lunes, 9 de febrero de 2015

Heshusianos, Heterodoxos, Heterousianos, Hieracitas

HESHUSIANOS
     Sectarios de Tilman Heshusio, ministro protestante que profesó el arrianismo y otros errores en el siglo XVI; es una de las ramas del socinianismo.

HESICASTAS
     Palabra qué sale del griego que quiere decir, tranquilo, ocioso: se llamaron también así los monjes griegos contemplativos, que a fuerza de meditaciones se les trastornó el entendimiento, y dieron en el fanatismo. Para procurarse éxtasis fijaban sus ojos en el ombligo, deteniendo la respiración entonces creían ver una luz resplandeciente, y sé persuadieron que esta luz era una emanación de la sustancia divina, una luz increada, la misma que vieron los apóstoles en el monte Tabor en el día de la transfiguración de Jesucristo.
     Principió esta demencia en el siglo XI, y se renovó en el XIV, singularmente en Constantinopla: causó muchas disputas, ocasionó muchas reuniones de obispos, dio motivo a censuras, y a escribir muchas obras en pro y en contra. Los hesicastas tuvieron al principio por contrario al abad Barlaam, natural de la Calabria, monje de san Basilio, y después obispo de Gieraci. Visitando los monasterios del monte Atos, condenó esta locura de los monjes, los trató de fanáticos, los llamó masalianos, euquitas u ombilicarios, pero Gregorio Pálamas, monje también y arzobispo de Tesalónica, tomó su defensa e hizo condenar a Barlaam en un concilio de Constantinopla en el año 1341.
     Pálamas sostenía, que Dios habita en una luz eterna, distinta de su esencia, que los apóstoles vieron esta luz sobre el monte tabor, y que podía recibir una porción de ella cualquiera criatura. Halló un antagonista en otro monje llamado Gregorio Azindino, que decía, que los atributos, las propiedades y las operaciones de la Divinidad no eran distintas de su esencia, y que por lo mismo una criatura no podía participar de ellas sin recibir toda la esencia divina; pero este fue condenado igualmente que Barlaam en un nuevo concilio de Constantinopla, año de 1341.
     Los protestantes tomaron ocasión de lo absurdo de esta disputa para declamar contra los místicos en general, y contra la vida contemplativa; pero un acceso de demencia, que atacó a los monjes del monte Atos, solo prueba la debilidad de su cabeza. Bien puede uno habituarse a la meditación, sin que por eso pierda el juicio, como también puede ser loco el que nunca fue contemplativo.

HETERODOXOS
     Se llaman así las personas y los dogmas por contradicción a la palabra ortodoxo; es una voz formada del griego que quiere decir otro, y de sentir, opinión. Un un escritor heterodoxo es aquel que sostiene y enseña una doctrina distinta de las verdades que Dios ha revelado. En una religión, cuyo autor es el mismo Dios, nadie puede separarse de la revelación sin caer en el error. Pero la revelación no llega a nosotros por sí misma y sin algún medio exterior: Dios no nos revela las verdades que creemos inmediatamente y por nosotros mismos. La dificultad esta, pues en saber por qué medio podemos ciertamente discernir que Dios ha revelado esta o la otra doctrina, y esta es la cuestión que principalmente divide a los católicos y protestantes.
     Estos dicen que el medio que Dios destinó para instruirlos de la revelación es únicamente la Sagrada Escritura, que es la palabra de Dios; que todo aquel que cree en la Sagrada Escritura, cree todo lo que Dios ha revelado, y que por consiguiente no puede ser culpable de error, ni de heterodoxia.
     Los católicos, al contrario, sostienen que la Sagrada Escritura no puede ser para todos los hombres el órgano de la revelación. En efecto, este libro divino no sirve para los infieles, quienes no tienen de el ningún conocimiento: nada dice ni enseña a los que no saben leer; tampoco sirve para la instrucción de aquellos que por su limitada inteligencia no pueden conocer su verdadero sentido; antes bien puede ser para ellos ocasión de error. Aun cuando algún infiel hallase por casualidad una Biblia puesta en su idioma nativo, ¿cómo pudiera convencerse de que ella es la palabra de Dios, que todo lo que contiene este libro es la pura verdad, .y que esta obligado a creer en él? Si lo piensa así, porque se lo asegura un misionero, no lo cree por la palabra escrita, sino por el concepto que formó del misionero. Desde los apóstoles hasta nosotros no hay un solo ejemplar de un fiel convertido a la fe por la simple lectura de los libros sagrados. Tampoco san Pablo dice que la fe viene de la lectura sino del oído: Fides exauditu. De donde infieren los católicos que el medio establecido por Dios para darnos a conocer las verdades reveladas, es la voz de la Iglesia, o la doctrina constante y uniforme de los pastores revestidos de una misión divina, auténtica e indisputable. Tal es en efecto el medio con que Dios ilustró y convirtió a las naciones infieles que abrazaron él cristianismo. De aquí se infiere también que todo dogma contrario a lo que cree y enseña la Iglesia es una opinión heterodoxa y un verdadero error; y el hombre que lo cree y lo sostiene es criminal, y está fuera del camino de la salvación.

HETEROUSIANOS
     Secta de arrianos discípulos de Aecio, por cuyo motivo se llamaron aecianos, quienes sostenían que el Hijo de Dios, es de una sustancia distinta de la del Padre; y esta es la significación de la palabra heterousianos. Por la razón contraria estos herjes llamaban a los católicos homousianos.

HIERACITAS
     Herejes del siglo III, que tuvieron por jefe a Hierax o Hieracas, médico de profesión, natural de Leoncio o Leontópolis en Egipto. San Epifanio, que refiere y refuta sus errores, conviene en que era de una ejemplar austeridad de costumbres, muy versado en las ciencias de los griegos y egipcios, que había trabajado mucho sobre la Sagrada Escritura, y que era dotado de una elocuencia dulce y persuasiva: no es extraño que con tan distinguidos talentos hubiese atraído a sus errores un gran número de monjes egipcios: vivió y siguió escribiendo hasta la edad de noventa años.
     Beausobre prueba con bastante solidez que Hierax era de los discípulos de Manes, que se dedicaban a explicar o paliar sus errores, y abandonaban los que les parecían mas groseros. (Hist. del Maniq., l. 2, c. 6, § 2). Al contrarío, Mosheim piensa que este heresiarca nada tomó de Manes, porque enseñaba muchas cosas en que este ni aun había soñado. (Hist. eclés., siglo III, 2‘parte, c. 5, § II; Hist. crist., siglo III, § 56). Pero esta razón no parece bastante para destruir los testimonios antiguos que cita Beausobre: ningún hereje se creía obligado a seguir con exactitud las opiniones de su maestro.
     De cualquier modo San Epifanio, Haer. 67, nos enseña que Hierax negaba la resurrección de la carne y que solamente admitía la resurreccion espiritual de las almas; que condenaba el matrimonio como un estado de imperfección que Dios habia permitido en el antiguo Testamento; pero que Jesucristo había venido a reformarle por el Evangelio: por consiguiente no recibía en su sociedad sino célibes y monjes,y del otro sexo viudas y doncellas. Decía que los niños que mueren antes del uso de la razón no van al cielo, porque no merecen con obras buenas la felicidad eterna. Confesaba que, el Hijo de Dios fue engendrado por el Eterno Padre y que el Espíritu Santo procedía del Padre como el Hijo; pero dio en el desatino de que Melquisedec era el Espíritu Santo revestido de un cuerpo humano. Usaba mucho de un libro apócrifo titulado La Ascensión de Isaías, y pervirtió el sentido de la Sagrada Escritura con ficciones y alegorías. Es de presumir que se privaba del vino, carne y otros alimentos, no solo por mortificación, sino también por una especie de horror supersticioso, porque San Epifanio le refuta citándole a San Pablo, que dice que toda criatura de Dios es buena, en cuanto está santificada por la palabra de Dios y por la oración.
     Beausobre, fundado en el testimonio de un antiguo, añade que Hierax no creía que Jesucristo hubiese tenido verdadero cuerpo humano, y que admitía tres principios de todas las cosas, Dios, el mal y la materia. San Epifanio observa, que este hereje había compuesto comentarios sobre el antiguo y nuevo Testamento, y en particular sobre la historia de la creación en seis días; pero que esta obra estaba llena de tabulas y de vanas alegorías. Para justificarle, dice Beausobre, que sin duda era del mismo sentir que muchos santos PP. sobre la historia de la creación, que esta y la tentación no debían explicarse literalmente. Quisiéramos saber quiénes son los PP. que pensaron de este modo: nosotros no conocemos ninguno sino a Orígenes, que convirtió en alegoría la historia del paraíso terrestre; pero fue condenado en este punto por los otros PP. Con mucha mas razón era permitido condenar a Hierax por haber llevado mas allá la temeridad que que Orígenes.
     Este mismo crítico se empeña en que la vida austera de Hierax basta para justificar a Manes y a sus sectarios de las profanaciones y misterios abominables que se les atribuyen. Tan lejos está de eso, que los PP. que acusaron a los maniqueos de cometer acciones infames, nunca dijeron que todos las cometían: la inocencia, pues, de uno solo no basta para probar la de todos los demás.
     Buen cuidado tuvo Basnage de observar que Hierax no fue condenado por su obispo, porque se toleraban en Egipto los errores de Orígenes. Pero ¿qué conexión había entre los errores de Orígenes y los de los maniqueos que eran los que sostenían los hieracitas? Puede suceder que estos herejes hubiesen disimulado sus errores, formando solamente entre si una sociedad clandestina que no hiciese ruido, y de la cual el obispo de Alejandría no tuviese noticia alguna.
     Muchos críticos imaginaron que la aversión al matrimonio, a las riquezas, a los placeres sociales, y el aprecio a la virginidad y al celibato, caractéres con los que se distinguieron las primeras sectas del cristianismo, provenían de que todos estaban persuadidos de que el mundo iba bien pronto a acabarse; otros dijeron, que estas ideas eran tomadas  de la filosofía de los orientales, de la de Pitágoras y de la de Platón. Pero nosotros no vemos en ellos ningún vestigio de estas dos pretendidas causas. San Epifanio nos asegura que Hierax fundaba sus errores en el abuso de algunos pasajes de la Sagrada Escritura; los alega este santo doctor, y refuta el sentido que les daba aquel heresiarca; no tratamos ahora de preocupaciones filosóficas ni del fin del mundo.

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