Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta Medicina Católica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Medicina Católica. Mostrar todas las entradas

jueves, 18 de octubre de 2012

LA MEDICINA Y LOS SACRAMENTOS. LA EXTREMAUNCION Y LA LITURGIA DE LOS ENFERMOS


La visita y la bendición de los enfermos. — Oraciones para la bendición de un enfermo. Bendición de lienzos para los mismos. Bendición del vino. Bendición de los remedios. 
Misa para los enfermos.
La Extremaunción. — El sacramento do los enfermos es un remedio para el cuerpo, al mismo tiempo que un socorro de Dios para el alma. Deber grave del médico de proporcionarlo al enfermo. El estado de conocimiento del enfermo y la Extremaunción. Preparativos para la Extremaunción. 
La recomendación del alma.

Nada puede influir para que el médico estime la importancia de su deber de informar a sus enfermos acerca de su estado exacto, mejor que el conocimiento de la liturgia de la Iglesia al respecto. 
Esta liturgia está expuesta en el Ritual Romano y he aquí lo que dijo al respecto el reverendo John J. Bingham, director agregado de las Catholic Charities de los Estados Unidos, en el XX Congreso de la Catholic Hospital Association en junio de 1935, en una relación sobre Las obligaciones del Hospital con relación de los cuidados espirituales de los enfermos:
"La guía principal para el cuidado espiritual de los enfermos es el Ritual Romano. Es la guía oficial y autorizada de la Iglesia, difundida en todo el mundo, para el cuidado de almas de enfermos y moribundos. Contiene las reglas y las formas prescriptas para la administración de los Sacramentos, las diversas bendiciones y oraciones para los enfermos y moribundos y muchos espléndidos capítulos sobre el trato con los mismos. La psiquiatría "moderna" no lo parece tanto, cuando leemos las líneas directivas y las sugestiones tan adecuadas, para las relaciones con los enfermos sobre las bases individuales, en un libro cuya edición en vigor se remonta a la época del Papa Paulo V, en el año 1608... No conozco guía mejor, tratado más perfecto y al día, sobre el cuidado espiritual de los enfermos fuera del capítulo del Ritual: Visita y cuidado de los enfermos. Este capítulo contiene numerosos trozos de gran oportunidad y adecuados a diversos estados, acerca de la diligencia y atención que deben tenerse para que el paciente reciba el mayor provecho sin experimentar ningún trastorno. Este libro debería ser leído por toda persona que se dedica al cuidado de enfermos. Un ejemplar sería precioso en cada piso de hospital. Presenta la enseñanza oficial y las directivas de la Iglesia sobre uno de los puntos más importantes de la actividad hospitalaria, el socorro espiritual. Debe servir de guía a las Hermanas, a los Doctores, a las Enfermeras, en su colaboración con el sacerdote que tiene enfermos a su cargo".

En otro lugar hemos visto lo que se refiere a la Comunión de los enfermos y a la absolución in articulo mortis; recordaremos aquí los ritos de la visita y de la bendición de los enfermos, la Misa de los mismos, la Extremaunción y la Recomendación del alma.

La visita de los enfermos 
El Ritual prevé para la visita de los enfermos una verdadera ceremonia, que desgraciadamente se omite demasiado a menudo, con la pérdida de sus beneficios espirituales. No conociendo los recursos de su religión, el enfermo se estima dichoso al recibir del sacerdote que le visita, alientos sin alcance: "No tenéis mal semblante... Esto marcha y todo se arreglará... Otros más enfermos han curado", en lugar de solicitar los socorros de la Iglesia previstos para estos casos y que le traerían la ayuda sobrenatural.
He aquí los ritos establecidos: 
"El sacerdote entra en la habitación, rocía con agua bendita al enfermo, el lecho y el cuarto, rezando una antífona. Puede recitar uno de los cuatros primeros salmos de la penitencia, luego dice: 
"Señor, tened piedad; Cristo, tened piedad; Señor, tener piedad.
"Padre nuestro... (en voz baja, hasta)
"Y no nos dejes caer en la tentación.
"Mas líbranos del mal.
"Salvad a vuestro siervo (o sierva).
"Que confía en Vos, mi Dios.
"Enviadle, Señor, vuestro socorro de vuestro santuario
"Y protegedle desde lo alto de Sion.
"Que el enemigo no pueda nada sobre él.
"Y que los hijos de la iniquidad no le puedan dañar.
"Sed, Señor, para él una fortaleza.
"Contra el enemigo.
"Señor, socorredle.
"En su lecho de dolor.
"Señor, oíd mi oración.
"Y que mi voz se eleve hasta Vos.
"El Señor sea con vos.
"Y con vuestro espíritu.
Primera Oración. — "¡Oh, Dios, que sabéis perdonar siempre y tener misericordia, recibid nuestra oración! Y que por vuestra clemencia y vuestra bondad misericordiosa vuestro siervo y todos nosotros seamos librados de las ligaduras de nuestros pecados."
Segunda Oración. — "¡Oh, Dios, protector único de la debilidad humana, mostrad a vuestro siervo enfermo el poder de vuestra ayuda, para que socorrido por vuestra misericordia, obtenga ser conducido sano y salvo a vuestra Santa Iglesia." 
Tercera Oración. — "Os rogamos, Señor, acordéis a vuestro siervo gozo constante de la salud del alma y del cuerpo, y por la intercesión de la gloriosa María siempre Virgen, sea librado de la tristeza de la vida presente, como también de llegar a la beatitud eterna. Por Cristo Señor Nuestro. Amén."

"Que la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, e Hijo, y Espíritu Santo, descienda sobre vos y permanezca para siempre. Amén." 
"El sacerdote rocía al enfermo con agua bendita, luego recita los salmos y evangelios siguientes:
"Primeramente el salmo 6 que implora la misericordia del Señor: 
"Señor, no me reprendáis en vuestro furor ni me castiguéis en vuestra cólera. Tened piedad de mí, Señor, porque soy débil, Señor; curadme, porque mis huesos tiemblan..." 
A continuación, se lee el evangelio del centurión, Mat. VIII, 5 a 13, que hallaremos en la Misa de los enfermos, más adelante. 
"Oración: "Dios Todopoderoso y eterno, que sois para siempre la salvación de los que creen en Vos, oídnos en favor de vuestro siervo enfermo, por quien os imploramos la ayuda de vuestra misericordia, para que, retornando a la salud, os dé su acción de gracias en vuestra Iglesia. Por Nuestro Señor Jesucristo". 

El salmo 15 expresa entonces la confianza y las esperanzas del alma fiel: "...Yo miro al Señor y lo tengo siempre ante mis ojos, porque está a mi derecha para impedir que yo caiga. Es por eso que mi corazón se alegró y mi lengua cantó cánticos de alegría y que mi misma carne descansará en la esperanza. Porque no dejaréis mi alma en el infierno y no toleraréis que vuestro santo esté sometido a la corrupción. Me habéis dado el conocimiento de los caminos de la vida; me llenaréis de gozo mostrándome vuestra faz; delicias inefables están eternamente a vuestra derecha". 
 Evangelio según San Marcos (XVI, 14-18).

"En aquel tiempo: Estando sentados a la mesa los once Discípulos, aparecióseles Jesús; y les dió en el rostro con su incredulidad y dureza de corazón, por no haber creído a los que le habían visto resucitado. Y les dijo: Id por todo el mundo, y predicad el Evangelio a todas las criaturas. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; más el que no creyere, será condenado. Y estas señales seguirán a los que creyeren: Lanzarán los demonios en mi nombre; hablarán nuevas lenguas; quitarán serpientes, y si bebieren algún veneno, no les dañará; pondrán las manos sobre los enfermos, y los sanarán".

Oración. — "Dios de las virtudes celestes que con el poder de vuestro mandamiento, alejáis de los cuerpos humanos toda debilidad y toda invalidez, sed propicio a vuestro siervo, para que sus males desaparezcan, y volviendo a hallar sus fuerzas, bendiga Vuestro Santo Nombre en una salud rápidamente restaurada. Por Cristo Nuestro Señor". 
"El sacerdote aplica entonces al enfermo los votos del salmo 19: 
"Que el Señor os oiga en la aflicción; que el nombre del Dios de Jacob os ayude poderosamente.
"Que os envíe ayuda de su santo lugar y que de la montaña de Sion sea vuestro defensor.
"Que se acuerde de todos vuestros sacrificios y que el holocausto que le ofrendáis, le sea grato.
"Que os conceda todas las cosas según vuestro corazón y que realice todos vuestros propósitos.
"Nos alegraremos por la salud que recibiréis y nos glorificaremos en el nombre de nuestro Dios.
"Que el Señor os conceda todo vuestro pedido; es ahora que conocí que el Señor ha salvado a su Cristo..."  
Evangelio según San Lucas (IV. 38-40). 
"En aquel tiempo: Saliendo Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. Hallábase la suegra de Simón con una gran calentura; y suplicáronle por su alivio. Y El arrimándose a la enferma, mandó a la calentura que la dejase, y la dejó libre. Y levantándose entonces mismo de la cama, se puso a servirlos. Puesto el sol, todos los que tenían enfermos de varias dolencias, se los traían. Y El los curaba con poner sobre cada uno las manos".

Oración. — "Señor Santo, Padre Todopoderoso, Dios eterno que por vuestro solo Amor fortificáis la debilidad de nuestra condición humana, para que nuestros cuerpos y nuestras almas se afirmen gracias a los remedios saludables de vuestra bondad, mirad favorablemente a vuestro siervo para que desaparezcan sus miserias corporales y halle plenamente su salud de siempre. Por Cristo Nuestro Señor. Amén."

"El salmo 85 subraya la oración:
"Tended, Señor, vuestro oído y oídme, porque soy pobre y en la indigencia. Cuidad de mi alma, puesto que soy santo. Salvad ¡oh, mi Dios! a este siervo tuyo que tiene puesta en ti su esperanza.
"Señor, ten misericordia de mí porque no ceso de clamar a ti todo el día. Consuela el alma de tu siervo, pues a ti, Señor, tengo elevado mi espíritu;
"Siendo tú, Señor, como eres, suave, y benigno, y de gran clemencia para con todos los que te invocan..."

Evangelio según San Lucas (V, 1-14) 
"En aquel tiempo: Siendo la fiesta, de los judíos, partió Jesús a Jerusalén.
"Hay en Jerusalén una piscina, dicha de las ovejas, llamada en hebreo Betsaida, la cual tiene cinco pórticos.
"En ellos, pues, yacía una gran muchedumbre de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, aguardando el movimiento de las aguas;
"pues un ángel del Señor descendía de tiempo en tiempo a la piscina y se agitaba en el agua. Y el primero que después de movida el agua entraba en la piscina, quedaba sano de cualquiera enfermedad que tuviese.
"Allí estaba un hombre que treinta y ocho años hacía que se hallaba enfermo.
"Como Jesús le viese tendido y conociese ser de edad avanzada, dícele: ¿Quieres ser curado?
"Señor, respondió el doliente, no tengo una persona que me meta en la piscina así que el agua está agitada; por lo cual mientras yo voy, ya otro ha bajado antes.
"Dícele Jesús: Levántate, toma tu camilla y anda.
"De repente se halló sano este hombre; y tomó su camilla, e iba caminando. Era aquél un día de sábado;
"por lo que decían los judíos al que había sido curado: Hoy es sábado, no te es lícito llevar la camilla.
"Respondióles: El que me ha curado, ese mismo me ha dicho: Toma tu camilla y anda.
"Preguntáronle entonces: ¿Quién es ese hombre que te ha dicho: Toma tu camilla y anda?
"Mas el que había sido curado, no sabía quién era. Porque Jesús se había retirado del tropel de gentes que allí había.
"Hallóle después Jesús en el templo y le dijo: Bien ves cómo has quedado curado: no peques, pues, en adelante, para que no te suceda algo peor".

Oración. — "Os suplicamos, Señor, mirad favorablemente a vuestro siervo que sucumbe bajo la debilidad de su cuerpo y reanimad a esta alma que habéis creado, para que, purificada por la prueba, reconozca que debe su salud solamente a los remedios de vuestra gracia. Por Cristo Nuestro Señor. Amén."

El salmo 90 recuerda entonces al enfermo los beneficios de la protección divina y las promesas del Señor a favor de los que se confían a El:

"Y exclamarás: Tú eres, Señor, mi esperanza. Y tú has escogido al Altísimo para asilo tuyo.
"No llegará a ti el mal, ni el azote se acercará a tu morada.
"Porque El mandó a sus Angeles que cuidasen de ti, los cuales te guardarán en cuantos pasos dieres.
"Te llevarán en las palmas de sus manos; no sea que tropiece tu pie en alguna piedra.
"Andarás sobre áspides y basiliscos y hollarás los leones y dragones.
"Ya que has esperado en mí, yo lo libraré; yo lo protegeré, pues que ha conocido mi Nombre.
"Clamará a mí y le oiré benigno. Con él estoy en la tribulación; pondrélo en salvo y llenarle he de gloria.
"Lo saciaré con una vida muy larga y le haré ver al Salvador que enviaré."
Oración. — "Dios Todopoderoso y Eterno, mirad favorablemente la enfermedad de vuestro siervo y extended la derecha de vuestra majestad para protegerle. Por Cristo Nuestro Señor. Amén." 
"El sacerdote extiende la derecha sobre la cabeza del enfermo y dice: 
"Ellos impondrán las manos a los enfermos y los enfermos curarán. Que Jesús, Hijo de María, Salvación del mundo y Señor, por los merecimientos y la intercesión de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y de todos los Santos, os sea clemente y propicio. Amén". 
"Entonces se lee el Evangelio de San Juan (I. 1):  
"En el principio era ya el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios..." 
"El sacerdote imparte su bendición al enfermo y lo rocía con agua bendita". 
Oraciones para la bendición de un enfermo 
Al entrar en la habitación del enfermo, el sacerdote dice: 
"Paz a esta casa.
"Y a todos los que viven en ella.
"Nuestro socorro está en el nombre del Señor.
"Que hizo el cielo y la tierra.
"Señor, oye mi oración.
"Y que mi voz se eleve hasta Vos.
"El Señor sea con vosotros.
"Y con tu espíritu.

Oración. — "Señor Jesucristo, que vuestra paz y misericordia entren en esta casa con el paso de nuestro humilde ministerio, que los demonios huyan de aquí, que los ángeles de paz acudan y toda discordia maligna sea desterrada para siempre. Haced brillar la grandeza de vuestro sagrado nombre y bendecid nuestro ministerio, Vos que sois la santidad misma y permanecéis inmutable con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén". 
Oración. — "Os suplicamos, Señor, mirad favorablemente a vuestro siervo que sucumbe bajo la debilidad de su cuerpo, y reanimad a esta alma que habéis creado, para que, purificada por la prueba, reconozca que debe su salud solamente a los remedios de vuestra gracia. Por Cristo Nuestro Señor. Amén". 
Oración. — "Señor misericordioso, consolador de las almas, imploramos vuestra infinita misericordia para que, por nuestro humilde ministerio, os dignéis visitar a vuestro siervo que yace en el lecho del dolor, como Vos habéis sido visitado por la suegra de Simón. Sedle propicio, Señor, para que recobrando muy pronto una perfecta salud, os dé gracias en la iglesia. Amén." 
Oración. — "Que el Señor Jesucristo esté con vos para defenderos; en vos, para conservaros; delante vuestro, para conduciros; después de vos para custodiaros; sobre vos para bendeciros. El que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén".
"Que la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre vos y permenezca en la eternidad. Amén".


Bendición de lienzos para enfermos 
"Nuestro socorro está en el nombre del Señor.
"Que hizo el cielo y la tierra.
"El Señor sea con vosotros.
"Y con vuestro espíritu.
Oración. — "Señor Jesucristo, que con el contacto de los flecos de vuestro vestido os habéis dignado curar la mujer hemorroísa y oíros enfermos de todas partes, y que por los lienzos y vendas de vuestro Apóstol Pablo habéis puesto en fuga con el mismo Amor las enfermedades y los malos espíritus de los inválidos, sednos propicio, os roagmos, para que todos los que sean revestidos o cubiertos con estos vestidos, estos velos y estos lienzos, que bendecimos en Vuestro nombre recobren la salud del alma y del cuerpo. Que viyís y reináis por los siglos de los siglos. Amén."


Bendición del vino para los enfermos 
Oración. — "Señor, Jesucristo, hijo del Dios vivo, que en Caná de Galilea habéis cambiado el agua en vino, dignaos bendecir y santificar este vino que habéis concedido en ayuda de vuestro siervo, para que doquiera sea vertido y quienquiera beba de él, se llene de la divina bendición de vuestra magnificencia.
"Dios Todopoderoso y Eterno, salvación eterna de los que creen en Vos, oíd nuestras oraciones en favor de vuestro servidor enfermo, por quien imploramos los socorros de vuestra misericordia, para que, recobrada la salud, os agradezca en la Iglesia continuamente. Por Cristo Nuestro Señor. Amén".


Bendición de los remedios 
Oración. — "Dios, que habéis creado maravillosamente al hombre y más maravillosamente aún lo habéis reformado, Vos que os dignáis socorrer de mil modos las diversas enfermedades que afligen nuestra pobre naturaleza humana, sed propicio a nuestras oraciones y haced descender del cielo vuestra bendición sobre este remedio, para que el que lo tome, merezca adquirir la salud del alma y del cuerpo. Por Cristo Nuestro Señor". 

Misa por los enfermos

Introito (Salmo 54, 2-3). "Escucha, oh Dios, mi oración y no desprecies mi súplica; atiéndeme y óyeme. (Salmo 54, 3-4). Me entristecí en mi pena; y me sentí turbado a la voz del enemigo y ante la hostilidad del impío. Gloria al Padre".
Oración. — "Oh Dios omnipotente y sempiterno, salud eterna de los creyentes, óyenos en favor de tus enfermos, por quienes imploramos el auxilio de tu misericordia; para que, recobrada la salud, te den acciones de gracias en tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo".
Lección de la Epístola del Apóstol Santiago, V, 13-16. — "Carísimos: ¿Hay entre vosotros alguno triste? Que ore. ¿Está contento? Que cante salmos. ¿Enferma alguno de entre vosotros? Pues llame a los presbíteros de la Iglesia, para que oren por él, ungiéndole con óleo en el nombre del Señor, y la oración de la fe salvará al enfermo y el Señor le aliviará; y si se halla en pecados, se le perdonarán. Confesaos, pues, vuestros pecados y orad unos por otros, para que seáis salvos."
Gradual. (Salmo 6, 3-4). — "Apiádate de mí, Señor, porque soy débil; cúrame, Señor. Hasta mis huesos tiemblan y mi alma se ve sumamente turbada."
Aleluya, Aleluya. Salmo 101,2. — "Señor, escucha mi oración y llegue a Ti mi clamor. Aleluya."
Tracto, Salmo 30, 10-11. — "Apiádate, Señor, de mí, porque ando atribulado; mi vista, mi espíritu y mis entrañas se han estremecido por la angustia. Pues de puro dolor se va consumiendo mi vida, y mis años de gemir. Ha decaído en la miseria mi fuerza y mis huesos se han estremecido."
Evangelio según San Mateo (VIII, 5-13). — "En aquel tiempo: Y habiendo entrado en Cafarnaún, llegóse a Él un centurión y le rogó diciendo: Señor, tengo un criado postrado en casa, paralítico, y sufre mucho. A lo que Jesús: Yo iré y le curaré. Y replicó el centurión: Yo no soy digno de que entres bajo mi techo: mas di una sola palabra y será curado mi siervo. Pues yo soy un hombre que, aunque bajo la potestad de otro, digo a éste: Vete, y va; y digo a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oírle Jesús, quedó admirado, y dijo a los que le seguían: En verdad os digo: no he hallado tanta fe en Israel. Pues también os digo: muchos vendrán de Oriente y de Occidente y se pondrán a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; pero los hijos destinados a este reino serán arrojados a las tinieblas del ex-
terior, donde habrá llanto y rechinar de dientes. Y dijo al centurión: Vete, y te suceda como has creído. Y sanó al siervo en aquella hora".
Ofertorio, Salmo 54, 2-3. — "Oye, Señor, mi oración, y no desprecies mi plegaria; mírame y escúchame".
Secreta. — "Oh Dios, de cuyo arbitrio dependen los momentos de nuestra vida: recibe las súplicas y ofrendas de tus siervos enfermos, por los cuales imploramos tu misericordia; para que podamos regocijarnos con la salud de aquéllos por cuya vida tememos. Por nuestro Señor Jesucristo".
Comunión, Salmo 30, 17-18. — "Derrama la claridad de tu rostro sobre tu siervo, y sálvame según tu misericordia; Señor, no quede yo confuso después de haberte invocado."
Poscomunión. — "Oh Dios, único apoyo de la humana fragilidad: muestra el poder de tu auxilio con tus siervos enfermos; para que, fortalecidos con la esperanza de tu misericordia, merezcan ser devueltos sanos a tu santa Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo."

La Extremaunción

La Extremaunción se llama especialmente el sacramento de los enfermos. El Concilio de Trento (Sesión 14, Can. 1) la declaró instituida por Nuestro Señor y promulgada por el Apóstol Santiago en el cap. V de su Epístola, donde dice: "¿Está enfermo alguno de vosotros? Pues llame a los presbíteros de la Iglesia, para que oren por él, ungiéndole con óleo en el nombre del Señor, y la oración de la fe salvará al enfermo y el Señor le aliviará, y si se halla en pecados, se le perdonarán".
El Sacramentario de Serapión (IV siglo) establece netamente, en la fórmula de Bendición del óleo de los enfermos, la doctrina de la Iglesia: "Te invocamos, Todopoderoso y fuerte, Salvador de todos los hombres, Padre de Nuestro Señor y Salvador, Jesucristo, y te rogamos enviar desde los cielos de tu Hijo único, una fuerza que cure sobre este óleo, para que en los que serán ungidos con él y usarán de tus creaturas, se convierta en pérdida de debilidad e invalidez, en curación de todo demonio, en expulsión de todo espíritu impuro, en rechazo de todo espíritu maligno, en extirpación de toda fiebre y frío y debilidad, en buena gracia y remisión de los pecados, en remedio de vida y de salud, en santidad e integridad del alma, cuerpo y espíritu, en vigor perfecto...
Esto explica que si de acuerdo con el Canon 940 no se debe dar la Extremaunción más que al creyente que gozó de conocimiento y razón y por invalidez o por vejez se halla en peligro de muerte, este peligro debe entenderse en sentido amplio, y no esperar nunca que la situación sea desesperada, para recurrir al sacramento. Los autores religiosos son explícitos a este respecto.
La curación del cuerpo, por el efecto de la Extremaunción, ocurre —nos dice el Padre Jone— "por el robustecimiento de los recursos naturales, consiguientemente por vías naturales y no de una manera milagrosa. Por esta razón, si se retarda la recepción de la Extremaunción en forma que se necesitaría un milagro para salvar la vida, no se puede contar ya sobre este resultado. Por lo demás, este efecto no se produce si no es útil para la salvación del enfermo".
Otro autor escribe: "La Extremaunción, en lo que es un remedio contra las enfermedades físicas, obra al modo de los remedios y no por un milagro instantáneo. Es decir, que no se debe esperar para recibirla, hallarse in extremis. Sería temerario pedir al sacramento que obre una casi resurrección. Cura y sana ayudando las causas naturales, sosteniendo las fuerzas del enfermo no agotadas completamente todavía. ¿Quién no ha oído hablar de curaciones plenas acontecidas después de recibir el sacramento? ¿Y no es un hecho de la experiencia que el sacramento produce por lo menos una mejoría sensible en el estado físico y moral del enfermo?".

En todo caso serio, cuando el médico tiene algún temor, es un deber profesional, un deber médico tratar de que se recurra al remedio, de la Extremaunción, tanto como a la digitalina, a los sueros, al aceite alcanforado, etc.
Por otra parte, en razón de las virtudes espirituales de la Extremaunción, es un deber grave (Gury) para el médico hacer todo lo que está en sus manos, sobre todo advirtiendo del peligro en tiempo oportuno, para proporcionar al enfermo los beneficios del sacramento. El deber médico concuerda con el deber religioso.

El estado de conocimiento del enfermo Y la Extremaunción
La Extremaunción, dado que borra los pecados, no puede ser administrada a los niños que no alcancen a la edad de la razón, ni a los dementes que no hayan tenido nunca períodos de lucidez, porque unos y otros no pueden cometer más que actos sin valor moral. En cambio, debe darse a los dementes que en sus períodos de lucidez hayan presentado disposiciones religiosas favorables, como también a los enfermos sin conocimiento, cuya vida permita suponer que desearían o aceptarían con placer ese sacramento. Finalmente, en caso de muerte aparente, se puede administrar la Extremaunción bajo condición, en el mismo caso en que se puede dar la absolución, y esto más fácilmente, porque la Extremaunción no requiere una supuesta participación del enfermo, como la Penitencia.

Preparativos para la administración de la Extremaunción
Una mesa cubierta con un lienzo blanco, un crucifijo, dos cirios o velas, un plato con siete u ocho tapones de algodón, un poco de miga de pan, agua en un vaso y un lienzo, un recipiente con agua bendita y un ramito.

La Recomendación del alma
Creemos útil reproducir las oraciones de la Recomendación del alma, generalmente poco o nada conocidas. Sin embargo las mismas resumen toda la doctrina de la Iglesia sobre la misericordia divina, sobre la esperanza que debe llenar el corazón del moribundo y de los asistentes, y sobre la gloria dichosa que espera al alma libertada. El conocimiento de estas oraciones es esencial para entender lo que es exactamente la muerte, el dies natalis, el día del nacimiento, y dar una justa apreciación de todo lo que hemos dicho acerca de los últimos sacramentos. 

LETANIAS

Señor, ten misericordia de él (o de ella).
Jesucristo, ten piedad de él.
Señor, ten piedad de él.
Santa María, ora por él.
Santos Ángeles y Arcángeles, orad por él.
San Abel, ora por él.
Coro de todos los justos, orad por él.
San Abrahán, ora por él.
San Juan Bautista, ora por él.
San José, ora por él.
Santos Patriarcas y Profetas, orad por él.
San Pedro, ora por él.
San Pablo, ora por él.
San Andrés, ora por él.
San Juan, ora por él.
Santos Apóstoles y Evangelistas, orad por él.
San Lázaro, ora por él.
Santos Discípulos del Señor, orad por él.
Santos Inocentes, orad por él.
San Esteban, ora por él.
San Lorenzo, ora por él.
Santos Mártires, orad por él.
San Silvestre, ora por él.
San Gregorio, ora por él.
San Agustín, ora por él.
Santos Pontífices y Confesores, orad por él.
San Benito, ora por él.
San Francisco, ora por él.
Santos Monjes y Ermitaños, orad por él.
Santa María Magdalena, ora por él.
Santa Lucía, ora por él.
Santas Vírgenes y Viudas, orad por él.
Santos y Santas de Dios, interceded por él.
Sedle propicio, perdonadle, Señor.
Sedle propicio, libradle, Señor.
De vuestra cólera, libradle, Señor.
Del peligro de la muerte, libradle, Señor.
De la pena del infierno, libradle, Señor.
De todo mal, libradle, Señor.
Del poder del diablo, libradle, Señor.
Por vuestra Natividad, libradle, Señor.
Por vuestra Pasión, libradle, Señor.
Por vuestra Muerte y Sepultura, libradle, Señor.
Por vuestra gloriosa Resurrección, libradle, Señor.
Por vuestra admirable Ascensión, libradle, Señor.
Por la Gracia del Espíritu Santo, consolador, libradle, Señor.
El día del Juicio, libradle, Señor.
Aunque seamos pecadores, oíd nuestras oraciones, Señor.
Perdonadle, os lo rogamos, oídnos, Señor.
Señor, ten piedad de él.
Cristo, ten piedad de él.
Señor, ten piedad de él. 
Oración. — "Salid de este mundo, alma cristiana, en el nombre de Dios Padre Omnipotente, que os creó; en el nombre de Jesucristo, Hijo del Dios vivo, que ha sufrido por vos; en el nombre de los Santos Ángeles y Arcángeles; en el nombre de los Tronos y las Dominaciones, los Querubines y Serafines; en el nombre de los Apóstoles y Evangelistas, los Mártires y Confesores; en el nombre de los Monjes y Ermitaños; en el nombre de las Santas Vírgenes y de todos los Santos y Santas de Dios; que estéis hoy en la paz, que vuestra residencia sea en la santa Sión, por los merecimientos de Nuestro Señor Jesucristo. Amén".

Roguemos. — "Señor, Dios de misericordia, Dios de bondad, a quien agradan tanto las lágrimas de un pecador arrepentido, que le perdonáis todas sus faltas por grandes que sean; que olvidáis aunque ese pecador os ha ofendido y no consideráis más que su arrepentimiento, volved vuestros ojos de misericordia sobre vuestro siervo (o sierva). Él confiesa sus faltas, os pide perdón de todo corazón; oídle, Padre lleno de clemencia, renovad en él (o en ella) lo que el comercio del mundo, la fragilidad humana y la malicia del espíritu tentador pudo corromper o arruinar en su alma. Unid, ligad al cuerpo de vuestra Santa Iglesia este miembro que habéis redimido. Oíd sus gemidos, considerad sus lágrimas, y que ellas os apiaden. Toda su confianza está en Vos; no espera más que en vuestra bondad: abridle, Señor, la puerta que lleva a la salvación; admitidlo (o admitidla) a la gracia de una perfecta reconciliación; os lo suplicamos por nuestro Señor Jesucristo. Amén".
"Os recomiendo a Dios Todopoderoso, mi hermano carísimo (o mi hermana carísima), y os remito a las manos de Aquel que os creó, para "que después que hayáis pagado con vuestra muerte la deuda común de la naturaleza humana, volváis a vuestro Creador que os formó del lodo de la tierra. Que la legión gloriosa de los Ángeles venga al encuentro de vuestra alma, cuando salga de vuestro cuerpo. Que el senado de los Apóstoles, que debe juzgar con Dios a todo el mundo, os acoja favorablemente. Que el ejército triunfante de los Mártires se alegre de vuestra llegada. Que la brillante compañía de los Confesores os rodee. Que el coro de las Vírgenes os lleve al palacio del celeste Esposo con cánticos de alegría. Que admitido en el seno de Abrahán, todos los Patriarcas os feliciten y os abracen. Que Jesucristo se os muestre con una faz llena de dulzura y alegría; que os coloque entre los que siempre han de estar cerca de Él. Que podáis ignorar lo insoportables que son las tinieblas, las llamas y las torturas. Que el demonio y sus ministros se reconozcan vencidos, viéndoos llegar en compañía de los Ángeles. Que esa legión infernal vaya a precipitarse en el abismo desde que aparezcáis. Que Dios se levante y sus enemigos sean disipados y los que le odian, huyan delante de su faz; que se pierdan como el humo, que los malvados perezcan delante de Dios, como la cera se funde delante del fuego. Que los justos, en cambio, estén en leticia y embeleso ante el Señor y sean colmados de alegría. Que todos los demonios sean confundidos; que la vergüenza los lleve a esconderse en sus sombrías mansiones, y que os dejen libre el camino del ciclo. Que Jesucristo, que ha sufrido por vos, os ahorre todo suplicio en el otro mundo. Él ha muerto por vuestra salvación; que os salve pues de la pena eterna; que os coloque en el paraíso para gozar allí de las delicias espirituales que nada ya podrá trastornar. Que ese Pastor caritativo os reconozca por una de sus ovejas; que os perdone vuestros pecados y os coloque a su derecha, en compañía de sus elegidos. ¡Que podáis ver a vuestro Redentor cara a cara! Que podáis contemplar siempre a ese Dios de la verdad, y entre los dichosos gocéis las dulzuras de la contemplación divina, en los siglos de los siglos. Amén".
Oración: "Señor, recibid, si os place, el alma de vuestro siervo (o vuestra sierva) en el puerto de la salvación, que esperó obtener de vuestra misericordia. "Amén.
"Señor, librad su alma de todos los peligros del infierno, de las redes de los demonios, y de todos los males de la otra vida. "Amén.
"Señor, que habéis preservado a Enoch y a Elias de la muerte común de todos los hombres, librad el alma de vuestro siervo (o vuestra sierva) de la muerte eterna. "Amén.
"Señor, librad su alma, como librasteis a Noé del diluvio. "Amén.
"Señor, librad su alma, como librasteis a Abrahán de la tierra de los Caldeos. "Amén.
"Señor, librad su alma, como librasteis a Job de los sufrimientos. "Amén.
"Señor, librad su alma, como librasteis a Lot de Sodoma y de su incendio. "Amén.
"Señor, librad su alma, como librasteis a Isaac de las manos de su padre que quería inmolarlo. "Amén.
Señor, librad su alma, como librasteis a Moisés de la persecución del Faraón, rey de Egipto. "Amén.
"Señor, librad su alma, como librasteis a Daniel de las fauces de los leones. "Amén.
"Señor, librad su alma, como librasteis a los tres jóvenes de la hoguera ardiente y de las manos de un rey injusto. "Amén.
"Señor, librad a su alma como librasteis a Susana del crimen del que fué injustamente acusada. "Amén.
'"Señor, librad su alma, como librasteis a David de las manos de Goliat y de Saúl. "Amén.
"Señor, librad su alma, como librasteis a San Pedro y a San Pablo de las cárceles. "Amén.
"Y del mismo modo que librasteis a la bienaventurada virgen y mártir Santa Tecla de tres horribles tormentos, os suplicamos, Señor, libréis el alma de vuestro siervo (o de vuestra sierva), y le hagáis la gracia de gozar con Vos la posesión de los bienes del cielo. "Amén.
Oración: "Os recomendamos, Señor, el alma de vuestro Servidor. Os rogamos, Salvador del mundo, recibáis esta alma en el seno de los patriarcas Abrahán, Isaac y Jacob. Por ella habéis descendido del cielo sobre la tierra; que goce de ese beneficio en toda su extensión. Reconoced, gran Dios, a vuestra criatura que no ha sido creada para dioses extraños, sino para Vos, que sois el único Dios vivo y verdadero; porque no hay otro Dios que Vos y nada es comparable a vuestras obras. Señor, haced gozar a esta alma de vuestra presencia; en eso sólo consiste la verdadera dicha y la firme leticia. No recordéis sus iniquidades pasadas y de los excesos a que la violencia y el transporte de sus pasiones desgraciadamente la han llevado. Ha pecado y lo confiesa. Mas nunca os negó, Trinidad adorable; conservó la fe y tuvo el celo de Dios; fué fiel en vuestra adoración, oh Dios que creasteis todas las cosas".
Oración: "No os acordéis, Señor, de los pecados de su juventud, ni de los que cometiera por ignorancia. No os acordéis más que de vuestra misericordia y llevadle a la residencia de la gloria. ¡Que se le abran los cielos! Que los Ángeles se alegren de su llegada. Es una criatura vuestra, Rey Omnipotente. Que marche bajo el estandarte del arcángel San Miguel, que es el jefe y el conductor de la celeste milicia; que los Angeles vengan a su encuentro y que la introduzcan en la celeste Jerusalén. Que el glorioso apóstol San Pedro le abra la puerta de esa mansión de los Santos. Que el apóstol San Pablo, vaso de elección, venga en su auxilio. Que San Juan, el discípulo bien amado, al que fueron revelados los secretos del cielo, interceda por ella. Que todos los Apóstoles, a quienes el Señor dió el poder de remitir los pecados o retenerlos, recen por ella al Dios de toda gracia. Santos y Santas que habéis sufrido tantos tormentos sobre la tierra por el nombre de Cristo, sedle favorables y ofreced sus votos al Dios que os eligió; unid vuestras oraciones a las suyas, para que libre y despojada de todo vínculo del cuerpo, sea admitida a la participación de la gloria celeste, por los merecimientos de nuestro Señor Jesucristo, que con el Padre y el Espíritu Santo, vive y reina en todos los siglos de los siglos". "Amén.
Y cuando haya rendido el alma:
"Santos amigos de Dios, acudid en su auxilio. Ángeles del Señor, venid a recibir su alma, para presentarla al Altísimo. Que Jesucristo, que os ha llamado, os reciba, y que los Espíritus bienaventurados os conduzcan al seno de Abrahán."

Dr. Henry Bon
MEDICINA CATOLICA

lunes, 8 de octubre de 2012

LA MEDICINA Y LOS SACRAMENTOS. EL MATRIMONIO


Promesa de matrimonio. — Aptitud física al matrimonio y nulidad del mismo. — Validez del contrato. — Realización del contrato: unión moral, unión corporal. — Causas de nulidad.
Fisiología cristiana del matrimonio. — La unión física debe ser tal que no haya ningún obstáculo a la fecundación.
Regulación de la vida sexual. — Ella debe estar por entero sometida a la voluntad. Ausencia de embarazo sin esterilidad verdadera; a) relaciones conyugales durante períodos fecundos (Ogino-Smulders); b) fecundación artificial. Embarazos peligrosos o poco deseables: continencia, continencia periódica, anafrodisíacos. Está prohibida toda práctica anticonceptiva.
La bendición de la madre.
Bibliografía.

Promesa de matrimonio
La promesa de matrimonio (noviazgo), realizada en forma válida, obliga a contraer matrimonio en un plazo conveniente. No permite intentar una acción ante el juez eclesiástico, para exigir la celebración del matrimonio, pero sí una acción para obtener la reparación del daño causado (Can. 1017, § 3).
La ruptura de la promesa puede ocurrir por consenso mutuo, o en razón de un cambio importante en la situación, sobrevenido durante el noviazgo o conocido solamente después de formulada la promesa. En su faz médica, el caso comprende la sífilis, la tuberculosis, enfermedades análogas o bien operaciones que dejan mutilación.
Además es deber de los novios comunicarse las cosas que puedan causar grave daño a una de las partes: son ellas una enfermedad contagiosa, una operación que implica la esterilidad, un embarazo debido a otra persona que no sea el novio. Por consecuencia, es deber del médico advertir exactamente de su estado al novio que atiende, para que éste pueda cumplir su obligación de lealtad. El certificado médico prenupcial, ya sea él obligatorio o no por ley civil, es en realidad una cuestión de honestidad.

Aptitud física al matrimonio y nulidad del mismo
La institución se remonta al origen del mundo, cuando Dios, después de la creación del hombre, dijo: "No es bueno que el hombre esté solo; hagámosle una compañera que se le asemeje". Y habiendo extraído del hombre a la primera mujer, les dijo: "Creced y multiplicaos". Nuestro Señor recordó ese origen, cuando dijo:
"Por eso el hombre abandonará a su madre y a su padre y seguirá a su mujer. "Y serán dos en una sola carne. Porque no son más dos, sino una sola carne. "Así no separe el hombre, lo que Dios ha unido".
De ello viene la definición clásica:
"El matrimonio es un sacramento que forma una unión santa e inseparable entre el hombre y la mujer, y que les da la gracia de vivir cristianamente en ese estado, de tener hijos legítimamente y de educarlos en el temor de Dios".
Para realizar esta unión, moral y corporal a la vez, y constituir la totalidad del matrimonio, se necesitan dos elementos:
1. Un contrato por el cual los dos esposos se comprometen a la unión moral y corporal que caracteriza la unión conyugal;
2. La realización de esa unión total. Y como la unión moral está implícitamente contenida en la adhesión al contrato, si esta adhesión se da válidamente, es la unión corporal la que determinará la consumación del matrimonio. (La falta de validez del contrato explica las declaraciones de nulidad del matrimonio, aunque haya hijos, de lo cual se escandalizan personas que no reflexionan, que el concubinato, aun con nacimiento de hijos, casi nunca fue considerado como un matrimonio).
La medicina podrá intervenir con relación a estos dos elementos del matrimonio.

I. — Validez del contrato
Uno de los puntos esenciales para la validez del contrato reside en el consenso de cada una de las partes contratantes. Llegará el caso, pues, en que el médico podrá ser interrogado:
1. Si hubiera duda acerca de la madurez espiritual de uno de los contrayentes (naturalmente, de edad superior a la requerida por el Derecho canónico).
2. Si se supusiera la existencia de la locura en el momento del matrimonio. Por lo expuesto acerca de la psicosis periódica en el capítulo sobre "El Orden", se ve que este peritaje puede llegar a ser muy delicado.
3. Si hubiera coerción. En realidad, el matrimonio es inválido, si una persona lo contrae bajo la influencia de un temor grave, externo e injusto, del que no pueda librarse más que contrayendo el matrimonio (Can. 1087).
El temor debe ser externo, es decir, debe venir de una persona y no de una enfermedad, de los remordimientos de conciencia, de ideas obsesionantes, alucinaciones, etc., del mismo sujeto.
Pero si la acción externa ha sido ejercida, el temor puede ser grave relativamente al sujeto considerado, por ejemplo, en razón de su constitución hiperemotiva, psicasténica o ciclotímica.
En consecuencia, un estado nervioso, incapaz por sí mismo de viciar el consentimiento, podrá causar ese vicio, asociado a una coerción que por sí misma a su vez no hubiera sido suficientemente grave como para viciar el consenso.

II. — Realización del contrato
a) La unión moral es evidentemente la parte sublime del hecho del matrimonio. Y es justamente a ella que se aplica la regla prescrita por el Apóstol, cuando dice: "Esposos, amaos como Cristo amó a su Iglesia"
Los matrimonios místicos la evocan y San Francisco de Sales la celebra: "Por sobre todo, exhorto a las personas casadas al amor mutuo que el Espíritu Santo les recomienda en las Sagradas Escrituras... El primer efecto de ese amor es la unión indisoluta de los corazones, después que ha sido santificada por la aplicación de los merecimientos de la sangre de Jesucristo en el sacramento... y esta unión no es tanto la de los cuerpos como la de las almas"
De ella nos habla el papa Pío XI en su Encíclica Casti connubii. "La unión conyugal —dice— acerca, pues, en un íntimo acuerdo, las almas más estrechamente que los cuerpos... En esa mutua formación interior de los esposos y en la asidua aplicación a trabajar su recíproca formación, se puede ver en toda verdad, como lo enseña el Catecismo romano, la causa y la razón primera del matrimonio..."
Es ella la que en cierta medida sobrevive después de la muerte, y que hace que, aun tolerando y hasta aconsejando un segundo matrimonio, cuando determinadas condiciones lo tornan deseable, San Pablo rehúsa a las viudas de un segundo matrimonio la admisión al rango de diaconisa, y que la Iglesia rehúsa a los viudos análogos el acceso al sacerdocio. Igualmente, si el contrato del matrimonio cristiano se aplica a ambas uniones a la vez, y si ninguno de los dos esposos tiene el derecho de rehusar la unión física a su cónyuge, ambos esposos pueden por consenso mutuo renunciar a la unión corporal y vivir en la sola unión moral. Tal fue la unión de San José y la Virgen María, la del emperador Marciano y Santa Pulqueria, de San Valeriano y Santa Cecilia, de San Enrique y Santa Cunegunda, de San Eleazar y la Venerable Delfina de Sabran, de numerosos Santos y personas religiosas, como Marta Devuns (1865-1926), el apóstol de Cristo Rey, y Jorge de Noaillat.
En este caso el matrimonio es válido y real (Advirtamos de paso, que existen a veces matrimonios blancos, contraídos por razones particulares: bienes de familia que salvar, herencias para transmitir, hijos que educar o proteger, razones políticas, etc. Pero en tales casos se trata sólo de una ficción legal) en absoluto, porque su esencia es el contrato, pero como no ha sido consumado, puede ser disuelto, ya por dispensa del Soberano Pontífice, ya por la profesión religiosa solemne.

b) La unión corporal se realiza por el cumplimiento de los actos que llevan normalmente a la procreación.
Las anomalías anatómicas o fisiológicas que impidan estos actos, constituyen la impotencia, que si es permanente y anterior al matrimonio, invalida el matrimonio mismo, tanto que proceda del hombre como de la mujer, que sea conocida por la otra parte o no lo sea, que resulte absoluta o relativa (Can. 1068, § 1).
Es en estos casos cuando el médico podrá ser interrogado por los candidatos al matrimonio o, si ha sido celebrado, por los cónyuges. Y deberá extenderles certificados, para fundar su pedido de anulación o podrá ser designado perito para verificar las afirmaciones de los interesados.
Dada la definición de la impotencia, se comprende que la ausencia de ovario o útero, la esterilidad femenina por causa interna, la azoospermia, etc., no corresponden ni son causa de nulidad. La esterilidad no torna inválido ni ilícito al matrimonio (Can. 1068, § 3).
Serían causa de nulidad:
1. La carencia de testículos, congénita, traumática u operatoria. Hay, en realidad, en estos casos imposibilidad de emisión del esperma.
La vasectomía parece asimilable a esta carencia, porque causa la misma imposibilidad. La criptorquidia en la medida o por el hecho de la atrofia de la glándula, anulando la espermatogénesis, la atrofia patológica de los testículos que implicara la falta total de esperma, podrían también constituir el caso.
2. La ausencia del pene, congénita, patológica, traumática u operatoria; la reducción de este órgano o una deformación que hiciera imposible el coito completo; finalmente la falta de erección. Sin embargo, en este caso, si a pesar de ello se realizara una fecundación, es evidente que, cumplido el fin de la unión corporal, el matrimonio sería válido.
Finalmente, si una leve operación, sin peligro, pudiera remediar la deformación, o una terapéutica adecuada enmendar el defecto, la invalidez no podría ser invocada, antes de intentarse esa corrección.
3. La ausencia total de vagina, la atresia vaginal que hiciera imposibles las relaciones completas, un vaginismo irreductible.
En este caso la invalidez existiría solamente, si una intervención sin peligro, capaz de corregir la deformación, o una terapéutica apropiada, hubieran siendo intentadas inútilmente.
Hagamos notar que en los hermafroditas, una vez determinado su verdadero sexo, la impotencia que exista en relación con ese sexo, depende de uno de los casos citados.
Advirtamos también que los teólogos han discutido largamente y no son unánimes acerca de los casos de impotencia. La impotencia como la hemos definido, corresponde a la opinión general de hoy, para la que, de acuerdo con el cardenal Gasparri, la consumación del matrimonio reside en el depósito del esperma in vas naturale, en el recipiente natural. Más hay teólogos que objetan que la emisión del óvulo en la mujer corresponde a la emisión del esperma en el hombre, y que por lo mismo la ausencia de útero o de ovarios debe ser asimilada a la ausencia de testículos. Por otra parte, en caso de falta de vagina, ¿puede admitirse que la creación de una vagina artificial, por ejemplo, con operación de Baldwin-Mori, cabe considerarse como realización de un vas naturale? La cuestión ha sido planteada a Roma y no ha recibido solución.
De cualquier manera, se ve que, en casos de impotencia, el médico está llamado a intervenir:
1. Para aconsejar o tomar en caso de fracaso las medidas requeridas para hacer cesar la impotencia, si eso es posible;
2. Para emitir los certificados necesarios para exponer los fundamentos justos del pedido de declaración de nulidad del matrimonio;
3. Como perito médico, para establecer la realidad de la impotencia invocada y la imposibilidad de remediarla, por lo menos sin peligro.

La no consumación del matrimonio, además de la imposibilidad, puede resultar de la negativa de uno de los esposos a la unión corporal. Esa abstención puede proceder de diversos motivos: deseo de no tener hijos, descubrimiento de una enfermedad en el cónyuge, temor de transmitirle una enfermedad venérea, etc. Cualquiera sea el motivo, la no consumación permite solicitar al Papa la dispensa del matrimonio no consumado, que anula el contrato firmado pero no ejecutado.
El médico será llamado a atestiguar la no consumación lo que no será siempre fácil de establecer.
Ocurre que ciertos cónyuges pueden elegir entre el motivo de la impotencia y el de la no consumación, para hacerse desligar de su compromiso. Conviene saber que la declaración de nulidad por impotencia implica la imposibilidad de un nuevo matrimonio, salvo revisión del proceso o autorización especial. La dispensa por no consumación de matrimonio prepara mejor para el porvenir.
Recalquemos que si la Iglesia consiente en la anulación, en esos casos prefiere que los esposos vivan en el estado de matrimonio solamente moral. Los papas Clemente III, Lucio III y Alejandro IV proclamaron que la costumbre de la Iglesia es la proclamada por San Gregorio, que quiere "que se exhorte a una mujer casada con un impotente a vivir con él como con un hermano; pero —agrega— si ella no quiere someterse a esta ley, hay que separarla y permitirle el matrimonio con otra persona" (Chardon, Mariage).

Fisiología cristiana del matrimonio
La unión física en el matrimonio tiene por fin "la propagación legítima de los hijos de Dios", como dice Bourdaloue. Es en razón de ese fin que el celebrante, durante la bendición nupcial, reza en estos términos:
"Oh Dios, que con el poder de tu virtud criaste todo de la nada y que, hecho ya el universo, estableciste para el hombre, formado a tu imagen, la ayuda inseparable de la mujer, sacando el cuerpo femenino del cuerpo del varón, y enseñando que lo que en adelante se uniese, en virtud de tu institución, no fuese lícito separarlo jamás, haz que tu sierva... sea fecunda en hijos... Haz, Señor, que ambos vean los hijos de sus hijos hasta su tercera y cuarta generación y lleguen a una feliz ancianidad..."
Y al final de la Misa, agrega:
"Que el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob sea con vosotros, y Él os colme de bendiciones, para que veáis los hijos de vuestros hijos hasta la tercera y cuarta generación y después tengáis sin fin la vida eterna..."

Así los esposos están libres de realizar esta unión corporal, como convenga a sus afectos y a sus instintos, con la sola condición de que la efusión espermática tenga lugar in vas naturale, y que no se pongan obstáculos a la fecundación que pueda sobrevenir.

Regulación de la vida sexual
La unión física queda así librada a la discreción de los esposos, que deben saber mantenerla bajo el contralor de los sentimientos y de la razón. Muchas circunstancias: viajes, enfermedades, salud, pruebas diversas obligan a la continencia total o relativa; la continencia relativa es conveniente en las épocas de penitencia de la Iglesia. Esta reserva, esta disciplina de los sentidos que los somete al contralor de la vida moral, y que impide que no se entronicen en reflejos esclavizantes, puede realizarse cómodamente por el hombre normal. La raza humana está exenta de la esclavitud del período afiebrado que dirige la vida sexual en los animales. El hombre es libre en este aspecto, y si no se embrutece en una rutina mecánica que transforma la unión física creadora en un simple reflejo exonerador, puede conservar siempre esta libertad. En realidad, en él todo está sometido a la vida moral; si el amor conyugal implica muy naturalmente la unión de los cuerpos, esta unión nunca es despótica. El apetito carnal desaparece ante los sentimientos de horror, de miedo, de dolor; la impotencia por emoción, timidez, respeto, es una noción clásica; y también naturalmente, los sentimientos nobles, como los del deber, del amor mutuo sacrificado por Cristo, el respeto, la piedad anulan o eliminan el deseo sexual, cuando sería inoportuno. Se puede decir —y no es paradoja— que la facilidad para la continencia es proporcional a la grandeza del amor conyugal.
Mas puede ocurrir que los esposos se vean llevados a pedir los consejos del médico en dos circunstancias: cuando no se verifica ningún embarazo, ya sea que no parezca probable la esterilidad de ninguno de los dos, ya sea que las circunstancias hagan contemplar al embarazo como cosa poco deseable y una continencia absoluta parezca difícil o penosa.

1. Ausencia de embarazo salvo el caso de esterilidad.
a) Se tratará a menudo de casos en que uno de los cónyuges ejerce una profesión que lo obliga a ausencias frecuentes: viajante de comercio, caminero, trabajo de noche, etc. Las relaciones conyugales se hallan en estos casos limitadas a breves períodos y puede acontecer que esos períodos coincidan con los períodos de esterilidad normal de la mujer.
Según Ogino y Smulders, la ovulación se realiza entre el 16 y el 11 día precedentes al primer día del período menstrual siguiente. El óvulo no tiene más que una vida de algunas horas; los 11 días que anteceden pues a las reglas son seguramente estériles. Por otra parte la vitalidad de los espermatozoos no excede mucho de las 48 horas. Un coito anterior de más de 48 horas no puede ser fecundativo, por esta razón. Las relaciones pueden ser fecundas solamente durante los días que van desde el 19 y el 12 antes del primer día de las reglas siguientes, o sea por un período de 8 días. En caso de ciclo menstrual regular, es fácil para el médico determinar este período fecundo. En caso de ciclo irregular, el cálculo es más difícil; el período fecundo está comprendido entre el 19 día del ciclo más corto y el 12 del ciclo más largo. Además puede haber casos anormales o patológicos. Pero, de manera general, parecería conveniente llamar la atención de los esposos sin hijos y a menudo separados, sobre esa corta duración del período fecundo y determinar este período para la mujer interesada. Pueden resultar embarazos felices. Anotemos finalmente que los esposos que, de acuerdo con el ideal preconizado por San Agustín, quieren conceder lo menos a la carne, aun teniendo el deseo de una hermosa descendencia, pueden limitar sus relaciones a los períodos de fecundidad. Recordemos que la ley de Moisés, que prohibía las relaciones conyugales durante las reglas y en los siete días siguientes, tenía por consecuencia que esas relaciones se reanudaran en pleno período de fecundidad o de prolificidad racial.
b) Otras veces parecerá que determinadas condiciones anatómicas puedan impedir la penetración de los espermatozoos en el útero. Se puede recurrir entonces a la fecundación artificial; ésta se considera lícita por los teólogos, bajo la condición que el coito haya sido normal, es decir que la efusión del esperma tenga lugar en la vagina. De lo contrario, sería ilícita. Es inútil decir que no se puede recurrir al esperma de un tercero.
2. Embarazo peligroso o poco deseable.
Si un embarazo eventual amenaza un peligro cierto para la vida de la mujer, el médico, al señalarlo, debe aconsejar la continencia total, única medida adecuada para dar una seguridad absoluta. Si el peligro es inseguro y los esposos, aun deseando evitarlo lo más posible, no quieren entretanto resolverse a una continencia total, o si un embarazo es simplemente poco deseable por razones serias, pero no imperativas (temor de transmisión de taras, situación pecuniaria difícil, etc.), el médico podrá aconsejar la limitación de las relaciones al período de esterilidad femenina probable, comprendido entre el 12 día que precede las reglas y el 19 que precede a las siguientes. El médico podrá fijar ese período teniendo en cuenta los ciclos irregulares y las anomalías posibles. Esta es la continencia periódica, que parece absolutamente legítima, con la condición de que se funde en razones serias y no en el simple temor egoísta de nuevas cargas de familia.
En cambio, el médico católico no debe nunca aconsejar prácticas anticonceptivas y, en las familias cristianas, debe emplear su influencia para hacerlas abandonar si se hubiesen adoptado.
Si ha debido aconsejar la continencia, debe saberla facilitar indicando el tenor de vida y los derivativos espirituales más apropiados para aplacar los sentidos. Debe finalmente prescribir los anafrodisíacos que crea oportunos y eficaces. El médico católico tiene el deber formal de facilitar la observancia de las leyes de Dios y de la Iglesia, sobre todo si está en la obligación de dictar prescripciones que tornan difícil esta observancia. La colaboración de la terapéutica con la virtud está netamente indicada por Pío XI: "Se engañan gravemente, en cambio, los que desprecian o descuidan los recursos que exceden a la naturaleza y creen poder llevar a los hombres a refrenar los deseos de la carne, por la práctica y los descubrimientos de las ciencias naturales (p. ej. de la biología, de la ciencia de las transmisiones hereditarias, y otras semejantes). Lo que no significa que no se deba tener en cuenta esos recursos naturales; porque hay un solo autor de la naturaleza y de la gracia, Dios, quien ha dispuesto los bienes del orden natural y del sobrenatural para el servicio y la utilidad de los hombres. Los fieles pueden, pues, y deben ayudarse también con los recursos naturales. Pero es equivocado creer que esos medios son suficientes para asegurar la castidad de la unión conyugal, o atribuirles una eficacia más grande que al socorro de la gracia sobrenatural" (Encíclica Casti connubii).

La bendición de las madres
Hemos visto en otra parte lo que concierne la concepción, la gestación, el parto, el bautismo y el amamantamiento. Completemos el problema del matrimonio con unas palabras acerca de la bendición de las madres. Autores mal informados escriben corrientemente que la Iglesia menosprecia las cosas de la generación y citan como ejemplo la bendición de las madres, que ellos creen ser una ceremonia purificadora.
Es, al contrario, por la dignidad del matrimonio, por la importancia espiritual y material de la creación de nuevos seres, que la Iglesia rodea a la unión del hombre y la mujer de barreras que la defiendan de todo envilecimiento y la hace objeto al mismo tiempo de la solicitud de sus más bellas ceremonias y bendiciones, para magnificar este Sacramento de institución divina. La bendición de las madres es un testimonio de ese espíritu y es sólo por un gravísimo error que algunos la confunden con la Purificación correspondiente de la ley mosaica. Ésta vivió bajo el signo de la maldición, de la prueba: "Parirás con dolor". Mas la Redención lo ha cambiado todo; la ceremonia de la Purificación ha hecho lugar a la de la alegría; es lo que reza expresamente la oración respectiva: "Dios eterno y omnipotente, que con el parto de la Bienaventurada Virgen María, has cambiado en alegría para tus fieles los dolores de la mujer que da a luz, vuelve tus ojos propicios sobre ésta tu sierva, que alegre viene en acción de gracias a tu santo templo, y acuérdale que después de esta vida, por los merecimientos y la intercesión de la misma Bienaventurada María, merezca llegar con su hijo a la Leticia de la beatitud eterna".
Acción de gracias por haber atravesado felizmente los peligros del embarazo y del parto, acción de gracias por la feliz fecundidad acordada por Dios, acción de gracias por haber adquirido la dignidad de madre de un nuevo hijo de Dios.
Y la Iglesia se alegra con la joven madre. El sacerdote viste la estola blanca, signo de leticia; va a recibir a la mujer feliz en la puerta de la Iglesia y la rocía con agua bendita de acuerdo con el rito reservado a los grandes personajes, a los soberanos. Se recita el salmo 23, Domini est térra, que se canta en los días de ordenación para celebrar la entrada de los nuevos tonsurados, elegidos del Señor. Y esta bendición de la mujer después del parto, es estrictamente reservada a la maternidad en el matrimonio legítimo, lo que define claramente el carácter laudatorio y no de purificación. Mucho antes de que se crearan las medallas a la maternidad, la Iglesia supo honrar a la mujer que acepta las cargas del parto e invoca sobre ella el socorro más poderoso: la bendición de Dios.

BIBLIOGRAFIA

Obras varias:
Biot, Dr. René: Les buts du mariage, Ediciones "Mariage et famille", París, 1932.
Bon, Dr. Henri: Nullite de mariage et opération de Baldwin-Mori, en Bull. Soc. Med. St. Luc., 1924, pág. 248.
Capelmann y Bergmann: La Médecine pastorale, Lethielleux, París, 1926.
Jone, Rev. P. Heriberto: Precis de Théologie morale catholique, Casterman, París, 1933.
 Smulders, Dr., Heymkijer, Rev. P., Guchtenkere, Dr. R. de: De la continence périodique dans le mariage, Letouzey, París, 1933.