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jueves, 15 de enero de 2015

LOS SIETE DOLORES


DEVOCIÓN ADMIRABLE
Los Siete Dolores que María Santísima sintió, en la Vida y Muerte de su Amado Hijo

Primero
     SEÑOR mío Jesucristo, yo te saludo en honra y reverencia del dolor que padeció mi Señora la Virgen María, cuando le profetizó Simeón que te habían de quitar la vida; por este dolor te pido conocimiento y contrición de mis culpas.
Padrenuestro, Avemaria.

Segundo
     SEÑOR mío Jesucristo, yo te saludo en honra y reverencia del dolor que padeció mi Señora la Virgen María, al saber la crueldad con que Herodes intentaba quitarte la vida, y por los trabajos que padecisteis en el camino y destierro a Egipto; por este dolor te pido una santa resignación en todas las tribulaciones que te dignes enviarme.
Padrenuestro, Avemaria.

Tercero
     SEÑOR mío Jesucristo, yo te saludo en honra y reverencia del dolor que padeció mi Señora la Virgen María, cuando te perdió tres días; por este dolor te pido remisión de mis pecados.
Padrenuestro, Avemaria.

Cuarto
     SEÑOR mío Jesucristo, yo te saludo en honra y reverencia del dolor que padeció mi Señora la Virgen María, cuando te vio cargado con el infame madero de la cruz, yendo dócil al suplicio; por este dolor te pido las virtudes que por el pecado perdí.
Padrenuestro, Avemaria.

Quinto
     SEÑOR mío Jesucristo, yo te saludo en honra y reverencia del dolor que padeció mi Señora la Virgen María, cuando te vio crucificado; por este dolor te pido el don de gracia, y antes de mi muerte tu Cuerpo en comida.
Padrenuestro, Avemaria.

Sexto
     SEÑOR mío Jesucristo, yo te saludo en honra y reverencia del dolor que padeció mi Señora la Virgen María, al tenerte en sus brazos y contemplar tus mortales heridas; por este dolor te pido una verdadera devoción a tu Pasión y muerte.
Padrenuestro, Avemaria.

Séptimo
     SEÑOR mío Jesucristo, yo te saludo en honra y reverencia del dolor que padeció mi Señora la Virgen María, con la amarga soledad en que quedó al ser sepultado tu sacratísimo cadáver; por este dolor te pido verte en mi muerte asistiéndome con los auxilios necesarios de tu gracia, para que así me recibas en los goces de la vida eterna.
Padrenuestro, Avemaria.

Oración
     MIRADME, ¡oh mi amado y buen Jesús!, postrado en vuestra santísima presencia: os ruego con el mayor fervor imprimáis en mi corazón los sentimientos de fe, esperanza y caridad, dolor de mis pecados y propósito de jamás ofenderos, mientras que yo, con todo el amor y con toda la compasión de que soy capaz, voy considerando vuestras cinco llagas, comenzando por aquello que dijo de Vos, ¡oh mi Dios!, el santo profeta David: “Han taladrado mis manos y mis pies, y se pueden contar todos mis huesos.”

Ofrecimiento
     JESÚS mío crucificado, Salvador de los hombres, que por redimirnos de la culpa quisiste derramar tu sangre preciosa: te ruego, amado Jesús de mi corazón, te compadezcas de mí, y olvidando mi ingratitud, oigas las súplicas que te hago: yo te propongo por mi intercesora a tu amante y dolorosa Madre, ofreciéndote sus siete dolores y te pido por ellos me alcances favorable despacho de mi petición, y la gracia especial de imitar su heroica paciencia en los trabajos de esta vida y en los dolores que te dignares enviarme para acrisolar mi virtud y hacerme digno de su compañía gloriosa en los cielos. Amén.
Una Salve a la Santísima Virgen de los Dolores.

martes, 2 de diciembre de 2014

CONSIDERACIONES PARA ASISTIR A MISA POR LOS FIELES DIFUNTOS

Preparación para la Misa
     RECIBID, Oh Trinidad Santa, un solo Dios, este Santo Sacrificio del Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo, que yo, indigno siervo vuestro, deseo ofrecer a tu Divina Majestad por manos de vuestro ministro, juntamente con todos los sacrificios que se han ofrecido siempre, y se ofrecerán a Ti, en unión de aquel santísimo sacrificio, que ofreció el mismo Cristo nuestro Señor en la última Cena, y en el altar de la cruz. Y os lo ofrezco con la mayor devoción que brota del amor puro por vuestra infinita bondad, y conforme en todo con la santísima intención del mismo Cristo nuestro Señor y de nuestra santa Madre Iglesia.
     OH DIOS omnipotente y misericordioso, dadnos por medio de este Santo Sacrificio, gozo y paz, una vida mejor, tiempo para hacer penitencia, gracia y consuelo del Espíritu Santo, y perseverancia en las buenas obras. Amén.

El Sacerdote Va al Altar
     CONSIDERA a Jesucristo caminando para el huerto de Getsemaní con sus Apóstoles, lleno de tristeza.

Al Principio de la Misa
     Considera a Jesucristo orando a su Eterno Padre por la redención del género humano, pero con tanto amor, que lo fuerte de la oración le hizo sudar sangre. ¡Oh amor!

Besa el Sacerdote el Altar
     Considera que Jesucristo fue entregado a sus enemigos por un beso que le dio el traidor Judas. ¡Oh traidor!

Pasa el Sacerdote al lado de la Epístola
     Considera a Jesucristo preso como un ladrón facineroso. ¡Oh crueldad!

En el Introito
     Considera a Jesucristo en la presencia de Anás; éste trata de examinar al Inocente, y un sayón levanta la mano, armada con guante de hierro, y le da tan fuerte bofetada, que le hizo reventar la sangre por mejilla, ojos, nariz, boca y oídos. ¡Qué dolor!

En los Kyries
     Considera a Jesucristo en la presencia de Caifás; en este tribunal lo tratan de blasfemo, le escupen su hermoso rostro, le tiran unos de su venerable barba, y otros de sus cabellos, y todos le tienen por digno de muerte. ¡Oh crueldad!

En el Dominus Vobiscum
     Considera que Jesucristo se vuelve y convierte a Pedro, que lo había negado. ¡Oh piedad!

En la Epístola
     Considera a Jesucristo en la presencia de Pilatos; éste lo tuvo por inocente, y lo remitió a Herodes. ¡Oh paciencia de Jesús!

Pasa el Sacerdote al medio del Altar
     Considera a Jesucristo en la presencia de Herodes; en este tribunal lo tratan y visten de loco, y con burlas y risotadas se lo devuelven a Pilatos. ¡Oh humildad!

En el Evangelio
     Considera a Jesucristo burlado de Herodes y de toda su compañía. ¡Pecador, no entres en ese número!

Descubre el Sacerdote el Cáliz
Considera a Jesucristo otra vez en la presencia de Pilatos, el cual, viendo que Jesucristo es tenido por peor que Barrabás, lo mandó desnudar para que lo azotasen. ¡Oh juez, que por condescender tuerces la justicia!

Al Ofertorio de la Hostia
     Considera a Jesucristo atado a una columna, y como quien descarga el rigor de la furia contra una cosa insensible, así descargaron millares de azotes en el sagrado cuerpo de Jesús, remudándose de dos en dos aquellos facinerosos, hasta que, rompiéndose los cordeles, cayó en el lago de su sangre sin aliento. ¡Oh crueldad del pecador!

Al Cubrir el Cáliz
     Considera la dura y penetrante corona de espinas que pusieron a Jesús en su delicadísima cabeza, por cetro una caña en la mano y doblando una rodilla delante del Señor, le decían por mofa: Dios te salve, Rey de los judíos. Le escupían a la cara y le decían miles de oprobios. ¡Oh hombre, no sabes lo que haces!

En el Lavatorio
     Considera que Pilatos se lavó las manos para dar la sentencia de muerte contra el inocentísimo Jesús. ¡Oh juez malo!

Al Orate Fratres
     Considera a Jesucristo hecho todo una llaga, llevado al balcón por Pilatos, en el cual le presentó al pueblo, diciendo: ¡Ecce homo! ¿Qué respondes, pecador?

En el Prefacio
     Considera que el pueblo ingrato grita a voces que muera, que muera Jesús crucificado, y Pilatos, sin más detención, lo sentencia a muerte de cruz. ¡Ah hombre ingrato! Sentencias al inocente por librar al pecador. ¡Oh jueces!

En el Primer Memento
     Considera que cargan la cruz sobre los lastimados hombros de Jesús; al cuello le ponen una soga muy pesada que le impedía la respiración, y estando su cuerpo hecho pedazos, así camina al monte Calvario, cayendo y levantándose. Sírvele de Cirineo, pecador, y acompaña a su Santísima Madre en el doloroso encuentro.

Pone el Sacerdote las Manos sobre el Cáliz
     Considera que encontró la Verónica a Jesús, y le movió tanto a compasión, que se quitó un lienzo y le limpió su hermoso rostro, y en premio de su piedad quedó impreso en tres partes de él. Llega tú, pecador; imita a la Verónica.

El Sacerdote Hace Cruces sobre la Hostia y el Cáliz
     Considera, que, llegando Jesús al monte Calvario, ponen la cruz en el suelo, y en ella se acuesta el humildísimo Cordero, Jesús, para que le claven pies y manos. Corre tú, pecador, a desclavarle.

Al Alzar la Hostia
     Considera que, ya clavado Jesús, lo levantan en alto para que el carnicero pueblo viera cumplidos sus deseos en el Inocente. Levántate, pecador, y dile a Jesús: ¡Señor, pequé; tened misericordia de mí!

Al Alzar el Cáliz
     Considera la Sangre preciosísima que, por último, derramó al pie de la cruz tu amante Padre, tu querido Hermano y tu fiel amigo Jesús. Corre a alzarla tú, bienaventurado, antes que el pecador la pise.

En el Memento por los Difuntos
     Considera que Jesucristo ruega a su Eterno Padre por el género humano. Pecador, pide tú a Jesús por el alivio de las almas del Purgatorio.

Dase el Sacerdote un Golpe en el Pecho
     Considera que Jesucristo, a pesar de estar en agonía en la cruz, pide a su Eterno Padre perdone a los que lo habían crucificado. Pecador, ahora es tiempo que perdones a tus enemigos, porque no perdona Dios al que a otro no perdona.

Al Alzar la Hostia y el Cáliz
     Considera que dijo Jesucristo: TENGO SED; y para más atormentarle, le dieron a beber hiel y vinagre. ¡Oh pecador, qué amargos son los deleites del mundo!

El Sacerdote dice el Pater Noster
     Considera las siete últimas palabras que dijo Jesucristo, vida nuestra, en la cruz.
    Primera palabra: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.
     Segunda palabra: Hoy serás conmigo en el Paraíso.
     Tercera palabra: Ved ahí a tu Hijo; ved ahí a tu Madre.
     Cuarta palabra: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?
     Quinta palabra: Sed tengo.
     Sexta palabra: Consumado está.
     Séptima palabra: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

El Sacerdote Parte la Sagrada Hostia
     Considera a Jesús muerto en la cruz. ¡Oh Señor, cuánto te ha costado mi amor!

Echa el Sacerdote una Partícula en el Cáliz
     Considera que Jesús bajó al limbo a sacar las almas de los Santos Padres. Y tú, pecador, no dejes de sacar fruto de estas consideraciones.

El Agnus Dei
     Considera que muchos de los que crucificaron a Jesús se arrepintieron de sus pecados. Si tú, por los tuyos, fueres uno de ellos, te suplico no se pase este momento sin que hagas lo mismo, porque no sabes si será el último de tu vida.

A la Comunión
     Considera que bajaron el santo Cuerpo del Salvador y lo depositaron en los brazos de su dolorosísima Madre, lo embalsamaron y pusieron en un sepulcro nuevo. Pídele tú a este divino Señor te limpie de tus pecados, y depositándole en tu corazón experimentarás lo dulces que son las penas sufridas por Él.

A la Consumación
     Considera que ponen una losa en el santo sepulcro del Señor. Pon tú otra en el sepulcro de tu corazón para que no entre el enemigo, tu contrario.

Después de la Consumación
     Considera que Jesús se aparece glorioso a sus Apóstoles. Aparécete tú en gracia, para que lo vayas a acompañar en la gloria.

A las Postreras Oraciones
     Considera que Jesucristo duró cuarenta días después de la Resurrección, los cuales gastó en conversar con sus Apóstoles. Arrodíllate a los pies de un sacerdote, que es apóstol del Señor, conversa con él, dile tus pecados, y pídele al Señor no vuelvas a caer en la culpa.

Al Ultimo Dominus Vobiscum
     Considera que Jesucristo a los cuarenta días sube al cielo en cuerpo y alma glorioso, ya para nunca más morir. Pídele tú, pecador, mueras en gracia de este Señor, para que vayas a cantar en el cielo: Santo, Santo, Santo, Señor Dios de los ejércitos, llenos están los cielos y la tierra de la majestad de tu gloria.

A la Bendición
     Considera que al tercero día bajó el Espíritu Santo sobre el Colegio apostólico. Suplícale al Eterno Padre te mande un rayo de su Espíritu para que guíe tus pensamientos, palabras y obras. Amén.

Ofrecimiento de la Misa
     Dulcísima María, Madre de Dios y Madre nuestra; por gracia que me ha querido conceder tu santísimo Hijo, he venido a este santo templo; en él he logrado asistir al santo sacrificio de la Misa: yo te suplico. Madre mía, ofrezcas por mí a tu Eterno Padre esta santa Misa que acabo de oír, pidiéndole por tu santísimo Hijo remedie las necesidades de la santa Iglesia, dé la paz entre los cristianos, la obediencia a nuestros superiores, y a éstos el acierto en su gobierno. Las indulgencias que hago intención de ganar, sean para alivio de las benditas almas del Purgatorio, principalmente por aquéllas por quienes tengo obligación de pedir. Amén.
EL DEVOTO DEL PURGATORIO

viernes, 31 de octubre de 2014

Tres Credos a la Santísima Trinidad

     Pidiendo una buena muerte y nos libre de los males que se expresan en los ofrecimientos.
Dios y supremo Señor, 
Rey de los cielos y tierra: 
del hambre, la peste y guerra 
líbranos por tu amor.

A Dios Padre
     Creo en Dios Padre, etc.
     Suplico, Dios Padre, me libres de muerte súbita y desapercibida y de pecado mortal; haz que sea auxiliado con los Santos Sacramentos y buena disposición.

A Dios Hijo
     Creo en Dios Padre, etc.
     Suplicóte, Dios Hijo, Criador y Juez, ordenes mi vida de manera que te dé buena cuenta de ella cuando me la pidas.

A Dios Espíritu Santo
     Creo en Dios Padre, etc.
     Suplicóte, Dios Espíritu Santo, me des gracia santificante hasta la muerte, y me libres de las penas del infierno. Amén.
     Dios Padre, yo te ofrezco mis pensamientos buenos: haz que todos lo sean. Dios Hijo, yo te ofrezco mis palabras buenas: haz que todas los sean. Dios Espíritu Santo, yo te ofrezco mis obras buenas: haz que todas lo sean. Bendita y alabada sea la Santísima Trinidad, que crió a María Santísima para tanto bien y remedio nuestro. Amén.

Ofrecimiento
     Altísima Trinidad, Dios y Señor mío: conozco que nada soy, que nada tengo ni me es posible tener: sólo lo que tu divina Majestad me ha dado y quiera concederme. De todo te doy infinitas gracias y alabanzas, y me ofrezco todo tuyo por tu esclavo ahora y siempre prometiendo estar a tu voluntad santísima en esta vida, hasta ir a cantar tus misericordias en la gloria. Amén.

Acto de Sumisión
     Dios mio, venerando profundamente los designios de tu Providencia, dejo a tu disposición mis bienes, mis esperanzas, mi honra, mi salud, mi vida: cuanto poseo, cuanto amo, cuanto necesito y cuanto soy, humildemente resignado en todo a su voluntad santísima; sólo te pido y espero de tu infinito amor, como mi Dios, mi Criador, mi Bienhechor y mi Padre, que te dignes concederme los auxilios de tu divina gracia para que lleve con modestia la prosperidad, con paciencia las adversidades, con fortaleza las tribulaciones, y que, cumpliendo puntualmente en cualesquier estado y condición tus preceptos en la tierra, merezca acompañarte y bendecirte por toda la eternidad entre los bienaventurados en el cielo. Amén.

Jesús en el Santísimo Sacramento
     ¡OH divino Jesús, solitario por las noches en tantos tabernáculos, sin quien te visite ni adore! Yo te ofrezco mi solitario corazón, y deseo que cada una de sus pulsaciones sean otros tantos actos de amor tuyo. Tú estás siempre vigilando bajo los velos sacramentales; tu amor nunca duerme, y jamás te cansas de cuidar a los pecadores.
     ¡Oh amante Jesús, oh solitario Jesús! ¡Ojalá mi corazón fuese una lámpara cuya luz brillara y despidiera rayos de amor para Ti solo! Vela sacramental Centinela; vela por el dormido mundo, por las almas extraviadas y por tu pobre y solitaria hija.
     “Yo conozco que los sufrimientos presentes no pueden ser comparados con la gloria venidera que nos será revelada.” (San Pablo)
     Paciencia por hoy, alma mía. El día de mañana será como Dios quiera; entretanto, hagamos su santa voluntad. El día de ayer pasó ya, y todo lo que he sufrido pasó también; nada quedó sino el mérito ganado, si he sufrido mis sufrimientos con mérito. Después de todo, los días son muy cortos.
     Mi Dios, yo no puedo menos que ofrecerte los afectos, los sufrimientos y las fatigas de un corto día.
      ¡Ojalá, mi divino Maestro, que lo que yo tengo que padecer en él sea por tu amor! Amén.

Oración a la Preciosa Sangre de Cristo
     Santísimo Padre Eterno, yo te ofrezco la preciosísima Sangre, vida Pasión y muerte de tu santísimo Hijo, en satisfacción de todos los pecados y penas que por ellos temo y he merecido; lo mismo te ofrezco por cada uno de mis hermanos los pecadores por Él redimidos, y ofrezco también las virtudes, penas y amarguras de María Santísima y de todos los Santos por cada una de las almas del Purgatorio, Señor, por todo esto danos el perdón y la paz, y líbranos de los enemigos de tu Iglesia. Amén.

ORACION
A la Preciosa Sangre de Cristo por la Conversión de los Pecadores
     SANTISIMO Padre Eterno, yo te presento la Sangre preciosa de Nuestro Señor Jesucristo, su tierno y amante Corazón, su santísima vida, Pasión y muerte, los méritos de María Santísima y su purísimo Corazón, y hago intención de hacerte este ofrecimiento tantas veces cuantas gotas de agua tiene el mar, arenas la tierra, hojas las plantas, estrellas el firmamento, criaturas el universo, átomos el sol, y otras tantas cuantas te la han ofrecido las almas justas en la tierra y los bienaventurados en el cielo, y te ofrezco y presento estos infinitos méritos por todas las necesidades presentes, enfermos, caminantes, navegantes y cautivos; por nuestro Santísimo Padre el Papa, por los que nos gobiernan, por todos los príncipes cristianos, por los que están en pecado mortal, y en alivio y descanso de las benditas almas del Purgatorio. Amén.

ORACIÓN Y ACTO DE CONSAGRACIÓN
     RENDIDO a vuestros pies, ¡oh Jesús mío!, considerando las inefables muestras de amor que me habéis dado y las sublimes lecciones que me enseña de continuo vuestro adorabilísimo Corazón, os pido humildemente la gracia de conoceros, amaros y serviros como fiel discípulo vuestro, para hacerme digno de las mercedes y bendiciones que, generoso, concedéis a los que de veras os conocen, aman y sirven. ¡Mirad que soy muy pobre, dulcísimo Jesús, y necesito de Vos como el mendigo de la limosna que el rico le ha de dar! ¡Mirad que soy muy rudo, oh soberano Maestro, y necesito de vuestras divinas enseñanzas para luz yagonizantes, guía de mi ignorancia! ¡Mirad que soy muy débil, oh poderosísimo amparo de los flacos, y caigo a cada paso, y necesito apoyarme en Vos para no desfallecer! Sedlo todo para mí, Sagrado Corazón: socorro en mi miseria, lumbre de mis ojos, báculo de mis pasos, remedio de mis males; auxilio en toda necesidad. De Vos lo espera todo mi pobre corazón; Vos lo alentasteis y convidasteis cuando con tan tiernos acentos dijisteis repetidas veces en vuestro Evangelio: “Venid a Mí... Aprended de Mí... Pedid... Llamad.” A las puertas de vuestro Corazón vengo, pues, hoy, y llamo, y pido, y espero. Del mío os hago, ¡oh Señor!, firme, formal y decidida entrega. Tomadlo Vos, y dadme en cambio lo que sabéis me ha de hacer bueno en la tierra y dichoso en la eternidad. Amén.
     Aquí rezará tres veces el Padrenuestro, Avemaría y Gloria, en recuerdo de las tres insignias, Cruz, Corona y Herida de la lanza, con que se apareció el Sagrado Corazón a la beata Margarita de Alacoque.

jueves, 2 de octubre de 2014

Devoción a la Divina Providencia

     Invocándola por medio de los Sagrados Corazones de Jesús y de María para alcanzar el remedio de toda especie de necesidades y para implorar su protección todos los días.

Récese un Padrenuestro y Avemaria, y luego la siguiente:

ORACIÓN
     PROVIDENCIA divina, que elegiste al Sagrado Corazón de Jesús para fuente perenne de todos los bienes que concedes a los hombres, y a su Madre Santísima para dispensadora universal de ellos: a Ti recurro, animado de la confianza que me inspira la bondad paternal con que me has criado y me conservas, el amor con que ese mismo Corazón se ofreció a los tormentos y a la muerte por mí, y a la bondad con que esa Madre de misericordia me ha concedido tantos beneficios sin pretenderlos no aun conocerlos yo; concédeme, pues, lo que te pido si es para tu mayor gloria, honra y provecho de mi alma. Amén.

Díganse tres Avemarias, en reverencia del tránsito de la Santísima Virgen.

Oración a María Santísima
PARA LA HORA DE LA MUERTE
    OH dulcísima Madre de misericordia! ¡Oh única esperanza de los pecadores! ¡Oh eficaz atractivo de nuestras voluntades! ¡Oh María, oh Reina, oh Señora! Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos, recibe esas tres Avemarías que con afecto de mi corazón he rezado en honor de tu felicísimo tránsito, y por él te pido que en el trance y agonía de mi muerte, cuando, ya trastornados los sentidos, turbadas las potencias, quebrantada la vista, perdida el habla, levantado el pecho, postradas las fuerzas y cubierto el rostro con el sudor de la muerte, esté luchando con el terrible final del paroxismo, cercado de enemigos innumerables que procurarán mi condenación, y que estarán esperando que salga mi alma para acusarla de todas sus culpas ante el tremendo tribunal de Dios, allí, querida de nuestras almas; allí, única esperanza de nuestros corazones; allí, amorosísima Madre; allí, vigilantísima Pastora; allí, María, ¡oh dulce nombre!, allí, ampárame; allí, María, defiéndeme; allí asísteme como pastora a sus ovejas, como madre a sus hijos, como reina a sus vasallos; aquél es el punto de donde depende la salvación o la condenación eterna; aquél es el oriente que divide el tiempo de la eternidad; aquél es el instante en que se pronuncia la final sentencia que ha de durar para siempre, pues si me faltas entonces, ¿qué será de mi alma, cuando tantas culpas he cometido? No me dejes en aquel riesgo, no te retires en aquel horrible trance. Acuérdate, amabilísima Señora, que si Dios te eligió para Madre suya, fue para que fueses medianera entre Dios y los hombres; por tanto, debes ampararme en aquella hora, ¡oh María!, ¡oh segurísimo sagrado refugio mío!, pues puede ser que entonces no tenga fuerzas ni sentido para llamarte; desde ahora, como si ya estuviera en la última agonía, te llamo, desde ahora te invoco, desde ahora me acojo para librarme de los merecidos rigores del Sol de Justicia, Cristo, y desde ahora, como si ya agonizara, invoco tu dulcísimo nombre; y esto que ahora te digo, lo guardo para aquella hora; María, misericordia; María, piedad; María, clemencia; María, en tus manos santísimas encomiendo mi espíritu, para que por ellas pase al tribunal de Dios, donde intercedas por esta alma pecadora; en Ti confío, en Ti espero. Ya, yo voy a expirar; misericordia, Madre de mi corazón; misericordia, misericordia, María, misericordia. Amén.

Oración a Nuestra Señora de las Angustias
     ¡OH María, sin pecado concebida!
     Por los dolores que tu santísimo Hijo sufrió en la cruz por redimir nuestras culpas, vuelve a mí tus piadosos ojos, y escucha mis súplicas. Confiado en tu infinita bondad. Madre Santísima; me atrevo a dirigirte mis plegarias; no las desoigas, y consuela mis aflicciones en este valle de lágrimas y amarguras; te ofrezco un propósito firme de enmienda, Madre y Señora mía, porque a Ti te debo mucho, y soy tan pecador, que nada merezco. Estoy confiado en tu inefable bondad; y ¿cómo no reconocer tu grande misericordia y dedicarte los días que me restan de vida para amarte? Sí, Madre Santísima, no me abandones; dirige mis pasos, dame tu amparo y protección, líbrame de mis enemigos visibles e invisibles, de la maledicencia y la calumnia, e ilumina mi entendimiento para alabarte y bendecirte por tantos sacrificios como te debo. Amén.
EL DEVOTO DEL PURGATORIO

jueves, 11 de septiembre de 2014

Devoción a Jesús, María y José

PARA EL DÍA PRIMERO DE CADA MES


Acto de Contrición
     PADRE Eterno, Padre clementísimo, Señor Dios de las misericordias, Dios piadoso, Dios benigno, Dios de todo consuelo, Dios único refugio de los grandes pecadores: yo, el mayor de todos, vengo a Ti, me postro en tu divina presencia, y con todo el vigor de mi espíritu, confieso delante de tu Majestad mis ingratitudes, mis iniquidades y mis abominaciones.
     Señor mío y Dios mío, no soy digno de llamarme ni aun criatura tuya. Tú, Dios omnipotente, me sacaste de la nada, y me escogiste entre infinitas criaturas que te hubieran servido mejor que yo. Tú, gran Dios, has multiplicado esta bondad conservándome la vida en todos los instantes en que me he atrevido a pecar delante del cielo y de la tierra. Tú, Dios misericordioso, me has sufrido, me has tolerado en este último mes, sin embargo de que, ingrato, he demarcado quizá todos mis días con algún crimen; confieso. Dios benignísimo, que en todas sus horas y en todos sus instantes he sido acaso infiel a mis promesas, he quebrantado mis propósitos, y que, lejos de llorar y hacer penitencia de mis antiguas iniquidades, he añadido un pecado a otro pecado, y he puesto delito sobre delito. ¿Qué penitencia será bastante para lavar y purificar tantos y tan monstruosos crímenes? Ninguna, Dios y Señor mío. Para satisfacerte y evitar mi perdición, no tengo otro refugio ni otra esperanza que la de postrarme ante el trono de tu misericordia, suplicarte que me concedas la gracia de un verdadero dolor de mis culpas, y protestarte delante de tus ángeles y de los hombres que me pesa y que me arrepiento de haberte ofendido, que les tengo y les tendré un odio implacable a mis pecados, y que quisiera deshacerlos, sacrificando en tu honor mil vidas que tuviera. Padre Eterno, escucha mis clamores: no me arrojes de tu presencia, no retires de mí tu divino Espíritu, aparta tu santo rostro de mis iniquidades, vuelve a mí tus ojos de piedad, no veas al hombre pecador, mira el rostro ensangrentado de tu Hijo Jesús, mira todo el mérito de su Madre María, atiende a los servicios de su esposo José, y por su piadosa intercesión, vivifícame, restituyeme a tu gracia, y pon a tus espaldas todas mis iniquidades; fortalece mi fragilidad, sofoca mis pasiones, arranca mis vicios, concédeme la paz del corazón, el gusto de la observancia de tu ley santa, el sufrimiento en los trabajos, la conformidad con tu divina voluntad, la abnegación de mí mismo, y la perseverancia final, para gozarte por los siglos de los siglos. Amén.

ORACIÓN
     SAGRADAS personas de Jesús, María y José, nombres dulcísimos sin cuya intercesión no se puede conseguir la salud: rogad por mí, suplicadle al Padre de las misericordias que me perdone todos los pecados que he cometido en este último mes. Jesús amorosísimo, manifiesta al Eterno Padre tus cinco llagas, y pídele que no se pierda en mí el fruto de la perfecta satisfacción que con ellas le diste. Virgen Santísima, por las entrañas sagradas que encerraron al mismo Hijo de Dios, y por los pechos virginales que alimentaron a tu Hijo Jesús, te suplico que ruegues por mí y que me alcances el perdón de mis culpas. Gloriosísimo señor San José, que fuiste exaltado a la dignidad de ejercer en la tierra las funciones del Padre Eterno respecto de Jesús, y las del Espíritu Santo respecto de María: intercede por mí, ruega por mí, y dispénsame tu poderosa protección. Jesús, María y José, nunca se ha oído que quede desamparado quien implora vuestra clemencia; abrid, pues, para mí las entrañas de vuestra misericordia; no permitáis que sea yo confundido; interceded para que se borren mis iniquidades, y alcanzadme un perfecto dolor de ellas, para que en el presente mes no os diguste con mis infidelidades y reincidencias, sino que os ame, os sirva, os adore, os bendiga y os alabe por los siglos de los siglos. Amén.
     Jesús, José y María, yo os doy mi corazón y el alma mía.

     Aquí la petición.

ORACIÓN 
     ¡OH Jesús! ¡Oh María! ¡Oh José! ¡Oh Madre amabilísima de Dios Hombre! ¡Oh José, padre de Jesús y esposo de María! ¿A qué poder más grande que el vuestro podré recurrir para alcanzar las gracias espirituales y temporales que necesito en este mes? Vosotros estáis interesados en el bien de los hombres, los amáis con un amor sumo y perfecto, y deseáis su completa felicidad. Jesús, María y José: según los decretos del Altísimo, estáis constituidos para ser los protectores, los abogados, los defensores, los ministros, los únicos y seguros conductos por donde se nos dispensan sus bondades. El Dios grande e infinito no quiere franquearlas por otras manos, y se complace y tiene verdadera satisfacción en que todos las impetremos por la mediación vuestra. ¿Qué otro patrocinio, pues, debo ni puedo buscar sino el vuestro? No, no queda en mí libertad para solicitar otros abogados. Jesús, María y José: con todo gusto me veo necesitado a recurrir a vuestra protección. Si volvéis a mí vuestro piadoso rostro, con sólo esta gracia vendrán a mí todas las que necesito en este mes; con vuestro auxilio dominaré mis pasiones, triunfaré de mí mismo, me apartaré de lo malo y practicaré lo bueno, buscaré la paz, y la hallaré, y entonces mi alma, mi corazón, mis potencias y sentidos, serán dignos de vuestras bondades. ¡Oh Jesús! ¡Oh María! ¡Oh José! Deseo transformarme en Vos, deseo no tener más corazón que para amaros, y no deseo otro espíritu sino el mayor para serviros. ¡Oh Dios todopoderoso! Usad conmigo de misericordia; haced que muera, que se aniquile en mí todo el amor propio, toda la inclinación a los vicios y todo el afecto a las criaturas, para que no haya en mí otro amor que el de Jesús, María y José, y para que en todas las horas del presente mes, mis palabras, mis obras y hasta mis últimos pensamientos, sean en Jesús, por Jesús y para Jesús. ¡Oh sagrada e incomparable Familia! ¿Qué cosa podréis pedir al Altísimo, que no se os conceda? Vosotros sois los plenipotenciarios del cielo. Una súplica vuestra impele al Padre Eterno, como que le obliga y pone en necesidad de otorgar vuestras peticiones. Jesús divino, Tú eres el primer Pontífice constituido para ser abogado de todos los hombres. Tú, María Santísima, fuiste creada para ser Madre de Dios y de los pecadores. A ti, glorioso señor San José, encomendándosete el cuidado de Jesús y de María, se te encargó en esto mismo la protección del género humano. Desempeñad estos honrosos y amorosos oficios protegiendo a toda la congregación de la Iglesia santa; atended a sus necesidades actuales, escuchad sus clamores, defendedla de sus enemigos, y conservad pura y sin mancha nuestra santa Religión. Proteged también e iluminad y fortaleced, a todos los jefes de Estado. ¡Oh Jesús! ¡Oh María! ¡Oh José! Amparad a todos los que en este mes imploren vuestros dulcísimos nombres, confortadlos en vuestro servicio, para que os bendigan y os amen en la tierra, y después os gocen y alaben por toda la eternidad en el cielo. Amén.

JACULATORIAS
     Jesús amorosísimo, bendito seas, alabado, ensalzado y glorificado, porque te quedaste en el Santísimo Sacramento del Altar por nuestro amor. Virgen purísima, en Ti sea bendito, alabado, ensalzado y glorificado el Santísimo Sacramento del Altar, porque aquel Cuerpo y aquella Sangre los formó el Espíritu Santo en tus virginales estrañas.
     José gloriosísimo, en ti sea bendito, alabado, ensalzado y glorificado el Santísimo Sacramento del Altar, porque cargaste en tus brazos y alimentaste con el sudor de tu rostro aquel Cuerpo y aquella Sangre que nos sustenta y fortalece.

ORACIÓN
Al Dulce Nombre del Señor San José, la cual se repetirá todos los días.
     PATRIARCA fidelísimo José, abogado fidelísimo de los mortales, José santo, José justo, José inocente, José bienaventurado: ¡quién pudiera tener siempre en la boca tu santo nombre y no despedir un solo aliento, una respiración, sino acompañada de tu nombre santísimo! ¡Quién pudiera nombrar siempre a José con aquel respeto, con aquel puro amor y con aquella gracia con que lo pronunciaba María Santísima, su esposa! Acuérdate José mío, de aquella prontitud con que acudías a ver a tu esposa cuando te llamaba, y date prisa a acudir a mi mayor necesidad en la hora de la muerte para que, ahuyentando al demonio, despida yo el último aliento envuelto en tu nombre y en el nombre de Jesús y de María.

Oración a la Divina Providencia
     O soy, oh Dios mío, tuyo soy!. Yo me arrojo a tus brazos; dispón de mí según tu voluntad. Haz de mí todo aquello que quieras; los sucesos y lances de mi vida quiero que todos corran por tu cuenta. Si es de tu agrado enviarme prosperidades, yo los recibiré agradecido, y usaré de ellas como de unos dones venidos de tus manos; si prefieres que pase mis días y mis noches en la amargura de la adversidad, enhorabuena, yo te bendeciré porque así me visitas. Si me concedes ser estimado de los hombres, yo te daré gracias porque has conservado mi honor,cubriendo mis flaquezas; si, por el contrario, dispones que ellos me aborrezcan, yo te ensalzaré por la dicha que me otorgas de parecerme a tu santísimo Hijo, a quien profesó el mundo un odio cruel. ¿Qué temeré yo por nada ni de nadie si Tú eres mi ayuda? ¿Ni cómo podrá asustarme la presencia del mal, estando mi corazón lleno de Ti, que eres el sumo bien? Mas no sólo deseo conformarme con lo que quieras, sino acostumbrarme también a no considerar a las criaturas sino como unos instrumentos de tus disposiciones, Así, yo, lejos de pretender algún mal a los que me dañan, los recomiendo a tu piedad y los perdono. No quiero que haya en mi alma un solo afecto que pueda disgustarte, ni un solo pensamiento que desdiga de la dichosa convicción en que estoy de que debo descansar con toda confianza en tu divina Providencia. Amén.
Tu divina Providencia 
se extiende a cada momento, 
para que nunca nos falte 
casa, vestido y sustento.
EL DEVOTO DEL PURGATORIO

lunes, 25 de agosto de 2014

Visita al Santísimo Sacramento

Modo de Ofrecer la Visita
DEL SANTISIMO SACRAMENTO
para Ganar las Indulgencias de las Cuarenta Horas.

     SEÑOR, deseo ganar las indulgencias concedidas por los Sumos Pontífices y demás Prelados de la Iglesia a los que os visitan expuesto en este santo ejercicio; por esto os ruego por la exaltación de nuestra santa fe católica, paz y concordia entre los príncipes cristianos, extirpación de las herejías, salud y acierto en el gobierno de la Iglesia al Sumo Pontífice y demás Prelados de ella, a cuyos fines os ofrezco esta
ACCION DE GRACIAS
Te Deum Laudamus

     A TI, Dios, te alabamos; a Ti, Señor, te confesamos.
     A Ti, Padre Eterno, toda la tierra te venera.
     A Ti, todos los ángeles; a Ti, los cielos y todas las potestades.
     A Ti, los querubines y serafines te aclaman sin cesar: Santo, Santo, Santo, es el Señor Dios de los ejércitos. Llenos están los cielos y la tierra de la grandeza de tu gloria.
     A Ti, el glorioso coro de los Apóstoles.
     A Ti, el loable número de los Profetas.
     A Ti te alaba el inocente y numeroso ejército de los mártires.
     A Ti la Iglesia santa te confiesa en todo el mundo, Padre Eterno de inmensa majestad.
     Y a tu adorable, verdadero y único Hijo, engendrado en la substancia del Padre.
     Y también al Espíritu Santo consolador, que procede del Padre y del Hijo.
     Tú, ¡oh Christo!, eres el Rey de la gloria.
     Tú eres el Hijo eterno del Eterno Padre.
     Tú, para librar al hombre, te humanaste, y no te desdeñaste de encarnar en el vientre de una Virgen.
     Tú, después de haber quebrantado el aguijón de la muerte, abriste a los creyentes al reino de los cielos.
     Tú estás sentado a la diestra de Dios, en la gloria del Padre.
     De donde creemos que vendrás como juez a juzgar a vivos y muertos.
     Por tanto, te rogamos, Señor, que socorras con tu asistencia a tus siervos, que has redimido con tu preciosa sangre.
     Haz que seamos del número de tus Santos en la gloria eterna. Salva, Señor, a tu pueblo, y bendice tu heredad.
     Y rígelos y ensálzalos eternamente.
     Todos los días te bendecimos, y alabamos tu nombre eternamente y por los siglos de los siglos.
     Dígnate, Señor, preservarnos de caer este día en pecado.
     Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros.
     Descienda, Señor, sobre nosotros tu misericordia, porque en Ti hemos puesto nuestra esperanza.
     En Ti, Señor, espero no ser jamás confundido. Amén.

Himno de Santo Tomás de Aquino

     Adorote, mi Dios, devotamente oculto en ese cándido accidente; a Ti mi corazón está rendido, y contemplando en Ti desfallecido.
     La vista, el tacto, el gusto se equivoca, el oído al acento fiel provoca; creo firme y constante cuanto dijo la verdad infalible de Dios Hijo; en la cruz la Deidad estaba oculta, aquí aun la humanidad amor sepulta.
     Uno y otro creyendo y confesando, pido lo que el ladrón pidió penando.
     Como Tomás, la llaga no percibo, mas por Dios te confieso eterno y vivo; haz que a Ti crea siempre más constante, en Ti espere y te sea fino amante.
     ¡Oh excelso memorial de tu tormento, pan vivo que a los hombres das aliento, concédele que mi alma de Ti viva, y tu dulce sabor siempre perciba!
     Con tu sangre, Pelícano sagrado, lávame de las manchas del pecado, pues una sola gota es suficiente para salvar al mundo delincuente.
     ¡Oh Jesús, que con velo ahora te miro! Hágase lo que tanto yo te pido, para que sea al verte claramente en la gloria dichoso etenamente.
     Amén.

ORACIÓN
Para Pedir la Bendición del Santísimo Sacramento.

     DIVINO Salvador de nuestras almas, que os dignasteis dejarnos vuestro precioso cuerpo y sangre en el Santísimo Sacramento del altar: yo os adoro con un profundo respeto, y os doy humildes gracias por todas las mercedes que nos concedéis, y por ser Vos la fuente de todas las bendiciones, os suplico encarecidamente las derraméis hoy sobre mí y demás por quienes tengo intención de rogaros.
     Mas para que nada paralice el curso de estas bendiciones, arrancad de mi corazón cuanto os desagrada, ¡oh Dios mío! Perdonadme mis pecados, aborrézcolos sinceramente por vuestro amor; purificad mi corazón, santificad mi alma; bendecidme, Dios mío, con una bendición igual a la que recibieron vuestros discípulos cuando os separasteis de ellos para subir al cielo. Bendecidme con una bendición que me mude, me consagre y me una perfectamente a Vos, y que, llenándome de vuestro espíritu, me sea desde esta vida una prenda segura de la que preparáis a vuestros escogidos.
     Os lo pido en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
R.P. Donadoni, S.J.
EL DEVOTO DEL PURGATORIO

jueves, 17 de julio de 2014

ORACIÓN ANTE UN CRUCIFIJO


     MIRADME aquí, oh bondadoso y dulcísimo Jesús, postrado de rodillas en vuestra divina presencia, para pediros y rogaros, con todo el fervor de mi alma, que os dignéis grabar en mi corazón los más vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad; un verdadero arrepentimiento de mis culpas, y un propósito firme de enmendarme de ellas, mientras que yo, con el más grande afecto y dolor contemplo vuestras cinco llagas, teniendo presente, ¡oh Jesús mío!, lo que ya de antemano anunciaba de Vos el profeta David: “Han taladrado mis manos y pies, y han contado todos mis huesos.”

     Reza un Padre Nuestro, Ave María y Gloria al Padre, etc. Ganan indulgencia plenaria aplicable a las almas del purgatorio, los que habiendo confesado con dolor sus pecados y habiendo comulgado rezan esta oración de­votamente.

La Cruz es mi salvación segura.
La Cruz siempre veneraré.
La Cruz de Nuestro Señor está conmigo. 
La Cruz es mi refugio.
300 días de indulgencia.

martes, 1 de julio de 2014

PRÁCTICA PARA ANDAR EL VÍA CRUCIS

     Para ganar las muchas indulgencias que la Iglesia concede a la devoción del Vía Crucis, no se requiere oración vocal alguna. Pero es necesario meditar en la Pasión de nuestro Salvador delante de cada estación. Trata de hacer actos de compasión, de acción de gracias o de dolor de los pecados, o más generalmente emplear el pensamiento en meditar algo en la Pasión de nuestro Salvador. Aunque uno se entretenga en un solo pensamiento de alguna estación durante todo el Vía Crucis, se puede ganar la indulgencia. Es bueno acompañar la meditación con alguna oración vocal saludando al Salvador al comenzar cada estación, haciendo genuflexión o inclinación de cabeza, dando gracias, y diciendo: “Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos; porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo." Al fin se dice “Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros y de las almas del purgatorio."
     Congregados los que hubiesen de practicar este piadosísimo ejercicio en el lugar de la primera estación, hincados de rodillas, y hecha la señal de la cruz, dirán el siguiente:
Acto de Contrición
     SEÑOR mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador, Padre y Redentor mío: por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, pésame en el alma y con todo mi corazón de haberos ofendido; propongo firmemente, con vuestra gracia, nunca más pecar y apartarme de toda ocasión de ofenderos, de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta; ofrézco mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y confío en vuestra divina bondad y misericordia infinita me los perdonaréis por los méritos de vuestra preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y perseverar en vuestro santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén,
     Luego el que ofreciere dirá en voz alta (acompañándole los demás con el corazón) el siguiente:
Ofrecimiento
     Amantisimo Jesús, Redentor, salud y vida de nuestras almas: en unión de aquella divina intención con que en la tierra orasteis a vuestro Eterno Padre, os ofrezco y presento (por mí y por todos mis prójimos) este espiritual ejercicio, en memoria, honor, reverencia y culto de vuestra sagrada Pasión y muerte, y de cuantos pasos disteis, ¡oh amantísimo Dios!, por nuestro remedio y rescate. Y pretendo ganar todas las indulgencias que han concedido tus Vicarios en la tierra, y te lo ofrezco todo en remisión de mis pecados y de las penas merecidas por ellos, o por las almas de mis mayores obligaciones, según el orden de caridad o justicia que debo y puedo hacer. Finalmente, os suplico, dueño y Señor mío, por el remedio de todas las necesidades comunes y particulares de la santa Iglesia, por la exaltación de nuestra santa fe católica, paz y concordia entre los príncipes cristianos, extirpación de las herejías, conversión de los infieles y pecadores, y cuanto sea conforme a vuestro divino beneplácito y espiritual aprovechamiento nuestro, para que, empleados en serviros, imitando vuestros divinos pasos, sea nuestro fin en vuestra amistad y gracia para alabaros en eternidad de gloria.
Padrenuestro, Avemaria y Gloria Patri.

PRIMERA ESTACIÓN
JESÚS ES CONDENADO A MUERTE
     Hincados, dicen todos:
     Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
     Luego, enderezándose, atenderán a lo siguiente, que en alta voz leerá el que ofrece:
     Contempla, alma, en esta primera estación, qué es la casa de Pilatos, donde fue rigurosamente azotado el Redentor del mundo, coronado de espinas y sentenciado a muerte.
     Meditan algún tanto, y luego prosigue el que ofrece:
ORACIÓN 
     ¡OH suavísimo Jesús, que quisiste padecer como vil esclavo delante del sacrílego pueblo, esperando la sentencia de muerte que contra Ti daba el tirano juez! Te suplico, Señor mío, que por esta mansedumbre tuya mortifique yo mi soberbia, para que, sufriendo con humildad las afrentas de esta vida, te goce en la eterna. Amén.
     Dicen todos (se repetirá en cada estación):
     Señor, pequé; tened misericordia de mí. Pecamos, Señor, y nos pesa; tened misericordia de nosotros.
     Luego dicen:
     Bendita y alabada sea la sagrada Pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, y los dolores y angustias de su purísima Madre María santísima, Señora nuestra, concebida sin mancha de pecado original en el primer instante de su ser natural. Amén.

lunes, 9 de junio de 2014

Sagrada Comunión por los fieles difuntos

ORACIONES ANTES DE LA COMUNIÓN
     OMNIPOTENTE y Eterno Dios, concededme, que reciba no sólo el Sacramento del cuerpo y sangre de nuestro Señor, sino también el fruto y la virtud del Sacramento. ¡Oh Dios misericordiosísimo!, concededme recibir el cuerpo de tu Unigénito Hijo, nuestro Señor Jesucristo, nacido de la Virgen María, para que yo sea digno de ser incorporado a su cuerpo místico y contado entre sus miembros. ¡Oh amantísimo Padre!: concededme que algún día contemple para siempre cara a cara a tu Hijo querido, al cual voy ahora a recibir bajo el velo eucarístico. Que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén. (Santo Tomás)
     SEÑOR mío Jesucristo, Hijo de Dios vivo, que por voluntad del Padre Eterno, y la cooperación del Espíritu Santo, diste con tu muerte la vida al mundo: líbrame por este tu sacrosanto Cuerpo y Sangre de todas mis iniquidades y de todo mal; haz que yo siempre cumpla fielmente tus mandamientos, y no permitas que jamás me separe de Ti; que con el mismo Dios Padre y el Espíritu Santo vives y reinas. Dios por los siglos de los siglos. Amén.
     La participación de tu Cuerpo, Señor mío Jesucristo, que yo, indigno, me dispongo a recibir, no se convierta para mí en sentencia de condenación; pero por tu misericordia, sírvame de defensa para el alma y para el cuerpo, y de medicina saludable. Tú que siendo Dios, vives y reinas con Dios Padre, en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

Dómine, Non Sum Dignus!...
      SEÑOR, yo no soy digno de                                                                      Señor, como ninguno
                 que en la vil morada                                                                      soy pobre en tu presencia;
             de mi abatido pecho                                                                          desnudo de virtudes, 
       te llegue a hospedar;                                                                                en Ti las hallaré...
             en tu presencia santa                                                                           Mi pequeñez es tanta 
           soy pobre y desgraciado,                                                                   cual es tu omnipotencia;
          soy átomo impalpable,                                                                       pero te adoro humilde, 
    soy menos que la nada;                                                                           y toda mi existencia 
      ¡ignoro cómo puedo                                                                             la diera por tu gloria, 
         llegarme hasta tu altar!                                                                           que siempre ambicioné.

¡Señor, yo no soy digno!...                                                                         ¡Ven, pues, delicia pura 
 Los cielos y la tierra                                                                          del Serafín ardiente, 
tu inmensidad sublime                                                                                 encanto de los ángeles, 
no pueden contener;                                                                                      que en torno del altar 
es polvo cuanto el orbe                                                                                te adoran noche y día!... 
de noble y grande encierra                                                                          Con ansiedad creciente
si a Ti se le compara.                                                                                           te busco fatigado;
Tu majestad me aterra,                                                                                        Señor omnipotente,
¡tu majestad, que apenas                                                                               ¡Tú sólo eres quien puede
acierto a comprender!                                                                                             mi espíritu llenar!

¡Señor, yo no soy digno!...                                                                        Grandeza incomprensible, 
Pero con ansia ardiente,                                                                           desciende hasta la nada, 
con gran afán te busca,                                                                            desciende hasta tu siervo,
te llama el corazón;                                                                                       y elévala hasta Ti.
Señor, una palabra                                                                                  ¡Oh, ven, dulce consuelo 
pronuncia solamente,                                                                                      del alma acongojada, 
y el alma, recobrando                                                                                    la vida de mi vida,
sus fuerzas de repente,                                                                                       la prenda idolatrada  
te rendirá, entusiasta,                                                                                        del alma que te adora 
sublime adoración.                                                                                          con ciego frenesí!

¡Oh grandes maravillas,                                                                                  Ven y reposa amante 
misterio soberano                                                                                           dentro del pecho mío;
de amor, de paz, de gloria,                                                                                    anímame en la lucha
de inmensa caridad!                                                                                          terrible contra el mal;
¡Oh dulce Sacramento                                                                                           sostenme si vacilo, 
que al pobre ser humano                                                                                    que en tu bondad confío; 
infundas nueva vida,                                                                                     bajo tu dulce amparo
y desde el polvo vano                                                                                         las penas desafío,
lo elevas hasta el cielo                                                                                              y espero resignada 
con noble majestad!...                                                                                           la gloria celestial.

Cuando asombrado admiro                                                                         Ven, y con flecha ardiente 
 
la gloria que atesoras                                                                                              mi corazón hiriendo, 
y al hombre comunicas                                                                                           despréndeme de todo, 
con infinito amor,                                                                                                 consuma en mí tu unión.
olvídome del mundo...                                                                                      Que, amante cual ninguna, 
deslizanse las horas                                                                                                 feliz vaya siguiendo 
veloces como el rayo...,                                                                                              la huella de tu planta; 
y dulces, seductoras,                                                                                           Señor, haz que, existiendo 
visiones inefables                                                                                                       tan sólo para amarte, 
consuelan mi dolor.                                                                                                          repose el corazón.

Entonces aborrezco                                                                                               Y que al llegar la muerte,
 
lo que antes adoraba,                                                                                                      la dulce mensajera 
conozco lo que vales,                                                                                                 que nadie sin espanto 
comprendo lo que soy,                                                                                                contempla junto a sí,
suspiro por la dicha                                                                                                         gozosa te reciba
feliz que no se acaba...                                                                                                con dicha placentera, 
Recuerdo que la gracia                                                                                                dulcísimo Amor mío, 
constante me llamaba                                                                                             para que alegra muera... 
desde mi edad temprana,                                                                                         ¡La muerte da la vida, 
y el corazón te doy;                                                                                               pues nos acerca a Ti!

que Tú eres el compendio 
de cuanto grande admiro, 
y en Ti su omnipotencia 
reconcentró el Señor.
Allí dentro el Santuario, 
oculto en el retiro, 
existes, ¡oh prodigio de 
amor a que yo aspiro, 
y a quien celebra el cielo 
con cánticos de amor!

Deseos de Comulgar
     ¡Oh, gran Señor, quién tuviera los deseos de todos los Santos y Santas que con más fervorosos afectos han deseado recibiros, los de Santa Marta para hospedaros, y los de su hermana para no apartarme un punto de vuestros pies!
     ¡Quién tuviera los encendidísimos deseos y afectos de la Santísima Virgen para recibiros, agradaros y serviros!
     ¡Quién tuviera la grandeza de los cielos, la pureza de los ángeles y el abrasado amor de los serafines!
     ¡Quién poseyera todas las virtudes, para convidaros, Señor, que vinierais a mi morada!
     ¡Oh, qué dichoso fuera yo si en gracia recibiera el autor de la vida, para tenerle en mi alma!
     ¡Qué rico estuviera yo poseyéndoos en gracia y con pureza!
      Venid, Señor, a mí, pues podéis, que si yo pudiera, no salierais de mí eternamente.
     ¡Oh Señora mía benditísima! Alcanzadme este bien de vuestro amado Hijo.
     Virgen santísima, serafines, almas que amáis a Dios con puro amor: comunicadme vuestros afectos para que haga la compañía que debo a mi amado Señor.

Para después de la Comunión
     DIOS mío y Señor mío, os doy gracias de la merced que me habéis hecho de venir a habitar en mi pobre alma; yo quisiera daros un agradecimiento digno de vuestra Majestad y del grande honor que me habéis hecho.
     Mi Madre y Señora María santísima, Santos mis abogados, ángel de mi guarda, almas que vivís abrasadas en el amor de Dios, venid a ver y admirar el excesivo favor que ahora me hace, y dadle por mí las gracias.

Acto de Ofrecimiento
     ¡SEÑOR! Ya que os dignasteis visitar la pobre casa de mi alma, yo os la ofrezco con toda mi libertad y voluntad; Vos os habéis entregado todo a mí, y yo me quiero dar todo a Vos; sí, mis potencias y sentidos sean ya todos vuestros, para que no se empleen sino en vuestro obsequio; el entendimiento sólo me sirva para pensar en vuestra infinita bondad, y la voluntad, sólo para amaros. También os consagro y ofrezco todo cuanto tengo, mis pensamientos, mis afectos, mis deseos, mis gustos, mis inclinaciones y mi libertad. En fin: en vuestras manos entrego mi cuerpo y mi alma.
     Aceptad, ¡oh Majestad infinita!, el sacrificio que de sí mismo os hace el pecador más ingrato que ha habido sobre la tierra, pero que ahora se entrega y pone todo sin reservas en vuestras divinas manos. Haced, Señor, de mí lo que os agrade. ¡Venid, oh fuego consumidor, oh amor divino! Destruid en mi todo lo que no agrada a vuestros purísimos ojos; haced que de hoy en adelante sea todo vuestro y viva solamente para cumplir y obedecer, no sólo vuestros preceptos y consejos, sino también vuestros santos deseos y vuestro mayor gusto.
Rev. J. M. Lelen
EL DEVOTO DEL PURGATORIO