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viernes, 25 de marzo de 2011

Cuidado de los padres de familia para que todos sus hijos sepan la doctrina cristiana

El sabio Salomón en sus misteriosos proverbios dice (Prov., XIX, 2), que donde falta la ciencia del alma no bay cosa buena. Ubi non est scientia animae, non est bonum. Esta sabiduría espiritual del alma es la doctrina cristiana, la cual Cristo Señor nuestro nos enseñó, para que las almas consigan la vida eterna, y se perfeccionen en esta vida mortal.
Muchas almas se pierden por la ignorancia crasa que tienen de la doctrina cristiana, como lo dice el apóstol de Valencia san Vicente Ferrer; y la mayor lástima es, que no solo se pierden las almas que ignoran lo que deben saber de la doctrina cristiana, sino que también peligran y se condenan los que deben enseñar la doctrina de Cristo, y no cumplen con esta grave obligación, como lo advierte el mismo Santo.
Lo mismo dice el apóstol seráfico de Italia san Bernardino de Sena, el cual hace particular discurso sobre los males imponderables que se originan de la culpable ignorancia de la doctrina cristiana, y con severísimas sentencias afirma, que la tal ignorancia precipita y pierde a innumerables almas.
En la maravillosa vida del venerable Taulero se escribe, que deseando el siervo de Dios ir a predicar a los infieles, y orando en presencia de Dios nuestro Señor sobre este gravísimo asunto, le respondió su divina Majestad que predicase las verdades católicas entre los cristianos, porque en muchos de ellos hay torpísima ignorancia de la doctrina cristiana que deben saber, por lo cual se pierden muchas almas.
Al insigne arzobispo de Valencia santo Tomas de Villanueva le dijo también el Señor, que se pasmase de ver cuántos millares de hombres viven olvidados de su salvación eterna, y tan descuidados de saber el camino llano del cielo, como si no fuesen criados para un tan noble y excelente fin, como es el conocerle y amarle en esta vida, y gozarle después en su gloria por toda la eternidad.
Causa grandísimo horror el leer las sentencias y doctrinas de algunos santos padres en este punto, de los muchos que se condenan. San Vicente Ferrer dice un número asombroso, como se puede leer en su apostólico sermón de Quadruplici morte. Santa Brígida en sus divinas revelaciones dice aquella expresión espantosa; que bajan las almas al infierno como los copos de la nieve. Refieren algunos casos horrorosos de los muchos que se condenan el venerable padre Felipe Dios en su sermón de las Nieves, el docto Esperanza en su Escritura selecta, el ilustrísimo Cornejo en la segunda parte de su Crónica, el doctísima expositor Alápide, el cual en la exposición de un santo profeta, dice: Máxima pars hominum diabolo servit; exigua vero remanet Christo.
En la divina historia de la Mística Ciudad de Dios se dice, que en la primitiva Iglesia eran muchos los que se salvaban, y ahora son muchos los que se condenan; porque los hijos de la fe siguen las tinieblas, aman la vanidad , y llegan a cegarse con sus vicios de tal manera, que no conocen la verdadera luz, ni saben hacer distinción entre lo bueno y lo malo.
El profeta Isaías, hablando de esta fatal perdición de los hombres, dice, que anda el Señor para coger el fruto de su viña, como el que pasada la vendimia busca algún racimo que se ha quedado, ó alguna oliva que no haya sacudido, ó llevado el demonio. Esto dice el profeta santo por los muchos que se condenan, y pocos que se salvan; y verdaderamente causa horror el considerar esta formidable sentencia.
Esta horrorosa perdición del mundo la atribuye el dulcísimo san Bernardo al descuido reprensible que tienen los que deben educar la juventud, y enseñan la doctrina cristiana a sus feligreses y subditos, porque la mucha ignorancia en los principales dogmas, principios de la fe católica, y la falta notable de la profunda consideración de la vida eterna, son la causa de tan lamentable daño.
Tienen estrecha obligación en conciencia de enseñar la doctrina cristiana los padres a sus hijos, los padres de familia a sus criados y criadas , los maestros a los discípulos que van a su escuela, los curas y vicarios a todos sus feligreses, y en esto convienen y están concordes todos los teólogos moralistas.
De la grande obligación de los curas y párrocos habla el santo concilio Tridentino en dos sesiones distintas; en las cuales expresamente dice, que los curas de almas han de dar estrecha cuenta a Dios nuestro Señor de ellas, y deben enseñarles con diligencia la doctrina cristiana en los dias dominicales y fiestas solemnes (Ses., y, c. 2, de Ref.; et Ses. XXIV, c. 4).
El gran padre de la Iglesia, san Juan Crisóstomo comprendió tan altamente la estrecha obligación de los prelados y curas de almas, que llegó a escribir aquella espantosa sentencia, que dice: Miror si potest salvari aliquis rectorum.
La obligación grande que tienen los maestros de niños, y maestros de la juventud para enseñarles la doctrina cristiana, está muy contestada de los doctores, y la razón lo dicta, porque los padres descargaran su obligación en los maestros, y por eso les pagan para que enseñen a sus hijos. El doctor Eusebio Cesariense escribe en su Historia eclesiástica, que en Alejandría, donde fue obispo el evangelista san Marcos, se abrieron escuelas públicas, dedicadas solamente para enseñar la doctrina cristiana; de que se seguía grande utilidad en los pueblos, y mucho descanso espiritual a los padres de familia.
La estrecha obligación de los padres para enseñar a sus hijos, consta de las divinas Escrituras (Deut., XI, 19; Prov:., I, 4 et 8); y la que tienen para con sus criados y criadas, lo dicta asimismo la razón, porque mientras viven en sus casas no tienen otros padres que los puedan educar y enseñar.
El apóstol san Pablo dice, que los padres de familia descuidados en enseñar a sus domésticos, son peores que los infieles; porque estos tienen mas cuidado de enseñar su mala ley a sus domésticos, que ellos de enseñar la buena ley a los suyos (I Tim , v, 8).
Sin mucha molestia pueden y deben los padres de familia cumplir con esta principal obligación de enseñar la doctrina cristiana a todos los de su casa; porque en los ratos ociosos, despues de las comidas y cenas, si tienen celo santo de Dios y del bien espiritual de su familia, pueden introducir la conversación provechosa de la doctrina cristiana; y en cabeza de un hijo enseñarla a todos los de su familia. El tiempo oportuno es el óptimo, dice el sabio Salomón (Prov., XV, 23).
El principal fundamento de toda la virtud es el saber y entender bien la doctrina cristiana. Nadie tiene autoridad de poner otro fundamento distinto, como nos lo advierte el apóstol san Pablo (I Cor., III, 11).
Por este motivo los santos padres hicieron tan alto concepto de esta santísima doctrina y sabiduría del cielo; y muchos de ellos se aplicaron a enseñarla públicamente; entre los cuales fue san Juan Crisóstomo, que del oficio de enseñar la doctrina cristiana fue elevado a ser patriarca de Constantinopla.
La seráfica madre, santa Teresa de Jesús leía todos los dias indispensablemente un capítulo de la doctrina cristiana, y para su verdadero espíritu el librito de la doctrina fue el mas estimado de su corazón, como lo dice la misma santa en el precioso libro de su vida.
Nuestra venerable madre, sor María de Jesús de Agreda tenia esta especial devoción de decir todos los dias infaliblemente todo el sagrado texto de la doctrina cristiana, y leía tres hojitas de su declaración, como lo escribe en la breve relación de su vida el ilustrísimo señor obispo Samaniego.
Y para que los padres de familia puedan con mas facilidad cumplir con esta grande obligación de enseñar a todos los de su casa la doctrina cristiana, les pondremos en el capitulo siguiente una explicación breve de toda ella; advirtiéndoles, que haciéndola leer ganarán también las muchas indulgencias concedidas por los sumos pontífices.
R.P. Fray Antonio Arbiol
LA FAMILIA REGULADA

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