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jueves, 27 de octubre de 2011

EL LLANTO DE JESUS (4 Y ÚLTIMA PARTE)

Por Monseñor José F. Urbina A.

LOS DOS ULTIMOS PAPAS.


Luego, la profecía de San Malaquías asigna el aforismo "Gloria Olivae", (Gloria del olivo) al siguiente papa. Es utilizado este lema "por la literatura eclesiástica como símbolo de María", dice el Dr. Troll y añade: "...es posible que también los aforismos intermedios encierren una significación mariana: la media luna y el sol ¿no son también distintivo de la mujer apocalíptica, la "solé amicta, luna sub pedicus" (envuelta en el sol, con una luna bajo sus pies) de la revelación misteriosa (Apocalipsis 12)?".
El Rev. Padre Fr. Leopoldo de Cherancé, O. F. M. Cap. en su Vida de San Francisco de Asís, describiendo el maravilloso valle de Umbría en el que se encuentra Asís, dice: "Suspendida en los flancos del monte Subasio, ofrece a la vista un paisaje de incomparable hermosura. Se extiende a sus pies un valle ancho y alegre, poblado de verdes olivos...". Nos remite más adelante al poema el Paraíso de Dante, canto XI, en el que el poeta florentino escribe: "Cuando hablen de este lugar, no le llamen Asís, que poco o nada significa, sino llámenle Oriente, si quieren emplear la palabra apropiada", y añade el Padre Cherance: "¡Oriente!, es decir, luz y sol de las gentes".
El Cántico al Sol de San Francisco de Asís, reza: "Altísimo Señor, vuestras son las alabanzas, la gloria y los honores, sólo a Vos se han de atribuir todas las mercedes, y ningún hombre es digno de nombraros. Loado y exaltado sea el Señor mi Dios por todas las criaturas y particularmente por el alto sol, hechura vuestra, ¡oh Señor!, el cual da claridad al día y nos alumbra, y así, por su esplendor y hermosura, es imagen vuestra...", y en los últimos días de su vida, apoyado en uno de sus religiosos, tendió el brazo hacia la ciudad de Asís pronunciando estas solemnes palabras: "Bendita seas del Señor, ciudad de Asís, porque nuestras almas se salvarán por ti, porque en ti habitarán muchos siervos del Altísimo y porque muchos de tus hijos serán escogidos para el reino de los Cielos. La paz sea contigo".
¿Qué estrechos simbolismos ligan a los dos olivos del apocalipsis, a la promesa de la Santísima Virgen de conservar la Fe en Portugal, a la mujer vestida del sol que ha de parir un hijo varón, al Milagro del Sol en Fátima, a la profecía de San Malaquías que asigna "Gloria del olivo" al penúltimo papa, a los olivos que llenan los campos de Fátima y Asís así como el jardín que rodea la capilla en la que tiene lugar el Cónclave de Lino II, al nombre "oriente" que Dante asigna a la ciudad de San Francisco y que el Padre Cherance dice, significa "luz y sol de las gentes", a la cuna del "Pobre de Asís" que fue un pesebre como el de Belén, al aforismo "De labore solis" o eclipse total que oscureciéndolo todo contrasta con suma violencia con la figura del sol tantas veces repetida que ilumina el camino para el pueblo santo, a la frase tan conocida de San Francisco: "Vayamos al santo Papa" que adquiere esplendor y actualidad hoy día en medio de la crisis generalizada?.
¿No está mezclada a cada paso en todas estas coincidencias y anuncios escriturísticos y privados la intervención de la gran Madre de Dios, como si le fuera destinada para los últimos tiempos una eminente participación y guía del pueblo santo contra los ejércitos de Satanás esparcidos por toda la Tierra?, ¿y qué papel escatológico definitivo y esencial tiene en todo esto el "secreto" y la prometida séptima aparición en Fátima no acontecida?
Es muy interesante lo que el Dr. Troll dice después sobre el último papa a quien San Malaquías señala como "Pedro Romano" que en realidad vendría a ser Pedro II que reinará en medio de "grandes tribulaciones" y angustias: "El texto (de la profecía), no permite afirmar con seguridad que Petrus Romanus siga inmediatamente del papa definido "Gloria Olivae". Los vaticinios que se refieren al último pontificado tienen una forma tan diferente a la de los vaticinios de los papas restantes que pueden ser considerados aisladamente, sin conexión alguna con el anterior". Es decir, que entre uno y otro papa, puede haber un tiempo indefinido de sede vacante. ¿Y no es esto exactamente lo que estamos viendo durante la presente e increíble crisis eclesiástica?.
Entre otras cosas, queda en esta forma aún muy cerca los acontecimientos, oculto el último día, pues desconociéndose los lapsos entre un papa y otro y la duración de cada pontificado, se hace imposible ninguna clase de cálculo que sería posible si los hechos vinieran con normalidad. Por ese motivo, es necesario sobre todo ahora, velar y estar pendiente según el consejo de nuestro Señor, pues no sabemos el día ni la hora, aún siendo inminentes los anunciados sucesos del fin.
Desde la muerte de Pío XII, último papa legítimo, la ocupación de la Sede de San Pedro, no está sujeta a las normas y costumbres conocidas en tiempos normales. En el Cónclave de Paulo VI y de Juan Pablo II, se habla con insistencia significativa de la elección del Cardenal Siri, motivo por el cual se vió al fin humo blanco para verse después otra vez humo negro. ¿Hubo papa canónico oculto?. Durante el "pontificado" (¡) de Juan Pablo II, es electo el papa de Asís que solamente dura seis meses, desconocido por la mayoría y condenado por casi todos los que tuvieron noticia del suceso. Válido y lícito, sin embargo, viene a los 35 años de la muerte del último papa válido, Pío XII. Pasó así el papa "Gloria Olivae" sin que nadie se enterase de la esencial trascendencia para la Iglesia remanente de su pontificado. Es bueno preguntarse: ¿es esta acaso la forma en que estos tiempos por amor a los elegidos serán acortados?, ¿cuánto tiempo ha de pasar entre Lino II, Papa de Asís (el nombre "Lino" que tuvo el segundo papa de la historia, ¿no insinúa ser éste el penúltimo?), hasta la elección de Pedro II?.
Dice el Dr. Troll acertadamente que, quienes se niegan a considerar las cuestiones del fin por ser estas pesimistas o terroríficas, confunden la esperanza cristiana con el progreso del mundo, y trae un texto de San Gregorio Magno: "La ruina, es el futuro del mundo". ¿No resulta insoportable esta frase para el hombre de hoy?.
El Papa Angélico introdujo los tiempos del fin del mundo. Creo que hoy eso es indiscutible. Faltan por tanto después de él, seis papas. ¿Son cuatro de ellos el antitipo de aquellos sumos sacerdotes corruptos del tiempo de los Macabeos: Jasón, Menelao, Lisímaco y Alcimo, y de la lucha contra Antíoco, tipo del Anticristo, para ser el último de ellos el mismo Anticristo?.
El otro, Pedro II, ha de unir a la Iglesia remanente, al pequeño rebaño disperso por toda la tierra y desorientado, para entregar las Llaves al Juez, el día de la Parusía. ¿Cuál es la misión en este tremendo drama de los dos olivos, y qué papel juega en todo esto la monja de Leiría?. ¿No resulta innegable que se siente en todo tiempo la presencia de Aquella que es poderosa como un ejército en orden de batalla?.
Tenemos que afirmar con San Pablo: "...enseñamos sabiduría entre los perfectos; mas una sabiduría no de este siglo, ni de los príncipes (y poderosos) de este siglo, los cuales son destruídos, sino que predicamos la sabiduría de Dios en misterio, sabiduría recóndita, la cual predestinó Dios antes de los siglos, para gloria nuestra, sabiduría que ninguno de los príncipes de este siglo ha comprendido" (I de Cor. Cap. 2, v. 6 a 8).

DONDEQUIERA QUE SE HALLARE EL CUERPO,
ALLI SE JUNTARAN LAS AGUILAS.

Poco tiempo antes de la destrucción de Jerusalén, los cristianos que allí vivían, recordando la profecía de nuestro Señor Jesucristo, cruzaron el río Jordán y se fueron a la ciudad de Pella, por lo cual se salvaron todos de la horrenda devastación que cayó sobre "la Ciudad Santa. Ellos creyeron simplemente sin la depravada y rebelde voluntad o el juicio oculto de los mundanos y se salvaron. Porque Dios no quiere la voluntad imperfecta de simple deseo o la menor oposición a Su santísima Voluntad". No trataron de interpretar, no trataron de opinar en contra ni de buscar concensos en contra de la verdad que se había profetizado. Sabían que las palabras: "los que estén en Judea, huyan a los montes", "el que en el tejado, no descienda a tomar cosa alguna de su casa", o "el que en el campo, no vuelva a tomar su túnica", eran anuncios de la necesidad y prontitud de huir, por el gran peligro a que se expondrían, si se querían salvar. Así lo hicieron sin cuestionar y la fe en la Palabra de Cristo, cuando vieron las señales, los salvó.
Para el resto del pueblo no cristiano, no dejaron de haber grandes y significativas señales. Mucho más claras se las dió el Señor misericordioso, pues no quiere el mal para nadie. Cuenta el historiador Josefo, que por un año entero, se vió una estrella en forma de espada que no dejó de vibrar llamando grandemente la atención. Que muchos vieron en el aire ejércitos de hombres armados. Que se abrían las puertas del Templo y se oían grandes estruendos y voces que decían: "¡Vamonos de estos lugares!". Se cuenta que un hombre llamado Jesús, hijo de Ananías, estando la ciudad todavía en paz, iba gritando por las calles: "¡Voz de los cuatro vientos sobre Jerusalén y sobre el Templo, ay, ay de Jerusalén!".
¿Creyeron en las señales?, ciertamente que no, lo cual recuerda a los hombres de nuestro siglo XX, pues dice la historia que tomaron a aquel hombre y lo azotaron con crueldad para que se callara, pero no lo lograron y éste seguía gritando.
Dios a veces permite significativas coincidencias. El nombre de este hombre con seguridad les debe haber recordado a Aquel otro Jesús a quien crucificaron y el odio debe haberse encendido. ¿No en nuestro tiempo como precursor del Anticristo ha habido un papa cuyo nombre de pila fue "Juan Bautista"?.
Lo mismo pasará, como en Jerusalén, en el final de los días del mundo, por lo que nuestro Señor advierte claramente: "Ved que os lo he advertido de antemano" (Mat. Cap. 24, v. 25), "estad, pues, vosotros sobre aviso: he aquí que todo os lo he dicho de antemano" (Mar. Cap. 13, v. 14), "mirad, pues, por vosotros, no sea que vuestros corazones se carguen de glotonería y de embriaguez y de los afanes de esta vida: y que venga de repente sobre vosotros aquel día" (Luc. Cap. 21, v. 34), "...mas si dijere aquel siervo malo en su corazón: Se tarda mi señor en venir. Y comenzase a maltratar a sus compañeros y a comer y a beber con los que se embriagan, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y a la hora que no sabe" (Mat. Cap. 24, v. 48 a 50).
San Agustín en su carta a Esiquio, dice que los hombres por la fuerza de la gran tribulación del fin del mundo, unos caerán y otros vacilarán y dudarán. Sin embargo, nuestro Señor dice: "Lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad" (Mar. Cap. 13, v. 37 ).
Las grandes señales, ya sea espirituales o materiales, en cambio para los elegidos, así como la gran tribulación, no serán un motivo de duda, sino una verdadera confirmación de los anuncios proféticos de Cristo y no necesitarán ver el fin, para estar seguros de su inminencia. Tendrán por esto, una fe más grande y más firme que los fortalecerá. Y una esperanza gozosa de ver pronto ai Señor. Y así, todos los hombres del fin que hayan conservado la Fe, se reunirán en los islotes de la Esperanza.
Por eso decía nuestro Señor: "Y donde quiera que se hallare el cuerpo, allí también se juntarán las águilas" (Mat. Cap. 24, v. 28).
A este versículo de San Mateo los exégetas han dado dos interpretaciones que parecen propias.
La primera dice que en los últimos tiempos los cristianos dispersos sabrán encontrar a Cristo y reunirse, como lo hacen las águilas que a muy grande distancia pueden descubrir su alimento y acudir y así reunirse. Esta interpretación encierra otras consideraciones que son aplicables por las cosas que estamos viendo suceder: se está anunciando en el texto la dispersión del pueblo santo, que es la Iglesia y la formación de esos pequeños islotes de la Fe, después de la Apostasía en los últimos tiempos, y también nos está diciendo que los verdaderos cristianos que han de quedar, sabrán encontrarla para unirse a Cristo y así, a diferencia del mundo que ignora todo, o quiere ignorar porque no le conviene otra cosa, esperar la Parusía. En San Lucas, Cap. 21, v. 36, nuestro Señor dice algo de gran utilidad: "Velad, pues, orando en todo tiempo, a fin de que merezcáis evitar todos estos males venideros, y comparecer ante el Hijo del hombre".
La segunda interpretación dice que Cristo se refiere a la ciudad de Jerusalén, como un cuerpo muerto por sus pecados, entregada a las águilas para que la devoren y despedacen como castigo de su apostasía. Pero entonces habrá que añadir, que lo mismo ha de pasar con el mundo del fin, que siendo un cuerpo muerto por su extrema depravación y rebeldía, será entregado a la devastación total. No quedará piedra sobre piedra, pues la profecía sobre Jerusalén, se debe aplicar también a los sucesos del fin del mundo.
Pero porque ha de haber una Iglesia viva que nunca ha de ser vencida, una Iglesia remanente, aunque atribulada e infiltrada por los agentes del Poder Mundial, ésta ha de trabajar con ánimo y esperanza, sabiendo que el Señor se acerca y que los salvará de todo aquello que debe caer sobre el mundo como una red: "Bienaventurado aquel siervo a quien hallare su señor así haciendo, cuando viniere": es decir, trabajando y atendiendo a los fieles de Dios.
Pero al final de los tiempos, las huestes del Anticristo han de formar un ejército tan numeroso como las arenas del mar que abarcará toda la tierra y tan poderoso que será inútil escapar. Es decir, que no habrá a donde huir. Y no habrá posibilidad, humanamente considerado, de encontrar a la ciudad de Pella de los últimos tiempos. Las mismas circunstancias serán adversas muchas veces, y Satanás estará suelto para dar la ultima batalla, el cual sabiendo que le queda poco tiempo, usará todo su poder contra los hombres, pero especialmente contra los que forman el "resto fiel".
Por eso dice San Pablo: "Ved aquí un misterio que voy a declararos: todos a la verdad, resucitaremos, mas no todos seremos mudados. En un momento, en un abrir y cerrar de ojos, al son de la última trompeta; porque sonará la trompeta, y los muertos resucitarán en un estado incorruptible, y nosotros seremos mudados" (I de Cor. Cap. 15, v. 51 a 53). "...no queremos hermanos, dejaros en ignorancia, para que no os entristezcáis, como los demás hombres que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también Dios a los que hayan muerto en Jesús, los llevará con El. Por lo cual os decimos sobre la palabra del Señor, que nosotros los vivientes, que quedaremos hasta la venida del Señor, no nos adelantaremos a los que ya murieron. Por cuanto el mismo Señor, a la intimación y a la voz del Arcángel, y al sonido de la trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los que murieron en Cristo, resucitarán los primeros. Después, nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos sobre las nubes al encuentro de Cristo..." (I de Tes. Cap. 4, v. 12 a 16).

NO DESPRECIEIS LAS PROFECIAS.
ESTAD ATENTOS A LAS SEÑALES.

La exhortación de San Pablo de la primera carta a los fieles de Tesalónica es lumbre clarificadora para el hombre de hoy: "No apaguéis el Espíritu, no despreciéis las profecías". Porque esto es entrar en las tinieblas más espesas donde nadie puede caminar, y así, decía San Juan Crisóstomo, no podremos conducirnos al Cielo, y se arrojarán sobre nosotros los innumerables demonios apostados que sí pueden ver en la oscuridad y nos quitarán cuanto llevamos.
"Doctrina y profecía tienen la misma íntima relación con conocimiento y deseo. Lo primero es doctrina, o sea, conocimiento y Fe; lo segundo es profecía, o sea esperanza y deseo vehementísimo, ambicioso anhelo de unión, que quisiera estar soñando en ello a toda hora, y que con sólo pensar en la felicidad esperada, nos anticipa ese gozo, tanto más eficazmente cuanto mayor sea el amor. ¿Cómo podría entonces concebirse que hubiera Caridad verdadera en un alma despreocupada e indiferente a las profecías?" (De la Biblia comentada del Dr. Torres Amat).
Quiero para terminar este opúsculo, señalar que el Apocalipsis, en el capítulo 14, v. 6 y siguientes, parece anunciar la aparición de un tercer personaje que se suma al apostolado de los dos testigos del capítulo 11. Es claro que el regreso de Elias y Enoc no es en persona, sino en espíritu. Dos personajes y un cuerpo moral que se enfrentará al cuerpo moral anticrístico. Así, San Gregorio Magno dice también: "En espíritu, San Juan Bautista era Elias, mas no en persona" (Biblia explicada de Torres Amat). Así, la nota de la Biblia comentada de Torres Amat al v. 6 del Cap. 14, dice: "Los tres ángeles que se presentan en este capítulo serían, según el sentir de muchos Padres, tres grandes predicadores". ¿Por qué ligamos el apostolado de este tercer personaje al de los dos testigos?, porque la nota mencionada continúa así: "Este primero, (uno de los tres ángeles), podría en tal caso ser Enoc según Ecli. 44, 16. Cfr. 10, 2 y 9; 11, 3 y notas. Y como Enoc es contemporáneo de Elias, tenemos que interpretar que el tercer ángel o predicador viene a unirse a la lucha de los dos primeros, después del acontecimiento del Apocalipsis 12. Y en el momento en que el dragón persigue a la mujer, Cap. 12, v. 13, que sin embargo, no ha podido prostituir al resto fiel del Cap. 14, v. 4 y 5. Así, fortalecida la lucha de Dios, se anuncia, no el juicio universal, sino el previo juicio contra Roma, ya próxima a su destrucción. Nacar-Colunga dice que no se trata del juicio universal, sino del de la Roma pagana, de la Gran Ramera, que se ha prostituido con todos los enemigos de la Iglesia. Los tres ángeles tienen una misión muy específica: predicar la Fe en un momento de defección general; la apostasía de Roma que ha caído; y prevenir y advertir contra el culto al Anticristo que se ha revelado, en un tiempo en que es necesaria "la paciencia" en los santos de los que "guardan los mandamientos de Dios y la Fe" (Ap. 14, v. 12 y sig.), para esperar la salvación de Dios.
Llama mucho la atención un párrafo del libro GRACIAS DE LA GRACIA del Dr. José Boneta, que fuera en 1706, racionero de la Santa Iglesia del Salvador en la ciudad de Zaragoza, España. Hablando de San Vicente Ferrer, dice: "En vida resucitó ventiocho, y después de muerto, a otros muchos... Predicando una vez la proximidad del día del Juicio con las palabras del ángel del Apocalipsis, dijo el santo: Yo soy ese ángel del que habla San Juan. Escandalizóse el auditorio, y dijo: Esperad. Ahora acaba de morir una mujer en tal parte: traigan aquí su cadáver. Trajéronlo y desde el pülpito le habló así: En nombre de Dios te mando que resucites y que digas si soy ese ángel. Y al punto resucitó y dijo: Tú eres este ángel". ¿Qué extraña liga mística existe con alguno de los tres ángeles de Apocalipsis 14?. No lo sabremos hasta que la Palabra se cumpla.
Mientras tanto, nosotros que somos "necios según el mundo, para confundir a los sabios" (I de Corintios, Cap. I, v. 27), y si somos según el mundo, debemos hacernos necios para poder ser salvados (I de Corintios, Cap. 3, v. 18 y 19), para no ser cegados durante el reinado de la Bestia como dice San Pablo en su segunda Epístola a los fieles de Tesalónica, ya que la sabiduría de este mundo es necedad, tendremos que cerrar los ojos a nuestra razón humana y a nuestros requerimientos y a nuestras pasiones, para encender entonces la luz de la Fe, porque esta brillará con más intensidad en nuestro interior, tanto cuanto se haya apagado las cosas del mundo.
Solamente así podremos caminar en las más densas tinieblas hodiernas que han caído sobre el mundo. Descubrir nuestro tiempo, la supresión del Sacrificio-perpetuo, la Apostasía y la presencia del influjo de Satanás a través del Anticristo, seductor y engañador de las masas humanas, que gobierna desde su trono usurpado, en la Sede sagrada de los papas.
Quiero también, terminar diciendo que he de sujetar éste, como todos mis escritos al Magisterio, al cual me adhiero completa e incondicionalmente. NO CIERTAMENTE al juicio y a la opinión de tantos opinadores, criticones y teólogos improvisados que han surgido hoy día con gran soberbia por todas partes.
GLORIA
L A U S
N O S T R O
E T
D E O
+ MONS. JOSE F. URBINA AZNAR.
Chicago, E.E. U.U.
1996.

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