sábado, 18 de mayo de 2013

CATECISMO PARA TRADICIONALISTAS DESORIENTADOS (9)

Por Mons. José F. Urbina Aznar

60.- ¿QUE DEBEN HACER LOS LAICOS FRENTE A LOS SACERDOTES O LOS OBISPOS QUE NO SOLAMETE NO SON CAPACES DE UNIRSE, SINO QUE NO ELIJEN AL PAPA, AUNQUE DIGAN QUE ESTO ES SOLAMENTE PARA ESPERAR EL MOMENTO MAS ADECUADO?.

     Primero que nada, ellos deben acercarse a esos pastores para amonestarlos por caridad y por justicia y hacerles ver el daño que a la Iglesia le están haciendo y la necesidad urgente de que independientemente de sus opiniones, prudencias o conveniencias, deben unirse y ponerse a organizar la elección del papa con todos los reunidos.
     Los fieles tienen el derecho de pertenecer a la Iglesia y los pastores tienen la obligación de proporcionar a las almas los medios seguros para su salvación que la Iglesia les proporciona.
     Si no quieren oír, si no quieren entender nada, entonces, deben alejarse de ellos como de cualquier enfermedad contagiosa y buscar a los pastores que están unidos o pretenden la unidad y la elección de Pedro inmediatamente que sea posible. Porque no puede ser católico el que, independientemente de los severos mandatos de la Iglesia, no siente en su corazón la necesidad de que Pedro esté en el mundo para gobernar a la Iglesia y para que la doctrina que enseña, sea perpetuamente segura, ya que el cisma, como decía San Jerónimo, citado por Santo Tomás en la Suma Teológica, aunque no constituye en un principio herejía, es siempre incubadora de herejías.
     Y no estando Pedro, siempre se corre el peligro de que imperceptiblemente se introduzcan las desviaciones heréticas, a pesar de todo lo que digan o aseguren esos pastores.
     Y sus iglesias tampoco se pueden considerar católicas, por cuanto que rebeldes a los dictámenes de la Iglesia, solamente están fortaleciendo el cisma cada vez que aumentan y se fortalecen a ellas mismas. Igualmente San Jerónimo decía que de sus mesas no se puede comer, porque el que come de sus mesas es profano. Esas Misas son válidas, pero ilícitas, porque la Misa es el Sacrificio de la Iglesia unida, como Pío XII enseñaba, y se está haciendo bajar a Jesucristo al altar de una secta, al altar de una comunidad que no quiere la unidad ni escucha los mandatos de la Iglesia que urgen a la pronta elección del papa en cualquier situación de sede vacante.
     Esos pastores, si acaso son solamente cismáticos materiales, es decir, no culpables, su pertinaz negativa a entrar en razón, los hace cismáticos formales y probablemente herejes, pues esto puede ser señal de herejía profesada ocultamente.
     Por otra parte, sabiendo que los enemigos están en nuestra casa, tienen que desconfiar de todos estos como posibles inhibidores de la unidad la cual quieren impedir a como de lugar. No importa las apariencias de estos pastores. No importa las obras que hayan hecho, pues sabido es que sus seminarios o comunidades no vienen a favorecer a la Iglesia, sino que allá preparan a las gentes que les permitirá aumentar el control del pueblo ignorante que ha de confiar en falsos pastores.

61.- ¿ENTONCES, EL SANTO PADRE DEBE SER ELEGIDO?.

     Muchos han dicho, que en las presentes circunstancias, no es posible elegir al papa, porque si se llegaran a reunir algunos obispos y sacerdotes, la mayoría de tradicionalistas no lo aceptaría, por las mismas razones que ahora se mantienen divididos. Entonces, ese papa no reconocido, no podría unir a la Iglesia, y el daño sería muy probablemente mayor, por cuanto este papa iría a formar parte de la lista de papas que inválidamente se han elegido hasta el día de hoy.
     Con este razonamiento, estamos cuestionando muy gravemente el poder de Dios. Un papa válido, canónicamente electo, tendría la asistencia de Dios que es todopoderoso. La forma por la que él uniría a la Iglesia, no es cosa que a los hombres les incumba. Los medios por los cuales llegaría al triunfo de la Iglesia nos pueden parecer inalcanzables, pero nosotros no los podemos predecir. A los hombres les corresponde, sin cuestionar a Dios y a la Iglesia, hacer lo que deben de hacer, es decir, lo posible, y Dios hará lo imposible. Si seguimos sin actuar a la vista de lo que al hombre es posible, entonces nunca más habrá papa, pues habiendo desplegado el enemigo sus fuerzas como nunca antes en toda la historia y estando a punto de lograr el completo dominio mundial, la causa católica, cada vez será más difícil y nunca ya vendrán momentos más adecuados para la elección. Se impone, pues, que los verdaderos católicos que quedan, contra todo enemigo y aun contra todos los que en la Iglesia se niegan a actuar, se unan y elijan al santo Padre. Luego se verá el poder y el milagro de Dios que ahora no se ha obtenido, porque el hombre no ha querido cumplir con su primordial obligación.
     Se hace inexplicable por qué motivo, quienes se dicen católicos no ven esto, y pisoteando los consejos de la Iglesia, permanecen en la más completa inmovilidad esperando milagros o situaciones más adecuadas, mientras la Iglesia se está destruyendo a pasos agigantados. Si parte de lo que se ha ganado se destruye o prostituye, ¿no estamos, entonces, parados en el mismo lugar?.
     Debemos de reflexionar varias premisas:  
1. La Constitución de la Iglesia es de derecho divino. Jesucristo inmediata y directamente así la instituyó. Iglesia Católica es solamente la que tiene por cabeza al papa, física y visiblemente gobernando con el Colegio Apostólico o episcopal unido a él de donde parte todo el resto de la estructura y unido entre sí. Porque, la unidad no solamente es de doctrina, sino de gobierno.  
2. Si esto se destruye, si viene el cisma, se pierde la configuración que es esencial para que se identifique a la verdadera Iglesia de Cristo. No hay, pues, un cuerpo unido. No es ya el Cuerpo místico de Cristo. 
3. El Concilio Vaticano I, enseñó que Pedro tendrá perpetuos sucesores y es herejía negar esto.  
4. La elección del papa depende de la voluntad de los hombres. Dios no mandó la forma de elección. Su gravísimo mandato es que la Sede no debe estar vacante, por lo cual, se debe elegir inmediatamente que un papa muere. 
5. San Pío X y Pío XII enseñaron que en sede vacante, en la Iglesia, no hay deber más grande y más sagrado que elegir al papa.    
6. San Jerónimo, citado por Santo Tomás y todos los teólogos, dicen que el cisma es un camino seguro para la herejía. 
7. El Concilio de Roma de 1059 convocado por Nicolás II, para evitar las tribulaciones y el gran peligro para la Iglesia si no la gobierna el papa, ordenó que si en el futuro, los malos impiden la elección en Roma, los electores fieles e incluso los laicos convocados, aunque fueran pocos, pueden elegir lícita y válidamente en otro lugar.
     ¿Qué se desprende de todo esto?, es muy secillo verlo con claridad: 
1. Que quienes se niegan a la unidad, no les interesa la unidad de gobierno, sino solamente dar a los fieles engañados una apariencia de verdadera Iglesia, por cuanto conservan la Misa, y la parodia del Sacramento de la Confesión, pues el cisma les arranca de las manos el poder de jurisdicción. ¿Se puede negar esta doctrina dogmática y continuar siendo católico?. 
2. Que quienes en la división se siguen empeñando en ser considerados verdadera Iglesia, solamente les interesa la autonomía y la independencia, por cuanto están rechazando sujetarse a una sola cabeza que se niegan a elegir y les tiene sin cuidado la Constitución recibida por el mismo Cristo. 
3. Que el Concilio Vaticano I, para ellos es letra completamente muerta, excepto en sus hipócritas sermones, y que por lo tanto esa doctrina puede ser estirada y retorcida como un chicle mascado, que se adapta a su opinión, prudencia, voluntad y capricho. 
4. Que validos de sus investiduras sacerdotales o episcopales, oponen su voluntad a la de Cristo que supuestamente representan. Entonces son unos traidores. 
5. Que la Iglesia podrá enseñar que en sede vacante el deber más grande y sagrado es elegir al papa, pero ellos no lo consideran así. Por esto mismo, se apartan descaradamente del magisterio ordinario del sucesor de Pedro y de los deseos de Su representado que es Cristo. 
6. Que les tiene absolutamente sin cuidado el peligro de las herejías que comienzan a aparecer en el cisma y cuando el papa no gobierna a la Iglesia. Son tan soberbios que cerrando los ojos a las advertencias, piensan que ellos solos serán capaces de evitar cualquier desviación. ¿No son estos, verdaderos lobos de los que hay que apartarse?. 
7. Negando la posibilidad de un cónclave segün la enseñanza del Concilio de Nicolás II, nos están demostrando, por cuanto el texto de ese Concilio les quita toda razón, que, o forman parte del ejército enemigo de Cristo introducido en la Iglesia que a como de lugar quiere impedir que la Iglesia se reúna en una sola cabeza, o son unos mercenarios que para nada les interesa la causa católica, sino sus propios intereses y la apariencia, o han perdido la fe en Dios pensando que para esta lucha solamente se cuenta con el poder de los hombres y la aplicación adecuada de sus recursos, estrategias y prudencia, pero no con alguna ayuda sobrenatural, sobre todo si la Iglesia se ve reducida a muy corto número contra todo el poder mundano, o son unos cobardes. Si se puede ver otra cosa a la luz de la pura Doctrina, me gustaría conocerla, pues no la veo.

62.- ¿CUALES SON LOS ENEMIGOS MAS CERCANOS CON LOS CUALES SE ENFRENTARAN LOS CATOLICOS FIELES QUE SE DECIDAN A LUCHAR PARA PONERLE UN PUNTO FINAL A ESTA CRISIS?.

     No se debe pensar que los católicos que al fin, cumpliendo con su grave deber comiencen la lucha para poderle poner un punto final a esta espantosa crisis lo antes posible, se enfrentarán primeramente con enemigos exteriores. Ellos encontrarán una brutal resistencia entre los mismos tradicionalistas, y los verán incluso de sotana o con mitras y báculos.
     Creo que los podemos concentrar en tres grupos principales: las sectas, las falsas iglesias tradicionalistas que está fundando e infiltrando el Vaticano, y los mismos laicos.

LAS SECTAS.

     Se han creado organizaciones secretas o sectas, que se extienden aceleradamente, denunciadas por algunos obispos y sacerdotes, sin que se haya obtenido resultado alguno, buscadoras de poder, de cuyas células obtienen vocaciones sacerdotales para alimentar sus seminarios, en los que se están "formando" jóvenes para el sacerdocio con el apoyo de obispos tradicionalistas, quienes los ordenan y así contribuyen eficazmente a lograr un control absoluto que impide cualquier movimiento a los verdaderos católicos, que faltos casi completamente de recursos se ven impedidos de llevar a buen término cualquier iniciativa para que sea la unidad de la Iglesia y la elección del papa. Estos jóvenes juramentados con engaño, completamente ignorantes de lo que en el exterior está sucediendo y de las doctrinas de la Iglesia que en este momento de extrema necesidad necesitan de una atención urgente, están convencidos de que se han entregado a Cristo y a la salvación de la Iglesia. Ubicados después de su ordenación en puntos estratégicos son un magnífico potencial de poder, utilizable en cualquier momento adecuado. Obedeciendo el "magisterio" de sus amos ocultos que está sobre el supremo Magisterio de la Iglesia y que dice como interpretarlo, los hace sordos completamente a todo lo que no diga su misma organización, por cuanto con sinceridad se creen ser los únicos salvadores de la Iglesia. Muchos fieles los siguen ignorando el feroz manipuleo porque creen obtener todos los Sacramentos válidos.
     Fichadores de todos los sacerdotes y los obispos, cuando se atreven a expresar opiniones adversas a sus truculentos fines, manejan a gran número de fieles tradicionalistas al mismo tiempo que esparcen en todas direcciones con gran poder y efectividad toda clase de noticias difamatorias contra todos sus detractores, prohibiendo estrictamente a sus sacerdotes sectarios, cualquier intercambio con ellos, cosa que castigan implacablemente con la "excomunión" perpetua. Estas sectas son herejes y cismáticas de la peor ralea, porque están paralizando intencionalmente toda moción hacia la unidad y la elección del papa que califican de locura al mismo tiempo que se apegan farisaicamente a la letra de la ley que no es aplicable en la extrema necesidad logrando así, dos resultados que los beneficia: aparecer ante el pueblo como verdaderos católicos defensores de la tradición, y nulificar toda influencia y acción de los que por la extrema necesidad y a la vista de su parálisis perpetua, vinieron a las órdenes para pugnar por la unidad y preparar la elección del papa.
     Es indudable que la carta de San Pío X NOSTRE CHARGE APOSTOLIQUE que condena al movimiento francés LE SILLON, parece haber sido escrita en muchas partes para referirse a ellos. San Pío X dice: "Pero, entonces, ¿que debemos pensar de la acción del SILLON en la Iglesia, del SILLON, cuyo catolicismo es tan puntilloso que, si no se abraza su causa, se sería a sus ojos un enemigo interior del catolicismo y no se comprendería para nada ni el Evangelio ni a Jesucristo? ...Nos, estamos obligados a decir que, tanto en su acción como en su doctrina, el SILLON no satisface a la Iglesia" (Núm. 30, 25 de agosto de 1910). Remitimos al lector al documento mismo.
     Tales asociaciones, arrastran a sus agremiados irremisiblemente al naturalismo político y al maquiavelismo cuya lógica consecuencia es el materialismo práctico o ateísmo. Llegan a espiar a los miembros mismos de la Iglesia como un deber de conciencia, y son llevados a fines que desconocen.
     ¿No son estos aquellos enemigos que trabajan dentro de la Iglesia que San Pío X definió como los peores, aquellos mismos que aparentan gran amor por la Iglesia pero que la están destruyendo por dentro?.

LAS FALSAS IGLESIAS TRADICIONALISTAS.

     Se han extendido también pequeñas sociedades religiosas o pequeñas iglesias que se van ubicando estratégicamente con apariencia de tradicionalistas. Los fieles que en esos centros de acopio comienzan a asistir, encontrarán la Misa de San Pío V, la Liturgia católica, los Sacramentos y la Doctrina, solamente que esos sacerdotes que los atienden dependen del Vaticano, y han sido ordenados con el Nuevo Rito, y por lo tanto, no son sacerdotes válidos, por lo cual, todos los Sacramentos son inválidos excepto el Bautismo y el Matrimonio. El pueblo ignorante, sencillo, ingenuo, incauto, esos que son los pequeños en la Fe, ¿sabrán algo de valideces o invalideces, o tendrán la capacidad para investigar y comprender la validez de los ordenantes de sus sacerdotes?, ¿que más pueden pedir, si todo lo que ven exteriormente parece católico?.
     No podía el Poder Mundial quedarse cruzado de brazos sin acelerar la destrucción de lo que queda de tradicionalismo, especialmente de sedevacantismo, que se resiste a desaparecer. Están satisfechos indudablemente con las guerras intestinas que quitan fuerza y unidad. Tienen a sus agentes infiltrados desde los que llevan mitras y báculos, hasta en las más insignificantes comunidades laicas. Pero ahora perforan los muros de la fortaleza e introducen malignos microbios semejantes que llenan espacios, que controlan, y que prostituyen todo lo que tocan. Porque el fin que se busca es la desaparición completa de la verdadera Iglesia que debe diluirse como una más de las religiones del hombre, e integrarse al sincretismo que ahora se pretende imponer.
     Nunca la verdadera Iglesia se había visto reducida a tan gran y desigual batalla, en la que los tiros certeros no solamente vienen del exterior, de los cuatro puntos cardinales, sino del interior de la misma fortaleza cuyas defensas y muros se han debilitado a su mínima expresión de tal forma que ya se puede temer la derrota. La guerra es a muerte. El vencimiento del pueblo de los santos que anunció el Profeta Daniel, se ha completado.
     En una ciudad de los Estados Unidos sucedió recientemente lo siguiente: existían dos comunidades tradicionalistas. Una en el centro de la ciudad y otra en la periferia. Esta última dependía directamente de un obispo que reside en el Vaticano, amarrado al carro modernista, aunque él mismo se confesaba "tradicionalista", lo cual no se puede entender de un individuo que obedece en todo a los herejes y dice la Nueva Misa. Yo estoy seguro que la inmensa mayoría de los fieles de esa comunidad no saben a ciencia cierta de todos estos manejos, ya que su interés principal se concentra en la asistencia a la Misa dominical y la recepción de los Sacramentos. No es de extrañar que sus dirigentes aseguran que todos los obispos de la línea de Mons. Thuc son inválidos. La otra comunidad, la del centro de la ciudad, de pronto recibió una noticia desconcertante. A una hora se oficiaría la Misa de San Pío V, y a otra hora la Nueva Misa. Es de suponerse el sumo desconcierto y la desbandada que esto provocó. El pueblo católico, de un lado para el otro, sin saber qué hacer y lanzado a las sombras exteriores por falsos pastores que los odian y que quieren destruirlos. Algunos de ellos se concentraron en la otra capilla, pero ¿qué hicieron con esto?, ¿no fueron a caer así en la cueva de otro lobo?.

LOS LAICOS.

     Desde el principio de la lucha, muchos laicos por todo el mundo obtuvieron gran prestigio por su defensa de la tradición, especialmente si publicaban algún boletín que hacían llegar a cuanta organización tradicionalista existía. Sus voces se consideraron de peso y de prestigio. Pero desafortunadamente, cuando el mundo tradicionalista se enfrentó a los graves problemas de la herejía del Vaticano, a los antipapas, a los Sacramentos y Misa inválidos, a la necesidad de salvar la sucesión apostólica a la que la Iglesia de Roma renunciaba al invalidar el Sacramento del Orden, y sobre todo, a la urgente necesidad de lograr la unidad de la tradición que estaba en desbandada y luego a la elección del papa, comenzaron a oirse voces discordantes por todas partes. Escritos de opinión, estudios teológicos, discusiones de todas clases, aportación de textos de los Doctores, de los Padres, del Magisterio, se blandieron contra los contrarios y se llegó al insulto y a la enemistad. Indudablemente esta era una campaña de desconcierto planeada, en la que participaron también otros que soberbiamente, sin plan ni fin específico, se introdujeron al campo de batalla confundiéndose aún más las cosas. Obispos y sacerdotes tomaron partido y fijaron posiciones muchas veces increíbles e incongruentes. Pero hubo otros afectados muy gravemente. Y estos fueron los laicos.
     Los años de tribulación en la que vieron tantas traiciones de pastores y fieles, antipapas y general inseguridad y demolición, puso en las manos de muchos de ellos, doctrinas a las cuales en tiempos de bonanza no hubiesen tenido acceso. Esto "indigestó" a muchos que se fueron ensoberbeciendo y pensándose verdaderos defensores de la Fe y fuentes seguras en las que obtienen la Doctrina más pura y el más sabio consejo todos los que se acercan a ellos para pedir ayuda, se fueron convirtiendo poco a poco en jueces de sus propios pastores. Hay un texto de San Juan Crisóstomo que parece escrito para esto. Se sentaron, dice, a criticarlos y se rebelaron cuando no se hicieron las cosas como les parecía, o cuando no fueron debidamente consultados, por ser ellos y no el pastor los directores de la marcha de los acontecimientos, "...la mayor parte de los subditos, escribe, no se resignan a escuchar a los que les hablan con la disposición de ánimo con que se oye a un maestro, sino que, saliéndose del puesto de discípulos, toman la actitud de espectadores, como en cualquier certamen o representación profana. Y lo mismo que en teatro se divide la multitud, y unos están por unos actores y otros por otros, se dividen también los oyentes en la iglesia, y unos gustan de un orador y otros de otro, y solamente se escucha por amistad o por enemistad de los que hablan", "...la gente está acostumbrada a oír no para aprovecharse, sino para divertirse, como si se sentara a dictaminar sobre representantes de una tragedia o músicos de cítara" (libro 4).
     Si esto pasaba en su tiempo, ¿no es más grave la situación en la que se han desbordado las pasiones, y en la que todos quieren dirigir a alguien hasta al superior si es posible, todos doctorar, todos dirigir como un segundo magisterio, ya oculto o abierto?.
     ¿Cómo podrá la Iglesia curar en este momento la soberbia, la rebeldía, la irrespetuosidad cuando hay legiones que se han auto-constituidos en sus propios jueces y en sus propios directores?, ¿cuál es la medicina para el tiempo en el que hasta los justos pueden perderse?.
     No existe en el mundo un solo rito, no importando cuán primitivo, politeísta o pagano sea, que no exprese aún con elemental ademán, un temor reverencial hacia las cosas del culto a sus dioses, o hacia sus ministros. El proceder de los que se atreven a tratar con familiaridad como si fueran sus iguales a los representantes de Dios, y aún como si fueran sus inferiores es algo que se está inaugurando en nuestro siglo que es contagio del racionalismo antirreligioso. Ahora se avanza en sentido contrario al temor de respeto y al trémulo pasmo que inspiraban la Liturgia al Dios eterno o a sus ministros. Y esta actitud se está justificando plenamente.
     Si la Iglesia del Vaticano ha logrado destruir todo eso, el mundo tradicionalista, comienza a ser invadido por esta enfermedad.
     El motivo profundo de esta pérdida lamentable es que se ha desechado ya, completamente, el respeto por la Tradición y el santo temor de Dios y se engaña miserablemente quien diga que a Dios teme, si no respeta a sus ministros. Ahora, se piensa que obrar así es una señal de madurez, de progreso y de sana libertad. A estos, dice el Padre Wathen "los señorea el espíritu de la Revolución" y son un instrumento manejable en sus manos.
     El deseo desordenado de adquirir renombre entre los demás, hace romper a estos las barreras de la verdad, "y se desvían, viniendo a dar en vaciedades y en vanas palabrerías". "Pretenden ser doctores de la ley, sin entender lo que dicen..." (Tim. I, 6-7,) y son "audaces, pagados de sí mismos" (II Pe. II, 10) provocando en las comunidades una rebeldía paralizante, un caos irremediable, una colaboración condicionada y un irrefrenable deseo de ostentar alguna excelencia que se puede manifestar en no permitir estar sometido a otro, como dice Santo Tomás (2-2, 105, 1).
     ¿Por dónde se puede comenzar la reconstrucción de la Iglesia si los pastores no son apta materia y los laicos, pulverizados son sus propios doctores, sus propios jueces y sus propios guías?, ¿no es esta una descomunal discordia un verdadero pandemónium originado porque Pedro no está aquí, lo cual, sin embargo, nadie quiere ver?, ¿quién abrirá los ojos o devolverá la clara visión a los présbitas, a los miopes y a los vizcos que concentran la falsa gloria de este siglo, en las realizaciones humanas, en las emociones y en todo aquello que puede conocerse a través de los sentidos?.
     Ya no es posible sentir la inquietud de un ánimo nauseabundo ni los espasmos atroces del engaño. La vida tiende a animalizarse porque, se vive de las emociones y de los sentidos.
     ¡Curar las almas con emociones, cuando el mal está en la inteligencia!. ¿Quién nos devolverá la médula teológica de las grandes épocas de la fe y de toda esa influencia que irradió en todas direcciones, e influyó en todos los ámbitos, y encaminó a todos los hombres hacia la felicidad eterna?, ¿quién despertará para ver la incoherencia, la criminal ligereza, la superficialidad insulsa, el desastre, para ver con claridad en la frente de los desobedientes y de los soberbios y de los apóstatas de Dios el sello inconfundible de su alma 1eprosa?.
     La esencia y la apariencia engañosa de los triunfos humanos que hoy prostituyen a todo hombre, está en la grandeza de la dignidad humana. El espíritu del hombre, se dice, es el artífice del valor en sí mismo. La propia soberanía canta en nuestro cuerpo y en nuestro corazón la conquista por sí mismo de la propia verdad que el hombre es digno de poseer según el esfuerzo y el mérito de las obras realizadas por el propio empeño.
     Sólo del hombre mismo se puede esperar todo. Su grandeza espiritual ha de lograrse con el desarrollo ininterrumpido de sus energías fecundas y suficientes. De su personal investigación a la luz de las experiencias y de los impulsos de su ser interior. Dios, el Señor, ha quedado fuera de Su vida y hasta de sus pensamientos.
     Se levanta, entonces, el monstruo de la soberbia y de la desobediencia y de la propia excelencia para enfrentar a toda autoridad incluso a la de Dios que con Sus leyes ha entrado en colisión con las exigencias del ídolo imperioso del propio yo, de la propia razón y de la propia libertad.
     ¿Quién podrá librarnos del egoísmo que niega a Dios hasta lo que a El le corresponde?. Nuestro tiempo padece una grave epidemia de este mal que unido a los demás, ha puesto al mundo en estado de coma postrado, inane, horizontal, en un pantano sin nombre, resecado por los ardores intensos de las pasiones más bajas. ¿Quién podrá salvar a las ovejas, si los pastores también se han prostituido?.

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