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miércoles, 19 de septiembre de 2012

EL PECADO DE APOSTASIA ES UN PECADO DE MALICIA

"EL TIEMPO DE LA SEMENTERA 
DE LA PALABRA EVANGELICA 
ENTRE LOS GENTILES, 
SE HA TERMINADO"
Mons. José F. Urbina Aznar
 Mayo 2012

     El pecado contra la honestidad, cualquiera que sea, tiene deplorables consecuencias para toda la vida religiosa y moral, sobre todo si es repetido y defendido. Este pecado tiene el poder especial para esclavizar permanentemente a los hombres y a la sociedad quitándole todo interés por las cosas de Dios. Los pecados de malicia son los pecados del espíritu que tienen su raíz en la soberbia. Son muchísimo más graves y de más difícil arrepentimiento que los pecados de flaqueza que tienen su fuente en la sensualidad que no incluyen el grado de premeditación y libertad que los pecados del espíritu.
     La más profunda raíz de todo pecado, es la voluntad de no obedecer; la voluntad de ser dueño de sí mismo desconociéndose toda otra autoridad. Claro que esto es siempre ilusorio, pues aquel que cree que ha obrado por propia voluntad, se encuentra de pronto en las regiones oscuras que habitan las almas reprobadas al servicio del Diablo. El pecado de apostasía no tiene su fuente en la sensualidad, es un pecado del espíritu, cuya raíz es la soberbia. Es un pecado premeditado que esclaviza permanentemente. San Juan en el Apocalipsis previene contra el que llama "la bestia" o "la fiera" porque se le ha dado el poder por un tiempo de arrastrar a los hombres a la apostasía. De engañar a los hombres, que aun engañados van a militar en las fuerzas apostáticas.
     El pecado de apostasía creo que es el peor de los pecados del intelecto. La sociedad o los individuos que apostatan de la Fe, son irrecuperables si un milagro de Dios no interviene. Por eso el Señor dice que el único remedio es el exterminio.
     San Juan en su primera Epístola habla (V, 16) de un pecado "que es de muerte". ¡No se refiere al pecado mortal, sino a algo que es peor!: se refiere a la apostasía. El dice: "Si alguno ve que su hermano comete un pecado que no es muerte pida y le dará la vida; a los que cometen pecados que no son de muerte, pues hay un pecado que es de muerte POR EL CUAL NO DIGO QUE PIDA". ¿Qué puede haber tan terrible para que San Juan se exprese de esta manera?.
     Indudablemente está señalando el pecado de apostasía. Todos esos gobiernos masónicos que han descristianizado a sus pueblos desde la más tierna edad los han arrastrado a regiones de las que no se regresa nunca; todos esos enjambres de avispas que caen sobre las poblaciones protestantizando almas, las arrastran a un terreno del que ya no regresarán nunca. Santo Tomás dice que los prosélitos de la herejía, no regresan. Todos esos millones de fieles católicos arrastrados a una suave pendiente hacia la apostasía, en la que para, ya no regresarán nunca. Caminan poco a poco a una religión que se parece a la Religión de Cristo, pero que no es la Religión de Cristo. Esta es la apostasía, porque ya sea que se abandóne la Religión de Dios en forma total; o se supla toda la Religión por otra cosa similar, aunque se conserven partes iguales, esa es la apostasía
     El tiempo de la sementera de las naciones y de los individuos es el tiempo de la decisión de la separación definitiva del reino de la oscuridad. Este tiempo media entre el primer advenimiento y el segundo de Cristo. Es el tiempo de la gracia y de la paciencia, después del cual viene el Juicio, en el que serán juzgados con mayor rigor los que no lo hayan aprovechado. El que haya rehusado a convertirse o el que haya apostatado será juzgado con más rigor que Sodoma y Gomorra (Luc. X, 11 y sigs.). Porque ese tiempo fue de salvación, fue "la última hora". Por eso, la humanidad apóstata del fin del mundo, va a experimentar "la cólera del Cordero".
     La apostasía está cimentada en el pecado diabólico de la soberbia. El hombre busca dignidad sin referencia a Dios. Al soberbio le tiene sin cuidado un acrecentamiento de sus valores espirituales o sociales ante Dios. Busca sólo, aparecer grande entre los hombres. Y por eso lo guía la vanagloria, el figurado y la ambición. Dios es un ser que ya no importa y así surge la religión del Estado laico o ateo que cree poder cimentar a una humanidad en las nuevas leyes y moral del Estado omnipotente.
     Pero de este estado de miseria no se regresa a menos que intervenga la mano de Dios. En la apostasía de los hombres interviene una falsa conciencia y un profundo sentimiento de haber obrado bien según la propia infalible voluntad. Esto sucede también con los aleccionados de un Estado laico, y así sucede, pero en forma peor con el apóstata que cambia su Religión con la religión del Anticristo. A ninguno de estos hombres se puede reconquistar. Sería necesaria una nueva evangelizacion, la cual no va a suceder. Los hombres que han estado en la oscuridad que ven luminosa nunca aceptarán haberse equivocado.
     Desde los tiempos de los santos Padres de la Iglesia, se ha sabido y comprobado que precisamente son los mayores pecadores los que menos reconocen el estado miserable en que se encuentran y los que menos reconocen la necesidad de un cambio y de penitencia. Si esto es así entre los hombres alejados de los Sacramentos, entre los cuales todavía puede existir un suave murmullo de la conciencia, ¿no resulta imposible la conversión de los hombres que han abandonado la Religión, entre los ateizados, entre los entibiados?, ¿no todos ellos defienden su nueva religión hasta con furia?.
     Por eso el texto de San Juan es aplicable aunque parezca duro. Por eso el exterminio. Por eso se hace referencia a la extrema depravación de Sodoma y Gomorra las cuales dos ciudades si fueran comparadas con la situación final serían sólo juego de niños.
Por eso hay que analizar la profecía de Cristo N. S. cuando describe la destrucción de Jerusalén que no hay que tomarla como una imagen de la Parusía, sino al contrario: el fin del mundo es prefigurado en la desolación de Jerusalén.
     Jesús Montánchez, dice en su TEOLOGIA MORAL que la apostasía es el "total apartamiento de la Fe cristiana por parte de quien la recibió en el Bautismo. Para ser apóstata basta apartarse de la Fe, no es necesario ni dar el nombre, ni adherirse a determinada secta. Su malicia, por razón del desprecio formal a la autoridad divina que consigo lleva, es siempre, de suyo y sin posible parvedad de materia, pecado grave".
     Si analizamos este texto, fácilmente comprenderemos que la apostasía es algo que se va incubando en el alma o en la sociedad sin que se pueda decir a ciencia cierta en qué momento comienza a existir. Es un contagio que va creciendo; una lepra que va destruyendo el alma. Es una corrupción que comienza en la periferia, sin tocar órganos vitales. El contagio social, el "que dirán", la propia conveniencia, son un magnífico vehículo que va penetrando insensiblemente, hasta que se llega al punto de no retorno. Entonces es irremediable. Ese punto de no retorno es variable en los individuos y en la sociedad. Aquí las palabras de San Juan. Dios, entonces extermina el mal que no ha de prevalecer. El reino de la oscuridad no ha de vencer al reino de la luz y del Cordero desechado poco a poco en la sociedad y en el alma de los hombres.
     Por eso Cristo N. S. no mintió el decirle a los Apóstoles que la fecha del fin del mundo no la sabía "el Hijo", sino sólo el Padre. Pues esta depende de acontecimientos degenerativos basados en la voluntad humana. Pero ciertamente, las señales fueron predichas y hoy las vemos cumplidas a cabalidad. Los hombres han proclamado una nueva era fabricada por ellos mismos sin Dios.
     Uno de los efectos más naturales del pecado, escribía Scheler, "es esconderse a medida que crece y embotar el sentimiento de manera que se desconozca su presencia". Pero estamos hablando de la apostasía cimentada en la soberbia. El castigo de la soberbia, dice Háring en LA LEY DE CRISTO, "es la inhabilidad para alcanzar una verdadera conversión". La verdadera conversión consiste en "buscar primero el reino de Dios" (Mat. VI, 33). El reino de Dios implica un combate contra el reino de este mundo. Por eso, no puede entrar en el reino de Dios el que acepta una paz vergonzosa con el mundo, con el espíritu de este mundo (Mat. X, 35). La apostasía de hoy, cimentada en la soberbia, no solamente implica el gradual abandono de la Doctrina camino a la desaparición del Cristianismo, como dijo San Pío X, sino una mezcla camino al dominio absoluto del reino de este mundo, del espíritu de este mundo. El espíritu de la Apostasía -que hay que poner con mayúscula-, la de hoy, que fue soplada con fuerza en el Concilio Vaticano II, afecta lo mismo a la sociedad como a los individuos aisladamente considerados. Esta es incorregible absolutamente. Se forma, entonces, un masacote espeso y hediondo que hay que tirar al sumidero. Es el rechazo más radical del reino de la luz. Por eso el exterminio. Por eso el castigo.
Contra el pecado terrible de apostasía, los hombres no están prevenidos como lo están, por ejemplo, contra los pecados de lujuria. La apostasía puede comenzar a infectar a una sociedad o al alma de un hombre, por regiones periféricas alejadas de los órganos vitales, como dije, pero se extiende poco a poco y va pudriendo el organismo, pero insensibilizándolo al mismo tiempo como lo hace la lepra. Los terrenos ganados por este contagio son justificados por un falso razonamiento, por una falsa lógica que es producto de un alma tibia. Contra este extraño pecado, los hombres y las sociedades no están prevenidos. Hay contagio en la intimidad familiar, hay contagio de los maestros y de toda persona a las que les concedemos ascendiente, como pueden ser los mismos sacerdotes. Y es muy difícil o casi imposible detener el proceso que llega al final. Una sociedad entibiada, un alma entibiada, son fácil presa de este mal irremediable. Cristo N. S. prevenía contra los pecados de los últimos tiempos que afectarían incluso a los elegidos. Por amor a ellos, los tiempos finales serían acortados porque de prolongarse, también caerían. ¿De qué estamos hablando tan maligno?, de un vaho negro que todo lo toca, que todo lo invade contagiando con su pestilencia. Hablamos de la apostasía. Cuando nuestro Señor habla de la sal -Su Iglesia- que es la sal de la Tierra, dice que si perdiera su sabor, no habría nada que la salara de nuevo. Indudablemente estaba hablando de la apostasía final. 
     "Roma perderá la Fe" dijo la Virgen en La Salette en 1846. El alma convertida a la gracia, siempre debe temer que luego de una caída, no le quede ya medio para convertirse fuera de un inesperado milagro de Dios (Hebr. VI, 4 y sigs; I Juan V, 16 y sigs.), pero en la apostasía el mismo hombre hace imposible esa perfecta oposición al pecado que es exigida necesariamente en toda conversión. La conversión es un acto de la libre determinación del hombre, pero también es obra de Dios. En la apostasía no existe la voluntad humana. Por eso es irremediable. Por eso el castigo. Por eso el exterminio. Por eso el fin de la humanidad cuando el número de elegidos se ha completado. En la destrucción de Jerusalén se nos da una figura.

ALGUNOS TEXTOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS QUE SON COINCIDENTES

     Quienes analizan los tiempos del fin del mundo, a la luz de las sagradas Escrituras, no podrán menos que extrañarse del estado irremisible de los hombres y de los castigos tremendos que acarrearán sobre sus cabezas. Hay un texto en el Apocalipsis XVI, 8 y sigs. que dice que el cuarto ángel -de las últimas plagas-, derramo su copa en el sol y diósele fuerza para afligir a los hombres con ardor y con fuego; y los hombres abrasándose con el calor excesivo, blasfemaron del nombre de Dios que tiene en su mano estas plagas, en vez de hacer penitencia para darle gloria. Sólo quiero comentar ahora las palabras subrayadas. Se trata de los sucesos del fin. De una humanidad caída en la apostasía. Dios todopoderoso respeta la libertad de los hombres, pues no exige por la fuerza el amor de sus hijos, pero derramará sobre los hombres el cáliz de su cólera porque estos preferirán seguir siendo "hijos de la ira" como cuando eran paganos sin redención (Efesios II, 3 y sigs; V, 6). Dice la Biblia comentada de Torres Amat: "La venganza del amor ofendido contra las naciones será terrible". Los hombres por propio gusto y voluntad se han de poner en el lugar en el que descargan los rayos de la ira. Antesala del Infierno.
     Hay un texto en el Profeta Daniel (XII, 10 y sigs.) en el que leemos: "Muchos serán lavados, blanqueados y purgados; los impíos seguirán haciendo el mal; ningún impío comprenderá nada".
     Son los de la apostasía final. Los ofuzcados por su extremada soberbia y estupidez. Porque todas las señales estarán a la vista de todos pero ellos no serán capaces de ver a su derredor un mundo que se desencuaderna por su culpa. Esa sopa confusa del final, les parecerá un cambio normal a otra etapa del hombre muy prometedora. Los apóstatas del fin revolcándose en un caldo apostático pestilente, no son capaces de ninguna manera ver lo que han provocado en constante agravamiento y corren todos en tropel como burros ciegos al abismo; como los cerdos endemoniados al despeñadero.
     San Pablo en su segunda Carta a los Corintios dice algo que les cae como anillo al dedo a estas gentes malvadas que infectarán a la Iglesia principalmente al final de los tiempos: "Ciertamente, dice, no osamos igualarnos ni compararnos a algunos que se dan importancia a sí mismos. Midiéndose a sí mismos según su opinión y comparándose consigo mismos, obran estúpidamente". Esos son los salvadores del mundo; el ejemplo a seguir de los hombres; el modelo, el paradigma; los que pueden modernizar la palabra de Dios; los maestros. Los de la distinción; los de la prestancia; del dinero y el poder. Los del elevado caminar que balancean a izquierda y derecha la cabeza con displicencia. Estas son las garrapatas pegadas a los hábitos de la Iglesia y de la sociedad buscando a quien succionar. Son hombres que tienen un baño de pegamento que se adhiere fuertemente a otro como él para hacer equipo o secta o pandilla. Capaces de llevar al incauto a toda clase de desórdenes y atrocidades, y al fin a la apostasía irremisible. El pecado del fin del mundo. La úlcera escatológica: la lujuria. El pecado: la apostasía.
     El Profeta Daniel dice claro: "Los impíos seguirán haciendo el mal". Su estupidez y su soberbia serán tan grandes que no podrán ver las claras y enormes señales que los rodean que atribuirán a causas muy lejanas a su desgraciada actuación.
     Hay un texto en las sagradas Escrituras que se relaciona con el anterior. En la segunda Carta de San Pablo a Timoteo, éste le dice en el IV, 3: "Porque vendrá un tiempo en que los hombres no soportarán la sana doctrina, sino que, arrastrados por sus propias pasiones, se harán con un montón de maestros por el prurito de oír novedades; apartarán sus oídos de la verdad y se volverán a las fábulas".
     San Pablo habla claramente del Modernismo-progresismo, herejía final que las reúne a todas (Papa San Pío X), que es la herejía de la Fiera, llena a reventar de fábulas, de errores que expresa a veces con palabras ortodoxas que esconden un significado contrario.
     San Pablo dice que "no soportarán la sana doctrina". Soportar un peso, sufrir un peso. Las palabras de la Doctrina serán insufribles. Ofensivas. Así las tomarán los hombres de la apostasía, pero no dejarán de creerse cristianos. En estas condiciones, ¿será posible una nueva evangelización que pueda convencer a los hombres que no soportan la sana Doctrina?, ¿no está hablando de una humanidad irremisible?, ¿de una humanidad del fin del mundo?.
     San Juan en su primera Carta dice: "Hijitos míos, esta es la última hora. Habéis oído que iba a venir un Anticristo; pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta que es ya la ult ima hora".
     En el Apocalipsis (XV, 8 y sigs.) nos dice San Juan que el Santuario se llenó de humo, y que nadie podía entrar hasta que se consumaran las siete plagas de los siete ángeles, que son las siete copas del fin del mundo, cuyo contenido van a ser vertidos como castigo a una humanidad apóstata. El texto dice así: "Luego uno de los cuatro Seres entregó a los siete Angeles siete copas de oro llenas del furor de Dios que vive por los siglos de los siglos. Y el Santuario se llenó de humo procedente de la gloria de Dios y de su poder, y nadie podía entrar en el Santuario hasta que se consumaran las siete plagas de lo s síete Angeles".
     ¿Qué terrible oráculo anuncia aquí el Apocalipsis?. Ese humo que sale del Santuario deja ciego a todo mundo. No pueden ver para celebrar la gloria del Sacrificio. Este se les ha retirado. Ha terminado. Pero ni ven, ni pueden entrar. Nadie puede entrar. Han rechazado el Sacrificio propiciatorio y vagan por regiones en las que habitan los demonios y los renegados. En las regiones en las que no esta Dios.
     Por eso no hay convertidos a la verdad y a la sana Doctrina. Es inútil tratar de convencer a nadie. Son palabras que no enraizan como las semillas que caen en el camino o en un terreno lleno de piedras.
     Hay fieles que se han conservado más apegados a la verdad, pero habría que ver si el error no se les ha introducido por otra puerta y si están en peligro de sumarse a la masa apostática hodierna.
     No es solamente la renuncia a alguna acción mala ni a una costumbre pecaminosa la que debe ser renunciada por los hombres o la sociedad de hoy; es el centro de la existencia la que debe cambiar, son los sentimientos del cozarón, la actitud interior. Esto no lo puede hacer el hombre por sí solo. Unicamente Dios haciéndose presente puede suprimir la distancia que Lo separa del pecador. El retorno de aquella región de perdición donde habita el pecador, donde no está Dios, sólo puede obrarse mediante la aceptación incondicional del dominio de Dios. Pero esto esta vedado completamente en una sociedad que ha rechazado al Señor: se ha rechazado Su Doctrina adaptándola en todo aquello que no parezca; se ha abandonado a Su Iglesia y la lucha por la Fe, porque los hombres creándose necesidades urgentes hasta el tope, las atienden con amor y ahinco antes que ver primero por las más graves necesidades del entorno -los hombres de hoy, cínicamente, se aprovechan de todos los dones de Dios que consideran insuficientes, por lo cual para Dios no les queda nada, ni siquiera el tiempo que no les cuesta-; pero lo que es peor: se burlan de El e incluso lo insultan soezmente comparándolo con una rata. ¿Qué merece esta generación perversa y rokanrolera, tan técnica y avanzada, tan lujuriosa y liberada sino el castigo y el exterminio?, ¿se puede aquí invocar la misericordia? ¿se puede reprobar que ésta se haya ocultado y que sólo se pueda dintinguir un Rostro airado?, ¿el hombre va a seguir por siempre aprovechándose del tiempo de la tolerancia y la paciencia hasta que le dé la regalada gana?, ¿el hombre se siguirá aprovechando de todos los dones que recibe, exclusivamente en su propio provecho y beneficio?.

jueves, 9 de diciembre de 2010

EL FIN DEL MUNDO

I
Isaías, nos da una visión del fin del mundo sin el barroquismo simbólico que presenta San Juan en el Apocalipsis.
Sus visiones completan con claridad, las visiones proféticas del Evangelio. Cristo inmediatamente después de hablar de la destrucción de Jerusalén, pasa a hablar de la destrucción del mundo.
Isaías, después de profetizar las ruinas de Babilonia, de Tiro y de Egipto, salta líricamente por los siglos, y nos refiere el espanto de los últimos días, en su capítulo XXIV:
"He aquí que el Señor desolará y despojará la tierra y pondrá afligido el aspecto de ella, y esparcirá sus moradores.
Y como el pueblo, así será tratado el sacerdote; y como el esclavo, así su señor; como la sierva, así su señora; así el que vende, como el que da prestado, así el que recibe; como el acreedor, así el deudor.
Enteramente arruinada quedará la tierra, y totalmente desvastada. Por cuanto el Señor así lo ha pronunciado.
La tierra, se deshace en lágrimas y se consume y desfallece; consúmese el mundo, consúmense los magnates del pueblo de la tierra.
Inficionada está la tierra por sus habitadores, pues han quebrantado las leyes, han alterado el derecho, rompieron la alianza sempiterna.
Por eso, la maldición devorará la tierra; porque sus habitantes son pecadores y por esto perderán el juicio, los que en ella moran, del que sólo se libertará un corto número.
La vendimia está llorando, la vid perdió su vigor; llorando están a lágrima viva, los que se alegraban de corazón.
Cesó el festivo sonido de los panderos, se acabó la algazara de las bulliciosas cuadrillas de gente, enmudeció la melodiosa cítara.
No beberán ya vino en medio de cantares; amargo será todo licor para los bebedores.
La ciudad de la vanidad se va destruyendo, todas las casas están cerradas sin que nadie entre en ellas.
Habrá gritos en las calles por la escasez del mundo; todo contento queda desterrado, desapareció la alegría de la tierra.
La ciudad está hecha un páramo y quedarán destruidas sus puertas.
Tales cosas sucederán en medio de la tierra, en el centro de los pueblos; como cuando vareado el olivo, QUEDAN UNAS POCAS ACEITUNAS EN EL ÁRBOL, y algunos rebuscos, después de acabada la vendimia.
Estos restos de Israel, levantarán su voz y entonarán alabanzas; mostrarán su júbilo desde el mar, luego que fuera el Señor glorificado.
El espanto, la fosa y el lazo, están reservados para ti, que eres habitador de la tierra.
Y sucederá que el que huyere de la espantosa voz, caerá en la hoya, y el que se aparte de la hoya, será preso en el lazo, porque se abrirán desde lo alto las cataratas y se bambolearán los cimientos de la tierra.
Será despedazada con gran estruendo, la tierra; se hendirá con aberturas grandes; conmovida será con el mayor desconcierto.
Estará la tierra en una situación semejante a la de un borracho; y mudada de sitio, como tienda que solo se arma para pasar una noche; se verá agobiada con el peso de su propia iniquidad, y caerá y nunca más se levantará.
Y sucederá que en aquel día, residenciará el Señor publicamente a la milicia del cielo allá en lo alto, y a los reyes del mundo, que están acá en la tierra.
Y serán reunidos todos y hacinados en un solo haz, y echados en el lago, y allí serán encerrados en una cárcel; y aún después de muchos días continuarán en padecer y eternamente serán castigados.
Y se pondrá roja la luna, y el sol se oscurecerá, cuando el Señor Dios de los Ejércitos, haya tomado posesión del reino, en el Monte de Sión y en Jerusalén, y haya sido glorificado en presencia de sus ancianos".

Con esta imagen, síntesis de todas las calamidades, se encuadran los grandes vaticinios sobre el fin del mundo.
La época que se cierra con el período de Fátima hacia el 1960, resume las imágenes maravillosas de los estadios finales.
La purgación del mundo, que empezará el año 1960, en su sentido más potente, será la imagen del fin del mundo, como el cliché resume al positivo, como la flor anuncia sus frutos.
En la purgación de 1960, los fenómenos astronómicos, se sucederán en el modo de castigo del CIELO, como dicen los videntes. El fuego, del 1960, será muy bien entendido hacia el año 2,000 por los justos que queden, así como por los pecadores, cuando el mundo en definitiva sea destruido por el fuego.
En la purgación del 1960, los tres días de tinieblas que se anuncian, para ese período, anunciarán después, el fin del mundo CON EL OSCURECIMIENTO DEL SOL Y DE LAS ESTRELLAS.
La barrida de las playas en el período de 1960, hará entender el movimiento de las olas, sobre los lindes y las ciudades, definitivo y aplastante.
* Acaso esto no se verificó con el seudo Concilio VaticanoII; el sol, del pontificado se oscurece con la llegada de un antipapa, y las estrellas que eran los obispos oscurecieron con la firma de los documentos conciliares.
La selección, en el período del 1960, de sólo UNA CUARTA PARTE DE LA HUMANIDAD SUPERVIVIENTE, hará recordar el bareado del Olivo, cuando quedan unas pocas aceitunas, o los rebuscos, después de acabada la vendimia, que nos augura Isaías. Así, los pocos justos que quedaren después de la catástrofe del período de Fátima, nos recordarán los pocos justos que queden a la hora de la gran venida de Cristo en gloria y majestad, para juzgar al mundo.
La alteración del derecho y el culto al vicio, que hoy contemplamos, son la imagen en negativo, de la perversión y de la iniquidad que los hombres al fin tendrán, alejados de Dios.
El sistema de Rusia en comparación con el sistema social y religioso, que traiga el Anticristo, son uno la explicación del otro, el puente de paso y la imagen total de las ideas heréticas y de los crueles martirios que tendrá la humanidad. Rusia, es igual al Anticristo, como el mal es igual al demonio.
El sistema final del Anticristo, será un sistema proletario y religioso. La religión se llamará idolatría, pero es lo mismo. Las persecuciones del Anticristo, como sistema filosófico y como imposición personal, están anunciadas en las checas y en las purgas comunistas. Sólo que las del Anticristo, tendrán más profundamente un sello religioso.
El Anticristo, es un hombre que marcará una idea religiosa. Si desligáramos la idea del Hombre de Perdición, podríamos decir, que como idea, el comunismo es un profeta del Mesianismo del Anticristo.
El comunismo, que ha conmocionado al mundo por ese sentido social de la justicia, tocó a las pertenencias del hombre por cuanto el hombre necesitaba una equidad con sus semejantes, una medida de igualdad con los de arriba y con los de abajo, con las cosas y con las personas.
El Mesianismo del Anticristo, tendrá por base también, la equidad, y la igualdad. En el comunismo, la idea era disfrutar de los derechos a la riqueza y al bienestar de todos y de todo. El hombre buscó al menos en la utopía de la revolución, un bienestar económico y material.
Yo barrunto en el Mesianismo del Anticristo, que los hombres han de volverse locos y pérfidos, más cruelmente, por los valores morales y elevados. La conmoción de los pueblos al paso del Anticristo, ha de ser una conmoción de ideas, más que de hechos, una conmoción del espíritu más que del cuerpo. Porque las fuerzas del espíritu, cuando se disocian o cuando se unen, en un haz de perversión, son más drásticas y monumentales que los simples hechos. Cuando se degenera el cuerpo, hay alegría y hedor. Cuando el espíritu explota en los ciclones apasionados de las ideas, entonces las catástrofes son ecuménicas y la grandeza toma un sentido satánico, democrático y multitudinario.

II
Los cálculos y las aproximaciones DEL FIN DEL MUNDO, traen como los cometas, las grandes colas admirativas, de la exégesis, de la tradición, y de la profecía. Y este revuelo cósmico y tradicional, ha traído siempre en el mundo, la admiración y el terror, lleno de desprecios y de compromisos.
Las grandes ideas, los comentarios y las profecías vienen montados en bloque en estos términos parecidos.
Los judíos, con la tradición llena de escuelas, rabínicas, después de la vendimia de Cristo en el Calvario, rebuscaron en sus palabras y en sus oráculos, para esperar ansiosos la llegada final del Rey del Mundo.
Recogido todo en el Talmud y en la tradición científica y popular, quedó flotando en el ambiente de la sinagoga y del pueblo, esta gravitación ideológica:
EL MUNDO DURARA SEIS MIL AÑOS A PARTIR DEL NACIMIENTO DE ADÁN.
El Sagrado libro de Zohar, recoge la tradición judía, llena de promesas, cabalas y plegarias viejas de santones rabínicos. La cronología del mundo según la tradición judaica, DEBE CONCLUIR EL AÑO SEIS MIL, o sea el dos mil doscientos cuarenta y dos.
Aunque el cambio de años a nuestra era, tiene alguna fuga de años por el cómputo inicial de la época de Cristo, los judíos aseguran que su Mesías, el Anticristo, deberá llegar el cinco mil seiscientos setenta y uno de la era judía.
Otra tradición judía, hace llegar el Anticristo el cinco mil setecientos veinticinco, o sea el año mil novecientos sesenta y seis de nuestra era. Esta fecha de su nacimiento, está encuadrada perfectísimamente con nuestra manera de pensar.
Calculando al Anticristo, treinta años, cuando aparezca, y tres años y medio de vida pública fulgurante, nos situamos en el período del año dos mil, sobre el cual más o menos, vendrá en definitiva el Cristo-Juez.
Los piramidólogos, como Davidson y Marham Adams, han estudiado en "la Biblia de Piedra", de la Gran Pirámide Kleops. Después de encontrar en ella el mapa de los acontecimientos humanos, desde el nacimiento de Cristo, hasta las guerras europeas, concluyen el estudio de la Gran Pirámide, el sentido esotérico y simbólico de la odisea humana.
El mensaje final de la Gran Pirámide anuncia: "Un Desorden" que será causado por revoluciones y guerras. Despues de estas cosas, nacerá "un orden" que los piramidólogos calculan hacia el dos mil treinta. Después de este orden, se acaban los mensajes de la Gran Pirámide para el mundo. Llega el Fin.
Rodolfo Warner, ha estudiado la relación de la Gran Pirámide con la cronología secreta de los cinco Libros de Moisés. El Génesis, El Levítico, Los Números, el Pentateuco y el Deuteronomio. Las conclusiones han sido: Después de la Gran Catástrofe, vendrá un nuevo Orden Final del dos mil trece hacia el año dos mil noventa. Después el Fin... Ese fin que no pasará del siglo XXI y que concluirá con ese "cataclismo de fuego" deducido hasta de los estudios comparativos del mensaje piramidal y bíblico.
Tres leyes, han existido en el mundo girando en la órbita de Dios. La Ley de la Naturaleza, La Ley Mosaica y la Ley Evangélica. A cada Ley le ha correspondido un período de dos mil años; por lo tanto la Ley Evangélica, acabará hacia el año DOS MIL. Y SEIS MIL AÑOS. SERA LA TOTALIDAD DEL TIEMPO SOBRE LA TIERRA.
San Irineo, que es uno de los Santos Padres más próximos a los Apóstoles, resume así la existencia:
"Dios hizo el mundo en seis días, en seis mil años será destruido. Lo que se ha hecho, es imagen de lo que se hará. Los seis días de la creación son profecía de los seis mil años de la vida de la tierra".
Estas son las ideas que barajan, en una forma elegante e inspirada, toda la comunidad cristiana, llena de doctores, como San Agustín, San Jerónimo, San Justino y San Clemente de Alejandría.
La profecía y el ingenio, lleno de inspirados acentos sublimes, está brillando en aquella síntesis genial del mundo que hizo en el comentario del Apocalipsis, el beato Bartolomé Holzhauser, obispo alemán del siglo XVII. Sobre el nombre de las Siete Iglesias del Apocalipsis, Holzhauser estructura copiosamente: "LAS SIETE EDADES DE LA IGLESIA". La resume en estos términos:
I.—EFESO.—EDAD SEMINATIVA. En esta edad el Evangelio, como grano de mostaza mínimo, se siembra por todo el mundo, y Dios, injerta su viña en Cristo. Hacia el fin de esta edad, todos los Apóstoles, excepto Juan, son martirizados, como las graneles semillas del Reino. Esta Edad, tiene por correlativa, EL DON DE SABIDURÍA, porque en ella se saborean las cosas celestes y no las terrenas.
Esta Edad es correlativa CON EL PRIMER DÍA DE LA CREACIÓN, cuando el Espíritu de Dios, volando sobre las aguas del abismo, hizo la luz, separándola de las tinieblas. Comienza pues, LA PRIMERA EDAD DEL MUNDO DESDE ADÁN, HASTA NOE, en cuyo tiempo, fué propagado, por la carne, el linaje humano.
II.—ESMYRNA.—"Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida". ES LA EDAD IRRIGATIVA.
En esta Edad, la viña de Dios, recientemente plantada, es irrigada con la sangre caliente de los mártires.
"Tendréis una tribulación durante diez días". Con esto, se significaba las diez persecuciones generales de la Iglesia.
La correlativa de esta Edad, en los Dones del Espíritu Santo, ES EL DON DE FORTALEZA.
Esta Edad, es correlativa AL SEGUNDO DÍA DE LA CREACIÓN. En ese día, fue colocado el firmamento en medio de las aguas. Con esto, se prefiguraba, la fortaleza de los mártires, en medio de las tribulaciones encrespadas y violentas.
ESTA SEGUNDA; EDAD DEL MUNDO, abarca desde Noé hasta Abraham. En ella fue derramada, en honor de Dios sobre los altares de los patriarcas, la sangre de las víctimas propiciatorias.
III.—PERGAMO. Noble por la gloria de las ciencias. ES LA EDAD ILUMINATIVA. Comprende desde Constantino hasta Carlo-Magno. La gran constelación de los Santos Padres y de los escritores católicos, ilumina la iglesia y disipa con sus doctrinas, las herejías.
Esta Edad, es correlativa en los dones del Espíritu Santo, CON EL DON DE INTELIGENCIA. En esta edad, se define y se ilustra en una forma espectacular, los grandes misterios trinitarios, bajo las lumbreras de los Santos Doctores.
Esta Edad es correlativa, dentro de los días de la creación, CON EL TERCER DÍA, cuando, retirándose las aguas hacia un lugar definido, apareció la tierra glorificada por la verde yerba y los aromáticos frutales. Fue entonces, cuando el campo de la Iglesia, bañado por las aguas bautismales, produjo la pompa de todas las virtudes y la gloria de las flores de los Santos, así como los grandes frutales solemnes de los doctores.
ES LA TERCERA EDAD DEL MUNDO. En ella, hay una relación de paridad con la antigua Israel. En aquel tiempo, cuando sus enemigos y sus impíos, fueron muertos en masacre: los Sodomitas. Faraón con los suyos, Datan y Abirón. a la par que Dios le daba la ley a Moisés. Aquella ley, que completaba y perfeccionaba la Ley Natural. Así, en esta tercera Edad de la Iglesia, los herejes todos, fueron refutados por los doctores católicos.
IV.—TYATIRA.—EDAD PACIFICA. Comprende desde Carlo-Magno, hasta Carlos V, Emperador y el Papa León X. Reina Cristo en toda su Iglesia.
Es la Época de los grandes sermones y encíclicas contra las malas costumbres. El mundo de entonces, tiene un parecido social y eclesiástico, con los tiempos de Jezabel.
Esta edad, tiene su correlativa con el DON DE PIEDAD. Aparecen los grandes santos de la Iglesia, llenos de suavidad, de piedad y de místicos encantos. San Francisco de Asís, San Bernardo, Santo Tomás, San Buenaventura, Santa Catalina de Siena.
Corresponde este tiempo, CON EL CUARTO DÍA DE LA CREACIÓN. "Aparecen las grandes luminarias en el firmamento llamado Cielo".
En el mundo de Israel, tiene tambien, su correlación de tiempos. Corresponde esta Edad, al periodo aquel, que fue desde Moisés, hasta el templo de Salomón. El exponente de piedad de aquella época, fue Jerusalén salmos penitenciales.
V.—SARDIS. — "Tienes nombre de vivo pero estas muerto".
ES LA EDAD PURGATIVA. Empieza desde Carlos V y llega hasta el advenimiento DEL PONTIFICE SANTO Y DEL GRAN MONARCA.
Es la Época de cribar el trigo de la "era" de Cristo. Las guerras, las revoluciones, las herejías, las grandes persecuciones de la Iglesia desnudada de su riqueza y de sus glorias, con los conventos y las iglesias llenas de ruinas.
ES LA ÉPOCA DEL DON DEL CONSEJO.
Corresponde esta Época, con EL QUINTO DÍA DE LA CREACIÓN, "Produzcan las aguas reptiles animales y aves que vuelen sobre la tierra debajo del firmamento del cielo".
Los peces y las aves, son símbolos de los desenfrenos, de las pasiones libres, y de las pasiones de la carne.
Esta Época, corresponde con aquella de Israel, cuando sucede el cisma de Jeroboán y comprende desde el templo de Salomón hasta su cautividad. El correlativo en nuestro mundo moderno de la herejía, es Lutero. Es la llegada del modernismo al Vaticano.
VI.—FILADELFIA. Significa AMOR DE LOS HERMANOS. ES LA EDAD CONSOLATORIA.
Comprende, desde la llegada del Gran Monarca y del Santo Pontífice, hasta el Anticristo.
Después de las calamidades de la quinta edad, Dios, consolará a su Iglesia. Es la Época de la gran universalidad y de la gran unidad de la Iglesia Católica. La profesión de la fe cristiana, se hará sin la intervención externa de la potestad laica y civil.
Vendrá la gran floración de religiosos y sacerdotes, en la Iglesia. Los buenos pastores. Una gran constelación de santos y doctores, brillará en el firmamento de la Iglesia. Una gran paz, reinará desde el gran Monarca hasta sus sucesores.
Es la edad correlativa con EL DON DE LA PRUDENCIA.
Es en el cosmos de la Creación, EL SEXTO DÍA DEL MUNDO. "Y los hombres dominarán los peces del mar y las aves del cielo y todos los animales, que se mueven sobre la tierra".
Con tales palabras se anuncia el Reino del gran Monarca y el dominio, en cierta forma, de la Ley Natural sobre los animales de la tierra, por parte de los hombres.
Tiene su correlativo en el mundo israelítico antiguo. La liberación de los Judíos y la reconstrucción de la ciudad de Jerusalén y del Templo. Asimismo, en el futuro, el Gran Monarca destruirá las repúblicas, someterá el imperio de los Turcos, y, dominará en Oriente y en Occidente.
VII—LA ODICEA. Significa EL JUICIO DE LOS PUEBLOS. ES LA EDAD DESOLATIVA. Aparece el Anticristo. Llega el fin del mundo. "Porque ni eres frío ni caliente Yo te vomitaré de mi boca".
Llega el olvido del culto divino y el menosprecio de todas las virtudes. La profesión de la Fe, será una sombra apenas perceptible.
Empieza la ruina de las obras humanas. ES LA HORA DEL DON DE CIENCIA.
Todos conocerán cuando Cristo venga en gloria y majestad, que es Dios. Juez de vivos y muertos.
CORRESPONDE AL SÉPTIMO DÍA DE LA CREACIÓN.
Completa ya su obra en el mundo, Dios, descansará con todos sus santos.
Esta Edad, es correlativa, en el mundo de Israel, CON LA PRIMERA VENIDA DE CRISTO AL MUNDO POR MEDIO DE LA ENCARNACIÓN.
Así, acaba Holzhauser la síntesis genial del mundo y los misterios de Dios en el Apocalipsis. Lo que empezó con su venida por medio de la Encamación, acabará con su llegada en gloria y majestad.
Es numerosa la cantidad de Santos, Doctores e Intérpretes, que han visto en los seis días de la creación, el período de la duración del mundo. Seis días germinativos en la Creación de la Tierra, son la existencia y la figuración de los seis mil años del mundo. La cifra y el símbolo, vienen unidos en aquella profecía del salmo:
"Mil años son como el día de ayer que pasó".
Pasaron seis días solemnes, que pudieron haber sido períodos de tiempo, indefinidos o momentáneos. Luego, seis mil años, son la imagen profética, de los seís días solemnes de la creación. El séptimo milenio, es el del Juicio y el del reposo definitivo. Pero generalmente el septimo milenio, como figuración del séptimo día, que es el dia del Señor, ya no es nuestro. Casi no pertenece a la actividad humana, sino a la divina. Por lo tanto, el séptimo milenio, que empezará a través de la muerte del Anticristo, será inicial y sólo continuará por parte de Dios en el Juicio y en el Cielo.

III
EL IMPERIO ROMANO
Los grandes autores, exégetas, Doctores y Santos, han creído, desde hace muchos siglos, que el fin del mundo vendría con la caída DEL IMPERIO ROMANO.
El terror que sentía San Agustín por la venida de los bárbaros, le hacía comprender, que el fin del mundo estaba cerca.
San Ambrosio, comentando a San Pablo, en la segunda carta a los Tesalonicenses, cuando habla de la venida del Anticristo, dice que la destrucción del imperio romano, será el signo final, del poder de la bestia y del fin del mundo. Muchos autores interpretan el Imperio Romano aún existente, continuado de nombre y de derecho, por el poder de los Papas. (Santo Tomás, (In II Tess, 2), resume la mentalidad escolástica, sobre este concepto:
"El Imperio Romano, no está destruido, está transformado; de imperio temporal, se ha vuelto espiritual; como dice San León en la Fiesta de los Apóstoles. Es necesario, pues, que la defección, de la que habla el Apóstol, no sea sólo una revolución contra el poder temporal, sino también contra el Imperio Espiritual, es decir, contra la Fe de la Iglesia Romana".
La acomodación de Santo Tomás, es cierta, pero según las profecías hasta del Antiguo Testamento, nos hablan de un poder Imperial Cristiano y geográfico, que hará dominar al mundo bajo la espada del Gran Monarca, desde el Oriente hasta el Occidente.
Este Imperio del gran Monarca, fundado seguramente desde Jerusalén bajo la sombra propicia y doctrinal de Roma, será el Mayor Imperio Romano de todos los tiempos. Y Romano será este Imperio, porque el gran Monarca será un Español entroncado auténticamente, en los dogmas de Roma. Entonces cuando este Imperio de la Iglesia Católica Romana, sea destruido, a la venida del Anticristo, será la gran señal para cerrar el fin del mundo. Cuando llegue, pues el Anticristo, destruirá toda manifestación espiritual de conexión y fe, promulgadas en Roma.
Otro concepto de Imperio Romano será el Imperio del Anticristo, rey de reyes de la tierra, con la capital señorial del mundo en Roma. Por lo tanto, el Imperio Romano, tiene dos conceptos: O es el Imperio Romano Espiritual del gran Monarca, a cuya destrucción aparecerá el Anticristo, que es la señal suprema del fin del mundo. O el Imperio Romano, es el gran Imperio del Anticristo, al cual estarán sometidos los Diez Reyes, de Daniel, anunciados también en el mensaje oficial de La Salette. Así, se entiende mejor la profecía y la tradición sin acudir, como Santo Tomás, a la metáfora del reino espiritual de los Papas, desde Roma.

IV
En la descripción biográfica del Anticristo, según el Apocalipsis, parece que se nos anuncia en forma de clave la fecha del fin del mundo:
"Aquí está la sabiduría, el que tenga inteligencia cuente el número de la Bestia. Porque el hombre, tiene un número y su número es 666".
La interpretación del valor numeral de las letras del nombre, es bien conocida y muy embrollada. Sin embargo, bajo esta cifra, se cuenta misteriosamente la época del Anticristo y la del fin del Mundo.
En forma repetida, se nos dá el tiempo. El tiempo en la Sagrada Escritura, está contado en décadas, en siglos y en milenios.
San Juan, repite en forma llena de sentidos, la fecha: Seiscientos sesenta y seis, es igual a seiscientas décadas, igual a sesenta siglos, igual a seis milenios o seis mil años. Luego, el fin, siguiendo la tradición de la Iglesia, la de los mismos judíos y la de los Santos. Los Seis Mil años de la duración del mundo, son igual a esa Semana de la Creación del Génesis.
Los seis días o períodos del tiempo en la creación, son la imagen de los seis mil años del mundo. han pasado cuatro mil hasta la venida de Cristo a Belén, siguen los dos mil de la Era Cristiana. Por lo tanto, ESTAMOS EN LAS VÍSPERAS DEL FIN. EL AÑO DOS MIL, pues, SE CIERRA EL SEXTO MILENIO. Y EL SÉPTIMO QUE SE ABRE ES EL DESCANSO ETERNO EN LA CONTEMPLACIÓN DE DIOS.

V
La profecía particular, en forma sencilla y categórica, nos dá también el barrunto y la aproximación del gran fin.
En forma alegórica, Santa Brígida desde el siglo XIV, nos ilumina con su profecía sobre el mundo:
"Este mundo, es como una nave movida de zozobras por las borrascas de las tentaciones; ni puede vivir en ella el hombre seguro, antes de llegar al puerto de descanso. Así como en la nave hay tres partes, la proa, el medio y la popa, así tres edades te describo Yo, que hay en el mundo.
La primera fue, desde Adán hasta mi Encarnación, la cual viene a significar, por la proa, que era alta, admirable y fuerte. Alta en la piedad de los Patriarcas, admirable en la ciencia de los Profetas, y fuerte en la observancia de la Ley.
Pero esta parte empezó a descender poco a poco, cuando el pueblo judaico despreciando mis santos mandamientos, se entregó a la maldad e impiedad, por lo cual fue desechado de esta honra y posesión.
Más la parte media de la Nave, ésto es, del mundo, empezó a aparecer cuando Yo Mismo, Hijo de Dios Vivo, quise encarnarme; la cual, así como la parte de enmedio de la nave, es más baja y humilde que la otra, así en mi Venida, empezó a predicarse la humildad y honestidad, que muchos siguieron por largo tiempo. Pero ahora que la impiedad y la soberbia, prevalecen, y que mi Pasión está casi olvidada y despreciada, empieza por esto la tercera parte, la cual durará hasta el Juicio.
En esta edad, he mandado por medio de ti al mundo, las palabras de mi boca, y aquellos que las oyeren y siguieren serán felices. Así pues, como Juan dice, no en su evangelio sino en el Mio: "Bienaventurados aquellos que no han visto y han creído". Ahora digo Yo "Bienaventurados serán con felicidad eterna, aquellos que oyeren estas palabras y las siguieren".
En el fin de esta edad, nacerá el Anticristo. Así como de la unión espiritual nacen los hijos de Dios, así el Anticristo, nacerá de una mujer maldita que fingirá saber cosas espirituales, y de un hombre malo, de cuyas semillas por permisión mía, el diablo formará su obra.
Pero el tiempo de este Anticristo, no será como aquel religioso cuyos libros has visto, describe, en un tiempo de ti desconocido, cuando la iniquidad abundare sobremanera y la impiedad creciere inmensamente.
Sábete pues, que antes que el Anticristo venga, se abrirá a los gentiles la puerta de la fe. Pero después los cristianos amando las herejías y conculcando los inicuos al clero y a la justicia, será señal evidente que en breve vendrá el Anticristo".
La clarisa lega llamada Sor Natividad, dejó escritas, al morir, en el convento de Fougeres de Bretaña en el 1798, varias profecías sobre el Anticristo y el fin del mundo. Dicen esas profecías :
"EL AÑO DOS MIL NO PASARA SIN QUE LLEGUE EL JUICIO COMO LO HE VISTO EN LA LUZ DIVINA".
La célebre profecía de Magdalena de Porstat, empieza como ya hemos visto, así:
"Levántate, hija mía, ve a anunciar a mi pueblo QUE SE APROXIMA EL FIN DE LOS TIEMPOS".
Y repite de nuevo:
"VED AQUÍ EL FIN DE LOS TIEMPOS".
Lucía de Fatima saca por conclusión de las apariciones y de las conversaciones con la Señora de Fatima: "ESTO ES YA EL FIN DE LOS TIEMPOS".
Pío XII en el mensaje de Pascua de 1957, completaba el cuadro:
"HAY TANTAS SEÑALES DE QUE TU RETORNO ESTA CERCA".
Los hijos de Jehová reunidos en New York el 4 de Agosto de 1958 se empiezan a preparar para el fin del mundo: La agencia Internacional (AFP), dio la noticia a las naciones:
"Ignoramos el día y la hora, pero el fin del mundo está próximo", anunció tranquilamente ayer, ante más de 200,000 personas reunidas en el Yankee Sladium, Nathan Knorr, reconocido como líder máximo de la secta "Testigos de Jehová".
Knorr dijo que "el gobierno del hombre y de los innumerables dioses imaginados por el hombre ha fracasado" y que las Naciones Unidas no tendrán mayor éxito que su predecesora, "la abominable y blasfema Sociedad de Naciones".
"Ha llegado el momento —agregó ante un atento auditorio— en que va a librarse el combate decisivo entre el bien y el mal".
Optimista, Knorr dio como favorito al bien y dijo que los "Testigos de Jehová" nada tienen que temer, ya que irán directamente al cielo.
La muerte empieza a tocar a arrebato sobre el mundo.
De entre los cuatro cardinales lados,
La atronadora voz de la trompeta
esparcirá su son por el planeta,
de los sepulcros duermen, olvidados...
Muertos, resurrección tumultuosa, crisálida de la gloria, visión de Dios. . . Por fin. . . Destino Final.

jueves, 2 de diciembre de 2010

LA CONVERSION DE LOS JUDÍOS

I
Israel, es un pueblo, que no tiene el esplendor científico de Grecia, ni la suntuosidad babilónica de sus antiguas arquitecturas, ni la pompa funeraria de los faraones egipcios, ni el poder asolador de las legiones imperiales de Roma. Sin embargo, este pueblo ha sido grande en demasía por el espíritu.
Su hermosura, como la de la Hija de Sión, es de adentro. Su fuerza y su esplendor está en su espíritu. Este pueblo tiene la categoría atávica de los pastores, el errabundaje, y la minuciosa sospecha de los viejos guardadores de la ley. Sin embargo, aparentemente. Israel, nunca impuso leyes a los pueblos, ni codificó para el mundo, el tesoro jurídico de los deberes y de los derechos. Su gran Legislador, lleno de esplendores y de grandezas fue Moisés, el egipcio.
El Padre de su fe y de su promesa, fue un caldeo, Abraham, lleno de renuncias y de decisiones formidables.
Este pueblo, como su hermano de continente, el árabe, parece que se ha hecho grande en el destierro.
José en el destierro interpreta los sueños. Daniel, vaticina en la corte babilónica, los destinos de los imperios. Juan en Patmos y los Apóstoles, por las cárceles del imperio diseminados, dan testimonios magníficos de la Divinidad, escribiendo los Evangelios y las Epístolas, culminando en la gran pastoral del martirio. La última página divina que escribieron estos gloriosos judíos en las cuartillas inmaculadas de sus epidermis.
Israel, pues, por ese misterio de no haber recibido, al más grande de los suyos, Jesucristo, marcha imperiosamente por los caminos y por allí dejará rastros de un imperio diezmado. Su peregrinar y su destino, está cifrado en su vocación a Dios. Aún dentro de las persecuciones de los imperios, llámense, egipcios, asirios, romanos, alemanes o rusos, han dado al mundo la lección grandilocuente de subsistir, de dominarlo todo bajo la protección y el silencio, de labrar fortunas, de construir bancas celebérrimas, hacer que todo el mundo claudique con la derrota económica y política, para poner ellos a disposición de los gobiernos, las enormes sumas y los grandes gobernantes, que ellos preparan con la política y la propaganda dirigida.
Lo habéis dominado todo, judíos, en la lejanía del afecto y de las ideas. Hábiles y extremosos, habéis dominado las finanzas, y vuestro pueblo aún enmedio de la diáspora adversa y perseguidora, está hecho de expertos economistas, que hacen bajar a su antojo, la producción de los países exuberantes o poner crisis económicas en los gobiernos, que alardean de dominadores y protectores.
Los pueblos que os invadieron, os encontraron misérrimos y conspiradores, llenos de argucias legales, severos tradicionalistas apegados a la piel de las leyes y de las promesas. Nunca se pudieron explicar, cómo vosotros enriquecidos por las promesas de Dios, fuisteis tan envilecidos para las cosas de la materia. De los pergaminos hechos ciencia en las escuelas rabínicas, y de los doctores y fariseos, que aparentaban la más estricta observancia de los mensajes divinos, os vino esa casta del saber, para manejar según el pulso social de las Naciones, las más grandes rotativas de todas las prensas y todas las agencias de noticias del mundo.
Vieja casta de políticos, mediadores a costa de las cosas de Dios y el bien común, de la miseria humana y de la derrota mundial.
Por el resplandor avaro y macilento del becerro de oro, olvidasteis a Dios. Vuestro pueblo, es capaz de venderlo todo, la primogenitura por un plato de lentejas, los sueños de José, por unas monedas reñidas entre sus hermanos. Pagasteis la divinidad de Cristo, por un puñado de treinta monedas de oro. No os importa vender ni siquiera el alma, después de haber hecho, la compraventa más grande de la historia. La compraventa de Cristo. Desde entonces, nos explicamos todas las derrotas mundiales y todas las traiciones políticas aún a costa de vosotros mismos. Porque lo sabemos por la historia: Si os conviene masacrar a vuestros mismos hermanos de los ghettos, esos pobres judíos, que son la clase ínfima de vuestros sueños dominadores, los sacrificaréis, para levantar una cortina de compasión y escudaros tras ella, para maniobrar después más seguros.
Toda vuestra historia antigua, está basada en la Palabra. Esa Palabra Revelada, que al principio, en los días de pastoreo y del patriarcado fue Promesa; después en los días grandiosos del poder y de la astucia, fue Amenaza, y más tarde, después de la ceguera y de los odios egoístas, fue Castigo.
Podéis contar que subsistís, después que pasaron otros pueblos. Que diseminados por el mundo, sois más fuertes, que los imperios unidos. Cristo, parece que vaticinó vuestra filosofía de acción sobre el mundo: DIVIDE Y VENCERÁS. ..
Y divididos en todos los continentes y en todos los tiempos, habéis vencido. Porque desde hace muchos siglos, sois vosotros los vencedores. Unidos en vuestra tierra, no habéis hecho sino una cosa gigante: Crucificar a Cristo. Y esto fue para medrar vosotros, para construir vuestro reinado social en el mundo. Lo demás ha sido un canto de dolor pobre y una nostalgia por los días grandes que van a venir. . .
Cuando erais piadosos, visteis "en el cielo un solo Dios, en la humanidad un solo hombre y en la tierra un solo Templo".
Ahora que os falta esa piedad, veis en la tierra a un solo dios en un solo templo; el oro de la gran banca judía de Wall Street. Para vosotros, ya no existe el cielo, ni siquiera el hombre cómo símbolo de un destino superior y sobrenatural.
Las sombras augustas de los profetas, que lloraron sobre vuestras plazas y sobre vuestras ruinas, lloraron algo más que por vuestro tiempo y por vuestro crimen. Os habéis hecho daño, amigos. Os habéis oscurecido voluntariamente y a nosotros, auténticos amigos vuestros, nos duele vuestro crimen, y vuestra ceguera.
Presumís de que en vuestros hermanos del mundo, estén los mejores científicos, descubridores de la relatividad y de la energía nuclear. Os orgullecéis de vuestra raza, porque sois los mejores banqueros del mundo; porque vuestros artistas, son el ídolo de las multitudes, que vosotros habéis narcotizado, bajo un aluvión de propaganda; porque vuestros políticos y consejeros, se infiltran en todos los gobiernos. Todo eso es cierto. Pero os falta una cosa: Dios.
Con El, fuisteis maestros de la historia. Vuestro imperio desde entonces fue un imperio de devoción y de alabanzas. Nunca la humanidad fue tan grande, como cuando vuestros labios rezaron, llenos de vértigo y de cortesanía, después del paso del Mar Rojo, después de las lluvias matinales del Maná, después de las batallas de David, de las derrotas de los filisteos por Sansón o del triunfo de Josué cuando paraba el sol y caían las murallas de Jericó. . .
Ni Homero, ni Horacio, ni Milton, ni Lope de Vega, ni Sófocles, ni Shakespeare, fueron tan grandes, como Isaías o David, Jeremías o Salomón, San Juan con su Apocalipsis o San Pablo con sus lirismos y sus pasiones literarias, cristológicas. Vuestra poesía, entonces llegó como la de ningún pueblo, al paraíso de lo sublime.
Vuestras mujeres, tomaron en el auspicio de la sagrada promesa, la categoría de sagradas, cuando en Grecia o en Roma, eran postres refinados y ornamentales, después de los grandes banquetes dionisíacos.
¿No os vamos a mirar con devoción de hermanos? Se lo podéis decir a vuestros detractores y perseguidores. La humanidad desde hace todos los siglos, se ha agitado en torno a un solo hombre. Y ese hombre que es vuestra gloria y la nuestra, no es español, ni norteamericano, ni inglés, ni francés. Ese Hombre, que es Cristo, Dios-Hombre, es solamente Judío, no nacionalizado por nadie, sino soñado por miles de vírgenes romanas, adorado por miles de guerreros europeos, venerado en todos los continentes, llamado en todas las lenguas y bendecido en las sonrisas tibias de millones de infantes cristianizados. Desde las cunas, y las tumbas funerarias, desde los sueños amorosos de las novias desposadas, desde las cárceles y desde los paredones de los ajusticiados, es llamado DIOS y es adorado COMO EL JUDIO SUBLIME, que resume toda la grandeza de David, toda la sabiduría de Salomón y toda la fe y sumisión de Abraham.
Este Hijo del Hombre, judío, por nacimiento, es la flor y la espuma de la Humanidad. Os podéis enorgullecer de El. Porque todos en el fondo, deseamos imitarle en todas las partes del mundo.
Un día, este Judío crucificado, os llamará desde la Cruz, desde esa geografía del Calvario, donde le habéis dejado para escándalo de vosotros mismos. Os llamará, con esa voz con que llamó a lo mejor de vosotros mismos. . . A Pedro, tras el canto del gallo, a Mateo tras las alcabalas del fisco, a San Pablo tras la persecución y la ira.
Oiréis su voz, aunque no queráis, porque tenéis un destino con Cristo y de El no os escapáis.
No quisisteis oir su voz, ni reconocer su Misión. Sin embargo, vuestra historia es la repetición de su vida...
Nacisteis en el destierro. . . Habéis tenido una vida oculta en la pobreza de vuestros gobernantes. Habéis sido desterrados, por Egipto y por el mundo... Como el Cristo real de vuestra historia y el Cristo Místico del Cristianismo, perseguido en todos los continentes.
Habéis sido crucificados en todas las prisiones de Europa. Y un día reinaréis no sólo bajo esa conspiración judía, que prepara la hora del Anticristo, sino también reinaréis, cuando llegue la hora del Padre, la hora que la mujer ornamento de los cielos y espiga de la tierra, la Virgen María, vaticinó al cantar los misterios magníficos de su Fidelidad y su misericordia.
Entonces, sonará la hora, de vuestra conversión. Y los veinte millones de judíos, que tendrán todas las nacionalidades por el mundo, caminarán desde la tierra lejana, hasta Jerusalén llorando las lágrimas, que no habéis derramado durante muchos siglos y cantando las promesas de vuestros profetas. Los salmos de David, reflorecidos entonces en vuestros labios, tendrán la fragancia del sándalo, que perfuma el hacha de quien lo corta.

II
Entre las profecías oficiales para Israel, Isaías nos pinta en el cuadro del reino, la gran vuelta de los judíos como pueblo reincorporado.
"Y en aquel día, extenderá el Señor nuevamente su mano, para atraer los restos de su pueblo, que quedaren entre los Asirios, y en el Egipto y en Fetros y en Etiopía y en Sennar y en Emath y en las islas del mar.
Y enarbolará un estandarte entre las Naciones y reunirá los fugitivos ele Israel, y recogerá los dispersos de Judá de los cuatro puntos de la tierra.
Y será quitado el cisma de Efraín y serán destruidos los enemigos de Judá. Efraín no tendrá envidia de Judá y Judá no hará la guerra a Efraín". (Is. XI, 10-13).
El paso de la Diáspora a la reunión conglomerada, como nación y como pueblo, empezará bajo el reinado de Cristo en el mundo.
Los cismas y los enemigos desaparecerán, después de la congregación hermanal en Cristo. La vuelta ha de ser lenta pero con cierta alegría por la esclavitud de aquellos, que eran los vencedores. Dios se acuerda de los judíos por los méritos de sus hijos ilustres de antaño:
"Próximo está a llegar, este su tiempo y sus días no serán tan remotos, porque al fin, el Señor tendrá compasión de Jacob y todavía escogerá algunos de Israel y hará que reposen en su nativo suelo. Se juntarán con estos el extranjero, y se incorporará a la casa de Jacob.
Y los pueblos, los hospedarán y los acompañarán a su país; y la casa de Israel los poseerá en la tierra del Señor, para siervos y siervas y quedarán cautivos los que habían1 cautivado y subditos sus opresores". (Is. XIV, 1-2).
A Isaías le sigue obsesionando la vuelta de sus hermanos al reino.
Parece que esto empezará notablemente después de la gran Purgación:
'Y en aquel día, el Señor hará sentir su azote desdei la cuenca del río Eufrates, hasta el torrente de Egipto y vosotros ¡Oh! hijos de Israel, SERÉIS CONGREGADOS UNO A UNO.
Y en aquel día resonará una gran trompeta; y vendrán a la Iglesia los que estaban desterrados en la tierra de los Asirios y los que habían sido arrojados a la tierra, de Egipto y adorarán al Señor en el Monte Santo de Jerusalén" (Is. XXVII, 12).
La dimensión del castigo, parece grande, la vuelta de los expatriados, es desde los grandes confines. La alegría bajo las trompetas anuncia un triunfo y conversiones numerosas.
La confianza se impone porque los caminos de Dios han de ser misteriosamente eficaces, para traer al remoto y al perdido desde los quicios del mundo:
"No temas, pues, porque Yo estoy contigo; desde el Oriente conduciré a tus hijos ¡Oh! Jerusalén y desde el Occidente, los congregaré.
Dámelos, diré al Septentrión y al Mediodía. No los retengas: traedme a mis hijos de esos remotos climas, y a mis hijas del cabo del mundo". (Is. XLII, 5, 6).
Isaías prevee remotamente, una cruzada, que traerá por resultado la reunión bajo la patria de Jerusalén, de sus hijos dispersos.
Estos reyes venidos de lejos para la gloria de Dios, tiene el sentido de servicio y de la humildad de Cristo.
Parece vislumbrar el Profeta, que la vuelta hacia Jerusalén de las naciones cristianas para glorificarla como ciudad de Dios, no está muy lejos. Las profecías sobre el Gran Monarca, que partirá hacia la conquista de Jerusalén, parece que tiene resonancias en Isaías:
"Sábete que Yo, extenderé mi mano hacia las Naciones y enarbolaré entre los pueblos, mi estandarte. Y a tus hijos, te los traerán en brazos y en hombros, llevarán a tus hijas.
Y los reyes serán los que te alimenten, y las reinas tus amas de leche. Rostro por tierra te adorarán y besarán el polvo de tus pies y entonces conocerás que Yo Soy el Señor y que no quedarán confundidos los que esperan en Mí". (Is. XLIX, 22...).
El triunfo de Dios sobre Israel será, tan cristiano, que el pueblo de dura cerviz se hará suave como la leche cuajada y llamará a los pueblos, y los pueblos al oír la voz de su conversión, correrán a glorificar bajo sus piedras, la Gloria de Dios:
"He aquí que entonces ¡ Oh! Jerusalén, llamarás al pueblo gentil, que tú no reconocías; y las Naciones que no te conocían correrán a ti por el amor del Señor Dios tuyo, el Santo de Israel que te habrá llenado de gloria". (Is. LV, 5).
Jeremías, vaticina las mismas promesas de la unidad en Cristo, y el glorioso retorno de todos los judíos diseminados por los cabos del mundo.
"Sabed, dice el Señor, que Yo los conduciré a todos de las tierras del Norte y los recogeré de los extremos de la tierra; entre ellos vendrán juntamente el ciego y el cojo, la preñada y la parida; grande será la muchedumbre de los que volverán acá.
Vendrán llorando de gozo y Yo compadecido de ellos, los conduciré a la vuelta, por medio de arroyos de frescas aguas, vía recta y sin ningún tropiezo; porque Padre soy Yo de Israel y Efraín es mi primogénito". (Jer. XXXI, 8-9).
La restauración de los judíos, es tan repetida en las visiones de los profetas, que las numerosas repeticiones que Dios les inspira, hace que la esperanza y la luz vayan juntas a la hora de la dura cerviz y la soberbia ciega. Jeremías no cesa de cantarla:
"Sabed, que Yo, después los reuniré de todas las regiones por donde los habré desparramado en la efusión de mi cólera y de mi grande indignación y los restituiré a este lugar donde los haré morar tranquilamente. Y ellos serán mi pueblo y Yo seré su Dios. Y les daré un mismo corazón y un solo culto; para que me teman todo los días de su vida y sean felices ellos y después de ellos sus hijos. Y sentaré con ellos una eterna alianza, ni cesaré jamas de hacerles bien e infundiré mi temor en su corazón para que no se aparten de Mí. Y mi gozo será el hacerles beneficios y los estableceré en esta tierra deveras, con todo mi corazón y con toda mi alma. Porque esto dice el Señor:
Así como he descargado, sobre este pueblo, todos estos grandes males, del mismo modo, los colmaré a ellos de todos los bienes que les prometo. (Jer. XXXII, 37-42).
De esta forma el pueblo elegido después de probar la vara de hierro del destierro y la ignominia de los pueblos, Dios acordándose de sus promesas y de la fe gloriosa de los hijos de Israel de otros días, volverá a tomar como una madre a su hijo, entre sus brazos según la célebre profecía de la Virgen Santísima en el "Magnificat".
El Magnificat, es el primer canto de acción de gracias sobre los siglos en alabanza a aquella hora, cuando los soberbios y los ciegos de Israel, se vuelvan como corderos y niños a los brazos de Dios.
Las caricias llenas de prodigios sobre este pueblo, han de ser tales, que los hombres peregrinarán a Israel para ver la fe de los convertidos. El hijo pródigo por antonomasia, de Dios, es el pueblo de Israel. A la hora de la vuelta, los ángeles desde el cielo y los justos desde la tierra, cantarán las grandes maravillas del pueblo de las promesas. Las grandes figuras patriarcales, las sombras de los grandes caudillos y de los solemnes jueces, las tribus sacerdotales y las grandes vocaciones a los claustros, florecerán en esta tierra compitiendo con los mejores días del reino y con todos los pueblos.
Este pueblo judío, que resume la persecución histórica de muchos pueblos, errante y perseguido, no ha dejado de subsistir. Otros pueblos con sus costumbres han sido absorbidos por las culturas y los modos de las naciones. Los judíos han sido fieles a su promesa y a su culto. No han sido extinguidos aún después de las purgas numerosas de la Gestapo, y de las grandes fosas de Rusia. Dispersados, sí; pero no destruidos. Ellos cumplirán aquella misteriosa promesa de Cristo: "Y TU, CAMINARAS ERRANTE, HASTA QUE YO VUELVA".
Y cuando El vuelva, volverán también todos los judíos con la gloria de la redención entre sus ojos.

III
La profecía de Daniel, en que se asegura la presencia belicosa de San Miguel Arcángel, parece cumplirse en el tiempo, con la de San Metodio.
Las profecías oficiosas de signo particular, que algunos santos han dejado en vida o en sus escritos, nos ofrecen las mismas notas, más concretas y definidas sobre la conversión de los judíos.
Primeramente nos indica la célebre profecía de San Metodio, la invasión y la conquista de Israel por el gran Monarca:
"Contra los moradores de la tierra prometida, bajará luego, con la espada, un hijo del rey, y llenos de espanto, vendrán a ser con sus mujeres y con sus hijos, muertos o presos. El rey de los romanos les impondrá un yugo siete veces más pesado, que el que ellos hubieren impuesto a los otros, y serán obligados a servir a aquellos de quienes querían ser servidos.
Después de una semana de tiempos, siete años, de haberse tomado la ciudad de Joppe, el Señor enviará contra ellos a Uno de los príncipes de la celestial milicia, y serán por él heridos. Después de este suceso, bajará a Jerusalén el rey de los romanos y permanecerá ahí una semana y media de tiempos, esto es, diez años y medio. Cumplidos estos aparecerá el hijo de perdición, el Anticristo".
La profecía del Venerable Bernardino de Bustis, encaja en el mismo suceso, en los tiempos del gran Monarca. Este Monarca que será coronado en Roma, por el Papa, con la corona de espinas en honor a Cristo, es también el que conquistará Jerusalén:
"Este rey, recuperará la Tierra Santa y por fin le pondrá la corona de su Imperio, sobre el sepulcro del Señor".
El suceso de la muerte del gran Monarca, en Jerusalén, hace suponer que por cierto tiempo, ha de tener ahí su sede. Entonces, es cuando el esplendor de Jerusalén ha de ser luz de muchas Naciones. San Metodio nos dice también la misma predicción de la muerte del rey, sobre el Calvario:
"Manifestado que se haya el hijo de perdición, el Rey de los Romanos, subirá al Gólgota, en donde fue levantado el árbol de la Cruz, en el cual murió por nosotros el Salvador Jesús. Se quitará la corona de la cabeza y la depondrá sobre la cruz, extendiendo sus manos al cielo, y consignará el Reino de los Cristianos a Dios Padre. La corona del reino de los romanos, será transportada enseguida, junto con la Cruz, al Cielo, porque en ella estuvo pendiente, Nuestro Señor Jesucristo, por la salud de todos. Esta será la Cruz que aparecerá delante de El, en su venida, para la confusión de los infieles. Elevadas al cielo, la Cruz y la corona, morirá luego, dicho Rey".
Esta conquista de Israel y del Oriente, parece que va a ser una cruzada con todo el entusiasmo apostólico de reconquistar todo para Cristo. Santa Brígida la gran princesa sueca, nos lo profetiza:
"Este gran Monarca vencerá maravillosamente con el signo de la Cruz y será el que ha de destruir la secta de Mahoma y restituirá el templo de Santa Sofía".
Más claramente nos lo anuncia el Beato Nicolás Factor.
La cruzada está definida en la gran intervención del Pontífice y del gran Monarca. Dice así:
"Este nuevo Pontífice volverá a la Iglesia a su antiguo esplendor y reducirá a los herejes y en reduciéndolos se juntará con el Rey, en quien estará la gracia de Dios, y los dos, tomarán todos los tesoros de la Iglesia y hechos moneda levantarán gente del cristianismo y con poderoso ejército marchará hacia la conquista de Jerusalén".
La conversión parcial empezará por aquellos días. Santa Ildegarda nos lo profetiza:
"Los judíos se unirán también a los cristianos, reconociendo con alegría, la venida de aquél que habían negado hasta entonces.
Los judíos y los herejes, no pondrán límites a sus transportes, exclamando al fin: Ha llegado la hora de nuestra justificación; las ligaduras del error, han caído de nuestros pies; hemos arrojado lejos la carga tan pesada y tan larga de la prevaricación. La muchedumbre de fieles aumentará notablemente con el gran número de paganos atraídos por tanto esplendor y abundancia. Dirigiéndose a los judíos y a los herejes todavía endurecidos, les dirán: "Lo que vosotros llamáis vuestra gloria, vendrá a ser vuestra muerte eterna. Y aquél a quien honráis como vuestro jefe, perecerá delante de vosotros, en medio del más espantoso horror y el más peligroso para vosotros. En ese día, os rendiréis a nuestro llamamiento bajo los rayos de María, Estrella del Mar".
Ana María Taigi, nos había profetizado también la conversión del pueblo de Israel, después de la gran purgación :
"Naciones enteras volverán a la unidad de la iglesia y JUDÍOS, mahometanos y paganos, se convertirán a la fe de Cristo".
Santa Ildegarda, está viendo proféticamente, que la plenitud de los que han de llamarse hijos de Dios se ha de completar, al fin de los días. La increpación de unos mismos judíos contra otros para que se conviertan, nos aclara que no todos se convertirán en estos días de paz, sino sólo algunos:
"La cabeza no debe estar sin cuerpo y sin miembros. La cabeza de la Iglesia, es el hijo de Dios. El cuerpo y los miembros son la Iglesia, al último grado de plenitud. Ella lo conseguirá cuando el número de los escogidos sea completo, lo que tendrá lugar en los últimos días.
Después de la triste derrota del Hijo de Perdición, la Esposa de Mi Hijo, que es la Iglesia, brillará con una gloria sin igual, y las víctimas del error, se apresurarán a volver al reino".
En la Abadía de Benedictinos de Disentís, se encuentra la Gran Profecía venerable sobre Helvecig, dentro del reinado de Cristo. Al final encontramos la misma idea de cruzada y de conversión sobre el pueblo judío:
"En aquel tiempo será destruido el Imperio Romano, una nación se apoderará de Jerusalén y se enarbolará allí el estandarte de la Cruz; se propagará la religión católica en todas las naciones de Asia".
De los célebres vaticinios del Padre Souffraud, entresacamos aquellos sobre Israel:
"Después de la crisis, se celebrará un concilio general. En seguida no habrá ya sino un solo rebaño y un solo pastor, porque todos los infieles y herejes, MAS NO LOS JUDÍOS, CUYA MASA NO SE CONVERTIRÁ HASTA DESPUÉS DE LA MUERTE DE LA BESTIA, entrarán en la Iglesia latina, y conservarán este triunfo hasta la persecución del Anticristo".

IV
La teología de la obcecación judía, es algo más que misteriosa. San Pablo, en la Epístola a los Romanos, nos descubre la envoltura de la predestinación de los pueblos:
"Más esto supuesto, pregunto, ¿los judíos están caídos para no levantarse jamás? ¡No!, por cierto. Pero su caída ha venido a ser una ocasión para los gentiles a fin de que el ejemplo de los gentiles les excite la emulación para imitar su fe" (XI, 8).
Este pueblo elegido, ha sido el culpable de la muerte de Cristo, Por su obcecación y por su sacrilego crimen, ha cerrado sus ojos a la verdad. Esto es cierto, con todo el rigor histórico y teológico. Pero este pueblo, ha servido a la humanidad. Toda su tragedia ha sido un testimonio del cumplimiento de las profecías de ayer y de hoy. Sin quererlo, los judíos caminando, odiados, por todo el mundo, han dado testimonio ciegamente de El.
El maná de su fe y de su tradición, llena de promesas, ha pasado a toda la humanidad. Su mesa ha quedado pobre. Su bocado de Dios ha pasado a otras mesas y a otras bocas gentílicas. Su pobreza ha enriquecido a otros cuerpos. ¿No es esto, un servicio misterioso? ¿No nos ha servido a nosotros, los hijos de los gentiles, para nuestra gloria? ¿No nos hicieron un servicio, con su crimen y su soberbia?
Dios en sus juicios soberanos y trinitarios, tendrá que cosechar méritos entre los justos de las iglesias, que no son de Israel, para que en el orden equitativo, paguemos el precio de nuestra fe a aquellos, que son de Cristo, nuestros patriarcas y nuestros antecesores.
Ellos, a cuenta de muchas tragedias y destierros trajeron sobre el mundo el advenimiento de Cristo. Nosotros con nuestras tragedias y nuestros destierros de unos y de otros, tendremos que llevárselo a ellos. La gloria, pues no la tiene nadie. Nosotros no la tenemos pues en los judíos hemos sido incorporados a Cristo. El mérito de ellos, se obscureció con la muerte de Cristo en el Calvario. Nadie se gloríe, pues, sino en Cristo.
"Si su delito ha venido a ser la riqueza del mundo y el menoscabo de ellos la riqueza de las Naciones, cuánto más lo será su PLENITUD O FUTURA RESTAURACIÓN. (XIII, 12).
El misterio se profundiza para la pobre mente humana. La pobreza que tienen de Dios, enriqueció a las Naciones, pero la conversión de Israel, será la salvación de todos los pueblos. ¿Cómo será esto?
Yo me imagino que todas las promesas hechas por Dios a los Patriarcas, y todas las promesas y bendiciones de los Patriarcas, sobre sus descendientes, han estado germinando en la tierra oscura, bajo ese bautismo y ese crisma de los destierros y de los crímenes, hasta el de Cristo, bajo las lluvias de las persecuciones y de los oprobios, germinando en el surco de Dios, siglo a siglo, para reunirlas todas en la cosecha triunfal a la hora de la recolección final. La plenitud de aquellas bendiciones ha venido a dar toda la pompa y la gloria prometida.
''Porque los dones y la vocación son inmutables" dice San Pablo. Los elegidos son elegidos para siempre. No interesa cómo empiezan los hombres, ni siquiera cómo continúan su camino, sino cómo acaban siendo. Y los elegidos, como las primicias de la humanidad, ya puedan descarriarse; acabarán predestinados ante los llamados y ante los adictos.
El mérito no es de los hombres, sino la gloria está en la promesa misteriosa de Dios a sus santos precristianos.
"Porque si las primicias de los judíos son santas, esto es, los patriarcas, lo es también la masa o el cuerpo de la nación, y si es santa la raíz, también las ramas son santas". (Ir. II, 16).
San Pablo nos presenta una profundidad teológica en este versículo. Llama a la masa de la nación santa, esa masa que en definitiva marcha marcada con la recriminación y con el estigma. No sólo son santos los Patriarcas sino también los hijos todos, de esos patriarcas. ¿Si son santas, cómo ajusticiaron a Cristo? No sabían lo que hacían, dirían recordando las palabras de Cristo en la Cruz. ¿Y aún siguen siendo Santos?
Los que se levantan, es que han caído con Cristo. Nadie puede llegar hacia el camino, si el camino no estaba antes en él. Da miedo pensar, que para ajusticiar al Santo, tuvo que hacerlo un pueblo Santo y no un pueblo bárbaro.
¿Hay, en esta idea, también, una predestinación? Debe ser muy terriblemente dulce, dejarse matar por la mano amiga predestinada. Y más misteriosamente dulce, caer con Cristo y a causa de Cristo. Yo he llegado a pensar, que sólo los que caen con Cristo saben levantarse, porque, en cierta forma, esa caída estaba condicionada para un nuevo acercamiento y un nuevo ingerto más fructífero y sazonado.
La poda a la que hace alusión Cristo, en la parábola de los Sarmientos, tiene una aplicación a Israel, remota, pero luminosa. Este pueblo que tenía toda la savia de la tradición, de la Promesa y de la Encarnación, necesitaba una inmensa poda de siglos para resurgirlo lozano y luminoso ante las glorias de los huertos futuros. ¿Hasta cuándo durará esta poda de Israel?
"Hasta que la plenitud de los gentiles haya entrado en la Iglesia. ENTONCES SE SALVARA TODO ISRAEL, según está escrito: Saldrá de Sión el Salvador que desterrará de Jacob la impiedad". "Entonces tendrá efecto la alianza, que he hecho después de haber borrado Yo sus pecados". (II, 25, 27).
Por estas palabras proféticas de San Pablo, los comentaristas concluyen, la conversión de Israel, después de los demás pueblos. Esta conversión parece que ocurrirá plenamente después de la muerte del Anticristo, según la profecía de Daniel:
"Y en aquel tiempo, se levantará Miguel, príncipe grande, que es el defensor de los hijos de tu pueblo; porque vendrá un tiempo tal, cual nunca se ha visto, desde que comenzaron a existir las naciones hasta aquel día. Y, en aquel tiempo, TU PUEBLO SERA SALVO, lo será todo aquél que se hallare escrito en el libro". (Daniel XII, 1).
El tiempo en que pone Daniel, esta aparición de San Miguel, dando la batalla al dragón, es el último, en la aparición del Anticristo.
Daniel habla del cumplimiento de estos portentos, precisamente cuando le revelan en aquellos días de "Un tiempo y dos tiempos y en la mitad de un tiempo" es decir, los tres años y medio, que San Juan profetiza para el reinado del Anticristo. Por lo tanto, será después de la muerte del Anticristo.
¿SE CONVERTIRÁ TODO ISRAEL? San Pablo hablando de todo el cuerpo o masa del pueblo, la llama santa, por sus raíces, por sus ramas, por su cuerpo o masa. La teología de San Pablo, pues, estriba en la salvación de todo el pueblo: "ENTONCES SE SALVARA TODO ISRAEL".
Muchos han creído, que la totalidad ha de entenderse físicamente. Pero la profecía, comparada con la de Daniel, nos dice que la totalidad ha de ser "MORAL", es decir la mayoría del pueblo de Israel.
"Y EN AQUEL TIEMPO TU PUEBLO SERA SALVADO. LO SERA TODO AQUEL QUE SE HALLARE EN EL LIBRO DE LA VIDA".
Por lo tanto, la luz llegará copiosa para todos, pero el libre albedrío tendrá misteriosamente sus fronteras y sus elecciones, aún para el mal.
Para entonces el canto profético de Jeremías tendrá realización perfecta:
"He aquí que Yo cerraré sus llagas y les volveré la salud y remediaré sus males y les haré gozar de la paz y de la verdad de mis promesas, conforme ellos han pedido.
Y haré que vuelvan los cautivos de Jerusalén y los restituiré a su primitivo estado.
Y los purificaré de todas las iniquidades con que pecaron contra Mí y les perdonaré todos los pecados con que me ofendieron y me despreciaron. Lo cual hará que todas las Naciones de la tierra a cuya noticia lleguen todos los beneficios que les habré hecho, celebrarán, con gozo, mi Santo Nombre y me alabarán con voces de júbilo, y quedarán llenas de asombro y de un saludable temor, a vista de tantos bienes y de la suma paz que Yo les Concederé". (Jeremías XXXIII, 6, 9).
Con esta perspectiva de la reconciliación, la Iglesia, después de la muerte del Anticristo, llenará las trojes y las cosechas, sazonadas en plenitud, de todos los hijos destinados al cielo. Después el mundo, se recogerá como un pergamino y los cielos darán paso al Dios de las Justicias.

Ricardo Rasines Uriarte
1960... Y EL FIN DEL MUNDO
1959