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lunes, 31 de octubre de 2011

De muchas mujeres preñadas a quien San Vicente libró de trabajo

Juana, mujer de Juan Damón, estando preñada y gotosa, cayó de un aposento por la escalera abajo, y como su madre la viese caída, pensando que malpariría, encomendóla a San Vicente, rogándole por la salud de ella, y pidiéndole bautismo para el hijo o hija que tenía en el vientre. Fué, pues, así, que la mujer nunca más sintió la gota, y al cabo de tiempo parió un hijo, el cual, recibido el bautismo, se fue a gozar de Dios.
Juana, mujer de Guillen Silvestro, por una enfermedad grande que tuvo, estuvo tres días sin sentir, como antes solía, lo que traía en el vientre. Pensando, pues, que sería muerta la criatura, acordóse de San Vicente, y rogóle que a lo menos, no muriese sin bautismo. No pasó una hora, que la mujer se halló mejor y sintió que el parto se movía en su vientre; y así parió una hija, la cual pocos días después de bautizada se fue al cielo.
Juan Landel tuvo una mujer que le parió muchos hijos, y todos se morían arrebatadamente sin poder recibir el santo bautismo. Eran como los que después de pasada la tormenta del golfo, se ahogan en el puerto. Acertó a contar este hombre su desgracia a un otro que había conocido al maestro Vicente viviendo, y le había visto hacer muchos milagros. Aconsejóle, pues, este buen amigo, que se encomendase al Santo y visitase su sepulcro. En aquella sazón estaba también preñada la mujer ya dicha, y temiéndose su marido no fuese lo que solía, visitó con devoción el sepulcro, y después parió su mujer muchos hijos, a los cuales no les acaeció lo que a sus desventurados hermanos.
Fray Justino Antist O.P.
VIDA DE SAN VICENTE FERRER

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