Vistas de página en total

Mostrando entradas con la etiqueta CRUZADA GUADALUPANA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CRUZADA GUADALUPANA. Mostrar todas las entradas

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Consagración de las Familias a Nuestra Señora de Guadalupe.

     El mes de diciembre, mes de la gloriosa aparición guadalupana, debe ser para los miembros de la Cruzada el mes en que demos a nuestra Madre la prueba más agradable de la devoción filial que le profesamos. Cada mes del año debería ser para los socios de la Cruzada una preparación para éste; cada acción propia de la Cruzada que en corporación o en particular hacemos, un paso que nos aproxime al principal del año, que en cuanto fuere posible debería realizarse durante este mes, durante los días que Ella se dignó consagrar a su memoria.

Que la consagración sea de la familia.
     Compréndase bien que cumplimos con nuestras obligaciones de la Cruzada si cada uno de nosotros particularmente se consagra a la devoción y a la causa de Nuestra Señora de Guadalupe en México. La restauración de México, su reintroducción en los dominios donde completa y verdaderamente reina el Sagrado Corazón, debe empezar en la familia, y seguir en número creciente con las familias hasta que habiendo llegado a un número suficiente pueda conseguirse la dedicación y consagración completa de la nación. Si la familia es realmente la célula de la organización social, como la enfermedad, así la curación radical debe empezar en la familia. La conducta individual es solamente preparatoria, y para facilitar la primera acción social que es la de la familia. En nuestro caso, las familias han dejado de cumplir con sus deberes sociales y cristianos, y por tanto las familias como familias tienen mayor obligación de trabajar.

Que la consagración sea de toda la familia.
     No es verdaderamente consagración de la familia si toda ella no entra en el espíritu y voluntariamente se consagra. Que la madre y las hijas, y quizá algunos de los varones se reúnan para el acto religioso de la familia, algo es; pero, hablemos con franqueza: ¿Podrá decirse con verdad que la familia se ha consagrado si el padre no ocupa el lugar que le pertenece? Si el padre ve con indiferencia o con mal velado desprecio (claras manifestaciones de su insensatez religiosa o corrupción moral) lo que en sí es un acto religioso de la familia que tendrá consecuencias de grandísimo momento para ella y para la nación, ¿qué valor tendrá el acto ante los hijos? Si algunos padres no lo entienden que se les explique. Si después no lo comprenden o no tienen el valor moral de tomar sobre sus hombros la responsabilidad de dirigir la familia como virreyes de Nuestra Señora de Guadalupe, que abdiquen, tomen el lugar que según sus méritos les corresponda, después del último de los hijos, donde empieza la fila de los criados y sigan aunque sólo sea como San Pedro de lejos y por curiosidad.

Que sea una verdadera consagración.
     No es menester que gastemos nuestro tiempo ni el reducido espacio de esta hojita en probar y convencer a nuestros consocios que es conveniente o ventajoso o indispensable que se consagren a Nuestra Señora de Guadalupe las familias que se precian de ser mexicanas, y son herederas de las que con la bendita imagen recibieron también la verdadera, filial y tiernísima devoción que gracias a Dios hasta nuestros días dura. Más importante es que gastemos el tiempo y nuestras energías en convencernos de que la consagración debe ser verdadera.
     No basta, pues, la entronización de la augusta imagen junto al Sagrado Corazón, entronizado también en el aposento principal de la casa; ni son suficientes las oraciones, ni aún la recitación del acto de consagración de la familia entera, si todos esos actos no van acompañados de un convencimiento íntimo de parte de cada uno de la familia, pero más especialmente de los jefes de ella, que con eso quedan obligados, cada uno en particular y la familia en conjunto, a servir a la causa de la Santísima Virgen de Guadalupe en México, con todas las fuerzas de su alma y su cuerpo.
     Sírvanos de modelo la dedicación completa de un artista a su arte; de un científico a las ciencias; de un buen padre, de una cristiana madre a la causa de sus hijos; de un valeroso militar a la causa que defiende, y por la cual si es menester muere. Todo eso y más mil veces más merece nuestra Madre y nuestra Patria. ¿Será posible que nos conformemos con menos? ¡No! ¡Dios nos libre de tal bajeza!

Que la consagración sea permanente.
     Tenga este acto la misma permanencia que los derechos de nuestra Madre sobre nosotros, a cuya honra lo dedicamos; tenga la duración de la necesidad de nuestra Patria, a cuyo remedio lo aplicamos. De lo contrario ni cumplimos con nuestro deber, ni haremos el bien que nos proponemos.

Acto de Consagración.
     Dulcísima Reina y Madre nuestra: aquí tenéis, postrados ante vuestras virginales plantas, a todos los miembros de este hogar, deseosos de daros una prueba del amor que os profesamos y de encontrar en vuestro maternal regazo la fortaleza que necesitamos.
     Vos, Inmaculada Madre de Dios, os proclamásteis en el Tepeyac, Reina de vuestra nación escogida, y tierna Madre de todos sus habitantes; mas algunos hijos ingratos y traidores, han pretendido con todas sus fuerzas arrojaros de vuestro reino y extirpar para siempre, del corazón de todos los mexicanos, el amor a vuestro Divino Hijo, y la fe que vuestra consoladora aparición hizo nacer en nuestras almas.
     Viendo, pues, con grandísimo dolor nuestro, los desdenes con que muchos pagan vuestras finezas, y los desesperados conatos que hacen para arrancarnos la joya más preciada que poseemos, y queriendo por otra parte reparar tan negros ultrajes; os elegimos y juramos por Reina, Señora y Madre de esta familia, de la misma manera que nuestros antepasados os reconocieron por Soberana de toda la nación, para que en compañía del Corazón Divinísimo dispongáis a vuestro beneplácito de nosotros y cuanto nos pertenece.
     Recibid, pues, Soberana Madre, la total donación de nuestras cosas y personas: a Vos acudiremos confiados, en nuestros peligros, en nuestras tristezas y también en nuestras alegrías, en nuestros proyectos y esperanzas para que jamás nos apartemos un ápice de la voluntad divina.
     Sí, todos y cada uno de los que estamos aquí presentes y de los que la amorosa Providencia de vuestro Hijo tiene apartados de nuestro lado, nos entregamos enteramente en vuestras manos durante la vida, para que en el trance de la muerte podamos contemplar vuestro angelical semblante, y escuchar aquellas regaladas palabras: "Hijo mío, a quien amo tiernamente como a pequeñito y delicado, ven a recibir el premio del amor que me tuviste." Amén.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Acudamos al Tepeyac


En el primera publicación de la Cruzada Guadalupana decíamos que era necesario que nos uniéramos para que con un esfuerzo supremo de oración concertada tomáramos por asalto el Corazón de Nuestro Señor, tan justa y hondamente lastimado por nuestras infidelidades. Comprendíamos que nuestras oraciones solas no bastarían para conseguir lo que pretendíamos, especialmente porque sabíamos que para eso nos había dado, como a ninguna otra nación lo había hecho, a su Santísima Madre, Nuestra Señora de Guadalupe, por medianera y abogada. A Ella nos unimos entonces, y habiendo puesto nuestra súplica a sus pies, solo de Ella esperábamos conseguir lo que a nuestras oraciones tan justamente podría negar Nuestro Señor.

Eficacia de la oración.
Tiene la oración concertada dos motivos para inspirar confianza en que se conseguirá lo que en ella se pide. Hay en primer lugar la promesa de Nuestro Señor de estar en medio de dos o tres que en su nombre se reúnan. Hay en la Sagrada Escritura mil variantes de la promesa "pedid y recibiréis." En la Cruzada procuramos unir, no a dos o tres solamente, sino a muchas almas que ruegan a Dios por la restauración del reinado de Jesucristo en nuestra patria. Eso supone que cada miembro de la Cruzada Guadalupana cumple con su promesa y su deber.
En los asuntos que conciernen a nuestra patria siempre hay otro motivo con una fuerza cuyo igual no se encuentra en otras naciones. Nos referimos a la Providencia especial contenida en las promesas hechas por la Santísima Virgen en el Tepeyac. En la segunda de sus cuatro gloriosas apariciones aseguraba al indio Juan Diego que si bien era cierto que tenía muchos sirvientes y criados que harían lo que Ella les ordenase, sin embargo, no quería valerse de otros sino de él. Imposible parecía la empresa, como lo parecería hoy, si hoy se dignara dar una orden como la que le dió a Juan Diego. Precisamente porque no era de esperar que consiguiera por vías ordinarias lo que le mandaba se lo encomendaba a él, para que él y todos comprendiéramos que Ella era quien conseguía con suma facilidad hasta lo que al parecer era imposible. Se trataba entonces ni más ni menos que del establecimiento del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo en México, como ahora se trata de la restauración de ese mismo reinado, parcialmente ocupado por fuerzas enemigas por culpa nuestra. Desproporcionadas son nuestras fuerzas para tamaña empresa, pero ahora también, de nosotros y no de otros instrumentos se quiere valer Nuestra Señora para que Cristo reine en nuestra patria.

Más palabras de aliento.
En la cuarta aparición dijo Nuestra Señora a Juan Diego lo siguiente: "¿No estoy Yo aquí que soy tu Madre? ¿No estás debajo de mi sombra y amparo? ¿No soy yo vida y salud ? ¿ No estás en mi regazo y corres por mi cuenta?" Siempre hemos creído que estas palabras las dijo Nuestra Señora no solamente a Juan Diego, sino también a todos aquéllos que de él aprenderíamos a venerarla en el Tepeyac. Por esto en nuestras calamidades nacionales nuestros antepasados siempre acudieron a Ella, y nunca en vano. Ahora que en ningún horizonte vemos la menor indicación que nos mueva a esperar remedio humano para todos nuestros males, confesémoslo y comprendamos que a Ella es a quien debemos acudir. No ha retirado su protección aún. Motivos solidísimos tenemos para convencernos que nunca la retirará. No es, ésta, pues, la ocasión para declarar ante la faz del mundo que de Ella esperamos lo que nuestra apatía y descuido imperdonables han puesto fuera del alcance de nuestras fuerzas?

Para el mayor de nuestros males.
A pesar de lo grandes que son los males que la revolución social ha implantado en nuestra patria, de lo mucho que ha aumentado la inmoralidad, a consecuencia de ésta misma guerra, de lo desastroso que es el estado en que se encuentran las industrias: mayor que todos esos males es la revolución en las ideas que ha resultado de la prolongada campaña irreligiosa y atea. Los otros males en una generación podremos remediarlos; pero el resultado de las perversas ideas que prevalecen en tantos de nuestros compatriotas dejarán huellas entre nosotros que no se borrarán quizás por generaciones. Nos asegura Nuestra Señora que es vida y salud nuestra, las dos cosas que en México necesitamos, vida, vida, para los millares que con sus malas costumbres la han perdido para el alma. Salud, para los millares, quizáis millones que la han perdido casi sin sentir en el ambiente mal sano en que han vivido. Esa salud y esa vida de Ella deben venirnos.

Unámonos.
¡Ah! Si siquiera este mes consiguiéramos que los Cruzados en primer lugar, y en segundo los demás, hasta quienes su influjo llega, y finalmente si toda la nación sana o saneable juntos reconociéramos que pecamos, que nos apartamos de la fuente de gracias; si todos juntos hiciéramos esa confesión, pero de corazón, en este día doce, en la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe; si toda la nación sinceramente se arrojara a los pies de la Virgen, nuestra Madre de Guadalupe y pidiera piedad y misericordia, paz y libertad, el perdón de Dios y la gracia para comenzar una nueva vida: ¿No lo conseguiríamos? Entonces sí, pues "corremos de su cuenta," entonces podríamos esperar con calma y certeza que nuestras oraciones serian escuchadas y nuestras súplicas concedidas. Convenzámonos todos que ese es el único modo en que podremos conseguir remedio de Dios. Nuestros males no tienen remedio humano.

¡Oh Madre! ¡Madre nuestra de Guadalupe! ¡Oyenos! ¡Toca los corazones de nuestros compatriotas! Hazlos que piensen con seriedad, convéncelos que el único remedio es el que de Tí nos venga y luego a Tu modo haz que todos, todos, todos acudamos a Ti en el aniversario de Tu gloriosa aparición.

lunes, 5 de diciembre de 2011

El Hogar Mexicano.


Hoy que estamos en el mes Guadalupano, la intención que proponemos a los socios de la Cruzada Guadalupana para el presente mes no puede ser más importante para el bien de nuestra patria: el hogar mexicano.
Es al mismo tiempo algo que llega hasta el fondo de todo corazón que guarde amor sincero por nuestra afligida tierra, pues en el hogar están condensados los afectos más hondos y más puros que forman como la vida de nuestro corazón.
Vamos, pues, a pedir a la Virgen Santísima de Guadalupe remedio a los males que han destruido ya en parte y amenazan destruir del todo los hogares cristianos que fueron en nuestra patria, gloria de otras edades y muro ante el cual se estrellaron los conatos de la impiedad para acabar con la civilización heredada de generaciones que engrandecieron e hicieron gloriosa a nuestra patria.

Contra el primero y mayor de los males.
De esos males hay uno que ataca la raíz misma del hogar: es el insecto roedor que se esconde bajo la tierra y con su diente maligno, envenenado muerde esa raíz e impide que la savia vivificante vigorice la planta, le dé crecimiento, la haga florecer y fructificar. Se la ve languidecerse, secarse, morir y no se sabe porqué: pero ni el riego la reverdece, ni el sol la alegra, ni los cuidados de que se la rodea son poderosos a salvarla. Entre tanto, el oculto enemigo consuma su obra de destrucción, y la planta hermosa y lozana hace poco, ya no es más que un conjunto de ramas secas, un cadáver que es forzoso arrancar para que no afee con su triste aspecto la lozanía del jardín.
Pero, ¿cuál es esa raíz que perdió su vida destrozada por un voraz insecto? Es el principio de autoridad aplicado a la familia. Basados en una filosofía sana, nuestros padres creían que no puede haber sociedad alguna si en ella, no se unifican las aspiraciones de los componentes de la multitud, hacia un fin determinado; y de ahí deducían lógicamente que para unificar esas aspiraciones era necesario una fuerza capaz de hacerlos converger a dicho fin. Pues esa fuerza es la autoridad; la cual, en la familia está impregnada del amor de los que la ejercen, y no de un amor cualquiera sino del que produce sacrificios llevados más de una vez al heroismo.
Y si el imperio del padre ha de ser firme, como el brazo del piloto que sostiene el timón de la nave, el de la madre es dulce como el soplo de la brisa que impulsa las velas. Mientras esta autoridad que es una sola, combinada, es cierto, en los dos elementos que la forman, esté vigorosa, el hogar será una sociedad ordenada, y la barca, sin sacudidas ni vaivenes, surcará el mar tempestuoso, con rumbo cierto y fuerza bastante para romper las olas.
Pero, ¿qué ha sido en la sociedad moderna de la autoridad doméstica?... Principios demoledores atacaron las bases de la sociedad humana: se proclamó que en ella no hacía falta la autoridad ... propiamente dicha, que viene de Dios, en cuanto es autor de la naturaleza humana; se pretendió sustituirla con un fantasma de superioridad encargado de ejecutar la voluntad del pueblo único soberano...
Del Estado pasó esta ola destructora a la familia y proclamó la independencia de los esposos entre sí, pretendiendo romper el vínculo sagrado que los unía, perpetuo e indisoluble: la independencia de los hijos respecto a sus padres, pregonando entre unos y otros una igualdad que la misma naturaleza condena. Roída la raíz ¿cómo puede vivir la planta? ¿Adonde irá la barca sin timón que la guíe? ¿Qué será de ella si en vez de suave brisa que hinche sus velas, está sujeta a rachas de encontrados vientos y pasiones que la agitan?

Consecuencias.
De aquí la voluntad rebelde de los hijos; la debilidad de los padres; la inconsulta formación de hogares nuevos nacidos solo al soplo de la ambición o de pasiones pasajeras; la educación viciada desde el principio porque está sometida al antojo del que la recibe y no a la experiencia del que la debiera dirigir. Que estos males hayan invadido nuestra patria, no lo podemos negar; que van avanzando cada vez más, es una verdad que causa angustia a los que tienen ojos para ver; que a favor de malhadadas contiendas que todo lo trastornan, los hogares antiguos se disuelven y desaparecen; y así la tradicional familia mexicana, feliz y cristiana un tiempo es ya, no el tipo de la generalidad de las familias, sino excepción rara por desgracia... doloroso es confesarlo.

Al Tepeyac.
¿Adonde, pues, acudir para que esos restos de hogares cristianos no desaparezcan y para que los contagiados del veneno destructor recobren su vitalidad cristiana? "Mira hacia la estrella, invoca a María" respondemos con el piadoso doctor San Bernardo. Pueblo mexicano que aún conservas tu fe, mira hacia la estrella que apareció en el Tepeyac, acude a la Virgen de Guadalupe que salvará tus hogares de perecer al embate de los funestos principios que los combaten. Creemos que no habrá un solo hogar mexicano a donde no haya una imagen de su celestial Protectora: pues en este mes de diciembre, que las almas cristianas que haya todavia en esos hogares, le digan todos los días: "Virgen de Guadalupe, sálvanos que perecemos". Ella oirá ese clamor que se alce hasta su trono de todos los ámbitos de la República, y compadecida de nosotros, enviará sus bendiciones a esas familias, y comenzará una corriente de reacción que salvará los hogares, y con ellos preparará la salvación de la patria mexicana.

miércoles, 12 de enero de 2011

La Educación y la Cruzada Guadalupana.

El mes de enero, mes en que entre nosotros terminan las vacaciones de los niños y jóvenes, y vuelven éstos a las escuelas, colegios y universidades donde se educaban, debería ser para todos los socios de La Cruzada un mes de más intensa oración, para que Nuestra Señora de Guadalupe convenza a todos:
Primero que los jóvenes de hoy son los que deben restaurar el reinado de Jesucristo en nuestra patria;
Segundo que estos mismos jóvenes no lo harán si no reciben la educación que para eso deberían recibir y, finalmente,
Tercero que en las circunstancias actuales más que nunca, la inmensa mayoría de nuestros compatriotas habrán de recibir dicha educación en casa, o no la recibirán.
Los jóvenes deben restaurar el orden.
La permanencia del estado social y la restauración del reinado de Cristo están al arbitrio de los niños y de la juventud de hoy. El mal y el bien en tanto tienen permanencia entre nosotros en cuanto encuentren entre los jóvenes quienes hagan suya la causa, ya sea del bien ya del mal. Los ancianos y los que ya se acercan a la ancianidad prefieren el reposo a la actividad y agitación inseparables de todo cambio, especialmente si el cambio es social y para el bien. Entre el gran grupo de los que sin ser aun ancianos han ya dejado de ser jóvenes son relativamente pocos los de ilusiones y ambiciones; pocos los que no han recibido desengaños; pocos los que están preparados al sacrifico supremo. De esta clase apenas saldrá un grupito que pueda dirigir las energías de los que harán el trabajo. Este queda para la juventud.
Sólo lo harán los jóvenes cristianamente educados.
Si pues el trabajo lo han de hacer los jóvenes, ¿con cuáles entre ellos se puede contar sino con los que han hecho suya la causa de Cristo y de la Patria? Y ¿quiénes serán los que se dedicarán a una causa de esa naturaleza sino los que están dominados enteramente por las enseñanzas de Jesucristo? Sólo ellos pueden añadir a la alegría de hacer una obra grandiosa y gloriosa, el convencimiento de que es un deber el cual hay que cumplir, aun en la adversidad y aparente fracaso, bajo pena de ser traidor a su Dios y a su Patria. Tal convencimiento sólo de la educación cristiana resulta.
Esta educación hoy sólo se puede dar en casa.
En las circunstancias actuales, la educación cristiana en toda su extensión es imposible en nuestra patria. Las escuelas oficiales son ateas, y se comprende porqué las han hecho así los que quieren prolongar el desequilibrio moral actual. Escuelas particulares o no hay, o son tan insuficientes que no podrán ofrecer sino a un número reducidísimo las bendiciones de una educación cristiana. Si pues la inmensa mayoría de nuestros jóvenes han de recibir la educación que los preparará para vivir como caballeros y damas cristianas, habrán de recibirla en el templo y en el hogar, más aun en éste que en aquél. Otros centros educativos no los hay. Así pues allí o en ninguna parte.
¿Qué pedimos?
Lo que en nuestras oraciones hemos de pedir a todos los socios de La Cruzada durante este mes es un convencimiento universal de que hay que educar a la juventud mexicana para lo que nosotros iniciemos, para la restauración de la paz justa y honrosa en México; que los padres de familia nunca pierdan de vista ésto en la educación de sus hijos; que comprendan los padres de familia que hoy más que nunca están obligados a velar sobre la educación de sus hijos; que hoy más que nunca están obligados a tomar un interés personal y directo en esa educación, en las lecturas, recreos, compañeros, diversiones etc., etc. de sus hijos. Si no reciben la educación moral y religiosa en el seno de la familia, hoy día en México no la recibirán en ninguna parte. Que acompañe a este convencimiento el ejemplo de los padres, y lo que hoy son solamente ideas bellas en la mente del jóven, nobles aspiraciones en su corazón, mañana serán las obras que establecerán esa suspirada tranquilidad del orden, esa paz que tantos años han abandonado nuestra patria.
En el Grupo San Juan Bosco se tratará de dar parte de esta formación, que empieza en casa.
Que Dios los bendiga

Enero 12 de 2o11.

sábado, 11 de diciembre de 2010

CRUZADA GUADALUPANA

A todos los fieles se les invita a participar en esta cruzada. Por la "Reina de Méjico y Emperatriz de América". Para que ella reine en todo el continente Americano.
El objeto de la Cruzada Guadalupana es unir todos los corazones mexicanos, si fuera posible, para impetrar del cielo la paz permanente de México. Fundados en la promesa del Salvador que concedería su Padre Eterno lo que dos pidieran en su nombre, queremos reunimos cuantos podamos para dar más fuerza y eficacia a nuestras oraciones, y tener más seguridad del éxito de la Cruzada; y como los miembros de esta Cruzada no van a presentar sus peticiones en su propio nombre ni mucho menos fundando su esperanza en los méritos de la asociación, acuden, como es natural a las almas guadalupanas, a La que prometió interesarse en todas nuestras empresas como lo haría la madre más cariñosa en los asuntos importantes de su hijo predilecto.
En una palabra: nos unimos todos, y con nuestra Madre de Guadalupe al frente, acudimos todos al trono de la Misericordia y de la Gracia Divina. Misericordia, y mucha misericordia necesitamos por los crimenes e incalificable ingratitud con que en estos años se ha manchado la tierra que Ella honró con su presencia visible. Gracia necesitamos, y mucha gracia, para dignificar las obras que desagravien a la Madre y al Hijo, y más gracia para que se desarraiguen de la inteligencia y del corazón de nuestro pueblo las ideas y pasiones que han causado tales crimenes, y para que en su lugar vuelvan a florecer los pensamientos y sentimientos cristianos de otros tiempos. Gracia y misericordia necesitamos para que vuelvan a reinar en todo México Nuestra Señora de Guadalupe y el Corazón de Cristo.
Para conseguir, pues, este objeto, que por ser el que es, debería interesar a todo corazón mexicano, proponemos unirnos en una santa Cruzada que, si fuera posible, tomara por asalto, para bien de México, al Divino Corazón y a su Santísima Madre Nuestra Señora de Guadalupe.
Nos proponemos difundir por todas partes la devoción de Las Tres Ave Marías, y la Comunión Reparadora y Propiciatoria el día doce de cada mes. Para este fin se organiza la Cruzada en dos divisiones o grados.

PRIMER GRADO
¡Oh María, Virgen poderosa, Virgo potens! Vos a quien nada es imposible . . . por este mismo poder que os ha concedido el Padre Todopoderoso, os suplicamos que nos asistáis en la necesidad en que se encuentra nuestra patria. Puesto que podéis socorrernos; no nos abandonéis, Vos que sois Abogada de las causas más desesperadas. Ave María, etc.
Virgen soberana, que sois llamada Trono de la Sabiduría, Sedes sapientiae, porque la Sabiduría, increada, el Verbo de Dios, se ha encarnado en Vos. . . Vos a quien este Hijo adorable ha comunicado toda su ciencia, según podía participarla a la criatura más perfecta, sabéis cuan grande es la miseria de nuestra patria, y cuánto necesitamos vuestra asistencia. Ave María, etc.
¡Oh buena y tierna Madre, Madre verdadera de misericordia! Mater misericordiae, que en estos últimos tiempos, os habéis llamado Vos misma "Madre toda misericordiosa," —os suplicamos uséis para con México vuestra bondad compasiva. Cuanto más grande es nuestra miseria tanto más debe moveros a compasión.
¡Oh Vos a quien nadie ha implorado en vano! "¡Oh clemente! ¡Oh misericordiosa! ¡Oh dulce Virgen María! ¡O clemens, o pía, o dulcís Virgo María!" dignaos socorrernos, os lo pedimos, con esta misericordiosa bondad de la cual os ha llenado el Espíritu Santo para nosotros, y en cuyo honor os repetimos con San Alfonso de Ligorio, el Apóstol de vuestra Misericordia y el doctor de vuestras Tres Aves Marías. Ave María, etc.

SEGUNDO GRADO
La Comunión Reparadora el día doce de cada mes.


Promesa de Agregación:

Hoy día_____de_____________________ de 2010, declaro mi deseo de ingresar en la Cruzada Guadalupana, cuyo objeto es la restauración del Reinado de Jesucristo en México mediante la restauración de ese reinado en la familia mexicana, y prometo que, mientras duren las presentes dificultades de mi patria y de la Iglesia:
Grado Primero.— Rezaré todos los días las Tres Ave Marías.
Grado Segundo.— Ofreceré la Comunión Reparadora el día 12 de cada mes.


_________________________________
Nombre y Firma.



* Mandar este formato lleno al correo siguiente rpmanuelmartinez@msn.com
** Los que vivan en lugares que no haya acceso a los sacramentos frecuentemente pueden pertenecer al primer grado.
***Esta invitación de formar parte de la Cruzada Guadalupana se extiende a todos los que tengan devoción a Santa Maria de Guadalupe "Reina de Méjico y Emperatriz de América", sean de la nacionalidad que sea. Pidiendo Para toda América el Reinado de Santa María de Guadalupe.