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lunes, 16 de mayo de 2011

LA ÚLTIMA CRUZADA (I)

Por Mons. José F. Urbina Aznar
"Hoy día vemos, una gran multitud de hombres que han abandonado la fe cristiana y pagan el justo castigo de su soberbia. Cebados por sus pasiones, buscan inútilmente la verdad. Confunden el error con la verdad, y se juzgan sabios cuando llaman bien al mal y mal al bien, y cuando sustituyen la luz por las tinieblas y las tinieblas por la luz (Is. V, 20). Es, pues, necesaria la intervención de Dios en esta crisis... Lo más importante es el fomento y conservación de la caridad, fundamento principal de la vida cristiana, y sin la cual las demás virtudes o no existen o quedan débiles". Así escribía el Papa León XIII en su Encíclica SAPIENTIAE CHRISTIANAE, palabras que pueden aplicarse amplia y sobradamente a nuestro tiempo caótico por la extensión de la Apostasía en toda la Iglesia y por la usurpación de sus puestos de mando por individuos anticristianos, situación que indudablemente hace culpables a todos aquellos católicos que conociendo la situación permanecen en la indolencia, en la insensibilidad más inexplicable o en la miopía más severa que todos los siglos de historia eclesiástica ha visto.
A propósito de esto, el Papa Pío XII en el radiomensaje ECCE EGO que dirigió al mundo en 1954, dijo: "¡Cuántos, tal vez también sacerdotes y católicos seglares, deberían de sentir el remordimiento de haber, por el contrario, enterrado en su propio corazón este y otros bienes espirituales a causa de su indolencia o de su insensibilidad ante las miserias humanas!. En particular se harían culpables si tolerasen que el pueblo quede sin pastores, mientras el enemigo de Dios, valiéndose de su potente organización, hace estragos en las almas carentes de una formación sólidamente suficiente en la verdad. De la misma manera serían responsables estos sacerdotes y seglares si el pueblo no recibiese y no experimentase el amor cristiano y la activa ayuda que la voluntad divina prescribe... Donde esto sucediese, recaería también sobre ellos la responsabilidad de que grupos de jóvenes y aún de pastores de almas se dejen arrastrar en algún caso a radicalismos y progresismos erróneos".
Es indudable que es "necesaria la intervención de Dios en esta crisis" desencadenada desde el Concilio Vaticano II y apoyada fuertemente por los cuatro antipapas usurpadores, pero la Iglesia desde siempre ha condenado la inacción y la esperanza de que Dios solucione las crisis en la Iglesia, sin la intervención del hombre. El hombre se ha de hacer digno de la ayuda divina con su esfuerzo y con su sacrificio, poniendo toda la confianza en Dios, que es Quien en realidad salva a Su Iglesia.
Pero al mismo tiempo, también se ha enseñado con claridad y se ha repetido hasta el cansancio, que hay condiciones ineludibles para que el milagro de la intenvención de Dios se pueda obtener, no estando estas condiciones reguladas por el capricho o por la opinión de nadie, ni por las situaciones que puedan darse en el transcurso de los siglos, porque la Palabra de Dios no cambia.
Los papas, como reflejos de las palabras de las Sagradas Escrituras se han referido a la UNIDAD de los cristianos.

ES ESENCIAL LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS.
En su Encíclica CUM MULTA, el Papa León XIII, escribía: "... es evidente, la gran importancia que tiene mantener incólume la unión de los espíritus, sobre todo porque en medio de la desenfrenada libertad de pensamiento y de la fiera e insidiosa guerra que por todas partes se hace contra la Iglesia es absolutamente necesario que todos los cristianos resistan, concentrando sus fuerzas, CON PERFECTA ARMONÍA DE VOLUNTADES, para que la división interna no sea CAUSA DE SU DERROTA ante los astutos ataques de los enemigos".
Me parece que las palabras del Papa León XIII, no solamente son de inspiración estrictamente Evangélica, sino esencialmente lógicas, porque, ¿quién no sabe que cualquier empresa, que cualquier batalla solamente se gana cuando hay unidad de espíritus y de intenciones, y que esto multiplica la potencia para que el triunfo pueda ser obtenido?
En su Encíclica SAPIENTIAE CHRISTIANAE dice también: "... si se ve en alguna parte que el cristianismo se "haya en peligro por las maquinaciones de los adversarios, deben cesar al punto todas las diferencias y, CON UNANIMIDAD DE PARECERES Y VOLUNTADES, hay que combatir en defensa de la religión, que es el bien común por excelencia, al cual todos los demás deben subordinarse". Está sumamente lejos de recomendar solamente oraciones a Dios para que El intervenga. La acción del hombre es necesaria, la unidad, la renuncia a la propia opinión, la lucha.
Así también decía San Pío X en su Encíclica VEHEMENTER NOS: "Nos, queremos que vuestra mayor preocupación consista -es cosa de capital importancia- en que en todos los proyectos que tracéis para la defensa de la Iglesia, os esforcéis por REALIZAR LA UNION MAS PERFECTA DE CORAZONES Y VOLUNTADES... Bien comprenderéis que tenéis el deber de consagraros a la defensa de vuestra fe con todas las energías de vuestra alma; pero tened muy presente esta advertencia: TODOS LOS ESFUERZOS Y TODOS LOS TRABAJOS RESULTARAN INÚTILES SI PRETENDÉIS RECHAZAR LOS ASALTOS DEL ENEMIGO, MANTENIENDO DESUNIDAS VUESTRAS FILAS. Rechazad por lo tanto, todos los gérmenes de desunión, si existen entre vosotros y procurad que LA UNIDAD DE PENSAMIENTO Y LA UNIDAD EN LA ACCIÓN sean tan grandes como se requiere en hombres que pelean por una misma causa, máxime cuando esta causa es de aquellas cuyo triunfo exige de todos el generoso sacrificio, si es necesario, de cualquier parecer personal. Es totalmente necesario que deis grandes ejemplos de abnegada virtud, si queréis, en la medida de vuestras posibilidades, como es vuestra obligación, librar la religión de vuestros mayores, de los peligros en que actualmente se encuentra".
Lo mismo decía el Papa León XIII en la carta NOTRE CONSOLATION que dirigió a los cardenales de Francia: "Ahora bien, Nos comprobábamos cada día mejor que, en la conquista de este resultado (el triunfo de la Fe), la acción de los hombres de bien, estaba necesariamente paralizada POR LA DIVISIÓN DE SUS FUERZAS. Por eso Nos hemos dicho y lo repetimos de nuevo A TODOS: NADA DE PARTIDOS ENTRE VOSOTROS; por el contrario, UNION COMPLETA para defender unánimemente lo que es superior a toda ventaja terrena: la religión y la causa de Jesucristo. En este punto como en todo, buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura" .

PERO HAY QUE DESECHAR LA PRUDENCIA DE LA CARNE
Y LAS OPINIONES PARTICULARES.

En su Encíclica SAPIENTIAE CHRISTIANAE, el Papa León XIII, nos enseña lo siguiente: "El apóstol San Pablo califica la prudencia de los hombres como sabiduría de la carne y muerte del alma (Rom. 8, 6-7), porque cae NECESARIAMENTE fuera de la ley de Dios. En realidad no hay medio más inepto para disminuir los males. El propósito de los enemigos, como muchos de ellos confiesan públicamente, y aún se glorían de ello, es destruir a todo trance, hasta los cimientos si es posible, la religión católica, única religión verdadera. Este es su intento. No hay audacia a la que no se atrevan. Saben muy bien que cuanto mayor sea el miedo de los buenos, tanto más expedito encontrarán el camino para la realización de sus perversos designios. Por consiguiente, los que se sienten a gusto con la prudencia de la carne, los que fingen ignorar la obligación de todo cristiano de ser buen soldado de Cristo, los que pretenden llegar a los premios debidos al vencedor por caminos fáciles y exentos de peligros, están muy lejos de cortar el paso a las calamidades actuales. Al contrario, les dejan expedito el camino".
También dice en la misma Encíclica: "... la Iglesia no sólo es sociedad perfecta y superior a toda otra sociedad, sino que además tiene, impuesta por su Fundador, la obligación de trabajar por la salvación del género humano como un ejército formado en pie de batalla. Esta constitución orgánica de la sociedad cristiana es totalmente inmutable. Ni está permitido a sus miembros vivir a su antojo, O ESCOGER LA TÁCTICA DE COMBATE QUE MAS LES AGRADE. El que no recoge con la Iglesia y con Jesucristo, desparrama, y en realidad PELEAN CONTRA DIOS, todos los que no pelean con El y con Su Iglesia. El que no está conmigo está contra mí, y el que conmigo no recoge, desparrama (Luc. 11, 23)".
Y en su Encíclica AU MILIEU DES SOLLICITUDES enseña: "Para llegar a este resultado (el triunfo de la Iglesia sobre sus enemigos) lo advertimos antes, es necesaria UNA ESTRECHA UNION, y, si queremos conseguir esta unión, es indispensable sacrificar todo apego de OPINIONES PROPIAS, que pueda debilitar la fuerza eficaz de la acción común".
También el Papa Benedicto XV en su Encíclica AD BEATISSIMI nos enseña lo siguiente: "...ante todo, como quiera que en toda sociedad de hombres, sea cualquiera el motivo por el que se han asociado, lo primero que se requiere para el éxito de la acción común, ES LA UNION Y CONCORDIA DE LOS ÁNIMOS, Nos procuraremos resueltamente que cesen las disensiones y discordias que hay entre los católicos y que no nazcan otras en lo sucesivo, de tal manera que entre los católicos, no haya más que un solo sentir y un solo obrar. Saben bien los enemigos de Dios y de la Iglesia que cualquier disensión de los nuestros en la lucha, es para ellos una victoria; por lo que, cuando ven a los católicos más unidos, entonces emplean la antigua táctica de sembrar astutamente la semilla de la discordia, esforzándose por deshacer la unión. ¡Ojalá que semejante táctica no les hubiese proporcionado tan frecuentemente el éxito apetecido, con tanto daño de la religión!. Así, pues, cuando la potestad legítima mandare algo, a nadie sea lícito quebrantar el precepto por la sola razón DE QUE NO LO APRUEBA, sino que todos sometan su parecer a la autoridad de aquel al cual están sujetos y le obedezcan por deber de conciencia. Igualmente, NINGUNA PERSONA PRIVADA SE TENGA POR MAESTRO DE LA IGLESIA... Saben todos a quién ha confiado Dios el magisterio de la Iglesia; a sólo éste, pues, se deje el derecho de hablar como le parezca y cuando quiera".

PUES HAY QUE SER OBEDIENTES A LOS MANDATOS DE LA IGLESIA.
Así enseña el Papa León XIII en su Encíclica SAPIENTIAE CHRISTIANAE: "Para realizar esta UNION DE LOS ÁNIMOS Y ESTA UNIFORMIDAD EN LA ACCIÓN, temida con toda razón por los enemigos del catolicismo, la primera condición necesaria es LA UNIDAD DE LOS PARECERES. A esta unidad exhorta el apóstol San Pablo a los corintios con todo encarecimiento y con palabras muy serias: Os ruego encarecidamente, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos tengáis el mismo lenguaje y no haya entre vosotros cismas; antes bien, viváis PERFECTAMENTE UNIDOS EN EL MISMO PENSAR Y EN EL MISMO SENTIR (I Cor. I, 10). Fácilmente comprensible es la sabiduría de este precepto: EL ENTENDIMIENTO, ES EL PRINCIPIO DE LA ACCIÓN. Por consiguiente, LA UNION DE VOLUNTADES Y LA UNIDAD DE LA ACCIÓN SON IMPOSIBLES SI EXISTE DIVERSIDAD DE OPINIONES EN EL ENTENDIMIENTO. Es muy difícil, si no IMPOSIBLE, que puedan tener unidad de doctrina, los que siguen la razón como única guía. El arte de conocer la realidad verdadera, es muy difícil. Nuestro entendimiento es débil por naturaleza, sufre la atracción contradictoria de las diversas opiniones y se ve engañado a menudo por las apariencias externas de las cosas. A estas dificultades, hay que añadir el desorden de las concupiscencias, que con excesiva frecuencia quita, o por lo menos disminuye la facultad visiva de la verdad. Este es el motivo de que en un gobierno político se procure unir por la fuerza a los ciudadanos que andan divididos. Totalmente contrario es el proceder de los cristianos. El Cristianismo recibe de la Iglesia la regla de la Fe. Sabe con certeza que, obedeciendo a la Iglesia, y dejándose guiar por ésta, alcanzará la poseción de la verdad. Así como no hay más que una Iglesia, porque no hay más que un solo Jesucristo, así es y debe de ser una la doctrina de todos los cristianos del mundo. Un solo Señor, una sola Fe (II Cor. IV, 13), poseen el principio eficaz del que brota espontáneamente en todos la unión de voluntades y la unidad de la acción".

Y A SU MAGISTERIO VIVO QUE SON LOS OBISPOS Y EL PAPA.
Por esto enseñaba el Papa León XIII en su Encíclica INMORTALE DEI, que "En el orden de las ideas, es necesaria una firme adhesión a todas las enseñanzas presentes y futuras de los Romanos Pontífiees... es menester que todos se atengan al juicio de la Sede Apostólica y se identifiquen con el sentir de ésta".
Así también, San Pío X en su Encíclica VEHEMENTER NOS, enseña: "...para iniciar dignamente y mantener útil y acertadamente la defensa de la religión, os son necesarias principalmente dos condiciones: primera, que ajustéis vuestra vida a los preceptos de la ley cristiana con tanta fidelidad, que vuestra conducta y vuestra moralidad sean una patente manifestación de la fe católica; segunda, que permanezcáis ESTRECHAMENTE UNIDOS con aquellos a quienes pertenece por derecho propio velar por los intereses religiosos, es decir, con vuestros sacerdotes, con vuestros obispos y, principalmente con esta Sede Apostólica, que es el centro sobre el que se apoya la Fe católica y la actividad adecuada a esta Fe. Armados de este modo para la lucha, salid sin miedo a la defensa de la Iglesia..."
También decía el Papa León XIII en su INMORTALE DEI: "... hay que observar ante todo, la concordia de las voluntades y tener la unidad en la acción y en los propósitos. Se obtendrá sin dificultad este resultado, si cada uno toma para sí, como norma de conducta las prescripciones de la Sede Apostólica... La defensa de la religión católica exige necesariamente LA UNIDAD DE PENSAMIENTO y la firme perseverancia de todos en la profesión pública de las doctrinas enseñadas por la Iglesia... Para que la unión de los espíritus no quede destruida con temerarias acusaciones, entiendan todos que la integridad de la verdad católica no puede de manera alguna compaginarse con las opiniones de naturalismo o racionalismo, cuyo fin último es arrasar hasta los cimientos la religión cristiana y establecer en la sociedad la autoridad del hombre independizada de Dios".
Y en su Encíclica SAPIENTIAE CHRISTIANAE enseña: "...además de una gran conformidad en los criterios y en la acción, es necesario ajustarse en el modo de proceder a lo que enseña la prudencia política de las autoridades eclesiásticas. Ahora bien, el gobierno de los intereses religiosos del Cristianismo, después del papa y bajo su dirección, pertenece a los obispos. Estos, si bien no se hayan en la cima más alta de la potestad pontificia, son, sin embargo, verdaderos príncipes de la jerarquía eclesiástica todos deben ajustar su conducta práctica a esta constitución de la Iglesia, que ningún poder humano puede alterar. Por lo cual, así como es necesaria la unión de los obispos, en el desempeño de su episcopado, con la Santa Sede, así es necesario también que tanto los clérigos como los seglares vivan y obren en completa armonía con sus obispos".
Por ese motivo, el Papa Pío XII en su radiomensaje BENIGNITAS ET HUMANITAS, advertía: "Si los hombres, valiéndose de su libertad personal, negaran toda dependencia a una autoridad superior, dotada con el derecho de coacción, socavarían con esa desobediencia el fundamento de su propia dignidad y libertad, es decir, aquel orden absoluto de los seres y de los fines".

LA IGLESIA, SOCIEDAD VISIBLE QUE NECESITA UNA CABEZA
Para conformarse con la naturaleza humana, pues el hombre es un ser esencialmente sociable, nuestro Señor Jesucristo fundó Su Iglesia como una sociedad religiosa. Si Jesucristo, no hubiese fundado Su Religión como una sociedad, ella no hubiese estado de acuerdo con las tendencias de la humana naturaleza. El hombre vive en sociedad: familia, trabajo, nación, etc. El hombre se reúne para darle culto a sus dioses, desde la más remota antigüedad, mediante el culto publico y social. Y en esta forma, Jesucristo aseguró que hasta el fin del mundo, un cuerpo, Su Cuerpo místico, llevaría a todos los hombres la salvación que El obtuvo por Su Sangre redentora.
Pero una sociedad, debe estar organizada y debe tener una cabeza. Nos parecería inconcebible que los gobiernos del mundo no tuvieran a la cabeza un rey, un presidente, etc., para que gobierne al pueblo. La desaparición de los gobernantes abisma a los pueblos en el caos y en las revueltas más espantosas.
Igualmente la Iglesia, fundada por Jesucristo, tiene gobernantes, es decir, los pastores o Iglesia docente; y tiene gobernados, es decir, los fieles o Iglesia discente. Los pastores también tienen jerarquías diferentes que los subordina los unos a los otros, para obedecer todos al papa que es representante de Cristo.
Por eso el Padre Hillaire en LA RELIGIÓN DEMOSTRADA dice: "No hay sociedad posible sin autoridad que la gobierne; una sociedad en la cual nadie tuviera el derecho de mandar, no sería una organización social, sino un desorden y anarquía".
Por esto, el Papa León XIII en su Encíclica INMORTALE DEI dice: "Ahora bien, ninguna sociedad puede conservarse sin un jefe supremo que mueva a todos y a cada uno con un mismo impulso eficaz, encaminado al bien común. Por consiguiente, ES NECESARIA EN TODA SOCIEDAD HUMANA, UNA AUTORIDAD QUE LA DIRIJA".
También dice en su Encíclica DIUTURNUM ILLUD: "...no puede ni existir ni concebirse una sociedad en la que no haya alguien que la rija y una las voluntades de cada individuo, para que de muchos se haga una unidad y las impulse dentro de un recto orden hacia el bien común".
Y en su Encíclica HUMANUM GENUS apunta: "...EL PODER DE LA AUTORIDAD ES UN VINCULO TAN NECESARIO A LA SOCIEDAD, QUE SIN AQUEL, ESTA SE DISUELVE NECESARIAMENTE...".
Ante una doctrina tan luminosa, tan repetida, tan conocida, y ante el peligro que representa ignorarla, tenemos que hacer una pregunta obligada: ¿por qué motivo, la Iglesia remanente, la Iglesia de las catacumbas hodiernas, la del pueblo fiel que condenó la Apostasía del Vaticano II y conservó los verdaderos Sacramentos y la verdadera Misa que nos viene de los Apóstoles, se ha negado sistemáticamente a la elección del papa, cabeza de la Iglesia y se ha mantenido insensible a la desgracia exterior y a la pérdida de tantas almas, poniendo además en peligro de extinción lo poco que ha quedado de la Iglesia de Cristo?, ¿es acaso porque la Apostasía lo invade todo, incluso las filas tradicionalistas, y por esto, lo que estamos viendo asombrados es el final de todo?.

¿ES LA IGLESIA TRADICIONALISTA LA VERDADERA IGLESIA DE CRISTO?.
La unidad de la Iglesia, debe ser considerada desde un triple punto de vista:
1. FILOSÓFICAMENTE, porque la Iglesia es una sociedad y exige por esto, una unidad externa, que la distingue de otras sociedades humanas, y una unidad interna, mediante la cual todos sus miembros constituyen un organismo en el que cada miembro ocupa el puesto y hace las funciones que le corresponden en absoluta armonía con los demás miembros. Es, pues, un cuerpo, al que es absolutamente indispensable la cabeza, porque un cuerpo decapitado, es un cuerpo muerto.
2. TEOLÓGICAMENTE, que podemos dividir en tres partes: a) UNIDAD DE FE, porque uno es el dogma que se predica y se cree, una la moral que se practica, y unos solos los preceptos evangélicos por los cuales se ha de llegar a la perfección, b) UNIDAD DE GOBIERNO, porque una sola es la cabeza y no muchas, que gobierna, esto es, el papa, uno solo es el episcopado, cuyos miembros deben estar unidos entre sí, al mismo tiempo que se unen con la cabeza, y uno solo también es el sacerdocio, c) UNIDAD DE CULTO, porque uno es el sacrificio de la Misa, unos solos son también los Sacramentos, una sola la forma de decir la Misa y administrar los Sacramentos, y una sola la oración, porque de esta manera se norma la forma de creer.
3. ANTITÉTICAMENTE, porque a la vista de las anteriores características esenciales, se afirma una unidad de Fe contra las herejías exteriores, y se proclama una unidad de gobierno contra los cismas, que rompen esa unidad.
La Iglesia de las catacumbas de hoy, está traicionando gravemente su misión, porque, no tiene la unidad externa que la distinga de las demás sociedades humanas, incluida la Iglesia Apóstata que sigue a los antipapas del Vaticano. No tiene la unidad interna, porque sus miembros no están obrando en absoluta armonía con los demás, y a veces se han dejado incluso manejar por grupos de poder y espíritus sectarios que quieren manipular a la Iglesia para sus fines políticos e incluso destructivos y así usarla como un arma contra todos aquellos que no piensan como se les antoja. He sido testigo de lamentables sucesos a este respecto. No tiene tampoco la cabeza que gobierne, y que dirija a todos al fin que se pretende, es decir, al triunfo sobre los enemigos de Cristo. No tiene la unidad de la Fe, pues el prolongado tiempo que por la soberbia o por los intereses particulares ha dilatado la elección de una cabeza, provoca actualmente la aparición de graves herejías y desviaciones que amenazan con destruir lo poco que queda. No es tampoco uno solo el episcopado, porque hay división y pleitos muy graves entre ellos mismos. Sin embargo, conservan una forma solamente de decir la Misa, una de administrar los Sacramentos y una sola de oración, lo cual, en una cantidad inexplicable, consideran suficiente para ser Iglesia, para permanecer dentro de la Iglesia. Y este es un gravísimo error.
Ellos, no son en realidad Iglesia, sino un conjunto desorientado, dividido y perturbado, mientras no se levanten para cumplir su más grave y elemental obligación.
No pueden, por fin, antitéticamente, demostrar la unidad de Fe y de gobierno, para aparecer como la verdadera Iglesia de Jesucristo. Y esto solamente por el capricho humano. Por la voluntad del hombre que ha cerrado sus ojos y sus oídos a la Doctrina de la Iglesia a la que dicen pertenecer.
¿No son un escándalo para aquellos que se acercan buscando la verdad? ¿no son un escándalo también en muchas ocasiones para los mismos propios? ¿qué garantía de ortodoxia pueden dar, los que no están gobernados por el papa, garantía absoluta de infalibilidad, y que se constituyen a sí mismos doctores de la Iglesia, directores de los derroteros que ésta deba seguir, conservadores de la Fe y de la ortodoxia?, y a la verdad si esto dicen, si esto creen, si piensan que, por una estrategia inexplicable y anticatólica, por lo pronto no se necesita al papa, que puede esperar, que ya se verá después, que se darán las condiciones o que Dios ayudará a Su Iglesia, ellos ya no ven la necesidad del gobierno del Sumo Pontífice, ellos ya no lo necesitan en esta espantosa crisis en la que supuestamente es más necesaria su palabra y la de Jesucristo que por él habla, y por lo tanto, son heréticos. Y se habrán desligado de las LLAVES de Pedro. Con mucha razón dice el CATECISMO ROMANO de la B. A. C. 1956, Pág. 207, que "HERÉTICO EN REALIDAD NO ES QUIEN SIMPLEMENTE YERRA EN MATERIA DE FE, SINO QUIEN, DESPRECIANDO LA AUTORIDAD DE LA IGLESIA, SOSTIENE CON PERTINACIA SUS IMPÍAS OPINIONES". ¿Cómo queda su jurisdicción en esta forma y la validez de sus funciones para todos aquellos actos, como el de la Confesión, habiendo rechazado elegir a la cabeza que es el papa, del cual reciben esta jurisdicción?. Jesucristo quiso que a la Iglesia la gobernase un papa. Este es un gravísimo precepto que no admite contingencia humana ninguna por grave que sea, que no admite interrupción de tiempo. ¿No se están levantando abiertamente contra Jesucristo, al oponer con soberbia sus motivos políticos, lógicos, prudenciales (que son los de la carne según San Pablo), al pretender dirigirse a sí mismos en un momento que por la extrema gravedad, necesita de la dirección infalible del papa, y de la voz de Jesucristo que habla por su boca?, ¿es acaso que ya están rechazando la dirección de Cristo, el MAGISTERIO VIVO que sucede por los caminos que El mismo estableció, y no por donde a cualquiera se le ocurra?.
Ellos están construyendo sus iglesias, sus grupos, sus seminarios, sus publicaciones, y toda clase de cosas sin ver para nada el horrendo exterior, y a la verdad que fríos muchos de ellos a estos acontecimientos externos, se han llegado a considerar los únicos salvadores de la Iglesia, y construyen un edificio orgulloso desechando la piedra fundamental, que pondrán en el momento que sea conveniente. ¡Que inmensa es la soberbia humana en nuestro día, y que grande es el castigo que ha de llegar pronto para curar esta horrible llaga en pequeños y poderosos!.
Demasiado conocida es la doctrina del Cuerpo Místico de Cristo que San Pablo explica magistralmente en sus epístolas a los corintios, segunda carta Cap. 12, y a los romanos Cap. 12. Demasiado conocida es la doctrina que enseña que los órganos enfermos afectan a todo el cuerpo, al grado que a veces hay que amputarlos. Mantener este Cuerpo sin cabeza, negarse sistemáticamente a dársela es hacerse responsable del daño que pueda suceder hasta en el último confín del mundo. Es hacerse responsable de la podrición que va invadiendo, como es natural, a un cadáver decapitado, aunque a mi derredor inmediato yo vea las cosas aparentemente bien. Conservarse aislado en la parcela que se construye, o dejarse manejar por los que nada saben, o por los que tienen otros intereses, es decir, LOS INVASORES, no libra de la gravísima responsabilidad que ante Dios se tiene. ¡Sería saludable para todos, pero sobre todo para aquellos QUE VAN SIENDO RESPONSABLES debido a las circunstancias, meditar esto con detenimiento y temor!.
Y sería bueno para los pocos, aunque fueran muy pocos, que quieran asumir su responsabilidad ante Dios y Su Cristo, el cual para triunfar no necesita del poder humano, ni del dinero, ni del número, ni de las relaciones, ni de las lógicas o prudencias de la carne, antes bien, todo eso para El es basura, se reunieran incluso contra la voluntad de los demás, y le dieran a la Iglesia un papa. Solamente hasta entonces, comenzará la lucha. Porque las gracias que bajan a las almas por los Sacramentos y otros dones, no significa en lo absoluto que se esté luchando o que Dios esté asistiendo y guiando al triunfo de la Iglesia. Solamente en ese momento, podrá darse el primer paso hacia la recuperación de las estructuras de la Iglesia y sus puestos usurpados.

LA IGLESIA DE LAS CATACUMBAS, POSTRADA,
SIN RECURSOS Y UTILIZADA PARA ILÍCITOS FINES.

Es muy antiguo el deseo ambicioso y desviado de controlar a la Iglesia incluso por un celo exagerado o mal entendido. Hoy se presenta la oportunidad perfecta para muchos, cuando ésta, dividida, sin fuerza, aislada, desorientada, es presa fácil de intereses totalmente ajenos que más bien la destruyen aún más, que la construyen y ayudan para recuperar su prestigio, su fuerza y a los millones de almas que se han ido con los herejes que las han engañado o seducido. Vienen al caso los textos siguientes: en LA LEY DE CRISTO de Bernhard Haring, Herder, T. II, Pág. 204-205, leemos: "...contraviene las leyes esenciales de la misión propia de la Iglesia, quien busca hacer de ella un poder temporal, o la lanza a los ajetreos de la política... PISOTEA VILLANAMENTE LO MAS SANTO, el Estado (o cualquier otro que así pretenda hacerlo), que busca como apoderarse del gobierno de la Iglesia, o esclavizarla o dominarla políticamente para cercenar sus derechos y uncirla al servicio de su propia política".
También el Papa León XIII en su Encíclica SAPIENTIAE CHRISTIANAE denuncia: "...muchos, movidos por un engañoso celo, o, lo que sería peor, observando una conducta hipócrita, se apropian un papel que no les pertenece. Quieren que en la Iglesia todo se haga según su juicio y capricho, hasta el punto de que todo lo que se realiza de otra manera lo llevan a mal o lo aceptan con disgusto. El esfuerzo de estos hombres, resulta inútil. Pero no por eso son menos dignos de represión... Porque proceder así no es seguir a la legítima autoridad, sino ir delante de ella. Y equivale arrogarse los particulares el oficio propio y exclusivo de los superiores, con grave trastorno del orden establecido por Dios mismo perpetuamente en Su Iglesia, orden cuya violación no puede quedar sin castigo".
En LA LIBERTAD DE LA IGLESIA, documento conmemorativo del XVI centenario del EDICTUM de Constantino en el año 313, dice el Papa San Pío X: "Y estos derechos (los de la Iglesia) son tan sagrados, que ha sentido siempre la Iglesia el deber de sostenerlos y defenderlos, sabiendo muy bien, que, si cediese, aunque sólo fuera un poco, a las pretenciones de sus enemigos, incumpliría el mandato recibido del Cielo e incurriría en la apostasía. Por esto nos enseña una serie de protestas y reivindicaciones hechas por la Iglesia contra todos los que han querido convertirla en su esclava. Su primera palabra al judaismo, pronunciada por Pedro y por los otros apóstoles: Es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres, esta sublime palabra fue repetida siempre por sus sucesores y se repetirá hasta el fin del mundo, aún cuando sea necesario para confirmarla, un bautismo de sangre".
Y el Papa Pío XII en su mensaje navideño de 1951, denuncia también: "Los hombres políticos, y a veces incluso hombres de Iglesia, que intentan hacer de la Esposa de Cristo su aliada o su instrumento de sus combinaciones políticas nacionales o internacionales, lesionarían la esencia misma de la Iglesia, dañarían a la propia vida de ésta; en una palabra, la rebajarían al mismo plano en que se debaten los conflictos de intereses temporales. Y esto es, y continúa siendo verdad, aunque se haga por razones e intereses en sí mismo legítimos " .
Cobran candente actualidad las palabras de León XIII en su Encíclica CUM MULTA: "Actualmente, con la aparición de las pasiones partidistas, asoman síntomas de desunión divisoria de los espíritus en diferentes bandos y perturbadora en gran escala aún de las mismas asociaciones fundadas con fines religiosos. Sucede con frecuencia que la autoridad episcopal no es respetada como es debido por los que tratan de encontrar la manera más conveniente de defender la causa católica. No sólo esto; si a veces un obispo aconseja algo, si se da una orden conforme a su autoridad, no falta quienes lo llevan a mal o lo critican abiertamente...".
Este espíritu de rebeldía de los laicos contra las jerarquías de la Iglesia de las catacumbas, no es solamente practicado, sino abiertamente fomentado. Se está utilizando a la Iglesia como arma política, y a veces de venganza. Y conscientemente se instrumentan acciones divisivas, excluyentes o que causan escándalo y defección entre los fieles.
"Los sacerdotes (y con mucha mayor razón los obispos),... deben ser obedecidos incluso por los políticos, cuando hablan en cumplimiento del mandato pastoral de la Iglesia, cuando anuncian las palabras terminantes de Dios que proclaman los derechos inalienables de la Iglesia, o cuando exhortan a los cristianos a la concordia para la defensa de la religión" (LA PALABRA DE CRISTO, Bernhard Háring, Her-der, T. II, Pág. 205). Todo lo que se aparte de aquí es traición a Dios, porque la Iglesia es la Iglesia de Dios que está sobre todo otro compromiso, o promesa o juramento. Y porque todos están obligados a participar en su salvación, porque "si la casa está en llamas, es obligación de todos los que pueden hacer algo, no cruzarse de brazos, con el pretexto de que la responsabilidad es de los dueños" (Dr. Pbro. Joaquín Sáenz y Arriaga. EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA Y LA NUEVA MISA. Pág. 173). Peor sería aún, lo cual se está haciendo desgraciadamente, "fichar" a los obispos, condenarlos por todo aquello que hacen por la angustiosa extremísima necesidad actual, obrar paralelamente a ellos o incluso contra ellos cuando no se aprueba lo que hacen, juzgarlos y dividirlos en buenos, malos y regulares, impedir abiertamente que se comuniquen con el clero católico, aislarlos e incluso calumniarlos. Reducirlos a la más dramática imposibilidad escondiendo toda clase de recursos, influirlos mediante agentes bien preparados que tienen muy cerca, crear confusión y división con toda clase de estudios "teólogicos" o "canónicos" cerrando las puertas a toda posibilidad de salvación y para la elección pontificia, como si la única salida fuera la milagrosa presencia de Cristo, o Su intervención directa o cualquier otra cosa sobrenatural, pero no la unidad de ellos y la elección del papa, antes de la cual no se puede esperar el milagro, sino más bien el castigo, pues la estricta y grave obligación de los hombres es darse a sí mismos una cabeza. Precepto de Jesucristo.
La Iglesia, esposa amadísima de Jesucristo, destrozada y decapitada. Todos somos solidariamente responsables, porque extinguir la Caridad, permanecer enfrentados, divididos, influenciados por otros intereses, ¿qué es sino dividir y dislocar a Cristo?.

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