jueves, 10 de junio de 2010

¿DONDE ESTA LA IGLESIA?

Todos aquellos que vimos, por gracia de Dios, los frutos nefastos del Concilio Vaticano II y su doctrina de "aggiornamiento" (puesta al día), nos encontramos, sin quererlo, en la triste situación de elegir. Seguir a Dios manteniendo la fe de siempre o seguir a los hombres en la creación de una nueva religión más humana que divina como el modernismo. La decisión no se podía dudar, abandonar el aparato conciliar con todas sus herejías manifiestas y seguir a Cristo en su Iglesia guardando las tradiciones bimilenarias y sobre todo su doctrina inmaculada, era más que evidente.
Ya han pasado más de 50 años desde que la Iglesia Católica quedó sin cabeza visible, y muchos fieles -eclesiásticos y seglares- que combatimos en esta dura batalla en defensa de la Fe, quizás la última antes del triunfo definitivo (solo Dios sabe), nos encontramos con otro obstáculo doloroso, que ha simple vista parece insuperable: el desgarramiento de la Unidad, en el que se fue cayendo casi imperceptiblemente a causa, a lo mejor, de la duración del combate; con la ayuda también de la mala voluntad de algunos que solo buscan destruir, bajo apariencia de bien, lo poco que queda de la reacción.
Uno de los argumentos más fuerte y sólido de los enemigos en sus ataques, es justamente, que el Movimiento Tradicionalista está tan dividido en pequeños grupos con tantas y tantas opiniones teológicas diversas y tan alejados, en la práctica, de la caridad bien entendida, que se asemeja a las sectas protestantes, donde cada secta es una Iglesia.
Desgraciadamente y haciendo honor a la verdad... tienen razón.
Muchos tradicionalistas utilizan, para justificar su actitud sectaria, el siguiente pasaje evangélico: "Heriré al Pastor y se dispersarán las ovejas". Forzando el sentido de la frase, quieren hacer decir a Nuestro Señor: "Heriré al Pastor y se dividirán las ovejas", sentido absolutamente falso.
Es una interpretación puramente de conveniencia, adaptando la definición de las palabras a su antojo y no al verdadero sentido escriturístico ni al nominal; dejando pensar que la palabra "dispersar" tiene el mismo sentido que "dividir".
"Dispersar", según la Real Academia Española quiere decir: "Diseminar lo que está unido" y "dividir" quiere decir "Partir, separar en partes, desunir", en su sentido figurado es mucho más claro para nosotros el sentido de "dividir": "Desunir los ánimos, sembrar discordia".
Para cualquiera que se precie de ser católico, ver la situación actual del tradicionalismo debería ser realmente alarmante. Hemos llegado a un punto tal de divergencias graves y divisiones aun peores que tenemos todo el derecho de preguntarnos: ¿Es el "tradicionalismo"actual un movimiento católico? ¿Cuál de todos los pareceres e interpretaciones tan contradictorios que se nos presentan los diversos grupos debemos seguir para estar ciertos de mantenernos dentro de la Iglesia? ¿Debemos conformarnos con solo asistir a "Misa en latín"?
Para darnos cuenta un poco mejor de la necesidad de buscar la unidad perdida (que debe estar en alguno de esos grupos tradicionales), a pesar de las fallas humanas, tenemos que estar perfectamente concientes que la Unidad de la Iglesia Católica es un constitutivo de su esencia divina; no un principio humano sino divino. Es una nota que distingue a la Iglesia de Jesucristo de todas las falsas iglesias o sectas. La Iglesia, para ser la verdadera, debe ser UNA Y ÚNICA, fuera de la cual no hay salvación. Sin importarnos el número, sean pocos o muchos, debemos formar UN solo cuerpo y UNA sola alma.
Nos dice su Santidad León XIII en su Encíclica "Satis cognitum": "Ahora bien, si se mira lo que ha sido hecho, Jesucristo no concibió ni formó a la Iglesia de modo que comprendiera pluralidad de comunidades semejantes en su género, pero distintas, y no ligadas por aquellos vínculos que hicieran a la Iglesia indivisible y única, a la manera que profesamos en el símbolo de la Fe: Creo en una sola Iglesia... Es pues, la Iglesia de Cristo única y perpetua. Quienquiera de Ella se aparta, se aparta de la voluntad y prescripción de Cristo Señor y, dejado el camino de la salvación, se desvían hacia su ruina".
¿Acaso no nos encontramos hoy más que nunca ante esta situación que "Jesucristo no concibió para su Iglesia" como nos lo dice su Santidad? ¿No estamos frente a esa "pluralidad de comunidades semejantes en su género, pero distintas" (como son las sectas protestantes) viendo los tantos y tan diversos grupos tradicionalistas que gritan todos por separado "¡Somos católicos!" pero que no pueden hacer nada juntos.
Es contradictorio proclamarse "católico" (universal), sin el deseo de comulgar con los demás que "dicen" guardar los mismos principios y que "dicen" también ser católicos, pero que pertenecen a "grupos distintos". Canónicamente, esta actitud renuente de comunión entre los que "se dicen católicos", se llama CISMA. Dice el canon 1325: ...finalmente, si rehusa (el fiel que ha recibido el bautismo) someterse al Sumo Pontífice o se niega a comunicar con los miembros de la Iglesia que le están sometidos, es cismático". Por desgracia, en general, no es culpa de las ovejas, sino de la soberbia de los pastores. Pero, sigamos adelante.
Para entender más profundamente estos principios de uni(ci)dad y pertenencia a la Iglesia, vamos a profundizar un poco en otros conceptos que es necesario manejar para captar mejor el problema actual del tradicionalismo.
Comencemos por la definición de lo que es una "nota" de la Iglesia, luego, cuáles son las "notas" de la Iglesia y finalmente, qué es la "nota" de unidad y cómo debe ser.

1º.- "¿Qué es una "
nota"?
"Propiedades o criterios de legitimidad, son signos sensibles por medio de los cuales podemos distinguir la verdadera Iglesias de las falsas. Algunas son accidentales o contingentes, que se manifiestan extrínsecamente como podrían ser los milagros. Otras son esenciales o necesarias intrínsecamente y son las que llamamos "nota" por ejemplo las cualidades de la Iglesia que la hacen visible como tal.
Nota de la Iglesia, es entonces, la propiedad necesaria y visible por la cual la Iglesia de Cristo es reconocida como tal y distinguida de las falsas iglesias.
La nota de la Iglesia, por lo tanto, tienen las siguientes cualidades:
a) Una propiedad necesaria de la Iglesia para poder reconocerla como la verdadera.
b) Visible, por lo menos, mediata o indirectamente, de otra manera, no se distinguiría de las falsas.
c) Capaz de hacernos conocer la Iglesia en cuanto tal, en concreto, como la verdadera.
d) Fácilmente reconocible, pues una nota debe hacer conocer a la Iglesia a todos, pues, es necesario pertenecer a Ella". (Cfr. P. Salaverri S.I., "De Ecclesia Christi" T. III, L. 3, C. 3, A. 2 ed. BAC)

2º.- ¿Cuántas y cuáles son las notas de la Iglesia?
a) Citaremos la definición del Concilio Vaticano I con respecto a las notas de la Iglesia: "Ahora bien, para que pudiéramos cumplir el deber de abrazar la fe verdadera y perseverar constantemente en ella, instituyó Dios la Iglesia por medio de su Hijo unigénito y la proveyó de notas claras de su institución, a fin de que pudiera ser reconocida por todos como guardiana y maestra de la palabra revelada". (Denz. 1793).
b) Es de doctrina católica definida que la Iglesia está constituida por cuatro notas como rezamos en el Símbolo de la Fe y confirmada por el Papa Pío IX en el decreto de la Sede Apostólica contra los Anglicanos donde dice:
"La verdadera Iglesia de Jesucristo se constituye y reconoce por autoridad divina con la cuádruple nota que en el Símbolo afirmamos debe creerse; y cada una de estas notas, de tal modo está unidad con las otras, que no puede ser separada de ellas". (Dz. 1686).
c) Tomadas en conjunto, es doctrina cierta en teología, que estas notas muestran la verdadera Iglesia de Jesucristo y que la distinguen de las falsas iglesias.
d) Las cuatro notas esenciales de la Iglesia son: la unidad, la catolicidad, la apostolicidad y la santidad.
Estas notas tienen todos los elementos de la definición: son propiedades esenciales, son visibles, fácilmente reconocibles y más patentes para reconocer a la Iglesia como tal:
*Unidad: Social de hecho que se manifiesta en la misma profesión de Fe, en el mismo régimen de obediencia y en la práctica del mismo culto.
*Catolicidad: (universalidad) es la gran difusión numérica y geográfica de los fieles de la Iglesia por todo el mundo.
*Apostolicidad: continua sucesión Romana desde San Pedro y los Apóstoles.
*Santidad: moral, perfecta y heroica, que se manifiesta por la caridad en las obras, a la cual siempre está unida.
Dice el Concilio Vaticano I: "Si alguno negare que solo la Iglesia Romana, verdadera Iglesia de Cristo, es Una Santa, Católica y Apostólica, sea anatema" (Esquema "De Ecclesia" cn. 16)
Habiendo visto muy someramente la constitución esencial de la Iglesia de Jesucristo en sus cuatro notas fácilmente reconocibles, nos queda claro que si no poseemos una de ellas, no poseemos ninguna de hecho y no pertenecemos a la verdadera Iglesia.
No es, entonces, asunto de gustos o de impresiones personales, ni es tampoco cosa de poca importancia preguntarnos si realmente el tradicionalismo es en todas sus manifestaciones grupales una posición católica.
Es una pregunta fundamental para la salvación del alma y para el orden de la Iglesia (En lo que de nosotros depende) si lo que estamos profesando con las obras en la tradición sirve para salvarme y para salvar a otros.
En orden a esta cuestión sigue la exposición más precisa sobre la nota de la unidad de la Iglesia, que es general, el punto débil del tradicionalismo. Arreglando, con buenas disposiciones, con buena voluntad y con esfuerzos efectivos esta situación, todos los fieles católicos ayudaríamos al florecimiento y reconstrucción de la Iglesia en este tiempo de apostasía universal.

3º.- ¿Qué es la nota de Unidad? ¿Cómo debe ser la unidad de la verdadera Iglesia?
Veremos, primeramente, unas nociones generales sobre la unidad para luego aplicarlas a la Iglesia.
Nociones:
-La Unidad es la propiedad por la cual una cosa es indivisa en sí misma y divisa o distinguible de cualquier otra.
-La Unidad excluye, entonces, la posibilidad de que la cosa sea intrínsecamente dividida y no sufre ser separada en partes.
Trasladados estos principios a la Iglesia, podemos decir que:
-La Unidad de la Iglesia es la propiedad por la cual la verdadera Iglesia es indivisa en sí misma y perfectamente distinguible de las falsas.
- La Unidad de la Iglesia excluye, entonces la posibilidad de ser dividida y no sufre ser separada en partes.
Por eso, aquí sí podemos utilizar la frase del Evangelio y comprenderla con más claridad "Heriré al Pastor y se dispersarán las ovejas" (Faltando el Sumo Pontífice, la Iglesia se dispersa, pero NO se divide).
Ahora bien, la Unidad de la que hablamos se basa en la conspiración de los católicos hacía un fin común bajo una potestad suprema.
Veamos que nos dice el Papa Bonifacio VIII en su Bula "Unam Sanctam" sobre la unidad de la Iglesia: "Por apremio de la fe, estamos obligados a creer y mantener que hay Una sola y Santa Iglesia Católica y la misma Apostólica... y fuera de Ella no hay salvación ni perdón de los pecados... Ella representa un solo cuerpo místico, cuya cabeza es Cristo, y la cabeza de Cristo, Dios. En Ella hay un solo Señor, una sola Fe, un solo Bautismo... Esta es aquella Túnica del Señor, inconsútil que no fue rasgada, sino que se echó a suertes. La Iglesia, pues, que es una y única, tiene un solo cuerpo, una sola cabeza y no dos, como un monstruo, es decir, Cristo y el Vicario de Cristo, Pedro y su sucesor, puesto que dice el Señor: "Apacienta mis ovejas".
En la Iglesia, esta unidad debe ser triple: de fe, de régimen (o de gobierno) y de culto, esto es, unión de inteligencia, de voluntad y de obra, como lo enseña el Papa León XIII en la encíclica "Satis Cognitum": "Más el que fundó la Iglesia, la fundó también una, es decir, de tal naturaleza que cuantos habían de formar parte de ella habían de estar unidos entre sí por tan estrechísimos vínculos, que de todo formaran una sola nación, un sólo reino, un solo cuerpo... Más el necesario fundamento de tan grande y absoluta concordia entre los hombres es el acuerdo y unión de las inteligencias, de donde naturalmente se engendra la conspiración de las voluntades y la semejanza de las acciones".
Es imposible aplicar de hecho estas enseñanzas de León XIII al tradicionalismo actual. Quien no lo quiera ver es como el que "viendo no ve y oyendo no oye". Hay que ser muy necios para afirmar que el tradicionalismo tomado en su conjunto expresa la unidad de la Iglesia, y por lo tanto, es también de necios afirmar que todos los tradicionalistas son católicos. ¿Dónde está la sola nación, el solo reino, el solo cuerpo del que habla Su Santidad?
Sin embargo, en alguna parte debe de estar, pues es promesa de Jesucristo que estará con su Iglesia hasta el fin de los tiempos.
Para contestar este aparente dilema, sigamos estudiando más el punto de la Unidad:
I.- La Unidad de Fe, es el concurso de las inteligencias en la misma profesión de fe, bajo el supremo Magisterio de la Iglesia.
II.- La Unidad de régimen (o gobierno) es la conspiración de las voluntades hacía el mismo fin social bajo la suprema potestad de gobierno de la Iglesia.
III.- La Unidad de culto es la convergencia en la celebración del Sacrificio y en el uso de los Sacramentos y actos litúrgicos, bajo la suprema potestad de santificación de la Iglesia.
Esta triple Unidad social ha sido instituida por Nuestro Señor Jesucristo en el Primado de San Pedro y sus Sucesores.
Estos tres principios de unidad han sido atacados por los adversarios de la Iglesia en todos los tiempos, veamos un poco más en detalle:
I.- La Unidad de Fe, fue atacada por los herejes y apóstatas de la fe católica, quienes negándola con pertinacia fueron amputados del Cuerpo Mísitico. Por ejemplo, los protestantes y los calvinistas, los utraquistas, arrianos, pelagianos, etc.
Con respecto al tradicionalismo ¿tenemos unidad de Fe? Unos, por ejemplo, con respecto al Soberano Pontífice "opinan" que se le puede desobedecer por sistema, cuando enseña errores contra la Fe, suponiendo que un Papa puede errar contra la Fe y proferir herejías sin dejar de ser Papa, como es el caso de la Fraternidad de San Pío X. Este caso merece un estudio mucho más amplio que dejaremos para más adelante. De todas las "posiciones" tradicionales, es la peor y francamente no es católica. Dice Bonifacio VIII en la Bula "Unam Sanctam": "Ahora bien, someterse al Romano Pontífice, lo declaramos, lo decidimos, definimos y pronunciamos como de toda necesidad de salvación para toda la humana criatura". La posición de la Fraternidad San Pío X es insostenible.
Otros dejan a la Iglesia en un estado de desesperación, de inacción, de muerte, impropia de cualquier sociedad perfecta, cuánto más de la sociedad la más perfecta, como lo es el Cuerpo Místico de Cristo, como por ejemplo los Britones, que practicamente niegan aún al mismo Dios la posibilidad de dar un Papa a su Iglesia.
Otros como los que "opinan" que la Sede de Pedro está ocupada por una sucesión casi interminable de "Papas materialiter" (Papas materialmente Papas) dejando la solución de la falta de cabeza a merced de la conversión de una monstruosa secta herética como lo es el modernismo, es decir que la continuidad de la Iglesia como formal y materialmente Una, depende de la conversión de un hereje, en este caso el "Papa materialiter" que ni siquiera es miembro del Cuerpo Mísitico de Cristo. Teoría completamente nueva e innovadora.
Otros que en su deseo de arreglar la situación "opinan" que debemos darle a la Iglesia a como de lugar, su cabeza visible, es decir, un Papa, y nos encontramos entonces en la triste realidad que hay "elegidos" 17 "Papas" actualmente.
Otros que en definitiva no les importa el problema de la Fe, de la pertenencia a la Iglesia mientras no afecte su "dolce vita" (dulce vida, cómoda y apacible), de esos, como dice San Benito: "Más vale callar que hablar".
Ponemos la palabra "opinan" entre comillas, pues, en la práctica no son "opiniones", sino, en realidad convicciones tenaces mezcladas con mucha soberbia y espíritu de independencia.
Lo peor es que todas estas "opiniones" van apoyadas en la "Misa en latín".
II.- La Unidad de Gobierno, la atacaron, se opusieron a ella y la negaron todos aquellos que llamándose cristianos, propugnaron por la autonomia e independencia sectaria. Por ejemplo los orientales conocidos como las "iglesias autocéfalas" (cabezas propias), los Protestantes y todos los Anglicanos y actualmente los Modernistas y Racionalistas.
Vamos al tradicionalismo: ¿No aparecemos, acaso, como esas sectas protestantes o esas "iglesias autocéfalas" donde cada sacerdote es el "Papa" de su feligresía; dónde los Obispos no gobiernan, sino que son utilizados por los sacerdotes para la administración de ciertos Sacramentos; donde el Obispo no quiere y positivamente se niega a tener autoridad para no tener responsabilidades y tomar desiciones que en realidad le tocan en conciencia delante de Dios (como otros tantos Pilatos) ¿No estamos en el punto de esas comunidades eclesiásticas de base que tanto pregona el Modernismo y van tan en contra del sentir de la Iglesia, donde el valor de la Jerarquía está invertido?
Para qué seguirle, no acabaríamos más de enumerar "opiniones" y "posiciones" diferentes.
Otros, lo que es peor, se dejan gobernar y manejar por laicos poderosos e influyentes, rebajando así la dignidad de la Iglesia.
Lo peor es que todas estas "opiniones" van apoyadas en la "Misa en latín".
III.- La Unidad de culto, fue atacada, se opusieron a ella y la negaron los Protestantes, los Latitudinarios, los Racionalistas y los Modernistas. Al ser para ellos la fe algo puramente interno y fiducial (de confianza) no era necesario un culto único, siendo que en la unidad del Sacrificio y Sacramentos y ritos, se ve claramente el mismo obrar que caracteriza a la Iglesia de Cristo.
Vamos al Tradicionalismo: No podemos decir que tengamos unidad de culto, pues, cada grupo posee sus características propias. En cuanto al Sacrificio, por ejemplo, la Fraternidad San Pío X nombra a un hereje (Benedicto XVI) en el canon de la Misa como si la Iglesia fuera "Una cum" un hereje. Reconociendo los ritos de Juan XXIII, toman de ellos lo que les parece.
Algunos siguen los ritos de San Pío X, y aunque asintiendo que el último Papa fue Pío XII, escudriñan en su pontificasdo errores y fallas humanas que no tocan a la Fe para no aceptar sus reformas litúrgicas. El error de éstos es que se convierten en jueces de todos los Papas y que relativizan el Papado según sus afirmaciones personales.
Otros toman de S.S. Pío XII lo que les gusta, "total, no hay Papa" dicen ellos. Otros, lo que es peor, siguen en partes importantes de la liturgia los ritos de Juan XXIII, con sus reformas modernistas y ecuménicas que dieron el primer paso para la destrucción de la liturgia y con el pretexto de "acomodarse a la exigencia de los fieles" se "desacomodaron a las exigencias de Dios".
Pero lo peor es que todas estas "opiniones" van apoyadas en lo más sagrado que tiene la Iglesia: "La Misa en latín".

Este trabajo no es una crítica de nadie en especial, sino que todos, en lo que nos corresponde debemos darnos cuenta que nuestra actuación puede ser un "granito de arena" en la confusión actual. Por eso le pedimos a Dios encarecidamente y con instancia que no nos hagamos sordos a la "voz del Señor que nos llama", ni ciegos a la luz del Espíritu Santo, que desea en cuanto Amor Infinito la Unidad de los católicos, fruto de la fe informada por la caridad.
Todos vemos y aceptamos que esta falta de Unidad que pone en juego nuestra salvación eterna viene como consecuencia de no tener una cabeza visible única, de no tener un Papa. Dice el Dogma: "Ubi Petrus, ibi Eccclesia" (donde está Pedro, está la Iglesia); hoy podemos decir: "Donde está el deseo eficaz de tener a Pedro, ahí está la Iglesia". Hagamos todo lo que esté de nuestra parte para lograrlo, al menos busquemos la UNIDAD, de a poco, por el bien de las almas, muchas de las cuales han perdido la fe a causa de nuestras divisiones.
No decimos con esto que tenemos que recurrir a la solución desesperada de elegir un Papa forzando la realidad actual, pero tampoco nos quedemos en ese quietismo práctico que todo lo ve imposible a causa de nuestras miserias humanas y a causa de los enemigos que se infiltraron en nuestro seno. Empecemos a trabajar por la UNIDAD.
Es una disposición efectiva de buscar la UNIDAD donde está el verdadero católico. Es aquí y solo aquí donde se encuentra la verdad, en el deseo eficaz de recuperar la UNIDAD; no solamente en las palabras sino en obras. El trabajo apostólico hecho en la división "no recoge, sino desparrama".
Como decía Santa Teresita antes de morir: "Que Dios nos encuentre con las armas en las manos". Si es su voluntad santísima que nunca lo lograremos a causa de los pecados de la humanidad, que no quede en nuestras conciencias el no haberlo intentado. Dejemos de lado toda la soberbia que el demonio inspira en nosotros, todo particularismo sectario que divide y desune. No hagamos como los modernistas que para unirse con los herejes y cismáticos buscan los que los une, sin ver lo que los separa; no, nosotros vamos a ver lo que nos separar, para que, con humildad y caridad de parte de todos podamos llegar a un entendimiento católico para poner fin a la situación actual.
No importan las divergencias, antes de decidir podemos y debemos hablar; hablando se entiende la gente, cuánto más los católicos. Tratemos con la gracia de Dios de reunir a los "dispersos" y de unir a los "divididos", de recuperar la unidad perdida.
De nuestra parte, la Fundación San Vicente Ferrer con todos sus miembros, estamos dispuestos a dialogar de manera caritativa con quien quiera hacerlo. Muchos de entre nosotros no nos conocemos más que por referencias, muchas veces mal intencionadas para lograr justamente la división. Nosotros solamente queremos el bien de la Iglesia y ponemos a Dios y la Santísima Virgen por testigos de que es así. La situación actual es catastrófica, sin precedentes en la historia de la Iglesia, no aumentemos con nuestra soberbia el dolor de la Esposa Inmaculada de Jesucristo.
Una sola cosa no vamos a aceptar jamás, y es que se repita en nuestros tiempos la situación histórica que en otro tiempo se llamó "querella de las investiduras", donde ocurrieron toda clase de disensiones entre la Santa Sede y varios monarcas europeos en la Edad Media, los cuales, bajo pretexto de asuntos materiales, trataron de usurpar el poder espiritual de la Iglesia sobre sus fieles. No vamos a permitir jamás que ningún poder temporal se meta en los asuntos de la Iglesia, menos en la economía actual de las cosas. El problema religioso es gravísimo y le toca a la Iglesia, con la ayuda de Dios, el resolverlo.
Estamos seguros de que muchos de los que lean este trabajo, se van a burlar de nuestras intenciones, o simplemente no harán caso alguno, pero, que Dios juzgue a cada quien. Lo que sí queremos, es hacer nuestra una frase que el R.P. Castellani (r.i.p.) dirigióa aquellos que lo perseguían en una situación similar: "Con Ustedes, sin Ustedes o contra Ustedes, vamos a tratar de ayudar a la Iglesia. Y si fracasamos, salvaremos nuestra alma, que es en definitiva lo que importa".

LAUS DEO

MONS. JUAN JOSE SQUETINO SCHATTENHOFER

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