viernes, 3 de mayo de 2013

DOS PESOS Y DOS MEDIDAS EN LA INTERPRETACION DE LA BIBLIA

CIEN PROBLEMAS EN CUESTIONES DE FE  
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DOS PESOS Y DOS MEDIDAS EN 
LA INTERPRETACION DE LA BIBLIA

 Las profecías que se refieren a la venida de Jesucristo se toman a la letra. En cambio, el relato de la creación del mundo se entiende en sentido alegórico. ¿Se adopta, pues, el sentido literal cuando conviene? (N.)

El golpe es grande.
     Es verdad que a veces la Sagrada Escritura se Interpreta en sentido literal y a veces no. Si el amigo N. lo permite, las dos referencias especiales a las profecías y al Génesis las discutiré en dos respuestas aparte. Aquí querría aclarar el hecho general del diverso modo de interpretar. En los Evangelios ocurre lo mismo. Cuando Jesús dice, por ejemplo, «Yo soy la vid, vosotros los sarmientos» (Juan, XV, 5), lo interpretamos simbólicamente; cuando, en la última Cena, después de partir el pan, dice «Este es mi cuerpo» (Mateo, XXVI, 26), lo tomamos a la letra, y vemos allí la institución de la Eucaristía.
     Así debe ser. Los escritores sagrados, inspirados por el Espíritu Santo, hablan el lenguaje humano. Jesús también. Y en el lenguaje humano hay tantas formas para expresar el pensamiento: literales, metafóricas, poéticas, etc., que es preciso tener en cuenta de cuando en cuando para captar el verdadero pensamiento del escritor. Cuando una madre, besando en un arrebato de amor al hijo, le dice «te comería», o cuando de un glotón digo «se comía el dulce con los ojos», no se trata, evidentemente, ni de un caso de canibalismo ni de una transposición original de las funciones orgánicas, sino de lenguaje metafórico, aunque verdaderísimo. Otras veces, en cambio, el sentido será literal. Pero esto no se podrá llamar empleo de «dos pesos y dos medidas», sino de la única medida que hay de captar lo que en cada caso es el verdadero significado de la expresión.
     Será cometido del exegeta estudiar cuál es en los diversos pasajes de la Sagrada Escritura el «género literario», o sea la forma de escribir empleada por el autor inspirado, teniendo en cuenta el conjunto, el contexto, el lugar, la época, etc. Ciertamente, incluso, el lugar y la época. Si leo, por ejemplo, hoy la palabra «democrático», debo tener muy presente que en un escritor ruso tiene una significación muy diferente que en uno occidental.
     En el caso de la Eucaristía, por ejemplo, es evidente que las palabras de Jesús se toman en sentido literal: en la hostia consagrada está precisamente su cuerpo. En realidad, así lo entendieron los oyentes que se escandalizaron por ello; y si hubiese habido una interpretación errónea, Jesús se habría apresurado a corregirla, como, efectivamente, corrigió la idea que se habían hecho de una ingestión puramente natural de su cuerpo, como la de los caníbales. El sentido metafórico, por otra parte, debería haberse entendido según el lenguaje hebreo de la época, para el cual «comer el cuerpo y beber la sangre» significaba el odio y la venganza contra un enemigo, cosa a la que, ciertamente, no podía Jesús exhortar se tuviese consigo mismo.
     Y aquí aflora espontánea una observación vital.
     Es fácil intuir qué enormes dificultades se presentan a veces a los sabios para identificar el género literario de escritos tan antiguos como la Biblia, relativos a épocas y regiones tan diferentes de las nuestras.
     Hay otra complicación que, especialmente en los libros del Antiguo Testamento, se añade a las dificultades filosóficas y lógicas para la recta interpretación de la palabra de Dios. A saber, todo libro en general, en cuanto letra muda, es fácil que se preste a diversas interpretaciones. Tanto más cuando toca temas candentes como las verdades religiosas y morales. Pero todavía más cuando algunas partes se refieren a épocas y civilizaciones tan diferentes de la nuestra.
     Bastaría este sólo pormenor —esa es la observación vital— para echar por tierra la pretensión protestante de dejar indiscretamente y sin vigilancia la Biblia en manos del pueblo, esto es, de abandonarla a la libre y personal interpretación de cada cual. Sería en ciertos casos como poner un tratado de matemáticas superiores en manos de un niño de escuela elemental.
     Es más, ni siquiera la ciencia exegética humana más aguda podrá a veces darnos por sí sola la seguridad absoluta de la recta interpretación del texto.
     Esa es, por tanto, la necesidad lógica de la autoridad infalible de la Iglesia, divina depositarla de toda la revelación, para garantizar el sentido de los libros santos.
     Suponer que Dios haya hecho escribir por medio de los hagiógrafos su palabra en favor de todos los hombres y de todos los tiempos, dejándola confiada sólo al libro mudo, es un absurdo y una ofensa a su sabiduría.
     Y es un jeroglifico el hecho de que los protestantes no se dan cuenta.


BIBLIOGRAFIA
Bibliografía sobre la base de la consulta 17. Sobre los «géneros literarios» en la interpretación bíblica: 
Pío XII: Encíclica Divino afllante Spiritu, 30 de septiembre de 1943 («Acta Apostolicae Sedis». 35 (1943), págs. 297 y sigs; «Civiltá Cattolica», 20 de noviembre de 1943); 
Pontificia Comisión Bíblica: Carta al cardenal Suhard, 16 de enero de 1948 («Acta Apostolicae Sedis», 40 (1948), págs. 45 y sigs; «Civiltá Cattolica», 3 de abril de 1948); 
Pío XII: Encíclica Humani generis, 12 de agosto de 1950, núms. 22-24 y 39-40; 
E. Florit: Ispirazione e inerranza bíblica, Roma. 1934, págs. 85-96; 
S. Lyonnet: Generi letterari, EC„ V, págs. 2.002-4.

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