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jueves, 24 de enero de 2019

Al P. Basilio Méramo - A propósito de la Consagración Episcopal de Mons. Merardo Loya-


         El segundo domingo de Epifanía, el P. Meramo publica, a través del blog de Radio Cristiandad, su sermón donde habla sobre la consagración episcopal de Mons. Merardo Loya y, como siempre, ofende, insulta, difama, calumnia, detracta, etc, a quienes se oponen a su postura anárquica de acéfalo perenne, insostenible por cierto, y más la suya, que ni siquiera obedece a ningún obispo, sedevacantista fruto del efecto Bergoglio, tradicionalista lefebvrista frustrado que ni su congregación lo quiso.

         
         Primero, quiero decirle, al P. Meramo, que sus sermones dan vergüenza ajena, dan pena, tristeza, fruto de un temperamento visceral y violento, amargado y desequilibrado (como ud. mismo dice en su sermón que es el resultado de la crisis de la Iglesia), que siempre tuvo y que nunca lo llevó a nada, porque desde que yo era seminarista de la Fraternidad, así como ud. dice que me conoció, así también yo lo conocí y conocí también la reputación de violento y mal llevado y soberbio que ud. tenía en medio de quienes lo conocían, pero bueno, este comentario es nada más para decirle que somos pocos y creemos que nos conocemos mucho, cosa que a veces no es tan así, que eso se comprueba en la práctica, y por el tenor de sus sermones, me doy cuenta que no estaban tan equivocados los que así hablaban de ud.

         
         Segundo, cuesta creer que todas esas barbaridades que dice, las dice en el ámbito de la Santa Misa, sepa, Padre que muchas de las cosas que ud. afirma son viles calumnias, groserías, faltas gravísimas a la caridad y después de eso no tiene escrúpulos en seguir el Santo Sacrificio de la Misa. Yo le digo que ud. sigue la Misa en pecado mortal contra la caridad, contra la justicia, contra la veracidad. Da tristeza y vergüenza escuchar a la gente que asiste, reír y algunas veces carcajear por las burlas que ud. hace de aquellos que no puede refutar, porque sus argumentos teológicos son viscerales, casi infantiles, a lo mejor quizá fruto de su edad, que en el caso suyo no es precisamente signo de sabiduría y sensatez y repito algo que ya escribí, como los judíos contra Jesucristo Nuestro Señor que no podían contra su doctrina, arremetieron contra su persona con toda clase de injurias y calumnias, como hace ud.

         
         Tercero, no estoy de acuerdo con ud. en que la situación de la Iglesia a cualquiera amarga y a cualquiera desequilibra. Amarga y desequilibra a los que como ud. predican una Iglesia que se destruye a sí misma y que no tiene los medios para subsistir como si no fuera una sociedad perfecta y además divina. Entiendo que los que piensan como ud. y sostienen en la teoría y en la práctica una acefalia perenne terminen amargados y desequilibrados y desesperados, como pasa con sacerdotes y obispos que como ud. creen tener una jurisdicción suplida eterna y haciendo de la necesidad, ley, obran inventando una iglesia humana, con un magisterio muerto, estéril por completo, como el suyo, como Lutero, como Enrique VIII, como Calvino y tantos herejes que tuvo la historia de la Iglesia. Tradicionalistas y sedevacantistas se están disgregando como sectas protestantes. La postura católica de la elección del Papa solo los puso en evidencia y manifestó la soberbia de sus corazones. Pobres las almas a las que les toca estar bajo su autoridad caprichosa.

         
         Cuarto, ud. habla de un sedevacantismo que se guía según sus gustos. Tiene razón, definición dentro de la cual ud. es un exponente perfecto…El problema es que no mucha gente quiere guiarse por los gustos suyos, y por eso se indigna porque después de escucharlo no dan muchas ganas de seguirlo.

         
         Quinto, los argumentos teológicos que ud. da contra la elección del Papa, sobre la jurisdicción ordinaria y suplida, y los otros temas que toca en sus sermones, son deplorables, impresentables, paupérrimos, fruto de su ira y de su desequilibrio. Con respecto a la necesidad de Cardenales y que la elección del Papa es un acto jurisdiccional, le exijo que refute por escrito el trabajo “Coetus Fidelium” del dr. Homero Johas, a quien ud. difama, calumnia y se burla en uno de sus sermones, porque no le da para refutar sus principios.

         
         Sexto, ud. dice que aún en este tiempo de sedevacante, la Iglesia tiene un equilibrio, yo le pregunto, cuál equilibrio puede tener una sociedad que toma como principio de acción la acefalía perenne de la autoridad máxima y deja librado a sus miembros a un individualismo anárquico donde cada uno juzga según su gusto, como dice ud en su sermón. “Habrán tantos cismas como sacerdotes”. Ud. no es capaz con su postura sedevacante de decir donde está la Iglesia Una y Única fundada por Cristo Nuestro Señor. Ud. es un cisma más de todos los que provocaron los sedevacantistas perennes. Ud. viene viciado desde siempre con el principio falso de autoridad que argumentaba Mons. Lefebvre, de que el pueblo le daba el poder para confirmar porque él confirmaba cuando la gente le pedía, por eso no le importa la necesidad del Papa, pues actúa como un sacerdote ortodoxo, haciendo de jurisdicción suplida, jurisdicción ordinaria en la práctica. Ud. viene del desequilibrio de la Fraternidad San Pío X, donde, como en centros de subversión, enseñan a los jóvenes seminaristas y a los fieles la desobediencia a la “autoridad legítima” como un modus operandi habitual y de derecho, por eso justifica su postura anárquica y acéfala sin ni siquiera tener un obispo a quien debería obedecer...entre Dios y ud. no hay autoridad, Dios lo inspira a ud. directamente.

         
         Padre Meramo, ud. está mal, mal en su teología, mal en su apostolado, mal de sus nervios, amargado y desequilibrado. Ya no haga más daño con sus sermones, si no está de acuerdo con los demás en cuestiones teológicas, siéntese y escriba y publique y refute y estudie. No difame, ni calumnie, ni detracte, ni ofenda, ni insulte a nadie; no es la forma que usó Jesucristo Nuestro Señor, ni nunca fue la forma que utilizó la Iglesia para predicar la Verdad ni tampoco sus Santos Doctores.

         
         Sepa que esto que escribo, no lo hago por mí ni para defenderme de ud. ni de nadie, no me interesan, sí para defender la fama y reputación de gente que ud. ensucia gratuita y escandalosamente. Si escuché sus sermones, no es para enterarme de lo que dice de mí o de los demás, sino para escuchar las falacias teológicas que dice para refutarlas para que no haga más daño y no predique el error.

        
          Por mí, puede seguir despotricando y enrabiándose sólo el próximo domingo y todos los demás, es problema suyo y hablando en contra mía y de la doctrina que profeso y que voy a seguir profesando pues es la única postura católica pero sepa que tendrá que dar cuentas a Dios por todas esas barbaridades que dice.

         
         Confiésese de todas esas cosas tan graves que dice y después repare la fama de todas las personas que difamó y calumnió desde sus sermones y retráctese de sus errores sobre la constitución divina y dogmatica de la Iglesia que profesa sobre la sedevacante como un estado y predicando la herejía de la acefalía perenne y viviéndola en la práctica.

         
         Y le dejo esta frase para que la medite, le hará mucho bien:

“Debe existir en la Verdadera Iglesia perfecta unidad de régimen, o sea: debe haber al frente de esa sociedad religiosa una autoridad suprema y visible, de institución divina, a la cual obedezcan TODOS los miembros que la forman.      

 No basta una especie de política de amistad o buena vecindad entre un montón de jefaturas eclesiásticas desconectadas jurídicamente, es decir: independientes entre sí, SIN OTRA CABEZA SUPREMA QUE UN CRISTO INVISIBLE Y CELESTIAL CUYAS PALABRAS Y MANDATOS  INTERPRETA CADA UNO A  SU GUSTO.”                                                                                                                 

             (R.P. Fernando Lipúzcoa. Breviario Apologético. 1954)

         
      El segundo párrafo del Padre Lipúzcoa me recuerda mucho a ud. y a tantos sacerdotes y obispos sedevacantistas que así viven, como Papas cada uno en su rincón…pero muertos a la hora de enseñar, soberbios, envidosos, viendo enemigos hasta en su sombra, celosos de su propia gloria…

         Y si alguna vez tiene buena voluntad y deseos de ser vínculo de caridad y unión para resolver la crisis tan terrible de la Iglesia y desea trabajar para acabar con la sedevacante que pasa la Iglesia de Cristo desde la muerte de S.S. Pío XII, buscando la elección del Papa, estoy a sus órdenes. Mientras tanto, no profesamos la misma fe.

        

                                                          Mons. Juan José Squetino Schattenhofer


           Y le pido a los del blog “Radio Cristiandad” que también publiquen este escrito pues en ese blog se publican sus sermones.

         Quiero agragar un comentario que me llegó hace un rato de una persona, me pareció muy atinado, caritativo pero certero sobre su actitud, padre Méramo. Espero en Dios le sirva para cambiar:

         Sólo se ve a una persona amargada, solitaria, enojada con la vida; un albañil sin educación teológica podría hablar más decentemente que este "sacerdote", el cual no tiene el mínimo pudor en sus palabras, ni caridad en el corazón.
         Dice que hay jerarquía, que se debe respetar a los sacerdotes más antiguos y más sabios; aunque coincido con él en parte de esto, la edad no necesariamente da la sabiduría, muchas veces brinda necedad; sin embargo, él no es parte de esos venerables y sabios  ancianos, por sus discursos (que no son santas predicaciones) se escucha la ceguedad de su orgullo, se escucha como una serpiente ahogándose en el propio veneno de su rencor. Es un seguidor de Lefebvre corrido por la misma congregación de Lefebvre; un sedevacantista peleado con todos los sedevacantistas; un "sacerdote" separado y juzgando a todos los sacerdotes; triste, muy triste su situación. No logro entender cómo aún tiene un puñado de "fieles" que soportan tanta grosería y permiten que sus hijos las escuchen de un "sacerdote", es escandalosa y nada santa su manera de actuar.
         Termina su sermón diciendo: que la situacion actual de la Iglesia a cualquiera amarga, a cualquiera desequilibra; en eso estoy de acuerdo con él, porque él es un ejemplo de amargura y desequilibrio. Por último dice que debemos perseverar "incolumnes", bueno, esta palabra nueva lo dice todo.
         Dios les bendiga.


jueves, 17 de enero de 2019

Consagración Episcopal de Monseñor Merardo Loya Loya




         Ya empiezan los comentarios en internet acerca de la consagración episcopal de Monseñor Loya, cosa esperada y asumida.

         Hay comentarios muy edificantes y alentadores por parte de muchas personas que ven en este acto una esperanza para poner fin a la crisis de la Iglesia y la estructuración de los medios para la elección del Papa.

         Hay, por supuesto, otros que no son tan favorables o totalmente desfavorables a lo expuesto en el párrafo anterior que se basan en dos obstáculos, la validez de la línea episcopal de la que vengo y  simplemente mi persona, a las que le encuentran fallas morales, doctrinales, etc, etc, etc.

         A los primeros les agradezco sus comentarios y les pido sus oraciones para que Dios siga ayudando en el camino de la solución de la crisis de la Iglesia y que inspire a los obispos y sacerdotes sedevacantistas y a todos un profundo amor a la Verdad y humildad para poder dejar de lado todo amor propio o amor a otros intereses que no sean los de Cristo y su Iglesia y juntos nos enfoquemos en el verdadero y único problema y la necesidad de solucionarlo que es la elección del Papa, único nexo de unidad.

         A los segundos, los que ponen objeciones a la validez de la línea episcopal de la que procedo, les respondo:

         El que haya obispos que fueron casados, cuya renuncia canónica del vínculo del matrimonio fue aceptado por la otra parte, es algo canónico que no pone ningún impedimento para la recepción del Sacerdocio y del Episcopado. San Paulino, obispo de Nola, había estado casado y su mujer murió después que él, si quieren conocer su vida, pueden buscarla donde quieran, se las recomiendo, es muy edificante.
         En el caso de monseñor López Gastón, la renuncia del vínculo del matrimonio lo recibió Monseñor Moisés Carmona y además lo ordenó sacerdote, y lo tenía en alta estima.

         El asunto de Mons. Datessen, de que no hay documentos de ordenación por parte de Mons. Thuc, tampoco hay documentos de ordenación de miles de obispos a lo largo del tiempo para confirmar la autenticidad o apostolicidad de los obispos católicos. Esta cuestión empezó a manejarse para poder poner impedimentos a la cuestión real que es mi postura teológica con respecto a la elección del Papa, cosa que voy a seguir haciendo hasta que me muera, porque eso no se había cuestionado antes. Es más, yo conozco personas y clero que antes de que los molestara con nuestra postura teológica, aceptaban plenamente la consagración de Mons. Datessen por manos de Mons. Thuc y es más todavía, uno de ellos que estuvo bastante tiempo en México, recibía los santos óleos de él.


         Que además ya tenía una consagración de la línea de los veterocatólicos. Gracias a Dios que ya traía una consagración absolutamente válida, aceptada siempre por la Iglesia, desde que se separaron de la comunión con Roma, que no demuestro ahora porque ya está demostrado en otros lados en internet, si desean saber más, búsquenle, aunque no creo que quieran saber más porque no les importa la verdad, al contrario, les importa combatirla. No lo digo porque ponga en duda la consagración de Mons. Datessen de manos de Mons. Thuc, porque no hay duda, sino porque TODA la línea de Mons. Thuc hoy está puesta en duda, y es controvertida y polémica, y ni hablar de la línea de Mons. Lefebvre con su ordenación y consagración episcopal de manos Aquiles Lienart, franc-masón.

         Mons. Thuc mismo viene de una rama monofisita, herejes por donde le busquen, los sirio-caldeos y nunca se dudó de la validez de esas consagraciones, es más, cuando la rama caldea volvió a la comunión plena con Roma, porque iban y venían, siempre se aceptó la validez de sus consagraciones y no se los reordenaba o reconsagraba de nuevo, si quieren saber más, busquen, es historia de la Iglesia

         Los que critican mi persona, la respuesta es simple, la Verdad trasciende a las personas. Los judíos, como no pudieron refutar la doctrina de Cristo Nuestro Señor, se ensañaron contra su persona y contra la persona de la Ssma Virgen María, su Madre. Les recomiendo que lean el libro “El talmud desenmascarado” del Padre Pranaitis. Ahí pueden ver las blasfemias asquerosas que inventaban y proferían en contra de Nuestro Señor y de la Ssma Virgen María para intentar destruir su doctrina.
El método de la difamación y la calumnia viene desde la caída del hombre, lo usaba el mismo Lucifer cuando puso las voluntades de Adán y Eva en contra de su Creador.
        
         La Verdad es eterna e inmutable no importa quien la diga y nosotros la predicamos, pues la postura sobre la Iglesia que enseñamos, es la única verdadera, la Iglesia SIEMPRE se proveyó del Papa a través de una elección. 
Yo entiendo que no sea del agrado de todos, pero eso es normal. No pretendo tampoco ser del agrado de todos. Aunque la ascendencia moral es muy buena, pero bueno, no siempre se puede, sobre todo cuando se habla de la gente sin conocerla y con el sólo afán de destruir una doctrina destruyendo la fama de quien la profesa.
        
         Las referencias que se tienen de mí, fuera de los que me conocen personalmente que en general no opinan lo mismo que mis detractores, vienen del nefasto medio de internet, quien quiera creerle que le crea, pero les digo lo que la Imitación de Cristo: “no des crédito a todo viento de palabras”. Si quieren saber de mí, o de la Fundación, vengan y visítennos, están invitados, acá en Guadalajara tienen su casa, saben dónde encontrarnos y pueden conocer más de la Fundación San Vicente Ferrer, que, dicho sea de paso, desde hace muchos años es referencia para muchísimas almas de buen corazón y doctrina.

         En vez de detractar, de decir cosas negativas en contra de mi buen nombre o de mi persona, pónganse mejor a estudiar con humildad y a pedir a Dios que les dé el conocimiento de la Verdad.

         Para concluir, aprovecho para hacer otra vez profesión de doctrina:

         El Sedevacantismo actual es un error teológico y los obispos y sacerdotes que lo profesan están en un gravísimo error que espero en Dios enmienden antes de que les llegue el día de su juicio, y el error es que participa de la herejía de la acefalía perenne y han caído en un error eclesiológico inventando una iglesia nueva que no tiene necesidad del Papa.
         El movimiento sedevacantista no tiene la nota de UNIDAD, por la que se reconoce a la Verdadera y Única Iglesia de Cristo. Inventen las soluciones y salidas que quieran pero la Verdad es Una y Única, cómo lo es la Iglesia. El Sedevacantismo se ha transformado en un montón de grupos sectarios y acéfalos como los protestantes; profesando la libre interpretación del Magisterio como antes Lutero interpretó libremente la Sagrada Escritura.

         Propongo la reunión de Obispos y Sacerdotes para comenzar a discutir y tratar el tema de la Unidad y promover un Concilio imperfecto como Constanza para proveer a la Sede de Pedro de Nuestro Pastor Supremo.

“Debe existir en la Verdadera Iglesia perfecta unidad de régimen, o sea: debe haber al frente de esa sociedad religiosa una autoridad suprema y visible, de institución divina, a la cual obedezcan todos los miembros que la forman.       No basta una especie de política de amistad o buena vecindad entre un montón de jefaturas eclesiásticas desconectadas jurídicamente, es decir: independientes entre sí, SIN OTRA CABEZA SUPREMA QUE UN CRISTO INVISIBLE Y CELESTIAL CUYAS PALABRAS Y MANDATOS  INTERPRETA CADA UNO ASU GUSTO.”                                                                                                                 
                                        (R.P. Fernando Lipúzcoa. Breviario Apologético. 1954)



Mons. Juan José Squetino Schattenhofer







Consagración Episcopal de Monseñor Merardo Loya Loya Guadalajara, Jalisco, México 12 de enero del 2019



































sábado, 5 de mayo de 2018


“COETUS FIDELIUM” (Dr. Homero Johas)
“La Iglesia es la congregación de los fieles” (Santo Tomás)

          Las herejías generalizadas actuales son de dos clases:
             
          A) El Ecumenismo del Concilio Vaticano II, elimina la unidad de fe divina y católica, principio de fe divina y católica, principio firme y único de toda la Iglesia (Trento, D.S. 1500). El Magisterio de Pío XI, en “Mortalium animos”, ya repelió tal secta como: “falsa religión cristiana”. Toleran un primado papal, honoris causa, por Derecho meramente humano, no divino. Herético.
            
          B) El Anti-conclavismo. Un puñado de obispos, sacerdotes, laicos; con una decena de falsos argumentos ya refutados, se niegan a cumplir el deber gravísimo de extinguir la vacancia del cargo papal. Quieren permanecer acéfalos, como los herejes monofisitas después del Concilio de Calcedonia, con los cuales Sergio hizo acuerdo ecuménico, con el apoyo del Papa Honorio I.
            
          No quieren el primado de jurisdicción del Sucesor de Pedro, dogma de fe. Dicen: “No es necesario”, “falta la profesión de fe en retorno de un Papa fiel”, “falta un Pontífice que transmita el poder a los obispos.”
           
          Las dos herejías convergen para la destrucción de la fe universal divina, de modo especial, del primado monárquico del Sucesor de Pedro. Apartan al Pastor supremo de los otros pastores y de las ovejas. Apartan a los dos fundamentos de la Iglesia, la unidad de fe de la unidad de régimen. Quieren o las herejías, o una Iglesia acéfala, “sin solución”.

        
          1. PRINCIPIOS GENERALES DEL DERECHO.
            
          San Pío X, en la Constitución “Vacante Sede Apostolica” mostró el “deber gravísimo y santísimo de elegir un Sucesor de Pedro, en la vacancia”: Ese deber de obrar no viene del Derecho humano; viene de la esencia y naturaleza de la Iglesia instituida por Cristo. Él se funda en el dogma de fe: la Iglesia de Cristo, por naturaleza, por voluntad de Cristo debe tener “perpetuos sucesores de Pedro en el primado sobre la Iglesia, en la fe y en el régimen.” (D.S. 3058)
            
          La norma de creer no está subordinada a la norma del obrar; por el contrario: es la norma del obrar la que está subordinada a la norma de creer. El Derecho y la Ética cristiana deban ser conformes con las verdades de la Dogmática de la Iglesia y no se aparta a la Dogmática para colocar al frente de todo una Ética, sin fundamento en la verdad lógica natural y en la verdad revelada divina, sobrenatural (Syllabus, D.S. 2956).
            
          Los agnósticos quieren desligar las normas del obrar de las normas del creer (D.S. 3426); colocan la Ética desligada de la Dogmática; la Razón Práctica separada de la Razón Teórica; de donde niegan la verdad absoluta.
            
          Donde quien conscientemente y pertinazmente niega el “deber de obrar”, de elegir el Sucesor de Pedro, en realidad niega también el deber de creer en el dogma de fe definido por el Vaticano I. “Agere sequitur esse”, el obrar sigue al ser, dice la ontología, “La voluntad no precede, sino sigue al intelecto” dice la filosofía tomista aprobada por San Pío X (D.S.3621).
            
          Quien niega ese “deber de obrar” niega también el dogma de fe, porque, sin e
l medio necesario para la existencia de los “perpetuos sucesores” de Pedro, se sigue que el dogma es falso. Es lo que quieren los herejes modernistas y los acéfalos (D.S. 3424).

         
          2. LEYES DE LA IGLESIA SOBRE LA ELECCIÓN PAPAL.
            
          Las leyes de la Iglesia, sea en el Código de Derecho Canónico, sea en la Constitución “Vacante Sede Apostolica”, en todas sus cosas principales se fundan en el Derecho Divino.
            
          Donde ni todo en esas leyes es de Derecho humano y ni todo es de Derecho divino.
            
          Y la parte de la “Vacante Sede Apostólica” que trata de los electores “Cardenales”, es de Derecho humano; no existía en los comienzos.
            
          León XIII repite en la encíclica “Diuturnum  illud” lo que Cristo hace, siguiendo los que ya hiciera Dios en el tiempo de Samuel: concedió al pueblo elegido que escogiese la persona humana que recibiría de El el poder divino, o “jus regis” (Sam.8,9). El pueblo elige la persona; pero el poder y el “derecho del rey” vendrá de Dios (Rom. 13, 1-2); “de lo alto” (Jn. 19, 11).
            
          Donde si el Derecho humano no puede ser cumplido en un caso no previsto por el Legislador humano, compete a toda la sociedad de  fieles, fundada directamente por Cristo, el derecho, el poder o el deber de elegir el Sucesor de Pedro.
            
          Eso pertenece a la esencia y naturaleza de toda sociedad humana, enseñó León XIII en varias encíclicas: Diuturnum illud, Immortale Dei, Humanum genus, Satis cognitum.
            
          Y la Iglesia de Cristo es, principalmente, por esencia, un “coetus fidelium”, un grupo de fieles, con idéntica fe divina y católica. Y San Nicolás I enseña que, “la fe es universal, común a todos, clérigos y laicos…”(D.S.639). Donde, en la unidad de fe no se distinguen los clérigos de los laicos.
            
          Y ese “colegio de fieles” en cuanto tal “nullam onmino potestatem aut jurisdictionem habeat”. Donde sería “nullo y vacío” que él ejerciera un poder jurisdiccional que no tiene (Vacante Sede Apostólica, Cap.I, cn.I). Y eso se dice allí sobre el Colegio de electores, obispos, cardenales. Así, con mayor razón, sobre el colegio de los fieles, donde entran todos los fieles laicos.
            
          Así, en el colegio electoral de los fieles, los obispos no preceden a los fieles ni por el poder de jurisdicción, ni por la igualdad de la fe universal.
            
          La razón de esto es porque el poder papal es exclusivo de Pedro, dado “uni Simoni Petro” (D.S. 3053); monárquico. Si pasase a los obispos y Cardenales sería colegiado, conciliar, lo que es una herejía, el Conciliarismo. El Papa sería entonces “Cabeza del poder supremo colegiado”, subordinado al colegio de los obispos y no superior a todos los obispos, “separados o unidos” entre sí (D.S. 3309); siendo todos “subordinados al Papa y obedeciendo él” (D.S.3308).
            
          Para ser elector en una sociedad, el miembro de esa sociedad no necesita tener el poder de la persona que, después de elegida, recibirá de Dios, de modo “inmediato y directo” (D.S.3055) el poder divino.
            
          De allí la estulticia de un acéfalo, fundando toda su inepta argumentación en el decir: “Falta un Pontífice que transmita el poder a los obispos”. Es querer un Pontífice en la vacancia, que, por definición, está privada de la existencia de un Pontífice.
            
          No se muda la fe en cada circunstancia, pero las normas meramente humanas pueden tener excepciones en caso de necesidad. (Cn. 2261,3)
           
          En el siglo XVI diversos teólogos erraron en eso; pero en la Iglesia de Cristo no seguimos a los hombres, cuando se oponen al Magisterio de la fe de la Sede San Pedro.
            
          Donde en las leyes de la Constitución “Vacante Sede Apostolica”, sobre los cardenales, actualmente no existentes, siendo leyes humanas, no se aplican. El estado de necesidad, por sí mismo, va contra la ley, si no, no sería estado de necesidad.
            
          Pero existen en la misma Constitución normas fundadas en la fe que no pueden ser cambiadas. En ese caso está el primado monárquico y exclusivo de San Pedro (D.S. 3055) y la doctrina sobre las leyes humanas en caso de necesidad.
            
          El C.D.C. también trata de la elección (Can.160); mas separa la elección de la Cabeza visible suprema de la Iglesia de otras elecciones internas en la jerarquía de jurisdicción de la Iglesia; fuera de la vacancia; donde los fieles laicos no participan; mas donde los infieles, “heréticos y cismáticos” son excluídos (Can. 167, 4; 167,2). Siendo la Iglesia por definición primaria “Coetus fidelium”, están excluidos de la elección papal todo género de heréticos, conforme consta en la Bula “Cum ex apostolatus” de Pablo IV, en el V Concilio y en el D.C. y en otros lugares.
        
         
          3. LA ELECCIÓN DE MARTÍN V
            
         En la época del Gran Cisma existía una duda sobre quién era el único Papa válido, cuando existía tres con sus respectivas “obediencias”. El concilio de Constanza incidió en la herejía conciliarista y fue condenado por Eugenio IV. Pero condenó a Benedicto XIII, Pedro de Luna “como cismático y herético, desviado de la fe y violador pertinaz del artículo de la fe”: “Unam Sanctam”, en 1417. La violación de la unidad de fe tenía por objeto principal la violación de la unidad de régimen.
            
          Hoy la violación es doble, en las dos unidades, en la fe con la libertad e igualdad religiosa, Ecumenismo, poder supremo colegiado, misa del pueblo. Y por otro lado, o validando al Papa herético, contra la Bula de Pablo IV; o negando el deber de extinguir la vacancia, contra esa misma bula y la Constitución de San Pío X, que enfatiza el “deber gravísimo” de obrar, conforme con el deber de creer.
           
          El caso actual es mil veces más grave que el de la elección hecha en Constanza.
            
          Lo que debe ser notado del concilio de Constanza, es que los votos fueron “non per capita singulorum sed per conciliares nationes”.
            
          Eso significa que apartados los tres Papas entre los cuales existía la separación cismática, el derecho de elegir pasó para el Concilio de los obispos, mas existió allí una norma humana que excluía a los obispos conciliares en cuanto obispos y adoptaba el criterio de nacionalidad, que, evidentemente no fue una norma de Derecho divino.
            
          El caso de necesidad existía, no se aplicó el criterio del pueblo o clero romano; de cardenales diáconos, o presbíteros u obispos en cuanto obispos.
            
          Y la elección de Martín V fue aceptada como válida por la Iglesia.
           
          Eso después está en el Canon 5 del cap. I de la “Vacante Sede Apostolica”:
            
          “En caso de materia urgente, que por el voto de la mayor parte de los Cardenales, no pueda ser diferido para otro tiempo, el sacro colegio, según la sentencia de la mayor parte, puede y debe disponer sobre el remedio oportuno."
           
          Es el caso de necesidad donde exista apenas ley humana que no puede ser aplicada. El colegio de los fieles hoy substituye al colegio de los cardenales, encargo de mero derecho humano.
        
        
          4. SENTENCIA DE LOS DOCTORES DE LA IGLESIA
            
          No parece que exista en la materia una “sentencia común y constante de los Doctores”, como indica el Cn. 20 del C.D.C. La sentencia común y constante que existe es la del MAGISTERIO DE LA SEDE DE PEDRO, a quien compete oír, según el Derecho divino.
            
          Los teólogos que se citarán más abajo, colocan “la Iglesia” como siendo quien debe elegir al nuevo Pontífice. Pero, en vez de colocar “colegio de los fieles” (clérigos y laicos) unidos en la unidad de fe, algunos colocan a los obispos, o al Concilio como debiendo ser el elector.
           
          Entretanto, en el siglo XVI, tales doctores no podían mirar la “Vacante Sede Apostolica” de San Pío X, ni al Concilio Vaticano I, sobre Pío IX; cuando tuvieran otros errores, como sobre el Papa “deponendus”, la extensión de la infalibilidad en la persona del Papa, la ignorancia de la fe “Fides Papae”, del “Liber Diurnus Romanorum Ponfificum”.
            
          Vamos por partes.
        
          1. Cardenal Tomás Cayetano de Vio
            
         “De Comparatione auctoritatis Papae et Concilii” con la “Apologia ejusdem tractatus”.
           
        -“Estando vacante la Sede puede la Iglesia elegir al Papa; o por los Cardenales o por sí misma.” (De Comparatione)
            
          -“En caso de no ser aplicables las normas, recaería sobre la Iglesia, por devolución, la tarea de suplir a las mismas.” (Apología, c.XIII)
           
          -“Por excepción, de forma supletiva, este poder compete a la Iglesia y al Concilio. Cuando por inexistencia de los cardenales electores, cuando porque son inciertos, o cuando la propia elección es incierta, como ocurrió en la época del Gran Cisma.” (De Comparatione, c.XIII; XXVIII)
        

           2. Francisco de Vitoria O.P.
            
          De Potestate Ecclesiae
           
          “Aún que nada hubiese determinado San Pedro, una vez muerto, tiene la Iglesia el poder para substituirlo y nombrar un Sucesor (…). No quedaría otro medio sino una elección por la Iglesia. Si faltasen todos los Cardenales, por calamidad, peste, guerra, no se debe dudar de que podría la Iglesia proveer al Sumo Pontífice para sí. La principal causa es: porque, de otra forma, en la Sede que debe durar perpetuamente existiría perpetuamente la vacancia.”
        
          “Debe la elección ser provista por toda la Iglesia; no por una Iglesia particular. Ese poder es común y dice respeto a toda la Iglesia; luego por toda la Iglesia debe ser provisto”, “no es necesario, en el Derecho, que los electores tengan autoridad para lo que elegirán.” (De Potest. Rec.2)
         
          3. Cardenal Luis Billot
           
          De Ecclesia Christi
           
          “Sin dificultad se debe admitir que el poder electoral pasaría a un Concilio General. Porque, en tal caso la Ley Natural prescribe que el poder atribuido a un Superior desciende para el poder inmediato inferior, porque es indispensable para la supervivencia de la sociedad y para evitar las tribulaciones de una necesidad extrema.”
        
          4. Bellarmino
            
          Controversiae; De Clericis, 1.1, c e d.
            
          Análisis de las sentencias
           
          Indica allí Vitoria la causa, de Derecho divino, por la cual es necesario realizar la elección papal: “La Iglesia debe durar perpetuamente”. Luego, no puede existir una vacancia perpetua. Y el Concilio Vaticano completa ese argumento, de modo explícito, sobre los Sucesores de Pedro: es dogma de fe, Pedro tendrá “perpetuos Sucesores”. Entonces, el deber de elegir está fundado en el deber de creer, en la fe divina y católica.
            
          Donde en la falta de cardenales –norma de Derecho humano- Cayetano, Vitoria y Billot enseñan el deber de elegir al Papa. E indican la causa: la Iglesia es una sociedad perfecta.
           
          León XIII complementa esto: “Es imposible imaginar una sociedad perfecta no gobernada por un poder soberano”. “Donde debió Cristo colocar al frente de la Iglesia una Cabeza a la cual toda la multitud de los cristianos fuese sumisa y obediente”.
            
          Y de allí: “porque la Iglesia es una sociedad divinamente constituida, requiere, por Derecho divino, la unidad de gobierno, que dirige y comprende la unidad de comunión.” (Satis cognitum, 24)
           
          Se sigue la necesidad absoluta de la elección papal, por obligación del Derecho divino; por la perpetuidad de la Iglesia y de la Sede de Pedro.
            
          Los tres teólogos enseñan eso y fueron confirmados por el Concilio Vaticano y por León XIII: La Iglesia, como sociedad perfecta puede y debe, necesita por su esencia como sociedad, elegir al Papa.
           
          Cayetano dice: “o por los cardenales, o por sí misma.”
            
          Vitoria dice: “Eso pertenece a toda la Iglesia”, “porque ese poder es común y respecta a toda la Iglesia; luego debe ser provisto por toda la Iglesia.”
           
          Billot dice: “Porque él es indispensable para la sobrevivencia de la sociedad.”
            
          Y esto viene del Derecho divino: “Donde no existe el gobernante, el pueblo se dispersa.” (Prov. 11,4)
           
          De allí que los acéfalos actuales, obispos, presbíteros o laicos, luchan contra el Derecho divino interpretado por la autoridad divina de la Sede de Pedro y expuesto por los teólogos católicos.
            
          Esto repele la estulticia de los acéfalos que dicen que “falta” un principio que conceda autoridad a los electores, como si la cualidad de miembro fiel de la sociedad no confiriese ya a todos el derecho y el deber de elegir la Cabeza visible de la sociedad. ¿En cuál Estado del mundo, los electores necesitan tener autoridad del gobernante para elegir al gobernante que, no existiendo, necesita ser electo?
            
          Entretanto, en cuanto al ejercicio de ese deber y de ese derecho:
            
          Cayetano dice que el “compete a la Iglesia y al Concilio”. Y Billot dice que compete “a un Concilio general”. Y da la causa “porque la Ley Natural, en tal caso, prescribe que el poder atribuído a un Superior desciende al poder inmediato inferior”.
            
          Pero, en la ley sobrenatural de la Iglesia no es así. Cristo dio el poder divino Supremo, en la Iglesia: “solamente a Pedro” (Jn. 21,15), enseña el Concilio Vaticano (D.S.3054). “Nada fue concedido a los obispos, sin Pedro”, enseña León XIII (Satis cognitum). Inocencio III enesña: “non tamen alii sine ipso” (D.S. 775).
           
          Donde sería contra el Derecho divino transformar el Derecho divino monárquico de San Pedro, en la vacancia, en poder colegiado. Sería Conciliarismo. Eso es la herejía del Vaticano II; junto con la doctrina herética del Concilio de Constanza y de Basilea.
            
          Contra eso enseña San Pío X, en la Vacante Sede Apostolica, la doctrina católica: aún siendo el colegio de Cardenales, obispos, por Derecho humano; el no tiene ningún poder supremo, que pertenece exclusivamente al Sucesor de Pedro: “nullam omnino potestatem aut jurisdictionem habeat” (canon I). Todo lo que el hiciera, como si tuviese ese poder “es nulo”. Santo Tomás también lo dice: “nihil actum est” (S.T. 2-2, 39-3)
           
          De donde, mismo si un Papa designase todos los obispos, y solo a ellos, como sus electores, en la vacancia, eso sería mero Derecho humano y sin transferencia del poder supremo monárquico, para el poder episcopal colegiado.
            
          Esto todavía supondría que todos esos obispos fuesen fieles y no heréticos. Y, en el caso presente, los obispos ecuménicos de la “nueva iglesia” son heréticos, y los obispos acéfalos, que no quieren la elección papal también son heréticos. Por lo tanto ese poder pasa a “toda la Iglesia”; a todos los miembros de la sociedad divinamente constituida, al “coetus fidelium”, con la fe universal, común a clérigos y laicos, y que pertenece enteramente a todos los cristianos. (San Nicolás, D.S. 639)

            Ante este caso de necesidad, la Constitución Vacante Sede Apostólica establece la norma que debe ser seguida:
            
          “En caso de materia urgente, que, por el voto de la mayor parte (de los electores) no podría ser diferido para otro tiempo, el sagrado colegio, igualmente según la sentencia de la mayor parte, puede y debe disponer sobre el remedio oportuno” (Canon 5)
           
          Es el caso actual. La ley electoral está ahí expresa nítidamente, para el caso de necesidad actual.
            
         Por tal ley, los pocos católicos fieles, no acéfalos, no anti-conclavistas, no ecuménicos; tienen el deber de reunirse –clérigos y laicos- como se hizo en Asís el 23 de junio de 1994, y decidir como obrar.
            
          Pueden interpretar la ley “salvo en lo que se refiere a la propia elección” (C.4). El Derecho divino impera la existencia de la elección, pero el Derecho humano será decidido por los propios miembros fieles, públicos y notorios de la Iglesia. Los infieles no juzgan la Sede de Pedro; los fieles no son juzgados por los infieles.
            
          En este caso, los miembros fieles de la sociedad divinamente constituida tiene el deber y el poder de ejercer actos necesarios para elegir la Cabeza suprema visible. Sin dar cuenta a los infieles, heréticos, cismáticos, excitadores de cismas, sospechosos de herejías, favorecedores de los herejes, según la Bula de Pablo IV.
           
          Nunca una elección papal fue hecha por un Concilio General, de obispos en cuanto obispos, por Derecho divino. Ni en Constanza, donde el criterio fue el de cierto número de obispos por naciones, que no es de Derecho divino, ni de un precedente Sucesor de Pedro, sino que fue decisión de los electores presentes. El poder papal monárquico, no desciende a los obispos, con un poder supremo colegiado. El colegio de los fieles y de los miembros de la Iglesia, públicos y notorios. “La Iglesia en su estado de viadora, es la congregación de los fieles.” Enseña Sto. Tomás (S.T. 3,8,4, ad 2).
            
          Reunir a los fieles no es imposible. Si todos no son conocidos; si todos no fueran convocados para la elección, si muchos no pudieran comparecer, como en los inicios de la Iglesia, donde todos tenían verdadera unión perfecta entre sí, no solo en la fe, sino también en el amor mutuo sobrenatural, eso nunca invalidó las elecciones de los primeros Sucesores de Pedro. El pueblo y el clero romano, era mera parte de los miembros de la Iglesia. Como eso era cosa de mero Derecho humano, puede ser mudado. Mas la unión en la fe universal y en la caridad perfecta, supera todos los cismas. Que los cismáticos, de todas las especies, permanezcan con sus cismas, fuera de la Iglesia “una y santa”.
         
          Convocamos a aquellos que son pública y notoriamente fieles y según los cánones de la “Vacante Sede Apostolica” y a las doctrinas mencionadas, a poner remedio urgente y oportuno.
            
          Para el ejercicio del poder de Orden válido, la “Iglesia suple”. Pero para tener poder de jurisdicción ordinario, la Iglesia no suple, en cuanto que es un poder monárquico, divino, individual, del Sucesor de Pedro. No obstante, la propia Iglesia,por la “congregación de los fieles”, en casos de necesidad urgente, que no puede ser diferido para después de la elección papal: “puede y debe”, por los miembros de la misma congregación de fieles, “proveer remedio oportuno”.
            
          Es lo que el Magisterio y los teólogos trataron sobre el poder de la sociedad perfecta, divino-humana.
           
           “En su estado viador, la Iglesia es la congregación de los fieles.” Sto. Tomás.
           
         Congregación no ecuménica, más unida en “una fides.” (Ef. 4,5)
                                                           
                                                                                   Dr. Homero Johas.