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jueves, 15 de diciembre de 2011

LOS TRASTORNOS NERVIOSOS Y MENTALES CON CARACTER RELIGIOSO (I)

Las ideas religiosas pueden dar color a las diversas afecciones nerviosas y mentales.
Psicología religiosa normal. — Un elemento conocimiento y otro elemento sentimiento. Resultado: creencia, duda o falta de fe, de donde las manifestaciones nerviosas resultantes.
A) Neurosis y delirios de fe.— El escrúpulo: definición, patogenia, tratamiento. Observaciones.
Neurosis y delirios místicos: Definición. Confusión de los autores materialistas entre fenómenos místicos verdaderos y falsos. — Observación.
Neurosis y delirios de posesión: Siempre distinguidos por la Iglesia de las posesiones verdaderas. Se hallan en afecciones muy diversas. Rol de los trastornos cenestopáticos. — Observaciones.
B) Neurosis y delirios de duda. — La duda moral y la duda patológica. El escrúpulo de la duda. Locura de la duda: dudas realistas, dudas metafísicas.
C) Neurosis y delirios de ateísmo.— Credulidad extrarreligiosa. Psicopatías especulativas y psicopatías de persecución. El ateísmo revolucionario. Dificultades de la profilaxis social. La profilaxis individual. Observaciones.
D) Neurosis y delirios de contraste.— Obsesión por la idea de la que se duda, de donde el error de los autores que han establecido un vínculo de parentesco entre las ideas religiosas y las eróticas, cuando su acercamiento obsedente es un hecho de contraste. Importancia de esta noción para la apreciación de pensamientos y actos.
E) Neurosis y delirios para religiosos.— Delirios científicos, hipnóticos, espiritistas, metapsíquicos, ocultistas, etc.— Observaciones.
Bibliografía.

Algunos autores, en otros tiempos, quisieron reconocer bajo el nombre de enfermedad religiosa, monomanía religiosa, locura religiosa, una verdadera entidad psicopática. Algunos, como Sergi, declararon simplemente que el sentimiento religioso es por si mismo un estado patológico; otros, como Regis, se limitaron a clasificar las ideas religiosas como causas que predisponen a la locura. Con estos puntos de partida, la constitución de una psicosis religiosa resultaba fácil, sin duda.
Mas es muy simple demostrar la fragilidad de este concepto. El mismo Regis observa que los delirantes religiosos, en cambio de delirar siempre en el sentido de las religiones existentes, no vacilan en crear nuevas religiones. No es por lo tanto la idea recibida la que les ha hecho desviar el cerebro, sino éste que se sirve de sus ideas precedentes y de aquellas que elabora para dar color a su delirio. En esta forma, por otra parte, explica Regis la acción colorante de los acontecimientos políticos y de las guerras, sobre los delirios, negando a esos acontecimientos una importancia causal. Finalmente, el mismo autor, en el capítulo sobre la psicosis sistematizada progresiva, ¡establece un paralelo entre el delirio religioso de la Edad Media y el delirio moderno... laicizado! Hay pues delirantes cuyo delirio reviste simplemente el carácter de las ideas que les preocupan en un momento dado: la locura religiosa no existe como entidad morbosa.
Esto ha demostrado la tesis de Dupain, en 1888, cuyas conclusiones se resumen de este modo:
"Se observa en las diferentes formas mentales, ideas religiosas delirantes.. Estas pueden ser lo suficientemente encadenadas como para formar lo que se puede llamar un delirio religioso sistematizado. Mas ellas se encuentran también en la imbecilidad y en la idiotez, la debilidad mental y las demencias, los delirios crónicos y la degeneración mental, la epilepsia, la histeria, la locura intermitente, la mania y la melancolía, las locuras tóxicas, etc.
"El delirio religioso participa del carácter del elemento mórbido particular al que ha dado nacimiento el período vesánico (del que forma parte el delirio religioso).
"El delirio religioso, cualquiera sea su sistematización, puede ser relacionado con una forma mental, y es por lo mismo legítimo estudiar su semiología, su valor sintomático, y eliminar de las clasificaciones la locura religiosa, como entidad patológica".
También Garban, en su tesis de 1911, dice:
"La locura religiosa, en conclusión, no representa una entidad mórbida distinta: "hoy —según el prof. Gilberto Ballet— los casos de pretendida locura religiosa se distribuyen entre las psicosis más diversas". Hay delirios religiosos, pero no todos deben ser reunidos bajo la misma etiqueta. Unos pertenecen a la psicosis sistemática esencial y progresiva, o a los delirios de los degenerados. Otros quedan en el cuadro de las psicosis generalizadas, como la melancolía, la locura de doble forma, la confusión mental. El contenido de la idea delirante no caracteriza absolutamente la psicosis. Ha existido primitivamente un trastorno de la afectividad, que ha modificado, y revolucionado los sentimientos del individuo. Este se convirtió en un perseguido, en un ambicioso, en un autoacusador. El color de su delirio varía y reviste una forma adecuada a sus inclinaciones naturales, a su temperamento, a su educación".

En fin, la psicología mórbida con carácter religioso depende esencialmente del trastorno nervioso o mental en evolución, y el elemento religioso no tiene importancia más que por sus anomalías, que permiten apreciar el trastorno psíquico que las ha causado. La base del estudio de sus desviaciones reside en recordar la psicología religiosa normal.

Psicología religiosa normal
Nuestra vida religiosa comprende:
I. El elemento "conocimiento", cuyas fuentes son:
a) la experiencia teológica: Revelación universal, enseñanza de la Iglesia;
b) la experiencia científica: estudio de la obra de Dios;
c) el razonamiento filosófico;
d) la experiencia personal: fe, gracia, revelaciones privadas; cuyos medios son:
1) las facultades de nuestro organismo para asir los datos de las fuentes;
2) las aptitudes de nuestro intelecto para elaborar las conclusiones que derivan de los datos recibidos;
3) las disposiciones espirituales que realizamos. Si dejamos de lado la fuente de la experiencia personal y el medio de las disposiciones espirituales, advertiremos que Ministro conocimiento de Dios dependerá de nuestras facultades y actividades cerebrales, fuera de la naturaleza de nuestra documentación.
Resulta bastante sorprendente, que algunos psicólogos hayan querido reducir contra toda evidencia, la vida religiosa a un estado sentimental, y hayan desconocido o silenciado el elemento "conocimiento", que es su base.
La Iglesia coloca el conocimiento de Dios a la cabeza de los fines de nuestra justicia terrenal. El doctor Gelma escribe con mucha razón: "Las creencias religiosas de las colectividades en que vivimos, parecen más intelectuales que sentimentales. Hasta se puede afirmar que las dogmáticas que conocemos, descansan sobre axiomas que se llaman razones de credibilidad, y sobre los que se acaloran los razonamientos teológicos. La idea de creación procede del principio de causalidad. Los escritos antiguos se deduce el dogma de la revelación..."
Un teólogo no un sentimental, y el doctor Gelma agrega: "La prueba de que el sentimiento no es la base de la fe religiosa reflexionada, se encuentra en el hecho de que en los teologos que han perdido la fe, subsiste, en lugar de la creencia eliminada, un sentimiento religioso más o menos profundo, pero que vegeta, careciendo de elementos conceptuales..." También el doctor Rey-Lescure escribe: "Si no se toma la religión como un conjunto de las necesidades del corazón y de respuestas dogmáticas, se la vacía en parte de su contenido... Es un conjunto que se basta a sí mismo, sin que se deba buscarle otro fin que el suyo propio, que es determinada adecuación entre el hombre y el objeto religioso, una expresión tan perfecta como sea posible entre el hombre y la realidad religiosa".

II. El elemento "sentimiento":
a) que acepta o rechaza la idea que el conocimiento le ofrece;
b) que realiza en ejecución del conocimiento de Dios:
1) el amor de Dios,
2) el amor del prójimo;
c) que se alimenta o se contraría por el amor del bien y de lo bueno, de la piedad, del temor, del dolor y de todas nuestras pasiones.
El doctor Rey-Lescure ha estudiado en su tesis, con cierta arbitrariedad que él mismo reconoce, cierto número de sentimientos accesorios del sentimiento religioso verdadero: sentimiento de insatisfacción, de dependencia, de obligación, de pecado, de liberación, de presencia, de comunión, de confianza, de solidaridad religiosa, de conquista.
El estado de nuestra sensibilidad nerviosa intervendrá por lo tanto poderosamente en este aspecto afectivo.
La combinación de los datos del conocimiento con los impulsos o las repulsiones del sentimiento, dará, según los casos, una de las tres formas de la actitud humana en materia religiosa:
fe, o acto de creer,
duda, o acto de dudar,
no creencia, o acto de incredulidad.
En tanto que esta actitud resulta del libre juego de nuestras facultades psíquicas, implicando fe, duda o incredulidad —de acuerdo con la calidad o el grado de nuestros elementos de información, o de las fluctuaciones de nuestras emociones—, puede existir un error absoluto (razonamiento exacto, pero elementos de conocimiento insuficientes o equivocados), o relativo (datos suficientes, pero razonamiento falso en sí mismo o por la acción de las pasiones), pero no existe ningún factor patológico. Una conversión o una apostasía pueden ser lógicas o ilógicas, razonadas o pasionales: en el hombre normal nada tienen que ver con la medicina. Advertimos, sin embargo, que el estado de salud o de enfermedad, y sobre todo el sufrimiento, pueden influir sobre las conclusiones del espíritu a título afectivo o intelectual.
El estado patológico comienza cuando el funcionamiento del organismo impone una actitud o las modalidades de una actitud. La libertad, característica humana, se halla más o menos limitada o anulada por el despotismo corporal; la excitabilidad nerviosa, la actividad de las células cerebrales sustituyen su mecanismo imperioso y desordenado a la flexibilidad de nuestras facultades intelectuales. El trastorno nervioso es cualquiera, pero aplicado a las cuestiones religiosas, les imprime sus desviaciones, las agosta con sus anomalías y llega hasta el delirio; las toma como objeto de sus aberraciones.
Los trastornos nerviosos o mentales se manifestarían, pues, frente a las ideas religiosas, siguiendo las tres direcciones de la psicología normal: fe, duda, incredulidad, y tendríamos las siguientes posibilidades:
Trastornos nerviosos y mentales:
1) con carácter de fe:
a) escrúpulos,
b) supersticiones,
c) fanatismo (persecuciones),
d) neurosis (convulsionarias, falsas posesiones),
e) delirios;

2) con carácter de duda:
a) escrúpulos,
b) inquietud,
c) delirios;

3) con carácter de incredulidad:
a) credulidad científica, política, etc.,
b) iluminismo, fobias,
c) sectarismo (persecuciones),
d) neurosis (por ejemplo, revolucionarias),
e) delirios (de ateísmo, blasfematorios, etc.);

4) finalmente, aunque se encuentren en las categorias anteriores, se pueden considerar aisladamente, en razón de su aspecto común paradojal las obsesiones y los delirios de contraste.
No podríamos estudiar en sus pormenores estas diversas manifestaciones, que por otra parte tienen un interés médico limitado, porque lo que debe diagnosticarse es la enfermedad nerviosa de substrato; la forma tiene poca importancia. Que el debil mental se crea eternamente en estado de pecado, o se salpique de agua bendita en todas las ocasiones, o atienda a la fabricación del hombre en una retorta, a la dicha universal con el aniquilamiento de la "superstición" o prefiera perder su tren que viajar con un sacerdote, la insuficiencia psíquica es la misma. Un trastorno mental idéntico ha encendido muchas piras, hizo levantar guillotinas o determinó fusilamientos; finalmente entre los delirios de teomanía, demonomanía, espiritismo, ateismo, blasfematorios y científicos, no hay más que diferencias de tintes o matices, mas no de substancia mórbida.
No olvidemos tampoco que las manifestaciones más simples, escrúpulos, superstición, credulidad, fobia, iluminismo y, hasta cierto punto, el fanatismo y el sectarismo, pueden deberse, no ya a un trastorno nervioso, sino a una información defectuosa o a un razonamiento viciado. Saúl que persigue a los cristianos antes de convertirse en San Pablo, es un ejemplo notable. De cualquier manera, a título de documentación, echaremos una mirada sobre las principales manifestaciones de la patología nerviosa y mental con carácter religioso.

Dr. Henri Bon
MEDICINA CATOLICA

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