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jueves, 20 de julio de 2017

¿Dónde está la Iglesia?


         “Debe existir en la Verdadera Iglesia perfecta unidad de régimen, o sea: debe haber al frente de esa sociedad religiosa una autoridad suprema y visible, de institución divina, a la cual obedezcan todos los miembros que la forman.      
         No basta una especie de política de amistad o buena vecindad entre un montón de jefaturas eclesiásticas desconectadas jurídicamente, es decir: independientes entre sí, SIN OTRA CABEZA SUPREMA QUE UN CRISTO INVISIBLE Y CELESTIAL CUYAS PALABRAS Y MANDATOS INTERPRETA CADA UNO A SU GUSTO.”                                                                                                                  
                (R.P. Fernando Lipúzcoa. Breviario Apologético. 1954)

                Todos aquellos que vimos, por gracia de Dios, los frutos nefastos del Concilio Vaticano II y su doctrina del "aggiornamiento" (puesta al día), nos encontramos, sin quererlo, en la triste situación de elegir. Seguir a Dios manteniendo la fe de siempre o seguir a los hombres en la creación de una nueva religión más humana que divina como es el modernismo. La decisión no se podía dudar, abandonar el aparato conciliar con todas sus herejías manifiestas y seguir a Cristo en su Iglesia guardando las tradiciones bimilenarias y sobre todo su doctrina inmaculada, era más que evidente.
               
               Ya han pasado casi 60 años desde que la Iglesia católica quedó sin cabeza visible por la pérdida del Oficio del Soberano Pontífice, y muchos fieles - eclesiásticos y seglares- que combatimos en esta dura batalla en defensa de la fe, quizás la última antes del triunfo definitivo (solo Dios lo sabe), nos encontramos con otro obstáculo doloroso, que a simple vista parece insuperable: el desgarramiento de la Unidad, en el que se fue cayendo casi imperceptiblemente a causa, a lo mejor, de la duración del combate; con la ayuda también de la mala voluntad de algunos que solo buscan destruir, bajo apariencia de bien, lo poco que queda de la reacción.
                
           Uno de los argumentos más fuertes y sólidos de los enemigos en sus ataques, es justamente, que el movimiento tradicionalista está tan dividido en pequeños grupos con tantas y tantas opiniones teológicas diversas y tan alejados, en la práctica, de la caridad bien entendida, que se asemeja a las sectas protestantes, donde cada secta es una iglesia.
                
              Desgraciadamente y haciendo honor a la verdad... TIENEN RAZÓN.
                
               Muchos tradicionalistas utilizan, para justificar su actitud sectaria, el siguiente pasaje evangélico: "Heriré al Pastor y se dispersarán las ovejas". Forzando el sentido de la frase, quieren hacer decir a Nuestro Señor: "Heriré al Pastor y se dividirán las ovejas", sentido absolutamente falso.
                
               Es una interpretación puramente de conveniencia, adaptando la definición de las palabras a su antojo y no al verdadero sentido escriturístico ni al nominal; dejando pensar que la palabra "dispersar" tiene el mismo significado que "dividir".
                
                   "Dispersar", según la Real Academia Española quiere decir: "Diseminar lo que está unido" y "dividir" quiere decir: "Partir, separar en partes, desunir", en su sentido figurado es mucho más claro rara nosotros el sentido de "dividir": "Desunir los ánimos, sembrar discordia".
                
                Para cualquiera que se precie de ser católico, ver la situación actual del tradicionalismo debería ser realmente alarmante. Hemos llegado a un punto tal de divergencias graves y divisiones aún peores que tenemos todo el derecho de preguntarnos: ¿Es el "tradicionalismo" actual un movimiento católico?¿Cuál de todos los pareceres e interpretaciones tan contradictorios que nos presentan los diversos grupos debemos seguir para estar ciertos de mantenernos dentro de la Iglesia?¿Debemos conformarnos con sólo asistir a la "Misa en latín"?
                
                     Para darnos cuenta un poco mejor de la necesidad de buscar la unidad (que debe estar en alguno de esos grupos tradicionales), a pesar de las fallas humanas, tenemos que estar perfectamente conscientes  que LA UNIDAD DE LA IGLESIA CATÓLICA ES UNA NOTA DE SU ESENCIA COMO INSTITUCION DIVINA; no un principio humano sino divino. Es una nota que distingue a la Iglesia de Jesucristo de todas las otras falsas iglesias o sectas. La Iglesia, para ser la verdadera, debe ser UNA Y ÚNICA, fuera de la cual no hay salvación. Sin importarnos el número, sean pocos o muchos, debemos formar un solo cuerpo y una sola alma.
                
                 Nos dice Su Santidad León XIII en su encíclica "Satis Cognitum": "Ahora bien, si se mira lo que ha sido hecho, Jesucristo no concibió ni formó a la Iglesia de modo que comprendiera pluralidad de comunidades semejantes en su género, pero distintas, y no ligadas por aquellos vínculos que hicieran a la Iglesia indivisible y única, a la manera que profesamos en el Símbolo de la fe: Creo en una sola Iglesia... Es pues, la Iglesia de Cristo única y perpetua. Quienquiera de Ella se aparta, se aparta de la voluntad y prescripción de Cristo Señor y, dejado el camino de la salvación, se desvía hacia su ruina."
                
                 ¿Acaso no nos encontramos hoy más que nunca ante esta situación que "Jesucristo no concibió para su Iglesia" como nos lo dice Su Santidad? ¿No estamos frente a esa "pluralidad de comunidades semejantes en su género, pero distintas" (como son las sectas protestantes) viendo los tantos y tan diversos grupos tradicionalistas que gritan todos por separado "iSomos católicosl" pero que no pueden hacer nada juntos?
                
                  Es contradictorio proclamarse "católico"(universal), sin el deseo de comulgar con los demás que "dicen" guardar los mismos principios y que "dicen" también ser católicos pero, que pertenecen a "grupos distintos". Canónicamente, esta actitud renuente de comunión entre los que "se dicen católicos" se llama CISMA. Dice el canon 13Z5: "...finalmente, si rehúsa (el fiel que ha recibido el bautismo) someterse al Sumo Pontífíce o se niega a comunicar con los miembros de la Iglesia que le están sometidos, es cismático." Por desgracia, en general, no es culpa de las ovejas, sino de la soberbia de los pastores. Pero, sigamos adelante.
                
          Para entender más profundamente estos principios de uni(ci)dad y pertenencia a la Iglesia, vamos a profundizar un poco en otros conceptos que es necesario manejar para captar mejor el problema actual del tradicionalismo.
                Comencemos por la definición de lo que es una "nota” de la Iglesia, luego, cuáles son las "notas" de la Iglesia y finalmente, qué es la "nota" de unidad y cómo debe ser.
               
              *1- "¿Qué es una "nota"?

            "Propiedades o criterios de legitimidad, son signos sensibles por medio de los cuales podemos distinguir la verdadera Iglesia de las falsas. Algunas son accidentales o contingentes, que se manifiestan extrínsecamente como podrían ser los milagros. Otras son esenciales o necesarias intrínsecamente y son las que llamamos "nota"por ejemplo las cualidades de la Iglesia que la hacen visible como tal.

    NOTA DE LA IGLESIA, ES ENTONCES, LA PROPIEDAD NECESARIA Y VISIBLE POR LA CUAL LA IGLESIA DE CRISTO ES RECONOCIDA COMO TAL Y DISTINGUIDA DE LAS FALSAS IGLESIAS.


La nota de la Iglesia, por lo tanto, tiene las siguientes cualidades:
                a- Una propiedad necesaria de la Iglesia para poder reconocerla como la verdadera.
                   b- Visible, por lo menos, mediata o indirectamente, de otra manera, no se distinguiría de las falsas,
                    c- Capaz de hacernos conocer la Iglesia en cuanto tal, en con­creto, como la verdadera.
                d- Fácilmente reconocible, pues una nota debe hacer conocer a la Iglesia a todos, pues, es necesario pertenecer a Ella." (Cfr. P. Salaverri S.I., "De Ecclesia Christi" T.III, L.3, C.3, A.2 ed BAC)
                      
                       *2- ¿Cuántas v cuáles son las notas de la Iglesia?
                       a- Citaremos la definición del Concilio Vaticano I con respecto a las notas de la Iglesia: "Ahora bien, para que pudiéramos cumplir el deber de abrazar la fe verdadera y perseverar constantemente en ella, instituyó Dios la Iglesia por medio de su Hijo unigénito y la proveyó de notas claras de su institución, a fin de que pudiera ser reconocida por todos como guardiana y maestra de la palabra revelada." (Dz. 1793)
                       b- Es de doctrina católica definida que la Iglesia está constituida por cuatro notas como rezamos en el Símbolo de la fe y confirmada por el Papa Pío IX en el decreto de la Sede Apostólica contra los Anglicanos donde dice:
               "La verdadera Iglesia de Jesucristo se constituye y reconoce por autoridad divina con la cuádruple nota que en el Símbolo afirmamos debe creerse; y cada una de estas notas, de tal modo está unida con las otras, que no puede ser separada de ellas." (Dz. 1686)
                       c- Tomadas en conjunto, es doctrina cierta en teología, que estas notas muestran la verdadera Iglesia de Jesucristo y que la distinguen de las falsas iglesias.
                            d- Las cuatro notas esenciales de la Iglesia son: la unidad, la catolicidad, la apostolicidad y la santidad.
Estas notas tienen todos los elementos de la definición: son propiedades esenciales, son visibles, fácilmente reconocibles y más patentes para reconocer a la Iglesia como tal

*Unidad. social de hecho que se manifiesta en la misma profesión de fe, en el mismo régimen de obediencia y en la práctica     del mismo culto.

*Catolicidad (universalidad) es la gran difusión numérica y geográfica de los fieles de la Iglesia por todo el mundo.

*'Apostolicidad. continua sucesión Romana desde San Pedro y los Apóstoles.

*Santidad, moral, perfecta y heroica, que se manifiesta por la caridad en las obras, a la cual siempre está unida.

                       Dice el Concilio Vaticano I: "Si alguno negare que solo la Iglesia Romana, verdadera Iglesia de Cristo, es Una Santa, Católica y Apostólica, SEA ANATEMA" (Esquema "De Ecclesia" en. 16)
Habiendo visto muy someramente la constitución esencial de la Iglesia de Jesucristo en sus cuatro notas fácilmente reconocibles, nos queda claro que si no poseemos una de ellas, no poseemos ninguna de hecho y no pertenecemos a la verdadera Iglesia.

No es, entonces, asunto de gustos o de impresiones personales, ni es tampoco cosa de poca importancia preguntarnos si realmente el tradicionalismo es en todas y cada una de sus manifestaciones grupales una posición católica.

Es una pregunta fundamental para la salvación del alma y para el orden de la Iglesia (en lo que de nosotros depende) si lo que estamos profesando con las obras en la tradición sirve para salvarme y para salvar a otros.

En orden a esta cuestión sigue la exposición más precisa sobre la nota de unidad de la Iglesia, que es en general, el punto débil del tradicionalismo.


*3- /Qué es la nota de unidad? /Cómo debe ser la unidad de la verdadera Iglesia?


Veremos, primeramente, unas nociones generales sobre la unidad para luego aplicarlas a la Iglesia.

Nociones:

-Unidad es la propiedad por la cual una cosa es indivisa en sí misma y divisa o distinguible de cualquier otra.

-La unidad excluye, entonces, la posibilidad de que la cosa sea intrínsecamente dividida y no sufre ser separada en partes.

Trasladados estos principios a la Iglesia, podemos decir que:

-La Unidad de la Iglesia es la propiedad por la cual la verdadera Iglesia es indivisa en sí misma y perfectamente    distinguible de las falsas.

- La Unidad de la Iglesia excluye, entonces la posibilidad de ser dividida y no sufre ser separada en partes.

Por eso, aquí sí podemos utilizar la frase del Evangelio y comprenderla con más claridad "Heriré al Pastor y se dispersarán   !as ovejas" (Faltando el Sumo Pontífice, la Iglesia se dispersa, pero NO se divide).

Ahora bien, la Unidad de la que hablamos se basa en la ordenación de  los católicos hacia un fin común bajo una potestad                 suprema.

                   Veamos que nos dice el Papa Bonifacio VIII en su bula "Unam Sanctam" sobre la unidad de la Iglesia: "Por apremio de la fe, estamos obligados a creer y mantener que hay Una sola y Santa Iglesia Católica y la misma Apostólica... y fuera de Ella no hay salvación ni perdón de los pecados... Ella representa un solo cuerpo místico, cuya cabeza es Cristo, y la cabeza de Cristo, Dios. En Ella hay un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo...Esta es aquella túnica del Señor, inconsútil que no fue rasgada, sino que se echó a suertes. La Iglesia, pues, que es una y única, tiene un solo cuerpo, una sola cabeza y no dos, como un monstruo, es decir, Cristo y el vicario de Cristo, Pedro y su sucesor, puesto que dice el Señor: Apacienta mis ovejas'.
                   En la Iglesia, esta unidad debe ser triple: de fe, de régimen (o de gobierno) y de culto, esto es, unión de inteligencia, de voluntad y de obra, como lo enseña el Papa León XIII en la encíclica "Satis Cognitum": "Más el que fundó la Iglesia, la fundó también una, es decir, de tal naturaleza que cuantos habían de formar parte de ella habían de estar unidos entre sí por tan estrechísimos vínculos, que de todo punto formaran una sola nación, un sólo reino, un solo cuerpo...Más el necesario fundamento de tan grande y absoluta concordia entre los hombres es el acuerdo y unión de las inteligencias, de donde naturalmente se engendra la conspiración de las voluntades y la semejanza de las acciones."
Es imposible aplicar de hecho estas enseñanzas de León XIII al tradicionalismo actual. Quien no lo quiera ver es como el que "viendo no ve y oyendo no oye". Hay que ser muy necios para afirmar que el tradicionalismo tomado en su conjunto expresa la unidad de la Iglesia, y por lo tanto, es también de necios afirmar que todos los tradicionalistas son católicos. ¿Dónde está la sola nación, el solo reino, el solo cuerpo del que habla Su Santidad?
Sin embargo, en alguna parte debe  estar, pues es promesa de Jesucristo que estará con su Iglesia hasta el fin de los tiempos.
Para contestar este aparente dilema, sigamos estudiando más el punto de la Unidad:
1- La Unidad de fe, es el concurso de las inteligencias en la misma profesión de fe, bajo el supremo Magisterio de la Iglesia.
2- La Unidad de régimen (o  gobiemo ) es la ordenación de  las voluntades hacia el mismo fin social bajo la suprema potestad         de gobierno de la Iglesia.
3- La Unidad de culto es la convergencia en la celebración del Sacrificio y en el uso de los Sacramentos y actos litúrgicos, bajo la suprema potestad de santificación de la Iglesia.

Esta triple unidad social ha sido instituida por Cristo en el Primado de San Pedro y sus Sucesores.
Estos tres principios de unidad han sido atacados por los adversarios de la Iglesia en todos los tiempos, veamos un poco más en detalle:
1 -LA UNIDAD DE FE, fue atacada por todos los herejes y apóstatas de la fe católica, quienes negándola con pertinacia fueron amputados del Cuerpo Místico. Por ejemplo, los protestantes y los calvinistas, los utraquistas, arríanos, pelagianos, etc.
CON RESPECTO AL TRADICIONALISMO ¿TENEMOS UNIDAD DE FE?
 Unos , por ejemplo, con respecto al Soberano Pontífice "opinan" que se le puede desobedecer por sistema, cuando enseña errores contra la fe, suponiendo que un Papa puede errar contra la fe y proferir herejías sin dejar de ser Papa, como es el caso de la Fraternidad San Pío X. Este caso merece un estudio mucho más amplio que dejaremos para más adelante. De todas la "posiciones" tradicionales, es la peor y francamente no es católica. Dice Bonifacio VIII en la bula "Unam Sanctam": "Ahora bien, someterse al Romano Pontífice•, lo declaramos, lo decimos, definimos y pronunciamos como de toda necesidad de salvación para toda humana criatura." La posicion de la Fraternidad San Pío X es insostenible.
Otros dejan a la Iglesia en un estado de deseperación, de inacción, de muerte, impropia de cualquier sociedad perfecta, cuánto más de la sociedad la más perfecta, como lo es el Cuerpo Místico de Cristo, como por ejemplo los Britones, que prácticamente niegan aún al mismo Dios la posibilidad de dar un Papa a su Iglesia.
Otros como los que "opinan" que la Sede de Pedro está ocupada por una sucesión casi interminable de "Papas materialiter" (Papas materialmente Papas) dejando la solución de la falta de cabeza a merced de la conversión de una monstruosa secta herética como lo es el modernismo, es decir que la continuidad de la Iglesia como formal y materialmente Una, depende de la conversión de un hereje, en este caso el "Papa materialiter" que ni siquiera es miembro del Cuerpo Místico de Cristo. Teoría completamente nueva e innovadora. (Esta posición ya ha sido suficientemente refutada por el Dr. Homero Johas.)
Otros que en su deseo de arreglar la situación "opinan" que debemos darle a la Iglesia a como de lugar, su cabeza visible, es decir, un Papa, y nos encontramos entonces en la triste realidad que hay "elegidos" 11 "Papas" actualmente la mayoría de ellos por elección milagrosa con intervenciones de la Ssma. Virgen María o inspiraciones místicas.
Otros que en definitiva no les importa el problema de la fe, de la pertenencia a la Iglesia mientras no afecte su "dolce vita" (dulce vida, cómoda y apacible), de esos, como dice San Benito: "Más vale callar que hablar".
Ponemos la palabra "opinan" entre comillas, pues, en la práctica no son "opiniones", sino, en realidad convicciones tenaces mezcladas con mucha soberbia y espíritu de independencia.
Lo peor es que todas estas "opiniones" van apoyadas en la "Misa en latín".

2-  LA UNIDAD DE GOBIERNO, la atacaron, se opusieron a ella y la negaron todos aquellos que llamándose cristianos, propugnaron por la autonomía e independencia sectaria. Por ejemplo los orientales conocidos como las "iglesias autocéfalas" (cabezas propias), los Protestantes y todos los Anglicanos y actualmente los Modernistas y Racionalistas.

VAMOS AL TRADICIONALISMO: ¿HAY UNIDAD DE GOBIERNO?

¿No aparecemos, acaso, como esas sectas protestantes o esas "iglesias autocéfalas" donde cada sacerdote es el "Papa" de su feligresía; dónde los Obispos no gobiernan, sino que son utilizados por los sacerdotes para la administración de ciertos Sacramentos; dónde el Obispo no quiere y positivamente se niega a tener autoridad para no tener responsabilidades y tomar decisiones que en realidad le tocan en conciencia delante de Dios (como otros tantos Pilatos)? ¿No estamos en el punto de esas comunidades eclesiásticas de base que tanto pregona el modernismo y van tan en contra del sentir de la Iglesia, donde el valor de la jerarquía está invertido?

Para qué seguirle, no acabaríamos más de enumerar "opiniones" y "posiciones" diferentes.

Otros, lo que es peor, se dejan gobernar y manejar por laicos poderosos e influyentes, rebajando así la dignidad de la Iglesia.

Lo peor es que todas estas "opiniones" van apoyadas en la "Misa en latín".

3-   LA UNIDAD DE CULTO, fue atacada, se opusieron a ella y la negaron los Protestantes, los Latitudinarios, los Racionalistas y los Modernistas. Al ser para ellos la fe algo puramente interno y fiducial (de confianza) no era necesario un culto único, siendo que en la unidad del Sacrificio y Sacramentos y ritos, se ve claramente el mismo obrar que caracteriza a la Iglesia de Cristo.

VAMOS AL TRADICIONALISMO: NO PODEMOS DECIR QUE TENGAMOS UNIDAD DE CULTO.  

Cada grupo posee sus características propias. En cuanto al Sacrificio, por ejemplo la Fraternidad San Pío X nombra a un hereje (Juan Pablo II) en el canon de la Misa como si la Iglesia fuera "Una cum" un hereje. Reconociendo los ritos de Juan XXIII, toman de ellos lo que les parece.

Algunos siguen los ritos de San Pío X, y aunque asintiendo que el último Papa fue Pío XII, escudriñan en su pontificado errores y fallas humanas que no tocan a la fe para no aceptar sus reformas litúrgicas. El error de éstos es que se convierten en jueces de todos los Papas y que relativizan el Papado según sus afirmaciones personales.

Otros toman de S.S. Pío XII lo que les gusta, "total, no hay Papa" dicen ellos. Otros, lo que es peor, siguen en partes importantes de la liturgia los ritos de Juan XXIII, con sus reformas modernistas y ecuménicas que dieron el primer paso para la destrucción de la liturgia y con el pretexto de "acomodarse a la exigencia de los fieles" se "desacomodaron a las exigencias de Dios".

Pero lo peor es que todas estas "opiniones" van apoyadas en lo más sagrado que tiene la Iglesia: "la Misa en latín".
Este trabajo no es una crítica de nadie en especial, sino que todos, en lo que nos corresponde debemos darnos cuenta que nuestra actuación puede ser un "granito de arena" en la confusión actual. Por eso le pedimos a Dios encarecidamente y con instancia que no nos hagamos sordos a la "voz del Señor que nos llama", ni ciegos a la luz del Espíritu Santo, que desea en cuanto Amor Infinito la Unidad de los católicos, fruto de la fe informada por la caridad.

Todos vemos y aceptamos que esta falta de unidad que pone en juego nuestra salvación eterna viene como consecuencia de no tener una cabeza visible única, de no tener un Papa. Dice el dogma:"Ubi Petrus, ibi Ecclesia"(Donde está Pedro, está la Iglesia); hoy podemos decir: "Donde está ese deseo eficaz tener a Pedro, ahí está la Iglesia." Hagamos todo lo que esté de nuestra parte para lograrlo, al menos busquemos la unidad, de a poco, por el bien de las almas, muchas de las cuales han perdido la fe a causa de nuestras divisiones.
Es en esta disposición efectiva y eficaz de buscar la unidad donde está el verdadero católico. Es aquí y sólo aquí donde se encuentra la verdad, en el deseo eficaz de recuperar la unidad; no solamente en palabras sino en obras. El trabajo apostólico hecho en la división "no recoge, sino que desparrama". Es en la búsqueda de la elección del Papa donde se encuentra la pertenencia a la Iglesia Católica.
Como decia Santa Teresita antes de morir : "Que Dios nos encuentre con las armas en las manos". Si es su voluntad santísima que nunca lo logremos a causa de los pecados de la humanidad, que no quede en nuestras conciencias el no haberlo intentado. Dejemos de lado toda la soberbia que el demonio inspira en nosotros, todo particularismo sectario que divide y desune. No hagamos como los modernistas que para unirse con los herejes y cismáticos buscan lo que los une, sin ver lo que los separa; no, nosotros vamos a ver lo que nos separa, para que, con humildad y caridad de parte de todos podamos llegar a un entendimiento católico para poner fin a la situación actual, pero sin ceder en la obligación de elegir al Papa para que nos gobierne y nos una.

No importan las divergencias, antes de decidir podemos y debemos hablar; hablando se entiende la gente, cuánto más los católicos. Tratemos con la gracia de Dios de reunir a los "dispersos" y de unir a los "divididos”.
De nuestra parte, la Fundación San Vicente Ferrer con todos sus miembros, estamos dispuestos a dialogar de manera caritativa con quien quiera hacerlo. Muchos de entre nosotros no nos conocemos más que por referencias, muchas veces mal intencionadas para lograr  justamente la división. 
Nosotros solamente queremos el bien de la Iglesia y ponemos a Dios y a la Santísima Virgen por testigos de que es así. La situación actual es catastrófica, sin precedentes en la historia de la Iglesia, no aumentemos con nuestra soberbia el dolor de la Esposa Inmaculada de Jesucristo.
Estamos seguros de que muchos de los que lean esta trabajo, se van a burlar de nuestras intenciones, o simplemente no harán caso alguno, pero, que Dios juzgue a cada quien. Lo que sí queremos, es hacer nuestra una frase que el R.P. Castellani (r.i.p.)dirigió a aquellos que lo perseguían en una situación similar: "Con Ustedes; sin Ustedes o contra Ustedes, vamos a tratar de ayudar a la Iglesia. Y si fracasamos, salvaremos nuestra alma, que es en definitiva lo que importa."
LAUS DEO
                            Mons. Juan José Squetino Schattenhofer.
Nota. Los obispos sedevacantistas, sólo tienen el poder de orden y ejercen la jurisdicción extraordinaria sólo de una manera provisional, hasta que la Sede de San Pedro sea ocupada por un Papa verdadero. Y DE NINGUNA MANERA LES ES LÍCITO PERPETUARSE INDEFINIDAMENTE AL AMPARO DE LA NECESIDAD, A TRAVÉS DE LA VIRTUD DE LA EPIQUEYA, SIN PONER LOS MEDIOS ADECUADOS PARA ACABAR CON LA VACANCIA.




sábado, 9 de noviembre de 2013

“UBI PETRUS, IBI ECCLESIA” (“Donde está Pedro, está la Iglesia”)


                                                      Mons. Juan José Squetino S.


     Esto es una simple introducción a un escrito muy interesante que escribió Mons. Urbina más de diez años. Es una declaración de principios tratando de constituir un electorado para elegir al Papa y que creo que puede servir de  comienzo para una futura elección papal y a la cual adhiero por completo.

     A pesar de haber sido escrita hace muchos años, la situación actual es peor de lo que era en esa época, finales de los años 90, comienzo del milenio. Y volviendo casi 15 años atrás, hoy se ve que no existe voluntad alguna en los sedevacantistas de acabar con la vacancia de la Sede de Pedro. Ya se han hecho una nueva iglesia sin Pedro y están muy a gusto en ella, pero, desgraciadamente esa iglesia sin Pedro que se han creado, no es la Iglesia Católica que Jesucristo fundó sobre la roca inamovible de Pedro, fundamento único de su Iglesia.

     Después de tantos años de sede vacante, salta a la vista la no voluntad de todos esos grupos sedevacantistas de terminar con la vacancia, por los argumentos que sean, que muchas veces, más que argumentos, son excusas falaces, que solo llevan a destruir la visibilidad de la Iglesia, “propio indiscutible para que los que la buscan puedan encontrarla”; y lo peor es que la mayoría de esos grupos están liderados por algún obispo, llámense MmSs. Pivarunas, Dolan, Kelly, Sanborn, Morelo, Madrigal, Buenaventura, etc., etc., etc., etc. que viven y obran como si fueran “papas”.

     De todas maneras, lo que escribo o publico va primeramente ordenado a los católicos que desean con voluntad eficaz acabar con la vacancia, pero, secundariamente va dirigido a todos esos obispos que son los que más cerca están de la Verdad y tienen responsabilidad sobre cientos de almas, y que llegando a reconocer, por lo menos, que la sede de Pedro está vacante, que no es poca cosa, les falta el paso de reconocer la “necesidad imperiosa y urgente” de proveerla y poner los medios para ello.

     Hoy por hoy, en las circunstancias actuales, ninguno de ellos reúne las notas propias por las cuales se puede reconocer a la Iglesia de Cristo (se constata de la realidad de esos grupos enfrentada a la constitución dogmática, divina de la Iglesia); en ninguno de ellos se puede ver manifiestamente un ánimo común de unidad, y eso definitivamente no es católico.

     Por eso, creo que no está de más insistir otra vez, sin intención de ofender a nadie, que voluntariamente me separo de cualquiera de esos grupos, y que no comulgo con ninguno que no tenga ese ánimo común de unidad, hasta que lo tenga; y que no intente eficazmente acabar con la vacancia de la Sede de Pedro. 

       PORQUE  REALMENTE  NO  PUEDO  IDENTIFICAR  EN NINGUNO  DE ESOS GRUPOS   A LA ÚNICA Y UNA, SANTA, CATÓLICA Y APOSTÓLICA ROMANA IGLESIA DE CRISTO.


     Si en alguno de ellos la buscara, en la economía actual de las cosas, no la podría encontrar. Así, no me interesa pertenecer a la “iglesia ilusoria sin Pedro” condenada por Pio XII, “inconcebible en la mente de Jesucristo” (León XIII) de los acéfalos, ni a la “iglesia universal sincretista” del Vaticano (con todos sus satélites orbitantes “modernistas-tradicionales –Fraternidad San Pío X, Com. Ecclesia Dei y demás-).

     “La Iglesia debe formar un solo Cuerpo, y tener un solo Espíritu, una sola Doctrina, un solo Gobierno y un solo Señor –Mystici corporis-; y así, aunque esas comunidades continúen teniendo la forma (apariencias), no tienen la vida, porque no están alimentadas por el Espíritu Santo, y así, en vano se glorían de la forma.”-San Agustín, sermo 268.

     En lo que a mí respecta, hasta el último día de mi vida voy a trabajar para la unidad y para lograr la elección del Sumo Pontífice, única fuente de unidad, nota de la Iglesia. Es una cuestión de conciencia; la acefalía perenne, interminable o indefinida es una herejía, y sus frutos son apocalípticos.

     No me importan las críticas, las calumnias o difamaciones que puedan hacerme algunos exaltados, obsesionados con mi persona, que rayan en lo enfermo, destilan tanto odio que se desacreditan solos (“En la boca del necio está el azote de su orgullo” Prov.). Pobres almas con hambre de protagonismo, con soberbias tan extremas que se identifican con la necedad o tan necias que parecen soberbias. Lo único que tienen claro y definido es el odio a la unidad de la Iglesia, a la Iglesia “Una”, todo lo demás lo tienen oscuro y confuso como sus almas, ¿sus nombres? LEGION. Sus opiniones no me hacen mella, al contrario, me motivan a seguir por donde voy.

     La perpetuidad de los Sucesores de Pedro es un dogma de fe, y la perpetuidad de los electores es su consecuencia y el que lo niega con pertinacia en la teoría o en la práctica es un hereje. Y si los católicos no podemos darnos al Papa, principio de unidad y perpetuidad, cuando éste falta, ¿dónde está la Iglesia como sociedad perfecta y visible? ¿Hacia dónde va sino hacia su desaparición? “Si llegara a faltar en la Iglesia de Cristo el principio visible de unidad, que es Pedro, habrán tantos cismas como sacerdotes” (Enc. Satis Cognitum)

     Por caridad les pido a los que lean la siguiente declaración constitutiva, la mediten, la reflexionen; si son seglares, envíenlas a sus sacerdotes y obispos para que las analicen y estudien. 

DECLARACION CONSTITUTIVA.

1.     Declaramos, creemos y enseñamos, que la verdadera Iglesia Católica, es una sociedad fundada por Jesucristo, nuestro Señor, que ha de ser identificada por todos los hombres, mediante indiscutibles e inconfundibles notas o caracteres sensibles, propios y permanentes, los cuales son: unidad, santidad, catolicidad y apostolicidad (1).

2.     Que la unidad de la Iglesia, debe ser doble: unidad de doc­trina y unidad de gobierno. La unidad de doctrina requiere que todos los fieles crean la misma doctrina revelada por Jesucristo desde el principio sin variación de ninguna clase, como esta contenida en las sagradas Escrituras, interpretadas por la Iglesia, y en la sagrada Tradición. La unidad de gobierno, requiere que todos los fieles cris­tianos reconozcan una misma autoridad y una misma cabeza que es el Su­mo Pontífice nombrado próxima y directamente por Jesucristo en la per­sona de Pedro y sus sucesores, de donde resulta una sociedad o Cuerpo místico de Cristo (2).

3.     Por lo tanto, declaramos, creemos y enseñamos, que son indis­pensables para ser Iglesia de Jesucristo, las cuatro notas caracterís­ticas sin que pueda faltar ninguna, porque si esto sucede, aquella so­ciedad no es la verdadera Iglesia.

4.     Declaramos, creemos y enseñamos, que la Iglesia no tiene dos cabezas como un monstruo (3), sino solamente una, pues Jesucristo y  el Papa, constituyen una sola piedra (4)(5)(6), por lo cual, rechazar el gobierno del Sumo Pontífice, o negarle obediencia, o negarse a ele­girlo o evitar su elección en situación de Sede Vacante, es lo mismo que rechazar a Jesucristo, pues no nos decimos cristianos solamente por Cristo (7), sino también por la Piedra que es el fundamento y fir­meza de todo el edificio.

5.     Declaramos, creemos y enseñamos también, que todo el tiempo que Jesucristo gobierne a Su Iglesia, debe estar en ella la cabeza vi­sible, pero como Jesucristo todo el tiempo la gobierna, también todo el tiempo el Papa debe gobernarla, sin que esto pueda interrumpirse o evitarse por opinión, prudencia o capricho humano, o por alguna crisis en la Iglesia, por grave que esta aparezca, si es posible el cumplimiento de los mínimos requisitos para efectuar un cónclave en estado de extrema necesidad, de forma que se extinga la Sede Vacan­te, así como fueron claramente especificados en el Concilio celebrado en Roma en abril del año 1059, convocado por el Papa Nicolás II (8). Porque Pedro tendrá en la Iglesia, perpetuos sucesores (9).

6.     Que el gobierno eclesiástico que esté privado del sumo pon­tificado, con autonomía episcopal, sacerdotal, o lo que sería todavía peor, con la autonomía y dirección de seglares, se opone abiertamente al plan de Dios, y es un atentado cismático y herético contra la uni­dad de la Iglesia y contra la Caridad (4)(5).

7.     Sabemos que no hay ninguna sociedad que se conserve si no existe una cabeza que la rija y unifique todas las voluntades hacia un fin común (10)(11).

8.     La Iglesia igualmente, no puede carecer de la dirección y gobierno del Sumo Pontífice (12), del que dimanan todos los derechos de la veneranda comunión (13), y es la unidad del fundamento que es prenda de la unidad del edificio (14), piedra sólida sobre la que es­tá fundada la Iglesia de Dios (15), boca de todos los Apóstoles, cabe­za de aquella hermandad, prepósito de todo el orbe y fundamento de la Iglesia (16).

9.     Por este motivo, la Iglesia no puede estar reunida en un concilio, sino que siempre tiene la necesidad de un confirmador infa­lible al que nos podamos dirigir (17), es decir, que esté vivo, en funciones. Además, Jesucristo no fundó a la Iglesia de modo que com­prendiera pluralidad de comunidades, semejantes en su género, pero distintas y no ligadas por aquellos vínculos que hicieran a la Iglesia indivisible y única (18), pues debían estar todos unidos entre sí, con estrechísimas ataduras que de todo punto formaran una sola nación, un solo reino y un solo cuerpo.

10.    Creemos también y enseñamos, que la autoridad del Sumo Pon­tífice no es de carácter intermitente (19), pues es vínculo insustituible que constituye la unión de los obispos en el Colegio Apostólico, por lo cual, es imposible separar a Pedro del verdadero Colegio Apos­tólico, así como es imposible separar a la verdadera Iglesia de Pe­dro, que es la Piedra sobre la que Jesucristo la fundó. Creemos, por lo tanto, que la firmeza de la Fe y del mismo edificio de la Iglesia, vienen de Pedro, y no del consentimiento de los demás obispos o fie­les (20).

11.    En todo otro caso, fuera de esta unidad y seguridad que da la Roca, los obispos se diluyen necesariamente, en una muchedumbre confusa y perturbada (21).

12.    Declaramos, creemos y enseñamos, por esto, que quien no es­té unido a la cabeza, no puede pertenecer al Cuerpo de la Iglesia (22), pues es de necesidad absoluta para la salvación, la subordinación al Romano Pontífice (23) ya que el que no guarda la unidad, no puede guar­dar la Fe, el que abandona la cátedra de Pedro, no está en la Iglesia ni puede tener el premio eterno, al romper la unidad con el furor de la discordia (24). El que no le presta al Papa severa obediencia, se hace reo del cisma de los acéfalos como miembro separado de la cabe­za (25).

13.       Por eso, no pueden vivir en el Cuerpo de la Iglesia, los que están separados por la Fe o por el gobierno (26), ni tener al Espíri­tu Santo. El que no guarda la unidad, no guarda la ley de Dios, ni la Fe del Padre y del Hijo, ni guarda la vida ni la salud (27). El que no está en la paz y en la unidad de la Iglesia, no tiene a Dios (28).

14.       Declaramos también, creemos y enseñamos, que la Constitución divina de la Iglesia, es absolutamente inmutable y no puede estar sujeta a variación o a evolución de ninguna clase (29), porque así la fundó Jesucristo, nuestro Señor, próxima y directamente, y no puede ser alterada por ningún poder humano. Por esto, nadie puede pretender gobernar a la Iglesia, o enseñar en nombre de la Iglesia, fuera de esta Constitución (30) que comienza a formarse por la cabeza que es el Papa, que preside y conserva la Fe y la unidad por disposición de Jesucristo (31). Por esto, dilatar el tiempo de la elección del papa en situación de Sede Vacante, es propiciar la pérdida de la Fe, porque la pérdida de la Caridad es camino para perder la Fe, ya que no hay cisma en el que no se forje la herejía (32).

15.       Pero esta unidad de la Iglesia, no puede venir del mutuo acuerdo de las personas, porque es una unidad de carácter jurídico, que une a todos por la cabeza que es común a todos. Se realiza la unión jurídica entre dos miembros a través de la misma cabeza, que es de los dos (33).

16.       Por esto, todos los que se han conservado en la división (34), negándose a comunicar entre ellos o negándose a comunicar con la cabeza, que en este caso actual es negarse a la elección del Papa para que se pueda dar esa unidad jurídica, son cismáticos (35), y semillero de herejías. Pecan más gravemente por esta necesidad actual en la que la Iglesia está en extremo peligro, que los que cometen el pecado de infidelidad (36), pecando también gravemente contra la paz de la Iglesia con ese pecado que no admite parvedad de materia (37), y son desertores de la Iglesia (38).

17.       Asimismo dice el Derecho Canónico (39), por lo que hay que declararlos cismáticos y rebeldes a la autoridad (40), porque no quieren reconocer en la Iglesia un solo pontífice y un solo juez que ocupa el lugar de Jesucristo (41). Aquí es necesario enseñar igualmente, que cisma se da también cuando uno opina lo mismo y adora en el mismo rito que los demás, y sólo se complace en la separación de la comunidad (42).

18.       Estos tales, que no han conservado la unidad ni la unión de la paz y se separan del vínculo de la Iglesia y del Colegio de los obispos, para gobernar independientemente a sus comunidades, no pueden tener ninguna potestad ni honor (43), aunque de palabra digan lo contrario y prediquen querer la unidad, luchar por ella o querer la elección del Papa.

19.       Pierden además el poder de jurisdicción por el mismo cisma en el que han caído y mantienen, pues este poder no se adquiere inamovible, por lo cual, no son válidas sus absoluciones, sus bendiciones, sus indulgencias, sus excomuniones y todo lo que es propio de ese poder, que sólo se puede ejercer en la unidad del Cuerpo de la Iglesia. Pierden también la potestad de enseñar (44) y están excomulgados de la Iglesia (45). Porque nada en la Iglesia se ha concedido a nadie, sin la participación de Pedro, de donde se ve claramente que los obispos pierden el derecho y el poder de gobernar, si se separan de Pedro y sus sucesores (46). Por esto nunca hay que permanecer unidos a esos obispos, ya que han perdido todo fundamento de su oficio episcopal (47).

20.       Estos obispos quedan excluidos del rebaño del que ellos mismos se apartaron y no pueden tener parte en la autoridad si no está Pedro con ellos por quien les viene esa autoridad, pero al mismo tiempo, al negarse a estar con Pedro eligiéndolo, también están rechazando a Cristo que con Pedro hace una sola Cabeza (48). Y han de ser declarados infames (49).

21.       No pueden excluirse, ninguno de los que se han mantenido o permanecido en la separación de la Iglesia, sin unidad de gobierno, manteniendo a sus comunidades aisladas, e incluso enemistadas con otras, porque están obedeciendo a su propia voz, opinión, capricho o voluntad, sin oír la voz de la Iglesia, sin querer sentir con la Iglesia (50) y obrando con su propia prudencia. Son además sospechosos de herejía, porque hereje, no solamente es quien yerra en materia de Fe, sino el que despreciando la autoridad de la Iglesia, sostiene con pertinacia sus impías opiniones (51).

22.       Por otro lado, creemos y enseñamos que el Espíritu Santo hace en la Iglesia, lo que hace el alma en el cuerpo humano (52). Es el principio motor, vivificador y unificador de la Iglesia, y aunque cada miembro tiene diversos dones y atributos, la vida de todos es la misma. Y esta es el Espíritu Santo. Pero para que la Iglesia tenga al Espíritu Santo, es necesario, al igual que sucede en el cuerpo humano, que todas sus células y órganos estén unidos entre sí, y todos igualmente unidos a la cabeza. Porque los órganos o miembros separados, aunque conserven la forma original, son miembros muertos, y si a todo el cuerpo, aun estando unido en todas sus partes, se le corta la cabeza, entonces también es un cuerpo muerto. En esta forma, el Espíritu Santo no puede estar en los miembros que se han separado de la cabeza de la Iglesia.

23.       De esto se sigue que como sin el Espíritu Santo no podemos amar a Cristo ni guardar sus Mandamientos, todo el trabajo que los cismáticos están haciendo aún sacrificadamente, pensando que es por la Iglesia, no sirve absolutamente para construirla, porque no lo están haciendo sobre la Roca firme, ni están aumentando ni fortaleciendo el Cuerpo místico de Cristo, trabajando y fortaleciendo el cisma. Nada de esto es, pues, del agrado de Dios, aunque El no deje de derramar sus Gracias individualmente en las almas. Las comunidades divididas, por lo tanto, ni pueden llamarse Iglesia, ni está en ellas el Espíritu Santo.

24.       La Iglesia, pues, debe formar un solo Cuerpo, y tener un solo Espíritu, una sola Doctrina, un solo gobierno y un solo Señor (53). En otra forma, aunque esas comunidades continúen teniendo la forma (apariencias), no tienen la vida, porque no están alimentadas por el Espíritu Santo, y así, en vano se glorían de la forma (54).

25.       Por eso, no basta amontonar obispos y sacerdotes, comunidades y órdenes religiosas, seminarios y asociaciones piadosas para construir a la Iglesia, y los que esto están haciendo, se están engañando miserablemente, porque es necesario que se establezca, además de la unidad jurídica, una comunicación substancial entre todas las partes. Si se deja a cada parte conservar su propio ser como ocurre con un montón de piedras, entonces no se puede decir que se ha formado un cuerpo. La sociedad humana, solamente constituye un cuerpo en sentido metafórico pues los individuos que la componen ni tienen contacto físico ni otra clase de unidad que la que es meramente accidental. Las cosas que son accidentales unas, y substancialmente múltiples, disfrutan únicamente de una unidad adjetiva o accidental, pero nunca substancial. La doctrina paulina nunca se aparta de la enseñanza de que la Iglesia de Cristo es un Cuerpo, formado, vivo, que tiene una sola Cabeza. La vida, que es el Espíritu Santo, está en todo el Cuerpo, pero también está en todas sus partes (55), trabadas y unidas por todos los ligamentos que lo nutren para la operación propia de cada miembro de forma que crezca y se perfeccione en la Caridad (56).

26.       Por ese motivo, los buenos pastores están unidos en uno, que es el Sumo Pontífice y todos ellos son uno solo. En esta forma, unidos a la Cabeza que es el Papa que con Jesucristo se unen como si fueran una sola carne (57), así como el esposo y la esposa; al apacentar, es Cristo el que apacienta; al gobernar, es Cristo el que gobierna, y al distribuir las Gracias, es el mismo Cristo el que las distribuye entre los hombres.

27.       La jerarquía de la Iglesia, así unida a Cristo, formando un solo Cuerpo, cuya vida es el Espíritu Santo, puede usar del poder de Cristo para bendecir, para absolver los pecados, para predicar, para juzgar, para gobernar, o para cualquier otra potestad que viene sólo de la Cabeza, que es la que primeramente es vivificada e informada para que de ella desciendan, el magisterio y la autoridad que se derivan de Cristo y su Vicario a toda la Iglesia, divididos en distintos grados, según conviene, pero siempre por la comunicación del Espíritu Santo que solamente está en la Iglesia unida, El cual, aunque las Gracias las distribuya en diversas formas y grados, permanece siempre el mismo.

28.       En esta forma, aunque Cristo, nuestro Señor, es el Maestro, porque es el Verbo de Dios encarnado, esto es, la segunda Persona de la beatífica Trinidad hecho hombre, la jerarquía eclesiástica disfruta de ese magisterio y de esa autoridad porque su elemento humano es compenetrado por los carismas divinos del Espíritu Santo. Por ese influjo, las acciones de la jerarquía excediendo del ámbito puramente humano, se asemejan a las teándricas de Jesucristo.

29.       Y así, son ellos, entonces, la voz de la Iglesia y sus representantes legítimos. Ellos son la Voz de Dios a quienes hay que oír. Pero esto ya no es posible, si se cortan los canales establecidos por Voluntad divina. Esa unión en la Iglesia y con la cabeza de la Iglesia, es lo que los hace representantes de Dios, y no el hecho de ser obispos válidos o sacerdotes válidos. Por ese motivo, todos los que se conservan en la división y han buscado la ordenación sacerdotal, o peor aún, la consagración episcopal como una vía a la independencia, a la autonomía o para la solución de problemas solamente locales, aún muy graves y urgentes, han conservado el poder de orden que ya nada puede borrar, pero han perdido completamente el poder de jurisdicción y todo lo que por él les viene.

30.       Por otra parte, aunque los que han permanecido en la división por algún motivo que quieren justificar, o la han fomentado, perdiendo el poder de jurisdicción han conservado el poder de orden, este no lo pueden ejercer sin profanar los sagrados Misterios. La santa Misa, es el acto esencial del culto católico, pero es el acto de toda la Iglesia, de todo el Cuerpo Místico (58) y por lo tanto, no es lícito el Sacrificio si este se ofrece en el cisma. Se hace bajar a Jesucristo al altar, se repite el Sacrificio incruentamente, que es para toda la Iglesia como Él quiso, es cierto, pero baja a un altar cismático, a una secta, a una comunidad separada y a veces enemistada con las demás por intereses personales o de grupo. Y esta es una profanación del santo Sacrificio de la Misa. El que come de esa mesa, es profano (59).

31.       Conscientes de esta situación, que no la ha habido en toda la historia de la Iglesia; conscientes también de que el Pacto o Alianza ha sido roto (60)(61) desde la eliminación de la verdadera Misa el día 30 de noviembre de 1969, queriendo solucionar radical y definitivamente esta situación, poniendo un adecuado remedio, y a la vista de las doctrinas canónicas y morales de los Padres, teólogos, moralistas y legisladores de la Iglesia, quienes nos ilustraron muy ampliamente sobre los casos de la extrema necesidad, que en el caso actual es extremísima que requiere medidas congruentes, y queriendo de una manera también definitiva, ilustrar a todos los que están desorientados pero que sin saber qué hacer ante tanta confusión, no son cismáticos, pero estando dispersos y debilitados, aman a la Iglesia y desean el bien de las almas, esperando una voz de orientación que permita comenzar a poner el remedio para ver el final de esta crisis, expondremos las doctrinas ortodoxas que son propias para la presente situación.

32.       No hay crisis en la Iglesia, en la que no sea necesario pasar sobre la letra de la ley, aún muy claramente especificada, por la necesidad. Todos los moralistas, teólogos y legisladores, están unánimemente de acuerdo en que la necesidad, no está sujeta a la ley; en que lo que es ilícito en la ley, la necesidad lo hace lícito: que la Epiqueya no es una interpretación de los términos legales, ni es una dispensa, ni es una crítica de la ley, sino una interpretación de la intención del legislador en situación; que la ley puede cometer injusticia y que es pecado cumplirla cuando no se debe; que la finalidad de la ley, nunca milita contra la Caridad; y que cuando la ley no alcanza cierto caso particular, aún no exceptuado en sus mismas palabras, se puede aplicar la Epiqueya que es una interpretación más justa (62).

33.       Sabiendo esto los enemigos de la Iglesia, secundados por muchos indoctos y soberbios, se aprovechan de esta situación para crear suma desconfianza y confusión entre todas las comunidades y personas de la Iglesia, aduciendo supuestas violaciones e irregularidades, manteniendo así la división que está impidiendo la unidad y la elección del verdadero Papa, de forma que ya parece insoluble e interminable.

34.       Nunca la letra de la ley, especifica cuándo se ha de aplicar con estricto apego y cuándo su espíritu y la intención del legislador. Esto sería imposible por los innumerables casos que se pueden presentar en personas y situaciones. Esta sería evidentemente una forma tuciorista o farisaica de aplicar la ley. El espíritu de la ley es el que dice cuándo se ha de aplicar la letra muy estrictamente, o cuándo se aparta uno de ella completamente. Por ese motivo, hacen muy mal quienes viendo que en situación algunos han pasado sobre la letra, para atender o evitar un mal mayor, en este caso la salvación y reconstrucción de la Iglesia con todas sus estructuras, que no puede existir motivo más grande, condenan o critican sin conocimiento, usurpando un juicio que corresponde solamente al Papa, y cerrando sus ojos a las realidades de esta situación actual de extrema necesidad.

35.       Algunos han llegado a admitir esta doctrina pero solamente para ciertos casos, condenando otros. No se sabe cuál es el criterio que emplean para una y otra cosa, pero evidentemente se trata de algo arbitrario sujeto a su propia opinión y desde luego falso. La verdad es que no hay ley humana que en la necesidad no pueda ser eliminada completamente, aunque esté claramente comprendida en las palabras de la ley. Este es el caso de las consagraciones episcopales sin mandato pontificio (63), que en condiciones normales serían una gravísima violación, pero que actualmente todos aceptan como cosa normal y necesaria por la situación imperante o por conveniencia. Si se juzga con un criterio propio y arbitrario, que casi nunca corresponde a la realidad y exacta situación de cada individuo así condenado y criticado, se está perdiendo la visión clara de la doctrina de la necesidad, se está perdiendo la visión de la situación actual, las urgentes necesidades que tiene la Iglesia en estos momentos, y se está dando pábulo a la acción de nuestros enemigos que quieren evitar a como dé lugar que la Iglesia se reúna nuevamente y que elija al verdadero Papa, lo que quieren impedir sobre todas las cosas. Esto es sumamente claro.

36.       El caso de la Bula de Paulo IV, CUM EX APOSTOLATUS OFFICIO es muy conocido, pero ni siquiera esta Bula, puede destruir a la Iglesia en situación, puesto que la negación de la rehabilitación es de simple derecho humano y norma prudencial, si ha dejado de existir ya, la causa por la cual por derecho divino, el hereje está condenado "ipso facto" (64).

37.       Si la Bula se aplicara con estricto apego a su letra y redacción, ya no pudiera tenerse nunca más, Iglesia Católica sobre la Tierra, pues la totalidad de los miembros de la jerarquía del actual Vaticano ha caído en la herejía, en la apostasía y en el cisma. Lo mismo ha sucedido en la Iglesia llamada tradicionalista, habiendo mantenido el cisma y muchas veces la herejía. Ninguno de ellos podría ser ya rehabilitado. Se tendría que rechazar para siempre a todos, para considerar que la Iglesia existe solamente en algunos pocos, y esta no es Doctrina católica.

38.       La Iglesia en la necesidad, por el contrario, ha recibido nuevamente en su comunión a los que vuelven a la unidad (65), y no solamente eso, sino que muy frecuentemente los ha conservado en sus dignidades (66)(67).

39.       Es necesario, pues, la adhesión a estas doctrinas, que reflejan con fidelidad el juicio de los teólogos, canonistas y moralistas de la Iglesia, dejando sin influencia o efecto todo lo que del exterior nos pueda llegar para destruirnos y darnos cuenta de que, alejándonos de emitir juicios usurpados o viciosos, el Cielo nos ha dado la clave para conocer con mucha seguridad a los que son nuestros, y con los cuales vamos a poder lograr el triunfo de la Iglesia, resistiendo a los poderes de Satanás y de sus aliados, con nuestra debilidad, pero con el Poder y la ayuda de Dios. Y esta clave segura es: que deseen la unidad y la elección del Papa, pero que no lo expresen solamente de palabra, sino que demuestren con las obras ese deseo.

40.       Con suma urgencia, suscribimos esta DECLARACION CONSTITUTIVA, e invitamos a todos nuestros hermanos en el episcopado y el sacerdocio, a la unidad. A reconstruir nuevamente la jerarquía de la Iglesia cuya cima es el Colegio Apostólico, hoy disperso y a veces enemistado, en medio del cual debe sentarse Pedro. Busquemos a Pedro entre nosotros y preparemos su elección, porque no existe otro camino que el Cielo nos ha dado para vencer a Satanás. Gobernemos nuevamente juntos, como hermanos que tienen el mismo espíritu e intención, y sintiendo con la Iglesia actualmente conculcada y dividida (68), para que pueda recuperar su influencia y esplendor. Hagámoslo formalmente, para que sepamos, y todos los fieles sepan dónde está la Iglesia, y qué es lo que ha quedado fuera. Traigamos a los dispersos y no nos juzguemos ya, usurpando juicios que solamente a Pedro corresponden. Recibamos con Caridad a todos los que vienen de la desgracia de la dispersión y de la gran tribulación. Que la Iglesia abra sus maternas entrañas para recibirlos (69), que encuentren en ella a una madre amorosa y cumplamos el precepto de nuestro Señor: ser todos uno con Pedro, y solamente uno entre nosotros.

41.       Queriendo que los buenos propósitos y deseos no queden en el aire, sin cumplimiento, como ha pasado antes muchas veces, y que veamos como nuestros a quienes sólo de palabra se confiesan ortodoxos y querer la unidad, y para terminar con esta confusión, levantando a la Iglesia para sacarla del pantano, como una luz brillante, de forma que los verdaderos católicos no se pierdan y tengan a dónde dirigirse (70), y para separar a los verdaderos católicos de los cismáticos y herejes, y las verdaderas ovejas de los lobos, y para no aparecer como perros mudos que no saben ladrar (71), evitando así la confusión e indefinición de los campos y los males innumerables que por esto vienen, porque muchas veces los engañan con falsas promesas y doctrinas de unidad y con los Sacramentos, hemos querido suscribir esta DECLARACION CONSTITUTIVA, por la cual, ponemos a la Iglesia de Jesucristo nuevamente a la vista de los hombres.

42.       Pero es necesario de toda necesidad, que los obispos en adelante: 1. se abstengan de consagraciones cismáticas, 2- que tengan en adelante el deseo ferviente y eficaz de la unidad y de elegir al Papa inmediatamente que sea posible, aún con un pequeño número dispuesto, 3. que deseen comenzar a gobernar a la Iglesia Universal en absoluto acuerdo con los demás así reunidos, 4. que se abstengan de juzgar y condenar a otros que actuaron en conciencia según su propia situación y necesidad, dejando todos esos juicios para que el futuro Papa, disponga lo que se debe hacer, 5. y que se comprometan en conciencia a dirigir al objetivo principal, todos los recursos y potenciales posibles, hacia la causa de la reconstrucción de la Iglesia.

43.       Que los sacerdotes hablen y adviertan a sus obispos por Caridad y por justicia para que vengan a la unidad, después de lo cual, si estos se niegan (72), quedando dispensados de la obediencia que les deben, queden ligados en perfecta obediencia a alguno de los obispos fieles a la elección de Pedro. Y que renuncien completa y definitivamente a toda organización para venir a la unidad, sobre todo si esta organización evita la legítima vigilancia de la Iglesia, que corresponde solamente a los obispos reunidos en el Colegio Apostólico.

44.       Que los seglares, a quienes también llamamos, se adhieran inmediatamente a alguno de los obispos y sacerdotes así reunidos y que lo hagan en perfecta obediencia y desechen toda colaboración con los que se resisten a la unidad por cualquier motivo, o con organizaciones o sociedades que no quieren ven ir a la unidad o que evitan la legítima vigilancia de la Iglesia.

45.       Consideramos consagraciones episcopales cismáticas, a todas aquellas que se realicen sin la intención en el consagrante y en el consagrado de terminar con el estado de necesidad, que es venir a la unidad del Colegio Apostólico para elegir al Papa en el momento oportuno. Y la razón de esto es muy clara y muy lógica. Si se consagran obispos por cualquiera de las necesidades del momento, aunque sean muy graves, se estaría fomentando la fuerza del cisma, porque cada consagración: se consideraría lícita, en razón de esas necesidades, pero nunca en razón de la unidad, que es la necesidad principal y grave mandato de Cristo, ni de la elección del papa, sin la que no puede haber unidad. Y así, no se sentiría ninguno, comprometido a la unión y a la elección, que dejaría, aun no negando, para cuando su propia prudencia, opinión o conveniencia le dicte, o para cuando Dios quiera, como algunos dicen. El obispo consagrado es cismático, si no tiene la intención de permanecer unido con su obispo consagrante, y con todos con los que este esté unido, pues así se vería que sólo pretendía una consagración válida, pero no la unión. En estos casos, esas consagraciones serían gravemente violatorias del Derecho y no justificadas por el estado de necesidad. Y no se pueden admitir de ninguna manera.

46.       Condenamos también, todas las herejías que la Iglesia ha condenado; todas las novedades con la misma fuerza y en la misma forma con que la Iglesia las ha condenado, pues en ella, no hay nada que sea mudable (73). Nos apegamos firmemente a las tradiciones en el mismo sentido y espíritu con que la Iglesia las ha mantenido. Especialmente condenamos a los que han usurpado el Trono de San Pedro, así como al llamado Concilio Vaticano II y al espíritu introducido por él, con sus herejías y reformas que infectaron a la Iglesia: "derecho" natural contra el deber natural de seguir la verdad objetiva principalmente en materia religiosa; "igualdad jurídica sin discriminación por razones religiosas" entre las religiones falsas con relación a la verdadera; gobierno colegiado de la Iglesia; sentido heterodoxo de los Sacramentos; filosofía humanística, relativista y agnóstica (74), destrucción de la Liturgia; eliminación del santo Sacrificio de la Misa y de la piedad eucarística; destrucción de altares y templos; reformas y prostitución de órdenes religiosas y seminarios, etc.

47.       Estando seguros de que en la santísima Virgen María, nuestra Madre, tenemos una poderosa ayuda, porque ella por voluntad de Dios comenzó a velar por la Iglesia y a otorgar su maternal protección, de tal modo que, después de ser cooperadora de la obra maravillosa de la Redención humana, vino a ser para siempre la dispensadora de las Gracias, frutos de esa misma Redención, habiéndosele otorgado para ello un poder cuyos límites no puede columbrarse (75), y habiéndosele otorgado también ser una poderosa mediadora y conciliadora de todo el orbe ante su unigénito Hijo (76), se nos impone esencialmente necesario que elevemos desde hoy constantes súplicas y rogativas a su maternal solicitud, para que pronto pueda realizarse el cónclave de forma que la Iglesia tenga nuevamente a un verdadero pontífice.

48.       Pidamos al Señor la inmensa Gracia de tener a Pedro nuevamente entre nosotros. Pidámoselo por la intercesión de María santísima, que aplasta la cabeza de Satanás y que con seguridad esta vez, atenta a la crisis de la Iglesia, la necesidad de innumerables almas que están en peligro de perderse, y nuestros ruegos, se dignará mirarnos con ojos de misericordia, para que al fin, la santa Iglesia pueda vencer a todos los enemigos de Jesucristo nuestro Señor.

            Como sucesores de los santísimos Apóstoles, tenemos la grave obligación de perpetuar a la Iglesia, purísima como la fundó Cristo sin sombra de cambio; de guardar el Depósito con suma fidelidad; predicar la Doctrina a los mismos eclesiásticos (77); de rechazar la que enseña que el Papa no es necesario, o que la Iglesia puede estar sin Pedro un tiempo sin menoscabo ninguno, pues los obispos se bastan para gobernar a la Iglesia (78); de combatir la enfermedad que ha afectado a la Iglesia en los últimos siglos llamada particularismo (79); de extinguir el cisma que es un pecado peor que la idolatría (80) que engaña a muchos y perturba los Sacramentos de Dios (80). La salvación de las almas a nosotros encomendada, en mucho depende de nosotros actualmente. La solución de esta crisis, depende de nuestra voluntad y de la ayuda de Dios y no del número de gentes (81) con el que contemos. Por eso, nada puede justificarnos mantener el cisma por más tiempo. Si los lobos se han introducido en el rebaño y se ha llegado a la suma confusión, es tal vez porque hemos dilatado por mucho tiempo cumplir con nuestra más grande y sagrada obligación (82). Por esto, es necesario llamar a los obispos, sacerdotes y a todos los fieles también. Esta es una gran cruzada que hay que convocar solemnemente, y ahora lo estamos haciendo, para la que pedimos humildemente la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Amén.

LAUS ET GLORIA DEO NOSTRO.

+ MONS. JOSE F. URBINA.

Año 2001.



(1)    Esquema "DE ECCLESIA", en. 16. Concilio Vaticano I.

(2)    IN SYMBOLUM APOSTOLORUM SCILICET "CREDO IN DEUM" EXPOSITIO. Cap. 9, Art. 125. Santo Tomás de Aquino.

(3)    UNAM SANCTAM. Bonifacio VIII.

(4)    Epístola 89 ad Vienn. prov. Y Discurso conmemorativo del 3er. Año de pontificado. San León.

(5)    MYSTICI CORPORIS, 35. Pío XII.

(6)    CONTROVERSIARUM DE SUMMO PONTIFICE, Ed. Vives, París, 1870. San Roberto Belarmino.

(7)    COMENTARIO AL EVANGELIO DE SAN MATEO, V. 8, Cap. 16 de Santo Tomás de Aquino.

(8)    Considerando una situación de extrema necesidad futura, el Con­cilio dice: "Si el poder de los malos impide que la elección se haga en Roma, los cardenales-obispos reunidos con el clero y los seglares temerosos de Dios, aunque sean en corto número, tendrán derecho para elegir Papa en el sitio que juzguen a propósito; y si el electo no puede ser entronizado en la Santa Sede, no por eso carecerá de la autoridad competente para gobernar la Iglesia. Compendio de Historia Eclesiástica General. Tomo I, Pág. 416, año 1888, Madrid. Mons. Francisco de Asís Aguilar.

(9)    CONCILIO VATICANO I. Sesión IV, Can. 1.

(10)  IMMORTALE DEI. León XIII.

(11)  DIUTURNUM ILLUD. León XIII.

(12)  DENZ. 653, 654 y 655.

(13)  EPISTOLA 11, 4. San Ambrosio.

(14)  DE UNIT. ECCLES. , 6. San Cipriano.

(15)  ANCOR., 9. San Epifanio.

(16)  HOM. IN ILLUD "HOC SCITOTE", 4. San Juan Crisóstomo.

(17)  LOS DOCTORES DE LA IGLESIA, Pág. 394 y 395. R. Sineux. San Francisco de Sales.

(18)  SATIS COGNITUM. León XIII.

(19)  LA RELIGION DEMOSTRADA, T. I, Pág. 927. Jaime Balmes.

(20)  CARTA DE SAN TEODORO ESTUDITA. Compendio de Historia Eclesiás­tica General. Pág. 343, No. 537. Mons. Francisco de Asís Aguilar, Tomo I, Madrid, 1888.

(21)  SATIS COGNITUM. León XIII.

(22)  CARTA A MIGUEL CERULARIO del 8 de Sept. de 1053. León XI.

(23)  UNAM SANCTAM. Bonifacio VIII.

(24)  CARTA A LOS OBISPOS DE ISTRIA, año 585. San Gregorio Magno.

(25)  CARTA DE SAN ISIDORO DE SEVILLA AL PAPA SAN EUGENIO. Compendio de Historia Eclesiástica General. Mons. Francisco de Asís Aguilar. Pág. 282, No. 437. Tomo I, Madrid, año 1888.

(26)  MYSTICI CORPORIS. Pío XII.

(27)  SATIS COGNITUM. León XIII.

(28)  Carta QUOD AD DILECTIONEM. Pelagio II.

(29)  DENZ. 2,053, 2,088, 2,091 y sigs. y 2,145.

(30)  SAPIENTIAE CHRISTIANAE, 19. León XIII.

(31)  SUMMA CONTRA GENTILES, IV, 76. Santo Tomás de Aquino.

(32)      SUM. THEO. 2-2, q. 39, a. 1. Santo Tomás de Aquino.

(33)      EL CUERPO MISTICO DE CRISTO. Emilio Suaraz, O. P.

(34)      IN SYMBOLUM APOSTOLORUM SCILICET "CREDO IN DEUM" EXP0SITI0. Cap. 9, Art. 126, 127, 128 y 129. Santo Tomás de Aquino.

(35)      SUM. THEO., 2-2, q. 39, a. 1. Santo Tomás de Aquino.

(36)      SUM. THEO., 2-2, q. 39, a. 2. Santo Tomás de Aquino.

(37)      TEOLOGIA DE LA CARIDAD, 457. Antonio Royo Marín, O. P. B.A.C.

(38)      CATECISMO ROMANO. Cap. ¿Quiénes están excluidos de la Iglesia?.

(39)      DERECHO CANONICO. Can. 1325-2.

(40)      LA PALABRA DE CRISTO. B.A.C. T. II, Nüm. 1104.

(41)      EPISTOLA 12 AD CORN. n. 5. San Cipriano.

(42)      SUM. THEO. 2-2, q. 39, a. 1. Santo Tomás de Aquino.

(43)      SUM. THEO. 2-2, q. 39, a. 3. San Cipriano.

(44)      CATECISMO DE LA DOCTRINA CRISTIANA, 140. Card. Gasparri.

(45)      SUM. THEO. 2-2, q. 39, a. 4. Santo Tomás de Aquino.

(46)      SATIS COGNITUM, 53. León XIII.

(47)      Discurso EL PRIMADO DE LA IGLESIA ROMANA Y LA PAZ. Pío XII.

(48)      MYSTICI CORPORIS, 35. Pío XII.

(49)      DERECHO CANONICO. B.A.C. Can. 2,314-2.

(50)      LA LEY DE CRISTO, T. I, Pág. 620, Ed. Herder. B. Háring.

(51)      CATECISMO ROMANO. B.A.C. Pág. 207.

(52)      IN SYMBOLUM APOSTOLORUM SCILICET "CREDO IN DEUM" EXPOSITIO. Cap. 9, Art. 125. Santo Tomás de Aquino.

(53)      MYSTICI CORPORIS. Pío XII.

(54)      SERMON 268-2. San Agustín.

(55)      MYSTICI CORPORIS. Pío XII.

(56)      EPISTOLA DE SAN PABLO A LOS EFESIOS, Cap. 4, v. 16.

(57)      SERMON 46. San Agustín.

(58)      MEDIATOR DEI, 114. Pío XII.

(59)      CARTA AL PAPA DAMASO. San Jerónimo.

(60)      ISAIAS. Cap. 24.

(61)      EVANGELIO DE SAN LUCAS, Cap. 22, v. 20.

(62)      SANTO TOMAS DE AQUINO, SUM. THEO., 1-2,q.96,a.1; 1-2,q.96,a.6; 2-2,q.49,a.3; SUP. 8,6; 2-2,q.120,a.1; 2-2,q.120,a.2; 2-2,q.51,a.4; 3,q.80,a.8; 2-2,q.147,a.4; 2-2,q.148,a.1; 1-2,q.57,a.6; 1-2,q.100,a.8; 2-2,q. 80,a.1; 1-2., q . 106 , a . 1 ; 3,q. 40,a.4; l-2,q.94,a.5; l-2,q.97,a.l. / SAN JUAN DE LA CRUZ. SUBIDA AL MONTE CARMELO, Cap. 19. / NOLDIN, S.J. THEOL. MOR. 30o. Edic. 1954, v. 2, p. 33, n. 37. / LEHMKUHL, S.J. THEOL. MOR. V. 1, p. 409, n. 72. / FRAY ANTONIO ROYO MARIN, O.. P . TEOLOGIA DE LA PERFECCION CRISTIANA. B.A.C., Págs. 383, 503, 514 y 544. / FERRA-RIS, O.F.M. Promta Biblioteca. Madrid, MDCCLXXXVI, T. VI, Pág. 298; ad verbum: "Minister Sacramentorum" con base en bases antiguas de la Iglesia: De Regulis Juris, De Consecratione, Distinctione, De Feriis, De Observatione Jejunii, De Celebratione Missarum; LEX, Pág. 285, n. 17. / BAÑEZ. l.c., q. 58, a. 7 (1595), p. 33 b; De Iure et Iustitia, q. 58, a. 7. / FRAY JOSE MORAN, O.P. TEOLOGIA MORAL, T. I, n. 218. / HUGON. DE EPIKEIA ET AEQUITATE. Angelicum, 5 (1928), p. 362. / CAYETANO. SUM. THEO. in a. 4, n. 2. T. IX, p. 643. / P. REGINALD GARRIGOU-LA-GRANGE, O.P. TEOLOGIA MORAL Y ESPIRITUALIDAD. LA SINTESIS TOMISTA, Pág. 394-5. / P. FRANCISCO GINEBRA, S.J. LOGICA Y METAFISICA GENERAL. T. III, n. 289. De la Epiqueia. / P. JUAN B. FERRERES, S.I. EPITOME DEL COMPENDIO DE TEOLOGIA MORAL, p. 45, n. 103. EPIQUEYA. / P. JESUS MONTANCHEZ. TEOLOGIA MORAL. EPIQUEYA, n. 79, p. 45. Buenos Aires, año 1947./ REMIGIO VILARIÑO UGARTE, S.J. PUNTOS DE CATECISMO. BILBAO 1962. Epikeia, n. 1471, p. 535. / DENZ . 1556. / DERECHO CANONICO, B.A.C. Madrid, MCMLI. Comentario al Can. 80, p. 33. / BERNHARD HARING. LA LEY DE CRISTO, T. I, Págs. 212, 319, 320, 517 y 533. / Etc., etc.

(63)      DERECHO CANONICO. Can. 953 y 2370.

(64) DR. HOMERO JOHAS. La Bula CUM EX APOSTOLATUS de Paulo IV. Sobre autoridades heréticas. ROMA, año XXVII, n. 128.

(65)      HISTORIA DE LOS DOGMAS. P. Juan Rosanas, S.I. p. 222-148.           T. I.

(66)      SUM. THEO. 2-2, q. 11, a. 4. Santo Tomás de Aquino.

(67)      COMPENDIO DE HISTORIA ECLESIASTICA GENERAL, T. I, p. 136,            n.224. año 1888, Madrid. Mons. Francisco de Asís Aguilar.

(68)      EPISTOLA II, 49. San Gregorio VII.

(69)      CONC. GUASTALA. Pascual II. Denz. 358.

(70)      MYSTICI CORPORIS. Pío XII.

(71)      CUM EX APOSTOLATUS OFFICIO. Paulo IV.

(72)      DERECHO CANONICO. Can. 2315.

(73)      CARTA DEL PAPA SAN ESTEBAN A SAN CIPRIANO (254-257), y Ene. JUCUNDA SANE de San Pío X del 12 de marzo de 1904.

(74)      LAS CONSAGRACIONES DE LOS SANTOS EUSEBIOS Y LA VISIBILIDAD DE LA IGLESIA. Dr. Homero Johas.

(75)      ADIUTRICEM POPULI. León XIII.

(76)      AD DIEM ILLUM. San Pío X.

(77)      IL GRAVE DOLORE. San Pío X (27 de mayo de 1914).

(78)      AUCTOREM FIDEI. Carta contra el Sínodo de Pistoya. Pío VI.

(79)      DISCURSO AL CONGRESO-PEREGRINACION DE LAS CONGREGACIONES MARIANAS. Pío XII, (1954).

(80)      Carta DILECTIONIS VESTRAE (585). San Gregorio Magno.

(81)      MENSAJE AL EPISCOPADO ITALIANO SOBRE LA ACCION CATOLICA. Pío XII, (25 de enero de 1950).

(82)      VACANTE SEDE APOSTOLICA. San Pío X.