desdeñado, el amor ultrajado por el desprecio injurioso, el amor agotado por el exceso de su abundancia, seca las fuentes de la gracia y abre las llaves de la más horrenda venganza.
Debemos de considerar que no hay nada más furioso que un amor despreciado y ultrajado. Y si Dios se ha dejado llevar por Su Naturaleza bienhechora al bendecirnos, pero lo hemos despreciado, y hemos entristecido Su santo Espíritu, hemos cambiado entonces la alegría de hacer el bien, por la alegría de castigar. Y por lo tanto es muy justo que repare la tristeza que hemos proporcionado a Su Espíritu cambiando a otra alegría eficaz, por otro triunfo de Su Corazón, por el celo de Su justicia empleada en castigar nuestra ingratitud y maldad. Esta justicia del Nuevo Testamento, enseña Bossuet, se aplica por la Sangre, por la bondad misma y por las gracias infinitas de Dios Redentor.
Por ese motivo, la cólera está siempre muy cercana a la gracia, y la segur se aplica a la raíz de los mismos beneficios (Mateo Cap. 3, v. 10).
Así, la santa inspiración si no nos vivifica, ciertamente nos mata, porque el furor de Su justicia saldrá de las mismas llagas, abiertas para nuestra redención. Y de los tormentos de Jesús, se aprovechan los justos para santificarse y merecer el premio eterno, como son abismados en el Infierno, los malvados, los despreciadores de Dios, los enemigos de Dios, los destructores de la Iglesia, todos aquellos que no quieren que El reine en el mundo arrinconándolo en las sacristías, los corruptores de nuestro planeta, por haber sido empapado en las fuentes mismas de la gracia.
Por eso, el Apocalipsis dice: Poneos a cubierto del rostro airado de la Paloma y de la cólera del Cordero. Porque no es tanto el rostro irritado del Padre, como el de esa tierna Paloma bienhechora que ha gemido tantas veces por el amor de los hombres, y el de ese Cordero inmolado. Y así, como la Cruz y la Redención nos dá la potestad de ser hijos de Dios, ciudadanos del Reino, herederos del Cielo, así también, hacen más grave la condena de los malvados.
Por otro lado, las gracias de Dios, nunca se pierden, pues cuando las rechazamos, Dios las recoge dentro de Sí, y Su justicia las cambia en maldición. Por eso abusar de la bondad de Dios, retorcer Su voluntad bienhechora, oponerse a Sus planes, pensar que todo perdona aunque conscientemente lo sigamos ofendiendo o despreciando, es igual a obligarlo a ser cruel e inexorable. Porque El solamente quiere ser generoso, ser amado por todos los beneficios que nos dá a manos llenas, pero siendo rechazado, poniendo Sus cosas en segundo lugar, no se cansará por toda la eternidad de golpear con Su Mano soberana y victoriosa, y esos golpes redoblados y sin fin, constituirán los eternos reproches de Su gracia despreciada y ese siempre vivir, muriendo siempre.
Ahora, debemos nosotros también llorar por el mundo, porque su situación es mucho peor que la de Jerusalén en el tiempo de su devastación. Hemos matado la ciudad de Dios y queremos seguir caminando solos, independientes, libres. El hombre se levanta en abierta rebeldía y cierra su puño airado contra el Cielo. Orgullo tremendo que no admite autoridades, normas, leyes y regulaciones y a nadie más que esté contra la soberana opinión popular. ¿No esto pasó incluso entre los pastores del "resto fiel" cuando declararon no estar "de acuerdo" en lo que hicieron los electores de Asís cumpliendo la ley de Dios, como si una mayoría concediera razón a la sinrazón?. El hombre se hace dios de sí mismo. Se hace su creador, ¡se hace incluso el creador de Dios!, se hace su guía y director y de esto en mayor o menor grado todo hombre es solidario, porque al reflejarse en la general rebeldía a toda autoridad se ha convertido en una masa desorganizada y ciega.
Se ha implantado la Revolución total que no solamente afecta todo lo exterior, sino que infecta a cada individuo hasta lo más profundo de su ser y de su alma, en un momento en que ya no hay una referencia de retorno, pues la Iglesia de Roma esparcida por todo el mundo ha caído en la más grande desviación y la verdadera Iglesia oculta y sin medios, no puede hacer nada.
Lloremos y pidamos también por el mundo y por los que están en él, porque las lágrimas de Cristo significan muy graves acontecimientos que están por llegar y muy grandes desgracias que El hubiese querido evitar pero el hombre no ha querido. Pero sobre todo, roguemos a Dios por Su Iglesia remanente, por ese resto fiel que Lo ha de esperar hasta que venga.

¿HA DE VENIR TODAVIA EL SANTO PONTIFICE DE LAS PROFECIAS?.
En el comentario al v. 3 del Cap. 11 del Apocalipsis, de la Biblia Comentada del Dr. Torres Amat, llama mucho la atención la referencia a "muchas profecías particulares" o privadas, que hablan de un santo pontífice que ha de luchar contra el Anticristo. A pesar del poco crédito que puede darse a esta clase de profecías particulares, la insistencia en este personaje imprime visos de autenticidad, si no al texto completo y a los detalles narrados por cada vidente, por lo menos al personaje central que bien pudiera haber sido anunciado.
En el libro "Las Profecías de San Malaquías sobre los Papas" del Dr. Hildebrand Troll, encontramos datos interesantes.
El Dr. Troll, nació en Augsburgo, Alemania, estudió Historia y Filosofía, doctorándose en esta última materia en 1948. Entra a continuación en el Archivo Nacional Bávaro y desde 1980 es parte del Consejo Rector de esa institución.
En el capítulo que habla sobre el Papa Pío XII, es particularmente notable lo que se puede deducir con relación a este papa santo esperado y anunciado por las profecías desde hace siglos. Menciona a Rudolf Graber en "Papst Pius XII. Pastor Angelicus. Leutersdorf am Rhein, 1956" que dice: "Pío XII realiza en su persona y en su pontificado cuantas esperanzas y ansias habían depositado los hombres durante ocho siglos en el papa angélico". El Dr. Troll apunta: "Al Pastor Angelicus le siguen seis papas, en la profecía de Malaquías. Según la concepción medieval, la aparición del papa angélico, introduce el final de los tiempos".
Es notable que el 13 de octubre de 1917, día del Milagro del Sol en Fátima, también en Rusia se inicia la Revolución Comunista, pero también ese mismo día el futuro Pío XII, es consagrado obispo. Pocos saben que aunque la Iglesia celebra el día del martirio de San Pedro y San Pablo el día 29 de junio, la fecha real, histórica de sus martirios, según últimas investigaciones, fue un día 13 de octubre, fecha muy ligada a Pío XII, a Fátima y a la elección papal de Asís. Hay una estrecha relación entre "el Papa Angélico", y Fátima (apariciones que yo he llamado escatológicas). El famoso "secreto" hasta ahora no revelado aunque se diga lo contrario, fue pedido a Mons. Da Silva que lo conservaba y llevado a Roma, durante su pontificado, con la intención de publicarlo en 1960 como había pedido Lucía. Además Pío XII declaró públicamente "ser el Papa de Fátima" a un grupo de peregrinos de Portugal.
Por iniciativa del mismo Papa, el Año Mariano Mundial se clausuró en Fátima el 13 de octubre de 1951, bajo la presidencia del Legado Pontificio, el Cardenal Tedeschini. Pío XII vió el Milagro del Sol de Fátima, en los jardines del Vaticano repetido para él como una gracia de la santa Madre. La prensa mundial, incluso adversa, en varias ocasiones le atribuyó una personalidad carismática, y se sabe que nuestro Señor Jesucristo se le aparece estando enfermo, para devolverle la salud y mantenerlo unos pocos años más en el supremo pontificado.
Mucho se ha discutido su personalidad y actuación, y los enemigos de la Iglesia han querido desprestigiarlo y enlodar su imagen, pero no ha sido posible diluir el recuerdo que dejó en la Iglesia Universal.
Durante su pontificado, canoniza a Santa María Goretti, como si presintiera que habría de venir sobre la juventud del mundo una ola de agua sucia, de corrupción y de rebeldía, poniéndola así de modelo. Canoniza al Papa San Pío X no solamente porque las virtudes heroicas que practicó lo hacían merecedor, sino para apuntalar aún más las doctrinas que sustentó y dar fuerza a las condenaciones que pronunció en contra de la herejía, suma de todas ellas, que introducida años después y oficialmente en la Iglesia, la llevarían a la Apostasía predicha por San Pablo. Durante su pontificado también, define el Dogma de la Asunción de la Santísima Virgen al Cielo en cuerpo y alma.
Si esto es verdad como parece lógico y se deduce por el estado actual de las cosas y por los ocupantes del Trono de San Pedro, que ya no dejan lugar a otra cosa, han de sufrir una gran decepción los que todavía esperan al "papa santo" y ese triunfo que éste le dará a la Iglesia, devolviéndole, dicen, su poder y esplendor, en abierto desprecio de las profecías y de otro esplendor mucho mayor prometido para ella, que es la presencia del Señor. Muchos piensan así, incluso obispos tradicionalistas, como si hubiese sido conveniente que después de la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo se presentara a los sumos sacerdotes para demostrar que El tenía razón. "Ha de venir, tiene que venir un triunfo para la Iglesia", dicen, pero un triunfo de Misas Pontificales, órgano, entradas solemnes, luces, velas y gente elegante asistiendo a las imponentes celebraciones. Arzobispos por las ciudades con capa magna desplegada y departiendo con tragos de cognac en los palacios de los nobles. Mundano y estúpido triunfo que nunca vendrá.
No es extraño que a los hombres se les haya pasado este acontecimiento sin conocerlo. ¡Si los judíos mataron al Mesías porque no lo conocieron!, ¿qué de extraño tiene que otras cosas de menor importancia se les pasen por las narices sin que las vean?, ¿no el mundo actual no ha visto, o no ha querido ver, la Apostasía, la supresión del Sacrificio Perpetuo y al Anticristo?, ¿no han introducido todos de buena gana la abominación desoladora en los templos convertidos así en casas de demonios, y están felices?.
Del "pontificado" (¡) de Juan Pablo II, cuarto de la lista después del "papa angélico", cuyo lema en las mencionadas profecías de San Malaquías es "De labore solis", el Dr. Troll dice: "En la literatura latina existen pasajes en los que "labor solis" significa "eclipse solar". El 18 de mayo de 1920, fecha del nacimiento de Juan Pablo, tuvo lugar un eclipse solar que se pudo ver en Austria, en diversos lugares del Océano Indico y en el sur del continente africano...En la interpretación del aforismo, todo gira en torno a la interpretación de la palabra "sol". La propia profecía viene en nuestra ayuda, ya que utiliza ese mismo término en otra ocasión en el vaticinio sobre el antipapa Alejandro V (1409-1410), al que define como "Flagellun solis"...El sol como fuente de luz, calor y vida simboliza aquí a la Iglesia. No cabe la posibilidad de pensar que "sol", signifique algo distinto cuando aparece de nuevo en la profecía...Se trata de una imágen poco complaciente y bien podría anunciar una época de gran tribulación para la Iglesia... Puesto que un eclipse priva de luz y calor a la Tierra, por lo que resulta nocivo para todo ser viviente, el eclipse solar fue considerado como un signo de desgracia. Las imágenes son, en Virgilio, una señal de desgracia inminente...Son alegorías que se refieren a desgracias... ¿Se anuncia en la profecía de San Malaquías, una catástrofe que tendrá lugar durante los sumos pontificados de Juan Pablo I o dé Juan Pablo II".
La profecía apocalíptica del capítulo 12, a la luz de las consideraciones del Dr. Troll parece que adquiere un dramatismo impactante, pues esa gran señal que aparece en el cielo, dice San Juan, es mucho más esplendorosa por la oscuridad reinante, debido al gran eclipse solar, al eclipse total. Una mujer vestida del sol, lo cual se relaciona con Fátima y con Asís, se levanta para establecer dos polos opuestos e indiscutibles: la luz durante la tenebra que cubre el orbe de la Tierra y coincidencialmente durante el pontificado de "labore solis" y para señalar con lumbre esplendorosa a todos los fieles de la Iglesia remanente, el camino que hay que seguir. Y se levanta también para parir "un hijo varón", cuya gestación comienza en Fátima nueve meses antes, un 13 de octubre de 1993. El camino está indicado, para que lo vea el que tiene ojos para ver.

No hay comentarios: