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jueves, 5 de septiembre de 2019

DECLARACIÓN DEL DIÁCONO JOSÉ RAMÓN GONZÁLEZ


         Manifiesto todo mi apoyo y estoy de acuerdo en todo lo escrito aquí por el obispo católico Monseñor Squetino.
            A los que niegan la existencia de mi dispensa sobre las obligaciones matrimoniales, les digo: Poseo la dispensa explícita de las obligaciones matrimoniales  para hacer votos religiosos – castidad, obediencia y pobreza- o para ser ordenado sacerdote. Muchos han leído tal dispensa redactada conforme al consejo  de un sacerdote doctorado en Derecho Canónico por el Angelicum de Roma, en posición sedevacantista. Siempre estoy dispuesto a mostrarla a todo aquel que me lo solicite de buena fe. Varios obispos, de Francia, y América la han tenido en sus manos y la han aceptado. Entre los que la han leído, y son muchos, cito a una persona, cuyo testimonio no es sospechoso de parcialidad a mi favor, antes al contrario,  ya que es decididamente contrario a mi posición católica «conclavista», y acéfalo como la posición de los que ponen en duda la existencia de la dispensa: el P. Ramiro Ribas. Cómo su teléfono es público, ya que está puesto en su blog, a él pueden preguntarle, su teléfono es 622908245 (con la extensión de España si llaman desde el extranjero). Como lo considero una persona honesta, aunque gravísimamente equivocada, no tengo ninguna duda de que dirá la verdad: que el Sr. González tiene la dispensa  canónica de su esposa, y que él la leyó,  para hacer votos religiosos u ordenarse sacerdote en la Iglesia católica. Si no la dice, daría cuenta ante Dios, nuestro Señor.
            No obstante, si se lo muestro personalmente a todo el que me lo pidiere, no lo pondré en internet, para preservar de toda calumnia e injuria, a la que me concede la dispensa, mujer santa y de sentimientos muy nobles, que no merece ser maltratada por las infamias y calumnias salidas de clérigos y seglares.
            Como todos saben o deberían saber, S. Pedro era casado y probablemente según la mayoría de los exegetas casi la totalidad de los apóstoles, menos San Juan; así como lo fueron muchos clérigos canonizados, por ejemplo el obispo San Paulino de Nola.
            Entonces Pedro comenzó a decirle: Pues nosotros hemos dejado todas las cosas y te hemos seguido.  Mar 10:29 Respondió Jesús: En verdad os digo que no hay nadie que, habiendo dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o campos por amor de mí y del Evangelio,  Mar 10:30 no reciba el céntuplo ahora en este tiempo en casas, hermanos, hermanas, madre e hijos y campos, con persecuciones, y la vida eterna en el siglo venidero.
            Un servidor sin mérito propio, pero llevado en el virginal regazo de la Santísima Virgen María, anhela el céntuplo en esta vida ( en hermanos: almas recuperadas para la vida en Cristo, en hijos espirituales que tengan la vida divina en su alma, en madres: santos obispos como Mons. Squetino y mons. Loya; participando de la gloria de la Cruz con persecuciones morales y físicas; y anhela sobre todo la vida eterna: la gloria de Dios en mi alma y en mi cuerpo, ya incoada ahora por la gracia santificante. A esto dedicaré el resto de mis días: a la Gloria de Dios santísimo Uno y Trino. No tengo ningún interés en las iglesias del ciberespacio ni en las acéfalas; mi consigna es hablar sólo de Dios y con Dios; mi apostolado consiste y consistirá en orar, evangelizar, y estudiar para que, con la ayuda de la gracia, pueda ser un siervo, aunque inútil, que pueda ayudar a muchas almas a llegar a la unión mística con Dios.
            Ahora bien, ¿ Qué es más excelente ante Jesucristo, dejar todo por amor a Él: los goces legítimos del matrimonio, la vida social del mundo, para ser sacerdote, jurando el celibato en lo más profundo del corazón con voto de castidad al Corazón Inmaculado de la Virgen María y ser sostenido en la pureza durante décadas sólo por la gracia divina, u ordenarse sacerdote siendo soltero par seducir a las esposas legítimas de otros, tener barraganas, o colgar la sotana para irse con una mujer faltando a su juramento ante Dios? La respuesta es obvia para quien quiera dar culto a Dios en espíritu y en verdad.
            Defiendo a capa y espada que el sacerdote católico debe ser célibe, es decir, que el soltero no se case, y que no ande seduciendo a las mujeres y esposas de otros usando del confesionario ni  faceboock o wastsapp, etc. , ni de cualquier otra forma, y lleve en todo una vida casta. Y que si es casado y tiene dispensa canónica de su esposa, además de lo exigido a los solteros, no tenga ya en común con su cónyuge, ni techo, ni lecho, ni mesa. Así yo lo he prometido pública y solemnemente y así lo haré con la ayuda de la virginal Madre de Dios, la Bienaventurada Virgen María. Así llevó muchos, muchos años, viviendo la gloriosa virtud de la castidad. Y si por flaqueza humana, un día desgraciado hubiera de faltar a esta virtud, le ruego a Nuestro Señor Jesucristo, vida eterna nuestra, que no lo permita y que antes de faltar especialmente a esta virtud, o a cualquier otra, me quite la vida. Antes morir que pecar; antes padecer la más horribles de las muertes que ofender a Cristo Jesús, esposo virginal y  fiel de mi alma.
            Para entender correctamente en qué consiste el celibato católico, les aconsejo el siguiente documento del card. Stickler
            Por último, quiero decirle a los clérigos- que están detrás de tanta calumnia a mi persona y a monseñor Squetino-,  al editor del blog que las publica y a los comentaristas del mismo, que no me conocen de nada: que no guardo ningún rencor en mi corazón hacia ellos; que siempre estoy dispuesto a perdonarlos, y que rezo por ellos para que Dios ilumine su corazón y les haga ver la necesidad de elegir un Papa, principio de unidad visible de la iglesia militante, y para que sean santos. Y además, que siempre defenderé la gravísima obligación que tiene la Iglesia de elegir un Papa y que en cualquier circunstancia se puede y se debe hacer. Nada de común tengo con acéfalos, salvo la obligación de la Caridad que como cristiano tengo hacia todos, sean los que sean, porque el celo de la gloria de Dios me impele a hacer todo lo necesario para la salvación de las almas.
            José Ramón González


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