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viernes, 10 de diciembre de 2010

DIVISIÓN DEL CATOLICISMO EN LA REPÚBLICA. LA EXCOMUNIÓN DEL PADRE SAENZ ARRIAGA

(Páginas 312- final)

Por el Lic. Arturo Pedroza
Hace algunos años escuché un discurso del hoy arzobispo de México y cardenal, Miguel Darío Miranda, y lo que más me llamó la atención fue que supo cómo empezar, pero no acertaba para terminarlo. Tardó más de una hora en encontrarle final...
Los católicos mexicanos nunca hemos recibido uno orientación de parte de Darío Miranda. Sus declaraciones a la prensa siempre han sido ambiguas y jamás lo hemos visto en una postura franca ante problemas que reclaman posiciones bien definidas.
Por ejemplo, en el caso de Lemercier, un caso sucio, inmoral, Darío Miranda se calló la boca. Jamás supimos los católicos su posición ante ese monasterio a go gó de Cuernavaca. En el caso de Iván lllich, que ha sido denunciado como extranjero indeseable, como procomunista, como gente inmoral, Darío Miranda se ha hecho el sordo. Y al libro del cura Porfirio Miranda, "Marx y la Biblia", que es de abierta postura promarxista, Darío Miranda le concedió el "Imprimatur"... Se ha dicho con insistencia que Sergio Méndez Arceo, ha escondido en su misma casa a terroristas, que son los mismos que los secuestradores y asaltabancos, y que ha celebrado juntas con Demetrio Vallejo, para ayudarlo a apoderarse nuevamente del sindicato ferrocarrilero, y a don Miguel Darío Miranda, le han venido muy holgadas las llamadas de atención que con esos motivos se les han hecho a las autoridades de la Iglesia Católica en México.
Es decir, que Miguel Darío Miranda, pasa por alto y, lógicamente, aprueba, todo lo que hacen los llamados "progresistas" y, a la inversa, condena toda manifestación del tradicionalismo católico. Al padre Joaquín Sáenz Arriaga, tradicionalista que recientemente publicó un libro censurando a Paulo VI, que lleva el nombre "la Nueva Iglesia Montiniana", Darío Miranda, lo excomulgó el pasado sábado 18 del presente mes de diciembre, fecha que será histórica porque marcará el principio de una profunda división en la Iglesia Católica mundialmente, porque la verdad es que el TRADICIONALISMO y el "PROGRESISMO" no caben en la misma Iglesia. A los sacerdotes que se proclaman marxistas, Darío Miranda los apoya, y a los que se pronuncian por la Iglesia tradicional, los excomulga. . .
* * *
Pero queda una interrogación flotando en el aire ¿Quién dictó la excomunión de Sáenz Arriaga, Darío Miranda o Paulo VI -En nuestra opinión fue Paulo VI... Es mucha la responsabilidad de esta excomunión para que Darío Miranda haya podido asumirla solo.
Y vamos por partes... ¿Qué no se puede criticar la política de Paulo VI sin correr el riesgo de ser excomulgado? ¿Qué, solamente los "progresistas" pueden hablar libremente, declararse marxistas dentro de la igiesia, pronunciarse por la violencia, alabar a los guerrilleros y a los tupamaros, sin que ello amerite que Paulo VI les llame la atención en lo más mínimo? ¿Qué clase de Iglesia Católica es y qué clase de Papa es este señor Montini?
Para quienes vemos las cosas de la Iglesia desde fuera, apreciamos políticamente la conducta de sus altos jerarcas, la posición de Paulo VI es muy censurable.
Recientemente el cardenal Mindzenty salió de Hungría donde estuvo prisionero de los comunistas ocho años y, posteriormente, quince años como asilado en la embajada de los Estados Unidos. Paulo VI lo recibió en Roma y le prohibió la publicación de sus "Memorias" en las que delata la criminal conducta del gobierno comunista de Hungría durante todos estos años. ¿Quién es Paulo VI para privar al mundo entero del conocimiento de la realidad que se vive dentro de los países caídos bajo la bota de los comunistas? ¿Qué compromisos secretos tiene el Papado con los gobiernos comunistas para impedir que se publiquen datos que los exhiben como los peores enemigos del catolicismo, del cristianismo, de la religión en general?
Datos tomados del libro "Russia Under the Red Flag", nos dicen lo siguiente: "La persecución y muerte de centenares de miles de fieles ortodoxos, católicos, protestantes, budistas, mahometanos y de otras sectas religiosas, sin más culpa por parte de los sacrificados que la de confesar valientemente su fe religiosa, según estadísticas proclamadas como timbre de gloria por la Cheka, arrojó de 1917 a 1923 las siguientes cifras por lo que hace a los sacerdotes y obispos: 42,637 popes y sacerdotes, 11 obispos, y 3 patriarcas sacrificados en los patíbulos o en las cárceles rojas de toda Rusia".
El comunismo se ha propuesto destruir la FE en Dios, lo mismo arrasando templos, edificios destinados al culto, que masacrando hombres que tienen en su corazón su propio templo. Pretender juntar el comunismo con el cristianismo no puede ser más que una claudicación, en e! mejor de los casos, pero en el peor, UNA TRAICIÓN.
¿Puede y debe la Iglesia Católica acercarse a los gobiernos que han asesinado por cientos de miles a los creyentes católicos y de todas las religiones? Entonces, es muy censurable la conducta de Paulo VI al humillarse ante Pekín para buscar unas relaciones diplomáticas que de antemano sabe que no van a resolver el problema de la libertad religiosa en la China Continental. Con la religión no se debe comerciar. O hay dignidad en la FE o no la hay, pero no puede haber el tanteo y el cálculo de las cosas mundanas. Y Paulo VI, con esa humillación ante Pekín, con ese silencio forzado ante los crímenes del gobierno de Hungría y con esas relaciones de apoyo a la bestial dictadura de Fidel Castro, ha rebajado la dignidad de la Iglesia Católica Romana y todos los católicos del mundo tenemos, no sólo el derecho, sino la obligación de censurarlo. El Papado no tiene ningún derecho a negociar con la libertad de los pueblos oprimidos por los comunistas. Pues nuestra obligación como católicos es luchar por la liberación de esos pueblos caídos bajo las más despiadadas dictaduras totalitarias y no disponernos a "mantener cordiales relaciones diplomáticas" con los verdugos de esos pueblos.
Al Papa, a los cardenales, a los obispos y a los sacerdotes se les debe respetar cuando son respetables, pero se les debe censurar cuando su conducta contradice la esencia misma de la FE cristiana, que es la libertad del hombre.
Darío Miranda, haya sido por su cuenta o por órdenes de Paulo VI ha dado un paso muy peligroso. Después de ver que a los tradicionalistas que publican un libro criticando a Paulo VI se les excomulga y a los "progresistas" que publican un libro declarándose comunistas, se les apoya por las altas autoridades eclesiásticas de México, los bandos han quedado definidos. Con esta excomunión Darío Miranda ha dado el primer golpe para romper la unidad de los católicos mexicanos, que se hará extensiva en muy poco tiempo a los otros países...
Y si desgraciadamente, Joaquín Sáenz Arriaga, que está postrado en cama por una afección cardíaca, llega a fallecer, no sabe lo que le espera a este señor arzobispo y cardenal "progresista", que sabe cómo empezar los discursos, pero que no acierta a saber cómo terminarlos. . .

EN COMUNIÓN CON EL EXCOMULGADO
Con respecto a la "excomunión" que el jefe de la Mitra Metropolitana, el señor Cardenal Arzobispo Primado de México don Miguel Darío Miranda decretó contra el Señor Presbítero Doctor don Joaquín Sáenz Amaga, lo único que por el momento, respondiendo a mil preguntas, tengo que decir, por escrito, claramente, firmado de mi puño y letra para evitar posibles confusiones y para eludir malos entendidos, es lo siguiente:
Me solidarizo con todas y cada una de las líneas, las palabras, las letras y los pensamientos contenidos no sólo en el último libro del señor Presbítero y doctor don Joaquín Sáenz Arriaga titulado "La Nueva Iglesia Montiniana", sino también con sus otros libros, que considero formidables, "Apóstata" —refutando la obra falsa y blasfema del Jesuita Porfirio Miranda "Marx y la Biblia"— y "Cuernavaca", en el que muy a tiempo se previno a los catolicos acerca de la contextura moral e intelectual del lamentable señor Obispo don Sergio Méndez Arceo.
No solidarizarme con esos libros de Sáenz Arriaga sería de mi parte una actitud hipócrita o cobarde —más bien hipócrita y cobarde— puesto que las tesis contenidas en ellos son en un todo coincidentes con las tesis que sobre esos temas sostuve en "Columna" durante seis años de una colaboración abierta a los asuntos de toda índole que consideré de ingente interés y actualidad. Y son coincidentes también con el contenido íntegro de mis libros "Reto Político de la Falsa Iglesia" publicado en 1969 y "Caos en la Iglesia y Traición al Estado" publicado en octubre de 1970, en los que impugné la herejía con Mitra, Capelo y Tiara, así como los propósitos políticos del nuevo clero a través de obreros, campesinos y estudiantes, a quienes se agita en nombre de la "Nueva Iglesia".
Exceptuando la muy superior calidad literaria, filosófica y sobre todo teológica de los libros del padre Sáenz en relación con mi modesta obra ésta principalmente en los últimos meses porque tardé bastante en convencerme de la doloros tragedia que vive la Iglesia -el esfuerzo del padre y el mío tienen un fondo comú que los identifican totalmente.
Ni el padre Sáenz, ni un servidor, ni ninguno de los que estamos colocados en la misma línea idiológica, combatimos al Papado ni al Papa. Combatimos a quien siendo Papa, emplea su autoridad NO en lo que es su objeto específico: la custodia y defensa de la fe, sino en su ruina y demolición. En este caso tiene un realismo impresionante y un significado profundo ser más papistas que el Papa. Nosotros no identificamos al Vicario de Cristo confundiéndolo con Cristo, lo que equivaldría a confundir al poderdante con el apoderado. Somos papistas, pero no papolatras.
Oportunamente —y por indignos medios de presión que no se hubieran atrevido a aplicar en otros países de mayor cultura religiosa popular— las influencias eclesiásticas "progresistas" lograron que el periódico en el cual escribía yo, tuviera la amable condescendencia de ponerme, por conducto de un director local, una mordaza; y de atarme de pies y manos al imponerme como condición para seguir escribiendo —condición que naturalmente rechacé— abstenerme en absoluto de tocar ni con el pétalo de una flor la persona de Paulo VI. De otra manera, habría habido mucho de qué conversar con los lectores acerca de la "excomunión" dictada por los demoledores de la fe contra los defensores de la integridad católica.
Para concluir: los impugnadores del padre Sáenz no sabiendo cómo destruir sus argumentos teológicos, sociales y filosóficos optaron por el fácil e impune camino de declarar desenfadadamente que dicho respetable sacerdote "está loco". Así lo declaró recientemente, inclusive, algún funcionario de la Mitra. Pero entonces surge expontáneamente esta pregunta ingenua: ¿No es una locura excomulgar a un loco?
René Capistrán Garza.

LAS FALSAS DERECHAS
Uno de los fenómenos más impresionantes, en la crisis angustiosa que padece el mundo de nuestros días, es, a no dudarlo, la falsía, el disimulo, la simulación y la hipocresía, con que hoy el mal se esconde, se disfraza y se adueña progresivamente de las instituciones más sanas y refractarias al influjo del error y del vicio. Son las infiltraciones sigilosas, imperceptibles, que, después de entrar sin ser sentidas, se expanden, y se adueñan, y dominan, y corrompen, y asocian a los incautos a los ataques demoledores de los adversarios; son "las falsas derechas", que pululan hoy en todas partes, para destruir, desde dentro, engañar a los buenos y paralizar, cuando menos, las legítimas defensas de los que luchamos o queremos luchar por la conservación y defensa de nuestro patrimonio espiritual.
También en la Iglesia o, por mejor decirlo, en los hombres y organizaciones humanas de la Iglesia, abundan, en estos calamitosos tiempos, "las falsas derechas", los emboscados, los que aparentan defender la Fe y la moral, cuando en verdad la combaten, la falsean y la destruyen. Esta ha sido el arma eficacísima de la conspiración secular judeo-masónica-comunista, para realizar esa que el Sumo Pontífice llamó "la autodemolición" del catolicismo.
Los enemigos están dentro; aparentan defender nuestra causa; hablan de progreso, de nueva primavera, de acomodamiento, de período difícil de transición; pero, en realidad, dirigen afanosos sus certeros y demoledores golpes hacia la misma meta que persiguen nuestros más rabiosos enemigos. Las infiltraciones en la Iglesia son el peligro más grave, la amenaza más aterradora para el Catolicismo contemporáneo.
Una persecución sangrienta no hubiera sido más funesta para la Iglesia.
Y esas infiltraciones abarcan todo el organismo viviente de la Iglesia. Infiltraciones judaicas, infiltraciones masónicas, infiltraciones comunistas, que todas ellas vienen a ser la misma cosa, Por eso el lenguaje del "progresismo" se asemeja tanto al lenguaje de la Kabala, del talmud, de las logias y sectas esotéricas del comunismo internacional.
No debemos sorprendernos de esta confusión. Ya el mismo Divino Maestro nos lo había predicho "Guardaos de los falsos profetas, que vendrán a vosotros revestidos con pieles de oveja, pero por dentro son lobos rapaces". El redil se encuentra ahora infestado de esos lobos revestidos con pieles de oveja, que son muchas veces recibidos con honores y halagos por los mismos pastores a cuyo cuidado está la defensa, conservación y bienestar del rebaño.
Charles Davis (ex jesuíta inglés), considerado como uno de los peritos conciliares de mayor significación y como el mayor teólogo británico antes que abandonara la Iglesia Católica, afirma: "Sin dudar un momento, yo admito como un hecho evidente, que hay fuerzas, dentro de la Iglesia Católica Romana, contrarias a su estructura actual, que están tendiendo a la disolución o eliminación de las Instituciones existentes... La presente estructura institucional de la Iglesia Romana implica un particular concepto de la verdad. Si la nueva concepción de la verdad cristiana triunfa en su esfuerzo por ser la dominante, ello originará, en mi opinión, la disolución de esa estructura. Desde este punto, yo creo que los temores de los conservadores están bien fundados".
Esta es una confesión de parte, hecha por un infiltrado que supo y pudo escalar los altos puestos de la Iglesia, hasta llegar a ser considerado como uno de los "expertos" conciliares. ¡No hay duda! La Iglesia está llena de infiltrados, que pugnan por hacer el juego al enemigo y reformar o reestructurar la obra divina a su antojo y capricho. Con razón escribe el mismo Davis: "Capítulo tras capítulo de volúmenes post-conciliares y de discursos de Rahner, Küng, Schillebeek y otros peritos, claramente demuestran sus puntos de vista completamente anticatólicos y su inconformidad con los resultados actuales del Concilio Vaticano II, para no mencionar otras creencias oficiales católicas".
Estas infiltraciones no son el fruto de una generación espontánea. Alguien las hizo. Fueron planeadas con tiempo, con paciencia, con experimentos, con dinero. Fueron realizadas con suma habilidad, con tacto exquisito, con inteligencia diabólica. Al observador consciente, que estudia, que compara, que asocia los rasgos semejantes y comunes; no puede pasar inadvertida la presencia de una conspiración universal, que lleva los caracteres inconfundibles del "mecanismo materialista" del judaismo internacional, que, hoy como ayer, pugna por eliminar a Cristo, por destruir la Iglesia.
Las palabras de San Pío X, en su Encíclica dogmática "Pascendi Diminici Gregis", parecen adquirir un sentido profético: "Hablamos. . . de gran número de católicos seglares y, lo que es aun más deplorable, hasta de sacerdotes, los cuales, so pretexto de amor a la Iglesia, faltos en absoluto de conocimientos serios en Filosofía y Teología, e impregnados, por lo contrario, hasta la médula de los huesos, con venenosos errores debidos en los escritos de los adversarios del Catolicismo, se presentan, con desprecio de toda modestia, como "restauradores" de la Iglesia, y, en apretada falange asaltan con audacia todo cuanto hay de más sagrado en la obra de Jesucristo, sin respetar ni aun la propia persona del Divino Redentor, que, con sacrilega temeridad rebajan a la categoría de puro y simple hombre".
Y las palabras que siguen en la Encíclica, responden al sofisma con el cual se pretende hoy solapar las herejías y los inauditos desmanes de esos innovadores: "Tales hombres se extrañan de verse colocados por Nos entre los enemigos de la Iglesia. Pero no se extrañará de ello nadie que, prescindiendo de las intenciones, reservadas al juicio de Dios, conozca sus doctrinas y su manera de hablar y obrar. Son seguramente enemigos de la Iglesia, y no se apartará de lo verdadero, quien dijere que ésta (la Iglesia) no los ha tenido peores. Porque, en efecto, como ya hemos dicho, ellos traman la ruina de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro; en nuestros días, el peligro está casi en las entrañas mismas de la Iglesia y en sus mismas venas; y el daño producido por tales enemigos es tanto más inevitable, cuanto más a fondo conocen la Iglesia".
Así habla un Papa y un Santo, que no sólo tenía la asistencia del Espíritu Santo, sino que supo en su virtud heroica, en su celo infatigable por la Iglesia y en su total entrega a Dios, corresponder a las gracias y carismas recibidos, para cumplir fidelísimamente su altísima misión. Por eso no teme denunciar a los "infiltrados", ni llamar con su propio nombre a los enemigos de Dios y de la Iglesia.
Y continúa el Santo Pontífice: "Añádase que han aplicado la segur, no a las ramas, ni tampoco a los débiles renuevos, sino a la raíz de vida inmortal, se empeñan en que circule el virus por todo el árbol y en tales proporciones, que no hay parte alguna de la fe católica donde no pongan su mano, ninguna que no se esfuercen por corromper".
No creo se pudiera expresar con mayor energía, con mayor claridad, y con mayor luz divina la situación pavorosa, indescriptible, por la que está pasando en su agonía y calvario la Iglesia fundada por Cristo.
Con razón Teilhrad de Chardin prefería permanecer dentro de la vieja estirpe romana, para efectuar, desde dentro su diabólica reforma, no sólo en las instituciones, sino en la misma Fe: una reforma total y radical, llevada a cabo por los enemigos infiltrados en el seno de la Iglesia, con hábitos, con sotanas, con títulos, con prelaturas, tal vez con las más altas dignidades.
I I
Mas, la audacia de los enemigos ha sido mayor; para impedir la reacción saludable, para frustrar toda legítima defensa, ellos han organizado diabólicamente "las falsas derechas", que, simulando estar con la Tradición, con los grupos que quieren defender la Iglesia, en realidad infiltrán las partes sanas del organismo y secretamente siguen las consignas y apoyan las tácticas calculadas del enemigo. "Las falsas derechas" son más peligrosas, tal vez, que los enemigos abiertos y descarados.
Esta es una táctica también eminentemente judía. Cuando en los Estados Unidos, se organizó una saludable resistencia contra la corrupción y el desorden imperantes, un hebreo se prestó a encabezar ese movimiento. Golwater, antes de su elección como candidato del Partido Republicano, hizo una de las compañas más espectaculares en la historia del pueblo americano, denunciando con energía inaudita los males gravísimos que estaban destruyendo la integridad de la nación. Pero una vez elegido candidato, su campaña fue tan torpe, tan absurda que precipitó inevitablemente la derrota de los republicanos y la paralización trágica de aquella saludable y necesaria reacción.
Es un caso en América, como podríamos también citar otros casos semejantes en Europa. ¿Qué es la Democracia Cristiana? Fachada cristiana y fondo comunista. Un partido que ha comprometido los intereses nacionales, la paz interna de los pueblos donde impera y que cautelosamente ha ¡do preparando el advenimiento del socialismo comunizante. El alcalde de Florencia, La Pira, con sus inexplicables conexiones en el Kremlin y en el Vaticano supo preparar el triunfo cada vez más inminente del comunismo en Italia y tal vez en el mundo.
Otra "falsa derecha" la tenemos en Francia. Casi no me atrevo a nombrarla, porque se muy bien que con su dinero ha logrado "enrolar" a mucha gente. Sin embargo, callar es cobardía. Se trata de la obra de Jean Ousset. Es indudable que su actividad editorial y publicitaria ha sido y es grandiosa. Pero, no hay una lucha franca; no hay una confrontación abierta,- hay un cuidado esmerado en no nombrar nunca al enemigo. Yo he hablado varias veces con Jean Ousset; él ha admitido que mis observaciones son correctas; pero a mí no me han convencido las explicaciones o los argumentos con que él defiende su posición, al parecer, inexpugnable. No quisiera ofender ni lastimar la personalidad de éste escritor católico. Si lo asocio entre las "falsas derechas" es porque sus actos así lo proclaman. De sus internas intenciones yo no juzgo; sólo Dios es el juez de las conciencias.
En España hay también sus "falsas derechas". Aquí el problema es más espinoso para emitir un juicio categórico. No obstante hay que decir algo de lo mucho que pudiéramos decir. Yo recuerdo, en tiempos ya pasados, aquel grupo fundado por el P. Ángel Ayala, S.J., llamado el grupo de los "Propagandistas católicos". La ¡dea era magnífica: preparar a los defensores de la Verdad. Sin embargo, no todo fue como se había planeado. Durante la República, Gil Robles, "propagandista católico", quizo salvar a la Patria y a la Iglesia asociándose al enemigo y jugando con él el juego democrático. De los "propagandistas" salió también don Joaquín Ruiz Giménez, a quien conocimos en México y cuyos "Cuadernos para el Diálogo" han sido y son el escándalo permanente, que, simulando catolicismo, nos hablan de marxismo.
En México hemos tenido muchas "falsas derechas". Desde los tiempos de la persecución religiosa no faltaron enemigos solapados que, afirmando defender a la Iglesia, hacían pactos secretos con sus enemigos. No hablo de los traidores, no hablo de los Judas que vendieron al Maestro. Estoy hablando de los infiltrados en las organizaciones auténticamente católicas, de los que hablan de lucha y de defensa, pero parecían hacer huelgas de "brazos caídos"; hablo de los que siempre estaban inconformes con lo que otros hacían, de los que eran "largos en contallas y cortos en facellas"; hablo de los que encontraban dificultades e imprudencias en todas las iniciativas, de los prudentes "secundum carnem".
Los días amargos de la sangrienta persecución religiosa, que deberían haber unido estrechamente a todos los católicos de México, es decir, a todo el pueblo mexicano, fueron en realidad motivos de divisiones, de resentimientos, de amargas inconformidades. Los que habían dado en verdad la batalla, los heroicos cristeros, los miembros de la Liga Defensora de la Libertad Religiosa, la gloriosa A.C.J.M. (Asociación Católica de la Juventud Mexicana), fundada por el R.P. Bernardo Bergoend, fueron postergados, traicionados, olvidados por los defensores de última hora, los oportunistas, que cautelosamente habían pactado con los perseguidores. ¡Así es el mundo!
Para eliminar las legítimas defensas del pueblo mexicano, surgió entonces un partido político y una organización popular apolítica. Los unos luchando en el campo político, haciendo el juego a la democracia, y los otros sufriendo resignadamente las cárceles, los golpes, la misma muerte. PAN y Sinarquismo, dos grupos antagónicos, que estaban cumpliendo su misión histórica: salvar la revolución y permitir que siguiera adelante la progresiva socialización de México.
Ahora, en el campo estudiantil, en el que se están dando las más fuertes e impresionantes batallas, surge una "falsa derecha", que es traición a su origen y es compromiso consciente con los enemigos y es ataque insidioso y calumnia y mentira organizada. Me refiero a MURO y todas sus sectas ramificadas, que desde la sombra dirige la mano hebrea del Ingeniero Ramón Plata Moreno. Yo saludo respetuoso a tantos jóvenes engañados, que están animados de los más nobles anhelos de servir a la Iglesia y a la Patria y que han sido engañados por los dirigentes de MURO. Pero, con igual sinceridad condeno a los traidores, a los dirigentes de esa "falsa derecha", a los que no tienen escrúpulos para usar los procedimientos inmorales, públicamente conocidos en todo México, que son propios de los más ruines enemigos de la Iglesia y de la Patria.
"GUARDAOS DE LOS FALSOS PROFETAS"; es el consejo del Maestro.
"POR SUS FRUTOS LOS CONOCERÉIS". Tenemos el criterio para juzgarlos y para descubrirlos. Hoy más que nunca hay que estar alerta y evitar esas infiltraciones dentro de los organismos sanos y sinceros.
Pbro. Dr. JOAQUÍN SAENZ y ARRIAGA.

sábado, 4 de diciembre de 2010

LA CRITICA DEL BORGHESE DE LA NUEVA IGLESIA MONTINIANA

(Páginas 299-311)
Un "Best Seller" con dinamita.
"Vaticano Noviembre. Las primeras copias mecanografiadas empezaron a circular con gran cautela en algunas oficinas de la Curia, hace ya tres o cuatro meses. Algunos de los monseñores, en son de broma, decían en voz baja "Parece escrito en la URSS, donde la inteligencia difunde los volúmenes anticonformistas con el samizadt". El samizad es la prensa clandestina rusa, que circula de mano en mano, con mil precauciones para evitar los rayos del régimen; y la semejanza con el Vaticano no es del todo casual, desde el momento que las circunstancias parecen decir un poco de identidad. Y, la tienen, en verdad, todavía ahora, no obstante que aquellas copias mecanografiadas, han sido sustituidas por otros tantos y más numerosos ejemplares del voluminoso libro que ha conmovido al mundo del otro lado del Tíber.
"Prudente y todavía cauteloso, el Delegado Apostólico en México, Mons. Carlo Martini, hizo llegar a la Secretaría de Estado algunos ejemplares del volumen. En una información adjunta, el diplomático vaticano comunicaba que el Presidente de la República, Echeverría, había procurado adquirir un ejemplar, para leer ese libro, que prometía ser un "best seller", no obstante la mole conspicua (más de seis cientas páginas), la copiosa documentación, y el extenso material expuesto en él, que lo mismo es teológico que político. El libro del día tiene por título "LA NUEVA IGLESIA MONTINIANA", y su autor es un sacerdote, el P. Joaquín Sáenz y Arriaga. Está escrito en español, pero se están haciendo ya las traducciones en italiano, francés, inglés y alemán.
"Estas noticias han contribuido a aumentar la preocupación vaticana: la difusión del volumen en Europa y, particularmente, en Roma, tiene que excitar más la polémica, así como desencadenar a los tradicionalistas católicos, que hasta ahora se habían mantenido dentro de los límites de la "ortodoxia" crítica. Así mismo, el Consejo de Asuntos Públicos de la Iglesia, como si dijéramos, el Ministerio de Relaciones Exteriores del Vaticano, ha sido informado del asunto, por las reacciones internacionales, que, inevitablemente, el libro está destinado a provocar, con graves repercusiones, en el inquieto continente latinoamericano. Se sabe ya que algunos gobiernos sudamericanos están documentándose sobre la responsabilidad vaticana en la acción subversiva de los sacerdotes progresistas, que no han omitido el llamamiento a la insurrección armada, para hacer caer a los legítimos gobiernos con el pretexto de "las nuevas fronteras" trazadas por la POPULORUM PROGRESSIO. Todo hace pensar, en suma, que LA NUEVA IGLESIA MONTINIANA es un libro capaz de destruir las trincheras avanzadas del ala, hasta aquí triunfadora y triunfalista de la izquierda del post-concilio.
¿Qué es, pues, lo que se lee en este libro? La tesis general, que es la afirmación de los tradicionalistas es ésta: "Dejando a un lado la tesis del Papa, prisionero y víctima de los círculos de vanguardia, hay que afirmar, sin términos ambiguos, su responsabilidad personal y principal del actual estado de confusión, que reina en el mundo católico". Es un punto de vista radical, que recuerda mucho la resistencia violenta durante los primeros actos del Concilio Ecuménico de los años sesenta; y es una tesis que viene corroborada con numerosos documentos, a veces decisivamente explosivos. Citemos algunos párrafos particularmente significativos.
Sobre la "revoloteante" política de la "nueva Curia" (que es, sin duda, el problema que a nosotros directamente nos interesa) se lee esta página de fuego: "¿Qué debemos pensar sobre la conversión de la línea dura del anticomunismo de los Pontífices precedentes en un diálogo amoroso, establecido por los cardenales Bea, Willebrand, Koning y Suenens? La persecución de las Iglesias de Yugoeslavia, de Hungría y de Cuba ha terminado en las más cordiales relaciones diplomáticas, en las que el Vaticano parece haber prometido no sólo respetar el ateísmo de Estado, sus leyes eversivas y su gobierno dictatorial, sino también colaborar, en una integración verdadera y progresiva, según las palabras del Nuncio de Cuba, para la realización del comunismo, preparación indispensable para implantar el gobierno mundial del Sionismo. El glorioso martirio de los Cardenales Mindszenty y Stepinac ha sido el precio, con el cual se ha pagado la coexistencia y la colaboración de los enemigos".
El volumen denuncia la existencia de una verdadera y propia "mafia internacional", que ha sabido infiltrarse en los sectores vitales del Vaticano, para condicionar sus decisiones y para imponer el viraje hacia la izquierda, en Europa, lo mismo que en el Continente latinoamericano. El caso de Chile es sintomático: "La democracia cristiana, un fuerte partido de fachada cristiana y fondo comunista, ha abierto las puertas al marxismo. . . La victoria de Salvador Allende se debe, en gran parte, a los grupos activistas de los eclesiásticos, cuya actitud está inspirada en los documentos redactados en Medellín, durante la segunda Asamblea General del (CELAM, inaugurada por Paulo VI... Esta ha sido, pues, la victoria del Papa Montini, de su dialéctica, de sus compromisos con los organismos internacionales de la mafia Sionista.
Basta leer esta cita para tener una idea de la dinamita ideológica contenida en el libro del P. Sáenz. Lógico, que el Vaticano esté preocupado y se abstenga da seguir adelante; porque, además, hay otra cosa; hay un capitulo intitulado: ¿Es Juan B. Montini un verdadero Papa?.

LA POLITICA PROCOMUNISTA VATICANA TRIUNFA AL FIN EN SU LUCHA PATERNAL DE LA INVICTA RESISTENCIA DEL CARDENAL MINDSZENTY
Su Eminencia el Cardenal Joseph Mindszenty, después de estar como preso en la Embajada Americana de Budapest, llegó al aeropuerto de Fiumicino, acompañado de Monseñor Agostino Casaroli, Secretario del Consejo de Negocios de la Iglesia y patrocinador de una amplia apertura con el Este comunista, durante los días en los que estaba celebrándose el último Sínodo. No se necesita mucho para comprender la tensión provocada, no sólo en la Curia Vaticana, sino en el mismo Paulo VI, con la presencia del Cardenal Mindszenty, Primado de Hungría, mártir de la Iglesia y de la libertad, venido a la capital del catolicismo obedeciendo a un expreso mandato del Papa. No se necesita mucho para darnos cuenta de la impresión atormentadora del actual Pontífice, al tener delante de si a aquel coloso invencible, que, en su misma desgracia, seguirá siendo un reto, para los que cobardemente han vendido la Iglesia al enemigo. No eran puntos de vista diferentes, no era el contraste del oprimido ante el opresor; no era tampoco la euforia del triunfo del Vaticano, que había logrado acortar las distancias entre Roma y Budapest, entre la Santa Sede y Moscú. Era el encuentro que recordaba a Cristo ensangrentado, befado, coronado de espinas, con las espaldas trituradas, que se presentaba ante el juez Pilato, quien lo mostró a la multitud enardecida, con estas palabras infamantes: "He aquí al Hombre".
Sin duda alguna muchos aplaudían la experta diplomacia de Paulo VI, aquel gesto de amistad del Vaticano hacia el Kremlin. Pero no faltaban en Roma, ni en el mundo entero, los que miraban con consternación aquél último ultraje a la figura venerada y venerable, al mártir más glorioso de la Iglesia del Silencio.
El momento, además, era inoportuno en grado sumo. Nixon anuncia un viaje a China, buscando limitar el monopolio del poder que la Unión Soviética tiene en el Oriente; Inglaterra expulsa de su territorio a 150 espías rusos: Tito se sujeta del brazo de hierro de Breznev con el intento de salvar la independencia Yugoeslava; Budabest lanza contra Belgrado la amenaza más dura, y, en Italia, sin un tiro de los cañones vaticanos, la Democracia Cristiana buscaba su salvación uniéndose políticamente con los partidos comunista y socialista.
En el resto de Europa, si exceptuamos a Brandt, pueblo alemán ni al pueblo húngaro, si veían con alegría la libertad de un hombre, no podían dejar de lamenentar la destrucción infame del "símbolo de la resistencia de Hungria y del mundo católico" el Cardenal Joseph Mindzenti.
Su Eminencia, el Primado de Hungría, había sufrido en 1948 y en los primeros días de 1949 el más inaudito y satánico tormento de un lavado cerebral, que realizaron en él los jefes comunistas. Solo, en una celda iluminada constantemente por las lámparas eléctricas potentísimas, sin ninguna ventana y con la puerta cerrada, tenía que beber día tras día, la dosis de ácido glutámico para aumentar su sensibilidad y resistencia. Una voz aguda y penetrante que salía de los altoparlantes repetía constantemente las palabras que sus verdugos querían dejar impresas en el cerebro del príncipe de la Iglesia para que él las pronunciase después, delante del tribunal, en el día del proceso.
El intrépido Cardenal, en 1956, después de 7 años de dura cárcel, no había cesado un solo momento de pedir a Dios y dar valor a los que afuera combatían por la liberación de su patria y de la Iglesia. Pero hoy se ha visto obligado por un mandato que él no podía desobedecer, a ceder al fin en su simbólica resistencia, en el XV aniversario de una revolución gloriosa, aunque no victoriosa, contra la esclavitud intolerable del comunismo ateo. ¡Quince años de refugiado en la Embajada Americana!
Los gobiernos de izquierda están de plácemes. El símbolo de la libertad fue derribado. Lo que no pudo el martirio más espantoso lo alcanzó al fin la política tortuosa del papa Montini.
Vale la pena reproducir el discurso magnífico al pueblo de Roma, pronunciado por el gran Pío XII, el último pontífice romano, después de que la dictadura comunista de Hungría, en 1948, arrestó y después cubrió de infamia con un proceso-farsa al Primado de Hungría Cardenal Mindzenty. El pueblo romano se congregó en la Basílica de San Pedro y en la gran Plaza enfrente del Vaticano para escuchar al Pastor Angélico el siguiente discurso memorable, de palpitante actualidad que quedará siempre como un testimonio de fe, como un propósito de acción, como una advertencia a los que hoy quieren encubrir los sufrimientos de la Iglesia y quieren comerciar con los derechos de Dios en el mercado de la tiranía comunista, que amenaza a todos los pueblos del mundo, pero especialmente a los pueblos de América Latina:
¡"Romanos! ¡Amados hijos e hijas!:
Una vez más, en una hora grave y doloroso, el pueblo fiel de la Ciudad eterna se congrega cerca de su Obispo y de su Padre. Una vez más esta soberbia columnata parece poder, con esfuerzo supremo, estrechar entre sus brazos gigantescos la multitud, que, como una onda inmensa de una fuerza irresistible, afluye de todas partes a la sede de la Basílica Vaticana, para asistir a la Misa de expiación, que será el punto central en el que se concentrarán los sentimientos de todo el mundo católico, desbordantes de fe y de amor a Cristo, de adhesión a la Iglesia y a su Cabeza visible, y, respeto, admiración y total respaldo al Primado de Hungría.
La condenación lanzada, contra la unánime reprobación del mundo civilizado en las riberas del Danubio, a un eminente cardenal de la Santa Romana Iglesia, ha provocado en las riberas del Tíber, un grito de indignación de la Urbe. Pero el hecho de que un régimen enemigo a la religión haya golpeado esta vez a un príncipe de la Iglesia, venerado por la inmensa mayoría de su pueblo, no es un caso insólito; es tan solo un eslabón de una larga cadena de persecuciones que algunos Estados dictatoriales han desatado contra la doctrina y la vida cristiana. Una nota
característica, común a todos los perseguidores de todo los tiempos es que, no contentos con destruir físicamente a sus víctimas, quieren todavía presentarlas como despreciables y odiosas a la patria y a la sociedad. ¿Quién no recuerda a los promártires romanos, de quienes habla Tácito (Annal. 15, 44), sacrificados por Nerón y acusados como incendiarios, abominables malhechores y enemigos del género humano? Los modernos perseguidores se muestran dóciles discípulos de esa escuela ignominiosa. Copiando asi por decirlo de esta manera, a sus maestros y modelos, procuran sobrepasarlos en crudeza, aprovechándose de los progresos más recientes de la ciencia y de la técnica, con el fin de establecer una dominación y de alcanzar la esclavitud del pueblo, los métodos modernos sobrepujan las atrocidades mayores de los tiempos pasados.
Romanos, la Iglesia de Cristo sigue el camino que le trazó el Divino Redentor. Ella sabe que es eterna; que no puede perecer; que la más violenta tempestad no hará sumergir la barca de Pedro. Ella no mendiga favores; no la atemorizan ni las amenazas ni las persecuciones de los poderes terrenales. Ella no se mezcla en cuestiones meramente políticas o económicas, ni se preocupa por disputar sobre la utilidad o daño de una u otra forma de gobierno, siempre deseosa, en cuanto depende de ella, de tener paz con todos. (Cfr. Rom. XII,18). Ella da al César lo que pertenece al César, según derecho; pero no puede traicionar ni abandonar aquello que pertenece a Dios.
Ahora bien, todos sabemos lo que el Estado totalitario y antirreligioso exige y pide se le dé, como precio de su tolerancia o de su problemático reconocimiento. Eso, en realidad significa:
—Una Iglesia que calla cuando debe hablar;
—Una Iglesia que flexiona la ley de Dios para acomodarla al gusto de los caprichos humanos, cuando debe por el contrario proclamarla y defenderla;
—Una Iglesia que se aparta del fundamento inconmovible sobre el que Cristo la había edificado, para adaptarse cómodamente sobre la arena movediza de la opinión del día o para abandonarse a la corriente que pasa;
—Una Iglesia que no resiste a la opresión de la conciencia y no protege los legítimos derechos y la justa libertad del pueblo;
—Una Iglesia que con indecorosa servidumbre se queda encerrada entre los cuatro muros del templo, renunciando al mandato divino recibido de Cristo: "Id por todo el mundo; predicad el Evangelio a toda creatura" (Mateo XXVIII, 19).
Amados hijos e hijas, Herederos espirituales de una innumerable legión de confesores y mártires, ¿es ésa la Iglesia que vosotros veneráis y amáis? ¿Reconoceríais vosotros en una tal Iglesia las líneas del rostro de vuestra Madre? ¿Podéis vosotros imaginaros a un sucesor del primado de Pedro que se pliega a semejantes exigencias?
El Papa tiene la promesa divina, pese a la humana debilidad, es invencible e inmovible; anunciador de la verdad y de la justicia, principio de la unidad de la Iglesia, su voz denuncia los errores, la idolatría, la superstición; condena la iniquidad y hace amar la caridad y la virtud.
¿Podemos Nos callar cuando en una nación se trata de separar con la violencia o con la astucia del centro de la Cristiandad, de Roma, a la Iglesia que le está unida; cuando se encarcelan a todos los obispos grecocatólicos, por el único crimen de negarse a apostatar de su fe; cuando se persiguen o se encarcelan a sacerdotes y a fieles porque se rehusan a separarse de su verdadera madre la Iglesia?
¿Puede el Papa callar, cuando el derecho de educar a los hijos propios es negado a los progenitores por un régimen de minoría, que quiere alejarlos definitivamente de Cristo?
¿Puede el Papa callar, cuando un Estado, sobrepasando los límites de su competencia, se arroga el poder de suprimir las diócesis, de deportar a los obispos, de destruir la organización eclesiástica, reduciéndola al estado de una mínima pasividad para cumplir debidamente sus deberes en pro de la salvación de las almas?
¿Puede el Papa callar, cuando se llega al punto de encarcelar a un sacerdote, reo de no haber querido violar el más sagrado e inviolable de los secretos, el secreto de la confesión sacramental?
¿No significa todo ésto una ¡legítima intromisión de los poderes del Estado en un campo que no le pertenece? ¿Quién podría negarlo honestamente? Vuestros aplausos han dado ya las respuestas a éstas y a muchas otras preguntas semejantes".
El gran Pontífice concluyó su discurso, en ese día memorable, con una exhortación a la fortaleza en la fe, con la plegaria a Dios "que haga brillar su luz sobre las mentes entenebrecidas, que están todavía cerradas a la verdad" y con la bendición Urbí et Orbi.
Después de tan dramáticas, profundas y valientes palabras de ese gran Pontífice, nuestros lectores comprenderán mejor el alcance político, que tuvo, o mejor dicho, tiene el mandato papal que obligó al santo y heroico Cardenal Mindszenty a abandonar su refugio en la Embajada Americana de Budapest. El caso es tan monstruoso, que el gobierno americano quiso excusarse, diciendo que él no había tenido participación alguna en la salida del Cardenal. Toda esta empresa "diplomática", que, en realidad no libertó a Su Eminencia, fue obra de Paulo VI y de su fiel servidor Agostino Casaroli. Por eso, al llegar a Roma es encarceló prácticamente al venerable purpurado en una torre vaticana y se le prohibió publicar sus memorias. Ya lo dije antes: ésta fue la victoria diplomática del Papa Montini y este fue el precio con que aseguró sus conexiones con los partidos internacionales del comunismo.

EL SINODO DE LOS UKRANIANOS
En una aparente ruptura de la Iglesia Ortodoxa Católica de Ukrania, no contra la Iglesia Católica, ni con el Papado, sino con la "nueva religión" ecuménica-política-humanística del Vaticano de Paulo VI, diez y seis prelados del rito ukraniano convocaron a un Sínodo, al parecer permanente, en Roma, desafiando la desaprobación de la Secretaría de Estado Vaticana. El Rito Ukraniano unido a la Santa Sede hace 375 años es el grupo mayor, en comunión en Roma, de la Iglesia Oriental, con casi dos millones de miembros en el mundo occidental, de los cuales viven en los Estados Unidos unos 300,000.
El establecimiento de este Sínodo, no congregado por Paulo VI, significa el climax de una larga serie de artificios políticos del Papa Montini, en los últimos años —unos públicos, otros secretos— para complacer a Rusia y ganar así la simpatía y la confianza del gobierno soviético. Paulo VI, al parecer, quería entregar al Patriarcado Ortodoxo y Cismático de Moscú la dependencia de este grupo católico de Ortodoxos Ukranianos. De esta manera, aparentando ignorar los sufrimientos de seis millones de ukranianos católicos que viven en la URSS y han sido objeto de una prolongada y sangrienta persecución del régimen comunista, al que está sujeto en todo el Patriarca y la Iglesia Ortodoxa Rusa.
Ante la inactividad, sí no complicidad del Vaticano, en este prolongado martirio, los ukranianos católicos, perseguidos se declararon independientes del control directo de Roma, dice la UPI, en sus despachos desde Roma. Los 16 obispos ukranianos, reunidos en Sínodo, declararon su lealtad a la Iglesia y a la Sede de Pedro, pero establecieron un Sínodo permanente, presidido por el Cardenal Josef Slipyi, de 79 años de edad, que vive exiliado en la Ciudad eterna. El Papa y las autoridades vaticanas trataron de disolver el Sínodo, afirmando que los obispos reunidos no tenían autoridad para su convocación. Pero esta intimidación vaticana no hizo vacilar a los prelados reunidos.
El rompimiento estalló en el Sinodo General de los Obispos, en la presencia del Papa, que presidia, cuando el Cardenal Josef Slipyi, Metropolitano desterrado de la Iglesia Ukraníana, acusó inesperadamente a Paulo VI por su cruel indiferencia, ante los inhumanos sufrimientos de seis millones de ukranianos, virtualmente prisioneros de Rusia, tras la cortina de Hierro. "Nadie se preocupa", dijo el anciano prelado, "nadie". El Cardenal añadió que él había sido prácticamente amordazado por el Papa Montini, para no hablar, desde que, libertado de su espantoso cautiverio, había llegado a Roma, el año de 1963. Fue discurso el que motivó el establecimiento del Sínodo Ukraniano.
La convocación pretendía, en primer lugar, designar al Cardenal como Patriarca de la Iglesia Ukraníana. Paulo VI se oponía decididamente a este nombramiento, porque en él veía comprometidos sus planes diplomáticos, ya que el Patriarca Ortodoxo Ruso, dependiente del gobierno soviético, seguía reclamando como suyos a esos Ukranianos, unidos a Roma. Se buscaba también en el Sínodo de estos prelados ukranianos establecer un estado de semiautonomía, concedido a otra Iglesia de Rito Oriental, en unión con Roma.
El establecimiento de este Sínodo fue como un rayo de esperanza, para los innumerables católicos, que, en el mundo entero, están conscientes no sólo de la interna demolición de la Iglesia, sino de que el mal principal se encuentra en Roma, en el Vaticano. El Rito Ukraniano todavía se conserva puro; su liturgia todavía conserva la fórmula válida, en la consagración del cáliz: "por vosotros y por MUCHOS"; todavía mantienen firmes todos los dogmas y doctrinas tradicionales de la Iglesia Católica, sin compromiso alguno con el mundo, ni con otras falsas sectas religiosas y en especial con el ateísmo militante de la Unión Soviética. Este Sínodo parecía ser un "YO ACUSO" directo a la Nueva Iglesia Montiniana.
Cuando las tropas rusas se apoderaron de Ukrania, a fines del año 1944, los invasores empezaron una terrible persecución, una campaña de terror, para destruir la Iglesia Ukraniana. Hubo asesinatos en masa, hubo encarcelamientos y torturas sin cuento. El Metropolitano Arzobispo Slipyi recibió una invitación del Patriarca Ortodoxo Ruso para que rompiese con Roma y se uniese de nuevo a la Iglesia Ortodoxa Rusa. La proposición fue rechazada, y pocos meses después el Metropolitano Slipyi y todos sus obispos, residentes en Galicia, fueron encarcelados, incomunicados, amenazados constantemente y sujetados a torturas sin cuento, durante 11 meses; finalmente fueron sometidos a un juicio militar, acusados de traición. El Metropolitano y sus obispos sufragáneos fueron sentenciados a trabajos forzados en Siberia. Varios de esos obispos murieron a consecuencia de sus sufrimientos. El Cardenal Slipyi cumplió su sentencia en 1953; pero, sin causa alguna, su tortura se prolongó por otros cuatro años. En 1962 fue nuevamente encarcelado y sentenciado a otros siete años de trabajos forzados. Inesperadamente, fue puesto en libertad, en 1963, y salió luego para Roma, después de 18 años de prisión por no haber traicionado su fe católica. El 25 de enero de 1965, Paulo VI le nombra miembro del Sacro Colegio.
Cuando pasen estos años de tremendas claudicaciones, cuando la luz disipe las tinieblas, cuando llegue la hora de Dios, entonces comprenderemos las "relaciones diplomáticas" que el Vaticano, a costa de la verdad y de la dignidad humana, ha logrado alcanzar en los países dominados por el comunismo.
Antes de terminar este libro, quiero aprovechar la ocasión para denunciar una vez más, ante el mundo, la apostasía imperante en el Seminario del Arzobispado de México, del que es responsable Su Eminencia Miguel Darío Cardenal Miranda y Gómez. No es una venganza la que busco, sino el cumplir un deber, deber sagrado, ya que de ese Seminario han de salir los futuros sacerdotes, que sirvan a la Iglesia en esta inmensa ciudad.
Hay en México una antigua costumbre de celebrar las nueve noches, que preceden a la Navidad, con fiestas cristianas y familiares, que han ido paulatinamente degenerando en diversiones inconvenientes y aún pecaminosas. En el Seminario de ¡a Arquidiócesis, en ese centro de saber y de alta especulación, reformado por la solícita pastoral del Cardenal Miranda y Gómez, hubo también una "posada" (así se llaman estas fiestas navideñas), con baile, con jovencitas, para garantizar de esta manera la sólida vocación de los futuros sacerdotes de la arquidiócesis.
Las ciencias eclesiásticas, que en ese maravilloso centro de teología y filosofía postconciliar, se imparten, han superado la "escolástica" la ciencia ya caduca de Santo Tomás y de los grandes teólogos del pasado. Ahora hay enseñanza de Marx, hay prelecciones de Teilhard de Chardin; hay negación explícita de varios de nuestros dogmas fundamentales: la concepción de María Santísima no fue inmaculada; no es verdad su virginidad en su maternidad. Lo infalibilidad papal es una de las necedades del Vaticano I, que juntamente con Trento, han hecho más daño a la Iglesia que todas las herejías. "No hay que ser castos; dicen los moralistas, sino cautos".
No existe ya restricción alguna para que los seminaristas entren y salgan, según sus conveniencias o necesidades. No tienen obligación de levantarse para acudir a misa, ni hay que pensar en la oración, que es perder tiempo.
Yo puedo jurar, ante la presencia de Dios, que estas directas acusaciones contra la pastoral postconciliar del Cardenal son verdaderas y que las he escuchado de personas que no sólo no mienten, sino que están horrorizadas de ese foco peligroso que encierra en su seno el Seminario de México, en el que hay, además, un grupo sedicioso, que se llama "Camilo Torres Restrepo".
Eminencia, usted está excomulgado, por patrocinar esta interna traición a la Iglesia de Cristo, también los obispos y cardenales pueden estar automáticamente fuera de la Iglesia.
Voy a concluir este libro, con el artículo del Lic. Arturo Pedroza, publicado en la Revista IMPACTO, el 29 de diciembre de 1971, así como el artículo del Lic. Rene Capistrán Garza.

Pbro. Joaquín Sáenz y Arriaga
¿CISMA O FE?

viernes, 26 de noviembre de 2010

LA MASONERÍA APOYA LA DOCTRINA SOCIAL DE PAULO VI.


(páginas 283-298)
Después del anterior comentario del benemérito Abbé George de Nantes sobre la Carta Circular y las Nuevas Normas del Cardenal Seper, para la reducción de los sacerdotes al estado laical, es decir, para facilitar esa hemorragia espantosa, que está afectando a la misma estabilidad y consistencia de la fe en los fieles, voy a reproducir una información interesante, publicada en "EXCELSIOR", el periódico "no de la Vida Nacional", sino de 'Ruina Nacional", en donde escriben los servidores de la "mafia", los destructores de nuestra nacionalidad, los perturbadores del orden público, como los Ertze Garamendi, si traidor a España y ahora traidor a México, el Enrique Maza, S.J. cuya mentalidad ha superado las más graves herejías de la Iglesia, los Aviles, los Genaritos, etc., ;tc.; la información, que voy a citar, apareció el 9 de noviembre de 1971. Dice así:
La Masonería internacional "comparte los sentimientos del Papa Paulo VI y del movimiento renovador de la iglesia Católica, para evitar que los ricos se hagan más ricos y los pobres sean más pobres; así como para que se dignifique con sentido social a la persona humana". Así o expresó ayer a su arribo de Santo Domingo, a las 8 horas, el doctor Jaime Manuel Fernández González, ministro de Relaciones Exteriores de la República Dominicana, quien viene para presidir en Tampico, ante más de 400 delegados, la Junta de la Conferencia Masónica Interamericana, de la que es Presidente.
¿En qué forma contribuye la masonería a elevar el nivel de vida de los pueblos de Latinoamérica? preguntó EXCELSIOR al Canciller Dominicano, quien fue recibido por el Lic. José Gallástegui, subsecretario de Relaciones exteriores. "En evitar la división entre los seres humanos, ayudar a los hombres que sufren en América, en propugnar por una equitativa distribución de la riqueza y lograr esos objetivos, a través de la unión que da la fuerza". El doctor Fernández González, de 42 años, catedrático de la Universidad de Santo Domingo, dijo que hace cuatro meses tuvo una conferencia de cuatro horas con el Papa Paulo VI. "Y es, por eso, por lo que la masonería comprende y apoya la nueva doctrina social de la Iglesia Católica, ya que reclama la libertad del hombre y condena la explotación del hombre por el hombre". "Paulo VI sabe que en el corazón de la masonería hay ideales de grandeza, espíritu del bien, esperanza por alcanzar la justicia social. Vemos con simpatía ese movimiento de transformación del mundo de la Iglesia Católica, porque nosotros no podemos permanecer estáticos con los tiempos,- hay que evolucionar, y la masonería tiene que hacerlo al igual que la Iglesia Católica, como lo hacen otras instituciones, porque si no, mueren".
Dijo que la masonería no tiene ideología, aunque cree en un dios, y es apolítica "aunque ha tenido a los grandes hombres que hicieron las gestas libertarias de América, como un Benito Juárez, un Jorge Washington, un José Martí, un San Martín y tantos hombres, que también en Europa, siendo masones lograron la independencia de sus pueblos".
Y en el mismo periódico del 9 de noviembre leemos:PAULO VI ENVIARA A SU EXPERTO EN COMUNISMO PARA NEGOCIAR.
Ciudad Vaticana 8 de noviembre 1971 (AP) El Papa Paulo VI decidió enviar a su principal experto en comunismo a Varsovia para entablar pláticas con el gobierno polaco, tres semanas después de que éste mandó una delegación a una ceremonia papal, según informaron esta noche en círculos del Vaticano, aunque la Santa Sede no formuló comentarios. Su Santidad conversó con Aleksander Skarzynski, jefe del Departamento Polaco para el Culto, y con el Embajador de Polonia en Italia, el 17 de octubre. Ambos asistieron a la ceremonia de la beatificación de un fraile polaco, Maximiliano Kolbe, en la basílica de San Pedro.
Se informa que el arzobispo Agostino Casaroli, secretario del Consejo de Asuntos Públicos Eclesiásticos o sea e! equivalente en el Vaticano de un Ministro de Relaciones Exteriores, viajará pronto hacia Varsovia para continuar las conversaciones. Fuentes del Vaticano dijeron que el Cardenal Wyszynski, quien concurrió el reciente Sínodo mundial, informó al Papa Paulo VI que el actual gobierno polaco parecía estar seriamente interesado en llegar a un entendimiento con la Santa Sede. Kasimir Papee, a quien el Vaticano reconoce como el enviado oficial de Polonia ante la Santa Sede, a nombre del gobierno en exilio en Londres de Polonia, dijo que ya estaba enterado de esta posibilidad. Papee ha estado aquí desde julio de 1939. Al preguntársele si creía posible que el Vaticano pueda llegar a un acuerdo con Varsovia, se limitó a contestar: "No me pidan que sea un profeta".
Estos dos documentos no piden explicación. Hablan por sí solos. Es una nueva prueba de mi tesis en el libro que ha provocado la ira de Miguel Darío Cardenal Miranda y Gómez, a quien se acusa también de pertenecer a la masonería, como su amigo y protegido el obispo de Cuernavaca.

LA VENGANZA DEL PROGRESISMO

Uno de los aspectos más curiosos del "progresismo" o "neomodernismo" religioso y uno de los argumentos más claros de su inconsistencia y del mal espíritu que lo anima es, a no dudarlo, la incongruencia manifiesta con que los "reformadores del siglo XX" piensan, arguyen y actúan. Sobrarían argumentos indiscutibles para demostrar nuestra afirmación. Nos hablan del "diálogo" y paralizan, con todos los recursos a su alcance, la antigua apologética y se protegen como en una fortaleza inexpugnable, en el Vaticano II y en el espíritu conciliar, aunque ellos mismos hayan pisoteado las definiciones dogmáticas de Trento y del Vaticano I, que, según dicen, han sido ya definitivamente superadas por el Concilio Pastoral Vaticano II. La pastoral, en otras palabras, es tan importante que el mismo DEPOSITUM FIDEI debe supeditarse a ella. Afirman y defienden, a como dé lugar, la libertad religiosa, proclamada por el Vaticano II como una de sus más importantes conquistas, según los dictámenes de la propia conciencia; pero esa libertad sólo la entienden en cuanto está relacionada a los acatólicos y anticatólicos, no a los que quieren profesar y defender todavía su fe preconciliar, que excluye cualquier compromiso doctrinal, cualquier herejía o cualquier apostasía. Quieren el ecumenismo con todos los hombres, con todas las religiones, con los mismos grupos subversivos, que solapada o públicamente buscan la destrucción de la Iglesia; mas no aceptan ningún trato con los católicos, que no piensan como ellos, porque saben muy bien que estas divergencias no son verbales, ni tácticas, sino doctrinales, estructurales, casi diríamos esenciales.
Y, como tienen en sus manos el poder, como se sienten casi la misma Iglesia, usan, interpretan, falsean, si es necesario, los cánones de un derecho eclesiástico, que está en revisión, que en muchos cánones ha sido ya abolido, según sus conveniencias, para pulverizar a sus únicos enemigos, los que seguimos teniendo la misma fe de nuestros padres. Una es la ley y la aplicación de la ley para los amigos, y otra para los enemigos.
Probemos, con el reciente decreto de Don Miguel Darío Miranda, estas denuncias concretas de ese abuso del poder. Empieza el cardenal, en su decreto, señalando como mi primer delito el que yo "sin ninguna censura ni licencia eclesiástica" haya publicado mis libros, en defensa de la Iglesia. Y a esta acusación respondo, en primer lugar, diciendo que falta a la verdad el arzobispo de México, porque, mis primeros libros y, especialmente, el "CUERNAVACA Y EL PROGRESISMO RELIGIOSO EN MÉXICO" si tenía el "imprimatur" del Excmo. Sr. Arzobispo de Jalapa, Don Pío López, q.e.p.d. y otros de Don Juan Navarrete, todavía Arzobispo de Sonora.
Los dos últimos libros no lo tenían porque esas formalidades habían sido abolidas por la Santa Sede. Cito, en primer lugar el "Motu Proprio" INTEGRA SERVANDAE de 7 de diciembre de 1965 (A.S. 57 (1965) 952 9555: "La Congregación por la Doctrina ele la Fe investiga diligentemente acerca de los libros que le son denucíados y los reprueba, si lo juzga oportuno, pero oyendo al autor y dándole facultad para defenderse aun por escrito, no sin antes avisar al Ordinario, conforme ya se previno en la Constitución "Solliciata ac Provida" de nuestro predecesor, f.r., Benedicto XIV".
Además la notificación de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, de 14 de junio de 1966 dice (AAS. 58 (1966) 445): "Pero si se publican doctrinas y opiniones, cualquiera que sea el modo como se divulgan, que sean opuestas a los principios de la fe y las costumbres, y sus autores, cortesmente invitados para que corríjan los errores, rehusan efectuarlo, la Santa Sede, haciendo uso de su derecho, reprobará, incluso públicamente, tales escritos, para atender al bien de las almas, con la debida entereza".

La respuesta de la Sagrada Congregación, con fecha 15 de noviembre de 1966, respecto al Canon 2318, que decretaba ciertas penas contra las transgresores de las leyes de la previa censura (Documentum XIV, Nota (1) Derecho Canónico Postconciliar, B.A.C. pág. 156 en la edición Madrid-MCMLVII): "Les respuestas de la Sagrada Congregación, con fe cha 15 de noviembre de 1966, fueron del tenor siguiente-,
1) Negativamente a ambas cuestiones en cuanto al vigor de la ley eclesiástica. (Si, después de publicada la Notificación, que siguió al Motu Proprio "INTEGRAE SERVANDAE, continuaba vigente lo establecido en el canon 1399, por el que se prohibían, ipso facto, algunos libros, y el 2318, que decretaba ciertas penas contra los transgresores de las leyes de la censura y de la prohibición de libros).
2) "Mas aquellos, que, tal vez, hubieran incurrido en las censuras establecidas por el canon 2318, se han de considerar absueltos de las mismas, por el hecho de haber sido abrogado este canon". (AAS 58 (1966) 1186).

El decreto del cardenal habla de una "ingenua malicia", atreviéndose a juzgar en el fuero interno de la conciencia, que la misma Iglesia, con todo su poder, no puede nunca juzgar, según el principio jurídico: "de internis non iudicat Ecciesia".
He sido objeto de una verdadera persecución, de una constante difamación, no sólo por Luis Reynoso, el nefasto canciller que, después de haberse servido mañosamente de mí para atacar a los hermanos Santacruz y a los Padres de la Compañía que los defendieron, abusando ciertamente de mi buena fe, ha sido el promotor de la justicia y de la excomunión; sino del mismo cardenal Miranda, que ha divulgado por todas partes mi supuesta locura. La caridad, de la que tanto alarde hacen esos dos personajes, ha brillado ciertamente por su ausencia. Yo, en cambio, no quiero hablar; no quiero decir lo que sé y de lo que tengo pruebas apodícticas respecto a esas dos personalidades, porque no quiero convertir mi causa en algo personal, pero que entiendan bien que si la defensa lo exige México y el mundo tendrán pruebas de quiénes son los "defensores" de la ortodoxia sana y objetiva.
El grupo inconfundible del "progresismo": los Ertze Garamendi, los Maza, los Genaritos, los Lara, los Moya, los Aviles, etc., todos los incondicionales serviles de la nueva secta, se han puesto a hacer leña del árbol caído. Para Luis Reynoso todos los medios son lícitos, para alcanzar el logro de sus tenebrosos designios; y ahora, respaldado por la autoridad de Su Eminencia, urga los cánones para pulverizarme. El caso Santacruz, como ya dije, le alcanzó el vestido tecnicolor y el título de canciller de que ahora se jacta. En este caso su venganza ha sido cruel, injusta, inhumana, de todo opuesta al espíritu postconciliar, —¿qué le importa a Luis Cervantes Reynoso el Concilio, ni los cánones, cuando es capaz de adulterar los documentos eclesiásticos, de comprar a un monseñor Ferrara, para que venga a México, como funcionario de la Curia de Roma, para "excomulgar" a los Santacruz?— Luis Reynoso, no tiene más fe que su conveniencia, ni más moral que la satisfacción más vergonzosa de su pasión.
Pero, esta vez, Luis Reynoso Cervantes se olvidó do que "sobre las formas jurídicas está siempre la Verdad Revelada". Se olvidó de que esta lucha es una lucha ideológica, y que la verdad nunca puede ser sofocada por la fuerza. Y, sobre todo, él y Su Eminencia se olvidaron de que el sacerdocio, tiene obligación de enseñar lo que Cristo y la Iglesia nos han enseñado y defender, ese DEPOSITO sagrado, incluso a costa de la vida misma. Es necesario obedecer a Dios, antes que a los hombres, aunque éstos estén investidos de cualquier mando o poder. Los mandatos eclesiásticos nunca pueden contrariar los mandamientos divinos.
En mi caso, una argucia de leguleyos, en la que es tan perito Luis Reynoso, echó por tierra —así lo pensó el canciller— con mi autoridad, mi prestigio y mi mismo sacerdocio. La ocasión se presentó cuando pedí la reanudación de mis licencias ministeriales, cumpliendo con la política de gobierno del actual Arzobispo de México. En otras diócesis de la República y, anteriormente, en la misma arquidiócesis de México yo tenía todas las facultades ministeriales por tiempo indefinido. Cuando el Excmo. Sr. Don Luis M. Martínez, el predecesor de Miranda, me aceptó en su arquidiócesis, a mi salida de la Compañía, el ilustre Prelado me dijo textualmente estas palabras: "Te recibo con los brazos abiertos". El actual arzobispo, mostró, al principio, cierta buena voluntad, a mi persona. Sobre todo, cuando mi testimonio le fue necesario para la condenación de los hermanos Santacruz.
Hacía tiempo que el Sr. Reynoso Cervantes quería suspenderme, como lo estuvo anunciando, en repetidas veces, en diversos círculos sociales y, sobre todo, en sus clases del seminario. Una suspensión, como cualquier censura canónica, supone, desde luego una falta grave; supone una previa y formal amonestación y, finalmente la intimación escrita y ante testigos. (No estoy hablando de las penas en las que se incurre, como dice el decreto de Su Eminencia, automáticamente, por cometer el delito, pre visto y censurado por el Derecho).
En cierta ocasión en que pedí mis licencias ministeriales, allá por octubre de 1967. Recibí una carta firmada por un Pbro. Bernardo Martínez, Pro Secretario, que voy a transcribir literalmente:
"CURIA DEL ARZOBISPADO DE MÉXICO. Secretaría de Cámara y Gobierno. México 1, D. F. 23 de octubre de 1967.
Sr. Pbro. D.
Joaquín Sáenz Arriaga.
México, D. F.
Respetable Padre:

En contestación a su último oficio sin fecha, en que solicita usted la renovación de sus licencias ministeriales, me ordena el Excmo. Sr. Vicario General que comunique a usted: que sus licencias ministeriales últimas terminaron el 20 de febrero de 1964; que no hay constancia, desde dicha fecha de renovación de la facultad de binar y de trinar; que la licencia que pidió la R. Madre Ma. Rosa Guadalupe de la Santa Paz, de las RR. MM. Adoratrices Perpetuas del Smo. Sacramento, el 7 de julio último, para que continuara usted como confesor de la Comunidad por un tercer trienio, no la concedió el Excmo. Sr. Arzobispo. Por último que varias veces le ha mandado llamar el Excmo. Sr. Arzobispo para que hable usted con él, y no se ha presentado; por tanto, el Excmo. Sr. Vicario General le encarece a usted que tan pronto como llegue el Excmo. Sr. Primado se entreviste con él.
Protesto a usted mi atenta consideración respeto.
Dios Nuestro Señor le conserve en su gracia.
Pbro. Bernardo Martínez.
Pro Secretario, (firmado).


Voy a comentar ahora esa única carta que en más de seis años, he recibido de la Mitra. Mis comentarios demostrarán la "verdad", la "caridad" y la "buena fe" con que el Canciller Reynoso actúa. Empezaré por hacer notar que el monseñor canciller, con manifiesta mala fe, se obstina en negarme los títulos de Doctor, que tengo, no por ignorancia, ya que él mismo vio los títulos firmados por el Prepósito General de la Compañía de Jesús, por el Rector de la Pontificia Universidad Gregoriana, por el Secretario de la Compañía, por el Secretario de la Gregoriana, sino por el manifiesto empeño de destruir todo lo que a él le pueda ser obstáculo.
Veamos las razones expuestas para no refrendar las facultades o, para no tratar ese punto, que motivó la carta del Pro Secretario, dictada, inspirada y evidentemente respaldada por el Monseñor Canciller.
1) "Se ha pasado el tiempo para pedir oportunamente la renovación de las licencias". Es verdad. Se me pasó el tiempo, no por mala fe sino por las muchas ocupaciones y, para ser franco, por no tener muchas relaciones con la Mitra, en donde hay tanta oposición. Es verdaderamente penoso lo que en las oficinas de Cámara y Gobierno del Arzobispado de México ha sucedido, sucede y seguirá sucediendo. Para muestras bastaría citar el caso del P. Campos, encargado de los asuntos matrimoniales y el caso de los Santacruz, en el que Reynoso, sin escrúpulo alguno, llegó a la mentira, al chantage, a la falsificación y adulteración de los documentos. Y no toco otros puntos, por no agravar la situación actual; pero Su Eminencia sabe que estoy muy enterado de muchas cosas. Sr. Reynoso, ¿quién vendió las columnas del altar del perdón, después del incendio en catedral? ¿Quién provocó ese incendio?
2) "No hay constancia de renovación de la facultad de binar o trinar, después de esa fecha". Yo decía la Santa Misa, por aquel entonces, en la Parroquia de la Divina Providencia, en la calle de Quintana Roo; el Sr. Cura era cabeza de uno de los Decanatos —esa nueva institución de Su Eminencia, para conservar el dominio de su arzobispado, el más grande del mundo. Las veces que biné lo hice por indicación del Sr. Cura, a quien suponía con poderes para delegar. En cuanto a las limosnas que por esas binaciones recibí, debo decir a Su Eminencia que hace ya años que mis entradas económicas no cubrirían el salario mínimo de un jornalero.
3) "El Sr. Arzobispo no concedió la licencia que pidió la R.M. Ma. Rosa Guadalupe de la Santa Faz, de las RR. MM. Adoratrices Perpetuas del Smo. Sacramento, el 7 de julio último, para que continuase como confesor de la Comunidad por un tercer trieno. A esto respondo que miente, Su Eminencia, o miente el Excmo. Sr. Vicario o, lo que es más probable, miente el Canciller. Voy a copiar el documento en el que se concedió el permiso:
"Curia del Arzobispo de México
Secretaría de Cámara y Gobierno
ApartadoPostal 8877
México 1, D. F.
Vicariato de Religiosas
Córdoba 56
Apartado 21314
México 7, D. F.
№ 00248-67
Sírvase referirse a este
número en sus oficios.
"Por disposición del Excmo. y Rvmo. Sr. Arzobispo Primado de México, Dr. D. Miguel Darío Miranda, tenemos el honor de comunicar a usted que ha tenido a bien nombrarle CONFESOR ORDINARIO por un Tercer Trienio a contar de esta fecha de las Religiosas Adoratrices del Smo. Sto. y de San José, que residen en las calles de San Lucas n° 14 Atzcapozalco, Ciudad. . . a solicitud de la M.R.M. Rosa Guadalupe de la Sta. Faz Amezcua a quien servirá presentarle este documento.
Lo que tenemos el honor de comunicar a usted para su conocimiento y fines consiguientes, reiterándole las seguridades de nuestra atención y muy distinguido aprecio.
Dios le guarde muchos años.
México, D. F. agosto 10 de 1967.

Fr. Pío Ramírez, O.P.
Vic. de Religiosas.
Sr. Pbro. D. Joaquín Sáenz
presente.

La carta del Pro Secretario Pbro. Bernardo Martínez está fechada el 23 de octubre de 1967; el documento del Vicario de Religiosas, firmado y sellado es de fecha 10 de agosto de ese mismo año. ¿Puedo o no decir que mienten, al afirmar el canciller o el pro secretario o el Excmo. Vicario que no se había dado la licencia pedida por la M.R.M. Superiora de las Madres Adoratrices?
Resultado de estas anticanónicas y falsas motivaciones: suspensión de hecho, no de derecho del P. Joaquín Sáenz Arriaga, ya que sin negarlas, no se le concedieron las facultades pedidas; es decir, imposición de una gravísima sanción sin juicio, sin apego a los cánones, sin apoyo siquiera en la verdad. Pero el P. Sáenz sí tenía las facultades de CONFESOR ORDINARIO de religiosas. De aquí se sigue que, aunque, por olvido, dejó de refrendar sus licencias, en realidad, estaba amparado, aun llevando las cosas por los caminos del rigorismo jurídico; porque el que tiene lo más tiene lo menos, como lo dice el sentido común. Si el P. Sáenz tenía facultades para ser CONFESOR ORDINARIO de religiosas y si la última fecha del refrendo fue el 10 de agosto de 1967, sigúese que en estos años el P. tenía sus facultades para los otros ministerios.
Queda por aclarar el último punto. El Sr. Arzobispo, en dos ocasiones, pidió por teléfono al P. Sáenz que se presentase en la Mitra a hablar con él. Los hechos ocurrieron así: el 26 de enero de 1964, a raíz de la publicación de mi libro CUERNAVACA Y EL PROGRESISMO RELIGIOSO EN MEXICO, recibí el primer telefonema. Había ya antes sido enterado por algunos obispos amigos que el Arzobispo pretendía silenciar mi defensa de la Iglesia y que, buscaba algún pretexto para justificar las sanciones, que ya tenía decididas en contra mía. Para evitar cualquier pretexto, yo le escribí la siguiente carta:
Excmo. y Rvdísimo. Sr. Dr. Don
Darío Miranda y Gómez
Arzobispo Primado de México.
Ciudad.

México D. F. 26 de enero de 1964.
Excelentísimo y Reverendísimo Señor:

Recibí esta mañana aviso telefónico de parte de S.E-para que me presentase mañana en la Mitra. Por algunos Prelados amigos míos sabía yo antes que S.E. pensaba hacerme una amonestación por los trabajos, que yo he escrito, con la mayor pureza de intención y con el respaldo de personas prudentes de conciencia y ciencia teológica. Admito mis posibles equivocaciones, pese a mis buenas intenciones, y de corazón agradeceré a S.E. se digne hacerme por escrito sus observaciones, para poder reflexionar sobre ellas, en la presencia de Dios y en la sinceridad de mi conciencia.
Personalmente no acudo a la cita, porque los médicos me han aconsejado evitar las impresiones que puedan provocar otra gravedad hepática, como la que tuve en el mes de junio pasado. Espero que S.E. con su paternal caridad comprenderá y aceptará mi excusa.
Sé que algunos Padres de ideas contrarias a las mías me han juzgado como enfermo mental. (Como también el mismo Sr. Miranda lo ha dicho varias veces). También acepto esta humillación, como sacrificio personal a Dios, pero me gustaría que las refutaciones de esos Padres más que con ofensas personales fueran con razones teológicas, que me hiciesen ver mis errores. Esto se lo digo a S.E. porque me han dicho que esas críticas calumniosas y difamatorias también a S.E. le han llegado.
Besa su anillo pastoral y su bendición humildemente le pide su afectísimo servidor en Cristo, Joaquín Sáenz y Amaga, (firma).
A la segunda llamada por teléfono, que debo decir no fue dada por el propio Sr. Arzobispo, como tampoco lo había sido la primera, contesté yo enviando tres testimonios de médicos, que me estaban atendiendo:
Dr. Luis J. Alarcón S.
Moras 360, México 12, D. F.
México D. F., febrero 2 de 1964.
A QUIEN CORRESPONDA:
El suscrito hace constar que el R.P. Joaquín Sáenz Arriaga padece actualmente una angiocolitis hepática, de probable origen biliar, en razón de lo cual se encuentra bajo estricto tratamineto médico, que le impide efectuar sus ocupaciones normales, por un lapso aproximado de dos o tres semanas.
Dr. J. Luis Alarcón B. (firma).

Dr. Carlos Gómez Medina
Médico Cirujano
San Francisco 1644-15.
México 12, D. F.

México D. F. a 3 de febrero de 1964
A QUIEN CORRESPONDA:
El que suscribe Médico Cirujano, legalmente autorizado para el ejercicio de su profesión, con título registrado en la S.A.A. 18064 y ced. de Prof. 56340, hace constar:
Que ha estado atendiendo al Pbro. Joaquín Sáenz y Arriaga quien padece de una afección hepática crónica y su estado de salud es delicado.
Atentamente. Dr. Carlos Gómez Medina, (firma).

Dr. Carlos Sáenz Domínguez
Reg. 10196 S.S.A.

Miembro de la Academia Mexicana de Cirujía
Profesor de Patología Digestiva

Jefe de la Unidad de Vías Digestivas y Proctología de S.M.E.
Médico del Hospital Juárez.

México, D. F., 3 de febrero de 1964.
EXCMO. Y REVMO. SR. DR.
DON MIGUEL DARÍO MIRANDA,
Presente.

Me permito molestar su fina atención en virtud de que he sido informado por mi tío el Padre Sáenz, de que requiere Usted su presencia para el próximo día 4 de los corrientes.
Por lo anterior, manifiesto a usted que desde hace tiempo he estado prestando atención médica al Padre Sáenz, quien ha presentado cuadros de insuficiencia hepática recurrentes, mismos por los que actualmente se encuentra sometido a tratamiento. Considero que debo informar a usted que como parte importante del citado tratamiento, le he señalado la necesidad de reposo absoluto, si es posible en cama, hasta nueva orden; así como reposo físico; le he indicado también la necesidad de evitar tensiones emotivas, ya que éstas podrían determinar complicaciones o prolongar su recuperación.
No dudando que usted dispensará su comprensión a lo antes señalado, aprovecho la oportunidad para hacerle presente mi respeto y reconocimiento.
Sr. Carlos Sáenz Domínguez (firmado).

Para cualquier persona, que no estuviese dominada por un odio insaciable, como el que caracteriza a Luis Reynoso, las razones, expuestas por los tres médicos, hubieran sido suficientes para excusar mi negación. En realidad, hace ya muchos años que mi salud está deteriorada, al grado de haber sido sometido a varias operaciones quirúrgicas, en una de las cuales estuve entre la vida y la muerte, en St. Vicent's Hospital de Nueva York. En los archivos del hospital seguramente conservarán los antecedentes, el diagnóstico, el pronóstico y la severísima operación a que fui sometido.
Además, en mi carta al Arzobispo yo no me negué a escuchar sus amonestaciones; pedía tan sólo el que ésta se me hiciesen por escrito, para evitar cualquier incidente en el que yo pudiera faltar en lo más mínimo a su persona, que, es, mi superior. Cuando escribí el libro CUERNAVACA Y EL PROGRESISMO RELIGIOSO EN MEXICO, ataqué no sólo al trío de Cuernavaca Don Sergio VII, Lemercier, el corruptor de las almas que iban a su monasterio buscando el servicio de Dios, y a Iván lllich, el infiltrado judío, que, patrocinado por los jesuítas de Fordham University ha estado preparando la subversión en la América Latina, sino a Felipe Pardinas y Enrique Maza los defensores del centro piloto de Cuernavaca. De entonces a la fecha presente, Pardinas se casó y tiene un hijo, a quien le puso por nombre Juan Ernesto.- Juan por el Papa de la Tolerancia y Ernesto por el Che Guevara, Lemercier e Iván lllich se redujeron voluntariamente al estado laical y Don Sergio anda volando muy bajo, huyendo de los ataques de sus enemigos, que se multiplican de día en día.
Pudiera detenerme más en exponer mi caso; pero quiero que este libro salga a la luz pública lo más pronto posible. Más adelante, con documentación abundante, daré a conocer el por qué íntimo de todas mis tragedias.
Ahora volvamos al segundo tema, que ya anuncié, que quería exponer en este libro, reafirmación de mi libro anterior "LA NUEVA IGLESIA MONTINIANA". Mas, antes, voy a reproducir otro elocuente documento, que apareció en EXCELSIOR precisamente el día 18 de diciembre de 1971, el día de mi supuesta excomunión:
"L'Osservatore Romano (el órgano oficioso de la Santa Sede) elogia a Martín Lutero. Debe admirársele por su celo religioso. Se enfrenta con valor a los abusos. CIUDAD DEL VATICANO 17 de diciembre (AP).—El periódico del Vaticano, L'Osservatore Romano publicó hoy un artículo en el que elogia a Martín Lutero, pero reafirma las viejas objeciones católicas a sus tesis principales. El Reverendo Battista Mondin, teólogo italiano, escribió que Lutero debía ser admirado "por su celo religioso, su valor, su decisión y tenacidad con las que llevó a cabo su reforma, la cual era urgente, debido a que los abusos y aberraciones en esos momentos eran enormes".
Una prueba más de lo que significa el "ecumenismo" entreguista y traidor de la nueva Iglesia postconciliar. La ondenación de Lutero obedeció no sólo a sus errores doctrinales, que atacaban las verdades fundamentales de nuestra fe católica, sobre todo en el problema vital de la justificación, sino también a sus soeces insultos a la persona del Sumo Pontífice, a la ruptura que causó en la unidad de la cristiandad y a su vida degenerada de lujuria y de embriaguez casi continua. Ahora, para grangearnos a los "hermanos separados", el cardenal Willebrand y el Osservatore Romano hacen a Lutero casi un héroe, un reformador (en el mejor sentido de la palabra), un hombre de visión profética que supo prever estos tiempos postconciliares. Si esa es la Iglesia del postconcilio, resueltamente yo me adhiero a Trento, al Vaticano I y rechazo a ese Concilio Pastoral y a toda esa doctrina socio-política de Paulo VI y de Juan XXIII.
Hace dos días la prensa nos anunciaba que, al fin los anglicanos y los católicos habían llegado a un acuerdo doctrinal en lo referente a la Eucaristía. ¡Claro que llegaron! ¡El Novus Ordo Missae fue confeccionado por herejes, sin tener para nada en cuenta a Trento; más bien, en evidente contradicción a la doctrina infalible de Trento. La Iglesia Montiniana quiere la fusión, busca la unidad, aunque sea sacrificando la Verdad Revelada.
Otra noticia tomada del JEWISH CHRONICLE, January 1, 1971 —Tevet 4,5731:
"Mr. Asher Joel, que ha sido honrado como caballero en la lista de honor de la Reina de Inglaterra, en este nuevo año, es un hombre extraordinario, es uno de los judíos más importantes de Sydney. Está ahora visitando a Israel con motivo de la dedicación de un Nachla que llevará por él el nombre de JNF de Australia; pero Mr. Joel pasará a la historia por algo más importante y poco usual. El fue quien organizó el viaje del Papa a Australia".
Y, en el mismo periódico leemos otras importantes noticias, relacionadas con la apertura de la Iglesia Católica a otras religiones: "Una política de acercamiento ha permitido que el Coro de la Iglesia Católica del Sur de Londres haya cantado en algunas iglesias anglicanas y esté próximo a cantar en una Sinagoga Judía".
Todavía un comentario: "Sir, Me gustaría poder respaldar al rabino Pavey, que escribió con idéntico título, en el número de su periódico del 25 de diciembre. Porque, gente como yo, judíos por nacimiento, pero no por convicción, que no han sido asimilados, se hacen esta gran pregunta: ¿Qué es el judaismo? Y la respuesta a esta pregunta es ciertamente más importante para nosotros, que para los que tienen fe. Un monoteísmo cristiano con tendencias sionistas no tiene ningún atractivo para nosotros. Y, sin embargo, esto es lo que se nos dice por todas partes. Los más fervientes llevan a sus esposas con un largo vestido blanco para ser casados en la sinagoga, con una dosis de prédica moral dicha por el reverendo rabino, para hacer la ceremonia lo más semejante posible a un sacramento cristiano. ¿No es, por ventura, el matrimonio judío un mero contrato, que nada tiene que ver con la sinagoga? Y la mayoría de los 'ortodoxos" buscan más a sacerdotes modernos que a rabinos judíos. Quieren verdaderos pastores, trabajadores sociales con psicoanalistas, con el mágico manto de santidad envolviéndoles.
"Yo sé perfectamente que a través de miles de años, el judaismo ha asimilado los pensamientos y los ritos de una grandísima variedad de filosofías y de cultos. Pero, en esta época de culto pluralismo, ¿tenemos que imitar a Id Iglesia Anglicana"? Dvra Wiseman. 86 Camberwell Church Street, SE5.
R.P. Joaquín Sáenz y Arriaga
¿CISMA O FE?