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domingo, 12 de agosto de 2012

Sobre los ejercicios

TEXTOS PONTIFICOS 

A) Necesidad de los ejercicios en una época 
de frivolidad e irreflexión 

a) El PAPA DESEA QUE SE DIFUNDA ENTRE CLERO Y FIELES LA PRACTICA DE LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES
«Siguiendo, pues, las huellas de estos Pontífices, hemos juzgado oportuno hacer también Nos algo, aconsejando una cierta practica excelente, de la cual esperamos que el pueblo cristiano sacará muchísimo y extraordinario provecho. Nos referimos al uso de los ejercicios espirituales, que deseamos ardientemente se promueva y difunda más y más cada día, no sólo en ambos cleros, sino también entre las agrupaciones de seglares católicos, y que nos complacemos en dejar a nuestros amados hijos como recuerdo de nuestro año jubilar» (Pio XI, Mens Nostra, n.4: Col. Enc. p. 797). 

b) PORQUE CONSTITUYEN UN ESPECIAL MEDIO PARA ALCANZAR LA SALVACIÓN ETERNA 
«Lo cual hacemos con tanto mayor gusto al expirar el quincuagésimo aniversario de nuestra primera misa, cuanto que nada nos puede ser más grato que recordar las celestiales gracias e inefables consolaciones que muchas veces hemos experimentado al hacer los ejercicios espirituales; con cuya practica asidua hemos marcado, como con otros tantos jalones, las distintas etapas de nuestra vida sacerdotal, y hemos sacado luz, y alientos para conocer y cumplir el divino beneplácito. Nada nos es más grato, finalmente, que recordar cuánto en todo el transcurso de nuestro ministerio sacerdotal trabajamos por instruir a los prójimos en las cosas del cielo por medio de los mismos ejercicios, con tanto fruto y tan increíble provecho de las almas, que con razón juzgamos que los ejercicios espirituales son y constituyen un especial medio para alcanzar la eterna salvación» (ibid.). 

c) VIVIMOS UNA EPOCA DE GRANDES MALES POR LA LIGEREZA E IRREFLEXION DE LOS HOMBRES
«Y, en verdad, venerables hermanos, que, si se consideran, siquiera sea de paso, los tiempos en que vivimos, se verá por más de una razón la importancia, utilidad y oportunidad de los santos retiros. La más grave enfermedad que aflige nuestra época, y fuente fecunda de los males que toda persona sensata lamenta, es la ligereza e irreflexión, que lleva extraviados a los hombres. De aquí la disipación continua y vehemente en las cosas exteriores: de aquí la insaciable codicia de riquezas y placeres, que poco a poco debilita y extingue en las almas el deseo de bienes más elevados, y de tal manera las enreda en las cosas exteriores y transitorias que no las deja levantarse a la consideración de las verdades eternas, ni de las leyes divinas, ni aun del mismo Dios, único principio y fin de lodo el universo creado; el cual, no obstante, por su infinita bondad y misericordia, en nuestros mismos días y a pesar de la corrupción de costumbres, que todo lo invade, no deja de atraer a los hombres hacia sí con abundantísimas gracias» (ibid., 5 : Col. Enc.„ p.797). 
d) LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES SON UN ALIVIO PARA ESTA ENFERMEDAD
«Pues para curar esta enfermedad, que tan reciamente aflige hoy a los hombres, ¿qué remedio y qué alivio mejor podríamos proponer que invitar al piadoso retiro de los ejercicios espirituales a estas almas débiles y descuidadas de las cosas eternas? Y, ciertamente, aunque los ejercicios espirituales no fuesen más que un corto retiro de algunos días, durante los cuales el hombre, apartado del trato ordinario de los demás y de la barnhuuda de inquietudes, halla oportunidad, no para emplear este tiempo en una quietud ociosa, sino para meditar en los gravísimos problemas que siempre han preocupado profundamente al género humano, los problemas de su origen y de su fin, de dónde viene el hombre y adónde va; aunque sólo esto fuesen los ejercicios espirituales, nadie dejaría de ver que de ellos pueden sacarse no pequeños provechos» (ibid.). 

e) SON NECESARIOS LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES PARA INSTALAR EN LAS ALMAS LA VERDADERA PIEDAD 
«Orientad, pues, vuestra actividad de modo particular para que muchísimos fieles, no sólo del clero, sino también seglares, y especialmente los pertenecientes a las sociedades religiosas y a las ramas de la Acción Católica, tomen parte en los retiros mensuales y en los ejercicios espirituales realizados en determinados días para fomentar la piedad. Como hemos dicho anteriormente, estos ejercicios espirituales son útilísimos e incluso necesarios para instalar en las almas la verdadera piedad y para ayudarlas en la santidad, de modo que puedan obtener de la sagrada liturgia beneficios más eficaces y abundantes» (PÍO XII, Mediator Dei. 39 de noviembre de 1047).

B) Fuerza admirable de los ejercicios espirituales

a) PERO SIRVEN PARA MUCHO MAS, PORQUE CON ELLOS EL ALMA SE ELEVA A SU NATIVA NOBLEZA Y EXCELENCIA
«Pero todavía sirven para mucho más. Porque al obligar al hombre al trabajo interior de examinar más atentamente sus pensamientos, palabras y acciones, considerándolo todo con mayor diligencia y penetración, es admirable cuánto ayudan a las humanas facultades; de suerte que, en esta insigne palestra del espíritu, el entendimiento se acostumbra a pensar con madurez y ponderar justamente las cosas; la voluntad se fortalece por extremo; las pasiones se sujetan al dominio de la razón; la actividad toda del hombre, unida a la reflexión, se ajusta a una norma y regla fija, y el alma, finalmente, se eleva a su nativa nobleza y excelencia, según lo declara con una hermosa comparación el papa San Gregorio en su libro Pastoral: «La mente humana, a la manera del agua, si va encerrada, sube hacia lo alto, volviendo a la misma altura de donde baja; pero, si se la deja libre, se pierde, porque se derrama inútilmente en lo más bajo» (Pío XI, Mens nostra, 6 : Col. Enc., p. 798). 

b) DE AHI QUE LOS EJERCICIOS TIENE UN MARAVILLOSO PODER PARA FORMAR AL HOMBRE SOBRENATURAL Y CRISTIANO, APARTANDOLA A LA SOLEDAD CON CRISTO
«De aqui se sigue claramente que los ejercicios espirituales tienen un maravilloso poder, así para perfeccionar las facultades naturales del individuo como principalmente para formar al hombre sobrenatural o cristiano. Ciertamente, en estos tiempos, en que el genuino sentimiento de Cristo, el espíritu sobrenatural, esencia de nuestra santa religión, vive cercado de tantos estorbos e impedimentos, mientras por todas partes campea y domina el naturalismo, que debilita la firmeza de la fe y extingue las llamas de la caridad cristiana, importa sobre toda ponderación que el hombre se sustraiga a esa fascinación de la vanidad que oscurece el bien; y se esconda en aquella bienaventurada soledad, donde, alumbrado por celestial magisterio, aprenda a conocer el verdadero valor y precio de la vida humana, para ponerla al servicio de solo Dios; tenga horror a la fealdad del pecado; conciba el santo temor de Dios; vea claramente, como si se le rasgase un velo, la vanidad de las cosas terrenas, y, excitado por los avisos y ejemplos de Aquel que es el camino, la verdad y la vida, se despoje del hombre viejo, se niegue a sí mismo, se revista de Cristo y se esfuerce por llegar a ser varón perfecto, por conseguir la completa medida de la edad perfecta según Cristo, como dice San Pablo, y hasta procure con todas sus energías poder el también repetir con el mismo Apóstol (Gal. 2,20) : Yo vivo, o más bien, no soy yo el que vivo, sino que Cristo vive en mí> (ibid. : Col. Enc., p. 7oo). 

c) CONTENIDO EN SI UNA FUERZA ADMIRABLE PARA PACIFICAR A LOS HOMBRES Y ELEVARLOS A LA SANTIDAD DE LA VIDA
«Cosas son éstas, venerables hermanos, verdaderamente singulares y excelentísimas, que exceden con mucho a la naturaleza y en cuya feliz consecución se hallan, y solamente en ella, el descanso, la felicidad, la verdadera paz, que con tanta sed apetece el alma humana, y que la sociedad actual, arrebatada por la fiebre de placeres, busca inútilmente en los bienes inciertos y caducos, en el tumulto y agitación de la vida. En cambio, vemos muy bien por experiencia que en los ejercicios espirituales hay una fuerza admirable para pacificar a los hombres y elevarlos a la santidad de la vida; lo cual también se prueba por la larga práctica de los siglos pasados, y quizá más claramente por la de nuestros días, en que una multitud casi innumerable de almas, que se han ejercitado bien en el sagrado retiro de los ejercicios, salen de ellos arraigadas en Cristo y edificadas sobre El como sobre fundamento, llenas de luz, rebosando de gozo e inundadas de aquella paz que supera a todo sentido» (ibid. : Col. Enc., p.8oo). 

d) DE LA PLENITUD DE VIDA CRISTIANA BROTA EL ANSIA DE GANAR ALMAS PARA CRISTO, QUE LLEVAMOS ESPIRITU APOSTOLICO
«Pero de esta plenitud de vida cristiana que a todas luces producen los ejercicios espirituales, además de la paz interior, brota como espontáneamente otro fruto muy exquisito, que redunda egregiamente en no escaso provecho social, y es el ansia de ganar almas para Cristo, que llamamos espíritu apostólico. Porque natural efecto de la caridad es que el alma justa, donde Dios mora por la gracia, se encienda maravillosamente en deseos de comunicar a otras almas el conocimiento y el amor del Bien infinito, que ella misma ha alcanzado y posee» (ibid., 7 : Col. Enc., p.8oo).

C) Método empleado por Jesucristo 
y por la tradición de la Iglesia

a) El PROCEDIMIENTO DEL RETIRO Y EL APARTAMIENTO FUE EL MÉTODO EMPLEADO POR JESUCRISTO
«Por lo demás, éste fue el procedimiento y método que Nuestro Señor empleó muchas veces para formar a los pregoneros del Evangelio. Porque el mismo divino Maestro, no satisfecho con permanecer durante largos años en su retiro de Nazaret, antes de brillar a plena luz delante de las gentes y de instruirlas con su palabra para las cosas del cielo, quiso pasar cuarenta días enteros en la soledad del desierto» (ibid., 8 : Col. Enc., p.801). 

b) QUE ACOSTUMBRABA A INVITAR A LOS APOSTOLES AL AMABLE SILENCIO DEL RETIRO
«Y más aún, en medio de tas fatigas de la predicación evangélica, acostumbraba asimismo invitar a los apóstoles al amable silencio del retiro: Venid aparte a un lugar desierto y reposad un poco (Mc. VI, 31); y, habiendo dejado por el cielo este valle de miserias, quiso que sus apóstoles y discípulos recibieran su última formación y perfección en el cenáculo de Jerusalén, donde, por espacio de diez días perseverando unánimes en la oración, se hicieron dignos de recibir al Espíritu Santo. Memorable retiro, a la verdad, que bosquejó el primero los ejercicios espirituales, del que la Iglesia salió dotada de perenne vigor y pujanza, y en que, bajo el poderosísimo patrocinio y la asistencia de la Virgen María, Madre de Dios, se formaron no sólo los primeros apóstoles, sino también aquellos que justamente podríamos llamar precursores de la Acción Católica» (ibid.). 

c) DESDE EL GRAN RETIRO DE PENTECOSTES SE HIZO FAMILIAR ENTRE LOS PRIMEROS CRISTIANOS LA PRACTICA DE LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES.
«Desde aquel día, la práctica de los ejercicios espirituales, sí no con el nombre y método que hoy se usa, por lo menos en cuanto a la cosa misma, se hizo familiar entre los primeros cristianos, como enseña San Francisco de Sales, y de ello hay indicios manifiestos en las obras de los Santos Padres. Así, San Jerónimo exhortaba a la noble matrona Celandia : «Elígete un lugar conveniente y apartado del tráfago familiar, en el cual le refugies como en un puerto. Dedica allí tanto estudio a la lección divina, alternándolo con la frecuente oración y la consideración asidua de las cosas futuras, que con ese retiro compenses todas las ocupaciones del resto del tiempo. No decimos esto para apartarle de los tuyos, sino que te aconsejamos asi para que en ese retiro aprendas y medites cómo debes portarte con ellos» (cf. Epist. 148 ad Celand.. 24 : PL 22, 1216). Y el contemporáneo de San Jerónimo, San Pedro Crisólogo, obispo de Ravena, dirigía a sus fieles esta conocidísima invitación: «Hemos dado al cuerpo un año, concedamos al alma unos días... Vivamos un poco para Dios, ya que el resto del tiempo lo hemos dedicado al siglo... Suene en nuestros oídos la voz divina, no ensordezca nuestro oído al estrépito de las cosas familiares... Así fortalecidos, hermanos, y preparados de este modo, declaremos la guerra al pecado..., seguros de vencer (cf. San Pedro Crisólogo, Serm. 12 : PL 52, 186)» (ibid. : Col. Enc., p. 802). 

d) EN EL CURSO DE LOS SIGLOS, MIENTRAS MAS BORRASCOSOS HAN SIDO LOS TIEMPOS, MAS HAN SIDO LOS HOMBRES IMPULSADOS POR EL ESPIRITU AL RETIRO
«En el decurso de los siglos, los hombres han experimentado siempre en su interior este deseo de la apacible soledad, en el cual, sin testigos, el alma se dedique a las cosas de Dios. Más todavía es cosa averiguada que cuanto más borrascosos son los tiempos por que atraviesa la sociedad humana, tanto con mayor fuerza los hombres sedientos de justicia y verdad son impulsados por el Espíritu Santo al retiro, donde, libres de los apetitos del cuerpo, puedan entregarse más a menudo a la divina sabiduría en el aula de su corazón, y allí, enmudecido el estrépito de los cuidados terrenos, regocijarse con meditaciones santas y delicias eternales» (ibid., 9 : p.802). 

e) POR DISPOSICION DE LA DIVINA PROVIDENCIA NACIERON LOS EJERCICIOS ESPIRITUALESDE SAN IGNACIO, TESORO DE DIOS A SU IGLESIA
«Y habiendo Dios suscitado en su Iglesia muchos varones dotados de abundantes dones sobrenaturales y conspicuos por el magisterio de la vida espiritual, los cuales dieron sabias normas y métodos de ascética aprobadísimos, sacados ora de la divina revelación, ora de la propia experiencia, ya también de la práctica de los siglos anteriores; por disposición de la divina Providencia y por obra de su gran siervo Ignacio de Loyola nacieron los ejercicios espirituales propiamente dichos: Tesoro—como los llamaba aquel venerable varón de la ínclita Orden de San Benito, Ludovico Blosio, citado por San Alfonso María de Ligorio en cierta bellísima carta «Sobre los ejercicios en la soledad»—, tesoro que Dios ha manifestado a su Iglesia en estos últimos tiempos, por razón del cual se le deben dar muy rendidas acciones de gracias» (ibid., 10 : Col. Ene., p.802-803).

D) Todos deben buscar un tiempo de retiro 

a) EL PAPA ALABA EL CELO DE LOS OBISPOS QUE SE REUNEN CON SU CLERO EN EJERCICIOS O EN REUNIONES EPISCOPALES
«Vosotros también, venerables hermanos, en cuánta estima tenéis los ejercicios espirituales es bien manifiesto; pues los practicasteis antes de vuestra ordenación sacerdotal, a ellos os dedicasteis antes de recibir la plenitud del orden sacerdotal, y no pocas veces, presidiendo vosotros mismos a vuestros sacerdotes, oportunamente convocados, acudís a los mismos para alimentar vuestros espíritus con la contemplación de las verdades eternas. Vuestra conducta a este respecto es tan preclara y meritoria, que Nos no podemos menos de citarla con público encomio. Ni juzgamos dignos de menor recomendación a aquellos obispos de la Iglesia, tanto oriental como occidental, que, juntos con el metropolitano o patriarca, se han reunido a veces para los ejercicios espirituales acomodados a sus oficios y cargos. Ejemplo, por cierto, muy luminoso, que esperamos sea imitado con celosa emulación cuanto lo consienta la naturaleza de las cosas. Ni habrá, acaso, gran dificultad en esto si tales retiros se hacen con ocasión de aquellas reuniones que celebran por oficio todos los prelados de alguna provincia eclesiástica, ya para atender al bien común de las almas, ya para deliberar sobre lo que más reclame la condición de los tiempos» (ibid., 15 : Col. Enc., p.804). 

b) EXHORTA A LOS SACERDOTES A QUE LOS PRACTIQUEN CON ARDIENTE DESEO DE PERFECCION
«Con razón, pues, estamos convencidos de que los sacerdotes y religiosos, que, anticipándose a la ley de la Iglesia, con laudable empeño frecuentaban los ejercicios espirituales, en lo futuro emplearán con tanta mayor diligencia este medio de santificación cuanto más gravemente les obliga a ello la autoridad de los sagrados cánones.
Por lo cual exhortamos insistentemente a los sacerdotes del clero secular a que sean fieles a practicar los santos ejercicios, al menos en aquella módica medida que el Código de Derecho Canónico les prescribe (en. 126); de suerte que los emprendan y lleven adelante con ardiente deseo de su perfección, para que adquieran aquella abundancia de espíritu sobrenatural que les es sumamente necesaria para procurar el provecho espiritual de la grey a ellos encomendada y para conquistar para Cristo muchas almas» (cf. ibid. t6 : Col. Enc., p.805).

c) TAMBIEN ES DESEO DEL PAPA QUE LOS SEGLARES DE ACCION CATOLICA FRECUENTEN LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES PARA PELEAR LAS BATALLAS DEL SEÑOR
«Con no menor solicitud, venerables hermanos, aconsejamos que con los ejercicios espirituales se formen convenientemente las múltiples legiones de la Acción Católica, la cual no desistimos ni desistiremos nunca de fomentar y recomendar con todas nuestras fuerzas, porque tenemos por útilísima (por no decir necesaria) la participación de los seglares en el apostolado jerárquico. No tenemos, ciertamente, palabras bastantes con que poder expresar la singular alegría que nos ha inundado al saber que casi en todas partes se han organizado tandas especiales de santos ejercicios en que se ejercitan estos pacíficos y valerosos soldados de Cristo, y principalmente los grupos de los jóvenes. Los cuales, al acudir frecuentemente a ellos para estar cada vez más preparados y prontos para pelear las sagradas batallas del Señor, en ellos no sólo hallan medios para imprimir en sí más perfectamente el sello de la vida cristiana, sino que ni aun es raro que oigan en su corazón la secreta voz de Dios, que los llama a los sagrados ministerios y a promover la salud de las almas, v hasta los impulsa a ejercitar plenamente el apostolado. Espléndida es, en verdad, esta aurora de bienes celestiales, a la que seguirá y coronará en breve un día pleno, con tal que la práctica de los ejercicios espirituales se propague más extensamente y se difunda con pericia y prudencia entre las varias asociaciones de católicos, en especial de jóvenes» (ibid. 17 : Col. Enc., p.806).

E) Que sean verdaderos el silencio y la soledad 

a) PARA QUE LOS EJERCICIOS DEN SU FRUTO ES PRECISO HACERLOS CON DILIGENCIA, NO POR RUTINA
«Pero para que los alegres frutos que liemos enumerado se sigan de los santos ejercicios, es preciso hacerlos con la debida diligencia ; porque, si sólo por rutina o perezosa y negligentemente se practican estos ejercicios, poco o ningún provecho se obtendrá ciertamente de ellos» (ibid., 19 : Col. Enc., p.807).

b) ALEJANDOSE EL HOMBRE DE LOS CUIDADOS DE CADA DIA, PORQUE EN EL SILENCIO Y SOLEDAD APROVECHA EL ALMA
«Por tanto, es preciso, ante todo, que en la soledad el alma se entregue a las sagradas meditaciones, alejando todos los cuidados y preocupaciones de la vida ordinaria; pues, como claramente enseña el áureo librito De la imitación de Cristo (l.i c.20), "en el silencio y la soledad aprovecha el alma devota» (ibid., 30 : Col. Enc., p.807).

c) ADEMAS, NO SE HAN DE ABREVIAR DEMASIADO SI SE QUIEREN OBTENER TODOS LOS BENEFICIOS QUE PROMETEN
«Además, los ejercicios espirituales genuinos requieren que se invierta en ellos cierto espacio de tiempo. Y aunque, según las circunstancias de las cosas y de las personas, pueden reducirse a pocos dias o extenderse a todo un mes, no se han de abreviar demasiado si se quieren obtener todos los beneficios que prometen los ejercicios. Porque, asi como la salubridad de un lugar sólo favorece a la salud del cuerpo cuando se vive allí durante algún tiempo, así el saludable arte de las sagradas meditaciones no ayuda eficazmente al alma si no se ejercita durante cierto tiempo» (ibid., 21 : Col. Enc., p. 808).

d) ENTRE TODOS LOS METODOS, EL DE SAN IGNACIO LLEVA LA PRIMACIA, FECUNDO EN FRUTOS DE SANTIDAD DURANTE CUATRO SIGLOS
«Finalmente, interesa en sumo grado, para hacer los ejercicios espirituales debidamente y sacar fruto de ellos, el que se practiquen con un método sabio y apropiado.
Mas es cosa averiguada que, entre todos los métodos de ejercicios espirituales que muy laudablemente se fundan en los principios de la sana ascética católica, uno principalmente ha obtenido siempre la primacía, el cual, adornado con plenas y reiteradas aprobaciones de la Santa Sede y ensalzado con las alabanzas de varones preclaros en santidad y ciencia del espíritu, ha producido en el espacio de casi cuatro siglos grandes frutos de santidad: nos referimos al método introducido por San Ignacio de Loyola, al que cumple llamar especial y principal maestro de los ejercicios espirituales, cuyo «admirable libro de los Ejercicios" pequeño ciertamente en volumen, pero repleto de celestial sabiduría, desde que fue solemnemente aprobado, alabado y recomendado por nuestro predecesor, de feliz memoria, Pablo III, ya desde entonces, para repetir palabras empleadas en cierta ocasión por Nos antes de que fuésemos elevado a la Cátedra de Pedro, «sobresalió y resplandeció como código sapientísimo y completamente universal de normas para dirigir las almas por el camino de la salvación y de la perfección ; como fuente inexhausta de piedad, a la vez muy eximia y muy sólida, y como fortísimo estímulo v peritísimo maestro para procurar la reforma de las costumbres y alcanzar la cima de la vida espiritual» (ibid., 22 : Col. Enc., p. 808).
e) PORQUE SE ACOMODA A TODA CLASE DE PERSONAS, APARTE DE LA EXCELENTE DOCTRINA Y UNIDAD ORGANICA DE SUS PARTES
"Y, ciertamente, la excelencia de la doctrina espiritual, enteramente apartada de los peligros y errores del falso misticismo; la admirable facilidad de acomodar estos ejercicios a cualquiera clase y estado de personas, ya se dediquen a la contemplación en los claustros, ya lleven una vida activa en negocios seculares; la unidad orgánica de sus partes; el orden claro y admirable con que se suceden las verdades que se meditan; los documentos espirituales, finalmente, que, sacudido el yugo de los pecados y desterradas las enfermedades que atacan a las costumbres, llevan al hombre por las sendas seguras de la abnegación y de la extirpación de los malos hábitos, a las más elevadas cumbres de la oración y del amor divino : sin duda alguna, son tales todas estas cosas, que muestran suficiente y sobradamente la naturaleza y fuerza eficaz del método ignaciano y recomiendan elocuentemente sus ejercicios» (ibid. : Col. Enc., p.809-810).
f) SON INSTRUMENTO PRECIOSÍSIMO DE RENOVACIÓN SOCIAL LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES
«En primer lugar, estimen mucho y apliquen frecuentemente, para bien de sus alumnos, aquel instrumento preciosísimo de renovación privada y social que son los ejercicios espirituales, como dijimos en nuestra encíclica Mens nostra. En ella hemos recordado explícitamente y recomendado con insistencia, además de los ejercicios para todos los seglares, los retiros, de especial utilidad para los obreros. En esa escuela del espíritu no sólo se forman óptimos cristianos, sino también verdaderos apóstoles para todas las condiciones de la vida, inflamados en el fuego del Corazón de Cristo. De esa escuela saldrán, como los apóstoles del cenáculo de Jerusalén, fortísimos en la fe, armados de una constancia invencible en medio de las persecuciones, abrasados en el celo, sin otro ideal que propagar por doquiera el reino de Cristo» (Pio XI, Quadragesimo anno, 58 : Col. Enc., p. 628).

sábado, 4 de diciembre de 2010

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO


A) Pauperes evangelizantur
a) Gran parte de los hombres encuentran difícil su salvación por ser pobres
Sin embargo, se puede decir sin temeridad que las condiciones de la vida social y económica son tales, que una gran parte de los hombres encuentran las mayores dificultades para atender a lo único necesario, a la salvación eterna (Pío XI, Quadragesimo Anno, 53).
b) También los agricultores han caído en la pobreza
Añádase el ejército ingente de asalariados del campo, reducidos a las más estrechas condiciones de vida y desesperanzados de poder jamás obtener «participación alguna en la propiedad de la tierra» (cf. León XIII, Rer. Nov.), y, por tanto, sujetos para siempre a la condición de proletarios, si no se aplican remedios oportunos y eficaces (Pío XI, Quadragesimo anno, 26).
c) Caen en tremenda responsabilidad quienes hacen aparecer a la Iglesia como enemiga de los pobres
Es en verdad lamentable, venerables hermanos, que haya habido y aun ahora haya quienes, llamándose católicos, apenas se acuerdan de la sublime ley de la justicia y de la caridad, en virtud de la cual nos está mandado no sólo dar a cada uno lo que le pertenece, sino también socorrer a nuestros hermanos necesitados como a Cristo mismo (Iac. 2) ; ésos, y esto es lo más grave, no temen oprimir a los obreros por espíritu de lucro. Hay además quienes abusan de la misma religión y se cubren con su nombre en sus exacciones injustas, para defenderse de las reclamaciones completamente justas de los obreros. No cesaremos nunca de condenar semejante conducta; esos hombres son la causa de que la Iglesia, inmerecidamente, haya podido tener la apariencia y ser acusada de inclinarse de parte de los ricos, sin conmoverse ante las necesidades y estrecheces de quienes se encontraban como desheredados de su parte de bienestar en esta vida (Pío XI, Quadragesimo anno, 50).
d) Es abusar de los pobres exigirles un trabajo excesivo para aumentar las ganancias
Por lo que toca a la defensa de los bienes corporales y externos, lo primero que hay que hacer es librar a los pobres obreros de la crueldad de los hombres codiciosos, que, a fin de aumentar sus propias ganancias, abusan sin moderación alguna de las personas, como si no fueran personas, sino cosas. Exigir tan grave tarea que con el excesivo trabajo se embote el alma y sucumba al mismo tiempo el cuerpo a la fatiga, ni la justicia ni la humanidad lo consienten (León XIII, Rerum Novarum, 33).
e) E imponerles un salario injusto, aprovechándose de la situación en que se encuentran
Efectivamente, sustentar la vida es deber común a todos y a cada uno, y faltar a este deber es un crimen. De aquí necesariamente nace el derecho de procurarse aquellas cosas que son menester para sustentar la vida, y estas cosas no las hallan los pobres sino ganando un jornal con su trabajo. Luego, aun concediendo que el obrero y su amo libremente convienen en algo y particularmente en la cantidad del salario, queda, sin embargo, siempre una cosa que dimana de la justicia natural, y que es de más peso y anterior a la libre voluntad de los que hacen el contrato, y es ésta: que el salario no debe ser insuficiente para la sustentación de un obrero que sea frugal y de buenas costumbres. Y si acaeciere alguna vez que el obrero, obligado por la necesidad o movido del miedo de un mal mayor, aceptase una condición más dura, y aunque no lo quisiera la tuviere que aceptar por imponérsela absolutamente el amo o el contratista, sería eso hacerle violencia, y contra esta violencia reclama la justicia (León XIII, Rerum Novarum, 33 y 34).
f) La injusta organización capitalista del trabajo degrada a la persona
En verdad, el ánimo se horroriza al ponderar los gravísimos peligros a que están expuestos en las fábricas modernas la moralidad de los obreros (principalmente jóvenes) y el pudor de las doncellas y demás mujeres, al pensar cuan frecuentemente el régimen moderno del trabajo y principalmente las irracionales condiciones de habitación crean obstáculos a la unión e intimidad de la vida familiar, al recordar tantos y tan grandes impedimentos que se oponen a la santificación de las fiestas, al considerar cómo se debilita umversalmente el sentido verdaderamente cristiano, que aun a hombres indoctos y rudos enseñaba a elevarse a tan altos ideales, suplantado hoy por el único afán de procurarse por cualquier medio el sustento cotidiano. Así, el trabajo corporal, que estaba destinado por Dios, aun después del pecado original, a labrar el bienestar material y espiritual del hombre, se convierte a cada paso en instrumento de perversión; la materia inerte sale de la fábrica ennoblecida, mientras los hombres en ella se corrompen y degradan (Pío XI, Quadragesimo anno, 54).
g) Punto neurálgico del problema social es la cuestión obrera
¿Quién no ve que la cuestión obrera, por la dificultad y variedad de los problemas que entraña y por el amplio número de miembros a que afecta, es tal y de tal necesidad e importancia, que merece un cuidado más atento, avizor y atinado? Cuestión delicada como ninguna; punto neurálgico, por decirlo así, del cuerpo social, pero algunas veces también terreno movedizo y traidor abierto a fáciles ilusiones y vanas e inactuales esperanzas para quien no tenga ante los ojos de su inteligencia y a los impulsos de su corazón la doctrina de justicia, de equidad, de amor, de recíproca consideración y convivencia que inculcan la ley de Dios y la voz de la Iglesia (Pío XII, A los trabajadores italianos en el patio de Belvedere del Vaticano, 13 de julio de 1943).
h) La Acción Católica no puede dejar de preocuparse de las clases humildes
La Acción Católica no puede dejar de preocuparse de las clases más humildes y necesitadas, de los obreros, de los campesinos, de los emigrados (Pío XI, Canto al Episcopado de Méjico, 28 de marzo de 1937).
i) Hay que ver en los pobres al mismo Jesucristo
Deseamos, pues, venerables hermanos, que sea más y más explicado, de palabra y por escrito, este divino precepto, precioso distintivo dejado por Cristo a sus verdaderos discípulos; este precepto que nos enseña a ver en los que sufren a Jesús mismo y nos obliga a amar a nuestros hermanos como el divino Salvador nos ha amado, es decir, hasta el sacrificio de nosotros mismos, y, si es necesario, aun de la propia vida (Pío XI, Divini Redemptoris, 47).

B) Euntes renuntiate Ioanni, quae audistis et vidistis
a) A Jesucristo se le descubre por las obras de sus testimonios vivos
Hoy, más que nunca, lo mismo que en los primeros tiempos de su existencia, la Iglesia tiene necesidad sobre todo de testigos, más que de apologistas; de testigos que, con su vida, hagan resplandecer el verdadero rostro de Jesucristo y de la Iglesia ante los ojos del mundo paganizado que les rodea (Pío XII, Radiomensaje al Congreso Eucaristico Nacional de Francia, 4 de julio de 1947: «Ecclesia», n. 69, de 1947).
b) A los falsos redentores también se les descubre por sus obras
La Iglesia, guarda y maestra de la verdad, al afirmar y propugnar valientemente los derechos del pueblo trabajador, luchando contra el error en diversas ocasiones, ha tenido que dar la voz de alerta contra el peligro de dejarse ilusionar por el espejismo de especiosas y vanas teorías y visiones de bienestar futuro, y por los engañosos alicientes e incitaciones de falsos maestros de bienestar social, que llaman al mal bien y que jactándose de ser amigos del pueblo no toleran entre el capital y el trabajo, entre patronos y obreros, los mutuos acuerdos que mantienen y promueven la concordia social para el progreso y la utilidad de todos. A estos amigos del pueblo les habéis oído ya en la plaza, en los círculos, en los congresos; habéis leído sus promesas en hojas volantes, los habéis escuchado en sus cantos y en sus himnos; pero ¿cuándo los hechos han respondido a sus palabras o las realidades han sonreído a las esperanzas? Engaños y desilusiones es lo que han probado y prueban los individuos y los pueblos que le prestaron fe y los siguieron por caminos que, lejos de mejorar, empeoran y agravan las condiciones de vida y de adelanto material y moral. Esos falsos pastores hacen creer que la salvación debe venir de una renovación que transforme la consistencia social, que revista carácter nacional (Pío XII, Discurso a los obreros de Italia).
c) Hoy los amargos frutos nacidos de haberse apartado del Cristianismo son su mejor apología
Las angustias presentes son la apología más impresionante del Cristianismo, tal que no puede haber mayor. De la gigantesca vorágine de errores y movimientos anticristianos se han cosechado frutos tan amargos, que constituyen una condenación cuya eficacia supera a toda refutación teórica (Pío XII, Summi Pontificatus, 12).
d) El comunismo, consecuencia de la descristianización obrera
Para explicar cómo ha conseguido el comunismo que las masas obreras lo hayan aceptado sin examen, conviene recordar que éstas estaban ya preparadas por el abandono religioso y moral en que las había dejado la economía liberal. Con los turnos de trabajo, incluso el domingo, no se les daba tiempo ni siquiera para satisfacer los más graves deberes religiosos de los días festivos; no se pensaba en construir iglesias junto a fábricas, ni en facilitar el trabajo al sacerdote; al contrario, se continuaba promoviendo positivamente el laicismo. Ahora, pues, se recogen los frutos de errores tantas veces denunciados por nuestros predecesores y por Nos mismo, y no hay que maravillarse de que en un mundo tan hondamente descristianizado se desborde el error comunista (Pío XI, Divini Redemptoris, 16).
e) Es preciso que Cristo aparezca de nuevo en todas partes
Mas para ello ha de revolucionarse espiritualmente el mundo, se ha de ir a la restauración del reino de Cristo en la familia, en la escuela, en las instituciones públicas y en todos los aspectos de la vida social (Pío XII, Discurso a los Hombres de Acción Católica Italiana, 7 de septiembre de 1947).
f) sólo una gran caridad y una profunda fe en dios pueden dar base a la sociedad en ruinas
Tomad como lema para el futuro las palabras sublimes de San Juan: Dios es caridad (1 lo. IV,16). Entonces ciertamente la obra de destrucción que dejaron tras de sí los años pasados, la miseria y el empobrecimiento que crearon, la enemistad y el odio que acumularon, todo esto lo vencerán sólo los hombres que crean firme e indestructiblemente en la benevolencia y en el amor de Dios y que vivan ellos mismos llenos de este amor divino. Esta es la caridad que todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo tolera (1 Cor. XIII,7); que prepara a los mayores sacrificios, que está siempre dispuesta a renunciar, a ayudar, a perdonar. Esta caridad es la que afirma las familias y asegura la paz conyugal. Prepara el pensamiento y dispone para los avances de la justicia social, que si siempre han tenido validez, hoy oprimen con angustiosa urgencia. Las comunidades y los estados pueden parecer haber afirmado los fundamentos del mundo; si no les han puesto como cimiento la fe en Dios y no dirigen la tarea hombres de profundo amor a Dios, les amenaza con interna necesidad la ruina (Pío XII, Radiomensaje a los fieles de Berlín: «Ecclesia», n. 420, 30 de julio de 1949, p. 5).
g) El ejemplo tiene verdadera fuerza apologética
Demuestren los obreros católicos, con su ejemplo, con sus palabras, a estos hermanos extraviados que la Iglesia es una tierna madre para todos aquellos que trabajan y sufren, y que jamás ha faltado ni faltará a su sagrado deber materno de defender a sus hijos. Si esta misión que ellos deben cumplir en las minas, en las fábricas, en los talleres, dondequiera que se trabaja, requiere, a veces, grandes sacrificios, recuerden que el Salvador del mundo ha dado no sólo el ejemplo del trabajo, sino también el del sacrificio (Pío XI, Divini Redemptoris, 70).
h) Con él por delante se derribarán las trabas del respeto humano
¡Oh, el ejemplo, y, ante todo, el ejemplo de la dignidad cristiana! Aquí se impone el deber. Apena el alma ver cómo de ordinario no es tanto el número de elementos malos, que hacen muchas veces malsano y pernicioso el campo del trabajo profesional, cuanto más bien el respeto humano (Pío XII, A los Hombres de Acción Católica, 20 de noviembre de 1942).
i) Se trata de obrar la palabra y no sólo escucharla
Esta es, venerables hermanos, la doctrina de la Iglesia, la única que, como en todos los demás campos, también en el terreno social puede traer verdadera luz y ser la salvación frente a la ideología comunista. Pero es preciso que esta doctrina se realice en la práctica de la vida, conforme al aviso del apóstol Santiago (Iac. 1,22): Sed... obradores de la palabra, y no os contentéis sólo con oiría, que os engañaría; por esto, lo que más urge al presente es aplicar con energía los oportunos remedios para oponerse eficazmente a la amenazadora catástrofe que se va preparando (Pío XI, Divini Redemptoris, 39).

C) Quid existís in desertum videre? Arundinem vento agitatam?
a) Hoy no bastan los hombres a medias
El tiempo presente exige católicos sin miedo, para los que resulte la cosa más natural del mundo la abierta confesión de su fe con las palabras, con las obras, siempre que lo pidan la ley de Dios y el sentimiento del honor cristiano. Verdaderos hombres, hombres íntegros, firmes e intrépidos. Hoy el mismo mundo desecha y rechaza y pisotea a los que no lo son, a los que lo son solamente a medias (Pío XII, Discurso a las Congregaciones Marianas, 21 enero 1945).
b) Ante la corrupción es necesaria mayor vigilancia y defensa
Quien pertenece a la milicia de Cristo, sea eclesiástico o seglar, ¿no debería sentirse espoleado e incitado a mayor vigilancia, a defensa más decidida, cuando ve crecer cada vez más los escuadrones de los enemigos de Cristo, cuando se da cuenta que los portavoces de tales tendencias, renegando o despreciando en la práctica las verdades vivificadoras y los valores encerrados en la fe en Dios y en Cristo, rompen sacrilegamente las tablas de los mandamientos de Dios, para sustituirlas con tablas y normas de las que está desterrada sustancia ética de la revelación del Sinaí, el espíritu del ¡ermón de la Montaña y de la cruz? (Pío XII, Summi Pontificatus, n. 2).
c) Ante el peligro es preciso actuar
La persistencia de un estado general, que no dudamos en llamar explosivo a cada instante, y cuyo origen debe buscarse en la tibieza religiosa de tantos, en el bajo nivel moral de la vida pública y privada, en la sistemática obra de intoxicación llevada a cabo en las almas sencillas, a las que se propina el veneno después de haberles narcotizado, por decirlo así, el sentido de la verdadera libertad, no puede dejar a los buenos inmóviles en el mismo surco, contemplando con los brazos cruzados un porvenir arrollador (Pío XII, Exhortación pontificia a las fieles de Roma, lo de febrero de 1952, il. 4: «Ecclesia», n. 553, 16 de febrero de 1952, p. 5).
d) Con valentía Para preservar al mundo de la ruina
Y ciertamente, hoy más que nunca hacen falta valientes soldados de Cristo, que con todas sus fuerzas trabajen para preservar la familia humana de la ruina espantosa en que caería si el desprecio de las doctrinas del Evangelio dejara triunfar un estado de cosas que pisotea las leyes de la naturaleza no menos que las de Dios (Pío XI, Quadragesimo Armo, n. 58).
e) Con fortaleza que sostenga a los pusilánimes
Consciente de la tenebrosa audacia del mal, que cunde en la vida presente, el verdadero discípulo de Cristo se siente dispuesto a tener mayor vigilancia sobre sus propios hermanos. Seguro como está de la promesa de Dios y del triunfo final de Cristo sobre los enemigos, se siente interiormente robustecido contra las desilusiones y fracasos, derrotas y humillaciones, y puede comunicar la misma confianza a todos aquellos a quienes se acerca en su misión apostólica; convirtiéndose de tal modo en baluarte espiritual, mientras da aliento y ejemplo a los que se sienten tentados a ceder y a desanimarse frente al número y a la potencia de los adversarios (Pío XII, Alocución al Sacro colegio Cardenalicio en la vigilia de Navidad de 1940).
í) Incluso en la vida pública, a pesar de tantas dificultades
Que no se apague o debilite entre vosotros la voz insistente de los Pontífices, de las encíclicas sociales, que magistralmente enseñan, a los que creen en la regeneración sobrenatural de la humanidad, el deber moral de cooperar al ordenamiento de la sociedad, y en modo especial de la vida económica, impulsando la actividad de aquellos que participan de tal vida, no menos que el Estado mismo. ¿No es esto un sagrado deber de todo cristiano? No os espanten, amados hijos, las dificultades extrínsecas, ni os desaniméis por los obstáculos provenientes del creciente paganismo de la vida pública (Pío XII, Discurso de Pentecostés del año 1941).
g) Este carácter varonil tiene su origen en la fe
De una fe viva en un Dios personal y trascendente brota un claro y fuerte vigor moral, que informa todo el curso de la vida. Porque la fe no es solamente una virtud, sino la fuerza divina por la cual entran en el santuario del alma todas las virtudes y se forma aquel carácter fuerte y tenaz que no vacila en las pruebas de la razón y de la justicia, Esto es siempre verdad, pero tiene que brillar mucho más cuando, tanto al hombre de Estado cuanto al último de los ciudadanos, se exige el máximo de valor y de energía para reconstruir una nueva Europa y un mundo nuevo sobre las ruinas que el conflicto mundial ha acumulado con su violencia, con el odio y con la división de los espíritus (Pío XII, Mensaje de Navidad de 1941. n. 28).
h) Exige nuestra colaboración a la obra de la gracia
No os dejéis engañar por los fabricantes de errores o de teorías malsanas, tristes corrientes enderezadas, no a intensificar, sino más bien a desvirtuar y corromper la vida religiosa; corrientes que pretenden que, pues la redención pertenece al orden de la gracia sobrenatural y es, por consiguiente, obra exclusiva de Dios, no necesita de nuestra cooperación sobre la tierra (Pío XII. Discurso de Pentecostés de 1941).
i) Y se constituye por la constancia en seguir los eternos principios de la justicia
El verdadero cristiano, fruto de la educación cristiana, es el hombre sobrenatural, que piensa, juzga y obra constante y coherentemente según la recta razón, iluminada por la luz sobrenatural de los ejemplos y de la doctrina de Cristo, o, por decirlo con el lenguaje ahora en uso, el verdadero y cumplido hombre de carácter. Pues no constituye cualquiera coherencia y tenacidad de conducta, según principios subjetivos, el verdadero carácter, sino solamente la constancia! en seguir los principios eternos de la justicia, como lo reconoce hasta el poeta pagano cuando alaba inseparablemente «al hombre justo y constante en su propósito» (Horat., Od., 1. 3, od. 3, v. 1), y, por otra parte, no puede existir completa justicia sino dando a Dios lo que se debe a Dios, como lo hace el verdadero cristiano (Pío XI. Divini illius Magistri, n. 59).