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viernes, 14 de junio de 2013

CATECISMO PARA TRADICIONALISTAS DESORIENTADOS (12 y último)

Por Mons. José F. Urbina Aznar

APENDICE I.
LOS ANTICRISTOS. 

     San Agustín (In Epist. loan, ad Parthos, c.2,18-27 tr.3), escribe: "Todo el que niegue que Jesús es el Cristo se convierte en anticristo. Busquemos, pues, quiénes son los que le niegan, pero no atendiendo a las palabras, sino observando los hechos, porque, si nos fiamos de las palabras, no habrá ni uno que no confiese que Jesús es el Cristo. Descanse, por lo tanto, la lengua e interroguemos la vida (Tim. 1, 16)... El mayor mentiroso es el que confiesa con sus labios que Jesús es el Cristo y lo niega en la práctica, porque dice una cosa y hace otra diferente. Aplicando este criterio, habría que contar entre los anticristos no sólo a los que se han salido de la Iglesia, sino a todos aquellos cristianos que, aunque no blasfeman de Cristo, blasfeman de Sus ministros porque les corrigen sus costumbres. A estos, si intentas demostrarles que no estás predicando una doctrina tuya, sino de Cristo, ellos querrán convencerte de lo contrario, y si resulta claro que la enseñanza es de Cristo, entonces comenzarán a murmurar...".     Igualmente enseña (Enarrat. in Ps. 30, 6-11): "Mi vida se gasta en el dolor y mis sueños en los gemidos; mi vigor fracasa por la tribulación. Soy el oprobio de mis perseguidores..., de mis vecinos..., todos los que me ven huyen de mí (Ps. 30, 11-12). Este es el llanto del predicador, que cuando ve que nadie adelanta a pesar de sus esfuerzos, trabajos y predicaciones, corre el peligro de debilitar su vida y caer en la esterilidad más triste de todas, ya que somos nosotros los que granjeamos ganancias para Dios y alimento para Su Iglesia... Pero, ¿cómo evitarlo?. Los perseguidores, los infieles, esos árboles del bosque que un día podrán ser talados, no son tan perniciosos como los leños sarmentosos y secos, buenos solamente para arder; los malos cristianos escandalosos, los mismos vecinos del predicador, los que huyen sin querer oírle siquiera o que le atormentan provocando el desaliento de su corazón".

TEXTOS PONTIFICIOS.
EN LAS BATALLAS DE LA IGLESIA, NO ES EL NUMERO EL ELEMENTO DETERMINANTE
     "En las santas conquistas de la Iglesia, el número no es el elemento determinante; éste ha de buscarse, por el contrario, en el ardor de la caridad y en la seguridad con que se cree en la eficiencia de la fiel obediencia y de la gracia divina. En la armonía admirable de las fuerzas católicas, pues aun los poquísimos socios de una pequeña parroquia aportarán, sin duda, una constribución benéfica cuando sus actividades, aunque muy modestas y limitadas, sean el fruto de una preparación iluminada y fervorosa, de filial disciplina hacia la jerarquía, de generosa e interior piedad y de auténtico espíritu de sacrificio" (Pío XII. Mensaje al Episcopado de Italia sobre la Acción Católica. Año 1950).

ES LA HORA DE LEVANTARNOS DEL SUEÑO.
     "Ha llegado el tiempo, amados hijos. Ha llegado ya el tiempo de realizar los pasos definitivos; es el momento de sacudir el funesto letargo; es la hora de que todos los buenos, todos los que se preocupan de los destinos del mundo, se unan y aprieten sus filas; es el momento de repetir con el Apóstol: "¡Es hora de despertar del sueño, porque está cerca nuestra salvación! (Rom. 13, 11)". (Pío XII. Exhortación a los fieles de Roma. Febrero 16 de 1952).
     "No lamentos sino acción, es el precepto de la hora presente; no lamentos sobre lo que es o lo que fue, sino reconstrucción de lo que surgirá y debe surgir para bien de la sociedad. Toca a los mejores y más selectos miembros de la cristiandad, penetrados de un entusiasmo de cruzados, el reunirse en espíritu de verdad, de justicia y de amor al grito de "Dios lo quiere", prestos a servir, a sacrificarse, como los antiguos cruzados" (Pío XII. Mensaje de Navidad de 1942).     "Un cristiano convencido no puede encerrarse en un cómodo y egoísta aislacionismo cuando es testigo de las necesidades y miserias de sus hermanos; cuando le llegan los gritos de socorro de los desheredados..." (Pío XII. Radiomensaje de Navidad de 1948).
     "La fidelidad del católico al divino patrimonio de la verdad, legado por Jesucristo al Magisterio de la Iglesia, de ningún modo le condena a recelosa reserva o a una fría indiferencia frente a los graves y urgentes deberes de la hora presente, como no pocos creen o fingen creer" (Pío XII. Radiomensaje de Navidad de 1948).
     "Para el cristiano consciente de su responsabilidad, aun para el más pequeño de sus hermanos, no hay tranquilidad perezosa ni existe la fuga, sino la lucha, el combate contra toda inacción y deserción en la gran contienda espiritual en la que se propone como galardón la reconstrucción, más aún, el alma misma de la sociedad futura" (Pío XII. Radiomensaje de la víspera de Navidad de 1942).
     "Hay que reconocer que ser fieles siempre y en todas partes, sin reservas y sin transacciones, a los mandamientos de la ley de Dios, pide día tras día un dominio de sí mismo, un esfuerzo constante y una abnegación que llega a veces hasta el heroísmo, que es precisamente la característica del testimonio sangriento" (Pío XII. -Normas a los grupos italianos del Renacimiento Cristiano. Año de 1947). 

LOS ENEMIGOS DE LA IGLESIA ESTAN DENTRO DE ELLA MISMA.
     "Las prerrogativas de piedad, de doctrina y de celo que os distinguen (les dice San Pío X a los cardenales), y sobre todo la devoción que profesáis a esta Santa Sede Apostólica, nos aseguran que seréis para Nos una eficaz ayuda para mantener intacto el depósito de la Fe, para guardar la disciplina eclesiástica y para resistir a los asaltos encubiertos de que se hace objeto a la Iglesia, no tanto por parte de los enemigos declarados, sino especialmente por sus mismos hijos. Porque si se ha debido a la indomable firmeza de nuestros Padres, a su solícita vigilancia, a su celoso afán y a su delicadeza, diriamos  casi virginal, en materia de doctrina el triunfo de la Iglesia sobre todos los peligros y sobre todos los asaltos lanzados contra ella en el curso de los siglos, tal vez en ningún tiempo fue tan necesario vigilar este sagrado depósito para que se mantenga su integridad y pureza. Estamos, desgraciadamente, en un tiempo en que con mucha facilidad se reciben con simpatía y se adoptan ciertas ideas de conciliación de la Fe con el espíritu moderno, ideas que llevan mucho más lejos de lo que se piensa, no solamente al debilitamiento, sino a la pérdida total de la Fe. Ya no resulta extraño el sentimiento que se deleita con las palabras tan vagas de aspiraciones modernas, de fuerza del progreso y de la civilización, afirmando la existencia de una conciencia laica, de una conciencia política opuesta a la conciencia de la Iglesia, contra la cual se pretende el derecho y el deber de reaccionar para corregirla y enderezarla. No es raro encontrarse con personas que excluyen toda duda e insertidumbre de ciertas verdades y también de ciertas afirmaciones obstinadas basadas en errores manifiestos cien veces condenados, y, esto no obstante, piensan no haberse alejado jamás de la Iglesia porque ejercitan de vez en cuando las prácticas cristianas. ¡Oh cuántos navegantes, cuántos pilotos y, Dios no lo quiera, cuántos capitanes, confiando en las novedades profanas y en la ciencia mentirosa del tiempo, en lugar de llegar a puerto, han naufragado!".
     "Entre tantos peligros, en toda ocasión Nos no hemos dejado de hacer oír nuestra voz para llamar a los equivocados, para indicar los daños y para trazar a los católicos el camino que tienen que seguir. Pero no siempre ni por todos ha sido bien entendida e interpretada nuestra palabra, a pesar de ser clara y precisa. Incluso no pocos, siguiendo el ejemplo funesto de nuestros adversarios, que esparcen la cizaña en el campo del Señor para introducir en él la confusión y el desorden, se han atrevido a dar a nuestra palabra arbitrarias interpretaciones, atribuyéndole un significado totalmente contrario al querido por el Papa y guardando como respuesta un prudente silencio" (San Pío X. IL GRAVE DOLORE. Mayo 27 de 1914).

A LA SOCIEDAD CRISTIANA SE LE HA PROSTITUIDO MEDIANTE UNA LABOR QUE HA DURADO MUCHOS AÑOS. 
     "Calificamos como enfermedad de nuestra época al llamado laicismo, sus errores y sus criminales propósitos; sabéis muy bien venerables hermanos, que esta enfermedad no ha sido producto de un solo día, que ha estado incubándose desde hace mucho tiempo en las entrañas de la sociedad. Porque se comenzó negando el imperio de Cristo sobre todos los pueblos; se negó a la Iglesia el derecho que ésta tiene, fundado en el derecho del mismo Cristo, de enseñar al género humano, de promulgar leyes, y de regir a los pueblos para conducirlos a la felicidad eterna. Después, poco a poco, la religión cristiana quedó equiparada con las demás religiones falsas e indignamente colocada a su mismo nivel; a continuación la religión se ha visto entregada a la autoridad política y a la arbitraria voluntad de los reyes y de los gobernantes. No se detuvo aquí el proceso: ha habido hombres que han afirmado como necesaria la sustitución de la religión cristiana por cierta religión natural y ciertos sentimientos naturales puramente humanos. Y no han faltado Estados que han juzgado posible prescindir de Dios y han identificado su religión con la impiedad y el desprecio de Dios. Los amargos frutos que con tanta frecuencia y durante tanto tiempo ha producido este alejamiento de Cristo, por parte de los individuos y de los Estados, han sido deplorados por Nos en nuestra Encíclica UBI ARCANO y volvemos a lamentarnos también hoy: la siembra de los gérmenes de la discordia; el incendio del odio y las rivalidades entre los pueblos, que es aún hoy día el gran obstáculo para el restablecimiento de la paz; la codicia desenfrenada, disimulada frecuentemente con las apariencias del bien público y el amor a la patria" (Pío XI. Encíclica QUAS PRIMAS).
     "...lo más urgente en la actualidad es aplicar con energía los oportunos remedios para oponerse eficazmente a la amenazadora catástrofe que se está preparando" (Pío XI. Encíclica DIVINI REDENPTORIS). 

SAN AGUSTIN.
LOS MALOS USAN MAL LA LEY.
     "Así como los malos hacen mal uso de las cosas buenas y de las malas, los buenos ordenan a buen fin lo malo y lo bueno. Los malos usan mal de la ley aun cuando fuere buena, y los buenos mueren bien aun cuando la muerte sea un mal. Los justos al usar bien de la muerte, la convierten en meritoria" (De Civit. Dei, 12, 5).

 LITURGIA.
EN LA LITURGIA TRADICIONAL DE LA IGLESIA, SE EXPRESA SU INFALIBILIDAD. 
     "...todas las verdades dogmáticas y morales, definitivamente contenidas en la Liturgia, que han sido aprobadas por la Santa Sede para la Iglesia Universal, particularmente aquellas verdades que pertenecen a la Teología de los Sacramentos, al Sacrificio de la Misa y a la sagrada Eucaristía, habiendo sido desde mucho solemnemente definidas, llevan el sello de la infalibilidad" (DICTIONNAIRE DE THEO LOGIE CATOLIQUE. Vol. 7, Pág. 1706). 

LAS CUATRO NOTAS QUE DISTINGUEN A LA VERDADERA IGLESIA DE JESUCRISTO, SON INSEPARABLES.

CARTA DEL TRIBUNAL DEL SANTO OFICIO DEL 16 DE SEPTIEMBRE, A LOS OBISPOS DE INGLATERRA. (Año de 1864).
     "Se ha comunicado a la Santa Sede que algunos católicos y hasta varones eclesiásticos han dado su nombre a la sociedad para procurar, como dicen, la unidad de la cristiandad erigida en Londres en el año de 1857, y que se han publicado ya varios artículos de revistas, firmadas por católicos que aplauden a dicha sociedad o que se dicen compuestos por varones eclesiásticos que la recomiendan. Y la verdad, qué tal sea la índole de esta sociedad y a qué fin tienda, fácilmente se entiende no sólo por los artículos de las revistas que lleva por título THE UNION REVIEW, sino por la misma hoja en la que invita e inscribe a los socios. En efecto, formada y dirigida por protestantes, está animada por el espíritu que expresamente profesa, a saber, que las tres comuniones cristianas: la romano-católica, la greco-cismática y la anglicana, aunque separadas y divididas entre sí, con igual derecho reivindican para sí, el nombre católico. La entrada, pues, a ella está abierta a todos, en cualquier lugar que vivieren, ora católicos, ora greco-cismáticos, ora anglicanos, pero con esta condición: que a nadie sea lícito promover cuestión alguna sobre los varios capítulos de doctrina en que difieren, y cada uno pueda seguir tranquilamente su propia confesión religiosa. Mas a los socios todos, ella misma manda recitar preces y a los sacerdotes celebrar sacrificios según su intención, a saber: que las tres mencionadas comuniones cristianas, puesto que, según se supone, todas juntas constituyen ya la Iglesia Católica, se reúnan por fin un día para formar un solo cuerpo..."
     "El fundamento en que la misma se apoya es tal, QUE TRASTORNA DE ARRIBA ABAJO LA CONSTITUCION DIVINA DE LA IGLESIA. Toda ella, en efecto, consiste en suponer que la verdadera Iglesia de Jesucristo, consta parte de la Iglesia Romana difundida y propagada por todo el orbe, parte del cisma de Focio y de la herejía anglicana, para las que al igual que para la Iglesia Romana, hay un solo Señor, una sola Fe y un solo bautismo (Eph. 4, 5)... Nada ciertamente puede ser de más precio para un católico que arrancar de raíz los cismas y disensiones entre los cristianos, y que los cristianos todos sean solícitos en guardar la unidad del espíritu en el vínculo de la paz (Eph. 4, 3)... Mas que los fieles de Cristo y los varones eclesiásticos oren por la unidad cristiana, guiados por los herejes y, lo que es peor, según una intención en gran manera manchada e infectada de herejía, no puede de ningún modo tolerarse. La verdadera Iglesia de Jesucristo se constituye y reconoce por autoridad divina, CON LA CUADRUPLE NOTA que en el Símbolo afirmamos debe creerse; Y CADA UNA DE ESAS NOTAS, DE TAL MODO ESTA UNIDA CON LAS OTRAS, QUE NO PUEDE SER SEPARADA DE ELLAS; DE AHI QUE LA QUE VERDADERAMENTE ES Y SE LLAMA CATOLICA, DEBE JUNTAMENTE BRILLAR POR LA PRERROGATIVA DE LA UNIDAD, LA SANTIDAD Y LA SUCESION APOSTOLICA. ASI, PUES, LA IGLESIA CATOLICA ES UNA CON UNIDAD CONSPICUA Y PERFECTA del orbe de la Tierra y de todas las naciones, con aquella unidad por cierto de la que es PRINCIPIO, RAIZ Y ORIGEN indefectible la suprema autoridad y "más excelente principalía" del bienaventurado PEDRO, PRINCIPE DE LOS APOSTOLES, y de sus sucesores en la cátedra romana. Y NO HAY OTRA IGLESIA CATOLICA, SINO LA QUE, EDIFICADA SOBRE EL UNICO PEDRO, SE LEVANTA POR LA UNIDAD DE LA FE Y DE LA CARIDAD EN UN SOLO CUERPO CONEXO Y COMPACTO (Eph. 4, 16). (Denz. 1685 y 1686) . 

     ¡Reflexionemos, seamos congruentes, y sobre todo FIELES!, ¿los que están desunidos y no quieren o buscan la unidad, son católicos a pesar de todas las formas exteriores?, ¿puede alguna de las NOTAS de la Iglesia "suspenderse" temporalmente?. ¡Que no me vengan con cuentos ni con manipuleos heréticos, por Dios!.

JEREMIAS.
LAS LAMENTACIONES DEL PROFETA.
     "Entonces dijeron: Venid y tramemos algo contra Jeremías,... venid e hirámosle por su propia lengua: estemos atentos a todas sus palabras. Estate atento a mí, Yahvéh, y oye lo que dicen mis contrincantes, ¿es que se paga mal por bien?. Porque han cavado una hoya para mi persona. Recuerda cuando yo me ponía en tu presencia para hablar en bien de ellos, para apartar tu cólera de ellos... han cavado una hoya para prenderme y trampas han escondido para mis pies. Pero tu Yahvéh, conoces todo su plan de muerte contra mí...". (XIX, 18-23). ¡Nada hay nuevo bajo el sol!.

EZEQUIEL.
ADVERTENCIAS DE DIOS AL PROFETA.
     "Hijo de hombre, yo te he puesto como centinela de la casa de Israel. Oirás de mi boca la palabra y los amonestarás de mi parte. Cuando yo diga al malvado: Vas a morir, si tu no lo amonestas, si no hablas para advertir al malvado que abandone su mala conducta, a fin de que viva, él, el malvado, morirá por su pecado, pero de su sangre yo te pediré cuentas a tí. Si por el contrario, amonestas al malvado y él no se convierte del mal y de su mala conducta, morirá él por su pecado, pero tú habrás salvado tu vida. Cuando el justo se desvíe de su justicia para cometer injusticia, yo pondré un obstáculo ante él y morirá; por no haberle advertido tú, morirá él por su pecado y no se recordará la justicia que había practicado, pero de su sangre yo te pediré cuentas a tí; si por el contrario amonestas al justo que no peque, y él no peca, vivirá él por haber sido amonestado, y tu habrás salvado tu vida" (III, 16).

O O O O O O O O O O O O O O O O O O O O O O O O O

     En las preguntas 53 y 54, menciono una Misa que dió origen principalmente, a un poderoso movimiento de falso tradicionalismo. Esta Misa tuvo lugar en un estadio en Lille, Francia, (29 de Agos. 1976) a 30 kilómetros al norte de París. He evitado cuidadosamente mencionar por su nombre a organizaciones o personas, con la seguridad de que aun entre lo más adverso a la santa Iglesia, por la extrema confusión, muchos militan con honestidad pensando que hacen lo mejor. Quiera Dios abrir los ojos a todos estos hermanos para que vengan a la verdadera defensa de la Iglesia.


martes, 4 de junio de 2013

CATECISMO PARA TRADICIONALISTAS DESORIENTADOS (11)

75.- ¿TODOS LOS PASTORES TRADICIONALISTAS SON VIOLADORES DE LA LEY Y REOS DE LAS CONDENAS DEL DERECHO Y DEL SANTO OFICIO?    

     No todos. Algunos sí quieren la unidad y quieren también elegir al santo padre, pero se han visto completamente impedidos porque todos los demás se niegan a actuar, o porque faltos completamente de recursos no han podido hacer llegar su voz a quienes esperan alguna noticia, alguna iniciativa, estando aislados también, para sumarse e iniciar la lucha.
     Es cierto que algunos pueden estar ofuzcados o influidos negativamente. A los laicos les corresponde esta labor. En conciencia ellos tienen esta responsabilidad. Deben acercarse a sus pastores para hacerles ver las cosas. Así han de definir con quiénes están tratando para continuar con ellos colaborando estrecha y sacrificadamente o para dejarlos haciéndoles saber siempre el motivo por el que se alejan. Tal vez esto pudiera mover a algunos. Así tal vez, libren a muchos de la influencia de nuestros enemigos que tenemos metidos en la fortaleza sedevacantista.
     Pero tienen los laicos otra responsabilidad muy grave. Deben ayudar a los obispos y a los sacerdotes que quieran la unidad, con toda clase de recursos. Tiempo, esfuerzo, dinero, etc. Deben saber que actualmente, obispos y sacerdotes están pasando por situaciones angustiosas por falta de recursos y algunos tienen que trabajar para comer. Pero también otros cuando se decidan a asumir la grave determinación de luchar por la unidad y por la elección del papa, van a perder sus medios de subsistencia y hay que ayudarlos no solamente en sus necesidades personales, sino en todo lo necesario para que esta lucha sea eficaz. Muchas veces en la historia, el papel de los laicos ha sido decisiva para lograr la derrota de los enemigos de Cristo y creo que esta no va a ser la excepción. Por ahora el Señor no ha pedido a los fieles el precio del martirio, pero lo que está pidiendo indudablemente a todos, a los obispos, a los sacerdotes y a los fieles es el esfuerzo y la acción y ayuda sacrificada que ha de enfrentar al más cruel y sagaz enemigo. Los que se negaran a esto y prefirieran la miserable actitud de sólo espectadores o ruines colaboradores, estarían traicionando el nombre por el cual fueron bautizados.
     Tienen los fieles una responsabilidad más. Ellos deben de localizar, invitar, convencer a sacerdotes dignos, para que accediendo al episcopado, recomendados por ellos, sea posible la reconstrucción del Colegio Apostólico con Pedro como el primero de ellos. Si de todos los obispos actuales muy poco se puede sacar, si unos por infiltrados, o por comprometidos con organizaciones adversas a la Iglesia o con sus asuntos personales, o por ofuzcados, esto no debe significar que la Iglesia se ha acabado por determinación episcopal. Sería un gravísimo pecado afirmarlo. Entonces hay que hacerlo todo de nuevo. Hay que hacer a un lado a los que no quieren cumplir con el sagrado deber que la Iglesia impone. Hay que alejarse de los que exponen todas las razones y lógicas posibles para soslayar el cumplimiento del gravísimo precepto. Hay que formar un Colegio de obispos que refleje fielmente al Colegio de los Apóstoles como lo fue en los tiempos de Cristo, porque lo que ahora tenemos ante la vista, ni de lejos representa nada que se le parezca. Porque, ¿puede acaso parecérsele un grupo que se calumnia, que se difama, que se trata con mezquindad como si el otro fuera un enemigo que amenaza con quitarle su hueso, que está comprometido con enemigos de la Iglesia y que en nombre de propias realizaciones místicas, esconde sus recursos a otros?.
     ¿Es un Colegio Apostólico el que está formado por individuos que desconfían de todos los demás, que observan impávidos que algunos ya comienzan a predicar herejías, o administrar sacrilegamente algunos Sacramentos como por ejemplo el que casa nuevamente a los divorciados que se casaron en primeras nupcias en el Progresismo, pues dice que fueron matrimonios inválidos, y este no es el único caso, o que llevan sus pleitos a los tribunales civiles contra otros obispos o sacerdotes, o que formando parte de organizaciones secretas se atreven a absolver a sus miembros avalando y manteniéndolos en el engaño, o que en franca rebeldía contra los preceptos de la Iglesia manteniéndose en el cisma ofician la santa Misa ilícitamente y administran el Sacramento de la Confesión completamente inválido, o que para ganarse a los miembros de otras comunidades bañan de toda clase de imposturas a sus pastores, o que llaman locos, soberbios y apresurados a quienes se atreven a hablar de la unidad y de la elección del papa?, ¿es esto un reflejo del Colegio Apostólico que fundó Jesucristo?, ¿es posible que la doctrina de la unidad y el gobierno del Sumo Pontífice se haya convertido ya, poco a poco en la doctrina impronunciable?, ¿nadie se ha dado cuenta que esto ya no se puede decir sin recibir como respuesta una sonrisa de conmiseración o una mirada de desconfianza como si esa hubiese sido la señal por la que hay que comenzar a desconfiar?, ¿es posible que los sacerdotes y los obispos digan que esta es una doctrina que "no se le puede decir a los fieles de golpe" porque tienen miedo de "escandalizarlos" y de que se retiren?, ¿en donde estamos parados ya?, ¿es esto la Iglesia Católica maestra de la verdad, fundada sobre Pedro y los Apóstoles?. ¿Es posible que todo lo que se refiera a la unidad de la Iglesia y la elección del papa se tenga que tratar solamente entre los superiores, como un "plato fuerte" que no se les debe dar a los laicos?, ¿qué es esto?, ¿es subversión, es destrucción, es prostitución del alma de los fieles?, ¿qué estamos manejando, frente a qué estamos parados?. ¿Es posible que los pocos que hablan de la unidad no sientan absolutamente ningún progreso ni siquiera hablándole a los eclesiásticos que siempre lo toman con una calma agria que no significa absolutamente nada?, ¿nadie se ha parado nunca junto a las vías de un ferrocarril expreso que pasa a toda velocidad para suplicarle que se haga a un lado?.
     Dios quiera que muchos fieles despierten del sueño inducido en el que los han sumido y así suceda con muchos sacerdotes y obispos, que si continuamos por la vía equivocada, vamos a obligar a nuestro Señor a venir para salvar lo poco que queda de Su Iglesia, esto es, a los fieles que han sido abandonados por sus pastores y que no puede permitir que se pierdan. Sobre los otros, ha de descargar Su justa furia y a latigazos los sacará del templo.

76.- ¿NOS HEMOS DE OLVIDAR DE LOS FIELES QUE SE QUEDARON EN LA IGLESIA HEREJE DEL VATICANO?.
      Es cierto que la Iglesia llamada tradicionalista y especialmente la sedevacantista ha conservado la Misa y los Sacramentos, que si bien se administran a veces inválidamente, ha sido por su propia culpa solamente, pues estaba llamada a ser la solución de la crisis actual. No ha sabido responder a la altura de la responsabilidad y preferencia de Dios misericordioso, por cuanto se mantuvo en la división y en la acefalia. Pero todavía es tiempo de corregir el derrotero equivocado, pues aunque el daño ha sido enorme, los pocos que puedan quedar, siempre tendrán la ayuda de Dios que es omnipotente. Este es un deber gravísimo de conciencia y de piedad, y de caridad hacia todos nuestros hermanos que militan equivocadamente en las filas del error. Al decir esto, no podemos olvidar a nuestros hermanos seducidos y engañados que se han quedado con la Iglesia hereje del Vaticano. En esa Iglesia están muchas almas que indudablemente son escogidas de Dios y que ciertamente forman parte del espíritu de la Iglesia, por cuanto quieren continuar siendo católicos, y no quieren cambiar de religión, pero no han tenido la capacidad para descubrir el engaño. Creo que muchísimos de ellos están entre quienes conservan la devoción a la santísima Virgen María, si no es que entre ellos está casi exclusivamente la predilección de Dios. Nuestra inmovilidad, también a ellos los está dañando muy gravemente. Las estadísticas reportan que de la Iglesia progresista, diariamente se hacen protestantes OCHO MIL FIELES, solamente en América Hispana. Luego he leído en los periódicos que la cifra es del 600,000 al año, es decir, que cada día se van con Lutero casi 1650 fieles. Visto de otra manera. La Iglesia del Vaticano, solamente en Hispanoamérica, pierde tres o cuatro comunidades o iglesias, completas, cada día. Sea la primera cifra o la segunda, el hecho es alarmante y nosotros nos debemos sentir profundamente afectados porque si somos las células de un mismo cuerpo, y aquellos están enfermos, ¿cómo será posible no sentirse uno mismo también enfermo y preocupado?. A todos los hermanos que tuvieron que permanecer en la Iglesia de Roma les están arrancando la Fe a pasos agigantados y corren un grave peligro de perderse. Y a todos los que han venido a la tradición, también les están arrancando la fe por cuanto el cisma y las herejías se introducen ya por todas partes y en muchos casos ya no obtienen los verdaderos Sacramentos. ¿Hemos de quedarnos inmóviles cuando el más elemental deber de gratitud nos impone bajar de la Cruz a la Iglesia que ahora ha sido crucificada?, ¿nos hemos de quedar viendo su martirio con mirada estólida, con aquellos ojos con los que un burro ve un portón nuevo?, ¿no hemos de diferenciar nunca, obispos, sacerdotes y fieles, lo que es estricta obligación y lo que solamente es de devoción?. 

77.- ¿RESUMIENDO TODO, QUE DEBEN HACER LOS FIELES?.
     1) Jamás entrar a las iglesias progresistas que tiene el Vaticano que le ha robado a la Iglesia de Cristo, ni siquiera cuando no se esté oficiando la Nueva Misa, porque son iglesias que han sido profanadas y en ellas se ofende a Dios.
     2) Asegurarse con extremada claridad si sus pastores están pugnando primordialmente por la unidad de la Iglesia y por la elección del papa sin pretextos de ninguna clase ni dilaciones. Esta es una cosa importantísima que los puede poner frente a Misas ilícitas y confesiones inválidas.
     3) Si sus pastores no actúan absolutamente en esta dirección o si hablan de la doctrina y la aceptan pero los tiempos se alargan sin que se vea que hagan nada, entonces deben hablar con ellos para que corrijan su postura, y si aun así todo es inútil, deben abandonarlos y buscar a los pastores que están pugnando por la unidad.
     4) Si tienen la suerte de tener pastores que están luchando primordialmente por la unidad de la Iglesia sin palabrerías y engaños, entonces deben colaborar con ellos incluso sacrificadamente. Esta es una gran cruzada que tal vez no involucre a muchos, sino exclusivamente a pocos buenos. Pío XII así enseñaba.
     5) No deben de sentirse angustiados si llegan a tomar la determinación de retirarse de sus comunidades porque Dios está con ellos y El no está limitado por los Sacramentos, aunque Sus Gracias las da ordinariamente a través de ellos. Tendrán indudablemente las Gracias de Dios y Su ayuda, porque no sería misericordioso si a Sus elegidos los abandona. Aquellos que han decidido al fin, levantarse y comenzar a ponerle un punto final a este espantoso caos. Si se retiran de sus comunidades, deben de avisar a sus pastores el motivo por el cual lo están haciendo, con la esperanza de que si son sinceros, los puedan mover hacia el verdadero camino.
     6) Deben también localizar a sacerdotes dignos que recomendarán para el episcopado, pero al mismo tiempo serán para ellos su asistencia y apoyo por cuanto estos pueden perder su medio de subsistencia al ser expulsados de sus comunidades que elijan permanecer en el cisma. Algunos verdaderos obispos, aunque pocos, que hay por el mundo, con seguridad no los abandonarán y reunidos podrán hacerse fuertes para llegar a donde Dios manda.
     7) Hablarán con otros fieles para quitarles de los ojos las telarañas que les han puesto de forma que ya comience inmediatamente la obra de la reconstrucción de la Iglesia que ya no puede esperar más tiempo. La Iglesia no se construye fundando o extendiendo comunidades ni teniendo más fieles. El modelo es Jesucristo. El comenzó formando el Colegio Episcopal, luego eligió al papa y después vinieron los fieles y la Iglesia se extendió por todo el mundo. Así debemos de hacer. Si no hay nada ahora que sea aprovechable, entonces habrá que hacerlo TODO NUEVO. Así dice la sagrada Escritura que será en este tiempo final de tribulación increíble (Mat. 17, 11). No hay que destruir o desechar lo que está hecho, pero hay que hacer lo que no está hecho que es lo esencial. Hay que darles cisma a los cismáticos, y unidad a los que quieren unidad, porque ¿que provecho tendré queriendo permanecer unido a los que se separan y así me hacen cismático?. ¿No es el cisma y la contienda terrena, natural y demoníaca? (Ep. Santiago, 3, 14-18).
     8) Es esencial para lograr el buen éxito de esta cruzada, elevar constantes súplicas a nuestra Madre del Cielo, la santísima Virgen María, con la seguridad de que ella atenderá los ruegos de la Iglesia doliente. ¿Se hace necesario decir a los católicos que la oración por excelencia que ella atiende es el santo Rosario diario, que suple, con la intención de cumplir el precepto dominical en la imposibilidad absoluta de asistir al santo Sacrificio de la Misa?.

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     No ha de gustarles a muchos el presente catecismo. Ese es problema de ellos. No lo he escrito para halagar a nadie. Santiago en su epístola dice que la amistad con el mundo, es enemistad con Dios y que cualquiera que desee ser amigo del mundo, se constituye en enemigo de Dios (Cap. 4, v. 4), y San Juan en su primera epístola dice también: "No améis al mundo ni lo que hay en el mundo. Si alguien
ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Puesto que todo lo que hay en el mundo -la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la jactancia de las riquezas- no viene del Padre, sino del mundo. El mundo y sus concupiscencias pasan; pero quien cumple la voluntad de Dios, permanece para siempre. Hijos míos, es la última hora. Habéis oído que iba a venir el Anticristo, pues bien, muchos anticristos han aparecido, por lo cual nos damos cuenta de que ya es la última hora. Salieron de entre nosotros; pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así, para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros" (Cap. 2, v. 15-19).
     ¿No dice San Pablo que si él hiciera las cosas para halagar a los hombres, no sería siervo de Cristo?.
     Debemos reflexionar y aceptar que lo que está pasando, no es bueno. ¡Si reflexionamos, podríamos tener en las manos un termómetro que nos indicara cuan cercano está el día terrible del Señor!.
     Nuestro Señor Jesucristo, no mira las obras de Su Padre para reproducirlas, sino que la obra es la misma. El Hijo opera con la misma sabiduría, con el mismo poder y con la misma operación. La operación del uno y del otro se identifica con la esencia que es común a los dos. El Padre todo le dió al Hijo, y le dió Su misma acción.
     En Dios, engendrar y enseñar, es la misma cosa, porque, en Dios, la vida que comunica al engendrar, es la misma inteligencia.
     Cuando Cristo pide que seamos uno, va más allá que pedirnos que fuéramos hermanos, o que militáramos en la misma milicia, o que fuéramos miembros de un mismo cuerpo, pues dijo: que sean uno, lo cual implica todo lo demás. Nos pide ser un reflejo fiel de la santísima Trinidad, y así ruega a Su Padre: "...para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y tu en mí para que sean consumados en la unidad y conozca el mundo que tu me enviaste" (Juan, Cap. 17, v. 22-23). Bossuet dice que debe haber unidad de naturaleza, unidad de inteligencia, unidad en la Caridad. ¿No es evidente que esto se ha perdido?, ¿no es evidente que no hay ya esa unidad que es reflejo de la unidad de Dios?.
     Hagamos una prueba. Vayamos a los pastores y preguntemos por qué motivo no han elegido al papa que es la unidad del Colegio Apostólico, y por qué ni siquiera se han reunido con los demás obispos y sacerdotes que hay en el mundo tradicionalista. Oigamos calmadamente todos sus argumentos y cuando hayan terminado, preguntemos luego: ¿ha fallado la Providencia de Dios?, ¿hemos visto llegar el momento en que ya no quiere asistir a Su Iglesia?, ¿ha cambiado de parecer?, ¿ya no quiere que haya un papa que sea Su representante?, ¿hemos visto llegar el momento en el que no es posible cumplir los preceptos de Cristo y de Su Iglesia?. De esto se desprendería que hemos visto llegar el momento en el que no quiere que se conserve la Fe. ¿Es esto posible?, ¿puede ser que en algún momento no sea posible a los hombres cumplir lo que Dios manda?, ¿es esta Iglesia Católica en la que ha estado la humanidad por dos mil años la Iglesia de Dios?.
     Nada de esto puede ser. Tan es verdad que nada de esto puede ser, como es verdad que esos pastores se equivocan y han traicionado miserablemente su misión. El hombre no solamente ha apostatado de Dios, sino que rechaza a Su representante. No quiere oír al papa. No quiere tener al papa. No quiere ver al papa. Es autosuficiente. No necesita nada. Ni al papa ni a Dios.
     Entonces, ¿ya no queda nada?. Los fieles que Dios infinitamente misericordioso separó y prefirió, dándoles conservar los verdaderos Sacramentos, el santo Sacrificio de la Misa, la Doctrina, lo han traicionado también. Por eso la pregunta es obligada: ¿ya no queda nada?. Es evidente que de los pocos que quedan depende la respuesta.
     Vemos todavía comunidades a las que no ha llegado el desorden general, y la rebeldía general, esa rebeldía que se dice, es amor a la Iglesia y que se justifica. Sus pastores manteniendo la división se creen justificados para prevenir así la demolición. Se niegan a la unidad sin ver que lo que está pasando con otras comunidades más débiles pronto les llegará y entonces ya no podrán tener el apoyo necesario de aquellos a quienes negaron ayuda, y no podrán hacer nada. Ellos ahora se niegan a apuntalar los muros de otros, porque si ellos se mantienen, si ellos lo están haciendo, ¿qué importancia tiene lo demás?, ¿si yo lo hago, qué importancia tiene que no lo hagas tú?, y así esa estabilidad que a otros podría ser muy útil, es negada. Sus recursos podrían salvar a la Iglesia, pero sólo son para ellos. Cuando ellos se vean solos, y no puedan contar con la ayuda de otros, de esas comunidades que vieron destruirse con estólida indiferencia, entonces, ya no habrá nada que hacer. ¿Podemos considerar que los que se han conservado estables y aparentemente prósperos están luchando con buenas intenciones para construir a la Iglesia?, ¿es posible decir esto si ellos saben que su cimiento es arena, porque no construyen sobre roca firme?, ¿se puede edificar sobre la necedad, sobre la terquedad, sobre el particularismo y sobre la soberbia?. Si a ellos no ha llegado la detracción, si sobre ellos no han caído como vampiros los de la ignorancia ilustrada que levantan los pendones de la Fe al mismo tiempo que con fieros mazos rompen las defensas, los muros y la unidad, y roen todos los fundamentos, no significa que se hayan librado, o que Dios hará un particular milagro para conservarlos, habiendo visto con indiferencia la destrucción del vecino o habiéndose negado a construir en firme. Es indudable que Satanás valiéndose de las oportunidades y coyunturas, destruye por un lado y por el otro, sabiendo que socava la estabilidad de los que están tranquilos. ¿Es esto la Iglesia Católica, o estamos frente a un asqueroso cisma que amenaza toda la casa?
     Vale la pena recordar lo que dice Santo Tomás sobre el Pecado Original y la soberbia: "...el pecado del primer hombre, tuvo que darse en el apetito de un fin desordenado. Y como en el estado de inocencia no podemos hablar de una primera rebelión de la carne contra el espíritu, es imposible que el primer desorden se produjera por el deseo de un bien finito que arrastrara a la carne contra el orden de la razón. Por consiguiente, ese primer apetito tuvo que ser DE UN BIEN ESPIRITUAL. Y como no habría desorden en el apetito de esos bienes si procediesen conforme a la medida establecida por la ley divina, no hay remedio que concluir en la existencia de UN APETITO DESORDENADO DE BIENES ESPIRITUALES; ESTE ES PRECISAMENTE EL OBJETO DE LA SOBERBIA; luego, EL PRIMER PECADO DEL HOMBRE, FUE LA SOBERBIA" (Sum. Theo. 2-2, q. 163, a. 1).
     ¿No parece que se llega nuevamente al origen, como si una víbora se mordiese la cola?, ¿no nos invade la soberbia y la crueldad, por aquello que enseña Santo Tomás?: "La disminución de las penas conforme a la recta razón es obra de la Epiqueya; pero esa dulzura de afecto que hace al hombre propenso a esa disminución, es obra de la clemencia. Igualmente, el exceso de imponer penas, considerado como un acto externo, es obra de la injusticia; PERO CONSIDERADO COMO AUSTERIDAD DE ESPIRITU QUE INCLINA AL RIGOR DE IMPONERLAS, ES OBRA DE LA CRUELDAD" (Sum. Theo. 2-2, q. 159, a. 1).
     Yo siempre me pregunté, cual sería el motivo esencial por el que vendría el último día. Me costaba creer que la corrupción mundial por cuanto precisamente la Sangre redentora de Cristo ha sido derramada por los pecados. Al pecador se le enseña que sus pecados serán perdonados, si él se arrepiente no importando que sean muy grandes. Entonces, la corrupción mundial, estando la Iglesia para salvar a los hombres no es el motivo del fin del mundo. Hubo ya una corrupción generalizada en tiempo del Imperio Romano, por ejemplo, siendo la Iglesia una célula insignificante y con todo, el hombre prostituído fue objeto de conversión y de salvación. Los hombres de la Iglesia misma fueron en un momento de la historia tan perversos que se pudiera haber pensado que la ira de Dios se desencadenaría. Se puso el mal, donde debía estar el bien. Pero el mundo no se acabó por esto. Hoy, ya tengo la respuesta. No está Pedro, y el hombre lo rechaza. No hay entonces posibilidades de salvación para el pecador. Rechazado Pedro, no hay jurisdicción que solamente por él viene, y no se puede perdonar los pecados aunque se siga levantando la mano frente al pecador en sacrilega parodia. Y no está Pedro, porque el hombre tiene muy graves razones para rechazarlo, contra las razones de Dios. Los hombres así, han roto el Pacto con Dios que solamente el papa podría instaurar válida y jurídicamente, después de la eliminación del Sacrificio.
     Interesante resulta leer el apocalipsis de Isaías a este respecto. Allí dice algo que es toral: los hombres llevan sobre sí mismos el peso de sus culpas. Esta doctrina parece que contradice el valor de la Redención pues los pecados de los hombres han sido lavados por la Sangre de Cristo. ¿Qué ha pasado entonces?, que el hombre ha roto el Pacto. Y roto el Pacto, no hay trato. El hombre por voluntad propia rechaza los frutos de la Redención. Roto el Pacto, se salta del Arca de la Alianza al mar enfurecido a una muerte segura. Dios no ha cambiado. El quiere que todos los hombres se salven, pero si esto no se puede lograr porque el hombre se le opone, entonces ya no tiene caso que el mundo continúe existiendo fabricando ciudadanos para el Infierno. Entonces Dios arrasa el mal. Salva a los que no tienen culpa pero destruye el mal. Veremos con seguridad, entonces, lo que Dios hará con un árbol seco. Que no da fruto, que está lleno de gusanos, que no puede encontrar nada sano. Lo anunció a las mujeres de Jerusalén, y lo efectuó en Sodoma, figura del fin.
     Los de la piadosa hipocresía, los de la piadosa rebeldía, los de la piadosa soberbia, aquellos que quieren defender la Fe por los caminos que a su omnipotente voluntad le dé la gana, pensaron que de Dios se podrían burlar. Otra Iglesia "fiel" a imagen y semejanza de la propia prudencia y capricho. Otra estructura, otra figura, algo nuevo que viene a ser tan traidor como todo lo nuevo que la Iglesia del Vaticano está imponiendo, y a la verdad no se sabe qué ha sido la cosa peor, si una Iglesia abiertamente hereje y rebelde que va camino a la negación de todo, o una Iglesia que hipócritamente predicandóse fiel, y cuidando con esmero todos los detalles exteriores, fariseicamente, impone el cisma y la acefalia con los ropajes de la ortodoxia. Qué es peor, ¿Satanás manifiesto en toda su inmensa fealdad, o vestido como un ángel de luz?.
     Por ese motivo, si ya nadie es capaz de ponerse de pie para defender la causa de Dios y para restaurar los canales de la Gracia, y si el tiempo sigue pasando y no pasa nada, y los pastores tranquilos así como los fieles continúan viendo cómo, los lobos de fuera y de dentro siguen destrozando al rebaño, pongámonos más bien de rodillas entonces, y veamos cómo Dios, que ha comprometido Su Palabra, gana la guerra. Así de rodillas, porque no fuimos capaces de ponernos de pie, tal vez alcancemos un poco de misericordia en el día y a la hora del ya inminente Juicio de Dios.

LAUS DEO NOSTRO

MONS. JOSE F. URBINA AZNAR.

Año 2,000.

lunes, 27 de mayo de 2013

CATECISMO PARA TRADICIONALISTAS DESORIENTADOS (10)

Por Mons. José F. Urbina Aznar

63.- ¿ENTONCES, YA NO HAY NADA QUE HACER PUES EL HOMBRE HA SIDO COMPLETAMENTE PROSTITUIDO Y LA IGLESIA HA SIDO COMPLETAMENTE VENCIDA?.
     Es absolutamente falso que el hombre haya sido completamente prostituido, porque en el mundo, siempre habrá un pequeño remanente que no podrá ser vencido ni prostituido y que tiene toda la fuerza y la ayuda de Dios para triunfar sobre las fuerzas del mal. Solamente necesitan conocerse y unirse para lograr el milagro y estar dispuestos a cualquier esfuerzo o sacrificio. Igualmente, es todavía más falso que la Iglesia ha sido vencida. La Iglesia no puede desaparecer aún desplegando el Infierno toda su fuerza. La Iglesia no puede ser vencida porque es la Iglesia de Dios, y siempre, siendo perfecta, podrá, aún con pocos ubicarse nuevamente en el lugar que en el mundo le corresponde, aunque esto cueste mucho esfuerzo y mucho sacrificio. La muestra la tenemos en los primeros tiempos. Y la Voluntad de Dios no ha variado, no puede cambiar. Y con la ayuda de Dios que siempre quiere la salud de los hombres y su eterna salvación, lo imposible, se hace posible. San Agustín, en LA CIUDAD DE DIOS (XX, 8) dice: el Diablo "jamás engañará a la Iglesia predestinada y escogida antes de la creación del mundo, de la cual dice la Escritura: "Conoce y sabe Dios los que son suyos"... estará aquí la Iglesia en el tiempo en que han de soltar al Demonio, así como lo ha estado desde que fue fundada, y lo estará en todo tiempo; esto es, en los Suyos...", y aún en el tiempo en que los enemigos de Dios "serán como la arena del mar".
     Si los fieles aún esparcidos por el mundo hacen un esfuerzo grande para conocerse y unirse, y todos ellos se unen con los verdaderos pastores, ellos indudablemente podrán ver el milagro de Dios. 


LAS IRREGULARIDADES.

64.- ¿QUE OTRO PRETEXTO ESTAN UTILIZANDO LOS FALSOS PASTORES PARA MANTENER A LA IGLESIA DESUNIDA?.
     Los falsos pastores que quieren mantener a la Iglesia desunida, están utilizando el pretexto de las irregularidades canónicas.


65.- ¿QUE SON LAS IRREGULARIDADES?.
Me voy a referir exclusivamente a las irregularidades para el Sacramento del Orden, que son las que en este caso interesan. Son impedimentos canónicos que la Iglesia ha impuesto que prohiben directamente ordenarse e indirectamente ejercer las órdenes recibidas con alguna irregularidad.

66.- ¿PUEDE LA IGLESIA CONCEDER DISPENSA DE ESTOS IMPEDIMENTOS CANONICOS QUE PROHIBEN EL ACCESO A LAS ORDENES?.
     En la Constitución AUCTOREM FIDEI del Papa Pío VI (1775-1799), del 28 de agosto del año 1794 que condenó los errores del Sínodo de Pistoya (Denz. 1556), leemos: "56. La doctrina que establece que parece conveniente que no se conceda ni se admita jamás dispensa alguna en los impedimentos canónicos que provienen de delitos expresados en el Derecho, es lesiva a la equidad y moderación canónica aprobada por el Concilio Tridentino y derogativa de la autoridad y derechos de la Iglesia".
     El Papa Sixto IV (1471-1484) en su Bula LICET EA del 9 de agosto de 1479, en la que trata sobre el Sacramento de la Penitencia y condena los errores de Pedro de Osma, dice que afirmar que el Romano Pontífice no puede "dispensar sobre lo que estatuye la Iglesia Universal", es una proposición falsa, contraria a la santa Fe Católica, errónea, escandalosa, totalmente ajena a la verdad evangélica y contraria también a los decretos de los santos Padres y demás constituciones apostólicas y contiene manifiesta herejía.
     Santo Tomás de Aquino en su Suma Teológica (1-2, q. 97, a. 1) dice que "...ninguna de las cosas sujetas a mutación, puede ser totalmente inmutable. Por lo tanto, la ley humana, no puede ser completamente inmutable. En las cosas corporales, la rectitud se predica de un modo absoluto; por eso, una cosa material que es recta, de suyo permanece siempre recta. Pero la rectitud de la ley, depende de su ordenación a la utilidad común a la cual no le conviene siempre las mismas cosas -como ya hemos dicho-; por eso, tal rectitud está sujeta a variaciones".


67.- ¿SOLAMENTE EL PAPA TIENE LA AUTORIDAD PARA DISPENSAR DE ESAS LEYES O IMPEDIMENTOS CANONICOS?.
     Exclusivamente el Sumo Pontífice, puede dispensarlos, pero en la extrema necesidad pueden ser dispensados por Epiqueya, que es una virtud que no interpreta o juzga la ley, sino que en la necesidad interpreta la mente e intención del legislador que en tal caso no la aplicaría, porque la ley no puede oponerse al bien común. Es abundantísima la doctrina sobre la extrema necesidad que se encuentra en las obras de los teólogos y moralistas de la Iglesia, por lo cual resulta extrañísimo que en la extrema necesidad actual muchos actúen como si esta doctrina no existiera, o si aceptan conocerla la condiciones a opiniones o prudencias personales que por eso son falsas.


68.- ¿SE TIENEN EVIDENCIAS EN LAS SAGRADAS ESCRITURAS DE ACTOS CONSIDERADOS LICITOS Y HASTA OBLIGATORIOS CONTRA LA LETRA DE LA LEY?.
     Leemos en el Cap. 2 del libro de Macabeos, que Matatías, antes de morir, habla a sus hijos en la siguiente forma: "Ahora es el reinado de la soberbia y del ultraje, el tiempo del desorden y de la cólera rabiosa (parece que habla de nuestro día). Por eso, hijos, tened celo por la ley, y ofreced vuestra vida por la alianza de vuestros padres... En el tiempo de su opresión, observó la ley José... Josué, por la observancia de la ley, llegó a ser juez de Israel... Elias, por su ardiente celo por la ley fue arrebatado hasta el cielo... Vosotros hijos míos, tened valor y sed fuertes en la defensa de la ley, porque ella os cubrirá de gloria... Vosotros, ganad para vuestra causa a cuantos observan la ley y vengad a vuestro pueblo. Dad a los gentiles su merecido, y observad los preceptos de la ley" (v. 49 a 68).
     ¿Cómo se puede explicar, pues, que Matatías, predicando tan insistentemente el amor y el apego a la ley haya ordenado a sus soldados combatir en sábado contra la ley que ordenada bajo gravísimos preceptos y severísimos castigos por Dios mismo, y teniendo además el ejemplo de los Asideos o "piadosos" que prefirieron morir antes que defenderse y así, quebrantar el descanso del sábado en el que habían sido atacados por las tropas de Antíoco?. La misma Biblia dice que los seguidores de Matatías eran amantes de la ley. Que siguiéndolo al desierto, "defendieron la ley".
     La nota de estos versículos de la Biblia de Ediciones Paulinas (Madrid, 1964), dice: "32-35. El sábado era el día de descando para los hebreos. Tan rigurosa y puntualmente cumplían el precepto de Exodo 16, 29, que prefirieron morir (los Asideos) a quebrantarlo".
     Matatías, viendo la masacre de sus hermanos que antes que luchar en sábado murieron con sus mujeres, hijos y ganado, tomó con sus jefes la siguiente determinación: "Combatiremos contra todo el que nos dé batalla en día sábado, para no morir como nuestros hermanos en sus escondrijos" (Mac. Cap. 2, v. 41).
     Jonatán, uno de sus hijos, continuó la lucha contra los invasores que amenazaban destruir al pueblo santo, el templo y el culto a Dios. Al llegar Báquides un día sábado a las riberas del Jordán para atacarlos, Jonatán habló así a sus tropas: "¡Animo!, luchemos por nuestras vidas, pues hoy, no es como ayer o antier. Tenemos al enemigo delante y a nuestra espalda; aquí y allí están las aguas del Jordán, terreno pantanoso, bosque; no hay salida. Gritad, pues, al Cielo para ser librados de vuestros enemigos" (Mac. 9, v. 44).     Las sagradas Escrituras avalan plenamente la actuación de Matatías y de Jonatán, destacando claramente que hubo luchas en día sábado contra la letra de la ley.
     Igualmente, en el Evangelio de San Marcos, Cap. 2, v. 23, encontramos un diálogo entre Jesús y los fariseos: "Un sábado iba caminando Jesús por entre los sembrados y Sus discípulos comenzaron a cortar espigas al pasar". Debemos de recordar que Moisés, por orden directa de Dios, mandó matar a pedradas a un hombre que salió a cortar un poco de leña un día sábado. Así tan grave era el precepto para el pueblo judío. "Entonces, continúa San Marcos, los fariseos le dijeron: ¡Mira!, ¿cómo hacen en sábado lo que no es lícito?. Y les respondió: ¿Jamás habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad y sintió hambre él y los suyos?. ¿Cómo entró en la casa de Dios, siendo pontífice Aviatar, y comió los panes de la proposición, que sólo pueden comer los sacerdotes y dió también a los que iban con él?".
     En los dos casos, está claramente establecida la doctrina de la necesidad. Actuaron Matatías, Jonatán y nuestro Señor Jesucristo, aún en contra de la letra de la ley, en forma absolutamente lícita. Y esto por la necesidad. ¿Quién no entiende esto?.
     Si la necesidad física como el hambre o el peligro de muerte dispensan del cumplimiento de muchas leyes, es evidente que la necesidad espiritual, o el peligro de una crisis grave en la Iglesia, que son cosas peores que las puramente materiales, lo dispensan con mucha mayor razón.
     Nuestro Señor Jesucristo les preguntaba a los fariseos si acaso no conocían la historia de David, lo cual es imposible, para significar claramente que son los fariseos quienes sin reconocer los casos de necesidad e ignorando la doctrina moral, quieren apegarse siempre a la letra de la ley contra el espíritu de la ley. Había fariseos y habrá fariseos siempre. De su fermento hay que alejarse siempre. Es el consejo que Cristo dió a Su Iglesia.


69.- ¿LA MISMA LETRA DE LA LEY ESPECIFICA CUANDO POR LA NECESIDAD SE PUEDE PASAR SOBRE ELLA?.
     Se ha dicho que en la extrema necesidad es necesario apartarse de la letra de la ley temporalmente para hacer posible después regresar a su estricto cumplimiento. La extrema necesidad hace "lícito" lo que en situación normal sería ilícito. No se critica la ley, no se interpreta, sino que sólo se pasa sobre su letra, en la necesidad, por la extrema necesidad. En otras palabras: la necesidad no está sujeta a la ley, o, la necesidad subordina la ley humana.
     Hay que profundizar más en esta doctrina, porque independientemente de que muchos se apegan siempre, como los fariseos, a la letra de la ley sin querer apartarse de ella bajo ninguna circunstancia, otros piensan que en la necesidad el apartarse de la letra de la ley constituye solamente "violaciones permitidas", y esta es una doctrina falsísima. Otros quieren ver en el mismo texto de la ley todos los casos en los que es lícito apartarse de su letra.
     No es la letra de la ley la que dice de ella misma, cuándo aplicar el espíritu de la ley y la intención del legislador, sino que es el espíritu de la ley el que debe dictar cuándo se aplica la ley con apego estricto a su letra y cuándo hay que apartarse de su texto. Entonces, desaparecen los conflictos, los escrúpulos de conciencia y la falsa aplicación de la ley que es fariseísmo.
     Si se siguen las leyes según su letra, si la extrema necesidad estuviera también comprendida dentro de los márgenes estrictos de su misma redacción, si se abandonara el espíritu de la ley cuando se aplica la letra estrictamente en la bonanza y se pensara que ese espíritu y esa intención del legislador solamente ocurren cuando se da la extrema necesidad, como muchos pretenden, sería casi imposible saber en qué momento ya es lícito lo ilícito por la necesidad. Pero si siempre se sigue el espíritu de la ley ya se siga estrictamente su letra, o ya se aparte uno de ella, se tiene, entonces, la seguridad completa de actuar siempre bien. Es entonces el espíritu el que siempre modula, el que guía, y no la letra.
     Dice Bañez a este respecto: "Hay hombres, en efecto, por lo demás doctos, versados en las leyes, y hasta celosos de su fiel observancia, y que, no obstante, se ciñen al texto de la ley, y no aciertan a remontarse al espíritu e intención del legislador en ocasiones en que lo reclama el bien común" (l.c., q. 58, a. 7. 1595. P. 33 b.).
     Y en el C. 19 de SUBIDA AL MONTE CARMELO San Juan de la Cruz escribe: "...el que se atare a la letra, o locución, o figura, o forma aprehensible de la visión, no podrá dejar de errar mucho y hallarse después muy corto y confuso por haberse guiado según el sentido de ellas y no dando lugar al espíritu".
     San Hilario también (P.L. 10, 107) dice: "El entendimiento de las afirmaciones debe estar determinado "ex causa dicendi", porque la cosa, no debe estar sujeta a las palabras, sino las palabras a la cosa".
     Mons. Vida Elmer, citado en un artículo del Prof. Tello Corraliza, dice: "...con la letra de la ley, podría el Anticristo anular el objetivo de la Iglesia, es decir, el de la salvación de las almas. El Derecho Canónico en manos del Anticristo, lograría la obediencia de todos los fieles a Satanás" (LA CUESTION CLAVE).
     Pero la secta farisea que ha alargado sus larguísimos tentáculos para llegar a nuestro tiempo, es lo que quiere. Utiliza la letra de la ley a la que se apega estrictamente como un arma contra los verdaderos fieles. ¿No en tiempo de Cristo decían: "...esa gente que ignora la ley, son unos malditos"?. En el Evangelio de San Juan Cap. 7, v. 40-49 vemos claramente que los fariseos, que se jactan de no haber creído, así como ningún jefe de Israel, se referían específicamente a Jesús y sus seguidores. Jesús es condenado, pues, por no cumplir la ley y luego es llevado a la Cruz, por no cumplir la letra de la ley. Esta era entre algunas otras graves acusaciones la que le valió ser entregado a la muerte.
     Actualmente, durante esta pasión de la Iglesia en la que ha quedado en manos de sus enemigos, y es azotada y coronada de espinas y crucificada, no pueden faltar los fariseos. Tienen su infame papel y lo han de cumplir. Ellos son los que ignorando la extrema necesidad, cumplen estrictamente con la letra olvidando su espíritu. Cristo los condenó y los llamó raza de víboras e hijos del Diablo.


70.- ¿ENTONCES, EN LA NECESIDAD, LO ILICITO, NO ES LO "LICITO" PORQUE SE TOLERA?.
     ¡Claro que no!, lo ilícito en la necesidad, es cumplir la letra de la ley, cuando no se debe cumplir. A veces es meritorio y hasta obligatorio. Así enseña Santo Tomás de Aquino. En la SUMA TEOLOGICA 2-2, q. 120, a. 1, dice que en la necesidad puede ser "pernicioso cumplir la ley". "Cumplir la letra de la ley cuando no se debe, es pecado", porque "la necesidad no está sujeta a la ley".
     En 2-2, q. 147, a. 4, dice que en la necesidad "no hay pecado en la transgresión".
     Igualmente enseñan Royo Marín, Ferraris, Montánchez, Hugon, Cayetano, Bañez, Calvet, Morán, Ginebra, Garrigou-Lagrange, Vilarino, Ferreres, Háring, Guzzeti y otros tantos doctores de la Iglesia.
     En la necesidad, lo criminoso sería aplicar las leyes como se deben aplicar en tiempos de bonanza.


71.- ¿NO VENDRIA ASI UNA ANARQUIA MAYOR QUE LA PROVOCADA POR EL MISMO ESTADO DE NECESIDAD?.
     La aplicación de la Epiqueya no es arbitraria. No puede ser arbitraria, porque entonces, sí se produce una verdadera anarquía.
     La necesidad de luchar en Sábado no autorizaba a Matatías y a Jonatán a hacer ejercicios militares en otro sábado en el que no fuera puesto su ejército frente a una situación de extrema necesidad.
     Los Apóstoles hubiesen obrado ilícitamente si espigaban para guardar comida para la semana, pero no hacían nada ilícito si por el hambre necesitaban procurarse comida. Lo mismo puede decirse del Rey David. Este, en condiciones normales hubiese cometido un gravísimo pecado.
     No comete, tampoco, ningún ilícito, el que sin papeles ni permisos de volar un avión se sienta en los controles en un caso de necesidad, el avión va a desplomarse, para salvar a los pasajeros.
     Tampoco hace un acto ilícito el soldado que se sale del Cuartel en horas en que está prohibido salir a la calle, para apagar un incendio que amenaza todas las intalaciones del cuartel. Tampoco comete ningún acto ilícito el soldado que está arrestado y que no solamente abandona el lugar de su arresto, sino que se sale a la calle en horas prohibidas para apagar el incendio. En condiciones normales sería un doble infractor.


72.- ¿ENTONCES, EL ESTADO DE NECESIDAD, SOLAMENTE AUTORIZA PASAR SOBRE LA LETRA DE LA LEY, PARA SOLUCIONAR EL MOTIVO PRINCIPAL QUE DIO ORIGEN A ESE ESTADO DE NECESIDAD?.
     Exactamente. La dispensa del cumplimiento de la letra de la ley, no es arbitraria y general, y cada caso es distinto y hay que verlo según las circunstancias de cada individuo.
     Vamos a tomar por ejemplo, el caso de los obispos tradicionalistas. El Canon 953 y 2370, prohiben y suspenden de sus funciones a los obispos que sin mandato pontificio se atrevan a consagrar a otro obispo. La suspensión se extiende a los otros obispos y sacerdotes asistentes, y al mismo consagrado. Además, el 9 de abril de 1959, el Santo Oficio dictó sentencia de excomunión para el obispo consagrante y para el obispo consagrado.
     Luego de la crisis sin precedente originada por el Concilio Vaticano II, en la que se vio la invalidación de la mayoría de los Sacramentos, el destierro de la Misa Católica, la Sede vacante, la destrucción del Colegio Apostólico por cuanto la totalidad de la jerarquía mundial firmó los documentos heréticos del dicho Concilio el 7 de diciembre de 1965 y los propuso para ser creídos a los fieles católicos, se decidió para salvar a la Iglesia y a la misma sucesión apostólica, consagrar obispos verdaderamente católicos, sin tener el mandato pontificio, ya que los papas del Vaticano habían caído en la herejía, y estaban destruyendo a la Iglesia en franca colaboración con las fuerzas del Gobierno Mundial.
     Los que pudieron hacer esto ¿hubiesen cometido pecado si se negaban a consagrar o a procurar estas consagraciones a la luz de la extrema necesidad?. Indudablemente que sí, hubiesen cometido un gravísimo pecado, porque "la necesidad, no está sujeta a la ley" y en este caso la Iglesia misma estaba en peligro. Por lo tanto, no fueron violadores de la letra de la ley, sino que siguiendo su espíritu, (es decir, por Epiqueya), obraron bien y virtuosamente.
     Pero en esto hay que considerar también, la intención de los que vinieron a las órdenes episcopales. ¿Ellos obraron bien?, ¿cuáles eran las condiciones para obrar rectamente y no ser así violadores de la ley y reos de las penas consecuentes?.


73.- ¿SOLAMENTE EL ESTADO DE EXTREMA NECESIDAD PODIA AUTORIZAR DICHAS CONSAGRACIONES EPISCOPALES?.
     La extrema necesidad, que en este caso puede ser llamada extremísima, era suficiente para hacer de esas consagraciones episcopales no solamente cosa necesaria, sino también meritoria y obligatoria.
     Pero no hay que perder de vista que la aplicación de la Epiqueya requería de ciertas condiciones ineludibles, sin las cuales sí se hubiese sido un violador de la ley y reo de las penas estipuladas en el Derecho y en el Decreto del Santo Oficio.


74.- ¿CUALES SON ESOS REQUISITOS?.
     Los soldados del cuartel al que antes me referí, estaban ampliamente autorizados a salir a la calle después de la hora permitida, si iban única y exclusivamente a apagar el incendio, es decir, a extinguir el motivo por el cual se había dado la situación de necesidad. El soldado arrestado en su celda de la cual no podía salir sin ser un infractor, no solamente podía, sino que debía salir de su celda y luego salir a la calle para ayudar a sus compañeros. No solamente no sería por esto un doble infractor, sino que estaba gravemente obligado a hacerlo. Porque, "cumplir la letra de la ley cuando no se debe, como dice Santo Tomás, es pecado".
     Sin embargo, ninguno de ellos estaba autorizado a salir a la calle por cualquier otra necesidad, aunque esta fuera sumamente grave. Quien se sintiera avalado por el estado de necesidad para visitar a un pariente moribundo, su madre por ejemplo, era ciertamente un violador de la ley. El soldado arrestado sería reo de dos violaciones. Cualquier otra necesidad aún muy grave, necesitaba de la autorización de un superior. No digamos que quien se aprovechara del estado de necesidad y de la normal confusión que de él viene para salirse de paseo, sería aún más culpable.
     Es cierto que esta crisis en la Iglesia, ha traído muchos males: la falta de Sacramentos, la desaparición del santo Sacrificio de la Misa que solamente en pocos lugares se conserva, el peligro de desaparición del sacerdocio y del episcopado, y como consecuencia de todo esto, el grave riesgo que corren muchas almas de perderse. Pero, ninguno de esos males aislado o reunido con los demás, autorizaba a nadie a violar la ley, porque son males secundarios. ¿Y cuál es el mal mayor?, indudablemente la Sede vacante y la destrucción del Colegio Episcopal. No me refiero a que existan obispos aislados y libres como pájaros por todas partes. Eso no es Colegio Apostólico. Me refiero a la unidad jurídica de los obispos que están todos unidos en una sola cabeza que es Pedro. Eso sí, es Colegio Apostólico, fundamento de la Iglesia, y Pedro sentado en medio de ellos, uniéndolos, que es la Roca fundamental sobre la que todo se ha de construir para que pueda ser considerado Iglesia Católica.
     Entonces, se obró bien cuando por la necesidad se consagraron obispos, pero estuvo mal que todos ellos accediendo al episcopado, no comenzaran inmediatamente a reconstruir la unidad del Colegio, en vías de elegir a Pedro lo antes posible como la Iglesia ordena. Si ellos supuestamente venían a la defensa de la Fe y de la Iglesia ¿se puede pensar que defienden la Fe y a la Iglesia dividiendo y contraviniendo sus enseñanzas?. Supuestamente están conservando los Sacramentos, la Misa, la Doctrina, la Tradición, pero asestan un severo golpe a la base misma de todo el edificio que es la unidad que por precepto divino debe haber entre todos ellos y la unidad de gobierno que dice la doctrina elemental es una de las notas que distinguen a la verdadera Iglesia de Jesucristo. Seamos congruentes con la Doctrina católica. ¿Pueden ser considerados obispos católicos los que no solamente están libres de toda obediencia al papa, autónomos, formando pequeñas iglesias episcopales, aumentando aisladamente sus comunidades, defendiendo sus particulares intereses o sus realizaciones místicas que tanto los satisface, al mismo tiempo que son enemigos de todos los demás, a quienes condenan por diversas causas?. Los fieles que siguen a estos obispos que ya se han olvidado de hablar de la unidad y de pugnar por ella, ¿sienten que forman realmente la verdadera Iglesia Católica, o por su alma corre a veces un sudor frío y una pregunta insistente sobre lo que oculta el futuro?, ¿no sienten que son interminables los domingos a los que asisten a Misa y reciben los Sacramentos y regresan a sus casas sin ilusiones, sin noticias, con dudas después de observar las caras de sus pastores, impávidas, y hasta estólidas, continuando su labor concentrados en sus propias comunidades, con los ojos cerrados al drama horrendo de la Iglesia universal, como si el mundo hubiera desaparecido y no se esperara otra cosa?, ¿cuánto tiempo más ha de pasar para que se comience una lucha que Dios ha de ayudar necesariamente por la acción de los hombres?.
     Lo que se puede afirmar sin lugar a ninguna duda, es que ninguno de ellos estaba autorizado a pasar sobre la letra de la ley por ninguna necesidad que hubiera en la Iglesia por grave que esta fuera, si no lo hacían para solucionar el mal mayor, pues si Pedro no está en la Iglesia, y si no existe el Colegio Apostólico que con Pedro constituye el fundamento de todo el edificio, es decir, la Iglesia, todo lo demás se destruye. Esto es de Fe. No lo podemos negar. Se pierde la Fe que se escapa, como se escapa entre los dedos el aceite, que no se siente, como enseña la Iglesia; se va diluyendo en el pueblo y en los mismos pastores, cosa que ya está pasando peligrosamente, la necesidad del gobierno del papa; se pierde el derecho a gobernar a la Iglesia; se pierde la jurisdicción y se invalidan Sacramentos. ¿Y no son de esto culpables esos "pastores" tan buenos y tan sacrificados, pero al mismo tiempo tan ciegos?.
     Y si todos ellos por cualquier necesidad que consideraron grave sin tener en cuenta la necesidad principal, son violadores de la ley, y no estaban de ninguna manera autorizados para actuar con esa autonomía e independencia, entonces resulta que son reos de las condenas del Derecho y del Tribunal del Santo Oficio. Son cismáticos, por cuanto no tuvieron en sus consagraciones la intención de reedificar el Colegio Apostólico quedando unidos a su obispo consagrante y a los obispos unidos con su obispos consagrante, y porque no han sido capaces de la unidad. Por esto tan sólo han perdido la jurisdicción. Pero a la luz del Canon 953 y 2370 están suspendidos de sus funciones y fuera de la Iglesia por el Decreto del Santo Oficio del 9 de abril de 1959. ¿Verdad que esto lo van a negar, y le dirán a sus fieles que esta doctrina está mal, con tal de seguir en sus posiciones anticatólicas?. ¡Qué bien aplican la severidad de la letra de la ley cuando se trata de otros, pero qué laxos son cuando de ellos mismos se trata! .
     ¡No son los violadores, entonces, los que salieron a luchar en día sábado, ni los que comieron los panes de la proposición, ni los que espigaron en sábado, ni los que curaron en sacado, ni los que sacaron a su buey del pozo en sábado, ni los que accedieron al sacerdocio o al episcopado con irregularidades, de las cuales todos tienen una, por lo menos. Los violadores son ellos, por haberse olvidado miserablemente de su más grande y urgente deber!.

sábado, 18 de mayo de 2013

CATECISMO PARA TRADICIONALISTAS DESORIENTADOS (9)

Por Mons. José F. Urbina Aznar

60.- ¿QUE DEBEN HACER LOS LAICOS FRENTE A LOS SACERDOTES O LOS OBISPOS QUE NO SOLAMETE NO SON CAPACES DE UNIRSE, SINO QUE NO ELIJEN AL PAPA, AUNQUE DIGAN QUE ESTO ES SOLAMENTE PARA ESPERAR EL MOMENTO MAS ADECUADO?.

     Primero que nada, ellos deben acercarse a esos pastores para amonestarlos por caridad y por justicia y hacerles ver el daño que a la Iglesia le están haciendo y la necesidad urgente de que independientemente de sus opiniones, prudencias o conveniencias, deben unirse y ponerse a organizar la elección del papa con todos los reunidos.
     Los fieles tienen el derecho de pertenecer a la Iglesia y los pastores tienen la obligación de proporcionar a las almas los medios seguros para su salvación que la Iglesia les proporciona.
     Si no quieren oír, si no quieren entender nada, entonces, deben alejarse de ellos como de cualquier enfermedad contagiosa y buscar a los pastores que están unidos o pretenden la unidad y la elección de Pedro inmediatamente que sea posible. Porque no puede ser católico el que, independientemente de los severos mandatos de la Iglesia, no siente en su corazón la necesidad de que Pedro esté en el mundo para gobernar a la Iglesia y para que la doctrina que enseña, sea perpetuamente segura, ya que el cisma, como decía San Jerónimo, citado por Santo Tomás en la Suma Teológica, aunque no constituye en un principio herejía, es siempre incubadora de herejías.
     Y no estando Pedro, siempre se corre el peligro de que imperceptiblemente se introduzcan las desviaciones heréticas, a pesar de todo lo que digan o aseguren esos pastores.
     Y sus iglesias tampoco se pueden considerar católicas, por cuanto que rebeldes a los dictámenes de la Iglesia, solamente están fortaleciendo el cisma cada vez que aumentan y se fortalecen a ellas mismas. Igualmente San Jerónimo decía que de sus mesas no se puede comer, porque el que come de sus mesas es profano. Esas Misas son válidas, pero ilícitas, porque la Misa es el Sacrificio de la Iglesia unida, como Pío XII enseñaba, y se está haciendo bajar a Jesucristo al altar de una secta, al altar de una comunidad que no quiere la unidad ni escucha los mandatos de la Iglesia que urgen a la pronta elección del papa en cualquier situación de sede vacante.
     Esos pastores, si acaso son solamente cismáticos materiales, es decir, no culpables, su pertinaz negativa a entrar en razón, los hace cismáticos formales y probablemente herejes, pues esto puede ser señal de herejía profesada ocultamente.
     Por otra parte, sabiendo que los enemigos están en nuestra casa, tienen que desconfiar de todos estos como posibles inhibidores de la unidad la cual quieren impedir a como de lugar. No importa las apariencias de estos pastores. No importa las obras que hayan hecho, pues sabido es que sus seminarios o comunidades no vienen a favorecer a la Iglesia, sino que allá preparan a las gentes que les permitirá aumentar el control del pueblo ignorante que ha de confiar en falsos pastores.

61.- ¿ENTONCES, EL SANTO PADRE DEBE SER ELEGIDO?.

     Muchos han dicho, que en las presentes circunstancias, no es posible elegir al papa, porque si se llegaran a reunir algunos obispos y sacerdotes, la mayoría de tradicionalistas no lo aceptaría, por las mismas razones que ahora se mantienen divididos. Entonces, ese papa no reconocido, no podría unir a la Iglesia, y el daño sería muy probablemente mayor, por cuanto este papa iría a formar parte de la lista de papas que inválidamente se han elegido hasta el día de hoy.
     Con este razonamiento, estamos cuestionando muy gravemente el poder de Dios. Un papa válido, canónicamente electo, tendría la asistencia de Dios que es todopoderoso. La forma por la que él uniría a la Iglesia, no es cosa que a los hombres les incumba. Los medios por los cuales llegaría al triunfo de la Iglesia nos pueden parecer inalcanzables, pero nosotros no los podemos predecir. A los hombres les corresponde, sin cuestionar a Dios y a la Iglesia, hacer lo que deben de hacer, es decir, lo posible, y Dios hará lo imposible. Si seguimos sin actuar a la vista de lo que al hombre es posible, entonces nunca más habrá papa, pues habiendo desplegado el enemigo sus fuerzas como nunca antes en toda la historia y estando a punto de lograr el completo dominio mundial, la causa católica, cada vez será más difícil y nunca ya vendrán momentos más adecuados para la elección. Se impone, pues, que los verdaderos católicos que quedan, contra todo enemigo y aun contra todos los que en la Iglesia se niegan a actuar, se unan y elijan al santo Padre. Luego se verá el poder y el milagro de Dios que ahora no se ha obtenido, porque el hombre no ha querido cumplir con su primordial obligación.
     Se hace inexplicable por qué motivo, quienes se dicen católicos no ven esto, y pisoteando los consejos de la Iglesia, permanecen en la más completa inmovilidad esperando milagros o situaciones más adecuadas, mientras la Iglesia se está destruyendo a pasos agigantados. Si parte de lo que se ha ganado se destruye o prostituye, ¿no estamos, entonces, parados en el mismo lugar?.
     Debemos de reflexionar varias premisas:  
1. La Constitución de la Iglesia es de derecho divino. Jesucristo inmediata y directamente así la instituyó. Iglesia Católica es solamente la que tiene por cabeza al papa, física y visiblemente gobernando con el Colegio Apostólico o episcopal unido a él de donde parte todo el resto de la estructura y unido entre sí. Porque, la unidad no solamente es de doctrina, sino de gobierno.  
2. Si esto se destruye, si viene el cisma, se pierde la configuración que es esencial para que se identifique a la verdadera Iglesia de Cristo. No hay, pues, un cuerpo unido. No es ya el Cuerpo místico de Cristo. 
3. El Concilio Vaticano I, enseñó que Pedro tendrá perpetuos sucesores y es herejía negar esto.  
4. La elección del papa depende de la voluntad de los hombres. Dios no mandó la forma de elección. Su gravísimo mandato es que la Sede no debe estar vacante, por lo cual, se debe elegir inmediatamente que un papa muere. 
5. San Pío X y Pío XII enseñaron que en sede vacante, en la Iglesia, no hay deber más grande y más sagrado que elegir al papa.    
6. San Jerónimo, citado por Santo Tomás y todos los teólogos, dicen que el cisma es un camino seguro para la herejía. 
7. El Concilio de Roma de 1059 convocado por Nicolás II, para evitar las tribulaciones y el gran peligro para la Iglesia si no la gobierna el papa, ordenó que si en el futuro, los malos impiden la elección en Roma, los electores fieles e incluso los laicos convocados, aunque fueran pocos, pueden elegir lícita y válidamente en otro lugar.
     ¿Qué se desprende de todo esto?, es muy secillo verlo con claridad: 
1. Que quienes se niegan a la unidad, no les interesa la unidad de gobierno, sino solamente dar a los fieles engañados una apariencia de verdadera Iglesia, por cuanto conservan la Misa, y la parodia del Sacramento de la Confesión, pues el cisma les arranca de las manos el poder de jurisdicción. ¿Se puede negar esta doctrina dogmática y continuar siendo católico?. 
2. Que quienes en la división se siguen empeñando en ser considerados verdadera Iglesia, solamente les interesa la autonomía y la independencia, por cuanto están rechazando sujetarse a una sola cabeza que se niegan a elegir y les tiene sin cuidado la Constitución recibida por el mismo Cristo. 
3. Que el Concilio Vaticano I, para ellos es letra completamente muerta, excepto en sus hipócritas sermones, y que por lo tanto esa doctrina puede ser estirada y retorcida como un chicle mascado, que se adapta a su opinión, prudencia, voluntad y capricho. 
4. Que validos de sus investiduras sacerdotales o episcopales, oponen su voluntad a la de Cristo que supuestamente representan. Entonces son unos traidores. 
5. Que la Iglesia podrá enseñar que en sede vacante el deber más grande y sagrado es elegir al papa, pero ellos no lo consideran así. Por esto mismo, se apartan descaradamente del magisterio ordinario del sucesor de Pedro y de los deseos de Su representado que es Cristo. 
6. Que les tiene absolutamente sin cuidado el peligro de las herejías que comienzan a aparecer en el cisma y cuando el papa no gobierna a la Iglesia. Son tan soberbios que cerrando los ojos a las advertencias, piensan que ellos solos serán capaces de evitar cualquier desviación. ¿No son estos, verdaderos lobos de los que hay que apartarse?. 
7. Negando la posibilidad de un cónclave segün la enseñanza del Concilio de Nicolás II, nos están demostrando, por cuanto el texto de ese Concilio les quita toda razón, que, o forman parte del ejército enemigo de Cristo introducido en la Iglesia que a como de lugar quiere impedir que la Iglesia se reúna en una sola cabeza, o son unos mercenarios que para nada les interesa la causa católica, sino sus propios intereses y la apariencia, o han perdido la fe en Dios pensando que para esta lucha solamente se cuenta con el poder de los hombres y la aplicación adecuada de sus recursos, estrategias y prudencia, pero no con alguna ayuda sobrenatural, sobre todo si la Iglesia se ve reducida a muy corto número contra todo el poder mundano, o son unos cobardes. Si se puede ver otra cosa a la luz de la pura Doctrina, me gustaría conocerla, pues no la veo.

62.- ¿CUALES SON LOS ENEMIGOS MAS CERCANOS CON LOS CUALES SE ENFRENTARAN LOS CATOLICOS FIELES QUE SE DECIDAN A LUCHAR PARA PONERLE UN PUNTO FINAL A ESTA CRISIS?.

     No se debe pensar que los católicos que al fin, cumpliendo con su grave deber comiencen la lucha para poderle poner un punto final a esta espantosa crisis lo antes posible, se enfrentarán primeramente con enemigos exteriores. Ellos encontrarán una brutal resistencia entre los mismos tradicionalistas, y los verán incluso de sotana o con mitras y báculos.
     Creo que los podemos concentrar en tres grupos principales: las sectas, las falsas iglesias tradicionalistas que está fundando e infiltrando el Vaticano, y los mismos laicos.

LAS SECTAS.

     Se han creado organizaciones secretas o sectas, que se extienden aceleradamente, denunciadas por algunos obispos y sacerdotes, sin que se haya obtenido resultado alguno, buscadoras de poder, de cuyas células obtienen vocaciones sacerdotales para alimentar sus seminarios, en los que se están "formando" jóvenes para el sacerdocio con el apoyo de obispos tradicionalistas, quienes los ordenan y así contribuyen eficazmente a lograr un control absoluto que impide cualquier movimiento a los verdaderos católicos, que faltos casi completamente de recursos se ven impedidos de llevar a buen término cualquier iniciativa para que sea la unidad de la Iglesia y la elección del papa. Estos jóvenes juramentados con engaño, completamente ignorantes de lo que en el exterior está sucediendo y de las doctrinas de la Iglesia que en este momento de extrema necesidad necesitan de una atención urgente, están convencidos de que se han entregado a Cristo y a la salvación de la Iglesia. Ubicados después de su ordenación en puntos estratégicos son un magnífico potencial de poder, utilizable en cualquier momento adecuado. Obedeciendo el "magisterio" de sus amos ocultos que está sobre el supremo Magisterio de la Iglesia y que dice como interpretarlo, los hace sordos completamente a todo lo que no diga su misma organización, por cuanto con sinceridad se creen ser los únicos salvadores de la Iglesia. Muchos fieles los siguen ignorando el feroz manipuleo porque creen obtener todos los Sacramentos válidos.
     Fichadores de todos los sacerdotes y los obispos, cuando se atreven a expresar opiniones adversas a sus truculentos fines, manejan a gran número de fieles tradicionalistas al mismo tiempo que esparcen en todas direcciones con gran poder y efectividad toda clase de noticias difamatorias contra todos sus detractores, prohibiendo estrictamente a sus sacerdotes sectarios, cualquier intercambio con ellos, cosa que castigan implacablemente con la "excomunión" perpetua. Estas sectas son herejes y cismáticas de la peor ralea, porque están paralizando intencionalmente toda moción hacia la unidad y la elección del papa que califican de locura al mismo tiempo que se apegan farisaicamente a la letra de la ley que no es aplicable en la extrema necesidad logrando así, dos resultados que los beneficia: aparecer ante el pueblo como verdaderos católicos defensores de la tradición, y nulificar toda influencia y acción de los que por la extrema necesidad y a la vista de su parálisis perpetua, vinieron a las órdenes para pugnar por la unidad y preparar la elección del papa.
     Es indudable que la carta de San Pío X NOSTRE CHARGE APOSTOLIQUE que condena al movimiento francés LE SILLON, parece haber sido escrita en muchas partes para referirse a ellos. San Pío X dice: "Pero, entonces, ¿que debemos pensar de la acción del SILLON en la Iglesia, del SILLON, cuyo catolicismo es tan puntilloso que, si no se abraza su causa, se sería a sus ojos un enemigo interior del catolicismo y no se comprendería para nada ni el Evangelio ni a Jesucristo? ...Nos, estamos obligados a decir que, tanto en su acción como en su doctrina, el SILLON no satisface a la Iglesia" (Núm. 30, 25 de agosto de 1910). Remitimos al lector al documento mismo.
     Tales asociaciones, arrastran a sus agremiados irremisiblemente al naturalismo político y al maquiavelismo cuya lógica consecuencia es el materialismo práctico o ateísmo. Llegan a espiar a los miembros mismos de la Iglesia como un deber de conciencia, y son llevados a fines que desconocen.
     ¿No son estos aquellos enemigos que trabajan dentro de la Iglesia que San Pío X definió como los peores, aquellos mismos que aparentan gran amor por la Iglesia pero que la están destruyendo por dentro?.

LAS FALSAS IGLESIAS TRADICIONALISTAS.

     Se han extendido también pequeñas sociedades religiosas o pequeñas iglesias que se van ubicando estratégicamente con apariencia de tradicionalistas. Los fieles que en esos centros de acopio comienzan a asistir, encontrarán la Misa de San Pío V, la Liturgia católica, los Sacramentos y la Doctrina, solamente que esos sacerdotes que los atienden dependen del Vaticano, y han sido ordenados con el Nuevo Rito, y por lo tanto, no son sacerdotes válidos, por lo cual, todos los Sacramentos son inválidos excepto el Bautismo y el Matrimonio. El pueblo ignorante, sencillo, ingenuo, incauto, esos que son los pequeños en la Fe, ¿sabrán algo de valideces o invalideces, o tendrán la capacidad para investigar y comprender la validez de los ordenantes de sus sacerdotes?, ¿que más pueden pedir, si todo lo que ven exteriormente parece católico?.
     No podía el Poder Mundial quedarse cruzado de brazos sin acelerar la destrucción de lo que queda de tradicionalismo, especialmente de sedevacantismo, que se resiste a desaparecer. Están satisfechos indudablemente con las guerras intestinas que quitan fuerza y unidad. Tienen a sus agentes infiltrados desde los que llevan mitras y báculos, hasta en las más insignificantes comunidades laicas. Pero ahora perforan los muros de la fortaleza e introducen malignos microbios semejantes que llenan espacios, que controlan, y que prostituyen todo lo que tocan. Porque el fin que se busca es la desaparición completa de la verdadera Iglesia que debe diluirse como una más de las religiones del hombre, e integrarse al sincretismo que ahora se pretende imponer.
     Nunca la verdadera Iglesia se había visto reducida a tan gran y desigual batalla, en la que los tiros certeros no solamente vienen del exterior, de los cuatro puntos cardinales, sino del interior de la misma fortaleza cuyas defensas y muros se han debilitado a su mínima expresión de tal forma que ya se puede temer la derrota. La guerra es a muerte. El vencimiento del pueblo de los santos que anunció el Profeta Daniel, se ha completado.
     En una ciudad de los Estados Unidos sucedió recientemente lo siguiente: existían dos comunidades tradicionalistas. Una en el centro de la ciudad y otra en la periferia. Esta última dependía directamente de un obispo que reside en el Vaticano, amarrado al carro modernista, aunque él mismo se confesaba "tradicionalista", lo cual no se puede entender de un individuo que obedece en todo a los herejes y dice la Nueva Misa. Yo estoy seguro que la inmensa mayoría de los fieles de esa comunidad no saben a ciencia cierta de todos estos manejos, ya que su interés principal se concentra en la asistencia a la Misa dominical y la recepción de los Sacramentos. No es de extrañar que sus dirigentes aseguran que todos los obispos de la línea de Mons. Thuc son inválidos. La otra comunidad, la del centro de la ciudad, de pronto recibió una noticia desconcertante. A una hora se oficiaría la Misa de San Pío V, y a otra hora la Nueva Misa. Es de suponerse el sumo desconcierto y la desbandada que esto provocó. El pueblo católico, de un lado para el otro, sin saber qué hacer y lanzado a las sombras exteriores por falsos pastores que los odian y que quieren destruirlos. Algunos de ellos se concentraron en la otra capilla, pero ¿qué hicieron con esto?, ¿no fueron a caer así en la cueva de otro lobo?.

LOS LAICOS.

     Desde el principio de la lucha, muchos laicos por todo el mundo obtuvieron gran prestigio por su defensa de la tradición, especialmente si publicaban algún boletín que hacían llegar a cuanta organización tradicionalista existía. Sus voces se consideraron de peso y de prestigio. Pero desafortunadamente, cuando el mundo tradicionalista se enfrentó a los graves problemas de la herejía del Vaticano, a los antipapas, a los Sacramentos y Misa inválidos, a la necesidad de salvar la sucesión apostólica a la que la Iglesia de Roma renunciaba al invalidar el Sacramento del Orden, y sobre todo, a la urgente necesidad de lograr la unidad de la tradición que estaba en desbandada y luego a la elección del papa, comenzaron a oirse voces discordantes por todas partes. Escritos de opinión, estudios teológicos, discusiones de todas clases, aportación de textos de los Doctores, de los Padres, del Magisterio, se blandieron contra los contrarios y se llegó al insulto y a la enemistad. Indudablemente esta era una campaña de desconcierto planeada, en la que participaron también otros que soberbiamente, sin plan ni fin específico, se introdujeron al campo de batalla confundiéndose aún más las cosas. Obispos y sacerdotes tomaron partido y fijaron posiciones muchas veces increíbles e incongruentes. Pero hubo otros afectados muy gravemente. Y estos fueron los laicos.
     Los años de tribulación en la que vieron tantas traiciones de pastores y fieles, antipapas y general inseguridad y demolición, puso en las manos de muchos de ellos, doctrinas a las cuales en tiempos de bonanza no hubiesen tenido acceso. Esto "indigestó" a muchos que se fueron ensoberbeciendo y pensándose verdaderos defensores de la Fe y fuentes seguras en las que obtienen la Doctrina más pura y el más sabio consejo todos los que se acercan a ellos para pedir ayuda, se fueron convirtiendo poco a poco en jueces de sus propios pastores. Hay un texto de San Juan Crisóstomo que parece escrito para esto. Se sentaron, dice, a criticarlos y se rebelaron cuando no se hicieron las cosas como les parecía, o cuando no fueron debidamente consultados, por ser ellos y no el pastor los directores de la marcha de los acontecimientos, "...la mayor parte de los subditos, escribe, no se resignan a escuchar a los que les hablan con la disposición de ánimo con que se oye a un maestro, sino que, saliéndose del puesto de discípulos, toman la actitud de espectadores, como en cualquier certamen o representación profana. Y lo mismo que en teatro se divide la multitud, y unos están por unos actores y otros por otros, se dividen también los oyentes en la iglesia, y unos gustan de un orador y otros de otro, y solamente se escucha por amistad o por enemistad de los que hablan", "...la gente está acostumbrada a oír no para aprovecharse, sino para divertirse, como si se sentara a dictaminar sobre representantes de una tragedia o músicos de cítara" (libro 4).
     Si esto pasaba en su tiempo, ¿no es más grave la situación en la que se han desbordado las pasiones, y en la que todos quieren dirigir a alguien hasta al superior si es posible, todos doctorar, todos dirigir como un segundo magisterio, ya oculto o abierto?.
     ¿Cómo podrá la Iglesia curar en este momento la soberbia, la rebeldía, la irrespetuosidad cuando hay legiones que se han auto-constituidos en sus propios jueces y en sus propios directores?, ¿cuál es la medicina para el tiempo en el que hasta los justos pueden perderse?.
     No existe en el mundo un solo rito, no importando cuán primitivo, politeísta o pagano sea, que no exprese aún con elemental ademán, un temor reverencial hacia las cosas del culto a sus dioses, o hacia sus ministros. El proceder de los que se atreven a tratar con familiaridad como si fueran sus iguales a los representantes de Dios, y aún como si fueran sus inferiores es algo que se está inaugurando en nuestro siglo que es contagio del racionalismo antirreligioso. Ahora se avanza en sentido contrario al temor de respeto y al trémulo pasmo que inspiraban la Liturgia al Dios eterno o a sus ministros. Y esta actitud se está justificando plenamente.
     Si la Iglesia del Vaticano ha logrado destruir todo eso, el mundo tradicionalista, comienza a ser invadido por esta enfermedad.
     El motivo profundo de esta pérdida lamentable es que se ha desechado ya, completamente, el respeto por la Tradición y el santo temor de Dios y se engaña miserablemente quien diga que a Dios teme, si no respeta a sus ministros. Ahora, se piensa que obrar así es una señal de madurez, de progreso y de sana libertad. A estos, dice el Padre Wathen "los señorea el espíritu de la Revolución" y son un instrumento manejable en sus manos.
     El deseo desordenado de adquirir renombre entre los demás, hace romper a estos las barreras de la verdad, "y se desvían, viniendo a dar en vaciedades y en vanas palabrerías". "Pretenden ser doctores de la ley, sin entender lo que dicen..." (Tim. I, 6-7,) y son "audaces, pagados de sí mismos" (II Pe. II, 10) provocando en las comunidades una rebeldía paralizante, un caos irremediable, una colaboración condicionada y un irrefrenable deseo de ostentar alguna excelencia que se puede manifestar en no permitir estar sometido a otro, como dice Santo Tomás (2-2, 105, 1).
     ¿Por dónde se puede comenzar la reconstrucción de la Iglesia si los pastores no son apta materia y los laicos, pulverizados son sus propios doctores, sus propios jueces y sus propios guías?, ¿no es esta una descomunal discordia un verdadero pandemónium originado porque Pedro no está aquí, lo cual, sin embargo, nadie quiere ver?, ¿quién abrirá los ojos o devolverá la clara visión a los présbitas, a los miopes y a los vizcos que concentran la falsa gloria de este siglo, en las realizaciones humanas, en las emociones y en todo aquello que puede conocerse a través de los sentidos?.
     Ya no es posible sentir la inquietud de un ánimo nauseabundo ni los espasmos atroces del engaño. La vida tiende a animalizarse porque, se vive de las emociones y de los sentidos.
     ¡Curar las almas con emociones, cuando el mal está en la inteligencia!. ¿Quién nos devolverá la médula teológica de las grandes épocas de la fe y de toda esa influencia que irradió en todas direcciones, e influyó en todos los ámbitos, y encaminó a todos los hombres hacia la felicidad eterna?, ¿quién despertará para ver la incoherencia, la criminal ligereza, la superficialidad insulsa, el desastre, para ver con claridad en la frente de los desobedientes y de los soberbios y de los apóstatas de Dios el sello inconfundible de su alma 1eprosa?.
     La esencia y la apariencia engañosa de los triunfos humanos que hoy prostituyen a todo hombre, está en la grandeza de la dignidad humana. El espíritu del hombre, se dice, es el artífice del valor en sí mismo. La propia soberanía canta en nuestro cuerpo y en nuestro corazón la conquista por sí mismo de la propia verdad que el hombre es digno de poseer según el esfuerzo y el mérito de las obras realizadas por el propio empeño.
     Sólo del hombre mismo se puede esperar todo. Su grandeza espiritual ha de lograrse con el desarrollo ininterrumpido de sus energías fecundas y suficientes. De su personal investigación a la luz de las experiencias y de los impulsos de su ser interior. Dios, el Señor, ha quedado fuera de Su vida y hasta de sus pensamientos.
     Se levanta, entonces, el monstruo de la soberbia y de la desobediencia y de la propia excelencia para enfrentar a toda autoridad incluso a la de Dios que con Sus leyes ha entrado en colisión con las exigencias del ídolo imperioso del propio yo, de la propia razón y de la propia libertad.
     ¿Quién podrá librarnos del egoísmo que niega a Dios hasta lo que a El le corresponde?. Nuestro tiempo padece una grave epidemia de este mal que unido a los demás, ha puesto al mundo en estado de coma postrado, inane, horizontal, en un pantano sin nombre, resecado por los ardores intensos de las pasiones más bajas. ¿Quién podrá salvar a las ovejas, si los pastores también se han prostituido?.