martes, 24 de febrero de 2015

Quid fecisti?

¿Qué has hecho?

     Verdaderamente, el infeliz Pilatos no sabía a quién se dirigía.
     Porque si no ¿cómo hacer semejante pregunta?
     Y, misericordiosamente, Jesús no le respondió.
     Si hubiera querido avergonzarle públicamente y avergonzar también —si eran capaces de vergüenza— a aquellos príncipes del pueblo judío que le habían entregado al juez romano, hubiera bastado con responder a aquella pregunta.
     ¿Qué has hecho, Señor?
     Beneficios, y sólo beneficios; prodigios de amor y milagros de misericordia.
     Y así te pagamos los hombres.
     Por eso no respondes a Pilatos, porque no quieres avergonzarnos echándonos en cara nuestra ingratitud cruel y vergonzosa.
     Mas llegará un día en que la pregunta no te la harán a Ti, Señor, sino que serás Tú quien me la haga a mí y a cada uno de los hombres.
     Y todos tendremos necesariamente que responder a ella.
     Yo no sé, Señor, lo que los otros podrán responder.
     Pero, ¿qué te responderé yo cuando Tú, Juez supremo constituido por el Eterno Padre, llamándome por mi propio nombre, me preguntes: Quid fecisti? ¿Qué has hecho?
     Ahora me das tiempo para preparar esa respuesta.
     Y yo quiero, Señor, que Tú puedas aceptarla como buena y como digna de la recompensa eterna que tienes preparada para tus elegidos.
     ¿Qué he hecho, Señor?
     Hasta ahora, mostrarme ingrato a tus favores, infiel a mis propósitos, negligente y descuidado en el cumplimiento de mis obligaciones, cobarde ante los sacrificios, miedoso ante las dificultades...; en una palabra: mostrar lo que soy por mi egoísmo, que me lleva a pensar sólo en mí...
     ¿Qué he hecho, Señor?
     Permíteme que te responda más bien lo que deseo hacer con tu gracia en adelante, lo que quiero poder responderte cuando Tú me hagas esta pregunta en ese Tribunal supremo en que seré juzgado y del que no hay apelación:
     quiero, Señor, cumplir siempre y en todo, en lo grande y en lo pequeño, en lo fácil y en lo difícil, tu santa voluntad.
     Este es mi deseo único.
     Dame tu gracia para poderlo realizar.
     Y que cuando vengas a preguntarme: Qui fecisti?, pueda responderte con toda verdad:
     Señor, he cumplido tu voluntad.

Alberto Moreno S.I.
ENTRE EL Y YO

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