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sábado, 28 de mayo de 2011

JESÚS EUCARISTÍA:


¿Comprendes el espanto
que enloquece mis ojos? ¿Y la ira
¡tan grande como santa!
que mi pecho respira,
y ha secado mi llanto,
y hace ronca la voz de mi garganta?. . .
¿Verdad, Señor,
que no hay dolor que iguale a mi dolor?. . .
¡Los que le dan la muerte con sus manos,
y los que lo permiten, ¡Jesús mío!
¡¡todos son mis hermanos!!
¡porque es mi madre la que así agoniza,
la que tiembla de frío. . .!
¡Esas manos clavadas. . . me curaron;
de esos labios exangües la sonrisa
fue el arco iris de todas mis tormentas;
su rostro tuvo claridad de aurora,
de mis insomnios en las horas lentas:
¡Las espinas, Señor, rasgan ahora
las huellas que marqué yo en esa frente
con mis primeros besos de ¡nocente. . .!
¡Es mi sangre esa sangre que gotea!. . .
¡Es mi vida es vida que se muere!. . .
¡Es mi aliento ese aliento que aletea
en los labios maternos,
para volar a la celeste altura.. .!
o o o
Si esos brazos me faltan, siempre tiernos,
¿Dónde voy a morir. . .?
Cuando ella no me cure, ¿Quién me cura?..
Cuando ella no me quiera, ¿Quién me quiere?.
¡Yo no quiero vivir,
si no vive mi madre! ¡no lo quiero!
¡Antes de que ella expire...! ¡yo me muero!
o o o
JESÚS EUCARISTÍA:
¡Ten compasión, Señor, de mi agonía!
¿Verdad, Señor,
que no hay dolor que iguale a mi dolor?
o o o
La Viuda de Naím, la Cananea,
Jairo, Martha, los ciegos, los leprosos;
Aquel grito en el mar de Galilea
cuando la débil barca voltejea
próxima a hundirse. . . dime, te pidieron
como roncos te piden mis sollozos!.. .
¡y piedad obtuvieron. . .!
o o o
Señor, es necesario
que el mexicano que maldice y odia
de hinojos caiga al pie de tu Sagrario
y te adore, temblando, en tu Custodia.
Y que amor y piedad beba sediento
en tu raudal. DIVINO SACRAMENTO.. .
o o o
Señor, es necesario
que el mex¡cano que cobarde llora
al mirar a su madre en el Calvario,
y tu piedad implora,
y con tu Cuerpo y Sangre se alimenta;
es preciso que sienta
que es sangre de león esa que bebe...
que es sangre del patriota
que no dejó en el pecho una gota
por salvar a su pueblo... que te lleve
dentro de su alma varonil y fuerte
en los santos furores encendida,
no para mendigar un día de vida...
sino para buscar un día de muerte!...
JESÚS EUCARISTÍA:
¡Salva!, ¡lo puedes! ¡a la Patria mía...!

Mons. Vicente M. Camacho
Nov. de 1923

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