sábado, 13 de junio de 2015

LA EXCOMUNIÓN DE UN SACERDOTE (Parte I)

Por Dr. Homero Johas
INTRODUCCIÓN
PARTE INTRODUCTORIA.- LA UNICIDAD DE LA VERDAD
1.- El camino único de la salvación
2.- El camino opuesto a la salvación.
3.- La naturaleza del Bautismo de deseo
4.- La naturaleza del acto de voluntad
5.- Desviaciones de la fe verdadera
6.- Argumentación falsa


PARTE II.- SENTENCIAS DE UNA CARTA CONTRA LA FE DIVINA
1.- Negación de la verdad única, universal.
2.- Verdad individual y libre
3.- Falsedades heréticas
4.- El camino del anti-Cristo
5.- La implícita negación de la fe
6.- La perdición por la voluntad inconsciente
7.- Necesidades libres
8.- Incertidumbre universal y naturalismo
9.- Siguiendo a Dios y a Lucifer


CONCLUSIÓN
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LA EXCOMUNIÓN DE UN  SACERDOTE
INTRODUCCIÓN
     El fin supremo de la vida humana es la salvación eterna.
     Para conseguir este fin sólo existe un camino: el del Dios verdadero y de la Iglesia verdadera.
     Esto no es lo que predica el Vaticano II con la libertad religiosa.
     Esto ya se dice en una Carta del Santo Oficio, en el tiempo de Pio XII, que predica la salvación fuera de la Iglesia.
     La Carta niega la verdad absoluta, divina. Porque ahí niega el único medio de salvación: la Iglesia verdadera de Cristo.
     En su lugar entra el libre arbitrio individual; que quita la verdad racional, universal.
     Un sacerdote fue excomulgado por no aceptar las falsedades de la Carta.
     Es necesario denunciar el camino falso del individualismo libre de la verdad y de la negación de la verdad divina, absoluta, universal, necesaria.
     Por el libre arbitrio en el sentido de cada palabra de la Carta, como en el Vaticano II, el sentido falso es puesto al lado de algunas verdades para encubrir la falsedad de la libertad e igualdad religiosa.

PARTE I.- LA UNICIDAD DE LA VERDAD

1°. El único camino de la salvación
     La voluntad de Cristo, es de que todos los hombres conozcan la verdad por la luz divina, y se salven.
     Por esto el Hijo de Dios vino a la tierra, se hizo hombre, y se sacrifico en la Cruz, para que por sus méritos consiguiese el perdón de los pecados de los hombres.
     Para tal fin ordeno los medios necesarios: creer en Él, profesar de modo integro la fe verdadera, recibir el bautismo, ser miembro de su Iglesia, observar los mandamientos.
     Este es el único camino, que excluye los otros. Cualquier otro lleva a la perdición eterna.
     Este es el Magisterio universal de la única Iglesia de Cristo. Que fue enseñado en todos los siglos.
     En 1215, Inocencio IV, en el Concilio de Letrán, repetía las palabras de San Cipriano:
     "La Iglesia Católica es una sola, fuera de la cual nadie se salva" (D.S. 802). En 1302, Bonifacio VIII definió: "Declaramos, decimos y definimos ser de entera necesidad de salvación para toda criatura humana, ser obedientes al Pontífice Romano" (D.S. 875).
     En 1442, el Concilio de Florencia definió:
     "Nadie puede salvarse a no ser que permanezca en el gremio y unidad de la Iglesia".
     "La Iglesia cree, profesa y enseña, de modo firme, que nadie que este fuera de la Iglesia -paganos, judíos, herejes y cismáticos- pueden participar de la vida eterna; irán al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles (Mt. XXV, 41); a no ser que antes del fin de su vida, se unan a ella". (D.S. 1351)
     En 1863, Pio IX repetia:
     "Es necesario recordar y de nuevo reprender el error gravísimo en el cual, miserablemente, se encuentran algunos católicos opinando que los que viven en el error, alejados de la fe verdadera y de la unidad católica, pueden alcanzar la vida eterna".
     "Bien conocido es el dogma: Fuera de la Iglesia nadie puede salvarse. No pueden alcanzar la salvación eterna los contumaces contra la autoridad y las definiciones de la Iglesia; los pertinazmente divididos de la Iglesia y del Pontífice Romano, a quien fue confiada el cuidado de la viña". (D.S. 2865-2867).
    Condenó la sentencia:
     "En el culto de cualquier religión los hombres pueden encontrar el camino de la salvación y alcanzar la salvación eterna" (D.S. 2916).
     La norma del VIII Concilio fue repetida por el Concilio Vaticano I:
     "Para la salvación, guardar la recta fe es la primera norma".
     Y el Símbolo de San Atanasio profesa:
     "Quien quiera ser salvo, antes de todo, es necesario que mantenga la fe católica; la cual, si alguien no conserva integra e inviolada, sin duda, perecerá eternamente" (D.S. 75).
     Y el Concilio de Trento enseñó:
     "El símbolo de la Fe usado por la santa Iglesia Romana como en principio en el cual, necesariamente, convienen todos los que profesan la fe en Cristo, es el fundamento firme y único contra el cual las puertas del infierno no prevalecerán (Mt. XVI, 18); debe ser expresado con las mismas palabras por las cuales, en todas las iglesias se lee" (D.S. 1500)


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     Por lo tanto, para el magisterio de la Iglesia, para alcanzar la salvación eterna es necesario:

     * Profesar de modo integro e inviolado, público y explicito, los artículos del Símbolo de la Fe católica, propuestos como revelados por el Magisterio universal de la Iglesia.
     * Ser miembro de la Iglesia católica por el Bautismo de agua o de deseo, profesando la Fe verdadera y observando los mandamientos de Dios y de la Iglesia.
     Esto puede ser alcanzado por todos por el auxilio de la gracia divina, con la cooperación humana y con la sumisión a la autoridad concedida por Cristo a los Sucesores de san Pedro, observando las normas del creer, sin las cuales nadie se salva y las normas del obrar, principalmente las que son de necesidad de medio de salvación.


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     Mientras, después del Concilio Vaticano II, surgieron nuevos caminos de salvación:

     Las verdades universales, necesarias y únicas, se vuelven en individuales, no necesarias y libres.
     San Pablo profetizó la "operación del error" que lleva a la perdición "Los que no aman la verdad, pero consienten la iniquidad" (2 Tess. I, 11)
     Se niega la sumisión a la autoridad del único Dios verdadero; se niega creer en las verdades absolutas y el obedecer los mandamientos.
     Cada uno sigue su libre arbitrio frente a las verdades y mandamientos divinos, contra el Magisterio dogmático y canónico de los sucesores de san Pedro, en la Cátedra de la verdad.
     
2° Un camino opuesto

     Mientras, ya en 1949, bajo Pio XII, el Santo Oficio envió una Carta al Arzobispo de Boston, condenando la doctrina de un sacerdote acusándolo de no someterse a la autoridad de Pio XII.

     Según la Carta, era doctrina de Pio XII lo que expresaba esa Carta.
     Después el sacerdote fue excomulgado.
     Y el centro de la doctrina de la Carta era afirmar:
     "Para conseguir la salvación eterna no siempre es necesario estar incorporado, realmente, a la Iglesia Católica, como miembro".
     Sería suficiente un "voto o deseo de adherirse" a la Iglesia. Y este voto o deseo individual, no necesitaría ser explicito y consiente, bastaría ser implícito e inconsciente.
     Donde existe "ignorancia invencible" sobre las verdades católicas, Dios aceptaría el deseo implícito e inconsciente.
     Decía: "Los que están fuera de la Iglesia están ordenados para la Iglesia por cierto voto inconsciente, a los cuales Pio XII, de ningún modo, excluía de la salvación eterna".
     Después el Concilio Vaticano II enseñó la libertad religiosa; el derecho de seguir el error, la igualdad de las religiones falsas con la única verdadera; la verdad individual y libre de cada uno, con su fe, sus normas, y la salvación eterna en cualquier religión.
     El "Enchiridion Symbolorum", de Denzinger, edición 1965, consideró el dogma de fe mero "adagio" y su sentido un "rigorismo" de interpretación, que habría sido cambiado por Pio IX. Los catecúmenos que reciben el Bautismo de deseo, con "voto explicito", de entrar en la Iglesia seria un "excepción" a la ley divina.
     No conocemos los escritos del sacerdote católico que fue excomulgado. Por eso no decimos nada sobre sus doctrinas.
     Y aquí solamente consideraremos las doctrinas de la Carta del Santo Oficio.
     Mientras, ya en el inicio del siglo XX San Pio X condenó las doctrinas de la "Iglesia de la humanidad" (Notre charge apostolique); o el agnosticismo modernista (Pascendi) y León XIII ya condenó la libertad religiosa (Libertas) y Pio XI condenó el Ecumenismo (Mortalium animos).
     Entretanto, el Arzobispo Montini, en la sede de Milan, antes del Concilio Vaticano II, predicó en Milán "la religión del futuro", la de Einstein, ateo; que "podría ser la suya". Y, en 07-12-1965, como Paulo VI, predicó en el Templo de Dios: "Tenemos el culto del hombre", "un nuevo humanismo". Que está opuesto al culto del único Dios verdadero.
     
3°- La naturaleza del Bautismo de deseo.
     Santo Tomas, antes del Concilio de Trento, enseñó la naturaleza del Bautismo de deseo, o del deseo del Bautismo, cuando, involuntariamente, la persona que profesa la fe verdadera y quiere entrar en la Iglesia, y que por la muerte es impedido de recibir el Bautismo de agua. Dice:
     Si alguien, teniendo libertad para querer o no querer el Bautismo, lo desprecia. No se salva porque no pertenece al Cuerpo de Cristo, ni por el Sacramento necesario, ni por el juicio de su mente. La salvación solamente existe por medio de Cristo.
     Pero si la persona quiere ser bautizada y no recibe el Bautismo de agua, no por su voluntad, sino porque muere antes de recibirlo, ella se puede salvar porque tal deseo procede de la "Fe operante por la caridad", por la cual Dios santifica interiormente al hombre.
     "El hombre ve las cosas que aparecen, pero Dios ve el interior del corazón" (1 Reg. XVI, 7).
     "La circuncisión de corazón existe en el espíritu y no en la letra; su alabanza viene de Dios y no de los hombres" (Rom. II, 29)
     Nadie se salva siendo reo de culpa; sin la absolución de los pecados; y el Bautismo perdona la culpa y la pena.
     Tal persona, con la "fe operante por la caridad", profesa exteriormente el Símbolo de Fe, y querer entrar a la Iglesia. Asimismo su voluntad explícita del Sacramento, con la profesión de la Fe verdadera suple el recibimiento del Bautismo de agua.
     Este es el sentido del "deseo del Bautismo", expresado por el Concilio de Trento y expuesto antes por Santo Tomas (S.T. 3, 68, 2).


4°- La naturaleza del acto de voluntad
     Por voluntad de Cristo, expone Santo Tomás: una promesa debe ser implícita y explicita, interior y exterior (S.T. 2-2, 88, 1). Ella viene de un acto de la razón; en la voluntad mueve la razón. Es ella el medio por lo cual un voto obliga a cumplirlo. El propósito viene después de la promesa. Por lo tanto es necesario el acto de la razón y no basta el acto de voluntad en la promesa que debe ser hecha en el Bautismo.
    El acto de la voluntad implica una obligación que puede ser para hacer o no hacer algo. Por este acto de voluntad el hombre se obliga actuar, operar, obrar por si mismo o también por otros. Tal promesa es una ordenación; por ella el hombre o se obliga a hacer por los otros o lo que debe ser hecho por los otros para él. Y esta ordenación, entre los hombres, sólo se hace por actos, palabras o señales exteriores.
     Estas palabras exteriores son dichas o por una inspiración propia ante Dios, como en la oración; o por respeto a los otros o para que los otros no rompan el voto.
     La promesa procede de una intención de hacer, y el propósito de una deliberación previa.
     El voto existente requiere la deliberación, el propósito es la promesa de hacer algo. A veces se agrega la forma oral, y este es el testimonio para los demás.
     Por lo tanto el voto es el testimonio de una promesa hecha por un acto libre de la voluntad; que se hace sobre cosas de Dios, y de ser hecho para Dios.
     "...A Dios desagrada la promesa infiel e imprudente..." (Eclesiastes V, 3)


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     Por lo tanto en el deseo de Bautismo, no basta el acto de la voluntad, sin el acto de la razón. Si alguien quiere "entrar" a la Iglesia, debe prometer a Dios someterse al precepto divino de recibir el bautismo y de profesar la fe verdadera y de observar los mandamientos. Sin el objeto del acto de voluntad, sea por ignorancia, sea por otra causa, sin la "fe que opera por la caridad", el acto de voluntad no profesa aquello que se debe creer, pues debe de creer aquello que fue mandado por Dios.
     Estando dotado del uso de la razón y de la voluntad libre, esta exclusión de aquello que debe creer y de aquello que debe hacer, es una desobediencia de la voluntad y juicio humano a la voluntad y juicio divino. Es obrar contra la voluntad y juicio de Dios.
     Es no querer obedecer la autoridad de Dios. Es despreciar las normas divinas del creer y del obrar. Es ir por el camino de la perdición.
     Nadie puede querer y prometer algo ilícito, o contra la voluntad de Dios.


5°.- Desviaciones de la Fe verdadera
     La Carta pasa del deber de creer, con fe integra, sin cambio de sentido, al deber de obrar cambiando el sentido. Modifica el Dogma por la Ética y por una Ética agnóstica que adopta la libertad propia y no la verdad absoluta, universal, divina.
     Iguala lo que es de necesidad por voluntad de Dios a lo que procede de la voluntad del hombre, con objeto opuesto a la razón y voluntad divina, en cuanto a la necesidad del Sacramento del Bautismo, de la Penitencia y de integración a la Iglesia.
     Iguala lo que es de necesidad de medio, absoluta, sine qua non, a lo que es de necesidad meramente de precepto, que puede tener excusas por no obedecer lo preceptuado.
     Niega la verdad absoluta, universal, racional, de origen divino y coloca una "verdad" dudosa, insegura, relativa al arbitrio individual.
     Retira del voto o voluntad humana el objeto racional que debe de existir por imperio divino, en cuanto al deber de creer y al de obrar.
     Cambia lo que es de necesidad absoluta, por mandato divino por lo que es simple auxilio útil, pero no necesario,y, sin lo que es de necesidad absoluta para llegar al fin, quiere el mismo efecto, como si tal medio necesario existiera.
     Cambia la necesidad de la confesión pública e implícita de los artículos del Símbolo de la fe por un mero deseo implícito e inconsciente, como el silencio exterior sobre el deber de creer y de obrar.
     Juzga ser buena disposición del alma no confesar de modo explicito y público lo que por obediencia al deber de creer y obrar debía querer para estar conforme con la voluntad de Dios.
     No excluye de la salvación a los que dicen ignorar la voluntad de Dios y ser invencible tal ignorancia, como el auxilio de la gracia divina y la cooperación de la voluntad humana con esa gracia.
     Coloca el medio único de la salvación subordinado al libre arbitrio humano individual; sin el asentimiento necesario del juicio humano al divino, y sin la obediencia necesaria de la voluntad humana a la divina.
     Tiene libre interpretación de la revelación divina opuesta a la interpretación de la Sede de la Iglesia Romana.


6°.- Argumentación falsa
     Porque los catecúmenos, obedientes a las doctrinas del Magisterio de la Iglesia entraron en la Iglesia profesando este deseo y la fe verdadera de modo explicito, pues fueron impedidos contra su voluntadpor la muerte de entrar en la Iglesia; de esto, quieren deducir que los hombres adultos, con uso de razón y de la voluntad, sin expresar de modo explicito el deseo de entrar en la Iglesia y sin conocer la fe verdadera, por un voto inconsciente, también pueden salvarse como los catecúmenos, sin recibir el bautismo y sin entrar a la Iglesia, sólo con el simple adhesión a la Iglesia, inconsciente, sin someterse a las doctrinas y leyes divinas y sin los medios absolutamente necesarios para la salvación.
     Pretende que los dogmas de la fe divina, con ignorancia e inconsciencia de los hombres, están contenidos en la voluntad individual de cada uno de los que están fuera de la Iglesia y no se someten al Magisterio universal del Pontífice Romano.
     Pretenden que fuera de la Iglesia la salvación es insegura por la carencia de los auxilios de Dios y no que es incansable por lo pecados de cada uno.
     Pretende que puede existir la Caridad perfecta y fe sobrenatural en quien cambia el Dogma por la Ética y los preceptos divinos por la voluntad de cada uno, sin el Bautismo y sin manifestar querer entrar a la Iglesia.
     Pretende que aquellos que tengan buena disposición para la gracia divina, cumpliendo la ley divina, siendo adultos dotados de razón y de voluntad, pueden tener ignorancia invencible por la gracia y luz divina, no son culpables de pecados personales.
     Pretenden que lo que es necesario "sólo por institución divina" es igual a lo que es necesario "sólo por el voto y deseo" humano.
     Pretende que para la salvación es suficiente sólo la voluntad libre natural, sin el conocimiento racional de la doctrina y leyes de Cristo; sin la cooperación humana a la gracia; sin las obras mandadas por Dios en los mandamientos; sin penitencia de los pecados, sólo con la voluntad natural humana.


Continuará.....
Primera parte de cuatro

COETUS FIDELIUM  
Marzo 2014
N°10 
Traducción
R.P. Manuel Martínez Hernández F.S.V.F.

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