lunes, 4 de mayo de 2015

Surgam et ibo

ME LEVANTARÉ E IRÉ...

     Había sido rico.
     Había sido feliz.
     Un día pidió a su Padre la parte de la herencia. Y con ella se alejó del hogar paterno.
     En los vicios, rodeado de malos amigos, consumió su tesoro: el de sus riquezas, la herencia de su padre, y el tesoro de su salud y de sus fuerzas, y el tesoro preciosísimo, el de mayor valor, el de su inocencia. ¡Pobre pródigo!
     Y él, que todo lo había tenido en la casa de su padre, no podía ahora ni siquiera saciar su hambre con el alimento inmundo de los inmundos cerdos... No se lo permitían. Era, quizá, demasiado lujo para él...
     Lo había perdido todo: herencia, amigos, salud, alegría, paz...
     Sólo le quedaban su miseria, la carga de sus pecados y el amargo remordimiento.
     
     ¿No es ésa mi historia?
     Fui rico con el tesoro de la gracia que recibí en el día del Bautismo.
     Pero un día..., ¡día desgraciado!, me alejé del hogar de mi Padre por el pecado.
     Derroché el tesoro de la gracia, el tesoro de mi inocencia.
     Y quedé después solo. Con mi pecado, con mi miseria, con mi remordimientos.
     Un día el pródigo reflexionó sobre la felicidad pasada..., sobre su miseria presente..., sobre el amor de su padre...
     Y se decidió a volver al hogar: Surgam et ibo: me levantaré e iré.
     Y se decidió a pedir perdón: Pater, peccavi: padre he pecado.
     Et surgens, venit. Y se levantó y fue. Y se arrojó a los pies de su padre...
     Su padre lo esperaba. Y le recibió con los brazos abiertos.
     Y volvió a ser el hijo en la casa de su padre.

     He imitado al pródigo en su locura. Le imitaré también en su arrepentimiento.
     Me levantaré e iré. Yo sé que mi Padre me espera.
     Él me recibirá con los brazos abiertos.
     Él me perdonará mi ingratitud.
     Él me devolverá la gracia perdida.
     Regocijado con mi regreso, me estrechará contra su Corazón.
     ¡Que ese abrazo sea eterno!
     En el cielo se regocijan con el regreso del hijo que se había perdido y ha aparecido de nuevo; que había muerto y ha resucitado.
Alberto Moreno S. I.
ENTRE EL Y YO

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