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martes, 12 de noviembre de 2019

Estado de emergencia: afianzado en cemento… o, después de todo, Extra Ecclesiam salus est? por Eberhard Heller


Comentario de San Agustín a Juan 15, 4-7:  «Porque aquel que opina que puede dar fruto por sí mismo, ciertamente no está en la vid: el que no está en la vid no está en Cristo, y el que no está en Cristo no es cristiano» (San Agustín, in Ioannem tract., 81).
Observación preliminar 
 
En el último cuaderno había anunciado que me detendría de nuevo en la situación específicamente eclesiástica que ha resultado a causa de la sedevacancia, y que indicaría soluciones para resolver esta crisis. Hay que considerar también posibles deficiencias teológicas. 
 
Favorecida por las circunstancias externas, para muchos creyentes y clérigos que, al menos, se hacen pasar por sedevacantes convencidos, la situación se presenta hoy de modo que sólo podría emprenderse lo que se da en llamar medidas de emergencia para satisfacer las obligaciones pastorales que todo sacerdote tiene. A causa del desastre general, ya no puede garantizarse una vida eclesiástica normal… y añado, para llevar a su final este razonamiento: tampoco se la puede reconstruir. Parece haberse olvidado que un clérigo, en general, sólo puede actuar como sacerdote, es decir administrar sacramentos y proclamar los contenidos de la fe, por encargo de la Iglesia y encomendado concretamente por ella. Si se olvida esta conexión entre mandato y autorización de actividades sacerdotales, y se insiste sólo en el estado de emergencia (que no cabe negar), todo clérigo se arroga  la decisión de lo que en la situación respectiva haya que hacer o lo que haya que enseñar. (Un ejemplo craso de proclamación solitaria de la doctrina lo dejé caer en mis últimos “Comunicados de la redacción“.) 
 
No necesito enfatizar expresamente que obstinarse en tales “resoluciones solitarias“, por una parte, encierra en sí enormes riesgos de decisiones teológicas equivocadas y de arrogarse una autoridad que falta. El caso de Pivarunas, que se ha arrogado sin escrúpulos incluso derechos papales, lo muestra más que claramente (cfr. EINSICHT XXXIV/4 de abril 2004, p. 122 ss.). Por otra parte, significa perder de vista la referencia con la Iglesia, que es quien encomienda, y con su autoridad, y éste es el punto que más pesa: soltarse de la sociedad eclesiástica para degenerar así en sectarismo. Si quiere evitarse ello, entonces hay que empezar finalmente a ocuparse del problema de la restitución de la Iglesia como institución de salvación, y ponerse en activo en su realización concreta mediante la reconstrucción de estructuras e instituciones eclesiales… ¡prioritariamente! 
 
De muchos modos he señalado ya este contexto, así como la urgencia de la realización de estas medidas, y he exhortado con toda premura a llevarlas a cabo. Lo vuelvo a intentar, ya que, al parecer, ciertas circunstancias no se entendieron o fueron malinterpretadas. Para una comprensión más fácil, trato de mostrar estos problemas en conexión con su surgimiento concreto. 
 
Necesidad de la restitución 

 
La necesidad de ocuparse de la restitución de la Iglesia como institución de salvación, comenzó en el momento en que se hizo claro que, las llamadas reformas tras el Vaticano II, eran en realidad falseamientos dogmáticos de la doctrina de Cristo y de la Iglesia, y que el promulgador Pablo VI se daba a conocer con ello ipso facto como hereje. Porque, además, la parte predominante del episcopado, pero también del clero con la mayor parte de los creyentes, aprobaron en el tiempo posterior estas decisiones, la Iglesia estaba en peligro de perder no sólo su autoridad y sus estructuras institucionales, sino también su visibilidad. 
 
Trato de mostrar este proceso de aquella época desde el punto de vista de un creyente que intentaba responder a sus habituales deberes religiosos, en lo que, inicialmente, se trataba entre otras cosas de si y de cómo podía demostrarse y documentarse la pertenencia a la verdadera Iglesia y a su apoyo. (Nota bene: a través de nuestra revista, aconsejamos a los creyentes en Alemania, que, al fin y al cabo, en calidad de cristianos católico romanos trabajadores tienen que pagar impuestos eclesiásticos obligados, salirse de la sociedad de impuestos, Iglesia católico-romana“, pero no de la sociedad eclesiástica, y hacer llegar los impuestos eclesiásticos pagables a los sacerdotes vinculados a la tradición, es decir, sacerdotes que aún celebraban la misa antigua“. 
Criterios para la verdadera pertenencia a la Iglesia 
 
Pero como la situación se siguió desarrollando rápidamente y cada vez se hizo más claro que no se trataba de una disputa de ritos, sino de una revolución general contra la Iglesia, partiendo de arriba, también se hizo cada vez más claro que el criterio de la “antigua misa“ no podía bastar para mostrar las condiciones que definían la pertenencia a la Iglesia verdadera con una claridad suficiente. En la respuesta a la carta de un lector expuse sobre ello lo siguiente -aquí brevemente resumido (cfr. EINSICHT XXVIII, Nr. 3. agosto 1998, pp. 69 ss.)–: 
 
„A la pregunta de a quién se debe pagar impuestos eclesiásticos –el deber de pagar impuestos eclesiásticos vale en la forma tal como se regula en Alemania, no en todas partes– se puede responder teóricamente de modo claro e inequívoco: a la Iglesia fundada por Cristo. En el nivel de la aplicación, es decir, del enjuiciamiento de dónde, pues, puede hallarse hoy esta Iglesia que está autorizada a exigir legítimamente estos impuestos, resultan sin embargo muchas dificultades. 
 
Con toda seguridad, la llamada “Iglesia conciliar“ no puede reivindicar la determinación de ser la Iglesia fundada por Cristo. Por qué, lo hemos expuesto una y otra vez: aunque, tras la aprobación del nuevo CIC, es una comunidad de fe totalmente consolidada con una estructura clara, también social, que posee muchos rasgos de la Iglesia verdadera, sin embargo no tiene nada decisivo: ha perdido la fe verdadera, los sacramentos válidos, la moral cristiana, pronto también la sucesión apostólica, y desde hace ya tiempo el mandato de Cristo. En relación con el problema de la sede apostólica vacante, Su Eminencia Dr. Katzer (+) había aducido los criterios de cuándo la silla de Pedro está vacante: en el caso de herejía o apostasía y en el caso de la muerte física de un Papa. En relación con la herejía, Katzer hablaba también de “muerte espiritual“ (a diferencia de la física). La “Iglesia conciliar“ está en cierta manera espiritualmente muerta […] y este cadáver, pese a todos los esfuerzos, no podemos resucitarlo. […] A un cadáver sólo se le puede enterrar. (Aunque es posible que un grupo mermado, pero sano, pueda volver a integrar “células“ aisladas que sólo están infectadas pero no muertas, que, por así decirlo, han llevado a cabo una conservación de vuelta a la vida, y deberíamos rezar por ello.) 
 
[…] En la historia de la Iglesia, se llegó con frecuencia a la apostasía de Iglesias parciales: con Arrio en el siglo IV, en Inglaterra con Enrique VIII, en Alemania con las reformas de Lutero. Pero, al mismo tiempo, la Iglesia era muy activa en otras partes, ofrecía una resistencia enérgica contra apostasías tales. Pero lo decisivo era que en todas estas crisis la jerarquía permanecía por lo general intacta. (E incluso Roma vivió a mitades del siglo III el «Cisma novaciano“.) Pero una apostasía en estas dimensiones, cuyos testigos hemos venido a ser nosotros hoy, jamás la hubo en la historia de la Iglesia. Excede la imaginación de muchos creyentes, no puede ser lo que uno no puede imaginarse o no quiere imaginarse. […] 
 
Aun cuando se ha hecho claro que no hemos de pagar impuestos eclesiásticos a la “Iglesia conciliar“, motivo por el cual tenemos que salir de la sociedad de impuestos “Iglesia católico-romana. –¡no de la comunidad eclesiástica!–, sin embargo estamos obligados a apoyar económicamente a la Iglesia y a sus servidores. ¿Pero dónde está ella, la Iglesia, quién la sirve? (Nota bene: por desgracia, la “Iglesia conciliar“ puede seguir llevando en Alemania el título de “Iglesia católico-romana“, que está protegido por el derecho onomástico, aunque el nombre propiamente nos correspondería a nosotros, que representamos a la verdadera Iglesia y queremos seguir continuándola.) […] 
 
Antes, suponíamos ingenuamente que sacerdotes que leen la antigua misa, también son o quieren ser miembros de la Iglesia verdadera, y que también poseen la actitud correcta en cuanto a su decisión: ya simplemente porque proceden contra las reformas y las rechazan. Los que se habían salido de la sociedad de impuestos “Iglesia católico-romana“ hacían llegar sus impuestos eclesiásticos a estos sacerdotes. Desde el punto de vista actual, es decir, desde el conocimiento de que las reformas no fueron un “accidente“ teológico, sino una remodelación consciente en una “Iglesia“ distinta, y que los enemigos de las reformas tenían que acostumbrarse a pensar en una reconstrucción de la Iglesia, en su restitución como institución de salvación, el criterio de “vieja misa“ ya no es suficiente. Menciono sólo a aquellos clérigos que prestan el llamado “servicio al cliente“: leer, según se desee, ora la “nueva misa“; ora la “vieja misa“. Es seguro que ellos no forman parte de nosotros en las filas de los sedevacantistas. Asimismo, tampoco aquellos que leen la “misa de indulto“ por encargo de la “Iglesia“, o que, aunque son permanentemente “desobedientes“, reconocen a Monseñor Wojtyla [Nota de Sededelasabiduria: hoy a Ratzinger o a Bergoglio] como Santo Padre, por ejemplo los econistas, los des-laurieristas en Savoya di Verrua, es decir, el grupo en torno a la revista “Sodalitium“.  
 A su vez, otra corriente de sacerdotes tradicionalistas lee la vieja misa sin preocuparse de la legitimación ni del problema de la falta de mandato eclesiástico. La pregunta por la autorización es justificada por ellos simplemente con el concepto difuso de una situación general de emergencia, con lo que están siguiendo más bien fines sectarios. 
 
¿Quién queda entonces todavía? ¿Qué sacerdotes pueden considerarse miembros y representantes de la Iglesia verdadera, que tienen derecho a nuestro apoyo económico (impuesto eclesiástico)? 
Son aquellos: 
– que trabajan por la restitución de la Iglesia, es decir, cuyos esfuerzos van más allá de la simple administración de sacramentos. 
– que son conscientes de que los sacramentos sólo pueden administrarse por mandato de la Iglesia, y que justifican (que pueden justificar) de modo correspondiente su intervención
– que tratan de resolver el actual dilema de la jerarquía
– que tienen contacto con las otras comunidades eclesiásticas. 
– que están dispuestos a someterse a una jerarquía restituida. […] 
P.S. Evidentemente que, este paso de separarse formalmente de la “Iglesia conciliar“, también tienen que darlo aquellos que no tienen que pagar el impuesto eclesiástico, para mostrar que han seguido siendo ortodoxos y que no quieren ser miembros de esta sociedad eclesiástica reformista.“ 
 
Aplicación de estos criterios 

 
Estos criterios, que expusimos hace seis años, de una acción sacerdotal legítima bajo las circunstancias dadas, no han perdido nada de actualidad y también hoy pueden seguir aplicándose así. 
 
Las dificultades residen en la realización de estos postulados. ¿Cómo puede reconstruirse una Iglesia cuyas estructuras visibles, y junto con éstas, su autoridad para los poderes plenos, no sólo de mandatos pastorales a obispos y sacerdotes, o a los creyentes para someterse a este clero, sino también la base para la reconstrucción, están rotas? Con la falta de autoridad y la falta de mandato, ¿hay que refrenar entonces la intervención pastoral de los sacerdotes? ¿Han de esperar a intervenir hasta que –según las ideas del fallecido obispo Des Lauriers– el “Papa materialiter“[ Bergoglio, hoy], merced a su “conversión“, se haya transformado de nuevo en un “Papa formaliter“, el cual luego –según la idea de Des Lauriers–, en calidad de Papa legítimo, también podría volver a asignar mandatos? Así pues, como no tienen mandato, ¿deben interrumpir por completo sus actividades como pastores, como exige toda una serie de legalistas que sólo miran con malestar y rechazo a las actividades sectarias en torno de ellos? ¿Cómo se puede evitar entonces el dilema entre obligación pastoral del sacerdote y la falta de mandato? 
 
Una nueva declaración 
 
El Padre Krier, el Sr. Jerrentrup y yo, en nuestra Declaración de febrero de 2000, que enlaza con la DECLARATIO de Su Eminencia el Monseñor Pierre Martin Ngô-dinh-Thuc del 25 de febrero de 1982, trata de mostrar una solución, sabiendo que en toda la historia de la Iglesia no ha habido una situación comparable que muestre un grado semejante de destrucción y de desorden. 
 
A causa de insuficiencias personales, justamente también entre los obispos a quienes se confió este mandato, y a causa también de una tendencia registrable a nivel mundial de reducir la Iglesia como institución sagrada a un mero negocio de administración sacramental, existe el peligro de que los miembros de la verdadera Iglesia católica deriven hacia el sectarismoEsta tendencia sectarista trajo entre otras consecuencias la infiltración de “clérigos“ vagos, pero también su irresponsable integración en comunidades originalmente no sectarias, con lo cual en algunos casos se ha planteado la macabra situación de que la “antigua misa“ válida es leída por “sacerdotes“ consagrados de modo inválido. Con este desarrollo global, el mandato original de Monseñor Thuc se habría trocado en su opuesto, y, dicho en términos humanos, se habría sellado el hundimiento de la Iglesia que Cristo fundó como institución sagrada. 
 
Para poner término a este desarrollo fallido y para colaborar en la reconstrucción de la Iglesia como institución sagrada, declaro lo siguiente: 
La Iglesia, según la definición del Doctor de la Iglesia Bellarmino, es “la comunidad de todos los creyentes que, confesando la misma fe y participando de los mismos sacramentos, están unidos bajo la guía de los pastores ordenados y en especial del representante único de Cristo en la tierra, el Papa romano (De eccles. milit., c. 2). Esta comunidad concierne de modo particular a los obispos y sacerdotes: Para que el mismo episcopado sea uno e indiviso y para que, bajo los sacerdotes estrechamente unidos entre sí, se guarde a la totalidad de los creyentes en la unidad de la fe y de la comunidad, poniendo a San Pedro a la cabeza de los demás apóstoles, instauró en él un principio duradero de esta […] unidad.“ (Concilio Vaticano, constitución Pastor aeternus, DS 3051). Pero también los creyentes tienen que estar unidos entre sí: „[…] la Iglesia [tiene que] llamarse un cuerpo sobre todo porque crece conjuntamente a partir de una mezcla y unión acertada y coherente de partes, y porque está provista de diversos miembros que están en armonía recíproca.“ ) Pío XII, encíclica Mystici corporis, 29 de junio de 1943, DS 3800). Con ello se quiere decir que uno de los criterios de la pertenencia a la Iglesia es también la intención de fomentar la comunidad de los creyentes entre sí. Esta unidad universal también tiene que mostrarse hacia afuera de modo visible: “De ahí se sigue que se encuentran en un error grande e igualmente fatal quienes se representan y proyectan la Iglesia conforme a sus propios propósitos como si fuera algo oculto y no visible […]“ (León XIII, encíclica Satis cognitum, 29 de junio de 1896, DS 3301). 
 Con la apostasía de la jerarquía tras el Vaticano II, que Monseñor Thuc documentó en su “Declaratio“, la Iglesia como institución sagrada visible se ha desmembrado gravemente. Ya no existe una “comunidad visible de todos los creyentes“, aun cuando por todo el mundo sigue habiendo comunidades y grupos que profesan la verdadera fe. 
 
Pero Cristo fundó la Iglesia como institución sagrada –y no sólo como mera comunidad de fe– para custodiar de modo garantizado la transmisión segura de su doctrina y sus medios de salvación. Por consiguiente, 
la reconstrucción de la Iglesia como institución sagrada es exigida por la voluntad de su fundador divino. 
 
Con la restitución de la Iglesia como institución sagrada visible se corresponden: 
– Asegurar los medios de gracia. 
– Custodiar y transmitir la doctrina de la Iglesia. 
– Asegurar la sucesión apostólica. 
– Restablecer la comunidad de los creyentes en un nivel regional, suprarregional y en el nivel global de la Iglesia. 
– Restitución de la jerarquía. 

– Restablecer la silla papal (como principio de unidad). 
 
Pero aquí surge un dilema. Por un lado falta por ahora la jurisdicción eclesiástica necesaria para el cumplimiento de estas tareas, puesto que la jerarquía ha apostatado, mientras que por otro lado el cumplimiento de estas tareas es el presupuesto necesario justamente para el restablecimiento de esta autoridad eclesiástica. Pero el restablecimiento de la autoridad eclesiástica es exigido por la voluntad de salvación de Cristo. En mi opinión, el dilema sólo puede resolverse si todas las actividades precedentes quedan bajo la reserva de una legitimación posterior y definitiva a través de la jerarquía restablecida
. Con ello, la celebración de la misa y la administración de los sacramentos, por ejemplo, entre tanto sólo pueden justificarse si se consideran bajo el aspecto de la restitución global de la Iglesia como institución sagrada y se someten al enjuiciamiento posterior a cargo de la autoridad restablecida y legítima [ al Papa]. 
 
La administración y la recepción de los sacramentos (incluida la celebración y la visita de la Santa Misa), al margen de su validez sacramental, no estarían por tanto autorizadas si se realizaran sin referencia a esta justificación que es la única posible. 
 
Desde estas consideraciones, y bajo las circunstancias dadas, puede definirse ya la pertenencia a la Iglesia verdadera como el cuerpo místico de Cristo. Los cuatro criterios que Pío XII expuso en la encíclica Mystici corporis“:  
1) Recepción del bautismo,  
2) Confesión de la fe verdadera,  
3) Sometimiento a la autoridad eclesiástica legítima, y  
4) Estar libre de penitencias graves (DS 3802), tienen que modificarse en el punto 3) en el sentido de que, debido a la falta de la autoridad eclesiástica legítima, los esfuerzos para la restitución de la autoridad eclesiástica (es decir, hasta su reconstrucción completa) ha de valer provisionalmente como criterio sustitutivo.“ 
 Solución del dilema 
 
Así pues, el dilema indicado entre falta de mandato –dejo aquí sin tratar que hay o que podría haber aún diversos clérigos viejos que aún podrían apelar a un mandato legítimo bajo Pío XII– y el cumplimiento de la voluntad de Cristo, a nuestro parecer, sólo puede resolverse si en y durante el proceso de restitución, la autoridad que (todavía) falta sea anticipada hasta que haya vuelto a ser instalada, para luego hacer legitimar por ella este modo de proceder. Es decir, todas las medidas concretas de reconstrucción quedarían entre tanto bajo una reserva de legitimación, ya que, sólo mediante la consecución del restablecimiento de la autoridad, es decir, con la elección de un nuevo Papa, tendrían que ser bendecidas por aquélla como proceso global, y reconocidas como legítimas. 

 
  
Problemas especiales de realización en la reconstrucción 

 
Como un obstáculo especial se consideró la insistencia en una elección Papal. Pero la declaración de sedevacancia sólo tiene sentido si con ella se enlaza la intención de volver a ocupar la silla vacante. Aun cuando las preguntas teológicas y los problemas de aplicación aún no han sido suficientemente discutidos a fondo, sin embargo debería ser claro que la elección Papal, al menos, tiene que plantearse como exigencia. Obedece sólo a la continuación del mandato de Cristo que la Cathedra Pedro tiene que (debe) volver a ser ocupada, aun cuando el cómo aún no ha sido aclarado del todo. Al menos tenemos un modelo según el cual podría producirse una reconstrucción. Aun cuando hasta ahora no se han respondido del todo todas las preguntas, una realización podría haber tenido lugar hace tiempo, puesto que la finalidad –la plena restitución de la autoridad, la construcción de estructuras eclesiásticas en los niveles de la comunidad, la diócesis, la Iglesia mundial– está claramente perfilada. 
 
La descripción de la situación concreta 

 
Pues bien, ¿qué aspecto ofrece la realidad? ¿Se perfilan esfuerzos reconocibles por conseguir este fin, es decir, la reconstrucción de la Iglesia? ¿Cómo se presenta predominantemente con vistas a la situación actual la conducta de los sacerdotes que pretenden trabajar para la verdadera Iglesia católico-romana, o que apelan a llevar a cabo en su nombre una práctica pastoral? 
 
Comencemos con nuestra investigación en los países de habla alemana, pues es donde la mayoría de los lectores pueden ver y valorar mejor la situación. Al margen de diversos clérigos que, como vagos, van de un lugar a otro para leer la misa en instalaciones privadas aisladas –en este círculo se encuentran a menudo los ex-econistas ( ex lefebvristas)–, y que, por así decirlo, ofrecen un servicio sacramental al cliente como “Yo Sociedad Anónima“, hay diversos centros de misas que se pueden considerar ya como instalaciones comunitarias y que son llevadas por clérigos, aunque su trabajo se limita en lo esencial a la lectura de la Santa Misa. La pastoral y la catequesis se escriben más bien “con minúscula“. La mayoría de las veces, estos clérigos no hablan entre sí. ¿Intercambio y aconsejamiento recíproco? ¡Resultado negativo! Pregunten ustedes, queridos lectores, a “su“ sacerdote. Sus contactos se limitan al intercambio de funciones sacerdotales o a aplicar poderes plenos sacerdotales, casi siempre episcopales, para hacer administrar la confirmación o escuchar confesiones. 
 
La fusión de los centros de misas y de los creyentes que se reúnen en ellos bajo la guía de los clérigos que los conducen en el sentido de una comunidad de salvación eclesiásticamente estructurada, no sólo no se realiza, sino que ni siquiera se intenta. Demostración: después de más de 35 años de “estado de emergencia“, en Alemania y en los países y regiones limítrofes de habla alemana no hay ni una congregación de clérigos ni una fusión de creyentes guiada por ésta. (Nota bene: aun cuando nosotros no compartimos la posición de Econe [ lefebvrismo], que reduce la lucha eclesiástica a una disputa de ritos, una cosa hay que reconocer a los econistas: que por vía de disciplina se han construido a nivel mundial un sistema de centros con un trabajo comunitario que funciona.
 
El estado de emergencia, que en su momento lo hubo realmente, se declara caso normal y se estiliza como tal, para abusar de él como coartada para particularismos pastoralesCon todos los peligros que resultan de ello: errores en la liturgia, en la interpretación de determinados contenidos doctrinales –cfr. los pasajes correspondientes en los ”Comunicados de la redacción“ del número de noviembre–, arrogancia de derechos, excedencia de las competencias, pero también actitudes fallidas en la disciplina: estoy pensando en la tristemente célebre orden sobre vestimentas en algunas comunidades, que aún tiene preferencia sobre la aclaración de convicciones dogmáticas fundamentales. Además hay expulsiones de la Iglesia que se ha declarado como casa de Dios católico-romana, sin que el sacerdote responsable tuviera para ello ningunos poderes plenos jurisdiccionales. 
 
A mi modo de ver, en otros países y continentes sucede de modo similar. En Italia, el grupo en torno a Abbé Ricossa hace que la pertenencia a su comunidad dependa de la aprobación de la teoría del „Papa materialiter, non formaliter“, que, como se puede demostrar, es absurda y teológicamente insostenible. En los Estados Unidos, aunque el obispo Pivarunas tenga tantos sacerdotes “bajo sí“, como él mismo escribe, sin embargo, en esta subordinación, no se trata de la reconstrucción de estructuras eclesiásticas, sino de puras relaciones de poder, pues Pivarunas sólo se ve en competencia con la „Hermandad sacerdotal“ de los econistas.  

Las situaciones precarias y las actitudes o posturas fallidas que hemos mostrado, pueden reducirse a dos puntos decisivos: 
1- El encapsulamiento y aislamiento de los otros miembros de la Iglesia (restante) –desde el punto de vista de los que llevan los centros de misas: limitación a la clientela dada (apostolado: una palabra desconocida)–, según el lema: “cada uno para sí y Dios para todos nosotros“; 
2- Al rechazo voluntario de la reconstrucción de la Iglesia como institución de salvación y comunidad de salvación
 (comunidad eclesiástica). 

Falta de voluntad para formar comunidades  ¿Cómo hay que juzgar estas posturas desde la fe católica? ¿Son legítimas? 
Por cuanto respecta al encapsulamiento y el escudamiento, la Iglesia se ha pronunciado inequívocamente. Excepto en los tiempos de la persecución, cuando esto era impedido por circunstancias externas, los creyentes no deben construirse “catacumbas“ para esconderse, sino que tienen que estar vinculados entre sí:  “La Iglesia [tiene que] llamarse un cuerpo, sobre todo por el motivo de que crece conjuntamente a partir de una mezcla y enlace correcto y concordante de miembros, y está provista de miembros diversos en consonancia.“ (Pío XII, Encíclica Mystici corporis, 29 de junio de 1943, DS 3800). Con ello se quiere decir que entre los criterios de la pertenencia a la Iglesia se encuentra también la intención de fomentar mutuamente la comunidad de los creyentes. Esta unidad omnilateral también tiene que hacerse visible hacia fuera:  “De ahí se sigue que se encuentran en un error grande e igual de perjudicial quienes se representan y proyectan la Iglesia según su propio albedrío, por así decirlo, como oculta y en modo alguno visible.“ (León XIII, Encíclica Satis cognitum del 29 de junio de 1896, DS 3301.) 
 
Concepto protestante de Iglesia 

 
El rechazo de la reconstrucción eclesiástica, y vinculado con ello el rechazo y el desinterés por la Iglesia como institución de salvación, corresponde al concepto de Iglesia del protestantismo. Pues según la doctrina católica, la Iglesia es la institución de salvación que constituye una  “comunidad misteriosa de gracia con Cristo como cabeza“ (cfr. Heribert Holzapfel: Katholisch und Protestantisch. Eine leidenschaftliche Klarstellung, Friburgo de Brisgovia 1931, p. 30), por lo que Pío XII habla de la Iglesia como un  “cuerpo místico de Cristo“ (cfr. también su Encíclica Mystici Corporis del 29 de junio de 1943). Por eso San Pablo puede expresar también la exigencia:  “un Señor, una fe, un bautismo“ (Ef. 4, 4). Y en Juan se dice que los discípulos de Cristo  “han de ser uno con él [con Cristo], así como él es uno con el Padre“ (Jn. 17, 11). Por eso, el desgarramiento de la unidad o el desinterés por buscarla de nuevo una vez que se ha perdido, significa una inobservancia de la voluntad expresa de Cristo. Esta unidad interna la causa, entre otras cosas, que la Iglesia esté dotada de medios de gracia (sacramentos), que Cristo aplicó y cuya transmisión institucionalizó objetivamente, por lo cual la Iglesia no sólo existe como Iglesia espiritual, sino también como comunidad visible. A la comunidad interna de gracia se le suma la organización visible, para mantener cohesionado este  “cuerpo místico“. Ambos momentos se condicionan mutuamente. La visibilidad de la Iglesia está fundamentada en última instancia en la encarnación del propio Cristo, que ha venido como hombre para entrar en contacto concreto con nosotros los hombres y sellar de nuevo con nosotros la Nueva Alianza. 
 
En oposición a ello, el concepto protestante de Iglesia se basa en la idea de que la Iglesia no es una institución de salvación, sino una comunidad de ideas comunes de fe. Por eso, según la comprensión protestante, la Iglesia es  “objeto de la fe“ („Apostolicum“), a lo que se suman ciertos signos externos, sensiblemente perceptibles, que reciben una acuñación diversa de las diversas comunidades. Por ejemplo, para el protestantismo luterano, del acuñamiento visible forma parte: 
–la doctrina de los Evangelios; 
– la administración de los sacramentos que les corresponde. 
 
El protestantismo reformatorio (Calvino) conoce aún un tercer momento: la  “disciplina“. Con ello, Calvino dotó a su iglesia de una organización junto con un orden disciplinario. 
 
Los anglicanos dan aún otro paso: transfieren la administración de los sacramentos y la dirección de la doctrina a los obispos (cfr. H. Holzapfel, op. cit. pp. 49 ss.) Pero el orden eclesiástico externo no se basa en su institucionalización a cargo de Cristo, sino en la prescripción humana, para la que se reivindica fundamentalmente libertad para sus formas. (Sobre la definición del concepto protestante de iglesia, cfr. J. Kunze: Symbolik, Leipzig 1922; asimismo, Ph. Bachmann: Unterricht in der christlichen Religion, Leipzig 1927.) 
 
En el rechazo de la Iglesia como institución sagrada con sus estructuras claramente definidas –motivo por el cual también se habla de la Iglesia como societas perfecta–, 
nuestros clérigos, que igualmente rechazan la institución, en tanto que se niegan a reconstruirla, nolens volens se aproximan al concepto protestante de Iglesia. Con ello, su obrar obtiene una dimensión dogmáticamente valorable que ya no puede ocultarse detrás de algún tipo de situaciones forzosas. 
 
¿“Sine Ecclesia salus est“? 

 
Pero esta negativa a volver a construir la Iglesia, contiene aún otra grave actitud fallida: invierte el axioma de San Cipriano  “extra Ecclesiam nulla salus est“,  “fuera de la Iglesia no hay salvación“, en su contrario:  “extra Ecclesiam salus est“, o más concretamente:  “sine Ecclesia salus est“,  “salvación también sin Iglesia“, en lo que los jóvenes clérigos quieren apoyar su acción pastoral. Tales esfuerzos están condenados al fracaso
 
Apelación final 

 
Ya es tiempo de volver a abordar las medidas que el fallecido obispo Carmona (recuerde el el lector que el artículo es de hace 19 años) introdujo para el establecimiento de la unidad eclesiástica.


sábado, 9 de noviembre de 2019

RESPUESTA AL PBRO. VERGARA


            Esta carta no es por el pedido o la exigencia suya P. Vergara que todavía espera respuesta mía a sus insultos y acusaciones. Esta carta se la escribo en honor a un comentario anónimo que me llegó al blog de la Fundación que seguro que no es de ud. porque el demonio no usa palabras tan “amables” como las que usó el anónimo en su comentario y que representa el pensar de, quizás, mucha gente y me di cuenta de cómo puede afectar la fe de algunas almas mi silencio. Con Ud. Padre Vergara no me siento con la obligación de contestarle absolutamente nada.
            Esta es la primera y la última vez que me voy a dirigir a Ud. públicamente.  No voy a entrar en su juego, no voy a nombrar a nadie para ponerlo como testimonio de su malicia, su locura, de sus bajezas dando testimonio que lo dejarían en ridículo a Ud. y tome represalias contra ellos. Es lo que Ud. quiere, por eso le duele el que no le conteste a ningún escrito suyo ni que responda a sus llamadas como el día que me llamó 24 veces incluso hasta las 3 de la madrugada, por eso le dolió el audio del P. José Vicente González pues lo define tal cual es Ud. un monstruo, un endemoniado y no voy a dar, le repito ningún testimonio de nadie, ni voy a hacer como hace Ud. de citar frases y conversaciones fuera de contexto, manipulando la realidad como la ve Ud. desde su locura. No tiene sentido entablar ningún tipo de diálogo ni discusión ni polemizar con alguien que no está en la misma realidad y a quien solo mueve el sentimiento de venganza
            ¿Ud. el “libre de pecado” es el que tira la primera piedra?
            Vamos, Padre Vergara, Ud. sabe quién es y nosotros también sabemos quién es, por eso no voy a hablar, y no por cobardía, sino por salud mental y espiritual mía y por no meter en el medio a nadie que pudiera salir perjudicado conociéndolo como es Ud. rencoroso y vengativo. Publique lo que quiera, destrúyame, destróceme, vénguese a su gusto, sacie su sed de venganza, no me importa nada de Ud. ni de lo que diga ni haga, pero recuerde que con la vara con la que mida, será medido y el que quiera creerle lo que  escribe, que le crea, y el que quiera publicar lo que Ud. publica, lo haga las veces que quiera y el que por medio de Ud. engendre odio hacia mí, pues que lo haga, al final es lo que Ud. desea en su corazón, como ya lo ha manifestado. Todos lo conocimos a Ud. acá en la Fundación y no solo nosotros, también los fieles y en ninguno quedó un buen recuerdo de su pasaje por acá, cosa extraña, por eso le agradezco a Dios que se haya ido y no vuelva nunca más, que ni nos necesita ni lo necesitamos, además ya frecuenta otra vez las instalaciones de la Autónoma de Guadalajara, esperemos que su abjuración de la organización Tecos que hizo en el Seminario ante el Sagrario abierto y que firmó sobre el altar, delante de testigos en enero de este año no haya sido una mentira más, y no sea ud. un perjuro.
            Ud. podrá engañar a mucha gente que lo conoce solo por internet, pero no a los que lo conocemos en la vida real, y lo vivimos y lo soportamos con caridad cristiana todo el tiempo, ud. lo sabe. Ud. a mi personalmente me  provoca más lástima cristiana que ira u odio y eso es lo que le duele a Ud… que no lo odie como odia Ud. y tapa ese odio tras la farsa del amor a la Verdad y a la Iglesia de Cristo, mentiroso.
            Habla de la malicia del judío infiltrado, usando su “Biblia”, el Complot contra la Iglesia, del marrano, de denunciar a sacerdotes que en lo secreto practican el judaísmo, que ahora me lo aplica a mí  y  que hasta no  hace mucho tiempo se lo aplicaba a sus “amigos” de congregación;  pero leyendo sus escritos, me doy cuenta que esa maldad o malicia de la que Ud. habla, no es patrimonio exclusivo del judaísmo salvo que Ud. también lo sea, como acusa a otros, a ver quién es el próximo. ¿Por qué en vez de hablar de mi “judaísmo secreto” no cuenta mejor su visita a Catemaco, pueblo de brujos y brujas en Veracruz como nos lo contó a nosotros en la mesa del Seminario alabando su humildad? Habla de judíos infiltrados ¿Y Ud. va a consultar a brujos? Cuándo Ud. publicó su primer artículo contra mí, gente de Veracruz me llamó que lo conocieron y me enviaron mensajes, que guardo para cuando llegue el tiempo, para advertirme de Ud. y de su participación en brujerías, y su viaje a Catemaco, cosa que creí pues Ud. mismo, en su verborragia y en la abundancia de su corazón hizo hablar a su boca delante de nosotros. Cómo son las cosas, Ud. espía, investiga, busca y rebusca para saber de los demás y uno desde su casa se entera de más cosas de las que querría enterarse…
            Esta carta se la dirijo a Ud. y tendría que haber sido en privado, como desde un principio, pero ud. no entiende de caridad y su odio y sus deseos de venganza, que también ha hecho manifiesto muchas veces ante varios, no le permite ver más allá de su corazón entregado al demonio.
            De lo que Ud. me acusa y no solo a mí, también en su tiempo al obispo que lo ordenó, a compañeros suyos de sacerdocio, a amigos de seminario, de vida común, y a otros, acusaciones que también hizo público ud. ante varios, entre los cuales yo estaba, y que no sé si está enterado, también es acusado Ud. Averígüelo y de otras cosas aún más escandalosas que a lo mejor Ud. no lo recuerda pues la mayoría de las veces que escribe esas cosas en la madrugada, hora del infierno, está ebrio, como tantas veces que me ha hablado en ese estado, incluso triangulando la conversación para que otros escuchen lo que me dice, gracias a Dios esas personas no son como Ud. y se dieron cuenta de su ebriedad y de sus falacias y no solo me llamó a mí sino también a otros que le colgaron el teléfono para no escuchar sus agresiones e insultos y maldiciones que dice cuando habla en ese estado.
            Me acusa varias veces de “defenestrar” a Obispos y Sacerdotes en mis escritos. Cualquiera que lea con recta intención los escritos que he publicado a raíz de todas sus acusaciones y comentarios, se dan cuenta que no critico a nadie, ni mucho menos “defenestro” a nadie, como le gusta decir a Ud. que aísla frases para colocarlas fuera de contexto y manipularlas a su antojo.
            Defenestrar es lo que Ud. hace e hizo con saña no solo con nosotros ahora, sino también con sus propios compañeros, amigos y superiores como lo hizo en las tres cartas que publicó de Trento que circulan todavía por internet y que guardo como documentos. Eso es defenestrar, eso es destruir con odio la reputación del prójimo. Y si la gente no cree, publíquelas de nuevo para que juzguen y vean por sí mismos lo que es defenestrar.
            De su propia boca nosotros escuchamos en la casa que 17 de sus compañeros habían desertado del Sacerdocio y hasta hace apenas unos meses iba a publicar otra carta contra un Sacerdote de Trento movido por su odio habitual, que por consejo de un Padre de la Fundación no lo hizo y muchas, muchas, muchas y muchas otras cosas más que prefiero callar, Ud. es un hipócrita, un inmisericorde, corazón de piedra propio de un endemoniado y si me acusa a mi de traidor, mírese en el espejo y verá un ejemplo de lo que es traición. Por donde ha pasado Ud. ha dejado destrucción, recelo y desconfianza, por eso está solo y ya nadie confía en Ud., ni amigos que no creo que los tenga ni enemigos. Ud. no obra como judío, obra como demonio.
            Nombra Sacerdotes, fechas, hace públicos hechos que muchas veces no son como Ud. los describe, porque no estuvo cuando pasaron o sus fuentes le informaron mal o lo que Ud. averiguó no corresponde a la realidad o simplemente porque miente, ¿eso no es defenestrar? Si el problema es conmigo, por qué ese afán de hacer creer que todo lo sabe y arruinar la reputación de almas que ni siquiera deberían ser nombradas y que son buenas, ¿eso no es defenestrar?
            Ud. me acusa y me hace culpable solo a mí de la ineptitud en la selección de los candidatos al Sacerdocio y de que me defiendo y no me echo la culpa cuando defeccionan, pues bien, ahora en esta carta acepto, en lo que a mí me toca, que también yo cometí errores, no estoy exento, incluso el Obispo, en cuanto su humana fragilidad lo prueba, y espero en Dios no volver a cometerlos, pues caro me han costado. Hubo un Obispo que ordenó a Arrio, otro que ordenó a Lutero y no creo que hayan querido ordenar herejes; así como hubieron Obispos que ordenaron santos sacerdotes, pero no todos los que se fueron de la Fundación lo hicieron por culpa mía ni yo los expulsé.
            Pero yo le pregunto a Ud: ¿Por qué se salió Ud. de Trento?, ¿Acaso el Obispo que lo ordenó es un inepto como yo y se equivocó en ordenarlo y ud. es una víctima más de un mal obispo? ¿O le pidieron que se fuera o qué pasó? ¿Por qué cuando vino a buscarnos sin que yo lo buscara, yo a Ud. ni lo conocía, Mgr. Dolan ya no quería saber nada de Ud. cómo Ud. nos lo contó en comunidad? También él es un inepto que no sabe discernir entre su clero? ¿Por qué, Padre Vergara, Ud. no puede estar con nadie?, por eso creo que su odio al conclavismo es más un odio visceral al sometimiento a una autoridad que lo contenga que al conclavismo en sí. Yo recuerdo las pláticas de sobremesa donde Ud. defendía el conclavismo aunque fuera aceptado por la absoluta minoría de la tradición y hasta proponía opciones de cómo hacerlo, y no estaba solo yo, también otros que pudieran dar testimonio de esto, ¿Todas esas palabras eran mentira? ¿Ahora nuestro conclavismo es “espúreo” como dice Ud.?
            Cuánta falsedad hubo en Ud. el tiempo que pasó con nosotros, Padre Vergara, cuánta adulación y a la vez cuánta cizaña sembró entre nosotros, cuántas contradicciones sembraba entre unos y otros con su lengua de víbora, relatos que pudieran llenar un libro, pero Dios no le permitió que nos hiriera, antes lo alejó y unió más a la comunidad a pesar de sus escritos y sus ataques.  
            ¡Cuánto escándalo causan sus escritos, Padre Vergara!
            Ud. se rasga las vestiduras cuando habla del P. José Vicente Ramón González porque estaba casado y ahora critica y se escandaliza de que Mons. Urbina era también él casado y pone en duda en sus escritos el compromiso de celibato firmado y vivido hasta hoy por él. Ud. ya sabía toda la línea episcopal de la que vengo y de la situación de Mons. Urbina y estuvo presente en la consagración de Mons. Loya, ¿Por qué entonces vino a nosotros si tanto lo escandaliza la situación de Mons. Urbina? ¿Por qué ahora sí es motivo de escándalo?
            Escandalícese entonces de una vez por todas de Monseñor Moisés Carmona y Rivera que hizo lo mismo que yo hice y reniegue entonces de su Sacerdocio pues Ud. viene de la línea de un Obispo que ordenó a un hombre casado, sin licencia de Roma ni cartas apostólicas, el Padre, en su  tiempo, José López Gastón, en 1991.
            Ud. se indigna por la postura conclavista porque “no tiene en cuenta la actitud de sacerdotes piadosos y que solos pelean desde sus trincheras”, o que son “perros solitarios” como me dijo Ud. en una conversación que tuvimos. Muy hermosa la comparación, Padre, pero la Iglesia no es un ejército ni tiene trincheras, la Iglesia es “La comunidad de fieles bautizados, espiritual y visible, que profesan la doctrina de Cristo y que obedecen la voz del Romano Pontífice y tienen la misma unidad de fe, de régimen, de gobierno para participar de los méritos de Cristo y salvarse”. Y si fuera un ejército como lo compara Ud. también necesitaría como cualquier ejército un general que mande al cual todos deben obedecer para que los soldados no hagan cada uno lo que le plazca…así la guerra está perdida. Y en el lenguaje canónico, que tanto le gusta a Ud. ese “perro solitario” se denomina “clérigo vago”.
            También dice que hay buenos Obispos que trabajan por la Iglesia y que hacen mucho bien a las almas. Dígame, Padre, la respuesta a lo que siempre he preguntado a los acéfalos y nunca contestaron: ¿Dónde está la Iglesia? ¿Cuál es la unidad entre ellos que hace su ministerio Uno y Único? ¿Ud con cuál obispo está para no pelear como un “perro solitario”? ¿Qué es la Iglesia para Ud., la comunidad de facebook que rezan el Rosario y que leen sus artículos? Según Uds. ¿Dónde está la Iglesia de Cristo? Lo incluyo porque ahora veo claro que Ud. nunca fue conclavista, otro engaño, por los ataques virulentos que hace ahora a esta doctrina.
            Serán buenos Obispos y Sacerdotes y muy entregados en su ministerio, no lo pongo en duda, tengo amigos entre ellos,  pero pelean contra el aire porque no están unidos entre sí, como los protestantes. El ministerio eclesiástico hay que ejercerlo “in Ecclesia” no en grupos aislados o “perros solitarios” como dice Ud.
            Y esto es por lo que sostengo la postura de la elección del Papa. Es el único principio de Unidad, Cristo visible y esto porque el Cristo invisible así lo quiso. El demonio no le teme a una Iglesia numerosa, le teme a una Iglesia Unida, a lo mejor por eso no quieren muchos elegir al Papa, pues no están del lado de la Iglesia Una y Única sino de su propio lado personal o del lado enemigo.
            Ahora voy a aclarar un punto álgido y quizás el más importante, pues Ud. de ahí se agarra para publicar sus fotos amarillistas y sensacionalistas que venden, marketing, dirían hoy y  me “excomulga”.
            Nunca violé el secreto de sus confesiones, nunca. Lo que pude haber hablado o  dicho de Ud. son cosas que Ud. mismo habló delante de varios y no una, sino muchas veces, narrando sus fechorías haciéndose el humilde y arrepentido. Un defecto suyo, Padre, que habla demasiado de Ud. mismo.  Yo escuché de su boca cosas de ud. más fuera que dentro de la confesión y eso no es revelar ningún secreto de nada. Y si Ud. lo pone en duda venga y delante de los testigos lo aclaramos.
            Ahora voy a pasar a algunas cuestiones canónicas que Ud. plantea, enfocado desde el punto de vista protestante e hipócrita que Ud. hace del C.I.C. no desde mi punto de vista
* ¿Qué autoridad eclesiástica conforme al canon 1384 le autorizó a Ud. a publicar todos los artículos personales y doctrinales con los que invade las redes sociales? ¿Por cuál censura eclesiástica previa pasaron?
* ¿Cómo puede Ud. ejercer el ministerio sacerdotal públicamente si canónicamente hablando Ud. está Suspendido a Divinis a tenor de lo cánones 2370 y 2372 por haber osado recibir órdenes sagradas de mano de un Obispo suspenso por haber sido consagrado sin cartas apostólicas ni Mandato Romano?
* ¿Por qué en el Seminario varias veces binaba (decía dos Misas el mismo día) sin causa canónica suficiente cuando decía Misa en la mañana a los Seminaristas y a la tarde a las Religiosas en su convento sin que nadie se lo hubiera pedido, además contra la costumbre de nuestra comunidad a tenor del canon 806 párrafos 1 y 2?
            Podría seguir enunciando más “irregularidades” de su parte, solo pongo estas para que entienda lo que es el estado de necesidad y como cada cuál lo aplica a su criterio, a veces bien, a veces mal, por eso la necesidad del Papa.
            Ud  me acusa de celebrar sin acólito. Sí, a veces lo hacemos cuando no loo hay, cómo lo hace Ud. cuando da Misa en el Oratorio de su casa y asisten dos miembros de su familia que no pueden acolitar, yo lo vi. No me “escandalizo” como hace Ud. porque está permitido incluso que conteste una mujer que no esté cerca del altar a tenor del canon 813 parágrafo 2. El Padre Carlos de Foucauld tenía la dispensa hasta para celebrar sin luminaria, es decir ¡sin velas!
            Me acusa de decir la Misa “demasiado rápido” no como Ud. que a veces en el convento tardaba 2 horas o más empezando a las 8:00 y terminando después de las 10:00 sermón incluído. Y lo mismo en el Seminario. Sepa Padre, que las rúbricas litúrgicas, según los liturgistas Solans, Casanueva, Antoñana dicen lo siguiente: “La rúbrica general indica que el Sacerdote ha de proceder en la celebración “non ad modum festinanter, nec nimis morose” (ni muy rápido ni muy lento); lo primero, para tener suficiente advertencia de lo que va haciendo, y lo segundo, para no causar hastío y molestia a los oyentes. Los autores comúnmente, dan como norma general que la Misa ordinaria ni baje de veinte minutos ni pase de media hora.” Hasta aquí Antoñana citando a Solans y Casanueva, liturgistas que por supuesto no fueron modernistas pero que no sabían tanto como Ud. Es más, en el horario del día de S.S.Pio XII dice que el Papa celebraba su Misa de 7:45 a 8:15. Media hora, Padre, la Misa del Papa.
            Nos acusa de no cuidar la calidad del vino de Misa. Usamos los que usan en todas las capillas tradicionales de México y que son aptos para ello, Pedro Domecq para consagrar, Ecclesia y Eminencia. Es cierto que Ud. de vino sabe más que nosotros, pero los vinos de Misa que usamos son aptos para ello.
            Ya no contesto más nada de sus acusaciones sin más fundamento que el odio, el rencor y el deseo de venganza porque no terminaría más. Mejor publico como anexo también la respuesta a su carta primera que luego publicó y dio origen a todos sus ataques hasta hoy.
            Otra cosa que me gustaría aclarar, y es que el P. Daniel Cruz no publicó la carta abierta dirigida a mí hace un mes o dos, donde, según la carta, da testimonio de verdad que cuando, el 3 de agosto yo leí en frente de él la carta del P. Vergara, afirmé que “me vengaría de él, del P. Vergara”. El P. Daniel Cruz, nunca pudo escuchar de mi boca eso pues él se fue de la Fundación el 27 de mayo (dos meses y tres días antes, ni supo de la existencia de esa carta ni en lo privado) y no lo he visto desde entonces. Tampoco pudo escribirla él pues jamás se refería a David Martínez como “el cubanito” pues lo tenía en alta estima y llevaba con él una estrecha amistad. Ese apelativo despectivo, yo se lo escuché a Ud. Padre Vergara de viva voz en una de sus llamadas, ebrio Ud, para variar y a Basilio Méramo y a nadie más.
            Ni soy Nelson Suarez ni los otros que dice, según eso el P. Daniel, ni estoy en ningún grupo de Facebook ultaconservador simplemente porque no uso Facebook.
            Además, algo más contundente y que con esto solo basta para reducir a la nada toda esa mentira, hará una semana atrás una cuñada del P. Daniel que asiste con nosotros a Misa le preguntó personalmente si él había escrito esa carta y él le respondió que no escribió nada y que ni siquiera se mete en internet ni en las redes y ni está enterado de nada y ni le interesa.
            Qué raro que el motivo de esa carta haya sido solo para defenderlo a Ud. Padre Vergara días después del artículo que publicaron contra Ud. “Otro farsante desenmascarado” (artículo que yo no escribí ni conozco al autor pero con el que coincido con algunas de sus apreciaciones acerca de su piedad)  poniendo como argumento una supuesta venganza mía hacia Ud. Padre no necesito vengarme de Ud. por nada. No me interesa Ud. ni sus escritos ni su persona, rezo por Ud. todos los días y eso me basta, Dios a su tiempo se encargará de juzgarnos a Ud. y a mí. Hay un tiempo para cada cosa, cuando vino con nosotros, quisimos ayudarlo, pero eso ya pasó.
            Es Ud. una persona vil, baja, sin ningún tipo de códigos refiriéndose a nuestras buenas Religiosas como “esclavas, que solo se las utiliza para la limpieza, que tienen el cerebro lavado y aún mancilladas”. A esposas de Cristo ofende y con El se las arreglará. Ud. las conoció, quería con insistencia ir al convento a darle pláticas, les daba sermones de más de una hora, conferencias de más de 3 horas, y hasta esperaba mi permiso para confesarlas, yo creo que Ud. deseaba ser el “confesor extraordinario” que tanto menciona en sus artículos, gracias a Dios y a María Santísima que eso no sucedió, las hubiera destruido como todo lo que Ud. toca. Y sepa que el sentimiento y la impresión que dejó en ellas fue de miedo, sí Padre, Ud. les dio miedo como a otros fieles que me dijeron que su Misa les daba miedo.
            Las Religiosas de la Fundación ni nos lavan, ni nos planchan, ni nos cocinan ni entran en nuestras casas para nada, sólo le dan de comer al Sacerdote de Arista pues está solo y comparten su comida con un plato más. Después de eso ellas tienen sus reglas y sus fines y ayudan en el apostolado enormemente y mantienen el decoro del Culto impecable y son las responsables de las dos escuelitas que dirigen en San Lucas y en Guadalajara y y asisten a pobres y a enfermos y llevan una vida de piedad profunda. Luego publicaré un artículo sobre ellas para que las conozcan más.
            Si todavía, Padre Hernán, hay algo de Dios en su corazón, le sugiero algo que yo tenía pensado proponerle desde que vino con nosotros pero que por las circunstancias y los hechos sucedidos con Ud. no se dio:
            Le sugiero que busque un Sacerdote que le haga un exorcismo, vaya con un psiquiatra y asista a las juntas de AA para quitarse el vicio del alcohol que tanto daño le hace a su vida y a su alma, para quitarse de su corazón y de su mente tanto odio. Yo creo que sólo así va a encontrar un día Ud. paz en su corazón, en su mente, en su alma y lo va a reflejar en su vida, cosa que hasta hoy no manifiesta ni en sus escritos, ni en su persona con aquellos que lo tratan ni en sus videos.
            Padre Hernán, siento y lamento mucho el escándalo que se pudo haber producido por todo esto en las almas y le pido a Dios que a pesar de todo no defeccionen en su fe católica los que la tienen y no se alejen de la Verdad las que la andan buscanco, hartas de todas estas contiendas que solo causan escándalo. No guardo rencor contra Ud. Pero viendo todo con espíritu de fe, detrás de todo está Dios buscando el bien de los que ama.  
            Les pido perdón a todas las personas que puedan escandalizarse por esta carta, Dios sabe que traté por todos los medios de evitar el conflicto con el Padre Vergara a pesar de sus ataques. Mucho soporté hasta hoy y hubiera soportado mas para no escandalizar, podría haber dejado que siga vomitando todo el odio de su corazón contra mí, pero lo hago por la fe de las almas buenas que pueden escandalizarse con mi silencio.
            Dios nos perdone a todos y use de su misericordia con nosotros y borre de su Corazón nuestros pecados.
                                    Monseñor Juan José Squetino Schattenhofer
                                              Guadalajara, 9 de noviembre del 2019
            
     Anexo ya por último la respuesta a la carta del P. Vergara que nunca publiqué, lo hago porque ya estoy harto y enfadado y cansado y desgastado de tener que dar explicaciones.
            A partir de ahora, el que quiera creerme, que me crea; el que quiera condenarme que me condene. Espero que se abra un sano debate teológico que construya y no que destruya. Y si tanto les molesta mi persona y soy un impedimento para que la Unidad en el Papa suceda, pues entonces doy un paso al costado y después de que se elija al Papa, yo me someteré como todos, sea quien sea el elegido. Ya me cansé de todo este desorden. Quien comparta la postura conclavista que predicamos, es tiempo pues de unir fuerzas para seguir adelante y el que no quiera volverme a ver o comunicarse conmigo, adelante, apoyo su decisión.
            Pero sepan que no voy a dejar de predicar lo que creo y estoy teológicamente convencido como la única solución a todo este desquicio y que ayudaría mucho a la venida de Nuestro Señor…la elección del Papa.

ANEXO

Guadalajara, junio 25 del 2019

Estimado Padre Hernán, Ave Maria!
Disculpe la tardanza en contestar a su carta, pero me tomé un poco de tiempo para pensar bien la respuesta. En un tiempo pensé no contestarle, pero por caridad a sus planteamientos creo que debo hacerlo.

Creo que esto lo podríamos haber hablado con un espíritu de caridad dala la confianza que tenemos, pero bueno, ya está.

Las cuestiones personales que plantea en la carta, esas sí se las contestaré personalmente cuando nos veamos  de  nuevo,  porque  hay  cosas  que  prefiero  hablarlas  y  no  escribirlas.  Sus  objeciones  canónicas  o  las deficiencias mías con respecto al Código de Derecho Canónico espero poder aclararle, no para justificarme sino para explicarle el por qué de ciertas cosas que Ud. vio con nosotros y cree que voy contra la ley.

Por la cuestión de la mpara votiva que debe arder ante el Sagrario donde está el Santísimo Sacramento según el canon 1271, en la misma nota explicativa aclara las condiciones y dispensas. Padre, no estoy faltando al canon, el decreto del 13 de marzo de 1942 A.A.S. XXXIV, 112 permite el uso de lámpara eléctrica para el Santísimo: “…pueden permitir que se nutra la lámpara del Santísimo con otros aceites (que no sean de oliva), y en último término, que se haga uso de la luz eléctrica.Le parecerá más piadoso el aceite, pero no es ninguna contravención a ningún canon usar luz eléctrica y yo prefiero en algunos casos usar luz eléctrica.

La cuestión de la piedra ara en el altar, que como Ud. pudo constatar, solo tenemos en el altar de Arista, y en los demás usamos antimensium, es porque para que se pueda usar un ara portátil en un altar, debe haber certeza canónica de su consagración mediante el certificado que se guardaba en los archivos parroquiales, donde constan el nombre del Obispo que la consagró, la fecha y el o los nombres de los santos mártires que están en el sepulcro. Si no se tiene esa certeza, el ara no se puede usar.

Las aras que utilizo son solo dos, una en Arista, como le digo arriba y la otra en el altar del convento de Mercedes en Argentina, pues esas aras las consagró Mons. Victor von Pentz (Lino II) en Inglaterra cuando estuve con él. A mí, personalmente no me da ninguna garantía ni certeza el uso de esas aras que se rescatan” de altares que hace 60 años son modernistas, uno no sabe quién las consagró, si fueron consagradas, o si hay huesos de pollo o de gato o no hay nada. Por eso prefiero usar los antimensium, que aunque no tienen reliquias de santos, en nuestro caso de beatos martires  beatificados por S.S. Pio XI con sus auténticas, y tienen la bendición litúrgica que manda la Iglesia. No consagro aras con esas reliquias porque deben ser de santos no de beatos. Es más, Padre, han habido veces en que aunque haya piedra ara en el altar de alguna capilla que me tocó visitar, como el Padre no tiene ni idea de donde sale o qué reliquias tiene, pongo mi antimensio, por lo menos sé sobre que mártires estoy diciendo la Santa Misa.

Si Ud. tuviera de sobra dos aras con sus auténticas, le agradecería si por caridad podría  facilitárnoslas  para los altares de las Hermanas y del Seminario.

La cuestión de los confesores extraordinarios para las Religiosas, no soy el único que las confiesa, también el
P. Isidoro y cada tanto cuando viene alguno de los Padres de Oaxaca, también pueden confesarlas.

Es un tema muy delicado la cuestión de los sacerdotes que confiesan religiosas y que han pasado por acá y las han confesado. Además, si nos ponemos canonistas, no cualquier sacerdote está autorizado para confesar religiosas.

Ya tuvimos dos experiencias muy tristes con respecto a eso, de dos sacerdotes que confesaron a las monjas.
Uno que pasó circunstancialmente con nosotros, usó el confesionario para  fines deshonestos, y fue muy terrible esa experiencia. Yo personalmente siempre dejo que los sacerdotes que pasan con nosotros en algún momento  puedan  confesar  a  las  Hermanas,  no  tengo  problema,  el  problema  es  que  ya  después  de  malas experiencias, me he vuelo más desconfiado.

La otra experiencia fue con otro sacerdote que las confesaba con regularidad, pero, hombre adulador y cizañozo, utilizaba las confesiones para contrapuntear a las Hermanas, y ponerlas unas contra las otras. Ellas mismas se dieron cuenta con el tiempo y me pidieron que ya no fuese más ese sacerdote, al cual yo le había hecho confianza, y me pidieron que ya no entrara más en el convento y no les dijera más la Santa Misa.

No crea que quiero ser autoritario o déspota con ellas y manejarles sus conciencias sin que nadie más las confiese. Pero ya le digo, hay temporadas en que el P. Isidoro las confiesa más que yo.

Cuando tengamos un Papa voy a poner el convento bajo su amparo y yo las voy a dejar, mientras tanto sobre mí cae la responsabilidad de ellas y desgraciadamente, en estos tiempos tan revueltos, ya no se puede confiar en cualquiera.

Con respecto al asunto del P. Marcelo Cohetero, Ud. me cuestiona el haberlo llevado a un tribunal civil.

Padre, yo no lo llevé, acompañé a 4 ctimas que me lo pidieron porque no se animaban a ir solos por temor a las represalias contra ellos. Yo no fir ningún papel, y no por temor a algo, sino porque no procedía legalmente.

Yo suspendí a divinis al P. Cohetero y le mandé que dejara Ojitlán y viniera a vivir con nosotros al seminario donde haría vida religiosa y estaría cuidado y protegido y no ejercería el sacerdocio, sin ningún tipo de rencor ni malos sentimientos. No solo no aceptó sino que además me amenazó que si llegaba a ir a Ojitlán, él no se hacía responsable de las consecuencias o de lo que me podía pasar pues el pueblo estaba en contra mía. Lo demás es historia que puede preguntarle a los P.P de Ojitlán, Wilver y Leonel.

Padre, ante eso, cómo iba a dejar que ese hombre siguiera haciendo lo que hacía, habían más de 16ctimas desde hacía muchos años. Mons. Dávila sabía y nunca hizo nada, Mons. Pivarunas que lo orde ya estaba advertido desde antes por los Padres de Acapulco que lo conocían, Mons Dolan sabiendo no hizo nada, sólo una vez lo lla al orden pero después le pidió disculpas! (Yo leí esa carta), Miranda sabía perfectamente y no le importaba nada más que el dinero que de asacaba. Qué más podíamos hacer nosotros.

Además, después salieron mil cosas más, terribles también, brujería, simonía y otras cosas que hacían de ese lugar algo horrible.

Ud. mismo me contó que cuando pasó lo de una pariente suya con un sacerdote, llevaron Ud. y su familia el asunto a Gobernación. Y en las cartas públicas que Ud. escribió a los sacerdotes de Trento por los esndalos públicos que Ud. acusó, los amenaza que si no ponen solución los denunciará ante las autoridades públicas como la Procuraduría General de la República y otras autoridades civiles. ¿Ud. puede llevarlos a la justicia civil sin faltar al C.I.C. y yo no, yo peco?

Con respecto a la ordenación del diácono José Ramón Gonzalez, Ud. me pone el canon que hombres casados están simplemente impedidos para la ordenación, impedimento que no es perpetuo pues termina cuando cesa la causa, en este caso, viudez o renuncia del vínculo por la otra parte. Y si recibieron las órdenes sagradas, no pueden ejercerlas sin las debidas cartas apostólicas.

          Ud. sabe que es un principio del derecho que en estado de necesidad”, la “necesidad va contra la ley”, si no, no fuera necesidad. A qué viene esto, a que si hoy no hubiera estado de necesidad, ninguno de nosotros, ni obispos ni sacerdotes, podríamos ejercer nuestras órdenes, porque, en el caso de los Obispos, ninguno tiene mandato romano, y en el caso de los Sacerdotes, ninguno tiene misión canónica, NADIE fue enviado” a ejercer el sacerdocio. Tendríamos que engrosar las filas de ese blogstay at home catholics que está en internet donde no cuestionan la validez de ninguna nea episcopal porque dicen que como no hay jurisdicción universal ningún sacerdote aunque fuera válido puede ejercer ninguna función sacerdotal y los católicos deben quedarse en sus casas aunque hayan Misas católicas pues no tienen los sacerdotes la misión canónica para eso. Es interesante porque son muy lógicos en sus consecuencias canónicas, aunque falsas, rigoristas del CDC, tienen razón en su razonamiento falaz.

Padre, todos estamos obrando contra la ley, desgraciadamente cada uno tiene su causa que lo justifica, algunas valederas, otras no. Y cuando tengamos al Papa entre nosotros, TODOS pasaremos ante él para zanjar las irregularidades que nos aquejan, y él decidirá lo que hará en cada caso particular, Dios quiera y sea pronto.

En el caso del Diácono, hace más de un año que estoy en contacto con él, lo conozco bastante bien y me parece un hombre más que idóneo para el sacerdocio, moral, espiritual e intelectualmente. Para mí, en este caso, el ejemplo de jurisprudencia que estoy aplicando es el que aplicó Mons. Carmona cuando orde a Mons. López Gastón y aceptó la renuncia del vínculo del matrimonio a su  esposa. Mons. Carmona era Doctor en Derecho Canónico y creo sabía lo que hacía.

Es verdad que me he equivocado alguna vez, pero yo creo que hoy eso de la formación eterna de los aspirantes no es garantía para ser un buen sacerdote.  Sí se han ido sacerdotes de la Fundación y quizás se seguin yendo, pero le digo una cosa, no creo que sea por los años de sacerdocio o de estudios, a lo que puedo ver hoy, toda esa deserción es por causa de la soberbia de los sacerdotes, todos los sacerdotes que se fueron, tienen una misma nota aunque la manifiestan diferente, la soberbia, la falta de simplicidad, la falta humildad, el espíritu de desobediencia, el juicio propio. Cuántos sacerdotes de Trento no han apostatado y con más de 10 años de seminario, cuántos de mons. Pivarunas que yo he conocido después de 6 años de seminario, cuántos compañeros míos de la Fraternidad San Pio X que han abandonado el sacerdocio y que tuvieron años de formación y que yo conocí muy bienPara mí, Padre, los sacerdotes soberbios, rebeldes, murmuradores, son los que abandonan, tengan 10 o 2 años de seminario, esto lo vengo constatando desde hace años. Por eso lo que sí aprendí, es que no voy a ordenar más a nadie que vea con espíritu de independencia o de soberbia. San Pío X en la Pascendi dice que no se deben ordenar aspirantes soberbios pues son germen de modernismo.

Después de la plática telefónica y de su carta, reflexioné varias cosas. Y creo que solo me voy a dedicar a predicar la necesidad del Papa, causa absoluta de todos los males del mundo de hoy y ocuparme solamente de lo que tengo dentro de la Fundación, que esa va a ser mi misión mientras siga en esta tierra. Gracias a Dios está Mons. Loya que puede encargarse del apostolado, más en Mexico, que en realidad es tan complicado.

Por las cosas que me comentó en la conversación telefónica, creo que va a empezar un Via Crucis para mí bastante pesado, pues con la gracia y fuerza de Dios le entraré hasta el fondo. Dios y la Virgen Santísima me amparen y protejan y no permitan que caiga bajo las garras de mis enemigos y si así fuera, Dios sea alabado.

El fin de mi vida es salvarme, como sea, llegar a la Patria Celestial llevando mi Cruz cada día. Créame que ya lo demás no me interesa, lo que digan o dejen de decir, de verdad, no me interesa.

Cuídese mucho y gracias por todo Padre.

Dios y María Santísima lo bendigan y protejan siempre. En Cristo y María, Mons. Squetino