martes, 1 de julio de 2014

PRÁCTICA PARA ANDAR EL VÍA CRUCIS

     Para ganar las muchas indulgencias que la Iglesia concede a la devoción del Vía Crucis, no se requiere oración vocal alguna. Pero es necesario meditar en la Pasión de nuestro Salvador delante de cada estación. Trata de hacer actos de compasión, de acción de gracias o de dolor de los pecados, o más generalmente emplear el pensamiento en meditar algo en la Pasión de nuestro Salvador. Aunque uno se entretenga en un solo pensamiento de alguna estación durante todo el Vía Crucis, se puede ganar la indulgencia. Es bueno acompañar la meditación con alguna oración vocal saludando al Salvador al comenzar cada estación, haciendo genuflexión o inclinación de cabeza, dando gracias, y diciendo: “Te adoramos, oh Cristo y te bendecimos; porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo." Al fin se dice “Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros y de las almas del purgatorio."
     Congregados los que hubiesen de practicar este piadosísimo ejercicio en el lugar de la primera estación, hincados de rodillas, y hecha la señal de la cruz, dirán el siguiente:
Acto de Contrición
     SEÑOR mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Criador, Padre y Redentor mío: por ser Vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, pésame en el alma y con todo mi corazón de haberos ofendido; propongo firmemente, con vuestra gracia, nunca más pecar y apartarme de toda ocasión de ofenderos, de confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta; ofrézco mi vida, obras y trabajos, en satisfacción de todos mis pecados, y confío en vuestra divina bondad y misericordia infinita me los perdonaréis por los méritos de vuestra preciosísima Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para enmendarme y perseverar en vuestro santo servicio hasta el fin de mi vida. Amén,
     Luego el que ofreciere dirá en voz alta (acompañándole los demás con el corazón) el siguiente:
Ofrecimiento
     Amantisimo Jesús, Redentor, salud y vida de nuestras almas: en unión de aquella divina intención con que en la tierra orasteis a vuestro Eterno Padre, os ofrezco y presento (por mí y por todos mis prójimos) este espiritual ejercicio, en memoria, honor, reverencia y culto de vuestra sagrada Pasión y muerte, y de cuantos pasos disteis, ¡oh amantísimo Dios!, por nuestro remedio y rescate. Y pretendo ganar todas las indulgencias que han concedido tus Vicarios en la tierra, y te lo ofrezco todo en remisión de mis pecados y de las penas merecidas por ellos, o por las almas de mis mayores obligaciones, según el orden de caridad o justicia que debo y puedo hacer. Finalmente, os suplico, dueño y Señor mío, por el remedio de todas las necesidades comunes y particulares de la santa Iglesia, por la exaltación de nuestra santa fe católica, paz y concordia entre los príncipes cristianos, extirpación de las herejías, conversión de los infieles y pecadores, y cuanto sea conforme a vuestro divino beneplácito y espiritual aprovechamiento nuestro, para que, empleados en serviros, imitando vuestros divinos pasos, sea nuestro fin en vuestra amistad y gracia para alabaros en eternidad de gloria.
Padrenuestro, Avemaria y Gloria Patri.

PRIMERA ESTACIÓN
JESÚS ES CONDENADO A MUERTE
     Hincados, dicen todos:
     Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos, porque con tu Santa Cruz redimiste al mundo.
     Luego, enderezándose, atenderán a lo siguiente, que en alta voz leerá el que ofrece:
     Contempla, alma, en esta primera estación, qué es la casa de Pilatos, donde fue rigurosamente azotado el Redentor del mundo, coronado de espinas y sentenciado a muerte.
     Meditan algún tanto, y luego prosigue el que ofrece:
ORACIÓN 
     ¡OH suavísimo Jesús, que quisiste padecer como vil esclavo delante del sacrílego pueblo, esperando la sentencia de muerte que contra Ti daba el tirano juez! Te suplico, Señor mío, que por esta mansedumbre tuya mortifique yo mi soberbia, para que, sufriendo con humildad las afrentas de esta vida, te goce en la eterna. Amén.
     Dicen todos (se repetirá en cada estación):
     Señor, pequé; tened misericordia de mí. Pecamos, Señor, y nos pesa; tened misericordia de nosotros.
     Luego dicen:
     Bendita y alabada sea la sagrada Pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, y los dolores y angustias de su purísima Madre María santísima, Señora nuestra, concebida sin mancha de pecado original en el primer instante de su ser natural. Amén.

SEGUNDA ESTACIÓN
JESÚS CON LA CRUZ A CUESTAS
     Contempla, alma, en esta segunda estación, cómo es el lugar donde a nuestro amado Jesús le pusieron en sus lastimados hombres el grave peso de la cruz.
ORACIÓN
     ¡OH Rey supremo de los cielos, que sufriste ser entregado a la voluntad de los judíos para ser cruelmente atormentado, y recibiste el grave peso de la cruz! Ruégote, pues, Señor, tome gustoso la cruz de la penitencia para que te vea siempre en el cielo. Amén.

TERCERA ESTACIÓN
JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ
     Contempla, alma, en esta tercera estación, cómo es el lugar donde, caminando el Señor con la cruz a cuestas, gimiendo y suspirando, cayó en tierra y debajo de la santa cruz. Medita.
ORACIÓN
     ¡OH amabilísimo Jesús, que, fatigado con la cruz, te obligó a caer en tierra el grave peso de ella, para que conociésemos la gravedad de nuestros pecados, figurados en ese madero! Ruego a tu clemencia divina que me levante de la culpa, y que esté siempre en el cumplimiento de tus leyes. Amén.

CUARTA ESTACIÓN
EL ENCUENTRO CON SU MADRE SANTÍSIMA
     Contempla, alma, en esta cuarta estación, cómo es el lugar donde, caminando el Señor con la santa cruz a cuestas, se encontró con su Santísima Madre, triste y afligida. Medita.
ORACIÓN
     ¡OH Señora, la más afligida de las mujeres! Por el cruel dolor que traspasó tu corazón mirando a Jesús, tu Hijo, afeado su rostro, denegrido su cuerpo y hecho oprobio de los hombres, te ruego, Madre afligida, que, pues fui la causa de tus dolores, los llore amargamente. Amén.

QUINTA ESTACIÓN
SIMÓN CIRINEO AYUDA A CARGAR LA CRUZ
     Contempla, alma, en esta quinta estación, cómo es el lugar donde alquilaron a Simón Cirineo para que ayudase a llevar la cruz a nuestro Redentor, no movidos de piedad, sino temiendo se les muriese en el camino por el grande peso de la cruz. Medita.
ORACIÓN
     ¡OH amantísimo Jesús! Pues por mi amor llevaste la muy pesada cruz, quisiste que en la persona del Cirineo te ayudásemos a llevarla, te suplico. Señor, me abrace con la cruz de mi estado, para que, siguiendo tus pasos, consiga los gozos eternos. Amén.

SEXTA ESTACIÓN
LA VERONICA LE ENJUGA SU ROSTRO
     Contempla, alma, en esta sexta estación, cómo es el lugar donde la mujer Verónica, viendo a Jesús tan fatigado, y su rostro obscurecido con el sudor, el polvo, las salivas y bofetadas que le dieron, se quitó un lienzo, con que le limpió. Medita.
ORACION
     ¡OH hermosísimo Jesús, que, siendo afeado tu rostro con las inmundas salivas, te limpió el sudor aquella piadosa mujer con las tocas de su cabeza, y quedó impreso en ellas! Te suplico, Señor, que estampes en mi alma la imagen de tu santísimo rostro, y que la conserve siempre. Amén.
SÉPTIMA ESTACIÓN
JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ
     Contempla, alma, en esta séptima estación, cómo es el lugar de la puerta Judicaria, en donde cayó el Señor por segunda vez, por habérsele hecho en el hombro una llaga muy grande y mortal. Medita.
ORACIÓN
     ¡OH suavísimo Jesús, que, por la fatiga de tu delicado Cuerpo, caíste por segunda vez con la cruz! Te suplico, Señor, me hagas conocer el inmenso peso que tienen mis pecados; dame tu gracia para que no me arrastren a la eterna pena. Amén.

OCTAVA ESTACIÓN
EL ENCUENTRO CON LAS MUJERES DE JERUSALEM
     Contempla, alma, en esta octava estación, cómo es el lugar donde unas piadosas mujeres, viendo al Señor que llevaban a crucificar, lloraron amargamente de verle tan injuriado. Medita.
ORACIÓN 
     ¡OH Maestro soberano, que, viendo a las piadosas mujeres que se dolían de tus trabajos, las enseñaste a que llorasen por sí y por sus culpas! Concédeme, Señor mío, que con fervorosas lágrimas de contrición lave mis pecados, para que esté siempre en tu amistad y gracia. Amén.

NOVENA ESTACIÓN
JESÚS CAE POR TERCERA VEZ
     Contempla, alma, en esta novena estación, cómo es el lugar donde cayó el Señor por tercera vez en tierra, hasta llegar con su santa boca en el suelo, y queriéndose levantar, no pudo, antes volvió a caer de nuevo. Medita.
ORACIÓN 
     ¡OH benignísimo Jesús, que sufriste atropellaran tu divina persona, con que te hicieron por tercera vez dar en tierra con la cruz! Suplicóte, Señor mío, que sufra las desmesuras de mis enemigos, y que, teniendo paciencia en mis trabajos, te goce en los contentos eternos. Amén.

DÉCIMA ESTACIÓN
JESÚS ES DESNUDADO
     Contempla, alma, en esta décima estación, cómo es el lugar donde, habiendo llegado el Señor al monte Calvario, le desnudaron y le dieron a beber vino mezclado con hiel. Medita.
ORACION
     ¡OH pacientísimo Jesús, que sufriste quitasen tus vestiduras y que renovasen todas tus llagas, quedando desnudo delante de todos! Te ruego, Señor, por estos dolores y por el que sentiste cuando te ofrecieron el vino mezclado con hiel, que no beba yo los deleites que, mezclados con la hiel de mis culpas, me ofrece el mundo. Amén.

UNDÉCIMA ESTACIÓN
JESÚS ES CLAVADO EN LA CRUZ
     Contempla, alma, en esta undécima estación, cómo es el lugar donde fue clavado el Señor en la cruz, y oyendo su santísima Madre el primer golpe de martillo, quedó como muerta del dolor, y le volvieron a poner la corona de espinas. Medita.
ORACION 
     ¡OH clementísimo Jesús! Pues sufriste que clavasen tus pies y manos en la cruz, ruégote. Señor, que por tu caridad no extienda yo mis pies y manos a maldad alguna, sino antes viva crucificado en tu santo servicio. Amén.

DOCEAVA ESTACIÓN
JESÚS MUERE EN LA CRUZ
     Contempla, alma, en esta duodécima estación, cómo es el lugar donde, ya crucificado el Señor, le dejaron caer de golpe en el agujero de una peña. Medita.
ORACIÓN
     ¡OH divino Jesús, que, crucificado entre dos ladrones, fuiste levantado a vista de todo el mundo y padeciste tormentos insufribles! Ruégote, Señor mío, que sanes mi alma, y que sólo a Ti quiera y por Ti muera. Amén.

TRECEAVA ESTACIÓN
EL DESCENDIMIENTO DEL CUERPO
     Contempla, alma, en esta décimotercia estación, cómo es el lugar donde José y Nicodemus bajaron el Santo Cuerpo de la cruz, y lo pusieron en los brazos Virgen. Medita.
ORACIÓN
     ¡OH Madre de misericordia! Por aquellas penas que padeciste cuando pusieron a tu muy amado Hijo en tus brazos y fue ungido por Ti, te suplico me alcances un gran dolor de haberle ofendido, y compasión de tus muchas penas. Amén.

CATORCEAVA ESTACIÓN
JESÚS ES SEPULTADO
     Contempla, alma, en esta última estación, cómo es el lugar donde la Virgen María Señora nuestra, puso el cuerpo de su querido Hijo en el santo sepulcro. Medita.
ORACION
    ¡OH purísima Señora! Por la grande pena que padeciste cuando quitaron de tus brazos a tu soberano Hijo para ponerlo en el sepulcro, te suplico me alcances de su Divina Majestad que ablande mi duro corazón y coloque en él un amor grande para amarle y servirle. Amén.

     Y para que alabemos y demos gracias al Señor, que tanto quiso padecer por nosotros, responderán todos:
     Bendito y alabado sea para siempre tan gran Señor.
     Por las agonías del huerto y prisión del Señor.
     Bendito y alabado sea, etc.
     Por las afrentas, falsos testimonios y desprecios que con tanto amor sufrió por nosotros.
     Por los azotes y dolores que sintió amarrado a la columna.
     Por la corona de espinas que traspasó su santísima cabeza.
     Por la vergüenza que sintió el Señor cuando, después de azotado, le mostró Pilatos al pueblo, diciendo: “Mirad aquí el hombre.”
     Por la sangre y las lágrimas que vertió el Señor en su santísima Pasión.
     Por la sentencia de muerte que por nuestro remedio con tanto amor admitió.
     Por la cruz que por nuestras culpas cargó el Señor, y por las caídas que dió en el camino del monte Calvario.
     Por los dolores que sintió cuando con tanta crueldad le clavaron sus santísimos pies y manos.
     Por el dolor que sintió cuando le levantaron clavado en la cruz.
     Por la hiel y vinagre que gustó por nosotros.
     Por su santísima muerte, por la lanza con que atravesaron su santísimo costado, ya difunto, y por la sangre y agua que de él salió.
     Por el entierro y sepultura, y por todo cuanto padeció el Señor en su santísima Pasión. Bendito y alabado, etc.
     Bendito sea para siempre tan gran Señor; alábenle los ángeles por el amor con que tanto quiso padecer por nosotros, y pues nuestros pecados fueron causa de tantas penas, digan todos con íntimo dolor de haberle ofendido: Señor, pequé; ten misericordia de mí. Pecamos, y nos pesa; tened misericordia de nosotros.
R.P. Donadoni S.J.
EL DEVOTO DEL PURGATORIO

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