miércoles, 23 de junio de 2010

Adoremos


A la Patria, pobre tórtola
por mil buitres perseguida,
escondámosla en la herida
del Sagrado Corazón:
Es albergue más seguro
que una roca de granito
¡Ni el furor del infinito
a esa roca penetró!...

A la Patria, pobre enferma
que de sed, morir se siente,
cunduzcámosla a la Fuente
del Sagrado Corazón.
Es tan rica el agua pura
que de aquella Fuente brota,
que, a mil muertos, una gota
a la vida devolvió...

De la Patria que naufraga,
dirijamos la barquilla
hacia el punto donde brilla
como un sol, el Corazón.
En la herida sacrosante
del divino Pecho abierto,
siempre halló seguro puerto
todo aquel que naufragó...

Que la Patria, cuyas culpas
la llenaron de honda pena,
su dolor, cual Magdalena,
diga al dulce Corazón
Sí, que llore ante su Cristo.
El, a todo el que ha pecado
y sus culpas ha llorado
compasivo perdonó...

Que la Patria, que sucumbe
a los golpes de la guerra,
la rodilla doble en tierra
ante el Cristo, que es su Dios.
De la Paz, Él es el Príncipe,
y la paz, como una aurora
brillará, si aqui se adora
al Divino Corazón.


Mons. Vicente M. Camacho
1914

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