lunes, 14 de junio de 2010

Algo sobre el "Antisemitismo"




















Deseo que quede en claro y asentado ya desde el principio que yo de mí puedo decir con toda verdad dos cosas: 1º) Que creo sinceramente que los judíos fueron deicidas, en el sentido que más adelante se explicará; 2º) Que NO TENGO EL MAS REMOTO ODIO A NINGÚN JUDÍO, NI POR SER JUDÍO NI POR NINGÚN OTRA CAUSA, pues soy católico, y los católicos no podemos odiar a nadie. Pero eso no obsta para que odie sus malas artes, como las de otro cualquiera, guardándome bien de que ese mi odio pase a las personas.
Aclarado esto, queremos también dejar constancia de que en este escrito nos guiamos sólo por el amor de lo que creemos ser verdad, como nos esforzaremos por probarlo.
Y como yo, creo que hay de veintiún siglos a esta parte, centenares de millones de buenos cristianos que creyeron firmemente que los judíos fueron y son deicidas, en el sentido que luego explicaremos, sin ser "antisemitas" en el sentido que ellos calculada y maliciosamente dan a esta palabra, a saber, dispuestos al odio, al rencor y la persecución de los judíos, nada más por ser judíos.
Y ya que por primera vez nos ha salido al paso en este escrito la palabra "antisemita", no podemos ocultar el gran deseo que tenemos de acabar de una vez para siempre, si pudiéramos, con ese mito del "antisemitismo". Reconocemos que esto es imposible, pero eso no obstante nos vamos a permitir algunas breves indicaciones bibliográficas en donde los lectores podrán estudiar más a fondo los siguientes punto sobre el "antisemitismo", por más raros que les parezcan sus enunciados.
1º) Los judíos provocan el antisemitismo porque así conviene a sus fines de hegemonía universal. (Véanse Protocolos de los sabios de Sión, trad. esp. de la 3ª edic. italiana, editorial Novissima, Roma 1938, págs. 166-77.- Sabios de Sión, edic. NOS, Madrid 1963, págs. 88-89.) Y sobre todo el libro: El dinero de Hitler, traducción del holandés con comentarios en el mismo por Mauricio Carlavilla, págs. 215-229. El título en holandés es: De Geldbronneim von het National Socialisme (Fuentes financieras del Nacional Socialismo)
2º) El antisemitismo es UNA COLOSAL MENTIRA (l. c., pág. 193-209).
3º) El antisemitismo de Hitler fue financiado por los judíos (Sabios de Sión, edic. Nos, págs. 88-89).
4º) El antisemitismo es hijo de la filosofía alemana, que a su vez lo es de la doctrina cabalísitico-talmúdica judía (l.c. de Nos, págs. 13-19, con la bibliografía que allí se cita).
5º) La invención del antisemitismo hace pagar los crímenes de los judíos perversos, sionistas, a todo el pueblo de Israel.

Hay varias clases de "antisemitismo": económico, social, político, religiosos y moral.
Es lícito y aun obligatorio el antisemitismo económico, contra la dura e intolerable dictadura del dinero ejercida por la Banca internacional judía. Léase el sustancioso libro de Henri Coston, Por dinero rueda el mundo, donde se hallan bien documentadas las increíbles maquinaciones de la Banca judía para apoderarse de todo el dinero del mundo y con ello someterlo a una esclavitud diabólica, conforme al plan trazado en los famosos Sabios de Sión.
Es lícito y aun obligatorio el "antisemitismo" social, contra los revolucionarios natos, confirmado por sus mismas palabras. He aquí algunas afirmaciones sacadas de todas las obras judías:
"La Revolución Mundial que estamos viviendo hoy será una cosa exclusivamente en nuestras manos... Esta revolución fortalecerá la hegemonía de la raza hebraica sobre todas las otras razas". (En el periódico Le Peuple Juif, de París 8-enero-1919).
Marcus Eli Ravage, judío rumano, dijo en los artículos publicados en los números 3 y 4 de la revista norteamericana Century Magazine, de Nueva York, en enero de 1928 bajo, el título de: "A real case against the jews":
"Nos acusáis de haber encendido la revolución moscovita: sea, aceptamos la acusación. Y con eso ¿Qué?"
"Gritáis tanto por la influencia hebrea en vuestro teatro y en vuestras películas; concedido. Vuestros lamentos son justos. Pero, ¿qué pueden significar todo eso en comparación de la preponderante influencia que ejercemos en vuestras iglesias, en vuestras escuelas, en vuestros regímenes y hasta en los mismos cambios que se producen en vuestro mundo intelectual?".
"Supongamos (pues claro que hay que suponerlo) que los Protocolos de los Sabios de Sión son auténticos. ¿Qué puede significar eso ante la innegable acción histórica de conspiradores que hemos desempeñado?"
"Vosotros no habéis logrado conocer ni siquiera el principio de nuestra culpa".
"Nosotros somos invasores, somos destructores, somos subvertidores. Nosotros hemos tomado posesión de vuestro mundo natural, de vuestros ideales, de vuestro destino, y nos hemos burlado de todo eso".
"Nosotros hemos sido la causa principal de la última guerra y de casi todas vuestras guerras".
"Nosotros hemos sido los promotores no tan solo de la revolución Rusa, sino también de todas las grandes revoluciones de la historia".
"Nosotros hemos provocado y seguimos provocando discordia y contrastes en vuestra vida pública y privada".
"Nosotros hemos cambiado todo el curso de vuestra historia. Os impusimos un yugo, como vuestra potencia no supo imponer a África y Asia. Y todo esto sin armas... Nosotros hemos realizado todo esto tan solo con las ideas y la propaganda".
"Nuestro terruño del pasado se ha convertido en vuestra Tierra Santa" "Nuestra literatura nacional se ha convertido en vuestra Biblia. Una doncella hebrea es vuestro ideal de la maternidad y de la feminidad. Un profeta hebreo rebelde ocupa el centro de vuestra devoción..." "Consideremos las tres grandes revoluciones modernas, la francesa, la norteamericana y la rusa ¿Qué fueron si no un triunfo de la idea hebraica?" "Con alivio, nosotros reconocemos que el "goim" (cristiano) jamás logrará descubrir la verdadera gravedad de nuestra culpa".
Las palabras transcritas, no son de un antisemita, ni de un facista, ni de un nazi, ni de un árabe de hoy. Son de quien conoce bien la acción política de sus jefes.
He aquí un judío con agallas para decir la verdad abierta y claramente.
Gracias a que los cristianos no lo creen, que si le creyeran, podrían temer los judíos no se realizasen aquellas otras palabras dichas por otro judío en un rapto de sinceridad:
"Los que os matan, se os parecen: y aquellos que os respetan, no se os parecen. Que si los hombres fueran judíos, no susistiría un judío entre los hombres" (Albert Caraco, Apologie d´Israel. Plaidoyer pour les indefendables, Apología de Israel. Defensa de los indefendibles. París 1957, pág. 134). Véase o. c., edit. "NOS", p. 17 y Traición a Occidente de Train Romanescu págs. 233-35.
Y si dejando los testimonios de los propios judíos nos pusiéramos a citar testimonios de extraños, de no judíos, sería el cuento de nunca acabar lo que podríamos aducir para probar cómo la voluntad de "defensa", de hecho se ha convertido en instrumento de venganza. Así podríamos citar:
Al hebreo Heine que, burlándose de los románticos e idealistas alemanes, acabó por burlarse de los católicos.
Al hebreo Lombroso, que destruye la libertad, haciendo de cada genio un epiléptico y de cada criminal un autómata.
Al hebreo Marx, que convierte toda la economía en una bazofia de juegos sucios.
Al hebreo Max Nordau que, aunque no prueba, pero se esfuerza por persuadir, y en parte lo consigue, que toda la civilización cristiana está fundada en puras mentiras.
Al hebreo Sigmund Freud, el cual descubre que en el más virtuoso y distinguido caballero, se encuentra agazapado un invertido, un incestuoso y un asesino en potencia.
Al hebreo Weininger que pretende demostrar que la mujer, lejos de ser un pebetero de perfecciones, es un ser innoble y repugnante, un abismo de porquería e inferioridad.
Al hebreo Bergson, que rebaja la inteligencia humana a inferior nivel que el del instinto beluino, porque le quita la facultad de percibir la realidad latente en el interior de las cosas.
Al hebreo Salomón Reinach, que asevera como sibilina sobre el trípode,que todas las religiones son restos de viejos tabús salvajes, sistemas de prohibiciones son superestructuras ideológicas variables.
Al hebreo Einstein, que derrumba el edificio de las ciencias defendiendo que el tiempo y el espacio se identifican, como quien dice: dos y dos son tres o cinco, pero de ninguna manera cuatro.
Al hebreo Meyerson, cuya piqueta de destrucción hace desaparecer la realidad, inalcanzable a la razón humana.
Y así podríamos ir avanzando en política, filosofía, teología, sociología, sicología y otras ramas del saber humano, en que por no sé qué sortilegio del hebreo, Europa y el mundo de los nacidos y de los que por nacer ha quedado o está quedando deshecho, aplastado, triturado por el signo hebreo que tiene un carácter común, un sello común: primero, poner en duda la verdad conocida; segundo, rebajar lo que está elevado; tercero, ensuciar lo que está limpio; cuarto, lapidar lo que está en aprecio y es por todos respetado; y quinto, finalmente, destruir todo lo que está construído, con yo no sé que fuerza corrosiva que, penetrando por los más recónditos y diminutos poros de la civilización, el que era paria de todos los pueblos, acaba por ser su déspota, y con secreto regocijo verlos posternados a sus pies.
Realmente, no se les puede negar o talento o iniquidad o las dos cosas a la vez.
Es lícito el antisemitismo político para combatir a muerte a los que no solo no han hecho posible la revolución comunista, sino que la han provocado, como se acaba de leer; y además porque la han pagado y la fomentan por todos los medios posibles, según decía, no un analfabeto, sino nada menos que el que llegó a ser "Premier" de Inglaterra, después de haber escrito las palabras siguientes:
"El pueblo de Dios coopera con los sin Dios; los más ardientes acumuladores de la propiedad se unen a los comunistas... Y todo ello tan solo porque quieren destruir la Cristiandad". (Así escribía el judío Benjamín Disraeli en "Life of Lord George Bentinck", pág. 497).
Es lícito el antisemitismo religioso contra los que afirman que no admitirán otra religión más que la suya cuando sean los amos del mundo, aunque caiga el mundo en el más grosero ateísmo. (Véase "Protocolos de los Sabios de Sión", edic. italiana ya citada, págs. 103, 105, 191)
Finalmente, es lícito un antisemitismo moral contra los amorales en la política y los inmorales en las costumbres, cuyo fin es la demolición y desintegración de los pueblos cristianos (Véase "La gran conspiración", págs. 248-50). Basta recordar el nefasto Hollywood, con una población del 60% de judíos, que monopolizan el cine difusor de todo lo negativo, de todo lo corrosivo, de todo lo anticristiano e inmoral que ha infectado y anegado al mundo moderno en una nauseabunda ciénaga de podredumbre moral, ya sin freno capaz que pueda contenerlo, y que constantemente sigue elevando a la categoría de "estrellas" (¡!) a una pléyade miserable de repugnantes personas.
Estos antisemitismos y otros de esa jaez que quedan, fomentados por la judería internacional a título provechosísimos negocios, son lícitos . Lo único que es ilícito es el antisemitismo racial como el que ejerce el semitismo tipo kabalístico-talmúdico respecto de los cristianos: (Talmud, tratado Aboda Zara, 26b).
El antisemitismo racista, que condenada al judío, como si por solo serlo estuviera fatalmente inclinado al mal, por su sangre y raza; es anticristiano, porque es materialista, y con eso ya está dicho todo. Y además en injusto, porque carga a todo un pueblo el horrendo crimen que le atribuye el judío Benjamín Disraeli, de "querer destruir la Cristiandad". Ese crimen pertenece SOLO A LOS PERVERSOS "y no a todo el pueblo judío. "Como tampoco todo el pueblo judío está implicado en la trama judío-masónica de destrucción universal".
Lo malo de esa parte de buena del pueblo de Israel está en varias cosas:
La primera es que ningún judío, que sepamos, ha denunciado jamás intencionalmente a ninguna de esas personas o entidades judío-masónicas, que constituyen las fuerzas ocultas que, aliadas con todas las fuerzas del mal, trabajan intencionadamente con todos los medios puestos a su alcance para destruir la Cristiandad e instaurar el dominio universal de su raza. En una palabra: a esos que el autor de Con Cristo o contra Cristo (R.P. Joaquín Saenz y Arriaga S.J.) llama "mafia" y nosotros llamamos "judería".
La segunda es que ningún judío, que sepamos, ha hecho algo o lo suficiente parta diferenciar a los judíos autores del crimen de Lesa Humanidad y Cristiandad, de la gran masa del pueblo judío inocente de tal crimen.
La tercera es que, al contrario, muchas personalidades judías, sobre todo escritores, y quién sabe si con la intención de camuflarse mejor entre todos, imprudentemente atribuyen al pueblo hebreo en masa ese para ellos "glorioso" crimen de procurara destruir por cualquier a toda la Cristiandad, y ninguno se ha procurado de diferenciar a los verdaderos criminales internacionales de la masa judía honesta e inocente; y eso, si no justifica, si que explica el "progrom" y en genocidio judío.
En esto sí que se ha equivocado su innegable agudeza de ingenio. Interpretan maliciosamente como "antisemitismo" lo que es simplemente defensa de la religión, patria y vida. No tienen derecho a quejarse, porque los pueblos en esos trances no descriminan entre inocentes y culpables: su moral es moral de guerra, sin escrúpulo de hacer víctimas inocentes.
Antes de quejarse, pues, de "antisemitismo", vea el verdadero, el honrado e inocente pueblo judío si tiene vocación de suicidio, al no querer expulsar de su seno a los que quieren destruir la Cristiandad, porque los pueblos acosados hasta morir, tarde o temprano se defenderán para vivir.
Pbro. Dr. David Nuñez
LOS DEICIDAS (1968)


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