lunes, 13 de mayo de 2013

LA DESCRIPCION DEL GENESIS REDUCIDA A MITO

CIEN PROBLEMAS EN CUESTIONES DE FE
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LA DESCRIPCION DEL GENESIS REDUCIDA A MITO
Objeción
     La Iglesia —que pretende ser infalible— ha cambiado, pues, de opinión. En un tiempo obligaba a los sabios católicos a afanarse por conciliar con la ciencia el relato bíblico de la creación del mundo en seis días. Hoy, viendo para siempre perdida la batalla, se resigna a atribuir a esa descripción contenida en el Génesis un valor puramente alegórico, reduciendo así a mito toda la enseñanza que de ella había sacado durante siglos. (P. C.—Roma; N.)

     Es en esencia la misma objeción de N., y con esta respuesta querría, por tanto, satisfacer a ambos interlocutores.
     Me permito refutar, ante todo, la idea de que la Iglesia haya cambiado de opinión. Sencillamente ha permitido hoy aquella mayor libertad de interpretación en los aspectos científicos, secundarios, del problema —no en los principales: morales, religiosos— que en el pasado, desde un punto de vista no infalible, sino práctico, no había considerado oportuno conceder, por no estar todavía suficientemente madura —para utilizar sin daño de esa libertad— ni la ciencia por un lado, ni la critica bíblica por otro.
     Es uno de los ejemplos más sugestivos de la maternal sabiduría de la Iglesia, que se porta con sus hijos como la madre buena que dirige los pasos del hijito que se bambolea, hasta que lo vea capaz de moverse por sí sin peligro. De hecho es precisamente la prematura y presuntuosa libertad de investigación la que produjo el fraccionamiento de la doctrina protestante y el derrumbamiento de la fe entre los modernistas, o sea la vaciedad y falsificación de aquella Sagrada Escritura que se pretendía profundizar.
     No se trata, evidentemente, de este o aquel punto particular, en que la afirmación de un sabio, censurado ayer tal vez, podría afortunadamente admitirse hoy, sino de la orientación general presuntuosa y sin madurar, que, juntamente con aquella eventual afirmación justa, habría acarreado —como de hecho acarreó— la avalancha del error.
     En el caso del Génesis se trataba en el fondo de admitir la existencia de una manera de escribir o modo de narrar diverso del modo puramente documental y literal —por ejemplo poético artístico— en esos libros bíblicos de tipo histórico, lo que no podía ciertamente hacerse sin razón bien madura, para no ofrecer el costado al mortal capricho racionalista de reducir toda la realidad histórica a un mito.
     El magisterio de la Iglesia debía ser, por tanto, sumamente circunspecto y avanzar con gran ponderación.
     Sólo por eso ha salido con esto la Biblia, en lugar de despedazada, enormemente consolidada, profundizada y aclarada.
     Es interesantísimo ver la progresiva evolución de la disciplina en el estudio en éste punto. Comienza la Encíclica Providentissimus (1893) recordando el principio de San Agustín de no buscar en aquellas exposiciones sobre el mundo un tratado científico, sino sólo una exposición popular, por no ser el fin de la Sagrada Escritura enseñar ciencias naturales. La Comisión Bíblica aplica luego en 1905 y 1909 este criterio a los primeros capítulos del Génesis. Viene después la Encíclica Spiritus Paraclitus de 1920, más tarde la Divino afflante Spiritu de 1943 y por último la Carta de la Comisión Bíblica de 16 de enero de 1948 que llama la atención sobre el hecho de que «las formas literarias de los once primeros capítulos del Génesis no corresponden a ninguna de nuestras categorías clásicas (de narraciones) y no se pueden juzgar por la medida de los géneros modernos greco-latinos». De ahí la necesidad de estudiar con suma atención todos los aspectos de la narración, caso por caso.
     Pero en cuanto a las verdades religiosas morales ni aun el más pequeño cambio.
     La misma esencia del Hexamerón, esto es de los seis días de la creación, narrados al comienzo del Génesis, continúa, en sus enseñanzas religiosas, inmutable ayer y hoy: perfecto monoteísmo, creación a partir de la nada, primacía del hombre, fin del hombre, bondad originaria de las creaturas, etc.
     No faltan además sabios de valía que defienden aun hoy que se encuentran notables concordancias asimismo en muchos puntos especiales entre la descripción bíblica y la ciencia. (Véase, por ejemplo, el análisis del gran astrónomo G. Armellini, en Cosmogonía mosaica, Studium, 42, 1946).

BIBLIOGRAFIA
E. Florit: allí citado, págs. 106 y siguientes; 
E. Lavagnino. Genesi, EC., V, págs. 2.007-12; 
M. Parrella: Introduzione generale alia S. Bibbia, Turín, 1952; 
A. Vaccari: Lo studio della S. Scrittura, Roma, 1943.

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