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miércoles, 29 de agosto de 2012

COMENTARIO AL TEXTO DE COMO LOS JUDIOS CAMBIARON EL PENSAMIENTO CATOLICO (6 y ultimo))

Por R.P. Joaquín Saenz Arriaga
 
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El insigne escritor George Knuffer, en su extraordinaria obra La lucha por el poder mundial, confirma ampliamente nuestros anteriores conceptos:
"En la actualidad nos estamos acercando al punto álgido de la lucha por el poder mundial, que ha venido librándose durante siglos. Este problema nos concierne a todos y a cada uno de nosotros... ¿Vamos a ser hombres libres al servicio de Dios y de nuestro prójimo, o vamos a ser esclavos, privados incluso del derecho de adorar a Dios, según El lo quiere y nuestra conciencia lo exige? Esta es la cuestión y a ella están vinculadas la supervivencia de nuestras naciones y Estados, de nuestras culturas e incluso las supervivencias raciales. Todo está comprometido, incluyendo, en muchos casos, nuestras propias vidas..."

"De este modo vemos que si un día el centro, el punto focal de la conspiración para obtener el poder material mundial, parecía estar en Moscú, con su jefatura disfrazada simbólicamente de la Tercera Internacional, actualmente el centro, el punto focal de la misma lucha por la dominación del globo, respaldada por la misma gente de antes, no está ya en Moscú, sino en Washington y Nueva York, habiendo respaldado la ONU (Organización de las Naciones Unidas) a la Tercera Internacional.
"Si la antigua Liga de las Naciones fue instituida como una unidad de adiestramiento y un ejemplo para acostumbrar a la gente a la idea de internacionalismo y al abandono de la soberanía estatal, en favor de un anónimo poder internacional, que ni siquiera se ha declarado cristiano, la Organización de las Naciones Unidas tiene una verdadera finalidad, es la última expresión antes de la culminación del plan de proclamar el mesianismo materialista.
"Bajo este prisma es fácil comprender por qué estos últimos años un número considerable de comunistas declarados se han convertido en prominentes y, al parecer, sinceros anticomunistas. A primera vista puede parecemos que han reformado su opinión. Nada de esto: lógica y consistentemente siguen luchando por los mismos principios de antes, pero de una forma nueva y mejor. No han abandonado su designio fatal, sino únicamente los instrumentos que han resultado ineficaces..."
"Un aspecto importante del truco de las tres cartas, que tiene una relación concreta con los presentes acontecimientos mundiales y explica muchos de sus detalles y características, es que debemos tener presente la existencia, por así decirlo, de dos bolchevismos: el bolchevismo blanco, con su punto focal y base principal en América y el bolchevismo rojo, con su centro en Rusia. Entendemos aquí por bolchevismo la expresión del estado de ánimo y modo de vivir inducidos por el mesianismo materialista, independientemente de si la forma de gobierno, en cualquier caso, es la democracia parlamentaria o la de un terror abierto y despiadado. Naturalmente sabemos y admitimos que, hoy por hoy, la vida en los países sujetos al bolchevismo blanco es mucho mejor en todos los aspectos que bajo el gobierno rojo; pero, ambos bolchevismos se relacionan en el fondo, tanto en su espíritu como en su objetivo final".
"De hecho, como ya sabemos, fueron los blancos, o, mejor dicho, sus dirigentes, los que dieron vida a la variedad roja; y repetimos de nuevo que los americanos, los rusos y todos los demás no son, en manera alguna, responsables de los sistemas que los oprimen o, por lo menos los explotan".
"Pero los que tienen el propósito de gobernar al mundo no pueden dejarlo dividido, aunque sea nominalmente, en dos campos: el rojo y el blanco, o entre democracia y socialismo, tienen que unirlo bajo una social democracia o democracia cristiana, como se ha llamado. Para lograrlo, los protagonistas del bolchevismo blanco saldrán a escena (ahora que el comunismo rojo se ha hecho tan odioso; actitud conscientemente aconsejada en el momento oportuno) como los libertadores del mundo. Los blancos nos salvarán a todos de los rojos, sustituyendo una variación del mismo tema por otra, reteniendo así la iniciativa y asegurándose un apoyo casi universal. De este modo se logrará el final consentimiento del mundo. Ello es seguro, a menos que todos nos tomemos la molestia de comprender las cuestiones en juego y emprendamos la línea de conducta que requiera".


 En este truco, la religión y especialmente el Catolicismo tenía que respaldar, en un deseo de paz, los planes enemigos. Por eso vino la nueva táctica a buscar pacífica coexistencia, a abrir el diálogo con los mayores enemigos de Cristo y de su Iglesia.
No lo olvidemos: el enemigo que hoy nos halaga, el que nos recibe con honores, el que abre generosamente la bolsa para ofrecernos su ayuda, será el mismo que mañana nos esclavice y se burle de nuestra derrota. Después del Domingo de Ramos, vino el Viernes Santo, con sus voces blasfemas, con su Calvario y con su Cruz.


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Hemos insistido en señalar, como una explicación dolorosa pero cierta de la revolución religiosa que hoy sacude al mundo y que parece ser el presagio de nuestra ruina total, el hecho incuestionable de las infiltraciones judías, masónicas y aun comunistas, que actúan eficasísimamente dentro de la Iglesia de Cristo. Ya el Divino Maestro había anunciado esas infiltraciones futuras, esos lobos vestidos con pieles de ovejas, esos pastores mercenarios, que, al ver venir el lobo, huyen y abandonan a las ovejas en sus garras; y Su Santidad el Papa San Pío X, las denuncia en su Encíclica "Pascendi Dominici gregis" contra el modernismo. El artículo de la revista LOOK parece comprobarnos ampliamente la acción coordinada que dentro de la Iglesia pudieron realizar los jefes de las Organizaciones Judías.
No nos toca a nosotros investigar los casos, ni señalar las responsabilidades. Ni siquiera podemos afirmar que haya habido mala fe y traición voluntaria en las personas concretas, cuyos nombres podrían aducirse. Solamente el juicio de Dios, que conoce los secretos de los corazones, podrá algún día descubir a los traidores emboscados. Por lo demás, nuestro escrito no quiere ni busca acusaciones personales, sino descubrir más bien los ardides del enemigo y convencer a los que todavía no admiten el tremendo problema del Judaismo Internacional.


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Nada más como una cita histórica, relacionada con el tema que venimos tratando, nos parece oportuno y conveniente citar aquí un documento que la Delegación Arabe de Palestina en la ONU dirigió a su Eminencia el Cardenal Bea S. J., y que fue publicado en diversos periódicos de los Estados Unidos.
441 Lexiton Ave.
New York City, N. Y.
Su Eminencia Agustín Cardenal Bea,
c/o al Excelentísimo John Krol, Arzobispo de Filadelfia.
5700 City Line Ave.
Filadelfia, Pa.


Su Eminencia:
La Agencia Telegráfica Judía "Daily News Bulletin" de hoy, anunció que Su Eminencia llega el miércoles al Aeropuerto Internacional Kennedy, donde será recibido por los dirigentes de la Liga Antidifamatoria (Anti-Difation League) de la B'nai B'rith. 
Es chocante para mí, como Cristiano Arabe de Palestina, saber que usted está asociado con la Liga Antidifamatoria, la organización Sionista más destacada, que es anticristiana, y cuyas actividades para respaldar al Movimiento Internacional Sionista y la ilegal ocupación de Palestina por el Sionismo, son bien conocidas y probadas.
Con un buen corazón cristiano, Su Eminencia está trabajando por los más altos ideales en la vida, dedicado a la causa de la paz y la buena voluntad entre los hombres. El Sionismo judío, sin embargo, está aprovechando las actividades de su Eminencia para ganar simpatía para su movimiento y para la ilegal ocupación de la Tierra Santa por los Sionistas.
Sin duda que Su Eminencia conoce las blasfemias contenidas en el Talmud contra Jesucristo y contra la religión cristiana. Antes de que la Iglesia Católica se atreva a modificar cualesquiera doctrinas cristianas, yo pienso que debería pedir primero a los judíos que quiten todas esas horrendas cosas, contra Cristo y los cristianos, del Talmud, que es el libro básico del Judaismo.
Sin embargo, no estoy muy preocupado por esta materia teórica. Lo que a mí principalmente me preocupa en esto, es que los Sionistas están aprovechando la conexión con Su Eminencia y con muchos Obispos Americanos, católicos y no católicos, para proteger su inmoral e ilegal causa en la ocupación del 80% de la Tierra Santa.
Muchos Obispos cristianos que están cooperando con el movimiento Sionista ignoran el programa del Sionismo de desarraigar la cristiandad de la Tierra Santa y destruir nuestros santos lugares cristianos.
La destrucción y sacrilega profanación de estos lugáres sagrados y de las instituciones cristianas en la Tierra Santa durante la guerra en Palestina en 1948 están bien documentadas y probadas. Los sionistas judíos en Palestina han llevado a cabo constantemente una campaña de odio contra las instituciones cristianas y sus misiones desde la ocupación de Palestina, en 1948. Y es su meta completar su obra haciendo la Tierra Santa cien por cien judía. Para el Sionismo la realización de su programa es sólo cuestión de tiempo. Si alcanzasen ellos —Dios no lo permita— el completo control de Palestina, llevarían a cabo entonces su completo plan de echar fuera a los 50,000 cristianos y destruir nuestros Santos Lugares y las instituciones cristianas todas en la Tierra Santa.
Como árabe cristiano que soy de esa Tierra Santa, que es víctima de la agresión sionista y de sus latrocinios, yo apelo a Su Eminencia para que ponga fin a sus actividades en favor de los sionistas; actividades, por otra parte, que yo considero han sido hechas con toda buena fe, pero que han sido explotadas por el perverso movimiento sionista, a fin de alcanzar sus metas en contra de los cristianos, de la cristiandad y de la Tierra Santa.


 Respetuosamente de S. E.,
ISSA NAKHLEH,
Director,
"The Palestine Arab Delegation."


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La anterior carta es demasiado elocuente para que nos detengamos a comentarla. La apelación es directa, contundente y bien fundada. Bien hubieran hecho los elementos progresistas en meditar este escrito tan ponderado que denuncia la tendencia política del Judaismo International, al buscar, con tanta insistencia y medios tan poderosos y eficaces, la absolución conciliar y la protección permanente y sagrada de la Iglesia, para justificar sus actitudes absorventes ante el mundo cristiano.
Su Eminencia, el Cardenal jesuíta, contestó el 14 de mayo a la anterior carta. He aquí su respuesta habilísima, pero, no por eso, menos comprometedora:


Su Excelencia.
Mr. Issa Nakhleh.
Director The Palestine Arab Delegation.
441 Lexington Ave.—Room 509.
New York, N. Y., 10017, U. S. A.


Al llegar a Filadelfia encontré su carta del 17 de abril. Desgraciadamente, mi lleno programa en los Estados Unidos y también después acá en Roma, no me permitió contestar antes.
Permítame llamar primeramente la atención de usted sobre el hecho de que mi ida a los Estados Unidos no tiene nada que ver con ninguna organización judía de cualquier clase. ¿Qué puedo o que debo yo hacer si alguna agencia u organización envía alguna persona para recibirme? ¿Protestar? ¿Hacer alguna declaración y dar así al hecho mayor publicidad? Por otra parte, si usted lee los informes del Religious News Service y también los del Jewsh Telegraphic Agency, del 28 de abril, encontrará que estuvieron presentes a recibirme muchos cristianos, además de católicos, otros del Concilio Nacional de las Iglesias, y así otros.

He declarado una y otra vez que mi trabajo no tiene ninguna conexión con cualquier tendencia política, y así este hecho es públicamente bien sabido para todos aquellos que quieran verlo. Por otra parte, yo no puedo admitir el que uno deba emitir o detener una obra buena sólo porque hay gente que puede abusar de ella o de hecho abusa. Como siempre hay gente de esta clase, uno nunca podría hacer una buena obra. 


Con los mejores deseos, de usted respetuosamente.
"AGUSTIN CARDENAL BEA."


 Esta carta es digna de Maquiavelo. No puede negarse que es habilísima. Su Eminencia, sin afirmar ni negar los hechos, sin responder a los argumentos validísimos del Director de la Delegación Palestina, elude responsabilidades y quiere aparecer ajeno a la recepción calurosa de la máxima organización judío-masónica en New York.
Si Su Eminencia el Cardenal Siri o Su Eminencia el Cardenal Ottaviani hubiesen ido a Nueva York, estamos seguros que los altos dirigentes de la Liga Antidifamatoria no hubieran asistido a darles la bienvenida; ni hubiera estado presente el Concilio Nacional de las Iglesias. ¿Por qué? ¿No son acaso ellos miembros del mismo senado de la Iglesia Católica? ¿No tienen y deben tener la misma dignidad, las mismas creencias y la misma política del Cardenal Bea?
"¿Qué puedo o qué debo yo hacer —pregunta S. E.— si alguna agencia u organización envía alguna persona para recibirme?" La respuesta no es tan sencilla como parece dar a entender el Presidente del Secretariado por la Unidad de las Iglesias. Es evidente que esa respuesta varía según la calidad de las personas que con su presencia y con su Internacional Fellowship Award quieren asociarse a la persona y a las actividades de S. E. Si el demonio y sus ángeles caídos, para poner en caso extremo, hubieran ido a recibir al ilustre purpurado, él no hubiera podido aceptar esa recepción sin comprometer su misma fidelidad a Dios y el buen nombre que por su alta investidura debe proteger y conservar. El fin no justifica los medios; no se pueden aceptar cosas intrínsecamente malas que parezcan a ciertos espíritus flexibles, buenas y aceptables.
Las repetidas afirmaciones de S. E. de que su labor no tiene tendencias políticas nada prueba mientras los hechos contraríen las palabras. Lo más que podemos admitir es que S. E. no ve el alcance político de sus actividades en el asunto judío. Somos muchos, católicos y no católicos, los que estamos firmemente convencidos de que el problema planteado por S. E. en el Concilio no es religioso, no es dogmático, no es pastoral, sino que es un problema exclusivamente político.
Pongamos otro ejemplo para confirmar lo antes dicho. Supongamos que unos individuos matan una familia, después de haber quemado sus propiedades; supongamos que, después, una persona digna acepta una recepción, un regalo de los victimarios. ¿Podrían los familiares y deudos supervientes admitir las excusas del que evidentemente parece asociarse con sus mortales enemigos? Y no acudamos a la caridad cristiana para defender lo que es indefendible. La caridad a los hombres sólo es verdad cuando no se excluye la caridad a Dios. No podemos amar a los hombres que encarnan la guerra a Cristo y a su Iglesia.
¿Quién es el autor de la declaración peligrosa que pretendía imponerse en el Concilio? ¿Quién aceptó las frecuentes visitas de los dirigentes del Sionismo Mundial? ¿Quién ha desarrollado un celo y actividad increíble por lograr la realización de ese proyecto como si de el dependiese el futuro de la Iglesia y del mundo? Y esa declaración, notémosle bien, se quiso hacer sin que el judaismo religión, ni el Sionismo, ni los dirigentes de ese pueblo hubiesen reconocido tu error pesado, hubiesen declarado a Jesús, si no el Mesías, el Hijo de Dios vivo, a lo menos un inocente injustamente condenado Querían que la Iglesia diese todo, sin que ellos ofreciesen otra cota que las treinta monedas de plata, precio del Santo de los Santos.
Por otra parte, ¿por qué se quiere proteger a los judíos, que actualmente siguen tramando la muerte de Cristo Místico, que es la Iglesia? ¿Pensamos que nuestra amistad judeo-cristiana va a hacer que ellos reconozcan a Jesús como el Mesías prometido y acepten sus propios y gravísimos errores? Porque si no es con este reconocimiento y esta aceptación, entendámoslo bien, nuestra amistad con ellos implica nuestra enemistad con Dios. O Cristo o el Anticristo.



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Una vez más quiero esclarecer mi pensamiento para evitar las malas y torcidas interpretaciones. Estoy hablando de la mafia, no de los individuos todos que tienen sangre judia. Estoy hablando de los que, hoy como ayer, siguen condenando a Cristo y todo lo que Cristo es y significa.
Esa mafia ha cambiado de táctica; pero es la misma mafia que conspiró para obtener la muerte del Redentor en el Pretorio de Pilatos. Ayer gritaba y maldecía a Cristo; hoy recibe con un vino de honor al representante de Cristo. Pero, si sus posturas son aparentemente opuestas, su intención es la misma, tiene que ser la misma, mientras rechazando a Cristo, siga buscando el mesianismo materialista, negación y ataque del mesianismo divino, sobre el cual se levanta nuestra fe católica.
El sacerdote progresista español, Don José L. Martín Descalzo, en su obra reciente "Un Periodista en el Concilio", (4a. Etapa), se escandaliza, —mal interpretando y mal transcribiendo las palabras de un libro— porque su autor afirma que "Nuestra amistad con los judíos implica nuestra enemistad con Dios".
Aclaremos términos. ¿Qué significa aquí amistad? y ¿a quienes designamos con ese nombre genérico de judíos?
La palabra amistad, como la palabra caridad, tiene hoy diversas acepciones, según el criterio y las intenciones de las personas que usan esas palabras. Amistad, para algunos, es un afecto personal, puro y desinteresado, ordinariamente recíproco, que nace y se fortalece con el trato. Amistad, para otros, es cierta afinidad, conexión o alianza en la búsqueda de idénticos objetivos. La palabra "judíos" también puede significar, según ya dije, bien sean los individuos que integran "El Pueblo del Antiguo Testamento", bien sean los dirigentes y asociados de la mafia, bien, finalmente, el Judaismo religión.
Desde luego, nuestra amistad, en cualquiera acepción que demos al término, si se trata de la mafia que niega a Cristo y combate el cristianismo, es incompatible con nuestra amistad con Dios y nuestra consagración a Cristo. ¿Cómo podemos, no digo ya asociarnos y tener afinidad, sino profesar un afecto sincero hacia los que, hoy como ayer, niegan la Divinidad de Jesucristo, niegan la verdad de su doctrina y odian, en su corazón, a la Iglesia? "El que no está con Cristo está en contra de Cristo". Yo tendré lástima, yo sentiré celo de convertir a los enemigos de Dios, que son los enemigos de Cristo; pero amarlos, no; identificarme con ellos, todavía menos, mientras ellos se rebelen contra Dios.
Cristo tuvo misericordia hacia los pecadores, pero cuando los pecadores se arrepentían y pedían perdón. La misericordia de Jesús no significaba una aceptación del pecado, ni siquera una tolerancia, un disimulo; sino la absolución amorosa del hijo arrepentido.
Mientras el judío no se arrepienta de su negación de Cristo, mientras siga identificado, aunque sea equivocadamente, con la postura de sus dirigentes religiosos y políticos, que es ciertamente anticristiana, no podemos cultivar con él una amistad cristiana.
En el mismo libro, página 222 encontramos la respuesta oficial que el Secretariado del Cardenal Bea dió a las siguientes preguntas que se le hicieron:
"¿Y la palabra "Deicidio", cómo es que ya no aperece en el nuevo texto? ¿Es que acaso el Concilio piensa que el pueblo judío sea en realidad un pueblo deicida? ¿Cómo es que se ha suprimido una frase que tan ardientemente defendieron muchísimos Padres Conciliares?
"A muchos Padres la palabra "deicidio" les parecía ambigüa y llena de confusiones teológicas. A algunos podría darles la impresión de que la Iglesia Católica ya no siguiera enseñando que Quien murió por nosotros era en realidad el Hijo de Dios.
"Esta palabra, pues, ha sido suprimida por las siguientes razones:
a) La palabra "Deicidio" suena odiosamente en cualquier contexto. Por lo cual apelaciones como "deicida", "Gottesmórder", "Christkiller", "peuple Déicide" y similares deben proscribirse absolutamente del vocabulario cristiano.

b) Además la palabra "Deicidio" puede dar origen a falsas interpretaciones teológicas. Falsas interpretaciones que ya han surgido y han creado graves problemas tanto en la acción pastoral, como en el diálogo ecuménico con algunas Iglesias".

 No son muy convincentes estas razones. Si el crimen del Calvario es un Deicidio, los que son responsables de ese crimen son verdaderos deicidas, aunque el epíteto nos parezca duro. En general todos los epítetos, que especifican los crímenes, son duros; y, lógicamente, el epíteto relacionado con el mayor de los crímenes, tiene que ser durísimo.
El que mata a un hombre es homicida; el que mata a un rey es regicida y el que mata al Hijo de Dios es deicida. Es cierto que Dios no muere, en cuanto Dios; pero, también es cierto que, en virtud de la unión hipostática, el que muere en la Cruz, en cuanto hombre, es el Hijo de Dios. No hay en El dos personas, aunque haya dos naturalezas.
Las falsas interpretaciones teológicas, que ya han surgido y han creado graves problemas tanto en la acción pastoral como en el diálogo ecuménico, no son razón sólida para negar que el crimen del Calvario fue Deicidio. Si hay falsas interpretaciones, quiere decir, que hay una verdadera.


CONCLUSIONES
De lo dicho anteriormente creo que podemos deducir las siguientes concretas conclusiones:
1) No debemos aceptar que nuestra posición sea antisemitismo, ni segregación racial, ni un nuevo exterminio de los judíos.
2) No podemos aceptar que el problema judío sea un problema religioso, pastoral o disciplinar de la Iglesia, sino que realmente, según las pretensiones sionistas, es un problema político. El mesianismo judío es un mesianismo político; y ese mesianismo político es la razón de ser, la fe de ese pueblo.
3) Si en cualquier forma queremos defender el mesianismo judío, aunque sea con aparente caridad, estamos atacando el mesianismo divino, ya que antagónicamente se oponen. Por defender al Sionismo nos hacemos enemigos de Cristo.
4) No se puede negar a priori la tremenda conspiración judía que amenaza a la Iglesia y al mundo. No sólo tenemos las pruebas evidentes del pasado, comprobadas por Concilios, Papas y Santos, sino tenemos ahora la evidencia, que aflora en todas partes, de la actividad sionista, del poder sionista, de las intrigas sionistas y de los crímenes monstruosos cuya responsabilidad en última instancia recae sobre el Sionismo Internacional.
5) Masonería y Comunismo no sólo son aliados del Sionismo, sino que son engendros suyos y armas eficacísimas que usa para destrucción del Cristianismo y de la libertad del mundo. Yo pido a los que lo niegan que nos den las pruebas de su negación; su tenaz convicción tiene que estar bien cimentada.
6) No pudo el Concilio extender la protección de la Iglesia y crear así un racismo sagrado sobre aquellos mismos que han establecido la esclavitud comunista y todas las ideas anticatólicas, anticristianas, que hoy dominan al mundo, como algunos, interpretando mal al Concilio, quieren afirmarlo.


De nuevo declaro que ni la Iglesia, ni los católicos somos enemigos de los judíos, por el hecho de ser judíos. Deseamos su conversión y pedimos por ella. ¡Qué caigan de rodillas ante Cristo, repetimos, y el problema judío ha terminado!
Una vez más hago solemne protesta de mi adhesión a Cristo, a su Santa Iglesia; a Pedro, su vicario, y a los Prelados, que en unión con Pedro y bajo la suprema dirección de Pedro, guardan incólume la doctrina inmutable de la verdad.


¡El que no está con Cristo está en contra de Cristo!

domingo, 19 de agosto de 2012

COMENTARIO AL TEXTO DE COMO LOS JUDIOS CAMBIARON EL PENSAMIENTO CATOLICO (5)

Por R.P. Joaquín Saenz y Arriaga

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 Suele darse el nombre de "Sionismo" al problema judío en la realidad imponente de los tiempos actuales: es ese movimiento secular, envolvente, tenaz e internacionalmente activo y decisivo, con que el mesianismo judío pretende realizar, como de hecho parece lo está haciendo con éxito evidente, el dominio no sólo político, sino social, económico, religioso y jurídico, al que cree tener derecho, sobre el mundo entero.
Para alcanzar este objetivo, el sionismo ha usado, según las circunstancias y los tiempos, distintos procedimientos en el decurso de la Historia; pero, a nuestro juicio, el éxito que no pocas veces ha tenido el Judaismo Internacional se debe principalmente a dos factores importantes
a) Al secreto escrupuloso con que realiza su programa. Al fariseísmo habilidosísimo con que esconde y disimula sus acividades; 
b) A la ingenua o traidora cooperación, que en su obra nefasta, le han dado los gobiernos, las instituciones y los individuos cristianos y no cristianos. Así aprehendieron a Cristo, comprando antes a Judas. El Judaismo da las batallas sin exponer sus hombres, sin dar la cara. Usa el dinero con habilidad sorprendente para corromper a sus naturales enemigos y hacer alianza con ellos. 
El Judaismo Internacional, la mafia, sabe aprovechar maravillosamente las debilidades humanas y todas las circunstancias favorables, que sus actuales y potenciales enemigos quieran brindarle, para destruir, conquistar y esclavizar los pueblos, que caen de esta manera en sus garras feroces. No se detiene en seleccionar los medios por su ilicitud o licitud intrínseca, sino por la mayor o menor eficencia con que esos medios puedan contribuir a alcanzar sus designios siniestros.
Actualmente, la mafia judía ha logrado establecer cuatro frentes internacionales, que, al parecer, sin conexión alguna, son las tenazas que trituran y destruyen las estructuras de los pueblos libres, para preparar así el advenimiento de su mesianismo. La tragedia imponderable consiste en que los gobiernos e individuos no sólo han aceptado esos frentes internos, esas quintas columnas, dentro de sus propios países, sino que han llegado a considerarlos como una estructuración del mundo, que con criterios nuevos tiene que abrirse paso en el futuro.

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 El primer frente invisible que la mafia judía creó para la batalla final es la francmasonería, con sus ritos distintos, imbuidos del Talmud y la Kábala, con sus secretos herméticos, solamente conocidos en la cúspide de la pirámide; con sus apariencias filantrópicas, con su filosofía atea disimulada con la ficción del Gran Arquitecto del Universo, que encierra en sí el panteísmo y da culto al satanismo. 
Por la Masonería la mafia logró destruir o desorientar la inteligenzia cristiana con las corrientes del materialismo, del hedonismo, del agnosticismo, del Freudismo, etc., etc. Logró apoderarse de los gobiernos o por lo menos, de sus puestos claves. Logró secularizar las instituciones, laicizar la enseñanza de la niñez y de la juventud; atentar contra el baluarte de la familia, estableciendo el divorcio y justificando el amor libre; y hacer en fin, que el Estado y sus leyes no solamente desconozcan a Dios, a Cristo y a su Iglesia, sino que ataquen sistemáticamente los principios fundamentales de la vida religiosa.
En los regímenes masónicos, la Iglesia y la religión, en el mejor de los casos, son consideradas como una condescendencia a la ignorancia y al oscurantismo del pasado o como un contrabando disimulado, en el que los mismos eclesásticos se sienten favorecidos y comprometidos con una deuda de gratitud. La historia de la Masonería es una historia secreta de crímenes, de claudicaciones y de apostasías. La incredulidad, que reina en los pueblos de Europa, y de América, es el fruto legítimo de la obra masónica. Bien sabemos que hace tiempo algunos católicos, algunos sacerdotes, algunos jesuítas han aceptado el diálogo y el compromiso secreto con la Masonería, y defienden esta organización tenebrosa y su obra satánica. Dicen ellos que hoy, al menos en ciertos lugares, la Masonería no solamente es inocua sino benéfica.
En su obra "Jesuitas y Masones", el Dr. Tohotom Nagy, conocido sacerdote húngaro de la Compañía de Jesús, nos da una descripción del diálogo fraterno que los jesuitas de la nueva ola han sostenido y sostienen con los miembros de la Masonería. El Dr. Nagy, que es ahora un sacerdote secularizado y casado, propugna por el "cese el fuego" entre la iglesia y la Masonería, y explica la evolución ideológica de sus hermanos jesuitas, como la justificación de la nueva actitud de la Compañía hacia sus antiguos enemigos, a quienes los jesuitas hicieron responsables, por tantos años, de la expulsión de Carlos III y de la supresión eclesiástica que del Instituto Ignaciano hizo S.S. Clemente XIV.
Citaré aquí algunas palabras del Dr. Nagy que nos dan idea de la bancarrota ideológica que en ciertos elementos de la Orden provocó el diálogo intelectual con la Masonería:
"Volviendo al año de estudios, quisiera hablar de su materia. Dos gigantes hicieron sentir su peso: Aristóteles y Santo Tomás de Aquino; quizás no fue la Iglesia misma que se aferró a ellos, sino la Orden de Santo Domingo. Esta ha dado muestras de rigidez a través de los siglos, y sigue siendo ejemplo de la inflexibilidad y de una intransigencia en todos los aspectos.
Los jesuítas españoles Suárez y Molina se rebelaron en su tiempo contra este terror. Sus nombres siguen siendo hasta hoy autoridades en la teología, pero ¿qué se puede esperar de la ideología científica de un adversario como un dominico —Mihalik— que estableció una hipótesis absolutamente arbitraria y ridicula en el comienzo de su libro, según la cual, Suárez deriva del alemán Schwartz, y que durante el curso del libro —obra importante— denomina Schwartz a ese varón que a través de siglos fue conocido y estimado como Suárez.
De Aristóteles es sabido ya que gran parte de sus tesis y observaciones fueron erróneas, y era Platón quien sobrevivió los pensamientos científicos más nuevos y que está renaciendo en los tiempos más recientes. Es de lamentar que una organización, que pretendía poseer verdades eternas e inmutables, como la Iglesia, se haya aferrado a un sistema filosófico, únicamente porque éste le servía de apoyo en la explicación de gran parte de sus doctrinas. La Iglesia debió preveer que la filosofía aristotélica, por ser obra y doctrina humana, podría sufrir alteraciones y derrotas; por lo mismo, al aferrarse a ella, corría el riesgo, por la continua evolución de la ciencia, de ver atacada la eternidad de sus verdades.
Y así sucedió. La Iglesia ya tuvo suficientes disgustos por encadenarse a un sistema de doctrinas del mundo profano; y sus disgustos irán en aumento hasta que la Iglesia tendrá que rever su sistema filosófico del mismo modo como revio su resistencia frente a todo lo que antes juzgaba de herejía.
La otra gran figura que oprimía nuestros estudios, era la máxima autoridad de Santo Tomás de Aquino. Ningún profano se puede imaginar cuán elevada es la autoridad de ese santo en la Iglesia para los teólogos, sobre todo, para los dominicanos, que reaccionan con su inflexibilidad conocida frente a la mínima disminución de esta autoridad. Si algún profesor de teología llegara a desviarse un poco de las doctrinas de Santo Tomás y esta desviación fuera visible en la tesis del examen de fin de curso, recibirá duros retos desde Roma como si estuviera en camino de convertirse en hereje. Uno de mis profesores, cuyas tesis tenían esta tendencia, sufrió tantas hostigaciones, que, cansado, pidió su relevo y se fue a China como misionero.
Fue Santo Tomás quien "bautizó" al ya casi olvidado Aristóteles, después de mil quinientos años de su muerte. Fue él quien amarró el bote científico de la iglesia, a la barca de Aristóteles que desde entonces navegan juntos.
La "Summa Theologica" figuraba como creación única en su género, y nos enterábamos sólo de paso, que en su tiempo no se destacó especialmente, porque había más de una de estas "Summas" y algunas eran superiores a la de Santo Tomás. No hace mucho que fue descubierto un manuscrito más del 'Summa' en una biblioteca ancestral italiana.
La filosofía oficial de la iglesia, la escolástica, está en letargía ya hace siglos y si bien en los últimos tiempos dio algunas figuras robustas, éstas no aportaron ninguna novedad revolucionaria.
En la filosofía moderna no se palpa en absoluto que en su vecindad vive una escolástica; y ésta, aunque haya perdido su hegemonía de antaño, al menos podría ejercer algunas influencias.
Los jesuítas, no porque querían desprenderse del pasado, sino porque preveían el futuro, con una elasticidad sin par, pululaban alrededor de todo intento nuevo; acompañaban a los transformistas hasta los límites de exponenrse a que sus libros sean puestos en el "Indice" (Teilhard de Chardin).
En la investigación de la Biblia, también son ellos que van al frente, y ayudan a aclarar que la creación del hombre, el primer pecado y el diluvio no fueron redactados por Moisés, sino que Ezdrás los trajo, mil años después, de Babilonia, como legados súmenos y luego los incorporó a los libros sagrados.
Es más beneficioso para la Iglesia, que sean ellos quienes desmenuzan a los libros sagrados, porque así les queda algo de su precioso tesoro; ha llegado el momento en que la Iglesia no tendrá más que ir reconociendo día a día que los patriarcas nunca fueron monoteístas, que la historia de Sansón es folklore, el libro de Job es un plagio, Salomón nada tiene que ver con los libros que le atribuyen y casi ningún salmo fue escrito por David, etc. Todo esto hoy aparece en los libros con el "Imprimí potest" de los provinciales jesuítas y yo mismo siento un poco de miedo al leerlos, tan distintos de lo que me enseñaron hace décadas. Puede cualquiera leer en el libro "De la Edad de Piedra al Cristianismo" por William Foxwell, en cuya tapa figura "Revisado, por varios padres de la Compañía de Jesús" y por dentro reza; "Nihil obstat", y verá que del Antiguo Testamento apenas quedarán algunas hojas para aplicarles la definición del Concilio Vaticano I, según la cual, "Spiritu Sancto inspirante concripti Deum habent autorem" —Denzinger-Bammwarte, 1787—.
Ahora está pagando la Iglesia con creces el haber ligado, tiempo ha, su conjunto de verdades a las ciencias aparentemente eternas e inamovibles, y el haberse metido en un laberinto caótico de especulaciones filosóficas humanas, y de dudosas interpretaciones; porque pretendía ser sabia, en sentido profano, en vez de identificarse con la simplicidad, santidad y pureza cristalina evangélica y con lo eterno en el hombre que no es de este mundo. Juan XXIII encabezaba una Iglesia así y durante cuatro años ha conquistado más fieles y más honor para su Iglesia, que todos los filósofos y teólogos en cuatro siglos."

 La Masonería, con su visión racionalista del cosmos, con su eliminación disimulada de Dios, de Su Sabiduría y de Su Omnipotencia, con su humanismo idolátrico y con su fobia religiosa, ha destruido aquella armónica concepción del universo, en la que Dios es el principio y el fin y la razón esencial de la existencia humana; la Masonería ha corrompido a la inteligencia, creando una ciencia empírica, en la que los fenómenos y las experiencias personales vienen a sustituir los principios eternos e inmutables, sobre los cuales se construyen la filosofía y la teología cristiana. La Masonería minó en nosotros las creencias religiosas, para sustituirlas después por los mitos modernos de la diosa razón.
Lo que para mí es inconcebible es el cambio radical y violento entre la actitud de lucha que la Compañía de Jesús tuvo siempre contra la Masonería y el coqueteo disimulado y la aceptación implícita que la nueva ola de ese Instituto Religioso ha asumido ahora, con relación a esa misma masonería, a la que un día calificó como engendro satánico.
René Fülop Muller, en su obra "El poder y los Secretos de los Jesuítas", escribe: "Gran sorpresa tiene que causar el que precisamente la más reciente actualidad haya conducido a una aproximación entre Jesuítas y francmasones. Después de manifestarse, durante largo tiempo, cierta disposición a una inteligencia, en junio del año de 1928, se ha llegado a negociaciones en toda regla, en un debate celebrado en Aquisgrán, tomando parte de un lado el P. Hernán Gruber, el jesuíta más conocedor de la Francmasonería, y del otro lado el Secretario General de la logia de Nueva York, Ossian Lang, el filósofo francmasón de Viena Dr. Kurt Reichl y el escritor Eugene Lennhoff, autor de una obra muy documentada sobre la francmasonería".
Otro jesuíta el P. Joseph Berteloot, el 15 de septiembre de 1933 en la "Revue de París", página 394, dice:
"Esta gran maestra de enseñanza, la Historia, nos enseña cómo, bajo el golpe de una inmensa prueba común, o ante un grave peligro inmediato, los hijos de un mismo país, fieles de una misma fe, olvidan generalmente todo lo que les divide, para hacer frente en bloque y llevar la prueba fraternalmente. Protestantes y católicos de Alemania nos dan, en este momento, este ejemplo. Para otra lucha, Francia lo había dado en 1914, el día de la movilización".
"¿Estaremos nosotros en vísperas de volver a ver entre nosotros una de estas horas, si no de parecida unión, al menos de mejor comprensión y de mejor inteligencia, entre dos adversarios que la opinión tiene por irreconciliables: El Catolicismo y la Francmasonería? Esto es lo que, colocándonos desde el punto de vista histórico, nosotros quisiéramos examinar aquí".

 Esta política de la "mano tendida", entre el Catolicismo y la Francmasonería, fue ideada y auspiciada por algunos Padres de la Compañía, de Jesús, iniciadores y defensores del Progresismo Católico, que son los que, en abierta constradicción con el espíritu ignaciano y con la tradición gloriosa de ese Instituto venerable, han formado la nueva ola del catolicismo, negación lastimosa de la indefectibilidad de la Iglesia. Amo filialmente a la Compañía, pero amo por encima a la Iglesia de Cristo.

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El segundo frente que tiene establecido internacionalmente, en el mundo, el Sionismo o la mafia del Judaismo Internacional, es el Comunismo, que en su historia y esencia significa la subversión, la destrucción, el odio, la muerte y los sufrimientos más espantosos, a que han sido sujetados, no miles, sino millones y millones de seres humanos. El Comunismo ha destruido las elites de la humanidad: ha empobrecido y esclavizado a los pueblos; ha sembrado de humeantes ruinas a más de la mitad de la tierra; ha hecho que la humanidad viva años de incertidumbre espantosa, como si nada estable hubiera quedado en nuestra vida. El Comunismo es la esclavitud de los tiempos modernos; una esclavitud más odiosa, más cruel y más refinada que la que existió en los tiempos paganos.
En relación a las creencias, a la religión, especialmente en relación al catolicismo, el comunismo ha sido, es y será siempre implacable. Soñar en la coexistencia pacífica con la Iglesia Católica es monstruoso, es criminal; es el entreguismo que arría la bandera de Dios para enarbolar la bandera de Satanás. Las tácticas cambian, pero no cambia la finalidad que el enemigo busca. 
En una Revista Comunista Internacional, publicada en Praga, en junio de 1965, el conocido comunista español Santiago Alvarez escribe un artículo sobre el acercamiento de los católicos y comunistas en España, en la nueva política de ciertos dirigentes y jerarcas católicos, que, en ansias de ecumenismo, han abierto el diálogo con los comunistas, hasta establecer cierta unidad de acción, cierta armonía entre los ahora criptocomunistas y los católicos, "Hoy, dice el escritor, nuestros aliados principales en la lucha contra Franco son los católicos. Esta es una realidad; el signo más característico y más prometedor de la actual situación española".
Y, al tratar del problema religioso, que antagónicamente separa el catolicismo del comunismo, dice: "En contraste con determinadas epocas del pasado, la profesión de fe católica de los católicos no es un obstáculo para participar en esta acción. Si bien el socialismo, por el que los marxistas revolucionarios luchan, aparece más que nunca como una necesidad impostergable, y la concepción filosófica materialista se reafirma, como la única que ofrece una clara proyección del futuro, también se comprueba que la participación de la lucha revolucionaria por la democracia y el socialismo puede englobar y engloba hoy a destacados combatientes, cuyas concepciortes filosóficas no son materialistas..."
"Como materialistas, negamos la trascendencia, la idea de Dios y la existencia de un más allá fuera de la materia. Pero no hemos menospreciado nunca el hecho de que la religión existe y que, como fenómeno supraestructural, con sus complejidades, tiene su importancia..."
"El origen de la religión lleva implícito su ciclo de existencia y su extinción". "Eso significa que, aun resuelto el problema de los antagonismos de clase y de la explotación, con el socialismo, el proceso de extinción de la religión será largo, y gradual su desaparición". Y, en otra parte, Santiago Alvarez nos da a entender el por qué del cambio de táctica que hoy proclama la coexistencia pacífica entre el comunismo y la religión: "La Iglesia y la religión morirán de muerte natural".
No entendemos nosotros cómo un pueblo, que ha sentido en carne viva las parras del comunismo ateo, después de 25 años, se haya olvidado de esa nacional tragedia, para sonreír y hacer alianzas diplomáticas, comerciales o de activa y secreta revolución, con los enemigos de Dios y de su patria.
Preguntará alguno cuáles son las pruebas para demostrar la filiación del Comunismo Internacional respecto del Judaismo. Innumerables serían las pruebas, ya ampliamente conocidas, que toda persona sensata puede examinar en sus mismas fuentes. Hay una literatura copiosa sobre este tema en todas las lenguas y en todos los países. Pero, no hay peor sordo que aquel que no quiere oír la verdad. Citaré aquí algunos documentos tomados de los archivos nacionales de los Estados Unidos. El primero es una información secreta de la Embajada de Londres del 17 de julio de 1919. Está escrita por la Scotland House, S. W. 1. 16 th July. 1919: "Existe ahora una evidencia definitiva de que el Bolchevismo es un movimiento internacional controlado por los judíos; hay comunicaciones frecuentes entre los líderes de América, Francia, Rusia e Inglaterra, con miras a una acción concertada..."Y en otro documento, tomado también de los archivos nacionales de los Estados Unidos y que fue redactado en el Cuartel General de las Fuerzas Expedicionarias Americanas, en Siberia, en Vladivostok leemos: "...Estas esperanzas quedaron frustradas por las ganancias graduales de poder de los elementos más irresponsables y socialistas, guiados por los judíos y otros elementos raciales anti-rusos". Una estadística, hecha en abril de 1918 por Robert Wilton, el corresponsal del "London Times" en Rusia, demuestra que en ese tiempo había 384 comisarios, incluyendo dos negros, 13 rusos, 15 chinos, 28 armenios y más de 300 judíos. De éstos habían venido a Rusia de los Estados Unidos 264 judíos, después de la caída del gobierno imperial.

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El Tercer Frente Internacional, aquel en el cual está a fuerza más grande del mesianismo judío y al mismo tiempo su talón de Aquiles, es el de las finanzas, el del dinero. Sigilosamente, pacientemente, ininterrumpidamente, el Judaismo Internacional ha ido atesorando, sin escrúpulo alguno, por lo medios inmorales que siempre usó, el oro y las riquezas, hasta llegar a dominar ahora, por sus bancos internacionales y centrales, todas las finanzas de todos los países. Actualmente, en el sistema monetario, que priva en todas partes, de documentos y billetes barcarios, esa mafia no sólo acaparó el oro y la plata, sino que hace el dinero que circula en el mundo y le da el valor convencional que quiere, para realizar de esta manera sus designios políticos.
En 1912, Wilson era un desconocido profesor de Princeton University, con ciertas debilidades morales, con las que suplía los servicios de su mujer que estaba enferma. Un grupo de banqueros judíos le sugirieron que se lanzase a la contienda electoral como candidato a la Presidencia de los Estados Unidos de América. Ellos prometían respaldar con su dinero y con su influencia la inesperada candidatura. Naturalmente, este ofrecimiento y esta ayuda no eran completamente gratuitos. Era una pequeña transacción, un do ut des: Wilson tenía que prometer el establecimiento de los Bancos de la Reserva Federal, Bancos Centrales, que debían controlar las finanzas de los particulares y del gobierno mismo de los Estados Unidos; y, además, Wilson tenía que poner esos bancos en las manos de sus magnánimos patrocinadores, los banqueros judíos.
La transacción se hizo. Una campaña política, sin precedente ni paralelo en los Estados Unidos, elevó al desconocido profesor de Princeton University, al hombre clave, para aquellos tiempos, a la suprema magistratura de ese gran país. Al año siguiente, Wilson, cumplidor de sus compromisos, promulgó la famosa ley "Federal Reserve Act, 1913", por la cual, a costa de su patria y del mundo, pagaba los compromisos adquiridos. Nominalmente eran 10 bancos establecidos de la Reserva Federal, diseminados en la Unión Americana; en realidad, era el Banco Central de Nueva York el que iba a controlar todo; y este banco, a su vez, estaba en manos de los banqueros judíos.
Este centralismo bancario, a través de los bancos comerciales, dependientes todos del Federal Reserve Bank de Nueva York, dominó desde entonces no sólo las transacciones, sino las mismas operaciones financieras y la deuda interna del gobierno de los Estados Unidos. Es evidente que se tomaron todas las precauciones para despistar a la opinión pública y encubrir con nombres y sociedades de paja la secreta realidad de aquel control bancario.
La deuda interna de los Estados Unidos de América era en realidad, hablando sin subtefugios, una deuda de ese país a los banqueros judíos, de Wall Street. El año de 1956, según datos ya públicos, esa deuda daba diariamente a sus acreedores, por concepto de módicos intereses, la fantástica suma de catorce millones de dólares. Desde entonces, esa deuda interna ha crecido estratosféricamente, dados los enormes gastos que por concepto de armamentos, ayuda al exterior y aventuras de carácter social ha tenido y tiene ese país, aparentemente poderoso y en realidad debilitado; y los intereses siempre módicos, pero también siempre seguros, que los acreedores judíos reciben, lógicamente han tenido que crecer con ritmo semejante. ¿Nos va a sorprender todavía el poderío económico que tiene en todo el mundo el Judaismo Internacional?
Y, como ya lo hicimos notar, los Bancos de la Reserva Federal no tan sólo dominan las finanzas, sino que hacen el papel moneda que circula con el nombre de los Estados Unidos, pero con el control de los banqueros judíos. El frente Internacional Financiero del Judaismo Internacional en el mundo es fabuloso, es insospechable. Sus bancos no sólo controlan las finanzas, regulan la Bolsa y gobiernan la economía de los gobiernos y de los pueblos, sino que prácticamente han atesorado el oro y la plata del mundo. Como ya lo dijimos, hoy ya no hay monedas de oro, ni de plata, que circulen en la mayoría de las naciones. Hay notas bancarias, hay documentos, hay moneda en papel, cuyo valor fluctúa y es siempre inseguro.
Y ese frente, poderoso e internacional de las finanzas, en manos del Judaismo Internacional, organiza revoluciones, destituye gobiernos, provoca y financia guerras, infiltra las instituciones, corrompe a los individuos y hace que manos invisibles y habilísimas gobiernen los destinos del mundo y hagan posible que los mismos gobiernos, discreta, pero eficazmente dominados, contribuyan a mantener y desarrollar una situación, que, tarde o temprano, tiene que llevarlos a su propia ruina.
El poder del oro es insospechable. En la guerra, decía un general mexicano, no hay enemigo que resista un cañonazo de 50 mil pesos. El precio puede variar; pero es increíble la potencialidad del oro para corromper a los individuos, que, por su preparación, por su edad, por sus convicciones, por su posición social y por la misma investidura que tienen, pudieran parecer incorruptibles a toda persona honesta y sincera. Ya Satanás quiso explotar el poder del oro en aquella tentación que presentó a Cristo: "Haec omnia tibi dabo, si cadens adoraveris me", todo esto te daré sí, postrándote en tierra, me adorares. El Judaismo, con sus insospechados recursos económicos, se cree omnipotente, porque cuenta con las debilidades humanas, que, por dinero, abren pérfidamente las puertas al enemigo. Y, desgraciadamente, también los hombres de la Iglesia, como humanos, son susceptibles a los halagos de las finanzas...
Los compromisos adquiridos en las transacciones financieras, de tal manera ligan la libertad del hombre, que hacen que los criterios mismos se oscurezcan y derrumben en un cambio ideológico, que a primera vista, hubiera aparecido sencillamente irrealizable.
Otro caso concreto del poder oculto de esta Internacional Financiera del Judaismo lo tenemos en México. Era el año de 1926. Gobernaba la nación el General Plutarco Elias Calles, el Jefe Máximo de la Revolución Mexicana. A pesar de las revoluciones precedentes, que habían ensangrentado el país por 15 años, la moneda circulante era el oro y la plata. Había tanto oro, que, algunas veces, por facilitar el cambio, la plata llegaba a tener un premio extra-legal sobre el oro. Fue entonces cuando un hombre iluminado, de ascendencia judía, sugirió al Presidente la creación del Banco de México, el Banco Central, al que todos los otros bancos y las finanzas del país debían estar subordinados. Se eliminó luego el oro de la circulación; después se retiró la plata; el peso, con relación al dólar fue perdiendo su valor adquisitivo. Al principio cada dólar valía 3 pesos 50 centavos, luego $ 4.50; más adelante $ 8.50, hasta que llegamos a su valor actual de $ 12.50 por cada dólar. Esta inestabilidad monetaria vino a provocar el derrumbe de inmensas fortunas y a crear en el país un sentimiento de inseguridad que convirtió la vida económica de México en un juego de aventuras peligrosas. Nos hacían falta las divisas y las divisas estaban en poder de la mafia; y la mafia no hace concesiones gratuitas. Ese hombre iluminado vino indiscutiblemente a revolucionar la vida económica y política de México.

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El Cuarto Frente Internacional, establecido por el Judaismo, es el frente político, por el cual, usando los medios poderosísimos de que dispone, ha procurado ocupar los puestos claves en las instituciones y los gobiernos, con una astucia y una perseverancia y una habilidad sorprendentes. Para apoderarse de estos puestos claves, el Judaismo cuenta con esa vasta red de logias, de bancos, de agencias publicitarias, clubes sociales, etc., etc.; el Judaismo trabaja a largo plazo y sus pasos son siempre cautelosos. Ocupados, por ellos o por sus incondicionales, los puestos claves, se facilitan insospechablemente sus ilícitas, fraudulentas y destructoras actividades, logrando así el ocultar la verdad, paralizar o destruir las legítimas defensas y el hacer factible el avance de sus planes diabólicos.
Hay un libro reciente, escrito por Roger Peyreffit publicado en Francia, en el cual el lector encuentra verdaderas sorpresas al descubrir los antecedentes familiares el raigambre judío de muchos hombres que hoy destaca en los gobiernos y en la Iglesia del mundo Occidental. El libro ha hecho escándalo en el público. Puede ser que algunas afirmaciones, que contiene, sean falsas; puede ser que las mismas falsas afirmaciones del libro sean la cortina de humo para ocultar la realidad y engañar a los incautos. Sin embargo, tan absurdo sería el admitir todas las afirmaciones del libro, como el negarlas todas. Aquí podríamos decir: ni son todos los que están, ni están todos los que son. Que investigue la crítica. Los casos ya comprobados son suficientemente elocuentes para hacernos ver la ingerencia secreta del Judaismo en la política interna e internacional de las naciones del mundo de nuestros días.
En los Estados Unidos, para poner un ejemplo destacado, un judío es el Presidente de la Suprema Corte de Justicia y un judío también es el representante en la ONU del gobierno y del pueblo de ese gran país. El primero de dichos judíos es la autoridad máxima en el Talmud; el segundo parece ser la cabeza invisible que controla todas las actividades judaicas en el mundo político. Hebreos son también, con pasaporte americano, muchos de los expresidentes, ministros, dueños y directores de fábricas, etc., etc. en los Estados Unidos. La ONU es una organización de origen judío, controlada por judíos; es el preámbulo de la realización tangible del mesianismo judío, en el gobierno universal del mundo. Estudiando la estructura interna de esa organización internacional, sus orígenes, sus bases, sus principios, su legislación, su declaración de los derechos del hombre, etc., etc., encontramos ahí la centralización, la legalización, la imposición permanente de la revolución, de la obra secreta de la masonería, de la aceptación, como hechos consumados, del mismo comunismo y de sus crímenes. Khrushchev quitándose el zapato y dando golpes con él sobre las mesas, ante esa Asamblea representativa del mundo; Khrushchev abrazando efusivamente a Castro Ruz, en ese lugar que simboliza la estructura jurídica del derecho internacional, nos hace ver la burla sangrienta, que el Judaismo Internacional hace ahí de una manera invisible de la soberanía de las naciones, representadas en ese organismo, y de la dignidad de la persona humana y de los valores supremos de la vida.
Pudiera preguntar alguno si en México existe ya el poder político del Judaismo Internacional. Esta pregunta es ingenua: directa o indirectamente, mediata o inmediatamente, México, como todos los países del mundo, siente ya en sus espaldas el peso de la mafia. Nuestras finanzas, desde luego, han sido la soga invisible para estrangular nuestra independencia ideológica o política. Pero el Judaismo cuenta en México con poderosos aliados, con un creciente poder adquisitivo en la televisión, en la radio, en la prensa, en la Universidad, en las estructuras todas del país y hasta en el gobierno mismo y en la Iglesia. Un estudio concienzudo y sereno, pero debidamente documentado, debería abrir los ojos al pueblo mexicano y a los que de verdad piensan en la libertad y engrandecimiento de la patria. Vivir aletargados; no querer darnos cuenta del peligro, mejor dicho, de la realidad viviente de México, es traicionar a México, es vender por un plato de lentejas la soberanía nacional.

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Para muchos, el origen judaico de estos cuatro frentes internacionales y la realidad de lo que son y significan, es no sólo una incógnita, sino es una ficción y una leyenda. Ignoran y quieren seguir viviendo en la ignorancia. Desconocen el origen de la masonería y del comunismo, y se contentan con aceptar los criterios erróneos y parcialmente reflejadores de la verdad objetiva, para expresar esos fenómenos trascendentes y vitales; desconocen también lo que la masonería y el comunismo son y los crímenes monstruosos e incontables que han cometido. Así se explica el hecho absurdo de que muchos individuos, sinceramente amantes de la libertad y del progreso constructivo de sus pueblos, se inscriban en estas organizaciones destructoras y colaboren con ellas inconscientemente a una labor verdaderamente suicida. Es absurdo pensar que hombres de la Iglesia quieran aceptar o disimular ahora lo que sus ante pasados y sus predecesores condenaron con tanto valor y con peligro mismo de sus vidas. ¿Es ignorancia o es compromiso?
No se puede negar apriorísticamente. Es una postura suicida cerrar los ojos a la verdad y suspender así las legítimas y necesarias defensas de lo que somos, de lo que creemos, de lo que amamos, de lo que Dios mismo nos ha confiado. Es abrir fraternalmente los brazos al enemigo, que con cálculo ha provocado esa mal entendida caridad cristiana para aprovecharse de ella y para clavar su puñal en nuestra espalda.
No es posible que haya tantos locos en el mundo de ayer y de hoy, que fantasmagóricamente estén fingiendo la perenne conspiración judía. Si conocer y denunciar las secretas acciones del enemigo, que comprometen vitalmente nuestra existencia, es una locura, nosotros queremos ser locos, porque si no, seríamos cómplices en el ataque a Cristo y a su Iglesia; seríamos además traidores y suicidas.
Esa conspiración fue denunciada por varones insignes, por santos canonizados, cuyas virtudes heroicas los llevaron a los altares y por la misma voz autorizada de la Iglesia. Los mismos Apóstoles y, sobre todo, San Pablo, tienen palabras inequívocas de condenación contra el Judaismo religioso-político y contra sus feroces ataques a Cristo y a su Iglesia. El diálogo que el Concilio proclama no puede significar claudicación alguna; no puede paralizar la legítima defensa; no puede exigirnos la auto-destrucción y la entrega total al enemigo.
Pensar que la masonería y el comunismo puedan cambiar, es tan ingenuo, como pensar que el veneno de las víboras es ya inocuo. Buscar una coexistencia con los criminales es exponernos, o a la personal corrupción, o a la inconsciente cooperación con los planes destructivos del enemigo, o a la entrega total y cobarde, sin resistencia alguna, en las manos de nuestros mortales enemigos.
Alguien en México ha dicho que peor que el comunismo y la masonería y la revolución atea e incendiaria, es el anticomunismo, es la anti-masonería, es la contra-revolución Cristiana. Peor que la enfermedad es el antibiótico; peor que el crimen es la policía que trata de refrenar al crimen; peor que los errores y las corrupciones morales es la apologética, es la lucha contra ese error y esa maldad: al fin y al cabo, los más grandes herejes y los más obstinados y endurecidos pecadores son ontológicamente los hijos de Dios.

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Muchos, a pesar del derrumbe general que estamos presenciando, piensan optimistas en la imagen halagadora de que estamos al principio de una nueva primavera del mundo y de la Iglesia. En este reajuste general, en este diálogo ecuménico, tan mal interpretado, en esa renuncia voluntaria a muchos de nuestros valores tradicionales, ven ellos la poda necesaria y saludable para un nuevo renacimiento ideológico, moral, religioso, económico y social del mundo. Dando, vamos a enriquecernos; claudicando, vamos a enderezarnos; conviviendo con los enemigos de la verdad y del error, vamos a purificar nuestra fe y nuestras costümbres cristianas. Es necesario sacrificar lo substancial por lo accidental; es necesario destruir para reconstruir. Lo malo es que la primavera no aparece, sino que vientos fríos y huracanados siguen agitando el oleaje. Para muchos la religión consiste en cierto ritualismo exterior, en cierta mal entendida fraternidad cristiana, en una unificación humana, en la que preparemos la paz y la armonía universal. Ya se habla ahora de un cristianismo ateo. Ya se piensa en suprimir las diferencias exteriores para establecer una humanidad despersonificada y universal, en la que la colectividad y solamente la colectividad deba tener derechos. Paradójicamente parece que los mismos cristianos estamos aceptando la tesis decisiva de la impiedad: Dios ya murió.


sábado, 14 de julio de 2012

COMENTARIO AL TEXTO DE COMO LOS JUDIOS CAMBIARON EL PENSAMIENTO CATOLICO (4)

Por R.P. Joaquin Saenz y Arriaga 
 
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Ese mesianismo propio de esa raza escogida, esa elección divina en orden a la venida de Cristo es la fuente de la teocracia única del pueblo de Israel y de las bendiciones y prerrogativas con que Dios indiscutiblemente le favoreció.
En el plan de Dios la humanidad entera fue objeto de la misericordia divina. "Así amó Dios al mundo, dice San Juan, que nos dio a su Unigénito Hijo". No los judíos solamente, la humanidad entera era la causa final del mesianismo divino, de la obra redentora de Dios, que fue ocasión y motivo, por así decirlo, de la misma elección divina del pueblo judío. Israel, en el plan redentor fue el medio, la preparación, la imagen representativa; pero la salvación de Cristo abarca a toda la humanidad, sin distinción de razas y de pueblos, presupuesta la aceptación de la fe en Cristo y nuestra regeneración a la vida sobrenatural. 

13 
Desgraciadamente los dirigentes y las sectas del pueblo judío, los que le representaban, los que expresaban, por así decirlo, la voluntad colectiva de Israel, solidariamente unido por la elección y los planes divinos, no entendieron el sentido espiritual y universal de las promesas divinas y se forjaron la espectación absurda de un Mesías dominador, de un caudillo poderoso, que subyugase a Israel todos los pueblos de la tierra. Pensaron absurdamente que los judíos y no la humanidad entera, eran el fin que tenía la promesa mesiánica.
Aquí está la clave, el secreto y la única explicación de la historia excepcional, inquieta y perturbadora de ese pueblo. Este es el por qué de sus luchas, de sus intrigas seculares, de sus ambiciones insaciables y de su conspiración permanente contra todos los pueblos. Por elección divina, por privilegio exclusivo, el Judaismo, religión y pueblo, piensa estar destinado a dominar al mundo.

14
De aquí se sigue que, para no incurrir en el error, para poder descifrar el enigma judaico, podemos y debemos distinguir dos mesianismos: el Mesianismo Judío, que es un Mesianismo POLITICO, de ambición, de gobierno, de poderío, de dominio universal sobre todos los pueblos; y el Mesianismo Divino, que es la REDENCION, la Salvación de todo el mundo, de todos los pueblos, por el sacrificio de Cristo en en Calvario.
La afirmación del Mesianismo Judío inevitablemente implica la negación del Mesianismo Divino, así como la confesión y reconocimiento del Mesianismo Divino exige absolutamente el repudio vigoroso del Mesianismo Judío. Por eso, el Mesianismo Judío es la antítesis del Mesianismo Divino. Es el anti-Cristo enfrente del Cristo Redentor de todos los hombres. En otras palabras el dilema es el siguiente: Gobierno Mundial Judío o Reinado de Cristo.

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Cuando Jesús se presentó ante su pueblo, in propia venit, et sui Eum non receperut (Joan I, 11), vino a los suyos y los suyos no le recibieron. "Hic est haeres, venite, occidamus eum, et habebimus haereditem eius" (Mat. XXI, 38): "Este es el heredero, venid, démosle muerte, y tendremos así su herencia", dijeron los dirigentes al pueblo de Israel. El Mesianismo Divino combatido, negado, violentamente atacado por el Mesianismo Judío, es decir, por la Sinagoga, por el Sionismo Internacional. Creyeron, en su soberbia, que, dando muerte a Cristo, podrían hacer suyo el gobierno universal del mundo —que ellos pensaban ser un gobierno material— que a Cristo corresponde: "Postula a me, et dabo tibi gentes haereditatem tuam, et posessionem tuam términos terrae" (Ps. II, 8): "Pídeme y te daré todas las gentes por tu herencia y los términos de la tierra por tu posesión".
Dramáticamente chocan y luchan, durante toda la vida temporal del Salvador, el Mesianismo Judío con el Mesianismo Divino; es decir, las ambiciones políticas del pueblo judío contra el Hijo de Dios, hecho hombre para salvar a los hombres pecadores. Aceptar a Jesús como el Mesías prometido, hubiera significado para la soberbia Sinagoga la renuncia de todas sus ambiciones, de su tortuosa política, para reconocer humilde, sincera y prácticamente el misterio de la Cruz, que es el escándalo intolerable para los judíos, como dice San Pablo (I Cor., I, 23).
Durante el proceso que precedió a la muerte del Señor, el fondo de la ira y las acusaciones todas de sus enemigos, los dirigentes del pueblo de Israel, fue, sin duda alguna, la afirmación categórica que Cristo hizo de su propia divinidad y de su mesianidad. Era necesario que muriese Jesús ignominiosamente, antes de que el pueblo creyese en él. Hubo ocasiones, en las que parecía que ante la evidencia de la santidad de la vida y doctrina del Señor, ante sus milagros estupendos, las multitudes se acercaban al reconocimiento y a la aceptación de su Mesías. De la buena fe del pueblo o rotaron aquellas frases: "nunca ha aparecido en Israel un hombre semejante". "¿Por ventura es éste el hijo de David?". Pero, los fariseos y los príncipes de la Sinagoga respondían con tono de desprecio y con ademán de venganza: "Este hombre arroja a los demonios con la autoridad y el poder del príncipe de las tinieblas".
Y el pueblo, seducido y engañado, seguía a sus jefes, que ciertamente no eran los verdaderos pastores del rebaño. La responsabilidad del crimen del deicidio es, sin duda, mayor en los dirigentes de Israel que en el pueblo sencillo; pero esta mayor responsabilidad no excluye la solidaridad colectiva, como ya dijimos, que pesa sobre todo el pueblo. Cuando Jesús preguntó a sus Apóstoles, en Cesarea de Filipo: "¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?" ¿Qué opina el pueblo de Israel acerca de MI? Aunque los Apóstoles manifestaron a Jesús las diversas opiniones que acerca de su persona corrían entre las gentes, no mencionan la Mesianidad del Salvador, su Filiación Divina. Si alguna vez los judíos llegaron a sospechar que Jesús fuese el Mesías, esta idea había sido tenaz y eficazmente combatida y arrancada de la conciencia pública por la intrigante y malévola campaña de sus dirigentes.
Los enemigos de Jesús querían a toda costa legalizar, justificar la condenación del Divino Maestro; querían que apareciese ante el pueblo como un criminal que paga con sus crímenes sus delitos; pero, cuando fallaron los testigos falsos, el sumo sacerdote increpa al Señor y le pregunta: "Yo te conjuro, en nombre de Dios Vivo, que nos digas si Tú eres el Cristo". Y Jesús respondió: "Tú lo has dicho Yo lo soy". Esta era la acusación verdadera contra Jesús, este debía ser el único motivo de la muerte del Redentor: la confesión del mesianismo divino que repudiaba y condenaba la absurda y pérfida noción del mesianismo judío. La Redención Divina que era atacada a muerte por la ambición judaica del dominio político y del gobierno universal del mundo.
Cristo dijo: "Mi reino no es de este mundo". "Dad al César lo que es del César y dad a Dios lo que es de Dios". Este es el mesianismo divino, intolerable para el mesianismo judío, que, hoy como ayer, busca el dominio temporal de este mundo para tener así la hegemonía de todos los pueblos.
Lo que siguió después de la condenación de Jesús por el Sanhedrin de su pueblo es consecuencia; es legalización tortuosa, arrancada a Pilatos, de un crimen inmenso. Por eso claman en el pretorio: "Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos". (Mt. XXVII 25). Y esa sangre divina cayó, cae y seguirá cayendo sobre ese pueblo "de dura cerviz", mientras no reconozca y acepte el mesianismo divino, rechazando el falso mesianismo, que su soberbia indómita y sus ambiciones desmedidas han imaginado.

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Es conveniente insistir aquí en un punto básico, sobre el cual, con sofisma manifiesto se pretende exonerar de toda responsabilidad al pueblo y a la religión judía en la muerte de Cristo. Empezaremos, pues, por precisar conceptos, aunque tengamos que repetir ideas ya expuestas: Una es la responsabilidad personal y otra es la responsabilidad colectiva. La responsabilidad personal solamente existe cuando hay un pecado o un crimen personal; en cambio, la responsabilidad colectiva puede darse y de hecho se da, aun en la justicia humana, cuando las colectividades por sus jefes lesionan gravemente los derechos inalineables de los individuos o de otras colectividades agredidas. Así, por ejemplo, es indudable que no todos los alemanes fueron personalmente responsables de las atrocidades de la guerra de Hitler y, sin embargo, todo el pueblo alemán fue considerado responsable, con esa responsabilidad solidaria, hasta exigirle a pagar estrictamente todos los daños y perjuicios de los que se consideraban agraviados y especialmente de los judíos. La solidaridad nacional impuso a todos y a cada uno de los alemanes la responsabilidad colectiva de los crímenes atribuidos a Hitler y a su gobierno; aunque, como ya dijimos, no todos los alemanes podían tener la responsabilidad personal. Los niños de aquel entonces tuvieron que asumir las agobiantes penas impuestas por esa responsabilidad colectiva sobre todo el pueblo.
Así existe también ante Dios una doble responsabilidad: la responsabilidad personal, que cada uno de nosotros tenemos por los pecados propios o individuales, y la responsabilidad colectiva que recae sobre las colectividades humanas, sobre todo cuando existe de por medio un plan divino que abarca y encierra a esas colectividades. Cuando Dios castigó al mundo, en aquel diluvio universal, es evidente que los niños que entonces vivían, los recién nacidos, no podían haber incurrido, ante Dios, con ninguna responsabilidad personal, ya que por su edad eran incapaces de cometer pecado personal alguno. Y, no obstante, recaía sobre ellos la responsabilidad colectiva, que justifica los justos castigos del Señor. En el lenguaje bíblico, los jefes de raza son identificados con sus respectivas descendencias, que forman con ellos una misma persona moral. Esta solidaridad es más compacta y universal, cuando ha sido establecida por Dios mismo, en orden a la realización de los planes divinos. Así fue la solidaridad que Dios quiso que hubiese entre Adán y todos sus descendientes, en orden a nuestra elevación a la vida divina; y así es también la solidaridad que Dios estableció en el pueblo hebreo, que, como ya dijimos, estaba colectivamente destinado a la preparación del advenimiento de Cristo.
Los mismos hebreos han reconocido siempre y han defendido celosísimamente la solidaridad racial, que existe en ellos por institución misma de Dios. Por ella se consideran el pueblo escogido, el pueblo mesiánico, el pueblo de las predilecciones divinas. Cualquier libro judío nos habla de esta solidaridad sagrada, incluso el Talmud. Pero el gran sofisma está en querer admitir y defender esta solidaridad solamente en las bendiciones y no en las maldiciones y castigos divinos.
Si el mesianismo divino, el plan redentor y la elección divina para preparar los caminos del futuro Mesías, con que Dios favoreció al pueblo de Israel, fue para él fuente de las divinas bendiciones y fundamento de todas sus grandezas; el mesianismo judío que, como hemos visto, es la negación y el ataque a los decretos del Señor, fue, es y será para esc pueblo signo de reprobación y castigo de un Dios traicionado y ofendido. O Cristo con sus bendiciones o el anti-Cristo con sus maldiciones: el dilema es ineludible.
La solidaridad en las bendiciones, que, en el plan divino, alcanzaba a todos los israelitas, descendientes de los Patriarcas, exige lógicamente la solidaridad también en los castigos o maldiciones divinas a los que coletivamente se hizo digno el pueblo hebreo por la incredulidad agresiva de sus dirigentes. Esas divinas bendiciones, esas promesas del amor divino, no fueron absolutas, sino condicionadas. No fue Dios quien falló; fue Israel el que, por sus cabezas, abandonó a Dios. Su infidelidad atrajo sobre él las maldiciones divinas.
Es cierto, como dice San Pablo, (Rom XI 18) que Israel es el olivo y los gentiles son el acebuche, injertado en ese olivo; pero el injerto tiene ahora toda la vitalidad y todos los frutos que el tronco añejo ya no dió. No es la ley que ya fue derogada, sino la gracia de Cristo la que nos salva y santifica.

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Creemos que con lo dicho hemos demostrado la tesis fundamental de nuestro comentario al escrito de Roddy: el problema judío, como lo ha planteado y sostiene la Sinagoga, es un problema mesiánico, es decir, un problema cuya nota esencial es su mesianismo. Es así que el mesianismo judío, según la fe de la Sinagoga, en su misma esencia, no es religioso y espiritual, sino político y material. Luego el problema expuesto en su génesis, por la revista LOOK, es un problema político, de raigambres políticos y de proyecciones políticas. El sionismo buscaba las absoluciones conciliares para realizar sus destinos raciales, su mesianismo judío. Y es importantísimo, es vital para el futuro del mundo, el que se conozca, se estudie y se demuestre este aspecto práctico y político de la Declaración formulada por el Secretariado del Cardenal Bea, que, como se desprende del comentario de la revista LOOK, fue prohijado, impulsado y llevado a feliz término por la actividad asombrosa de las organizaciones del Judaismo Internacional. La misma actividad desplegada por los sionistas y sus colaboradores; la actitud de ataque, de desprecio y de calumnia que han tomado contra los que no pensamos como ellos, son una confirmación manifiesta, una nueva prueba de nuestra tesis.

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Se condena como antisemitismo lo que es legítima defensa; se confunde la noción de la caridad cristiana con la traición a Dios y el conformismo entreguista; se declaran exaltados, locos y rebeldes a los que ven el problema en su cruda realidad; se nos ha hecho creer que las amistades judeo-cristianas —fundadas no en la aceptación de Cristo y de su Iglesia, ni siquiera en el establecimiento de un diálogo sincero que busque la verdad y acerque a los judíos no cristianos o anticristianos a una posible conversión, sino en la misma posición inicial del pueblo que en el pretorio de Pilato pidió la muerte de Jesús— va a establecer en el futuro un triunfal acrecentamiento de la PAZ de Cristo en el REINO de Cristo.
Yo pregunto: ¿Es posible el bienestar de la Iglesia, mientras el mesianismo judío, el anti-Cristo siga triunfalmente ensanchando sus tentáculos demoledores y poderosísimos para eliminar a Cristo y a su Iglesia? ¿Qué garantía tenemos no digo ya de la sinceridad judaica, sino siquiera de una actitud de respeto a las esencias mismas de nuestra religión? Ellos no han reconocido a Cristo, no han aceptado a su Iglesia, no toleran el que los católicos les hablemos de conversión; quieren todo y solamente ofrecen en cambio, como en otro tiempo, las 30 monedas de plata, precio del Santo de los Santos.
Después del Concilio, obtenida en parte la Declaración por la que tanto lucharon; (aunque, bien examinado el texto, no dejamos de ver que la Iglesia mantuvo su posición antigua), la actitud judía ha sido más violenta, más descarada contra la persona Santísiam de Cristo y contra su Iglesia. Recientemente el Dr. Rugh J. Schonfield, un judío que dice que cree en Dios como "un espíritu puro" pero que no tiene religión alguna, ha publicado una obra con el título: "El Engaño de la Pascua" (The Passover Plot). En ese libro el escritor sostiene que Jesús, alucinado con la idea de que El era el Mesías, urdió y planeó, durante toda su vida, la manera de engañar a su pueblo —lo mismo a las autoridades que a sus discípulos— haciendo coincidir engañosamente los acontecimientos de su vida con las profecías mesiánicas. La Semana de Pasión fue la culminación de este embuste. "Era necesario organizar una conspiración, cuya víctima tenía que ser el mismo emboscado y deliberado instigador. Fue una concepción de pesadilla y una empresa cuyo resultado tenía la lógica espantosa de una mente enferma o la de un genio. Y esa autoconspiración tuvo éxito".
"Desde su triunfante entrada en Jerusalén sobre un asno, cuando El se reveló como Mesías, plenamente consciente de que esta su revelación no podría tener otro término que el ser El arrestado y ejecutado, hasta la crucifixión misma, el Dr. Schonfield pretende demostrarnos que todo lo que Jesús hizo fue deliberadamente encaminado a ajustarse a las circunstancias todas preanunciadas por las Escrituras". Sugiere el escritor judío, sastifecho por la Declaración Conciliar que, Jesús en su plan, buscó la manera de ser crucificado el viernes, sabiendo que así sería bajado de la cruz antes del sábado y de esta manera sólo estaría colgado unas cuantas horas, en las que el esperaba sobrevivir. El vinagre que le fue dado para beber, según este blasfemo escritor, contenía una droga, por la cual Jesús quedó inmediatamente inconsciente, como si estuviera muerto. Y porque creyeron que estaba muerto no le rompieron las piernas. El Dr. Schonfield comprueba su afirmación perversa, al decir que las gotas de sangre y agua que brotaron del costado de Cristo son una prueba evidente de que Cristo no había muerto.
Vale la pena publicar aquí el comentario del periódico oficial del Estado de Israel "The Jerusalem Post", sobre la Declaración Conciliar, publicado el domingo 17 de octubre de 1965:

EL VOTO VATICANO
"Ha sido ahora ya hecha la votación final, en el Concilio Vaticano, sobre la controvertida Declaración de la actitud de la Iglesia hacia las religiones no cristianas. Queda tan sólo por darse el paso final de su formal promulgación. Pudiera ser que el Papa hiciese todavía algunos cambios, pero en vista de la abrumadora mayoría de los votos favorables, y del hecho de que el documento ha sufrido ya muy serias modificaciones, no parece probable que tenga importantes innovaciones, antes de su publicación. Sin embargo, juzgando por las experiencias pasadas, queda la posibilidad de algunas alteraciones de menor importancia, que desde luego serán en favor de los conservadores".
"En esa Declaración, por lo que se refiere a los judíos, lo más fascinante ha sido el espectáculo de la Iglesia Católica que voluntariamente se ha sentado en el banco de los acusados. Un estudio de la historia de la Iglesia demuestra evidentemente que el antisemitismo no es hermano del cristianismo, sino que se ha desenvuelto como una reacción a específicas circunstancias históricas. La atribución trágica de la responsabilidad de la crucifixión a todo el pueblo judío, obviamente se opone a los detalles contenidos en los mismos Evangelios, y la acusación del "Deicidio", que empezó a circular después de más de una centuria de los acontecimientos históricos, fue promulgada por razones políticas. Pero, a través del tiempo, se olvidó la motivación política y esta acusación tuvo reconocimiento de dogma religioso. De aquí procede la historia terrible del antisemitismo cristiano y de las persecuciones que han sufrido los judíos y que caracterizan y han hecho infernal la historia de los judíos en tierras cristianas. Fue esa tradición la que en gran parte preparó la mentalidad europea para simpatizar con el antisemitismo nazi, que culminó con el frío asesinato de 6 millones de personas, ultimadamente porque esas personas no eran cristianas.
"Ese acontecimiento fue el que despertó la conciencia de ciertos círculos en la Iglesia, especialmente entre los elementos más liberales, que se encontraban en paises en que los católicos habían tenido que enfrentarse con otras creencias religiosas. Estos elementos, recordando con horror los terribles acontecimientos que habían sido el lógico resultado de la enseñanza tradicional de la Iglesia, aprovecharon la oportunidad del Concilio Vaticano para presentar este problema delante de los Padres congregados de la Iglesia. En otras palabras, ellos estaban pidiendo la reconsideración de algunas de las más venerables o veneradas doctrinas de la Iglesia y se preguntaban a sí mismos si por ventura la Iglesia, durante 18 siglos, no había conducido erróneamente a sus seguidores. Inevitablemente esta postura provocó violenta oposición por parte de los conservadores de la Iglesia, que no estaban preparados para admitir modificaciones en el dogma, ni para aceptar que la Iglesia, por tanto tiempo hubiese estado en el error".
"Muy pronto, un grupo de elementos extraños empezaron a intervenir en un problema que debería haber sido considerado como un problema interno de la Iglesia Católica. Por una parte, ciertas Organizaciones Judías, ansiosas, de alcanzar una Declaración que fuese suficientemente efectiva para combatir el antisemitismo en el medio católico, se hicieron sentir abiertamente. Pero, con una irreverencia mucho mayor, los Estados Arabes entraron en la contienda con una mezcla de amenazas y adulaciones, para oponerse a que la Declaración fuese promulgada; por dos causas: porque ellos pretendían descubrir siniestros propósitos políticos en la Declaración y porque ellos mismos estaban interesados en reforzar el antisemitismo, como parte de su campaña internacional judía".
"El esquema final, desgraciadamente, es mucho más suave que las versiones anteriores del mismo texto. Los judíos tienen que lamentar, en el aspecto dogmático de la promulgación, las múltiples concesiones que se hicieron a los conservadores; pero esto es un asunto exclusivamente católico. Pero pueden protestar los judíos por ciertas modificaciones que se hayan hecho en atención a la presión de los Arabes. Un documento del Concilio Vaticano deberia exclusivamente estar basado en motivos religiosos y mantenerse completamente ajeno a toda consideración temporal". (Nota: ¡El artículo de Roddy demuestra evidentemente la imparcial actitud de la Mafia Judía en este asunto!).
"Pero haciendo a un lado nuestras reservas, el documento debe ser bien recibido como un paso adelante en la historia de las relaciones judeo-cristianas. Aunque es claro que la Iglesia todavía no está madura para recorrer todo el camino, como muchos de los Padres más conscientes lo pedían, por lo menos es obvio que la Iglesia estaba preparada al menos para empezar por el reconocimiento de su errores históricos. La prueba decisiva evidentemente la tendremos en las aplicaciones prácticas del documento. Su espíritu y sus sentimientos han felizmente encontrado un eco amplio". 

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Los árabes católicos, a su vez, nos dan su punto de vista en otro periódico, publicado también en Jerusalén, en la parte de la Ciudad Santa, que está en poder de Jordania:

POR QUE PROTESTAMOS NOSOTROS
"Una vez más: gracias al Neo-Catolicismo del Cardenal Bea, el autor de la Declaración, o más bien el vehículo sionista en el Concilio, por haber ayudado a muchos catódicos conscientes a ver la necesidad de una Reforma. El Neo-Catolicismo del Cardenal Bea exige católicos suficientemente flexibles y revolucionarios para poder ver su antigua fe de veinte siglos desmoronada sin sufrir ningún trauma sentimental. El sentimentalismo es la acusación en boga, usada para acallar a los que se oponen a la Declaración; así como los gentiles acusan de barbarismo a aquellos que carecen de refinamiento".
"Hablando sentimentalmente, es difícil tragarnos la idea de que el Vaticano espera que todos los católicos acepten dócilmente esa famosa Declaración".
"Nosotros comprendemos las presiones que actúan sobre el Vaticano y sus decisiones. Bajo tales presiones, llegadas por vehículos tales como el Cardenal Bea, es difícil que el Vaticano se quede callado. Pero, por otro lado, el Vaticano no puede cambiar los textos de la Biblia para hacer su Declaración. Jesús fue crucificado por los judíos. He ahí el dilema."
"Como suele suceder, algunos clérigos ambiciosos, por ejemplo el Cardenal tienen su argumentación oculta en sus mangas para presentarla en la Santa Sede y proveer así el tertium quid en el dilema: el crimen del Deicidio debe repartirse en toda la humanidad".
"Esta vez el Neo Catolicismo por boca del Cardenal Bea presenta dos argumentos muy impresionantes. El primero consiste en que no todos los judíos (que vivían entonces) estuvieron presentes en Jerusalén, durante la crucifixión de Cristo; y, por lo tanto, no todos pueden ser condenados por el Deicidio, especialmente si tomamos en cuenta que ninguno de esos judíos vive ya ahora. La segunda razón es esta: si Jesús dijo: 'Padre perdónalos, porque no saben lo que hacen', entonces ¿cómo podemos condenarlos?"
"Siguiendo esa manera de argumentación, nosotros también podemos protestar por el Neo-Catolicismo del Cardenal Bea y rechazar esa Declaración; porque, si no todos los católicos estuvimos presentes en el Concilio para votar, tampoco todos los católicos estamos obligados a creer la Declaración Conciliar".
"Muchos católicos encuentran difícil el creer que el único motivo que originó la Declaración de la exoneración, fue la caridad cristiana.. El Vaticano recorrió todo el camino para encontrar a los judíos y reconciliarse con ellos..., recordando el patrimonio común con los judíos y movidos no por razones políticas sino por el amor del Evangelio..." pero el Vaticano no hizo nada para recorrer siquiera medio camino en el encuentro con nuestros hermanos cristianos los protestantes. O ¿es que el pecado de no reconocer el Primado del Papa, es un pecado más grave y que más difícilmente puede perdonarse que el Deicidio"?
"La obligación del Vaticano, según los católicos conscientes, está en buscar la unidad cristiana y la reconciliación de los diferentes puntos de vista que llegaron al gran cisma y a la Reforma Luterana. Es necesario empezar la obra en casa, porque..., 'si la casa está dividida en sí misma, la casa no puede permanecer en pie".
"Probablemente los católicos árabes sean capaces de hacer lo que no hizo la vanidad del Concilio Vaticano. Nosotros, árabes cristianos, de todas las denominaciones, podemos unirnos y reconciliarnos para formar nuestra propia Iglesia nacional e independiente. Nosotros podemos tener una Iglesia, de la que podamos estar orgullosos; una Iglesia que sea capaz del verdadero amor cristiano y de la reconciliación, una Iglesia que respete la verdad de los Santos Evangelios".
"Finalmente,la absolución exige el arrepentimiento. Jesús crucificado perdonó al ladrón que estaba en su cruz con El, porque ese ladrón pidió perdón. Pero aquellos que han crucificado a Palestina no han sentido su culpabilidad, ni han dado una sola señal de arrepentimiento, y sin embargo, ellos fueron absueltos por el Concilio Vaticano".
"Nosotros de nuevo pedimos al Santo Padre, Sucesor de Pedro, en cuyas manos está la última decisión: 'Por favor, no firméis esa Declaración', porque si la Declaración queda firmada, entonces nosotros preguntaremos con verdad y sinceridad: ¿Quién absolverá después al Vaticano?". 

Evidentemente, el autor de este comentario no puede aceptar todos los puntos de esta editorial de la Prensa Arabe; pero, no dejamos de comprender la enorme tragedia que implicaba para el pueblo de Palestina, la Declaración elaborada y patrocinada por el celo de su Eminencia el Cardenal Agustín Bea, S. J.
Por más que se haya procurado encubrir la tendencia política del Judaismo Internacional, al sugerir primero y alcanzar después, con todos los poderosos recursos de que disponía, esta famosa Declaración; por más que el Secretariado del Cardenal Bea haya enviado un agente personal para visitar a todos los Patriarcas y Obispos árabes, un mes antes del principio de la Cuarta Sesión del Concilio, y asegurarles que la Declaración no tendría ningún carácter político y que sería benéfica para la tranquilidad misma y florecimiento de las cristiandades del Oriente y del mundo entero; por más que la Democracia Cristiana de Italia y Alemania haya demostrado estas buenas intenciones, con sus generosos y cuantiosos donativos para remediar las necesidades de esas Iglesias del Medio Oriente, es evidente que para los pueblos Arabes la Declaración, usando el lenguaje más benigno —era peligrosa, muy peligrosa. Los refugiados palestinos, que en su desgracia sufren las consecuencias de la traición del Estado de Israel, eran para los países árabes una prueba viviente de lo que significa la ambición mesiánica del Judaismo Internacional. La Declaración puede ser interpretada y de hecho lo ha sido por el Judaismo como una aceptación de la Iglesia de su actitud política.