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jueves, 10 de junio de 2010

¿DONDE ESTA LA IGLESIA?

Todos aquellos que vimos, por gracia de Dios, los frutos nefastos del Concilio Vaticano II y su doctrina de "aggiornamiento" (puesta al día), nos encontramos, sin quererlo, en la triste situación de elegir. Seguir a Dios manteniendo la fe de siempre o seguir a los hombres en la creación de una nueva religión más humana que divina como el modernismo. La decisión no se podía dudar, abandonar el aparato conciliar con todas sus herejías manifiestas y seguir a Cristo en su Iglesia guardando las tradiciones bimilenarias y sobre todo su doctrina inmaculada, era más que evidente.
Ya han pasado más de 50 años desde que la Iglesia Católica quedó sin cabeza visible, y muchos fieles -eclesiásticos y seglares- que combatimos en esta dura batalla en defensa de la Fe, quizás la última antes del triunfo definitivo (solo Dios sabe), nos encontramos con otro obstáculo doloroso, que ha simple vista parece insuperable: el desgarramiento de la Unidad, en el que se fue cayendo casi imperceptiblemente a causa, a lo mejor, de la duración del combate; con la ayuda también de la mala voluntad de algunos que solo buscan destruir, bajo apariencia de bien, lo poco que queda de la reacción.
Uno de los argumentos más fuerte y sólido de los enemigos en sus ataques, es justamente, que el Movimiento Tradicionalista está tan dividido en pequeños grupos con tantas y tantas opiniones teológicas diversas y tan alejados, en la práctica, de la caridad bien entendida, que se asemeja a las sectas protestantes, donde cada secta es una Iglesia.
Desgraciadamente y haciendo honor a la verdad... tienen razón.
Muchos tradicionalistas utilizan, para justificar su actitud sectaria, el siguiente pasaje evangélico: "Heriré al Pastor y se dispersarán las ovejas". Forzando el sentido de la frase, quieren hacer decir a Nuestro Señor: "Heriré al Pastor y se dividirán las ovejas", sentido absolutamente falso.
Es una interpretación puramente de conveniencia, adaptando la definición de las palabras a su antojo y no al verdadero sentido escriturístico ni al nominal; dejando pensar que la palabra "dispersar" tiene el mismo sentido que "dividir".
"Dispersar", según la Real Academia Española quiere decir: "Diseminar lo que está unido" y "dividir" quiere decir "Partir, separar en partes, desunir", en su sentido figurado es mucho más claro para nosotros el sentido de "dividir": "Desunir los ánimos, sembrar discordia".
Para cualquiera que se precie de ser católico, ver la situación actual del tradicionalismo debería ser realmente alarmante. Hemos llegado a un punto tal de divergencias graves y divisiones aun peores que tenemos todo el derecho de preguntarnos: ¿Es el "tradicionalismo"actual un movimiento católico? ¿Cuál de todos los pareceres e interpretaciones tan contradictorios que se nos presentan los diversos grupos debemos seguir para estar ciertos de mantenernos dentro de la Iglesia? ¿Debemos conformarnos con solo asistir a "Misa en latín"?
Para darnos cuenta un poco mejor de la necesidad de buscar la unidad perdida (que debe estar en alguno de esos grupos tradicionales), a pesar de las fallas humanas, tenemos que estar perfectamente concientes que la Unidad de la Iglesia Católica es un constitutivo de su esencia divina; no un principio humano sino divino. Es una nota que distingue a la Iglesia de Jesucristo de todas las falsas iglesias o sectas. La Iglesia, para ser la verdadera, debe ser UNA Y ÚNICA, fuera de la cual no hay salvación. Sin importarnos el número, sean pocos o muchos, debemos formar UN solo cuerpo y UNA sola alma.
Nos dice su Santidad León XIII en su Encíclica "Satis cognitum": "Ahora bien, si se mira lo que ha sido hecho, Jesucristo no concibió ni formó a la Iglesia de modo que comprendiera pluralidad de comunidades semejantes en su género, pero distintas, y no ligadas por aquellos vínculos que hicieran a la Iglesia indivisible y única, a la manera que profesamos en el símbolo de la Fe: Creo en una sola Iglesia... Es pues, la Iglesia de Cristo única y perpetua. Quienquiera de Ella se aparta, se aparta de la voluntad y prescripción de Cristo Señor y, dejado el camino de la salvación, se desvían hacia su ruina".
¿Acaso no nos encontramos hoy más que nunca ante esta situación que "Jesucristo no concibió para su Iglesia" como nos lo dice su Santidad? ¿No estamos frente a esa "pluralidad de comunidades semejantes en su género, pero distintas" (como son las sectas protestantes) viendo los tantos y tan diversos grupos tradicionalistas que gritan todos por separado "¡Somos católicos!" pero que no pueden hacer nada juntos.
Es contradictorio proclamarse "católico" (universal), sin el deseo de comulgar con los demás que "dicen" guardar los mismos principios y que "dicen" también ser católicos, pero que pertenecen a "grupos distintos". Canónicamente, esta actitud renuente de comunión entre los que "se dicen católicos", se llama CISMA. Dice el canon 1325: ...finalmente, si rehusa (el fiel que ha recibido el bautismo) someterse al Sumo Pontífice o se niega a comunicar con los miembros de la Iglesia que le están sometidos, es cismático". Por desgracia, en general, no es culpa de las ovejas, sino de la soberbia de los pastores. Pero, sigamos adelante.
Para entender más profundamente estos principios de uni(ci)dad y pertenencia a la Iglesia, vamos a profundizar un poco en otros conceptos que es necesario manejar para captar mejor el problema actual del tradicionalismo.
Comencemos por la definición de lo que es una "nota" de la Iglesia, luego, cuáles son las "notas" de la Iglesia y finalmente, qué es la "nota" de unidad y cómo debe ser.

1º.- "¿Qué es una "
nota"?
"Propiedades o criterios de legitimidad, son signos sensibles por medio de los cuales podemos distinguir la verdadera Iglesias de las falsas. Algunas son accidentales o contingentes, que se manifiestan extrínsecamente como podrían ser los milagros. Otras son esenciales o necesarias intrínsecamente y son las que llamamos "nota" por ejemplo las cualidades de la Iglesia que la hacen visible como tal.
Nota de la Iglesia, es entonces, la propiedad necesaria y visible por la cual la Iglesia de Cristo es reconocida como tal y distinguida de las falsas iglesias.
La nota de la Iglesia, por lo tanto, tienen las siguientes cualidades:
a) Una propiedad necesaria de la Iglesia para poder reconocerla como la verdadera.
b) Visible, por lo menos, mediata o indirectamente, de otra manera, no se distinguiría de las falsas.
c) Capaz de hacernos conocer la Iglesia en cuanto tal, en concreto, como la verdadera.
d) Fácilmente reconocible, pues una nota debe hacer conocer a la Iglesia a todos, pues, es necesario pertenecer a Ella". (Cfr. P. Salaverri S.I., "De Ecclesia Christi" T. III, L. 3, C. 3, A. 2 ed. BAC)

2º.- ¿Cuántas y cuáles son las notas de la Iglesia?
a) Citaremos la definición del Concilio Vaticano I con respecto a las notas de la Iglesia: "Ahora bien, para que pudiéramos cumplir el deber de abrazar la fe verdadera y perseverar constantemente en ella, instituyó Dios la Iglesia por medio de su Hijo unigénito y la proveyó de notas claras de su institución, a fin de que pudiera ser reconocida por todos como guardiana y maestra de la palabra revelada". (Denz. 1793).
b) Es de doctrina católica definida que la Iglesia está constituida por cuatro notas como rezamos en el Símbolo de la Fe y confirmada por el Papa Pío IX en el decreto de la Sede Apostólica contra los Anglicanos donde dice:
"La verdadera Iglesia de Jesucristo se constituye y reconoce por autoridad divina con la cuádruple nota que en el Símbolo afirmamos debe creerse; y cada una de estas notas, de tal modo está unidad con las otras, que no puede ser separada de ellas". (Dz. 1686).
c) Tomadas en conjunto, es doctrina cierta en teología, que estas notas muestran la verdadera Iglesia de Jesucristo y que la distinguen de las falsas iglesias.
d) Las cuatro notas esenciales de la Iglesia son: la unidad, la catolicidad, la apostolicidad y la santidad.
Estas notas tienen todos los elementos de la definición: son propiedades esenciales, son visibles, fácilmente reconocibles y más patentes para reconocer a la Iglesia como tal:
*Unidad: Social de hecho que se manifiesta en la misma profesión de Fe, en el mismo régimen de obediencia y en la práctica del mismo culto.
*Catolicidad: (universalidad) es la gran difusión numérica y geográfica de los fieles de la Iglesia por todo el mundo.
*Apostolicidad: continua sucesión Romana desde San Pedro y los Apóstoles.
*Santidad: moral, perfecta y heroica, que se manifiesta por la caridad en las obras, a la cual siempre está unida.
Dice el Concilio Vaticano I: "Si alguno negare que solo la Iglesia Romana, verdadera Iglesia de Cristo, es Una Santa, Católica y Apostólica, sea anatema" (Esquema "De Ecclesia" cn. 16)
Habiendo visto muy someramente la constitución esencial de la Iglesia de Jesucristo en sus cuatro notas fácilmente reconocibles, nos queda claro que si no poseemos una de ellas, no poseemos ninguna de hecho y no pertenecemos a la verdadera Iglesia.
No es, entonces, asunto de gustos o de impresiones personales, ni es tampoco cosa de poca importancia preguntarnos si realmente el tradicionalismo es en todas sus manifestaciones grupales una posición católica.
Es una pregunta fundamental para la salvación del alma y para el orden de la Iglesia (En lo que de nosotros depende) si lo que estamos profesando con las obras en la tradición sirve para salvarme y para salvar a otros.
En orden a esta cuestión sigue la exposición más precisa sobre la nota de la unidad de la Iglesia, que es general, el punto débil del tradicionalismo. Arreglando, con buenas disposiciones, con buena voluntad y con esfuerzos efectivos esta situación, todos los fieles católicos ayudaríamos al florecimiento y reconstrucción de la Iglesia en este tiempo de apostasía universal.

3º.- ¿Qué es la nota de Unidad? ¿Cómo debe ser la unidad de la verdadera Iglesia?
Veremos, primeramente, unas nociones generales sobre la unidad para luego aplicarlas a la Iglesia.
Nociones:
-La Unidad es la propiedad por la cual una cosa es indivisa en sí misma y divisa o distinguible de cualquier otra.
-La Unidad excluye, entonces, la posibilidad de que la cosa sea intrínsecamente dividida y no sufre ser separada en partes.
Trasladados estos principios a la Iglesia, podemos decir que:
-La Unidad de la Iglesia es la propiedad por la cual la verdadera Iglesia es indivisa en sí misma y perfectamente distinguible de las falsas.
- La Unidad de la Iglesia excluye, entonces la posibilidad de ser dividida y no sufre ser separada en partes.
Por eso, aquí sí podemos utilizar la frase del Evangelio y comprenderla con más claridad "Heriré al Pastor y se dispersarán las ovejas" (Faltando el Sumo Pontífice, la Iglesia se dispersa, pero NO se divide).
Ahora bien, la Unidad de la que hablamos se basa en la conspiración de los católicos hacía un fin común bajo una potestad suprema.
Veamos que nos dice el Papa Bonifacio VIII en su Bula "Unam Sanctam" sobre la unidad de la Iglesia: "Por apremio de la fe, estamos obligados a creer y mantener que hay Una sola y Santa Iglesia Católica y la misma Apostólica... y fuera de Ella no hay salvación ni perdón de los pecados... Ella representa un solo cuerpo místico, cuya cabeza es Cristo, y la cabeza de Cristo, Dios. En Ella hay un solo Señor, una sola Fe, un solo Bautismo... Esta es aquella Túnica del Señor, inconsútil que no fue rasgada, sino que se echó a suertes. La Iglesia, pues, que es una y única, tiene un solo cuerpo, una sola cabeza y no dos, como un monstruo, es decir, Cristo y el Vicario de Cristo, Pedro y su sucesor, puesto que dice el Señor: "Apacienta mis ovejas".
En la Iglesia, esta unidad debe ser triple: de fe, de régimen (o de gobierno) y de culto, esto es, unión de inteligencia, de voluntad y de obra, como lo enseña el Papa León XIII en la encíclica "Satis Cognitum": "Más el que fundó la Iglesia, la fundó también una, es decir, de tal naturaleza que cuantos habían de formar parte de ella habían de estar unidos entre sí por tan estrechísimos vínculos, que de todo formaran una sola nación, un sólo reino, un solo cuerpo... Más el necesario fundamento de tan grande y absoluta concordia entre los hombres es el acuerdo y unión de las inteligencias, de donde naturalmente se engendra la conspiración de las voluntades y la semejanza de las acciones".
Es imposible aplicar de hecho estas enseñanzas de León XIII al tradicionalismo actual. Quien no lo quiera ver es como el que "viendo no ve y oyendo no oye". Hay que ser muy necios para afirmar que el tradicionalismo tomado en su conjunto expresa la unidad de la Iglesia, y por lo tanto, es también de necios afirmar que todos los tradicionalistas son católicos. ¿Dónde está la sola nación, el solo reino, el solo cuerpo del que habla Su Santidad?
Sin embargo, en alguna parte debe de estar, pues es promesa de Jesucristo que estará con su Iglesia hasta el fin de los tiempos.
Para contestar este aparente dilema, sigamos estudiando más el punto de la Unidad:
I.- La Unidad de Fe, es el concurso de las inteligencias en la misma profesión de fe, bajo el supremo Magisterio de la Iglesia.
II.- La Unidad de régimen (o gobierno) es la conspiración de las voluntades hacía el mismo fin social bajo la suprema potestad de gobierno de la Iglesia.
III.- La Unidad de culto es la convergencia en la celebración del Sacrificio y en el uso de los Sacramentos y actos litúrgicos, bajo la suprema potestad de santificación de la Iglesia.
Esta triple Unidad social ha sido instituida por Nuestro Señor Jesucristo en el Primado de San Pedro y sus Sucesores.
Estos tres principios de unidad han sido atacados por los adversarios de la Iglesia en todos los tiempos, veamos un poco más en detalle:
I.- La Unidad de Fe, fue atacada por los herejes y apóstatas de la fe católica, quienes negándola con pertinacia fueron amputados del Cuerpo Mísitico. Por ejemplo, los protestantes y los calvinistas, los utraquistas, arrianos, pelagianos, etc.
Con respecto al tradicionalismo ¿tenemos unidad de Fe? Unos, por ejemplo, con respecto al Soberano Pontífice "opinan" que se le puede desobedecer por sistema, cuando enseña errores contra la Fe, suponiendo que un Papa puede errar contra la Fe y proferir herejías sin dejar de ser Papa, como es el caso de la Fraternidad de San Pío X. Este caso merece un estudio mucho más amplio que dejaremos para más adelante. De todas las "posiciones" tradicionales, es la peor y francamente no es católica. Dice Bonifacio VIII en la Bula "Unam Sanctam": "Ahora bien, someterse al Romano Pontífice, lo declaramos, lo decidimos, definimos y pronunciamos como de toda necesidad de salvación para toda la humana criatura". La posición de la Fraternidad San Pío X es insostenible.
Otros dejan a la Iglesia en un estado de desesperación, de inacción, de muerte, impropia de cualquier sociedad perfecta, cuánto más de la sociedad la más perfecta, como lo es el Cuerpo Místico de Cristo, como por ejemplo los Britones, que practicamente niegan aún al mismo Dios la posibilidad de dar un Papa a su Iglesia.
Otros como los que "opinan" que la Sede de Pedro está ocupada por una sucesión casi interminable de "Papas materialiter" (Papas materialmente Papas) dejando la solución de la falta de cabeza a merced de la conversión de una monstruosa secta herética como lo es el modernismo, es decir que la continuidad de la Iglesia como formal y materialmente Una, depende de la conversión de un hereje, en este caso el "Papa materialiter" que ni siquiera es miembro del Cuerpo Mísitico de Cristo. Teoría completamente nueva e innovadora.
Otros que en su deseo de arreglar la situación "opinan" que debemos darle a la Iglesia a como de lugar, su cabeza visible, es decir, un Papa, y nos encontramos entonces en la triste realidad que hay "elegidos" 17 "Papas" actualmente.
Otros que en definitiva no les importa el problema de la Fe, de la pertenencia a la Iglesia mientras no afecte su "dolce vita" (dulce vida, cómoda y apacible), de esos, como dice San Benito: "Más vale callar que hablar".
Ponemos la palabra "opinan" entre comillas, pues, en la práctica no son "opiniones", sino, en realidad convicciones tenaces mezcladas con mucha soberbia y espíritu de independencia.
Lo peor es que todas estas "opiniones" van apoyadas en la "Misa en latín".
II.- La Unidad de Gobierno, la atacaron, se opusieron a ella y la negaron todos aquellos que llamándose cristianos, propugnaron por la autonomia e independencia sectaria. Por ejemplo los orientales conocidos como las "iglesias autocéfalas" (cabezas propias), los Protestantes y todos los Anglicanos y actualmente los Modernistas y Racionalistas.
Vamos al tradicionalismo: ¿No aparecemos, acaso, como esas sectas protestantes o esas "iglesias autocéfalas" donde cada sacerdote es el "Papa" de su feligresía; dónde los Obispos no gobiernan, sino que son utilizados por los sacerdotes para la administración de ciertos Sacramentos; donde el Obispo no quiere y positivamente se niega a tener autoridad para no tener responsabilidades y tomar desiciones que en realidad le tocan en conciencia delante de Dios (como otros tantos Pilatos) ¿No estamos en el punto de esas comunidades eclesiásticas de base que tanto pregona el Modernismo y van tan en contra del sentir de la Iglesia, donde el valor de la Jerarquía está invertido?
Para qué seguirle, no acabaríamos más de enumerar "opiniones" y "posiciones" diferentes.
Otros, lo que es peor, se dejan gobernar y manejar por laicos poderosos e influyentes, rebajando así la dignidad de la Iglesia.
Lo peor es que todas estas "opiniones" van apoyadas en la "Misa en latín".
III.- La Unidad de culto, fue atacada, se opusieron a ella y la negaron los Protestantes, los Latitudinarios, los Racionalistas y los Modernistas. Al ser para ellos la fe algo puramente interno y fiducial (de confianza) no era necesario un culto único, siendo que en la unidad del Sacrificio y Sacramentos y ritos, se ve claramente el mismo obrar que caracteriza a la Iglesia de Cristo.
Vamos al Tradicionalismo: No podemos decir que tengamos unidad de culto, pues, cada grupo posee sus características propias. En cuanto al Sacrificio, por ejemplo, la Fraternidad San Pío X nombra a un hereje (Benedicto XVI) en el canon de la Misa como si la Iglesia fuera "Una cum" un hereje. Reconociendo los ritos de Juan XXIII, toman de ellos lo que les parece.
Algunos siguen los ritos de San Pío X, y aunque asintiendo que el último Papa fue Pío XII, escudriñan en su pontificasdo errores y fallas humanas que no tocan a la Fe para no aceptar sus reformas litúrgicas. El error de éstos es que se convierten en jueces de todos los Papas y que relativizan el Papado según sus afirmaciones personales.
Otros toman de S.S. Pío XII lo que les gusta, "total, no hay Papa" dicen ellos. Otros, lo que es peor, siguen en partes importantes de la liturgia los ritos de Juan XXIII, con sus reformas modernistas y ecuménicas que dieron el primer paso para la destrucción de la liturgia y con el pretexto de "acomodarse a la exigencia de los fieles" se "desacomodaron a las exigencias de Dios".
Pero lo peor es que todas estas "opiniones" van apoyadas en lo más sagrado que tiene la Iglesia: "La Misa en latín".

Este trabajo no es una crítica de nadie en especial, sino que todos, en lo que nos corresponde debemos darnos cuenta que nuestra actuación puede ser un "granito de arena" en la confusión actual. Por eso le pedimos a Dios encarecidamente y con instancia que no nos hagamos sordos a la "voz del Señor que nos llama", ni ciegos a la luz del Espíritu Santo, que desea en cuanto Amor Infinito la Unidad de los católicos, fruto de la fe informada por la caridad.
Todos vemos y aceptamos que esta falta de Unidad que pone en juego nuestra salvación eterna viene como consecuencia de no tener una cabeza visible única, de no tener un Papa. Dice el Dogma: "Ubi Petrus, ibi Eccclesia" (donde está Pedro, está la Iglesia); hoy podemos decir: "Donde está el deseo eficaz de tener a Pedro, ahí está la Iglesia". Hagamos todo lo que esté de nuestra parte para lograrlo, al menos busquemos la UNIDAD, de a poco, por el bien de las almas, muchas de las cuales han perdido la fe a causa de nuestras divisiones.
No decimos con esto que tenemos que recurrir a la solución desesperada de elegir un Papa forzando la realidad actual, pero tampoco nos quedemos en ese quietismo práctico que todo lo ve imposible a causa de nuestras miserias humanas y a causa de los enemigos que se infiltraron en nuestro seno. Empecemos a trabajar por la UNIDAD.
Es una disposición efectiva de buscar la UNIDAD donde está el verdadero católico. Es aquí y solo aquí donde se encuentra la verdad, en el deseo eficaz de recuperar la UNIDAD; no solamente en las palabras sino en obras. El trabajo apostólico hecho en la división "no recoge, sino desparrama".
Como decía Santa Teresita antes de morir: "Que Dios nos encuentre con las armas en las manos". Si es su voluntad santísima que nunca lo lograremos a causa de los pecados de la humanidad, que no quede en nuestras conciencias el no haberlo intentado. Dejemos de lado toda la soberbia que el demonio inspira en nosotros, todo particularismo sectario que divide y desune. No hagamos como los modernistas que para unirse con los herejes y cismáticos buscan los que los une, sin ver lo que los separa; no, nosotros vamos a ver lo que nos separar, para que, con humildad y caridad de parte de todos podamos llegar a un entendimiento católico para poner fin a la situación actual.
No importan las divergencias, antes de decidir podemos y debemos hablar; hablando se entiende la gente, cuánto más los católicos. Tratemos con la gracia de Dios de reunir a los "dispersos" y de unir a los "divididos", de recuperar la unidad perdida.
De nuestra parte, la Fundación San Vicente Ferrer con todos sus miembros, estamos dispuestos a dialogar de manera caritativa con quien quiera hacerlo. Muchos de entre nosotros no nos conocemos más que por referencias, muchas veces mal intencionadas para lograr justamente la división. Nosotros solamente queremos el bien de la Iglesia y ponemos a Dios y la Santísima Virgen por testigos de que es así. La situación actual es catastrófica, sin precedentes en la historia de la Iglesia, no aumentemos con nuestra soberbia el dolor de la Esposa Inmaculada de Jesucristo.
Una sola cosa no vamos a aceptar jamás, y es que se repita en nuestros tiempos la situación histórica que en otro tiempo se llamó "querella de las investiduras", donde ocurrieron toda clase de disensiones entre la Santa Sede y varios monarcas europeos en la Edad Media, los cuales, bajo pretexto de asuntos materiales, trataron de usurpar el poder espiritual de la Iglesia sobre sus fieles. No vamos a permitir jamás que ningún poder temporal se meta en los asuntos de la Iglesia, menos en la economía actual de las cosas. El problema religioso es gravísimo y le toca a la Iglesia, con la ayuda de Dios, el resolverlo.
Estamos seguros de que muchos de los que lean este trabajo, se van a burlar de nuestras intenciones, o simplemente no harán caso alguno, pero, que Dios juzgue a cada quien. Lo que sí queremos, es hacer nuestra una frase que el R.P. Castellani (r.i.p.) dirigióa aquellos que lo perseguían en una situación similar: "Con Ustedes, sin Ustedes o contra Ustedes, vamos a tratar de ayudar a la Iglesia. Y si fracasamos, salvaremos nuestra alma, que es en definitiva lo que importa".

LAUS DEO

MONS. JUAN JOSE SQUETINO SCHATTENHOFER

miércoles, 9 de junio de 2010

Teología de la Guerra

Job en sus tormentos, había profetizado el destino del dolor. La vida del hombre, decía, es guerra. Los grandes partos traen grandes alegrías porque sólo se engendran en el dolor algo que merece quererse.
En las costas cántabras, los hombres de los grandes siglos, habían aprendido la destinación del linaje humano. Los hombres decían, son para la guerra y el mar.
La filosofía de las naciones es la guerra. La guerra es necesaria como es necesaria y misteriosa la ley de la gravitación y la afinidad atractiva de las masas.
El proverbio antiguo, decía: "La paz es el ensueño de los sabios, pero la guerra es la historia del hombre". Y eso es lo que hemos aprendido en la historia. La vida tiene un precio que se cobra con sangre. Cada imperio y cada época histórica, han sido amasados por la sangre biológica de sus mártires cándidos o de sus héroes sacrificados a los intereses de unos pocos.
La filosofía del hombre es la guerra. Biológicamente es necesaria la guerra, como es necesario el bisturí y el parto de la mujer. Cuando un individuo lucha consigo mismo, es cuando más vale y más construye por dentro. El que lucha por no trasgredir la ley, cuando la puede violar, ese tal es, el justo por excelencia, el héroe, que todos en silencio veneramos.
Cuando se ama plenamente, cuando al hombre y a la mujer, ya no se les puede poner barreras, porque ya les ha sucedido el éxtasis, cuando se sale de sí y se llega al tú del amor, al otro, que nos espera y nos recibe, entonces se ha llegado a la guerra. ¿Hay un estado más perfecto y más vital que la guerra del amor? El enamorado batalla, como en una dulce cacería salvaje y siente que en la guerra, fuera de la monotonía y la quietud ordinaria, realiza su mayor experiencia de la vida. Es entonces cuando el amor ha logrado la gloria o ha hecho un mártir. Romeo y Julieta, son los exponentes del corazón humano incandescentes, llegados a la gloria de la guerra sentimental, fieles a la lucha de su ideal.
Siempre en la historia han ido juntos, la espada y el madrigal, la estrategia de cerco y la política del buen decir, de gaya ciencia de parlería. Siempre el soldado, ha derivado en Don Juan. En el amor, el sitio y la ronda o el cortejo, tiene una denominación caballeresca: El romance. Y es precisamente el romance, el resumen de una gesta, de un valor que sabe a polvos de caminos, a hierros de batalla, a penachos de ilusiones y a divisas de damas, que ponen un ensueño místico en el valiente para la conquista.
La teología de la guerra tiene una clara significación. La guerra es necesaria: el mundo la necesita como la necesita el individuo.
Cristo ha expuesto una ley universal, después del pecado; la lucha por la existencia, por el pan, por el amor, y por el parto de los hijos.
Cristo cuando llega a la tierra, explica la teología de su venida. "No he venido a traer la paz sino la guerra". Ha venido a separar al hijo de su padre, al marido de su esposa, al hombre de sus riquezas, a la gloria de su petulancia.
¿Se puede decir entonces, qué es Cristo, el Príncipe de la Paz? ¿Dónde está la paz cantada por los ángeles de Belén?
Jesús, no es un príncipe de opereta, ideal romántico de todas las mujeres, decoración de una corte perfumada. Cristo, es el León de Judá, que se lanzó con la miel de su dulzura y la fuerza de su brazo, a reñir todas las batallas morales de los rencores y de las conspiraciones egoísticas.
Tiene sangre azul de los reinos y sangre carismática de la divinidad. Y sin embargo su paz es paradójica. No es quietismo ni atrofiamiento voluntario de las glándulas lo que El pregona. Los príncipes conquistan la Paz mediante la guerra.
Hay que luchar ascéticamente para estar en paz con Dios y con nosotros mismos. La paz de la conciencia, supone la guerra ascética de las renuncias y de los adiestramientos, contra las pasiones.
¿Y aquella paz de los ángeles de Belén, solamente es para los hombres de buena voluntad? ¿Pero existen los hombres de buena voluntad? Nadie es bueno sino sólo Dios. Y los buenos al fin y al cabo, no son más que remedios de Dios. O vírgenes por la lucha de la continencia o revirginizados por la gracia y por el esfuerzo del levantarse. Todos, unos y otros, puestos al vivo por la violencia de los que quieren servirle y la gracia de la ayuda.
Los hombres necesitamos la guerra porque somos como los nogales que sólo damos nueces cuando nos dan palos.
¿Fue, alguna vez, el hombre tan grande como el medievo, que partía a la guerra, como una función biológica de su hombría, con el alma puesta en la aventura gozosa de poder morir en tierra de moros con logro supremo de una indulgencia plenaria por defender el Evangelio? Morían por ideas de teología y entonces la teología era la guerra de Dios... El Dios de la Paz, esa paz que se conquista con una corona de salmos penitenciales y una guirnalda de luchas agónicas, que es la muerte. Lejos el pensar que sólo la guerra ha de ser, una expansión comercial de las mercaderías almacenadas, una manera drástica de dar ocupación a los parados o a los superpoblados. Eso jamás.
¿Hay algo más cristiano que morir jubilosamente por una causa de Dios? Aquellos miles que cayeron por la causa de Dios, o de la Patria, unos en las checas, otros en las persecuciones, otros en los campos de trabajo forzado y otros, innumerables, en los campos de batalla, murieron casi todos ante la crueldad mas o menos justificada, con grito religioso en los labios, con un perdón a sus enemigos, o con el escapulario que la novia le dio al partir como prenda de destino sobrenatural. Todos estos, hacía tiempo, que habían tuteado a la muerte, y cuando somos amigos de la muerte ya estamos preparados, porque antes, clandestinamente nos hemos despedido de la vida, de la gloria y de las falsas ideologías de los placeres. Entonces, es cuando la fe, que no estaba muerta, clamó un grito de socorro al cielo, entonces es, , cuando se encuentra un capellán con una absolución o con un Padrenuestro, que te despega de las cosas. Y así, Dios, por medio de la guerra y del estruendo mortífero, te dispone con el miedo divino para despegarte de la tierra. Allá lejos, quedará la novia, la madre y los hermanos, pero saben ellos que rezan, que están ayudando en los hospitales a dar transfusiones de sangre, o están en los altares rezando la última Novena al santo del pueblo y a la Virgen Milagrosa. Y no hay nada por el momento de bailes ni de cabarets, porque la muerte y el dolor han dado urgencia, y seriedad a la vida. Entonces más que nunca se realizan aquellas palabras del poeta:
"Quisiera hacer de prisa las cosas que no he hecho,
quisiera amar de prisa las cosas que no amé".

Y todos estos, los héroes, los mártires, los desconocidos y los traidores, no morirán en silencio, en la prosaica postura de paz, complicados con negocios sucios, manchados con ambiciones secretas, enredados con amores culpables, maquinando en las tinieblas del hampa. Porque Dios los salva en el horror y en el dolor.
Un día el rey David pecó. Dios le mandó a decir que por su pecado escogería, o la guerra o la peste. David creyó escoger el mal menor. Escogió la peste y murieron setenta mil por solo un pecado.
La realidad es, que cada uno es un pecador oculto. Y cada pecado tiene una sentencia punitiva aquí o en la otra vida. ¿Extraña entonces, que se nos malogren nuestras ilusiones, que nuestros negocios no sean espectaculares, que nuestros hijos sean rebeldes sin causa, que las enfermedades, los accidentes y las catástrofes individuales nos asedien cotidianamente?. La medida de nuestras derrotas, está en la secreta claudicación al pecado. Cuando se pierde a Dios, es justo que se pierdan todas las cosas y se malogren todos los ideales de la tierra. Precisamente por eso todos los ideales de la tierra. Precisamente por eso todas las cosas que amamos, de espaldas a Dios, tienen lágrimas.
Empiezan a llegar los días en que se cumplirán las palabras del salmo: "Todos los pecadores serán expurgados de la tierra". O se convierten por la Gran Purificación o son exterminados en ella.
Las ciudades y las naciones han entrado todas en el juicio de Dios. Todos son asesinas delante de Dios. El modernismo y la superestructura económica, nos han paganizado. "Esta generación es peor que la del Diluvio" ha dicho Cristo en el mensaje de Heede, Alemania. Por lo tanto, todas serán purificadas con catástrofes, con guerras, con sediciones y revueltas, con iluminismos políticos cada vez más libertarios y sediciosos.
Contemplando la fisonomía de las naciones y los continentes, Europa como Asia, ha sido desolada con guerras seculares.
Esta América nuestra, modernista y tropicalmente pagana, dominada por la secreta pasión de la piel y por el becerro moderno del dolar, tiene que tener una gran cuenta abierta ante la justicia de Dios.
América es joven, como un efebo invertido de decadencia neoclásica. Tendrá que ser purificada a fuego y a cuchillo atómico, para dejar paso al Reino de Dios, a la hegemonía de la gracia y al libre impulso del Espíritu Santo.
Antes que el reino de Dios llegue plenamente a algún alma, esta es totalmente purificada. La desolación, la enfermedad y la locura mística de la cruz, han sido siempre el pórtico doloroso de los santos y los místicos. En los individuos como en las naciones, se realiza siempre aquel terrible principio: "Por la Cruz a la Luz".
Y da pena pensar, que América, es como una necrópolis satánica, llena de rascacielos simbólicos. Maquinan en ella, los comandos sibilinos del judaísmo. Los judas masónicos acechan con sus bolsas de dólares por las esquinas dando paternidad a la Banca y a la Prensa. El hampa, ha creado el tipo de terror del gángster. Hollywood ha montado un sueño maravillosos de divorcios y homosexualismo. El comercio de blancas, ha puesto una piel de mujer en cada ojo de varón y el mecanismo precioso ha llevado al placer y al pecado en un Cadillac a los grandes aristócratas del presente.
Cuando llegue pues la hora de Dios sobre esta América seca como la higuera maldita del Evangelio, será mandada al fuego para su tormento o para su purificación. Al menos si no sirve como madera de santos... servirá como carbón para ciertos calentamientos posteriores... Y sabido es, que los crisoles de los grandes metales, necesitan una muy alta ebullición calórica para separa la escoria del metal legítimo...
La teología de la guerra, nos la explica Jesucristo mismo, en el diálogo de campaña ascética de una religiosa italiana: Sor Consolata Bretone, de Turín. La monja le pedía cuentas amorosamente a Dios, a raíz de los bombardeos aéreos y de las carestías creadas por la situación internacional de la contienda.
-Mira Consolata- le dice Cristo, si hoy concediese la paz al mundo volvería al fango y no sería suficiente la prueba soportada.
-¡Pero Jesús, toda esta juventud que va al matadero!
-¡Oh! ¿No es mejor dos, tres años acerbos, intensos, inauditos sufrimientos y después una eternidad de gozos, que una vida entera de disoluciones y después la eterna condenación? Escoge...
Y todo el mundo sabe que la abundancia pervierte el corazón humano y las estrecheces nos llevan a implorar a Dios.
Por eso le repetía Cristo:
"SALVO A LOS SOLDADOS EN LA GUERRA Y AL MUNDO CON LA MISERIA Y EL HAMBRE".
Una guerra o una peste mandada del cielo a tiempo, hacen más conversiones, que cien predicadores famosos en un siglo.

sábado, 5 de junio de 2010

La Autoridad es necesaria


(Extracto del folleto "El drama de la Heterodoxia entre los Tradicionalistas" de Mons. Urbina)

No siempre es posible establecer, de común acuerdo, lo que los particulares deben de hacer en la Iglesia para su extensión, para su conservación, para su santificación, y sobre todo para la defensa de la Institución fundada por Cristo. Estos fines, además, muy frecuentemente se pueden conseguir de muy diversos modos y no es fácil llegar solamente por la discusión o por la reflexión a ver cuál es el mejor camino de todos ellos. Además, todo hombre es impulsado por su naturaleza egoísta o por su soberbia a colocarse en el centro del Universo pretendiendo que las cosas se hagan como a él le parece, o se hagan evitando lo que no le parece y haciendo lo que para él va a ser provechoso sin preocuparse en querer lo que va a ser de provecho para los demás. Muchas veces estos individuos exigen de los demás lo que no están dispuestos a hacer y piden cuando ellos mismos no están dispuestos a hacer y piden cuando ellos mismos no están dispuestos a dar.
Por eso, es necesario un poder capaz de imponerse sobre todos. La autoridad, entonces, es esencial para la unión. Y es elemental, y todo mundo lo acepta, que uno de los deberes de cualquier sociedad, es tener una autoridad eficiente y PROCURAR QUE EXISTA SIEMPRE.
¿Qué clase de sociedad es aquella que cuando falta el director o el presidente o el dirigente, se divide en pequeños grupos que son dirigidos por pequeños líderes a quienes siguen grupos reducidos y todos al mismo tiempo se dicen ser la verdadera sociedad original?. Esto es verdaderamente ridículo y causa risa. Por eso el Papa León XIII decía en su Encíclica INMORTALE DEI: "Puesto que no hay sociedad que se mantenga en pie si no hay quien esté por encima de los demás, moviendo a todos con eficacia y unidad de medios hacia un fin común, se sigue que a la convivencia civil, es indispensable la autoridad". Si esto decía de la sociedad civil, ¿no habría que aplicarlo con más fuerza a la Iglesia de la que depende la salvación de las almas?.
En su Encíclica DIUTURNUM ILLUD escribe: "En toda comunidad o reunión de hombres, la necesidad obliga a que exista algunos que manden, para que la sociedad, SIN PRINCIPIO O CABEZA QUE LA RIJA, NO SE DISUELVA O SE VEA PRIVADA DE CONSEGUIR EL FIN PARA EL CUAL NACIÓ Y FUE CONSTITUIDA".
Me causa mucho asombro leer en el artículo que comento (del sacerdote sedevacantista poco ortodoxo) que en la Iglesia se necesitan sacerdotes con espíritu de sacrificio, entusiasmo, buena voluntad, formación, vida interior intensa, formación intelectual y teológica. ¡Pero en ningún momento dice que se necesita LA UNIDAD. QUE SE NECESITA UN JEFE QUE DIRIJA TODOS LOS TRABAJOS DE LA IGLESIA!. ¡Qué mal está esto y que idea tan obtusa!. Los que partieron a luchar en la Primera Cruzada, nunca quisieron aceptar un solo jefe, porque decían que las langostas no tienen un jefe y todas van al mismo lugar. Y el resultado de esa cruzada fue el más dramático fracaso y espantosas masacres de cristianos. ¿Será que esta batalla se ha de ganar con un montón de francotiradores?. Nunca la Iglesia y la civilización cristiana han estado sujetas a combates desde muchísimos frentes desconocidos antes que amenazan ruina inminente. Y los cristianos continúan con una terquedad inexplicable guerreando entre ellos mismos, condenándose unos a otros o declarándose todos ser la verdadera Iglesia. Cuando un ejército se divide en facciones porque el general ha muerto, y todos se declaran ser el verdadero ejército, ante un enemigo poderoso que avanza contra ellos, ¿cuál se piensa que va ha ser el resultado?, hasta un imbécil puede predecir el resultado. Los tradicionalistas no. Ellos se sienten cada uno "afianzados" en Dios, pero desafortunadamente ya vimos que esto es también mentira.
Santo Tomás de Aquino en DE REGIMI PRINCIPUM enseña que: "En todas las cosas en las cuales alguien es ordenado a un fin, o en las que obra de un modo o de otro, es necesario que exista un dirigente por el cual se llegue directamente al fin debido". Es obvio que la necesidad de un Papa para la Iglesia constantemente gobernándola, es necesidad mayor que la de un gobierno temporal. Y este es un severísimo precepto de Jesucristo. Resulta asombroso también que quienes quieren estar "afianzados" en Dios, se burlan descaradamente de Sus preceptos y olvidan Sus doctrinas. Se olvidan que Él dijo que todo reino dividido contra sí mismo será destruido. Se olvidan que se ha enseñado que donde no está Pedro, no está la Iglesia y por el contrario, donde está Pedro, allí está la Iglesia. Pero desvergonzadamente se declaran ser "los verdaderos cristianos". Se olvidan que en Proverbios leemos: "Donde no hay gobierno, el pueblo va a la ruina" (Cap. XI, 14).
Por todo esto es clarísimo, que esos minigrupos son gobernados por líderes gritones que es el límite máximo de la autoridad a obedecer. Que se me diga si no es cierto que así todos ellos han levantado otra cátedra contra la que rechazaron, esto es, Pedro, aunque no quieran establecer otra en competencia con Pedro, y que es muy claro que se manejan públicamente libres de esa autoridad. ¿Cuál es la conclusión?, pues que todos ellos son cismáticos. Y esto es así, aunque ellos quieran abonar a su causa y razones todos los argumentos que se les pueda ocurrir. PORQUE LA VERDAD, ES LO QUE ES.

¿POR QUÉ MOTIVO NO SE MENCIONA PARA NADA LA UNIDAD Y LA ELECCIÓN DEL PAPA? En el Credo llamado de San Cirilo de Jerusalén, leemos: "... y en una sola Santa Iglesia Católica". Igualmente, en el Símbolo llamado de San Epifanio (forma larga) leemos: "Creo en una sola Iglesia Católica y Apostólica". En los demás "Credos" o símbolos no se dice en "una sola", pero siempre se expresa la doctrina en singular: "Creo en la Santa Iglesia". No se dice en las santas iglesias. La Unidad de la Iglesia es una doctrina que parte del Cenáculo. Jesucristo dijo: "Que sean uno...". El preceptuó la unidad. Porque la unidad es el carácter de la verdad. No hay verdad cuando existe la división. El que varía, miente. Muchos pastores protestantes han reconocido que su esterilidad para convertir a las naciones como lo hizo la Iglesia Católica, era la división de las sectas. Sin unidad, hasta humanamente, no se puede vencer al enemigo. "Todo reino dividido contra sí mismo, será destruido". Esto es incuestionable. En el artículo que comentamos, no se menciona ni una sola vez la necesidad de la unidad y la elección de un jefe, es decir el Papa, para que dirija la lucha. La unidad de los obispos no se debe a arreglos personales, acuerdos, o intereses comunes. La unidad del Colegio Apostólico ES JURÍDICA. Si hay 6 o 10 o 20 obispos que quieren ser no solamente válidos, sino verdaderamente sucesores de los Apóstoles, debe estar sentado UNO entre ellos, que sea el primero, la cabeza, o sea el Papa. El primer Colegio Apostólico fundado por Cristo solamente tuvo 12 miembros y uno era Pedro. Contaba solamente de once obispos y el Papa. La doctrina de la unidad es BÁSICA Y ESENCIAL en la verdadera Iglesia de Cristo. La unidad es por eso, una de las cuatro NOTAS que distinguen a la verdadera Iglesia. La doctrina de la unidad bajo Pedro es una de las doctrinas más enseñadas por los Papas, por los Santos y por los Doctores de la Iglesia. Entonces, a mi me parece que silenciar esta necesidad en el artículo comentado, es una cosa AFECTADA. No se justifica que se hable de una crisis sin precedente, de la apostasía de la sociedad, de la división de los grupos llamados tradicionalistas, de la necesidad de una sólida formación, pero se oculta completamente la necesidad de la unidad. ¿No es esto asombroso?, pues para mí no. Se me hace sumamente difícil pensar que todos estos sacerdotes egresados del seminario tan bien conformado ignoren, la enseñanza de lo que es esencial y vital para la Iglesia. Es decir, la unidad. ¿Cómo se ocultaría esta doctrina que despierta inquietudes? Solamente hay dos posibilidades: o estas gentes se han llegado a creer la "verdadera" Iglesia de Cristo, o , no se puede mencionar ni por asomo la unidad o la elección de Pedro para no ser señalado por los dirigentes que tienen intenciones inconfesables. Es una verdad incontestable que quienes han hablado de la unidad, o peor, de la elección del Papa, han sido tratados como locos, como apresurados, como soberbios. Cuando se ha perpetrado un Cónclave con verdadero espíritu católico y con el único fin de acabar con la acefalía, han surgido por todas partes quienes dijeron que lo que se buscaba era el puesto de Papa o los controles de la Iglesia. No mencionó ese Cónclave, porque no tiene caso. Desgraciadamente, la doctrina de la unidad y sobre todo la doctrina de la necesidad de un Papa, se ha convertido para esos defensores de la Fe en la doctrina impronunciable. El que la menciona, queda mal con los demás. Demerita su personalidad y lo comienzan a ver feo. Es apartado. Y si insiste, tendrá que caminar al desierto, a la soledad, al hambre, al desprecio, al ridículo. Para mí, el artículo de marras, escribe dentro de una tónica entreguista acorde con las mentes y los ojos observadores de quienes están manipulando a esos defensores de la Fe y de quienes dependen para comer y para sentirse seguros en esta "heroica lucha". Heroica sería si para seguir sus convicciones religiosas, dijeran la verdad de Dios y marcharan al desierto, a la soledad, a la incomprensión, a la condena, al ridículo, al desprecio y al hambre. Sólo así tendrían un premio en el Reino de Cristo. Porque Cristo mismo dijo que no hay tener miedo al hablar. Que no hay que temer a quienes solamente pueden matar el cuerpo, pero no el alma.
¿Se puede confiar en sacerdotes que han sido deformados y que ya no profesan ni lo esencial de la doctrina católica?. El pueblo sencillo en muchas cosas de la Fe no ve. Son ciegos. ¿Se puede encomendar la dirección a otro ciego?. Cuando el pueblo, aun ignorante, pregunta el motivo de la falta de unidad y la falta de Papa que aprenden en la doctrina elemental, ¿se les deforma y se les retuerce el alma?, ¿esto es lo que se hace?. ¿Se les enseña la doctrina herética de "nosotros solos", los únicos favorecidos, los únicos iluminados?.

viernes, 4 de junio de 2010

¿QUÉ OTRO "PAPA" LE DA NOMBRE A UNA LOGIA MASÓNICA?

Luego no preguntéis por qué decimos que "Juan XXIII" era francmasón

De Coetus Fidelium via Caballero de la Inmaculada

¿Alguien sabe de la Logia San Pío X, o de Pío XII, o de cualquier otro papa?


Pésame dado por la Gran Logia Occidental Mexicana por la muerte de "Juan XXIII"

miércoles, 2 de junio de 2010

Revelaciones


REVELACIÓN DE SAN VICENTE FERRER (1350-1419)
"Vendrá un tiempo que ninguno lo habrá visto hasta entonces . . . Se producirá un estruendo tan grande, de modo que ni fue ni se espera otro mayor, sino el que se experimente en el juicio. Llorará la iglesia . . . Ahora está lejos; pero la tristeza se convertirá en gozo. El rey de reyes y el señor de los señores todo lo purificará y regenerará. La Francia con su orgullo será del todo abatida; los días no distarán; están ya a las puertas. Veréis una señal y no la conoceréis; pero advertid que en aquel tiempo las mujeres vestirán como hombres y se portarán según sus gustos y licenciosamente y los hombres vestirán de mujeres". "En los días de paz que han de venir luego de la desolación de revoluciones y guerras, antes del fin del mundo, los Cristianos se volverán muy tibios en su religión y rehusarán recibir el Sacramento de la Confirmación, diciendo «es un Sacramento innecesario»".

REVELACIÓN A MARÍA DE AGREDA
"Me fue revelado que a través de la intercesión de la madre de Dios todas las herejías desaparecerán. La victoria sobre las herejías ha sido reservada por Cristo para su Santísima Madre. En los últimos tiempos, el señor quiere extender de una manera especial el renombre de su Madre. María empezó la salvación, y por su intercesión se completará. Antes de la segunda venida de Cristo, María, más que nunca, debe brillar en misericordia, poderío, y gracia para traer a los incrédulos a la fe católica. El poder de María en los últimos tiempos será muy eminente. Un inusual castigo a la raza humana tendrá lugar hacia el fin de los tiempos."

REVELACIÓN DE SAN NILO (SIGLO V)
«Después del 1900, hacia mediados del siglo 20, las personas de ese tiempo se volverán irreconocibles. Cuando el tiempo del advenimiento del Anticristo se acerca, las mentes de las personas crecerán en confusión por las pasiones carnales, y el deshonor y la injusticia se volverán más fuertes. Entonces el mundo será irreconocible. La apariencia de las personas cambiará, y será imposible distinguir a los hombres de las mujeres debido a su inmodestia en el vestido y estilo de pelo. Estas personas serán crueles y serán como los animales salvajes debido a las tentaciones del Anticristo. No habrá respeto por padres ni superiores, el amor desaparecerá, y los pastores cristianos, obispos, y sacerdotes se volverán hombres vanos, fallando completamente en distinguir el camino recto del errado. En ese momento, las morales y tradiciones de los Cristianos y de la Iglesia cambiarán. Las personas abandonarán la modestia, y la dispersión reinará. La falsedad y la codicia alcanzarán grandes proporciones, y desgracias vendrán a aquéllos que amontonen tesoros. Lujuria, adulterio, homosexualidad, hechos secretos y asesinatos gobernarán en la sociedad. En ese momento del futuro, debido al poder de tan grandes crímenes y libertinaje, se privarán las personas de la gracia del Espíritu Santo que recibieron en el Santo Bautismo e igualmente el remordimiento.
Las Iglesias de Dios serán privadas del temor de Dios y de pastores piadosos, y desgracia vendrá a los cristianos que permanezcan en el mundo en ese momento; ellos perderán su fe completamente porque les faltará la oportunidad de ver la luz del conocimiento en ninguna persona. Entonces se separarán del mundo e irán a santos refugios buscando aliviar sus sufrimientos espirituales, pero por todas partes encontrarán obstáculos y constreñimiento. Y todo esto resultará del hecho de que el Anticristo quiere ser Señor de todo y convertirse en gobernante del universo entero. Producirá milagros y señales fantásticas. Dará también sabiduría depravada a un infeliz para que descubra una manera de que el hombre pueda mantener una conversación con alguien de un extremo de la tierra al otro. En aquel tiempo, los hombres también volarán a través del aire como los pájaros y descenderán al fondo del mar como los peces. Y cuando hayan logrado todo eso, estas personas infelices gastarán sus vidas en medio del confort sin saber, pobres almas, que esto es un engaño del Anticristo. ¡Y, el impío! así completará la ciencia con la vanidad que se saldrá del camino correcto y guiará a las personas a perder la fe en la existencia de Dios en tres hipóstasis.
Entonces el bondadoso Dios verá la caída de la raza humana y acortará los días por causa de esos pocos que serán salvados, porque el enemigo quiere incluso llevar al escogido a la tentación, si eso es posible... entonces la espada del castigo aparecerá de repente y matará a los pervertidores y a sus sirvientes.»

REVELACIÓN DE TERESA NEUMANN (1898-1942)
"Está próximo a caer sobre el mundo un castigo terrible, que excederá a cuanto haya acontecido en la historia de la humanidad, y que el mismo Señor Jesucristo lo calificó como un juicio final en miniatura" (1952).

R.P. Ricardo Rasines Uriarte


martes, 1 de junio de 2010

La homosexualidad y los pecados en contra de la naturaleza

La homosexualidad y los pecados en contra de la naturaleza que la acompañan no son cuestiones nuevas para la juventud de nuestros días. Desafortunadamente este tipo de males sociales han existido por miles de años.

Las Sagradas Escrituras describen la destrucción de Sodoma y Gomorra de tal forma que ninguna persona en su pleno juicio puede dudar que Dios Nuestro Señor se encontraba molesto con los habitantes de estas dos ciudades: "Hizo el Señor llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego, desde el cielo. Destruyó estas ciudades y cuantos hombres había en ella y hasta las plantas de la tierra".

Destruir estas dos ciudades y sus alrededores de tal manera nos demuestra claramente que Dios no quería que permaneciera de pie nada de esos lugares. Aun las mismas plantas y vida vegetal fueron destruidas. ¿Por qué tal destrucción? .

Los efectos del pecado son mucho más trascendentales de lo que mucha gente puede imaginar. En el mundo actual ciego, pero políticamente correcto, el pecado es cosa de burla. La gravedad del pecado de homosexualidad, ha sido completamente encubierta bajo el titulo de tolerancia, falsa caridad y libertad sexual. Ser misericordioso ante un pecador arrepentido es una cosa, pero permitir que esta degradación moral exista en unión de la virtud como si fueran ambas una sola cosa, es una cuestión muy diferente.

Quien sea el que lea estas líneas debe saber que la homosexualidad es gravemente pecaminosa. No existe la menor duda de ello en la mente de la Iglesia Católica independientemente de lo que enseñen los modernistas de nuestros días. Debemos preguntarnos que actitud tomaron las autoridades eclesiásticas y civiles, en el pasado, respecto a estas desviaciones y como la enfrentaban.

Aun aquellos que no han sido embrutecidos por las falsas ideas de la sociedad actual se sorprenderán de la severidad tan objetiva que la Iglesia y el Estado tomaron sobre estos temas.

Las Sagradas Escrituras son claras respecto a los pecados de Sodomía. "Si uno se acuesta con otro como se hace con mujer, ambos hacen cosa abominable y serán castigados con la muerte; caiga sobre ellos su sangre" (Levítico 20-13). "No llevará la mujer vestidos de hombre, ni el hombre vestidos de mujer, porque el que tal hace s abominación ante Dios." (Deuteronomio 22-5). "No os engañéis: Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los sodomitas, poseerán el reino de Dios". (1 Corintios 6; 9-10).

Las declaraciones del Magisterio de la Iglesia no son menos estrictas a este respecto. La primera declaración en un concilio de la Iglesia en relación a las prácticas homosexuales fue publicada en el Concilio de Elvira en los años 305 al 306. El decreto excluye de recibir la comunión, aún en peligro de muerte, a los corruptores de menores.

La recopilación mas completa de normas en contra de las practicas homosexuales se encuentran en los cánones aprobados en el Concilio de Naplouse, reunido el 23 de enero de 1120, bajo la dirección de Garmund, patriarca de Jerusalén y de Baldwin, rey de la misma ciudad. En esa ocasión fue predicado un sermón sobre las atrocidades que habían recaído sobre el Reino de Jerusalén; terremotos, plagas, y ataques de los Sarracenos (Musulmanes). Todos estos males fueron juzgados como castigo del Cielo por los pecados de la gente. Consecuentemente el Concilio publicó veinticinco cánones encontra de los pecados de la carne, cuatro de estos trataban directamente sobre las prácticas homosexuales. Muerte en la hoguera les fue dictada a quienes fueran encontrados culpables de tales prácticas.

El tercer concilio de Letrán (1179) establece que: "cualquiera que sea encontrado en la práctica de algún pecado en contra de la naturaleza, por el cual la ira de Dios fue desatada sobre los hijos de la desobediencia, si es clérigo, que se a depuesto de su dignidad y se le mantenga recluido en un monasterio para que haga penitencia; si es laico, que sea excomulgado y que se le mantenga alejado de la comunión de los fieles".

Tal era la consternación que acompañaba al pecado encontra de la naturaleza, que para el siglo doce, perdonar el pecado de sodomía fue reservado para que solo el Soberano Pontífice lo pudiera perdonar y en algunos casos, fuera perdonado, por el Obispo.

Con el Renacimiento este vicio resurgió nuevamente por todos lados; y fue el Papa San Pío V quien además de verlo como un problema gravísimo, se propuso eliminarlo, así nos lo narra el historiador von Pastor: "En el primer año de su pontificado, el Papa tuvo dos preocupaciones preponderantes: Celo por la Santa Inquisición y la lucha en contra de 'este horrendo pecado por el cual la Justicia de Dios hizo que las ciudades contaminadas por este mal fueran consumidas por el fuego.' El primero de abril de 1566 ordenó que los sodomitas fueran entregados a las autoridades civiles… los diversos encarcelamientos de sodomitas… impresionó tanto a Roma entera y llenó de temor especialmente a las familias acomodadas, ya que era sabido por todos que el Papa quería que sus leyes fueran aplicadas por parejo, aun en contra de los poderosos de su tiempo. De hecho, los castigos por vicios en contra de la naturaleza fueron aplicados durante todo el pontificado de San Pió V y un documento anterior a esto declaraba que si algún clérigo era encontrado culpable de este crimen, fuera despojado de todas sus posesiones, dignidades y sueldo y que después de la degradación fuera entregado a las autoridades civiles".

Varios Padres de la Iglesia han escrito a este respecto y categóricamente condenan este vicio y aquellos que toman parte en el. Los comentarios de San Agustín son particularmente interesantes: "Pecados en contra de la naturaleza, por lo tanto, como el pecado de sodomía son abominables y merecen castigo cuando y en donde sean cometidos. Si toda la nación los comete, la nación entera será culpable de los mismos cargos de la Ley de Dios, porque nuestro creador jamás prescribió que pudiéramos usarnos los unos a los otros de esta manera. De hecho, la relación que debemos tener con Dios es violada cuando nuestra naturaleza, de la cual El es el autor, es profanada por una lujuria pervertida".

San Buenaventura, mientras trataba, en un sermón dictado en la iglesia de Santa Maria de los Ángeles (Porciúncula), sobre los milagros que tuvieron lugar simultáneamente al nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo, narra de la siguiente manera: "Prodigio séptimo, "Todos los sodomitas tanto hombres como mujeres murieron sobre toda la faz de la tierra, como explica san Jerónimo en su comentario sobre el Salmo 'Nació la luz para el justo' lo cual nos aclara que Cristo nació para reformar la naturaleza y promover la castidad".

San Bernardino de Siena Escribió: "Ningún pecado tiene tanto poder sobre el alma como el pecado maldito de sodomía, el cual siempre es detestado por aquellos que viven de acuerdo a la voluntad de Dios… tales pasiones por hacer lo indebido se acercan mucho a los limites de la locura. Este vicio daña al intelecto, rompe con el elevado y generoso estado del alma, arrastra los pensamientos sublimes a pensamientos mezquinos, sin importancia, hace al hombre irascible y pusilánime, obstinado y duro de corazón, servilmente blando e incapaz de cualquier cosa. Consecuentemente, la voluntad, estando agitada por el insaciable deseo sensual, ya no sigue a la razón sino a la violencia. … quienes practiquen los vicios de sodomía sufrirán mayormente en el Infierno, porque este es el peor de los pecados que existen".

Santa Catalina de Siena se basa en las palabras de Nuestro Señor Jesucristo sobre el vicio en contra de la naturaleza, que contaminaron parte de los clérigos de su tiempo. Refiriéndose a los sagrados ministerios dice: "Ellos no solo fracasaron al resistir esta fragilidad (naturaleza caída) sino que hacen peor al cometer estos pecados. Como el ciego y el estúpido que habiendo oscurecido la luz de su entendimiento, no reconocen la contaminación y miseria en la que se encuentran. Porque esto no solo me causa nauseas sino que a los mismos demonios repulsa, a quienes estas criaturas miserables han escogido como su Señor. Para mi estos pecados en contra de la naturaleza son tan abominables, que por este solo hecho, cinco ciudades fueron sumergidas, por virtud del juicio de Mi Justicia Divina, la cual ya no pueden poseer… este pecado es tan desagradable a los mismos demonios no porque los demonio lo rechacen y encuentran placer en el bien, sino porque su naturaleza es angelical y consecuentemente es repulsivo ver cometer tales pecados. Es verdad que es el demonio quien atraviesa al pecador con las flechas envenenadas de lujuria, pero cuando el hombre continua con tales actos pecaminosos, los demonios se alejan".

Finalmente, para los que pudieran preguntarse como trataban estos crímenes tan despreciables, las autoridades civiles, debemos empezar por leer las vidas del Emperador Constancio, Valentín II, Teodocio y Justiniano. Todos estos hombres ordenaron la pena de muerte, durante sus respectivos reinados. Lo mismo podemos decir de varias naciones e imperios de los siglos 16 y 17 en Europa. Carlos V (Santo Emperador Romano) y Maria Teresa (Imperio Austriaco, Hapsburg) fueron de entre los más destacados individuos que vieron apropiado destruir este cáncer mortal por el bien de la sociedad.

Mientras que el clima caprichoso y afeminado de la sociedad de nuestros días continúa doblegándose servilmente ante esta perversidad, acumula más y más carbón encendido del fuego eterno sobre si misma. La generación presente no será diferente a las generaciones pasadas a las que Dios juzgó pertinente castigar por este vicio, ya sea de manera directa como en Sodoma y Gomorra o por medio de las autoridades civiles. Toda vez que la Iglesia y el Estado están básicamente callados, haciendo poco o nada, pareciera que Dios se 'enfadará' de esta abominación perfidiosa e intervendrá. Si destruyó cinco ciudades por culpa de este solo pecado, que creen que le pasará a una nación o mundo entero que ha literalmente perdido el camino de salvación?.

Las leyes contra 'crímenes de, no tolerancia' que están rápidamente siendo ejercidas, son una manifestación evidente de lo que en realidad se ha convertido la sociedad actual. Cuando los pecados, vicios y perversiones son protegidos por la ley, y las multitudes están condicionadas a, por temor o cualquier otra razón, no decir nada o seguir a la mayoría, no existen muchas opciones disponibles.

Dios es paciente, pero por cuanto tiempo mas…

El Divorcio

La Iglesia Católica prohibe el divorcio simplemente porque Jesucristo lo prohibió. He aquí como se expresa el Concilio de Trento en este punto: "Sí alguno dijere que el vínculo matrimonial puede ser disuelto por la herejía, o porque la cohabitación es molesta, o por la ausencia afectada de uno de los cónyuges, sea anatema" (Sesión XXIV, canon 5). La doctrina de Jesucristo sobre la indisolubilidad del matrimonio cristiano no puede ser más clara. A los fariseos que le preguntaron sobre la legalidad del divorcio, les respondió: "¿No habéis leído que Aquel que al principio crió el linaje humano, crió un solo hombre y una sola mujer? Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, para unirse con su mujer, y serán dos en una sola carne. Así que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios, pues, ha unido, no lo desuna el hombre". Y como los fariseos le objetasen que Moisés había permitido el divorcio, respondió el Señor: "A causa de la dureza de vuestro corazón, os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres; mas desde el principio no fue así". (San Mateo XIX, 4-8).
Esta doctrina puede verse repetida en los Evangelios de san Marcos y San Lucas. Jesucristo dice que los esposos que se casan de nuevo después de divorciados cometen adulterio; y que el que se case con la mujer repudiada, también comete adulterio. "Cualquiera que desechare a su mujer y tomare otra, comete adulterio contra ella. Y si la mujer se aparta de su marido y se casa con otro, es adúltera" (San Marcos X, 11-12). "Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio; y comételo también el que se casa con la repudiada por su marido" (San Lucas XVI, 18). San Pablo compara el matrimonio cristiano a la unión indisoluble que existe entre Cristo y su Iglesia (Efesios V, 24), y afirma categóricamente que el vínculo matrimonial no se disuelve más que con la muerte. "Así es que una mujer casada está ligada por la ley (del matrimonio) al marido mientras este vive; mas en muriendo su marido queda libre de la ley que la ligaba al marido. Por esta razón, será tenida por adúltera si viviendo su marido se junta con otro hombre; pero si el marido muere queda libre del vínculo, y puede casarse con otro sin ser adúltera". (Romanos VII, 2-3). "Pero a las personas casadas mando, no yo, sino el Señor, que la mujer no se separe del marido; que si se separa (por justa causa) no pase a otras nupcias, o bien reconcíliase con su marido" (I Corintios VII, 10-11). Como se ve, las palabras de Jesucristo, lo mismo que las de San Pablo, no pueden estar más claras. Si los casados se separan y se casan de nuevo con otro, son adúlteros; el que se case con la mujer repudiada vive en adulterio; si por algún motivo razonable se separan los casados, deben vivir solos o reconciliarse, y, finalmente, el vínculo conyugal no puede ser disuelto más que por la muerte de una de las partes.
La Iglesia permite a los esposos separarse y vivir apartados el uno del otro por razones graves (Trento, sesión XXIV, can. 8); pero no les permite a ninguno de los dos casarse con un tercero. La borrachera o el adulterio son motivo suficiente para pedir esa separación.
Traer a cuento la legislación civil, como si ella fuera una autoridad en esta materia, es impertinente. No lo decimos nosotros, lo dijo San Juan Crisóstomo hace más de mil años. "No me citéis, decía el Santo, la ley civil hecha por extraños, que manda que se extienda un libelo y que se conceda el divorcio. No os va a juzgar el Señor el último día estas leyes, sino según las leyes que El mismo nos dio" (De Lib Rep). La Iglesia no niega al Estado el derecho que este tiene de legislar sobre los efectos civiles del matrimonio. Así, el Estado puede con todo derecho fijar la dote, el derecho de sucesión, la inscripción de los registros, etc. Lo que la Iglesia reclama para sí, por encima de todo, es el derecho único y exclusivo que tiene que declarar cuándo un matrimonio es válido y cuándo no lo es.

Algunos dicen ¿no es cierto que Jesucristo permitió el divorcio en casado de adulterio.? (San Mateo V, 32; XIX, 9). No, Jesucristo no admitió excepción alguna. El primer pasaje aducido dice así: "Pero Yo os digo que todo aquel que despida a su mujer, a no ser caso de fornicación, la hace cometer adulterio, y el que tome a esta mujer despedida es adúltero" .
Los judíos estaban en la persuasión de que por la ley de Moisés, las obligaciones del esposo para con la esposa cesaban por completo tan pronto como aquél daba a esta libelo de divorcio. El esposo, según ellos, quedaba entonces libre para casarse de nuevo con otra. Jesucristo les dice: "No, las obligaciones del esposo para con la esposa no quedan terminadas por el mero hecho de haber obtenido el divorcio. Es el responsable del adulterio que ella puede cometer, si la despide por otra causa distinta de la fornicación". Nótese que en este caso la mujer no es adúltera antes de ser despedida; de lo contrario, la frase, "la hace cometer adulterio" carece por completo de sentido. Y para que nadie se llamase a engaño creyendo que con el divorcio quedaba disuelto el vínculo conyugal, agregó Jesús: "Y el que tome a esta mujer despedida es adúltero". El segundo pasaje mencionado en la pregunta dice así: "Pero Yo os digo que cualquiera que despidiere a su mujer, si no es en caso de fornicación, y se casare con otra, es adúltero, y el que se casare con la mujer despedida es adúltero". En este pasaje, Jesucristo no permite un segundo matrimonio en caso de que uno de los esposos cometa adulterio. Lo que quiso el Señor declarar con estas palabras es que si uno comete adulterio, el otro tiene derecho a pedir la separación. La razón de esta interpretación es obvia. Acababa el Señor de restaurar el matrimonio a su perfección primitiva, diciendo: "Lo que Dios ha unido, no lo desuna el hombre". Si, pues, ahora hubiese permitido el divorcio y un segundo matrimonio, se habría contradicho a Sí mismo. Es norma elemental en la interpretación de la Biblia comparar un pasaje dudoso con otros paralelos más claros y precisos. Ahora bien: el que dude de la ilicitud del divorcio por este pasaje, que lea y examine los textos siguientes: San Marcos X, 11-12; San Lucas XVI, 18; I Corintios VII, 39.Por aquí verá que el divorcio no tiene soporte alguno en los textos bíblicos. Dígase lo mismo de los Santos Padres y escritores de los primeros siglos, que convinieron en afirmar que el adulterio no era motivo para pedir el divorcio. "Si la esposa es adúltera, escribía Hermas en el siglo II, el esposo puede despedirla, pero no le es lícito juntarse con otra. Si se casare con otra, comete adulterio" (Mand 4, 4). San Justino, mártir (165): "El que se case con la mujer que ha despedido el esposo comete adulterio" (Apol. i, 15). San Clemente de Alejandría (150-216): "La Biblia declara que el cónyuge que se casa con un tercero mientras vive el otro cónyuge, comete adulterio". (Strom 2, 23). San Jerónimo (340-420): "Mientras viva el esposo, aunque sea un adúltero... y por sus crímenes se vea abandonado de la esposa, los dos son verdaderos esposos; por tanto, ella no debe casarse con otro... Ya sea ella la que se separa, ya sea el esposo el que la despide, cualquiera que se case con ella es adúltero" (Epíst 55). Finalmente, el gran San Agustín (354-430) escribió un tratado De conjugis adulterinis contra Polencio, que defendía que el adulterio justificaba el divorcio. El santo le responde: "De ninguna manera". Y cita en su apoyo los textos (San Marcos X, 11-12; San Lucas XVI, 18).

Y vuelven a preguntar ¿no es verdad que San Pablo permite divorciarse? (I Corintios VII, 12-15). San Pablo en este pasaje se no refiere al matrimonio cristiano, sino al pagano, que es un matrimonio puramente natural. Dice, pues, el Apóstol que si dos esposos no están bautizados, y uno de ellos se convierte y se bautiza, y el otro rehusa vivir en paz con la parte bautizada, el matrimonio puede disolverse. He aquí las palabras de san Pablo: "Si algún hermano tiene por mujer a una infiel, y esta consiente en habitar con él, no la repudie. Y si alguna mujer fiel (cristiana) tiene por marido a un infiel, y este consiente en habitar con ella, no abandone a sus marido... Pero si el infiel se separa, sepárense en hora buena; porque en tal caso, ni nuestro hermano ni nuestra hermana deben sujetarse a servidumbre. Pues Dios nos ha llamado a un estado de paz y tranquilidad. Esto es lo que el Derecho canónico llama privilegio paulino. Antes de poder hacer uso de este privilegio, la parte convertida tiene que averiguar: 1º, si la parte no bautizada está dispuesta a recibir el bautismo, pues en caso afirmativo el matrimonio queda intacto; , si está dispuesta a vivir pacíficamente con ella sin "blasfemar de Creador", es decir, sin intentar pervertir a la parte bautizada y sin tentarla para que cometa pecado mortal. Si después de estas interpelaciones la respuesta de la parte no bautizada es negativa, el matrimonio queda por el mero hecho disuelto en virtud del privilegio paulino, y se pueden casar de nuevo con un tercero (cánones 1,120-1,127). Aunque el matrimonio natural es en sí indisoluble, puede ser disuelto por Dios, que permitió el divorcio en la Ley Antigua y que en la nueva permite el privilegio paulino.

La Iglesia jamás dispensa cuando se trata de una ley natural o divina; dispensa, sí, de las leyes que ella misma ha hecho. El Estado, por ejemplo, no vacila en declarar nulo e inválido un matrimonio que fue contraído válidamente. La Iglesia no hace eso. La Iglesia declara si los que viven como esposos lo son de verdad o no. Si no lo son, anula el matrimonio, que estrictamente no es matrimonio. La diferencia, como se ve, es inmensa. Se le podría comparar a la que existe entre romper un billete de mil pesos (divorcio de estado) y declarar que cierto billete de mil pesos es falso (anulación de la Iglesia). Las dispensas que concede la Iglesia son siempre razonables. Si existen estas razones, la Iglesia permite a uno que se case con su prima carnal, con su cuñada o con una que no esté bautizada; pero jamás ha concedido no concederá dispensa para que se case con otra mientras viva su mujer, o para que se case con su hermana, o con su hija, o con una que sea impotente.